La Utopía y el desencanto

Eduardo Huaity González

Publicado el: 16/07/2022

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Alberto Noé, es doctor en Sociología y uno de los fundadores de la Universidad Nacional de Salta a principios de los años 70. Tuvo una fuerte militancia política y vivió muchos años en el exilio. Hoy reside en Salta.

 

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Alberto Noé, dueño una risa contagiosa y una lucidez admirable nació en Salta, pero su vida transcurrió en países de Europa, México y Brasil y es tan rica como la historia de Argentina de los últimos 60 años. Se graduó en los años sesenta como Licenciado en Sociología en la Universidad de Buenos Aires. Fue docente en la Universidad Nacional de Salta, donde integró el grupo fundador de la Carrera de Antropología Social, en 1973-1974. Fue Profesor Titular en la Universidad Nacional de Córdoba y Profesor Asociado en la Universidad Nacional de Luján.

Co-autor del libro: Los Movimientos Populares en América Latina, organizado por Daniel Camacho, co-editado por Siglo XXI y por la Universidad de las Naciones Unidas.

Autor de diversos artículos publicados en revistas internacionales. Tiene una vasta experiencia de docencia e investigación internacional. Fue Coordinador de Proyectos de la Universidad de las Naciones Unidas para América Latina (Programa PAL), Profesor e Investigador en la Universidad Autónoma de Coahuila, México e Investigador Titular en el Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo (CEESTEM), México, DF.

Residió en México y en Brasil, donde obtuvo el Doctorado en Sociología en la Universidad de Sao Paulo. Fue profesor en el Programa de Posgrado en la Universidad Federal Fluminense (Río de Janeiro) y en la Universidad Federal de Bahía, Brasil.

Actualmente jubilado. Su último cargo fue de profesor en el Programa de Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires

Publicó en nuestro país: Utopía y Desencanto. Creación e Institucionalización de la Carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires: 1955-1966, editado en Buenos Aires por Miño y Dávila Editores.



Alberto, una pregunta indiscreta, ¿Qué edad tenes?

81.

Significa que viste este país en todas las etapas, en todos los momentos y en todas las circunstancias. Es como una novela. ¿Y qué tipo de novela le podrías? ¿Es policial? ¿Es de misterio? Si tuvieses que definir los últimos años de la República desde tus ojos…

Histórica, le diría.

Voy a comenzar con una gran metáfora de los años 30, olvidado ya. Andrés André Malraux que escribió “La Condición Humana”.

Es invitado por Victoria Ocampo a visitar Buenos Aires. Entonces conoce Buenos Aires, Avenida de Mayo, etcétera; y la pasa a muy bien. Conferencias, asados, reuniones, etcétera y vuelve a Francia vía Marsella. Toma un tren, se va a París. Allá le preguntan qué tal Argentina y qué es Buenos Aires y él contestaba a las preguntas y miraba para arriba. “Buenos Aires, Buenos Aires… ¡Ah, sí! Buenos Aires es la capital de un imperio que nunca existió”. Ya está.

En definitiva, ¿Qué es Argentina?

Argentina es un enigma creado por un grupo de gente en los años 1880, entre intelectuales y mercachifles y asesinos e indios y gallegos vascos que llegan a la Argentina. Es un país que, dicen, iba a ser el granero del mundo y no es ¿verdad? Creo que la división internacional del trabajo, el desayuno le va a hacer Brasil con el café, el almuerzo lo va a hacer la Argentina. Pero Argentina antes de esto ya le daba de comer a los esclavos del Brasil, antes del frigorífico. Es decir que ya proveía de carne salada, el famoso saladero de Rosas en adelante, hasta Roca. Con la carne, que es como decían, en Argentina las vacas trabajaban y los hombres gastaban. Ese es el problema, fundamental.

Argentina tenía el problema que en la división del trabajo tiene que producir todo esto, pero, al mismo tiempo es un país que es un desierto, no está poblado. Surge Alberdi, surge Sarmiento, surgen teóricos; ¿qué es la Argentina? No saben que es. “A los indios hay que matarlos a todos, no sirven son vagos”. El gaucho, surge Martín Fierro, y cuidado con Martín Fierro porque el Martín Fierro es muy importante. José Hernández se llamaba “José Hernández Pueyrredón”.

Entonces hacen la política de inmigración masiva. Hacer la América, pero resulta que hacer la América era para los EE. UU. ya lo había hecho con los calvinistas que vienen de Inglaterra, y ahí matan indios, que era lo que les interesaba, era de que el trabajo era fundamental.

Los inmigrantes se topan con un problema. Tiene que buscar en donde trabajar, pero ¿trabajar en qué? En la tierra ya no, por qué la tierra está ocupada. La mayoría viene huyendo de la miseria, de la pobreza, y muchos eran inmigrantes políticos que vienen escapando de la represión, pero la mayoría eran pobres. Vienen con la idea de que pueden trabajar acá y no hay nadie. A trabajar en la ciudad de Buenos Aires, a Rosario, parte de Córdoba, y Mendoza. El resto, comercio: libaneses, judíos, sirios. Vamos a decir libaneses porque el imperio turco lo había denominado así, de esa manera y los inmigrantes eran un problema, son diferentes a los dueños de la tierra que hay en el país.

Entonces Argentina es un país que empieza a ser, a crearse como un país europeo, muy lejos de una América Latina que no se reconocía a sí misma como tal. Yo, por ejemplo, que soy hijo de padre y madre inmigrante. Mi papá vino a la Argentina porque mi abuelo lo salvó de la guerra. Prefirió meterlo a un barco, que se vaya a América porque en la guerra, seguramente terminaba muerto, y era su único hijo varón, con la promesa de volver no volvió nunca más.

Conoció a mi mamá en Salta. Y mi abuelo materno, era el patrón de mi papá, te hablo de los años 20 o 30. Y yo decía, ¿qué tengo que ver con la gente de acá? Imagínate la comida, no tenía nada que ver con la comida criolla. Entonces yo me escapaba de mi casa, me iba lo de la familia Echazú que vivía en la otra cuadra de mi casa que yo vivía en Caseros e Ituzaingó, a comer comida criolla. Había empanadas, locro. Yo comía comida griega, turca; hablaban dialectos diferentes… y yo no me reconocía con nada.

¿Cómo fue tu escuela?

Yo vi una escuela en donde las maestras, eran maestras. Y mi mama era una persona muy inteligente y buena gente. Me acuerdo el primer día que fui a la escuela, me agarra y me dice “mira Alberto, hoy vas a empezar las clases y la señorita que va a atender, es tu segunda madre y la tienes que respetar y no te portes mal. Y si yo llego a saber, le voy a avisar a tu padre”. El avisar a tu padre, era cómo avisarle a la ley.

En las aulas había Patrón Costas, había negritos también, había Rodríguez y había Soratonina, había Juan y había Noé. ¿Quién era el mejor alumno? Noé. Los cholos indignados, Roberto Nazr, el pediatra lo dijo en público: “Yo me sentaba atrás de este para copiarme de lo que escribía porque era el mejor alumno en todo”. Y me tenían enviada por eso. Yo iba e izaba la bandera y todo el mundo se preguntaba de donde venía Noé. Yo me hacia el boludo. Cuando venía la educación religiosa, ahí sí.

Pero, sin embargo, la escuela era escuela. Y yo salía de la escuela y me iba a la biblioteca “Victorino de la Plaza”, la que está ahora en la Sarmiento y Belgrano, nada que ver con lo que es ahora, porque en la biblioteca había juegos. Éramos chicos, estaba lleno de libros y era socio de la biblioteca y te lo llevabas a la casa. Yo leía mucho, empecé a leer a Jack London, a los grandes escritores, y empecé a pedir historia argentina. Pero no me gustaba Mitre, me gustaban de otros tipos. O eran fachos, o eran liberales, pero no había marxistas, no había ni gente de izquierda, había pocos. Y uno encontré ahí: Milsiades Peña. Para mí, es uno de los más grandes historiadores de Argentina, tiene 5 libros, murió muy joven, y es el único que interpretó la guerra del Paraguay.

Era una escuela muy democrática…

En la escuela había cierto antisemitismo. De repente yo salgo a la calle, venía de la escuela Zorrilla, llego llorando a mi casa porque había visto un cartel que decía así: “mate un judío, plante un árbol, haga patria. Alianza libertadores nacionalistas”, que apoyaban a Perón. Voy con mi papá, me dice “cállate la boca y no digas nada, somos minoría. Ellos creen que nosotros matamos a Jesús”. No matamos nada, porque Jesús, si existió, lo mató el Imperio Romano. Y nosotros, por el Imperio Romano estamos como estamos. “No le des bola, no le respondas”; tuve un padre inteligente a pesar de que era comerciante, muy recto, autodidacta, buena persona. Me decía, “cuídate y no digas nada si te dicen algo, no respondas, no le critiques nada porque son mayoría”.

Creo que Salta es como dice Juan Ahuerma: una ciudad toledana. Toledo era la ciudad de la Inquisición. Un día Juan me dice “Alberto, ándate, porque te tienen una envidia que vos no tenés idea”. El deporte más típico de los salteños es el puterío, hablar mal del otro y además son traidores y a mí me pasó eso.

Y te fuiste…

Si, por supuesto. Me fui me fui a estudiar a Buenos Aires. ¿Por qué me fui a Buenos Aires? Primero me fui a Tucumán, y Tucumán me abrió los ojos. Cuando descubro a Tucumán, descubro la modernidad y esto era el atraso. Para mí, Salta hasta hoy, es la vanguardia del atraso. Hasta hoy, desde Hernando de Lerma hasta hoy, que no se llamaba de Lerma, era Levi. Lerma es un pequeño pueblo de Galicia.

El asunto es que hubo dos gobernadores nada más hasta hoy que no son cholos o acholados: Bernardino Biella y Miguel Ragone. Es insoportable para la oligarquía salteña que un hijo de italiano sea gobernador. A Biella le hicieron una cama diciendo que compraron la guardia de donde estaba el Club 20 que era la Casa de Gobierno y ahora es el Centro Cultural América, le pusieron en el escritorio del 5 o 6 palotes de cocaína, llamaron a los diarios de aquella época, no al Tribuno porque Biella era socio de Roberto Romero, entonces le hacen la cama y lo echan, sin intervención federal. Y a Ragone lo matan.

Todo eso era el peronismo, no era el cholaje. A Ragone lo mata la AAA, y a Biella, el peronismo duro le hacen la cama, además el “cholaje”, como le llamas es peronista en su enorme mayoría…

No tiene todo el cholaje adentro. Te equivocas. Porque el peronismo nunca llegó a Salta, como peronismo.

A ver, Perón, en la campaña electoral llegó a Vespucio, a Tartagal, no a la ciudad de Salta. Evita llegó hasta Güemes; la esperaba la oligarquía frente a la Legislatura, se dio la vuelta y se volvió a Buenos Aires. ¿Por qué? Porque el Hogar Escuela que se construyó, era terreno de la sociedad de beneficencia de Salta.

Lo que te quiero decir con esto, es que el peronismo como tres banderas, “justicia social, independencia económica y soberanía política”, nunca llegó a Salta como Gobierno. Llegaba a nivel nacional por la Fundación Evita.

Y yo vi con mis ojos, cuando cae Perón, yo iba al Colegio Nacional, me dicen a mi “hay que tomar el colegio porque se va Perón y viene un nuevo Gobierno y si no se va Perón, no salimos del colegio Nacional.

¿En qué año fue eso?

En el 55. El 6 de setiembre.

Estaba Sánchez Torazos me acuerdo y yo decía ¿por qué no se levanta el ejército para defender a Perón? Me llamaba la atención. Y cuando cae Perón, al día siguiente, yo vivía en calle Caseros e Ituzaingó y por el balcón de mi casa, yo vi con mis ojos, los pocos autos que había en Salta, arrastraban los bustos de Perón y Evita los cholos de Salta y gritaban “¡la nueva libertad! ¡la nueva cruz de Cristo vence! Era el santo y seña de la llamada Revolución Libertadora. Ya se habían matado a 300 personas en Buenos Aires en junio, y en septiembre fue el golpe definitivo.

Los cholos hacían lo que querían y yo miraba y decía ¿cómo es posible todo esto? Y me di cuenta del odio de clase que había y veía a los pobres infelices, amigos de mi papá, peronistas, morochos. Había tres villas: Villa Cristina, San Antonio y Chartas. A nosotros nos gustaban mucho los carnavales de Villa Cristina, era hermoso.

Y cuándo cae el general Perón, ¿y esto qué es? Viene nada menos que Martínez de Hoz, ministro de Economía de Salta, un hombre joven, que hace sus primeras armas en la administración pública y yo le digo a mi papá “no me gusta nada esto”. Y ahora, entran en el Colegio Nacional, lo echan al Loro Outes-padre- muy buena persona, no sé si era dentista o algo así, y viene García Pinto de rector y nos tenía cagando a todos.

¿Cambiaron mucho las cosas en el Colegio Nacional tras el golpe?

Ya no me gustaba mucho el colegio, le habían cambiado muchas cosas. El único que salvó el bachillerato se llamaba Gustavo Leguizamón. El me dio a mí todos los elementos de historia, de literatura, y de cultura general que le llamábamos en aquella época. Yo decía le “profesor, ¿qué libro puedo leer de la biblioteca? y me decía “tal y tal, búsquelo. Ahí está, yo lo vi”.

Iba a la biblioteca y le decía “dice mi mamá que le manda esta masita”. Yo nunca conocí a un bibliotecario tan simpático, pero veía injusticias. De repente, el problema judío continuaba.

Me acuerdo de una ocasión que venía Pepino, que vendía empanadas, y venía el Cholo y nos decía “¿ustedes qué van a comer empanadas, si no son criollos?”, y yo les decía “¿Y vos que sos? Vos sos judío igual que yo”. Ustedes son los conversos. ¿Sabes cuál es el apellido de mi mamá? Rosas con S, es una flor para tapar el Cohen, porque si no iba a una inquisición, a la hoguera y la mataban.

Cuando fui a Tucumán descubrí la modernidad y lo que Eduardo Rosenberg me explicó, el “Estado fabrica”. ¿Y qué es el estado de Salta? El Estado oligárquico. ¿Hay industrias en Salta? No. Hay administración pública. El 80% de la población activa de Salta, trabaja en la administración pública. Chau. Está todo explicado.

Es decir, que acá hay odio a las industrias porque la industria supone trabajadores, derechos sociales, huelgas, conflicto, y estos no quieren saber nada.

Ahora tenemos huelgas, trabajadores, derechos sociales, conflictos, empleados públicos. Tenemos todo y no tenemos modernidad…

Ahí está. Exactamente. Ese es el problema de Salta. Entonces Salta, le llaman parque industrial a un lugar que no hay industrias, nada.

En Tucumán descubrí la FOTIA, sindicato de la industria azucarera, la industria del papel, hacían camiones en Tucumán. Sindicatos. Las chicas eran diferentes. ¡Epa! Dije yo. Tucumán me abre los ojos, y me voy a Buenos Aires, porque ahí está todo. Es como dicen, “Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires” y es verdad.

Estudiaste Sociología en la UBA…

Si.

¿En qué año te recibís?

Me recibo en el 68, por el golpe del 66 y se me van los mejores profesores. Empiezo a darme cuenta de que había materias que eran maravillosas. Yo dije, ¿qué es lo que podemos hacer con la sociología? ¿Por qué estudiamos sociología? No había muchas respuestas coherentes o lógicas. Había más entusiasmo que razón. Digamos que nosotros leímos mal; leímos a Rousseau y no leímos a Maquiavelo, para explicarte porque nos mataron a todos. Pensamos que el hombre era bueno y no, el hombre es bueno y malo al mismo tiempo.

De repente en la facultad entra lo que nosotros llamábamos “El partido cubano”. Yo formaba parte del Partido Socialista de Argentinos de Vanguardia. El partido socialista se dividía en dos: Democráticos de Américo Ghioldi y el Partido Socialista Argentino, en donde estaba Alfredo Palacios, Muñiz, los santafesinos.

El Partido Socialista es el primer partido que apoya a la Revolución Cubana. El Partido Comunista no, porque el movimiento 27 de julio lo hace el partido, el PC no sabía quién era Fidel. De repente Cuba era todo.

¿Cuál fue tu primer trabajo como sociólogo?

Cuando me recibo empiezo a trabajar en una consultora. En encuestas.

Una encuesta es un instrumento técnico, se llama investigación de opinión pública. El instrumento para medir la opinión pública es la encuesta, la encuesta tiene una muestra. Cuando se hace la encuesta es la encuesta domiciliaria, la telefonía no sirve, es mentira. Porque te pueden decir cualquier cosa. Cuando uno está frente al otro, nosotros entrenamos a los encuestadores; les decía “usted mire cuando hable a ver si te está mintiendo o no, entonces es la respuesta”.

¿Y Salta?

Mi salteñidad, era muy fuerte. Sentía que tenía una asignatura pendiente y que era la creación de la Universidad salteña. Hasta que un día, estaba en Buenos Aires trabajando, me llama un amigo de y me dice “che, parece que se va a crear la UNSa”.

Había un movimiento pro universidad, que lo dirigía un gran profesor del Nacional Bafatracci, socialista y muy buen tipo. La esposa, era también profesora de matemática.

La cuestión es que había un movimiento pro Universidad Nacional de Salta y no le daban bola, hasta que un día, para variar un cholo de apellido Escudero, viene y dice: vamos a crear la universidad, en Castañares y vamos a hacer el edificio.

Ahí me llaman, y me dicen “bueno, vos sos sociólogo salteño. Además, necesitamos gente”, porque no había gente. El gran problema de la creación de la Universidad, es que de repente se desnuda Salta como la vanguardia del atraso porque no había cuadros universitarios en Humanidades. Había cuadros en Ingeniería, en geología, algunos geólogos de Tucumán.

El Departamento de Humanidades, había un solo cholo, buen tipo que nos salvó la vida nosotros: Víctor Savoy Uriburu, olvidado. Un hombre que, si bien era cholo, siempre nos defendió a nosotros. Él estaba en Humanidades y bueno como creó la Universidad yo digo “bueno me voy a vivir a Salta, Buenos Aires ya cumplió”.

Seguías con tu militancia política…

Si, pero aclaró, yo no vengo del peronismo, vengo de un grupo político que no puedo decirlo. Vengo de una división del PRT que es un grupo con Daniel López que fue un gran amigo sociólogo mío, secuestrado.

Estaba Miguel Ragone armando su candidatura y Armando Jaime, al que quería mucho. Era muy amigo de Armando Jaime, de Salomón, de los Puggioni, de todos. Y mi hermano era muy amigo de Jaime también. Mi hermano estudiaba abogacía en Tucumán, y yo sociología en Buenos Aires.

¿Eso en qué año?

Eso en el 73. En el 72 se crea la UNSa, pero en realidad comienza a funcionar, cuándo comienza a funcionar el primer peronismo en Salta con Miguel Ragone.

Entonces, cuando ya empezamos a trabajar, había pasado el censo de 1970. Entonces, el lema nuestro de la Universidad era “universidad abierta al pueblo, por una América Latina unida e integrada”. Queremos una universidad latinoamericana, porque nosotros somos el sur de Bolivia, somos del Alto Perú. Eso tiene más que ver con Tarija y con el Perú que con Tucumán y eso me lo explicó muy bien Eduardo Rosenberg.

Entonces cuando voy a ver los datos de Educación, yo tenía gente amiga en el Gobierno de Ragone. Entonces, uno que estaba en el Ministerio de Educación, le digo “¿me puede hacer el favor de darme los datos del censo?” Vos sabes bien la diferencia entre censo y encuesta: con el censo no hay nada que hacer.

Entonces voy a ver los datos de educación, cuando veo que la mayoría de los adultos, mayores de 22 años, no había terminado la secundaria en la ciudad capital de Salta, voy y le digo a Hólver Martínez Borelli, muy amigo mío, “che, no podemos hacer la Universidad, porque los datos son testarudos. Ahí están los datos del censo más del 60 % de la población en Salta no terminó la secundaria, ¿Qué hacemos?”

Ahí salta una profesora de Ciencias de la Educación que era la única que tenía en aquella época master y doctorado en educación por la ciudad Nacional Autónoma de México, Georgina Droz. De Santa Fe hija de suizos y alemanes, católica y linda mina. No nos daba mucha bola porque era montonera.

¿Entonces qué hacemos? Me dice “hagamos una cosa, un curso de nivelamiento nocturno, pero para todo el mundo. Tanto sean plomeros, gasistas, empleados de comercio, electricista o empleo público”. Entonces hacíamos un curso intensivo de lunes a viernes, de 20 a 23, sin parar, pero le metemos fuego de lunes a viernes.

Faltaban dos cosas: transporte y comida. Voy a verlo Ragone, de nuevo con los datos y ahí lo conozco. Y me decía “¡qué bien, siempre Carrillo me hablaba de la sociología, que no tenemos sociólogo en Salta”. No se preocupe doctor le digo que vamos crear de otra manera. Quién era Carillo le pregunto y me dice que era el mejor sanitarista que tuvo la Argentina. Creó hospitales públicos por qué hospitales públicos por que salvan vidas. Y me dijo así si te pasa algo chango, siempre a un hospital público por que salvan vidas los hospitales privados están hechos para ganar plata. No sabemos si salís vivos o muerto porque no les interesa, les interesa la plata. Entonces es Oñativia o Del Milagro.

Entonces vamos a verlo a Ragone decimos dragones tenemos este problema. “Creemos que la gente del pueblo entre a la universidad, que por primera vez los negritos entren a la universidad. Es hora ya. Y se lo digo yo como judío, porque estoy siendo discriminado igual que ellos”. ¿Cuál es la peor puteada de Salta? Negro de mierda.

¿Ustedes crean la universidad para cambiar la provincia o por un criterio académico educativo?

Si. Queríamos cambiar la provincia porque coincidíamos con Ragone, la provincia gobernada por Ragone y la Universidad gobernada por Martínez Molina y nosotros. Después hay un problema en la Universidad, cuando se politiza la Universidad, se divide. Entre los llamados JP, que no eran montoneros y nosotros que íbamos en el PRT.

Yo era muy amigo de Hólver, pero al mismo tiempo militaba mucho. Estaba en otra cosa.

A todo eso, yo, formaba parte del grupo de investigación de Sergio Bagú, “La estratificación social de Argentina, la clase media 1930-1955”, esa era la segunda parte y tengo que viajar a Buenos Aires para reunirme con Bagú y me sale un cargo, porque la Universidad de Córdoba se divide en dos, me mandan a mi como profesor de la facultad de agronomía, yo no entendía nada. Una vez por semana daba clases en Salta y Córdoba.

Estoy en Buenos Aires y Rodolfo Ortega Peña, que era diputado nacional y que días antes estuvo en Salta dando una charla en la UNSa nos invita a comer al comedor de la Cámara de Diputados, que era una maravilla. Me dice que vayamos al cine con Elena Villagra y le digo que no, porque yo tenía que presentar los avances de investigación con Sergio Bagú, y me dice “bueno, después llámame”. Llegó a mi casa y me llama Elena para decirme que lo habían matado. Yo no podía creerlo. Lo mataron y yo fui el ultimo que comió y que estuvo con el antes de ir al cine.

Un momento espantoso…

Ahí dije “esto es muy jodido”. Un amigo mío que no vive más, José María Warnes, biólogo, excelente, que entendía de política argentina como nadie y era del partido, me llama y me dice “así que me lo mataron a Rodolfo Ortega Peña. Bueno, mira Noé, ha llegado el momento de emprender la retirada. A ver, te voy a tomar examen, ¿Cuál es el primer libro que inaugura la literatura argentina? El Matadero de Esteban Echeverría. El matadero es lo que se viene acá. Está todo dicho. Hay que irse”.

Mi abuelo judío, cabalista, cuando yo era chico me llevaba al barrio judío en la Florida entre Caseros y Urquiza, me decía “aprendé a escuchar cuando te dicen en serio, porque la cábala dice qué si usted aprende a escuchar bien, te salvas”.

Vuelvo a Salta y veo que las cosas en la Universidad empiezan a cambiar. En el 74. Ya había pasado un año de la “Primavera de Cámpora” y habían asesinado frente a la Plaza 9 de julio a Rubén Fortuny, el primer jefe de policía civil que echa a todos los comisarios torturadores y a los instrumentos de tortura los quema en la Plaza Belgrano.

Lo matan el 27 de noviembre de 1973…

Antes de su asesinato, le digo a Fortuny cuando todavía estaba Miguel Ragone de gobernador, que Ana María Villarreal fue fusilada en el Trelew, que era salteña, hija de un hombre de bien, un santero. Estaba enterrada en Buenos Aires y había que enterrarla en Salta.

Pedimos el avión para traer los restos, y lo aprueban totalmente. “Es una compañera nuestra, a mí no importa si era del PRT si no era peronista, la mataron estos asesinos, una vergüenza. Es una compañera, comprovinciana nuestra”. Le decimos que queríamos que la banda de música, toque la marcha fúnebre de Chopin. Y por primera vez en la historia de Salta se hace una procesión cívica con los restos de Ana María Villareal de Santucho, pasamos por el frente del Cabildo, le hacemos el homenaje y todos gritaban “Viva Ana María. Viva Salta y viva Ragone”, y la enterramos en el cementerio de la Santa Cruz. Esto fue gracias a Rubén Fortuny y Miguel Ragone y no nos perdonaron.

¿Por qué aseguras eso?

Siempre sostuve que una de las causas por la cual me amenazan de muerte a mí, matan a Fortuny y a Ragone, es porque no nos perdonaron que nosotros enterramos cívicamente y no religiosamente a Ana María. Eso nunca lo dije. Ragone era un peronista raro, no era un peronista obtuso.

A Ragone le hacen una cama y él era ingenuo. Creía en la gente. Le hace la cama el grupo Reconquista: Pezi Sosa, Garcia Vidal, Santos Jacinto Dávalos, Armado Caro Figueroa, Marocco y el Oveja Álvarez. Ese grupo se reunía en el bar de tribunales. Era el Grupo Reconquista y estaba en contra de Ragone, porque Ragone pateaba a favor del pueblo.

Se viene la intervención de la provincia y después la de la UNSa, y el que era Ministro de Gobierno de la intervención, Pancho Villada, me amenaza con una pistola y me dice “judío de mierda, ¿qué haces acá? Te vamos a matar y a todos ustedes. Váyanse todos que estamos nosotros acá”.

Eso ya fue en 1975…

Era gente de Guardia de Hierro. Eran grupos de extrema derecha en el 75, en marzo.

¿Qué pasó después?

Iba a tomar examen y me sacan cagando. Llego a mi casa un domingo y un domingo la madre judía, consuela al hijo a través de la comida, fui. A la una y media suena el teléfono, atiendo yo. Por la sociología podés descubrir la clase social hasta por la voz, por como hablan: “¿Qué haces hijo de puta? Sos boleta. ¿Qué te pensas que podes hacer lo que queres en la Universidad? Estos comunistas marxistas hijos de puta. Sos boleta, la puta que te parió”.

Yo tenía todo listo, el pasaje para irme a Suecia porque Suecia te daba asilo político, yo tenía muchos dólares guardados por las dudas y le digo a mi hermano “ya nos vamos a Buenos Aires”. Vamos a la casa de Ricardo Falú, diputado nacional. Le hicimos campaña electoral, un gran hombre y olvidado también de Salta, que al final fue juez.

Falú tenía órdenes de pasaje como diputado nacional de Aerolíneas Argentinas. Le digo “mire Ricardo, hoy me amenazaron, me van a matar”. Por supuesto que pasaportes le pedíamos a los del partido, especialistas en hacer pasaportes falsos, teníamos los códigos con el cónsul sueco y yo hablaba inglés.

Al día siguiente me fueron a buscar, no me encontraron, se llevaron en cana a mi papá y a mi hermano. Nadie sabía dónde estaba yo. A nadie le dije que me iba a Suecia, únicamente se lo dije a Ricardo Falú. Cuando llegamos allá, les digo “miren señores, yo necesito que me acompañen al avión”

En Buenos Aires la llamo a mi vieja y me dice “no vengas más porque te van a matar, están presos tu papá y tu hermano. No sé qué hacer aquí sola” – “quédate tranquila mamá, no te preocupes mamá, va a salir todo bien”. Mi vieja piola, inteligente, no habló con nadie, se calló la boca y esperó a que salgan, habló con un abogado, lo fue a ver a Ricardo Falú. Se jugó, como no había antecedentes de Víctor ni de mi papá, lo liberaron.

Épocas de violencia política extrema…

Lo que pasó fue lo siguiente: fue insoportable que Ragone sea Gobernador de Salta. Lo matan un día especial, el 11 de marzo del 76, aniversario de la elección que llevó a Campora a la presidencia de la Nación en 1973.

Segundo; Ragone, sabía muy bien quienes eran del grupo de los teóricos que empujaron los sicarios de la AAA para matarlo. Yo estuve en el juicio de Ragone, una cagada, porque los abogados eran una mierda y conseguimos que los metan en cana, pero ya tarde.

Con la UNSa era la primera vez en la historia de Salta que llegaba la cultura a todo el pueblo, era un proyecto popular, era una Universidad abierta al pueblo en serio, con un rector abierto al pueblo y que nosotros hicimos marxista.



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