CONTACTOS TRANSPACIFICOS EN AMÉRICA PRECOLOMBINA

Marcelo Saavedra Osorio
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Publicado el: 23/08/2022

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Los contactos transpacíficos, aun conforman una tesis sin validez científica plena más allá de los elementos culturales, como parte del material empírico que se han ido acumulando para configurar una noción seria, a la luz de las nuevas investigaciones que se llevan a cabo.

 

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RESUMEN

Los contactos transpacíficos, aun conforman una tesis sin validez científica plena más allá de los elementos culturales, como parte del material empírico que se han ido acumulando para configurar una noción seria, a la luz de las nuevas investigaciones que se llevan a cabo.

En efecto, los contactos interculturales que se están rastreando en la polinesia y América, han ido arrojando antecedentes que podrían evidenciar esa presencia a través de los análisis genómicos del ADN, aunque aún ellos son exiguos van en la dirección correcta en la búsqueda de esa ancestría genética, tanto en las poblaciones de Polinesia como en América Latina, que podrían demostrar la existencia de estos contactos anterior al descubrimiento del continente americano. Indistintamente de la trayectoria en que haya sido efectuada esa travesía. La evidencia científica, sea ella antropológica, arqueológica, etnográfica o genética, serán determinantes quizás la última de ellas podrá arrojar mayores referencias de dichos contactos exógenos.

Palabras Claves: Contactos precolombinos, ADN, Polinesia y América, migración transpacífica, antropología, etnografía, arqueología.




ABSTRACT

The transpacific contacts still make up a thesis without scientific validity beyond the cultural elements, such as the empirical material that has been accumulating to configure a serious notion, in light of the new investigations that are carried out.
Indeed, the intercultural contacts that are being traced in Polynesia and America, have been throwing antecedents that could evidence that presence through genomic DNA analysis, although even they are meager they are going in the right direction in the search for that ancestry both in the populations of Polynesia as in Latin America, which could demonstrate the existence of these contacts prior to the discovery of the American continent. Regardless of the path in which that journey was made. Scientific evidence, be it anthropological, archaeological, ethnographic or genetic, perhaps the latter may provide more references to these exogenous contacts.
Keywords: Pre-Columbian contacts, DNA, Polynesia and America, trans-Pacific migration. anthropology, ethnography, archeology.



Introducción

Intercambio intercontinental entre Polinesia y Latino América

La navegación transpacífica, a lo largo de la historia se ha convertido en un importante factor teórico, como también una fuente de antecedentes especulativos aún sin la necesaria fuerza científica, que además ha distorsionado la percepción que se tiene con respecto a esta hipótesis. En efecto, las teorías especulativas acerca de estos contactos y la teoría difusionista del poblamiento temprano de América, ha significado un retroceso en la búsqueda de datos empíricos. Algunos estudios aun no concluyentes, se orientan al contacto transpacífico entre chinos y polinesios que se habrían desplazado hacia América, las que aparentemente habrían dejado sus huellas en el horizonte cultural de América del Norte y América del Sur.

La realidad arqueológica del continente, esta acotada a los restos materiales y simbólicos de características prehispánicas, entre ellas la cultura arqueológica Valdivia, con una datación aproximada entre el 4000 a.C – 1500 a.C, cuyos rasgos en el Periodo Formativo, fueron la transformación de su modus vivendi sedentario acotado a una incipiente agricultura. La producción de ceramios de la vida cotidiana, logró una elaboración más desarrollada como alfareros del continente americano, destacando la producción de escudillas, ollas y cuencos decorados con formas geométricas y sus supuestas influencias transpacíficas. En sus aspectos ecológicos, están definidos por las corrientes marinas que podrían haber permitido una migración desde Asia a América, especialmente en el Hemisferio Norte entre Polinesia y Sudamérica como lo señaló Berdichewsky. B. (1972) esos contactos habrían sido no permanentes en el tiempo, aunque esta tesis posee solo algunas certidumbres arqueológicas que lo sostengan, sin embargo ellas se sustentan en algunos aspectos que abordaremos dentro de la concepción ecológica tales como las plantas cultivadas que tienen sus referentes tanto en América como Asia, ellas son según Roullier (2013) el algodón (Gossypium specie) asimismo la patata o camote (Ipomea batatas) y la calabaza (Lagenaria siceraria). La investigadora Catherine Roullier junto a un equipo de científicos franceses del Centro para la Cooperación y la Investigación Agrícola para el Desarrollo, señala que el primer viaje desde Asia a América, se habría originado entre el año 1000 y 1.100 d.C, en los derroteros del pacifico, tres siglos antes del primer viaje de Cristóbal Colón desde Europa.

En realidad, las variedades vegetales más allá de sus similitudes físicas, tienen su correspondencia lingüística con la palabra Kumara o Kumasa (Imbelloni, 1953) es decir camote, dado que esta especie existe en ambas latitudes Polinesia y Sudamérica, sea que ella haya arribado por manos humanas o traída por las corrientes marinas, como también pudo haber sido llevada por navegantes europeos en el Pacifico, esta tesis ha sido sostenida por Heyerdahl (1952) La dirección más probable a Sudamérica, tiene como trayectoria alejarse del eje de circulación de corrientes y vientos, que dejan a Rapa Nui en el centro, descendiendo hasta la faja de vientos occidentales al sur como el paralelo 35 girando derechamente en dirección al este, en curso al área mapuche (Finney 1994b, Irwin 2006) como indican José Miguel Ramírez-Aliaga y Elisabeth Matisoo-Smith en su investigación “Polinesios en el Sur de Chile en Tiempos Prehispánicos: Evidencia dura, Nuevas Preguntas y una Nueva Hipótesis” Al respecto de este punto ya abordaremos otros hallazgos. Estos autores, nos aproximan a una ruta más inmediata al este, a través de una condición climática que habría incidido en ello como el Fenómeno del Niño, llevando alguna embarcación polinésica al sur de Chile, en consecuencia a territorio mapuche (Finney 1985; Caviedes y Waylen 1993) este último punto nos aproxima a una épica migratoria cuyas evidencias comienzan a establecer un nuevo paradigma a partir de los estudios radiocarbónicos y una secuencia de ADN, el que fue conseguido en el análisis óseo de gallina, hallado en el espacio arqueológico “El Arenal 1” en Arauco, el que suministró una importante certidumbre que afirmaría la introducción de gallinas precolombinas en América, procedentes desde la Polinesia. Esta evidencia se habría logrado en el ambiente arqueológico del complejo cultural “El Vergel” datándose entre 1304 y 1424 d.C. Localizado al sur de Chile. Las pesquisas de ADN están a cargo de la investigadora neozelandesa Alice A. Storey, de la Universidad de Auxckland, estas indagaciones arqueológicas fueron patrocinadas por El Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt) de Chile, en la actualidad es el Fondo de Apoyo a la Investigación Patrimonial de la ex DIBAM, hoy Servicio Nacional del Patrimonio Cultural en los que colaboran los arqueólogos Marco Sánchez y Lino Contreras, a través del Museo de Historia Natural de Concepción, acompañados por el antropólogo Daniel Quiroz. Cabe precisar que el resultado de los estudios ejecutados en Nueva Zelanda fueron publicados en la revista científica "Proceedings of The National Academy of Science", como lo consigna el Museo de Historia Natural de Concepción. Por otro lado, la misma institución académica señala que el “New York Times” ha dado una amplia cobertura a nivel mundial de los hallazgos de la investigación.

Ya en 1914, Don Salvador Castelló Director de la Real Escuela de Avicultura, de España presentó al mundo científico la gallina araucana, como una especie única con sus características particulares tales como sus aretes y el color azul verdoso de sus huevos, designándola Gallus Inauris Castelló, (1924) postulaba que era precolombina, si no nativa de Sudamérica. Hoy se la considera parte del acervo común de la gallina doméstica y originaria de Asia. Como lo consignan los arqueólogos Daniel Quiroz y Lino Contreras en la costa de Arauco Chile, ante el hallazgo de huesos de gallina fechadas entre 1321 y 1407 d.C., las que constituyen las primeras evidencias de la presencia precolombina de esta variedad de gallinas en el continente americano, junto a otras evidencias fósiles procedentes de excavaciones en diversas islas de la Polinesia y Asia Suroriental, concluyendo que el origen probable sería las islas de Tonga y Samoa, mediante el análisis del ADN mitocondrial. Sin embargo, estos resultados no fueron contrastados con las variedades Europeas y mediterráneas lo que restó validez a la tesis de Storey, quedando pendientes mayores estudios en esa dirección.

Por otro lado, las investigaciones en el complejo arqueológico de la cultura Valdivia en Ecuador, en la Península de Santa Elena, (Guayas) y también en el estuario del Guayas, en los Ríos, Manabí y el Oro. Se ha ido configurando una teoría aunque no nueva, al menos interesante con respecto a los ceramios hallados como lo indica Errázuriz. J. ( 2000) en la que se comparten 12 técnicas de manufactura con la Cultura Valdivia. Las similitudes entre la cerámica japonesas Medio Temprana de Jõmon y la cultura Valdivia son enormes. Los seguidores de la teoría difusionista sostienen que las similitudes entre los elementos culturales asiáticos y americanos, son debido a los viajes transpacíficos entre ambos continentes, en fechas que van desde los 5000 años en Ecuador, y los 3000 años en distintas latitudes tales como: Perú, Mesoamérica y Ecuador nuevamente alrededor de los 2000 años. Otro elemento cultural que va en esa dirección es el complejo cultural Tumaco-La Tolita en Ecuador, pero esta vez las similitudes cerámicas son con China de la dinastía Han. Por otro lado, los aislacionistas indican que las afinidades entre Asia y América tendrían su correspondencia con elaboraciones autónomas del nativo americano, estimando que las distancias marítimas, por sí solas presentan barreras insalvables, y las precarias técnicas de navegación hace 5.000 años, habrían imposibilitado dicho contacto. No obstante, en tiempos de la dinastía Song a fines del primer milenio hace su aparición el timón de codaste. Este dispositivo ingenieril era utilizado para maniobrar optimizando la fuerza necesaria en condiciones poco favorables del mar, logrando con ello reducir notablemente los esfuerzos de maniobrabilidad del timonel, alcanzando distancias más largas. (Romero, 2017) pasando del timón lateral al central, como un gran avance de la antigüedad.

El arqueólogo chileno José Miguel Ramírez del Centro de Estudios Avanzados (CEA) de la Universidad de Playa Ancha, halló evidencias de mestizaje entre navegantes polinésicos y mujeres nativas del litoral central, en el salvataje arqueológico fortuito, efectuados en Tunquén a 44 kilómetros de Valparaíso. Como lo consigna el Informe de Inspección Arqueológico-Geológica. (2016). Se trató del hallazgo de doce esqueletos cuya datación es de mil años, los que se encontraron en perfectas condiciones de conservación. Sus características morfológicas eran particularmente similares a los encontrados en la década de los 90´s, en la Isla Mocha en el sur de la ciudad chilena de Concepción, ellos presentaban tres semblantes similares al fenotipo polinésico: la mandíbula de base curva, cráneo de forma pentagonal, y el oval orificio de la cabeza del fémur que se vincula con los ligamentos a la cadera, sostiene Ramírez. Este valioso material se encuentra bajo estudio, lo relevante de esta fase es que se logró realizar un análisis del ADN mitocondrial, que tiene por objetivo hallar las pruebas de mestizaje que no habría llegado a ser casual entre los pueblos que además tenían lenguas distintas, lo que además podría explicar algunas palabras de origen polinésico en la lengua mapuche, afirma Ramírez.

Con respecto a este tipo de investigaciones, existe en Chile una iniciativa denominada “Chile Genómico” el que ha venido realizando estudios de variación genómica en la población chilena, en el que se han identificado sujetos con una alta ancestría Aimara, cuya localización es el norte del país al tiempo que el estudio ha ido reconociendo sujetos mapuches en la zona central, el que ha sido analizado bajo la técnica de microarrays Moreno. (2004) siendo esta tecnología la necesaria para estudiar un amplio espectro de genes a la vez mediante la variación genética a lo largo de todos los cromosomas. Este estudio permitió evidenciar los resultados de la población de Rapa Nui. El Doctor Ricardo Verdugo quien es académico del Programa de Genética Humana y del Departamento de Oncología Básica Clínica, adscrito a Chile Genómico, indicó que los datos obtenidos y sus análisis con los que se obtuvieron de los isleños de Rapa Nui, permitió que un 18% de ancestría amerindia exhibe dos tipos de orígenes. Por un lado, los Rapa Nui muestran una alta ancestría europea, las que también poseen componentes americanos en concordancia con los mapuches, pehuenches y huilliches del sur de Chile, quienes se habrían mezclado con antecesores polinésicos alrededor del año 1860, datos que son concordantes con la llegada de chilenos a la isla, esto previo a la anexión a la República de Chile.

La hipótesis de un contacto polinesio con aborígenes del sur de Chile, es bastante antigua y en ellas se refrendan las evidencias arqueológicas y lingüísticas, sumadas a los hallazgos biológicos entre los mapuches prehispánicos, que podrían indicar el nexo polinésico para que este contacto tuviera persistencia en el tiempo, tanto en la exploración de la Isla Mocha y Tunquén para haber dejado la huella biológica en la cultura mapuche, es probable que los polinesios hallan llegado bajo la estrategia de exploración y colonización trayendo consigo animales, plantas y familias lo que podría haber originado descendencia según Verdugo, estos grupos no fueron únicos sino varios de ellos. Tal vez, hallan arribado de distintos puntos del Pacifico Sur, sin contacto entre ellos. Las preguntas y las investigaciones adquieren una dimensión capital para los investigadores del CEA-UPLA según manifiesta el arqueólogo Ramírez.

En la historiografía peruana, se pueden hallar crónicas sugestivas que nos hablan de una verdadera épica marítima, llevadas a cabo por Túpac Yupanqui, hijo de Pachacútec viaje consignado por el explorador y escritor español Pedro Sarmiento de Gamboa, quien refiere 40 años posteriores a la conquista de Perú, aún en la memoria colectiva de los incas, la hazaña del Auqui (hijo del inca) “Túpac Yupanqui” coronaron un viaje en cientos de embarcaciones, que se internaron en el pacífico sur. Según las investigaciones, hoy en la isla de Mangareva en la Polinesia que fue llamada por Túpac Yupanqui como Awachumbi mantiene la leyenda del Rey Tupa, quien arribó desde un lejano país situado al oriente, estableciéndose allí con la intención de instruir a los habitantes de las islas (Del Busto, 2000). Hoy existe en la isla un estrecho denominado “Estrecho de Tupa” designado por ser el lugar por donde habría llegado el Príncipe Túpac y su tripulación, una danza conmemora su llegada denominada “Danza de Tupa”. Actualmente es la única isla de Oceanía que conserva la construcción de balsas de vela y otras similitudes que tienen su correspondencia con las embarcaciones de totora peruanas y bolivianas. Sarmiento de Gamboa fue criticado por sus narraciones poco objetivas. Sin embargo, también otros españoles como Martín de Murua y Miguel Cabello de Balboa, con poca fortuna el primero según Álvarez (2007), habrían referido la misma historia.

En efecto, la presencia de elementos culturales y su condición de préstamos exógenos, son variadas como hemos podido revisar. Es manifiesto que parte de esta historiografía trató de ser demostrada a través del viaje realizado por el explorador noruego Thor Heyerdahl, quien el 28 de abril de 1947 embarcó desde el puerto de Callao en Perú en la embarcación Kon Tiki, cuya travesía sería hacía el Pacifico Sur. La hipótesis de Heyerdahl, era la de probar los contactos transpacíficos entre América y la Polinesia como lo consigna De La Maza (2006), este viaje tenía por objetivo encontrarse con un conjunto de islas polinesias y de esta forma sostener lo que se pensaba imposible, que pueblos originarios de América pudieran haber navegado en sus embarcaciones, a esas latitudes en balsas construidas de totora, Heyerdahl y cinco tripulantes tardaron 101 días de navegación hasta arribar al atolón Rairoa localizado en el archipiélago Tuamotu, que se sitúa en la polinesia francesa, la idea de Heyerdahl era potenciar la teoría de que la población polinésica tenía un origen americano. Con esa hazaña, el explorador noruego quería demostrar además que era posible llegar desde el continente americano a las islas del Pacífico Sur, y robustecer la teoría de que la población polinesia tenía origen americano. Esto pese a que la ciencia ha verificado que la población polinésica habría tenido su origen, desde la isla de Taiwán. Lo que si se ha demostrado y publicado por la Revista Nature, la que propone que las culturas americanas y polinésicas, habrían tenido contacto no como colonizadores de esas islas, sino más bien un contacto entre las culturas alrededor del año 1.200. Sin embargo, la travesía de Heyerdahl no probó su tesis, posteriormente emprendería otras expediciones atravesando el Atlántico con modelos de embarcaciones egipcias, sin mayores impactos para la comunidad científica.

El científico Andrés Moreno Estrada componente del equipo de la Unidad de Genómica Avanzada (UGA-Langebio) Cinvestav, indica que su investigación es afín con la del explorador noruego, sin embargo a diferencia de la embarcación de Heyerdahl, él utiliza secuencias moleculares del genoma de los aborígenes americanos, esta investigación de Moreno se viene realizando hace más de siete años y más de treinta científicos adscritos a diferentes instituciones especializadas. Moreno señala “Nosotros planteamos la misma hipótesis (de Thor Heyerdahl) de un posible contacto entre la Polinesia y América Latina, pero desde el punto de vista genético, al buscar huellas de genes indígenas en habitantes del Pacífico. Eso requirió de mucha investigación transdisciplinaria y la obtención de muestras genómicas de ambas regiones”, indicó el investigador del Cinvestav.

El equipo que lidera Moreno Estrada, contó con la experiencia científica que el investigador ha ido acumulando en una base de datos genómicos de las poblaciones nativas de América, careciendo de datos de las poblaciones polinésicas llevando a cabo un muestreo en Isla de Pascua en Chile, generando cooperaciones entre las Universidades de Oslo (Noruega) y La Universidad de Oxford en Inglaterra, esto permitió una cobertura mayor en islas de la región que posibilitaran rastrear señales genéticas, que pudieran establecer un contacto prehistórico. Moreno indica que el equipo de Cinvestav se encargó de las investigaciones latinoamericanas, en tanto el equipo de Erika Hagelberg responsable de la Universidad de Oslo cubrió la Polinesia, esta cooperación permitió la obtención de perfiles genéticos, los que significa examinar un conjunto de posiciones genéticas en torno al genoma de las personas, a través de un microarreglo en donde residen las sondas de ADN de las posiciones a estudiar, comparándolas con el ADN presente, en la base de datos de todos los individuos. Con ello se obtiene un mapa de coordenadas que aglutina los cromosomas, con ello es factible llegar a conocer la huella de probables ancestros de cada persona, explicó el investigador. Los estudios realizados a unos 800 sujetos en distintas islas de la Polinesia, y grupos nativos de América Latina revelaron dos tipos de indígenas americanos distintos. Uno de ellos poseía rasgos mapuches (pueblo cuyo origen comparten Chile y Argentina) estas características eran esperadas por el equipo, dada las relaciones fluidas desde la anexión de Isla de Pascua a la soberanía Chilena a fines del siglo XIX. Empero, el estudio arrojó un rasgo sorprendente, con una menor simetría de periodicidad en un componente genético usual, solo en habitantes originarios de regiones que componen México, Colombia y Perú. Moreno indica “Hallamos en sujetos de diferentes islas, una señal indígena de baja frecuencia, por esa razón se emplearon métodos más complejos de investigación (llamado distribución de longitud de segmentos cromosómicos, por ancestría) lo que permitió datar el instante en que los segmentos indígenas encajaron en la población polinésica, esto arrojó una referencia de entre 20 y 26 generaciones en el pasado; llegando a fechar un primer contacto en el año 1200 de nuestra era”, acotó Moreno Estrada.

Al mismo tiempo, se identificó un origen contiguo en ese primer contacto con las islas polinésicas, a la región actual de Colombia. Esto se pudo colegir al realizar un trazado en la afinidad genética con las poblaciones litorales americanas, esta disponibilidad de estudio se halló en la base de datos compuestas en las regiones de Colombia y en parte de Ecuador, por sobre aquellas en el sur americano como las del Perú y Chile, y al norte México y Centroamérica del continente, es evidente que se requieren mayores investigaciones, que permitan dar con la identidad de la población a la que corresponde la huella genética.

Estas indagaciones hereditarias, en la búsqueda de la secuencia de ADN con las poblaciones polinésicas y americanas, inducen a pensar que hubo un solo contacto que luego pudo difundirse su huella genética, en un proceso de conquista o descubrimiento en el Pacifico. La investigación de carácter internacional en comento, fue portadora no solo de conocimiento que modificó el entendimiento humano en relación a uno de los sucesos misteriosos de nuestra evolución, también posibilitó a través de metodologías genómicas la datación de fechas, trazabilidad y origen genético de las migraciones. Esta investigación internacional no sólo formó conocimiento, que levanta el entendimiento de la historia humana en torno a uno de los episodios más ocultos de nuestra evolución, sino también ofrece una nueva metodología genómica que facilita el cálculo preciso de fechas, direccionalidad y origen genético de migraciones capaz de emplearse en nuevos estudios de otras poblaciones o especies, en términos de resguardar hábitats o impedir extinciones o difusiones de patógenos, entre otros usos con impacto directo en la ecología, la conservación de la biodiversidad y la salud. La investigación se manifiesta con certezas genéticas, mediante una interpelación que los equipos interdisciplinarios que incluye a historiadores, arqueólogos, antropólogos, genetistas y lingüistas han levantado y que no habían logrado responder tras décadas, luego de la expedición Kon Tiki del explorador Noruego Thor Heryerdahl, que agitó la opinión de la comunidad científica con la emergencia de una dispersión transpacífica desde América. Heyerdahl, (1969). Por otro lado, los sujetos sin ancestros europeos poseen un elemento de ancestría amerindia, cuyo origen es más aproximado a los nativos de Colombia y que se combinó con genes polinésicos en el año 1300; anterior al descubrimiento de América. Este componente ancestral fue hallado en otras islas polinésicas preliminares a la ocupación de Rapa Nui, cuyas dataciones de contacto fluctúan entre los años 1100 y 1200.

Hipótesis de contactos chinos en América

La tesis china en América, ha tenido un desarrollo seguido a lo largo de los decenios, las que se ha intentado sustentar mediante evidencias arqueológicas y lingüísticas. En efecto, Mocayo, (2009) sostiene que las evidencias en la alfarería indican sobre la presencia china en América, a propósito del CCXXIII (223) aniversario del natalicio del gran libertador Simón Bolívar, por invitación del Parlamento Andino y financiados por los Medios de Comunicación de la ONU para la Paz Mundial, Wang Dayou y Song Baozhong antropólogos e historiadores, así como Sonny Kuo, con medios de comunicación para la paz mundial, realizaron una investigación e intercambios académicos del 19 de julio al 21 de agosto de 2006 en Ecuador, Perú y Bolivia se alcanzaron relevantes e importantes avances científicos, particularmente documentación histórica en ámbitos antropológicos e históricos de las relaciones culturales, entre la antigua China y la América precolombina, vinculadas al viaje de los yines hacia el Este. Es decir de la dinastía Shang, también conocida como "la dinastía comercial" o como dinastía Yin (aprox. 1600 - 1046 a.C.)
Estos navegantes chinos habrían dejado su huella en alfarerias y en pictogramas de su lenguaje. Según estas evidencias culturales, cada carácter chino procede de una determinada causa. Ellos tendrían trazos similares, conservando iguales antepasados de periódicas generaciones. El emperador inca se identifica con el nombre de Inti, traducido textualmente al chino (Inti o Indi), se interpreta como el emperador de yines, Inca refiere entonces como la familia de yines o la esfera donde habitan los yines. Song, (2006).

Los Chinos
Existe la teoría del arqueólogo alemán Uhle M. (1896), quién mediante estudios comparativos establece la existencia de ceremonias similares entre la cultura de los aztecas y los chinos, señala entre otras expresiones, la interpretación de sus calendarios, nos indican que estas culturas utilizaban semejantes y complejos cálculos para predecir la manifestación tanto de eclipses lunares como solares. Uhle manifiesta que los chinos habrían arribado originariamente a México y desde allí se desplazaron a Perú, esto explicaría que la gallina de huevos azules podría haber sido introducida por los chinos, quienes eran avezados navegantes dado que China se erigió en potencia náutica por siglos. Se puede establecer que desde el conocimiento de la tecnología naval que poseían, las embarcaciones chinas del siglo III A.C. poseían las condiciones materiales para llegar a América. Igualmente, Needham J.(1971) reputado autor de Science and Civilization in China, afirma que entre 1100 y 1450 la flota oceánica china, fue sin duda la mayor del mundo.

La ocurrencia de estos viajes en opinión de algunos investigadores, habrían comenzado durante la dinastía Han en el año 219 a.C., el emperador Shih-Huang-Ti encargó una excursión naviera compuesta por jóvenes de ambos sexos, cuyo destino eran tierras lejanas en dirección al este, esas tierras serían Fu-Sang algunos de ellos decidieron vivir allí; mientras que otros retornarían. El origen de estas travesías se sitúan aproximadamente en el año 458 d.C., en ella un monje budista citado como Hui-Seng (hace su aparición en la historia mencionado como Hwui-Shin, Hoei-Shin, Huisen, Hui-Shen, Hoei-Shin o Hwiui-Shan) cuyo nacimiento habría sido Afganistán de unos 23 o 24 años de edad y quien zarpó desde el litoral norte de China, con destino a Fu-Sang, sorteando la corriente cálida ecuatorial pacífica. Este monje llegó hasta Japón y posteriormente a las Islas Kuriles, Aleutianas y regresó a China en el año 499, es decir después de 41 años (Hennig, R. 1956). El budista que se menciona refirió su viaje afirmando su permanencia en un país desconocido, donde se trazaban caracteres en corteza de árbol, con respecto a los animales del lugar, costumbres, población, estructuras, flora, etc., narró que Fu-Sang se hallaba ubicada en la ribera oriental del mar oriental, lo que podría indicar que se trataba de la costa americana del Océano Pacifico. En la enciclopedia China San-ts`ai t`u-hui según los historiadores, se puede distinguir un dibujo que representa a un hombre de Fu-Sang ordeñando una llama. Lo insólito es que los pueblos andinos, presentan ausencia lacticínea, en las especies de leche de Alpaca (Lama pacos) o de Llama (Lama glama) para consumo humano, pese a que el valor nutricional de estos camélidos oriundos del Perú, superan a la proteína de la leche de vacas. Gade (1993). Esta ausencia puede tener innumerables explicaciones, o que en algún momento este lácteo pudo haber sido utilizado, por un tiempo breve, hoy la leche de estos camélidos según expertos del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) del Perú, indicarían que posee un alto nivel de cobertura contra el Coronavirus.

Por otro lado, se han hallado aparentemente restos de naufragios de barcos chinos en las costas de Quiver (sur de Alaska) y anclas redondas de piedra en el fondo marino de Palos Verdes, al sur de los Ángeles-California; donde se observa que el manganeso depositado sobre ellas indica que tienen entre 500 y 1000 años de inmersión, asegura Needham, J. (1971), en América no se habrían utilizado este tipo de piedras como anclas. Estas piedras circulares, con perforaciones en el centro cuyo origen sería chino, como sostiene Gallez, (1976) quien afirmaba que las relaciones chinas con América en la antigüedad existieron, pese a la resistencia de los historiadores, señaló: “Una vez más, los especialistas parecen más decididos a defender una tesis preestablecida, que a buscar la verdad científica, a que ésta ponga en peligro sus teorías que han enseñado durante años. La resistencia al cambio es uno de los principales frenos al progreso científico”. (Las Heras, (2006).

Las características atrayentes que prevalecen es la vecindad entre las palabras de la lengua china antigua y lenguajes nativos norteamericanos, como lo señala el investigador John Ruskamp, quien reveló petroglifos en Alburquerque, Utah y Oklahoma y sus similitudes con la lengua china de la dinastía Shang (S. VIII-S. XI a.C.) Ruskamp, (2016). Este investigador, ha recibido el respaldo de Dennis Stanford del Smithsonian Institution y de David Keightley, sinólogo experto en la civilización china del neolítico, de la Universidad de California. Además, se ha estudiado el dialecto maya mediante el análisis de sus jeroglíficos, evidencia que es sumada al reconocimiento del estilo chino en la artesanía maya como se observa en artefactos hallados en Campeche, los que presentan características muy análogas a las producciones artesanales de la dinastía Tang. Según Flores, (s.f.). De otra parte, una leyenda maya nos habla de unos antepasados migratorios, que llegaron a Yucatán por el mar del Oeste (Simonovis, 2010).

En Perú, se han localizado 89 nombres que tienen significado en chino, al igual que toponimias peruanas que tienen su equivalente en china. En el estudio de 104 momias, de unos 1.200 o 1.500 años halladas en Atacama al norte de Chile, se obtuvieron muestras de ADN de la medula ósea y se halló el virus tipo HTLV-1, el que provoca la leucemia asiática, que puede rastrearse en la zona de Kyushu en Japón asimismo en aborígenes de Australia. Según Tajima, (1998), la cual hizo presencia en América mucho antes de la llegada de los españoles. Actualmente, se ha encontrado anticuerpos en muestras tomadas a la etnia de mapuches chilenos, contemporáneos. Fujiyoshi, (1999).

La Revista Nature Medicine publicó la investigación de las momias desenterradas en Chile, el equipo de investigadores del Instituto de Investigación del Cáncer Aichi, de Nagoya (Japón) hallaron material genético del virus en su desarrollo primario (el provirus, Genoma viral integrado en el genoma de la célula hospedadora) en la médula ósea de dos de las momias examinándolo correctamente en una de ellas, revelando que el virus provino de Mongolia a América el que sigue siendo el mismo en las momias chilenas y los japoneses actuales y en los pobladores andinos actuales. Se extrajo muestras de la médula ósea, del fémur y el húmero de cada momia siguiendo el rigor científico en la asepsia de los especímenes estudiados, estas momias objeto de investigación se encuentran en los museos chilenos de San Miguel, en el Valle de Azapa y en el museo del Padre Le Paige en San Pedro de Atacama. Es evidente, que la tesis sustentada por décadas del hombre de Clovis como cultura única por parte de arqueólogos y antropólogos estadounidenses, en cuanto al origen y llegada de los primeros pobladores a América ha estado fundada en esa creencia, sin embargo las evidencias de material genético hallado, nos hablan de otra historia, de inmigraciones que comienzan a poblar el acontecer de olas migratorias, hace miles de años. (Fujiyoshi, (1999).

Gavin Menzies (2006) ex oficial de la marina británica, suscitó una profunda polémica al narrar en su obra “1421:The year China discovered América” ( El año en que la China descubrió a América) refiriéndose a un almirante musulmán chino del siglo XII, Zheng He – cuya traducción al chino representa “eunuco”- este marino provenía de la provincia de Yunán sirviendo al emperador Zhu Di, zarpó el 8 de marzo de 1421 de China junto a 30.000 hombres que componían una flota de 300 barcos, en dirección al continente americano cuyo objetivo era propagar la hegemonía de la dinastía Ming de China. Estas embarcaciones de acuerdo a Menzies habrían avistado las costas americanas antes que Colón, llegaron a Australia en 1420 antes que Cook y circunnavegaron la tierra cien años previos a Magallanes, al retorno a China se produjo en 1423, dando cuenta que el emperador Zhu Di había sido destituido, el destino de estos exploradores navegantes serían aislados pasando su travesía al olvido. Debemos consignar que esta tesis de Menzies fue cuestionada duramente por la comunidad científica, al parecer Zheng He (1371-1433) habría sido un notable marino según señala Boorstin, (1985); Fernandez, (2006) siendo el principal navegante durante la dinastía Ming, sin embargo esto no arroja mayores resultados de evidencias científicas, que pudieran sostener la tesis de Menzies de que alguna expedición marítima china, diera la vuelta al mundo o simplemente llegara a América, como afirma Davenport, (2003).

Un mapa, que se expuso en Beijing y Londres intentó reforzar esta teoría sobre el viaje del almirante chino Zheng He. Esta cartografía, revela totalmente al continente americano, en el es posible diferenciar África y Australia aunque no consigna a las Islas Británicas. También revela, que es una duplicado elaborado en 1763, cuyo original tendría una data en 1418. Escrituras chinas en dicho documento, explican que fue hecho por Mo Yi Tong quien a su vez, utilizó como modelo otro documento realizado en el año 16 del emperador Yongle, es decir en 1418. El coleccionista había pagado la suma de 500 dólares en Shanghái por el antiguo documento, pudo reparar en la jerarquía de éste al saber de la obra de Menzies “1421: el año en que los chinos descubrieron al mundo”. Algunos investigadores coinciden que es posible que en los comienzos del siglo XV se hubiera producido dicha épica travesía, al mando del almirante musulmán y eunuco Zheng He, sin embargo sostienen que el viaje habría llegado al África. Para Menzies este periplo habría sido aún más extenso, navegando los continentes al cual Gavin Menzies circunscribe la Antártica. Los detractores de la obra creen que es solo un fraude. En tanto, los peritos en cartografía manifiestan que dicho documento sería copia fiel del original, y que de todas formas en dicha carta aparecían pese a la fecha de 1763, territorios que no habían sido descubiertos tales como Australia, Nueva Zelanda, Antártica y Alaska, esto sin duda plantea el necesario examen de la historia. Un antiguo poema chino refiere una fantástica tierra denominada Fu Sang:

Cuando el sol sale
en la tierra de Fu Sang,
Allí está mi hogar.
En busca de fama y riquezas,
he llegado a la tierra
de las flores eternas.

La hipótesis de Fu Sang referida por Ch, R.M. (1990) nos describe una extraña historia que se encuentra en los Anales de la dinastía Liang, sin embargo primero que todo es relevante indicar que Fusang es un país que habría sido visitado por un monje misionero budista en el año 499 llamado Hui Shen, este país estaba ubicado a 20.000 li, al este del país Dahan, y al este de China. La medida li, utilizada en el periodo Han medía 415,8 metros es decir, 20.000 li, podría darnos un aproximado de 8.316 kilómetros según la estimación desde Guandong principal puerto chino hasta la Columbia Británica (Canadá) o Washington según Google Earth. Durante la dinastía Liang según Chong, (2016). Esta habría tenido lugar entre el año 420 a 618 d.C. El emperador encargó la misión de compilar la historia conocida de entonces, consignando la historia nacional y extranjera inclusive, dicha compilación fue efectuada entre los años 502 al 556 d.C., arrojando una colección de 230 volúmenes y que se denominó Anales de la dinastía Liang (Liang Shu). El tomo 54 de dicha colección referida a pueblos foráneos, describe un viaje extraordinario a las tierras de Fusang, que relata el periplo de este monje budista cuyo nombre era Hui Shen, quien dice haber realizado un viaje junto a cinco monjes, quienes navegaron siguiendo la corriente ecuatorial cálida del Pacifico norte, arribando a Japón, las Islas Kuriles y las islas Aleutianas hasta desembarcar en las costas de Fusang, debemos considerar que los pescadores chinos conocían las islas Kuriles (habitadas por los Aínus desde tiempos inmemoriales, hasta su expulsión por los rusos en el siglo XVIII) y Aleutianas.

Según Hui Shen, el nombre de Fusang es debido a la abundancia que hallaron de la planta fusang, que para los chinos tenía una connotación mitológica, similar a la Aleurites cordata, cuyos frutos son similares a las peras pero estas eran de color rojo, y sus brotes de bambú, Caballero, A. (1934). La descripción de esta planta tiene correlación con la del henequén vegetal endémico de las costas californianas, además los visitantes hacen referencia a sus habitantes como pueblos pacíficos y civilizados. Con respecto a la descripción de los naturales de Fusang indica modos de escritura mediante la utilización de la corteza del Fusang, la explotación del oro y plata con fines rituales y otras características relatadas, luego del extenso período en que vivió Hui Shen en Fusang habría retornado con algunos naturales a China, quienes bajo el reinado de Pu Tung del emperador Wuti de la dinastía Liang habrían advertido que aquellos hombres eran virtuosos. Como sea este texto de los Anales chinos adquirió importancia cuando la obra fuera traducida en círculos occidentales, entre ellos la del sinólogo francés J.M. de Guignes quien afirmaría que los chinos habrían sido los primeros descubridores del continente americano. Siendo esta información recogida por la Academia Francesa publicada en una obra titulada: Recherches sur les navigations des Chinois du côte de l'Amérique. Las que rápidamente generaron amplio interés en círculos intelectuales, en que América habría sido descubierta aproximadamente 900 años antes de Colón, y por un chino", llegó a exclamar un académico incrédulo von Klaproth, H. J. (1831). Esta hipótesis generó una gran controversia y desató la imaginación más descontrolada, algunos sabios apoyaron esta tesis y otros la desacreditaron, entre los que la apoyaron como el connotado sinólogo Neumann afirmó que Fusang fue una realidad y que su ubicación eran las costas del pacifico de México, dando con ello veracidad al relato del Hui Shen, el icono clástico británico Edward Payson Vining en 1885, referido por Ashwell, (2007). Aseguró que Hui Shen navegó o flotó a la deriva en las corrientes de los mares del Pacífico norte. Pasó por las Kuriles y las Aleutianas para llegar a las frías costas de Alaska, para seguir bajando hasta llegar finalmente a las cálidas costas de México. Payson Vining indica que por milenios han viajado de esta manera muchas frágiles barcazas, dicho viaje no era sino otro más. Los debates en torno a este relato tuvieron mucho auge con autores en pro o en contra. Se llegó hasta poner en ridículo al pobre monje, diciendo que no había sino llegado a alguna isla japonesa remota. El libro del profesor colombiano Gustavo Vargas 1421: “El año en que los chinos descubrieron América”. En la reseña de su libro por parte de Russell Maeth nos lleva a una interpretación más o menos correcta, que el relato del monje budista pudo ser una fabricación de la secta taoísta “Mao Shan”, realizando Russell una crítica a la obra de Vargas.

El historiador norteamericano contemporáneo Chapman en su libro “A History of California”, dedicó un capítulo completo para describir la presencia de los chinos en las costas californianas en la antigüedad. Al respecto, Chapman dice: "Los primeros exploradores de China no sólo cruzaron el océano, como lo hizo Hui Shen, sino que dejaron huellas indelebles en las culturas americanas nativas. Por eso, las similitudes entre las viejas religiones mexicanas y el budismo antiguo son muchas y sorprendentes". Chapman, (1921). Y las analogías son objetivamente muchas para ser supuestas como casualidades en su parecer. Las excavaciones del complejo cultural Sanxingdui al suroeste chino, han relevado aproximaciones del horizonte de las civilizaciones Shu y los mayas como refiere Xiumin (2021) a propósito de las observaciones del arqueólogo Marco Antonio Santos, director del sitio arqueológico de Chichén Itzá, quien señala los parecidos de las piezas de bronce encontradas en fosas de sacrificios del reino de Shu y la sagrada ceiba maya, cuyo árbol tenía una significación entre el cielo, la tierra y el inframundo maya, la que se desarrolló en Mesoamérica en opinión de Santos «Son semejanzas y sustanciales y con relaciones, digamos, mentales, aunque si bien no se conocieron, pero las representaciones de árboles en ambas culturas nos dan un simbolismo muy similar»

Entre los artefactos de oro y jade, en la cultura Sichuan y maya en ambas son representadas escenas de la realeza y los dioses, el jade llamado en china como yu era considerada como una piedra mágico-religiosa, la que simbolizaba la esencia del cielo la belleza, la pureza y la suerte cuyos yacimientos más importantes están en las montañas de Kunlun en la provincia de Xinjuang. Para las culturas mesoamericanas, la jadeíta y los jades culturales denominados Chalchihuitl en náhuatl, eran consideradas como piedras preciosas las que representaban la fuerza de la naturaleza en las corrientes de agua y vegetación, la fertilidad, la lluvia y la abundancia, las evidencias prehispánicas de explotación estaban en el Valle del Río Motagua en Guatemala, Oxaca, Puebla y Chiapas. Como lo consigna Tisot (s.f), debemos considerar que en los argumentos arqueológicos tanto de Sanxingdui y Mesoamérica, ambos materiales poseían las mismas atribuciones rituales que por sí solas no representan una prueba concluyente. Sin embargo, estas similitudes van más allá, Santos explicó que las dos civilizaciones se desarrollaron en territorios con una latitud y clima similares, por lo que observaban el mismo cielo y, por ende, objetos materiales en los que plasmaron su cosmovisión tenían símbolos parecidos. «Al final del día, el hombre sigue siendo el hombre independiente del tiempo y espacio, y lo que tenemos es que, en esta latitud, tanto esa cultura como los mayas miraban el mismo cielo, tenían las mismas estrellas en el horizonte», abundó.

No sólo en lo religioso, sino también en prácticas simbolismos y otros semblantes, se pueden hallar similitudes y paralelismos especialmente entre los pueblos de origen azteca-mayas. El antropólogo mexicano Carlos Villanueva refiere semejanzas entre las culturas mayas y chinas, en relación a la dinastía Shan que se desarrolló entre 1606 al 1046 a.C.; Villanueva indica que su extinción es concordante con la presencia de los Olmecas en México, y sus vestigios surgen en sitios Pre Olmecas y Pre Mayas del Pacifico, en las áreas arqueológicas de Izapa en Chiapas, Monte Alto en Escuintla, Guatemala, y la península de Nicoya en Costa Rica, estos antecedentes culturales de los Olmecas son concordantes con la extinta dinastía Shang también conocida como Yi, involucrada en una lucha territorial, él plantea que un ejército sobreviviente marchó a la costa china del pacifico hacia el este perdiéndose el rastro de ella, según afirma Villanueva. Poco después, en el actual México y Centroamérica apareció la cultura Pre Olmeca y Pre Maya con relaciones en el arte, organización social, mitos, calendario, uso del cero y la iconografía con reminiscencias de la Dinastía Shang, relacionada con los rasgos asiáticos aparecidos poco después de surgir la Cultura Olmeca, caracterizada por enormes esculturas de rostros negroides y acentuadas fisonomías asiáticas, como también lo evidencian los monumentos llamados “Baby Face”. Las analogías entre las culturas mesoamericanas y chinas están referidas a la medicina, arte fúnebre, calendarios sagrados y simbolismo de animales en su cosmogonía. La falta de pruebas apodícticas, en cuanto a esas analogías de la materialidad y la memoria cultural de las civilizaciones precolombinas y chinas no es concluyente, pese a las simetrías que existen entre algunas de ellas. Por otro lado, debemos meditar sobre la morfología del hombre Maya en la época Clásica, entre el 300 y 900 d.C., en relación con los Chinos de la Dinastía Shang. La estatura promedio, rasgos somáticos y morfología del cuerpo poseen contiguas relaciones. Por otro lado, el lenguaje maya yucateco tuvo un cambio en su estructura, fundamentalmente por la influencia dominadora en el proceso de conquista española.

Sin prejuicio de lo anterior, entre lo que esgrimen los difusionistas, podemos encontrar un sugestivo estudio del profesor Gabriel Novick, quien encabezó en 1988 un equipo de genetistas del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad Internacional de Florida, quién llevó a cabo una investigación genética en el sureste de México, cuyo título es “polimórficas inserciones Alu y el origen asiático de las poblaciones nativas americanas” los resultados arrojaron que el ADN de los mayas referido al pueblo de Buctzotz en Yucatán y las regiones de Campeche es equivalente a la población china. En las conclusiones de dicha investigación se afirma que: “Podría decirse que esos mayas son chinos” Por otro lado, los investigadores señalan que el ADN del pueblo de Buctzotz es igual a grupos indígenas de Alaska y Perú. Novick refiere que estas secuenciaciones obtenidas no corresponden a inmigraciones vía estrecho de Bering, hace 30.000 o las sucesivas oleadas migratorias, argumenta que los estudios genéticos requieren más de cuatro generaciones para que ellas sean capaces de incidir en las generaciones posteriores, tampoco aquellos que habrían arribado a América desde el Estrecho de Bering hace miles de años, el Dr. Novick asegura que dichos contactos no fueron los realizados por dicho puente geológico para arribar a América, el ADN de los mayas de Buctzotz en Yucatán no es el mismo de las zonas cercanas, sino idéntico al de los chinos. Para el Doctor Novick este ADN podría tener su correlato, con un flujo migratorio reciente de genes originarios de Asia al mismo tiempo en Yucatán y otros lugares de América. La coincidencia genética que establece el doctor Novick con respecto a sus investigaciones, entre grupos étnicos del sudeste mexicano y la ancestría oriental por sus tipos somáticos mongólicos, los que han sido contrastados mediante iconografía y pinturas previas a la Conquista y entre los mayas actuales.

El ADN de un grupo maya de Yucatán como lo son los Buctzotz como señalamos es similar al de los Chinos, cuya posibilidad de contacto es superior al 99.9%, dado que el análisis del material genético tiene una contingencia de error de una en 10 mil millones. Por otro lado, apunta Novick refiere que el denominado “Uah” que en lengua maya es mancha mongólica, la que se presenta en recién nacidos como una mancha azulosa, cuyo nombre científico es melanocitosis dérmica congénita, la que se produce por la acumulación de melanocitos en las capas intermedias de la piel, es una alteración benigna la que desaparece con la edad, ubicada en la región lumbar en este caso en los mayas. Su nombre deriva en un 90% de la raza mongol, ellos la habrían llevado a China en las invasiones del siglo XIII, cabe precisar que esta “mancha mongólica” surge entre mongoles y chinos, la raza negra e indígenas americanos. (Novick, 1998). En esa misma dirección se detectó en las poblaciones sudamericanas una Arquipatologia precolombina, la presencia de parásitos intestinales de origen tropical que indica una procedencia de contactos transpacíficos como lo refiere en su investigación Allison, (1987). Asimismo ha sido posible identificar lombrices adultas en una momia peruana cuya datación por carbono 14 es de circa de 900 a.C. (Allison et al,1974) se hallaron huevos y larvas en heces humanas de un sitio arqueológico en una momia de Minas Gerais en Brasil, de tricocéfalos y anquilostomas demostrando que dichos parásitos prehistóricos estaban asociados con los humanos. Ferreira et al. (1983) las fechas por radiocarbono 14 comienzan circa de 2.400 a.C. Algunos investigadores sostienen que una especie biológica no necesariamente están en dos partes, la presencia de un parásito revela un contacto entre huéspedes en el pasado, ello debido a que el ciclo vital no logra completarse en una superficie templada, Araujo afirma “Solamente las migraciones por mar, serían capaces de introducir acilostomideos hacia América a través de migraciones transpacíficas” (Araujo 1988, Araujo et al 1988).

Similitudes Chinas y Mayas
El 02 de diciembre de 2021, se llevó a cabo una conferencia organizada por la Embajada de la República Popular China y el Centro de Estudios China-Veracruz, en relación a las similitudes que existen entre las culturas maya y china, dentro del ciclo de webinars “Mirada de los jóvenes chinos sobre América Latina” en dicha oportunidad, la tercera secretaria de la sección administrativa de la embajada Junru Zhang impartió la conferencia “La convergencia de la cultura tradicional china y la maya”, en la que expuso fisonomías entre ambas culturas tanto en las indagaciones astronómicas, calendáricas y la forma de pensar el mundo y la escritura. Enfatizando las diversas teorías que refieren los contactos transpacíficos, en la oportunidad la diplomática indicó que tanto la cultura maya como china tenía grandes semejanzas en la astronomía y la construcción de observatorios, en tanto los chinos contaban con elaborados sistemas de observación de los cuerpos celestes. El calendario maya, posee similitudes con el calendario rural chino no solo en la exactitud de ellos, vinculados entre sí por la medición de los periodos de cultivos y cosechas. Ambas culturas conservan una idea dual del mundo, la china el yin y el yan como opuestos que se conmueven el uno al otro, en tanto el mundo maya posee dos niveles como el mundo superior y el inframundo. Ambas culturas comparten una cartografía cultural, la maya en base al maíz, la china el arroz como basamento de las prácticas culturales. La diplomática releva las similitudes entre los glifos de la escritura maya, y los sinogramas chinos con su correspondencia de sonidos y símbolos, utilizando otros elementos como expresión equivalente e ideas.
Errazuriz, (2000) nos indica que la construcción de Palenque y sus semejanzas con Angkor en Tailandia, no son pocas: pirámides escalonadas, escaleras monumentales, corredores cubiertos con falsas bóvedas, altos templos con pórticos, muros adornados de balaustres incrustados evidencian una identidad principal, entre estos sitios culturales en que ambas civilizaciones se desarrollaron en junglas hostiles como las de Cambodia y el Petén, o de Chiapas de forma casi sincrónicas. Sin duda, que las condiciones climáticas de estos sitios arqueológicos en su equivalencia son similares las que fueron referidas por el anti difusionista Henri Stierlin, (2005), en tanto Palenque exhibe correspondencias con China en los referido a sus costumbres funerarias con las dinastías Shang, Zhou y Han; como lo es el rito de ubicar un objeto de jade que representa la vida y la inmortalidad en la boca de los difuntos, colocar máscaras mortuorias construida con mosaicos de jade en Palenque, como se hacía bajo la dinastía china Han. Ambas culturas, compartían el uso del cinabrio cuya técnica posibilita la pigmentación bermellón o cinabarita, que es un mineral de la clase de los sulfuros (sulfuro de mercurio). Su estructura está compuesta en un 85 % por mercurio y 15 % de azufre, lo que indicaba que esos pigmentos estaban asociados al status económico, este uso también ha sido hallado en representaciones pictográficas rupestres y romanas entre otras. Errázuriz nos indica, que estos paralelismos son sorprendentes como base de contactos asiáticos en un posible poblamiento de América. Las investigaciones de Lévi-Strauss han acentuado algunas estilizaciones proviniendo por desdoblamiento y simetría. En la cuenca del Pacifico, en China arcaica, primitivos de Siberia, Nueva Zelanda, Alaska, Melanesia y sin duda en el mundo Maya.

Errázuriz nos señala que: “las máscaras de tao-tieh de los bronces chinos Zhou, los postes de tótem del norte del continente americano y las decoraciones de los templos de Yucatán, por medio de máscaras del dios Chac, presentan todos una misma sistematización formal. Y, sin embargo, no me parece que haya que darle demasiado espacio a esas analogías. Varios otros puntos deben ser dilucidados antes". Las simetrías en el Templo I de Tikal, erigido circa del año 700 d.C., con el Templo de Backsei Chamkrong ubicado en el complejo en Angkor (Siem Reap, Camboya) que se edificó circa del año 700 d.C., parece extraño que su arquitecto, no haya tenido un contacto directo o por otros con su par en algún sitio de Asia o América, considerando las inmensas similitudes entre ambos inclusive el simbolismo religioso con el templo maya, sin que haya habido una transmisión de conceptos tanto ideológicos, arquitectónicos y constructivos. Estas semejanzas entre templos cuyas distancias espaciales son evidentes. Pero pasmosamente similares no solo en su exterior.

Polinesia
La Revista Nature publicó un artículo de Ioannidis et al. (2020) en la que se refieren datos genómicos que evidencian la existencia en Polinesia de un contacto lejano entre aborígenes americanos, el que habría provenido de las Islas Marquesas, sus sucesores emigraron y colonizaron islas hacia el sudeste, portando con ellos el elemento ancestral indoamericano en sus genomas llevándolo hasta Rapa Nui. Cuando Thor Heyerdahl arribó a Raroia en la Polinesia Francesa en su balsa Kon Tiki proveniente desde el Perú, Quiroga, H. (1970), demostró la factibilidad de viajes oceánicos siguiendo las corrientes marinas afirmando que un punto de llegada podría haber sido la Isla Fatu Hiva, en las Marquesas cuyas islas son el mayor archipiélago de aquellos que forman parte de la Polinesia Francesa, sus poblaciones refieren que sus orígenes ancestrales provienen desde el Este.

Los estudios genómicos de los actuales pobladores de las islas polinésicas diferenció dos corrientes migratorias de América una de ellas posiblemente entre Colombia y Ecuador, como hemos consignado precedentemente y otra desde Chile posiblemente hace 700 años, considerando que el estudio genómico podría aportar pruebas de esta hipótesis. Lugones, L.P. (2016)

El doctor Ricardo Verdugo señala "El proceso es coincidente con migración secuencial que parte desde el este al oeste, empezando en Samoa y terminando en Rapa Nui (...) Uno puede fechar cuando tuvieron dos grupos tuvieron ancestros comunes" estos estudios han sido complementarios a investigaciones arqueológicas, antropológicas y lingüísticas las que van develando información, que ha sido heredada de generación en generación impresa en el ADN, realizando un llamado a una mejor comprensión e importancia en la continuidad de investigaciones genéticas, y la importancia científica de contar con mayores tecnologías en esta dirección.

La tesis oriental y su vertiente euro-asiática, nos llevan a explorar aún más en los entresijos de su formulación. En efecto, el laberinto étnico que se propone y sus variaciones raciales desde el tipo mongoloide y el caucasoide de tez blanca, nos lleva al pueblo de los Aínus el que posee desde la antropología una tipología de raza arcaica. Los Aínus, poseen una morfología similar a la de los indígenas americanos. Sus orígenes debemos situarlos en migraciones desde Asia Central, las que habrían tenido lugar hace 20.000 años anteriores a las migraciones según nos indica Tomás (2005). El pueblo Aínu posee una gran diferenciación en relación a la mayoría de los japoneses. El misterio del origen de esta etnia estimula curiosidad al estudiar su idioma, la que no posee analogía con otras lenguas asiáticas. Sus características como ya hemos mencionado parecen dislocadas de lugar, y ellas son relevantes. Poseen el pelo ondulado y de color castaño, ojos claros o una estatura más alta, con respecto a la talla media del resto de los japoneses. Un estudio de ADN en los años 90, indican que existe una relación genética directa entre el pueblo Ainu, con algunas tribus del África central, específicamente con los Khoisan, ubicados al norte de Nigeria. Dichos análisis genéticos señalarían esa familiaridad entre los Aínus y el pueblo Khoisan fijando la antigüedad en unos 10.000 años, la investigación no releva una migración de los Aínus a África o los Khoisan arribaron al Japón. A la etnia Aínus, se les vincula genéticamente con los Andaman cuya etnia se ubica en la Islas Andaman en el océano Índico, Los andamaneses son delgados, de piel oscura, de pelo rizado sus semejanzas físicas, pueden hallarse en los semang de la península Malaya y los aeta de las Filipinas.

La etnia Ainu, se conforma como una etnicidad propia de Japón la que exhibe tipologías genéticas únicas. Ella está presente en su totalidad al norte en la isla de Hokkaido y al norte de la isla de Honshu, en Japón. También se les puede encontrar en las islas Kuriles y Sajalín al este de Rusia.

Los pobladores Aínus poseen una complexión física maciza, de vello abundante, barbudo, con melena hirsuta, conforman una población que tienen tipologías muy análogas a los aborígenes americanos. Las creencias de los Aínus, transitan en un espíritu superior “Gran Espíritu”, al que divinizan con un festejo en el que se ofrenda un oso. Su lenguaje tiene semblantes equivalentes con algunos idiomas americanos originarios.

Esta diversidad étnica del hombre asiático, ayuda a comprobar y sustentar la validez de la tesis de Herdlicka, quien afirma que al menos fueron cuatro hordas migratorias de la raza mongoloide a tierras de América en distintas épocas. Se estima que en el tiempo se produjeron fases migratorias hacia el nuevo mundo, portando ellas diversas fisonomías genéticas y grupos sanguíneos, los que al pasar las generaciones fueron asimiladas dando paso a la diversidad física del hombre americano. Es así, como puede indicarse que el Estrecho de Bering no habría sido el único "paso geológico", para el poblamiento del continente americano en tiempos remotos. Méndez. (2020), nos refiere la teoría de la ocupación de América del etnólogo francés Paul Rivet, este realizó singulares contribuciones en relación al origen americano de la población. Rivet sustentó que los desplazamientos migratorios desde el Pacífico, particularmente habrían sido desde el transpacífico sur y la Antártida. Configurando con ello, síntesis de razas "oceánico-australoide" las que arribaron al continente americano surcándolo mediante frágiles canoas. La teoría que presenta Rivet no necesita mayores basamentos. Las investigaciones antropológicas han evidenciado una correspondencia tanto entre las monumentales estatuas de piedra en la Isla de Pascua, con afines estatuas de piedra que se hallan dispuestas en diversas islas de la Polinesia y Micronesia. La posibilidad de corrientes migratorias a través de la vía del Pacífico va respaldada por relatos chinos antiguos, que describen embarcaciones pesqueras que salieron en dirección hacia oriente, las que nunca retornaron.

Las semejanzas entre las culturas indoamericanas y la cultura china no sólo se limita a Mesoamérica. En Sudamérica se han podido rastrear muchos patrones de admirables afinidades entre estos pueblos tan separados geográficamente.

La mitología inca y Toponimia
La mitología incaica y su conjunto de narraciones sobre su origen, poseen una reciprocidad con la cultura china. El mito del Lago Titicaca, tácitamente estimado como ascendencia de la civilización incaica devela un sorprendente parecido entre la expresión toponímica y el significado que encierra la leyenda. Según el Inca Garcilaso de la Vega. El Dios Inti envío a los hermanos esposos Manco Cápac y Mama Ocllo a la tierra desde el Lago Titicaca, para civilizar a los hombres y venerar al Sol (Inti) y la Luna (Quilla) con el objetivo de fundar el imperio , fue este lugar donde comenzó el mundo andino. El origen toponímico de Titicaca tiene una correspondencia con el chino, Titi significa en lenguaje chino, hermano menor y coco, hermano mayor. Como lo describe, la Revista Online Noticias de Taiwán (1987) la semejanza homofónica de la palabra quechua Tahuantinsuyo que deslindaba en los cuatro puntos cardinales al imperio inca, su correspondencia china Ta Huang-tiso yiou, en dialecto Chekiang es “Las propiedades del gran emperador” una de las regiones del Tahuantisuyo era Chinchasuyo como una principal macrozona, la que homofónicamente llevada al dialecto Chekiang chino es: Chin-chia so yiou que significa “propiedades de la familia de los suegros.

Por otro lado, las normas de conducta moral incas nos señalan las expresiones: ama súa (no robes), ama Llulla (no seas holgazán y ama quella (no engañes) estas tres, poseen sus correspondencias con las tres virtudes chinas de la antigüedad. Ser honesto, ser diligente y ser sincero. Para los quechuas la palabra ama indica negación, en tanto la palabra a-mo, en el chino coloquial antiguo encarnaba ¡No!


Conclusiones

El horizonte cultural mesoamericano y sudamericano, han ido presentando evidencias a lo largo de la historia en torno a la presencia de elementos indo asiáticos y polinésicos, los que refuerzan las teorías difusionistas de contactos transpacíficos en la antigüedad. El difusionismo se ha ido amalgamando paulatinamente a las disciplinas como la antropología y la arqueología como fundamento teórico en relación a los préstamos culturales en la diversidad de algunas sociedades, entendiendo que los elementos de la cultura humana consiguen trasladarse a otras sociedades, aunque esto pudiera haber sido su ocurrencia no necesariamente pudo suceder. La evidencias que hoy se están reportando, en torno a la presencia transpacífica en América, está sujeta a las certidumbres culturales que se intentan explicar en relación a las influencias exógenas, que pudieren tener lugar en las distintas cronologías históricas, que pudieran haber facilitado el contacto transpacífico. Dichos elementos culturales para este contacto, se materializan de forma más convincente a través de la investigación genómica, que nos puede aportar evidencias sustanciales para dicho propósito. Por otro lado, la alfarería cuya datación arcaica se halló en la costa del Ecuador atribuida a la “Cultura Valdivia” con ceramios que poseen similitudes con las culturas del este de Asia, particularmente con la cultura japonesa Medio-Jõmon, datándose en 2000 a 3000 a.C. Esas sorprendentes analogías entre las culturas de la Cuenca del Pacifico, no son determinantes faltando evidencias arqueológicas y aquellas de la antropología física, por la cronología relativa disímil. Desde un punto de vista histórico y cultural, se trata de una zona de desarrollo continuo interconectado, desde comienzos tan humildes como los de viejo mundo, hasta la civilización urbana.

El contacto cultural como lo señala Betty Meggers se manifiesta en una cultura alta, sabemos que México fue sometido por España y que la cultura española fue sobrepuesta a la cultura indígena. Sin embargo, el resultado no es una reproducción fiel del arte y la arquitectura española, sino algo que podría ser considerada como un desarrollo independiente si la atención fuera dirigida a las diferencias antes que a las semejanzas, y si el océano fuera concebido como un obstáculo imposible. Los elementos asiáticos y polinésicos en América debería ser evaluada en este contexto. La presencia de elementos culturales que parecen ser préstamos en el ámbito conceptual, tanto palabras como artefactos personales simbólicos, nos refieren más de una estancia relativamente prolongada que a un mero contacto efímero, que las futuras investigaciones de secuenciación genómica, antropológica y arqueológica entre otras disciplinas, podrán ir develando una historia poco conocida de estos encuentros. Las evidencias halladas en cráneos de Isla Mocha en Chile, como ya nos hemos referido en este artículo, serán relevantes como las características particulares que poseen las gallinas mapuches del Arauco chileno, también por su correspondencia con Polinesia. La investigación está abierta para intentar explicar la cadena de semejanzas, que solo una investigación profunda podrá ser determinante para escribir una historia, que aún se halla abierta. Sin duda, que los análisis de secuenciación genómica en los primeros humanos modernos de Asia y su expansión dará mayores luces a los investigadores. Entendiendo que la unidad psíquica en las culturas asiáticas y mesoamericanas, no podrían ser totalmente endógenas.






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