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El Signo y el Síntoma en Psicoanálisis

Néstor Aliani

Publicado el: 2004-04-11

    

Saussure y su teoría del signo marcan un punto ineludible, desde donde parten la mayoría de los trabajos sobre la lengua en el campo de las ciencias humanas.

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El Signo y el Síntoma en Psicoanálisis
de Néstor Aliani


El signo, una herencia Saussuriana.

Saussure y su teoría del signo marcan un punto ineludible, desde donde parten la mayoría de los trabajos sobre la lengua en el campo de las ciencias humanas. Inaugura una lógica de análisis, denominada posteriormente estructuralismo, que será el eje de los desarrollos o críticas de lo que vendrá después.
La definición del signo, en su ?Curso de Lingüística General? , está compuesta por enunciados sencillos a pesar de lo inaugural del modo de análisis del mismo.
Se llama signo a la resultante asociación de dos términos: el concepto y la imagen acústica. Estos componentes luego decide reemplazarlos por la nominación significado y significante respectivamente. Y representa al signo con estas dos caras que mutuamente se relacionan:

concepto
significado
---------------------
Imagen acústica
significante


La relación entre estas dos caras del signo no es la misma en las distintas lenguas, para un mismo significado (Saussure lo ejemplifica respecto del significado ?buey?), hay distintos significantes que le corresponden en otras tantas diferentes lenguas (bwèi, böf, oks, y agreguemos también buey de nuestra parte. Esto constituiría una relación arbitraria entre significado y significante.
?La palabra arbitrario necesita también de una observación. No debe dar idea de que el significante depende de la libre elección del hablante (ya veremos luego que no está en manos del individuo el cambiar nada en un signo una vez establecido por un grupo lingüístico); queremos decir que es inmotivado, es decir, arbitrario con relación el significado, con el cual no guarda en la realidad ningún lazo natural.?
Partimos de esta bipartición del signo. Ahora bien, y en esto reside lo esencial, respecto lo cual el texto enuncia pero no se detiene en sus consecuencias: que se entiende por significado, por concepto:
??los términos implicados en el signo lingüístico son ambos psíquicos y están unidos en nuestro cerebro por un vínculo de asociación. Insistamos en este punto.?
Saussure en un párrafo anterior al citado, plantea que el signo no une una cosa y un nombre como se piensa comúnmente, sino un concepto y una imagen acústica, al mismo tiempo que se enuncia que la naturaleza del signo es arbitraria, porque no tiene con el significado nexo ninguno natural con la realidad.
Es claro que el razonamiento excluye un tercer término, a la vez que lo nombra, y que no se lo incluye en la definición inicial. Este tercer término es la cosa misma, el referente. Cuando habla de lo arbitrario de la relación de los significantes böf, bwèi e oks en distintas lenguas para significar lo mismo, los esta poniendo relación con la cosa de la realidad y no con el concepto psíquico. Emile Benveniste pone en evidencia esta contradicción en Saussure:
?Cuando habla de la diferencia entre b-ö-f y o-k-s se refiere a pesar suyo al hecho de que estos dos términos se aplican a la misma realidad. He aquí pues la cosa, expresamente excluida por principio de cuentas de la definición del signo, entrando por un rodeo e instalando permanente la contradicción.?
Saussure define que la lengua es forma, no sustancia, y que la lingüística es exclusivamente una ciencia que aborda la forma. Ahora, si sólo se piensa en el animal ?buey? en su particularidad concreta y sustancial, se tiene fundamento para juzgar la arbitrariedad. Hay una contradicción entre como se define el signo lingüístico y la naturaleza fundamental que se le atribuye.
En toda caso, el nexo que uniría el significado y el significante es de necesariedad, y ya no de arbitrariedad, pues uno evoca al otro necesariamente en toda circunstancia.
?Entre el significante y el significado el nexo no es arbitrario; al contrario, es necesario. El concepto (?significado?) ?boeuf? es por fuerza idéntico en mi conciencia al conjunto fónico (?significante?) böf. ¿Cómo iba a ser de otra manera? Los dos juntos han sido impresos en mi espíritu; juntos se evocan en toda circunstancia... El significante y el significado, la representación mental y la imagen acústica, son pues en realidad las dos cara de una misma noción y se componen como incorporante e incorporado. El significante es la traducción fónica de un concepto, el significado es el correlato mental del significante. Esta consustancialidad del significante y el significado asegura la unidad estructural del signo lingüístico.?
Lo arbitrario es que el signo, en su conjunto bipartito, sea aplicado a tal elemento de la realidad, y no a tal otro. Esto traslada lo que era una propiedad interna a una característica exterior del signo y sus componentes en su relación con la cosa misma. La arbitrariedad está en la relación con el fenómeno o con el objeto material y no interviene en la constitución propia del signo.
Humberto Eco pone en evidencia también esta equivoca definición del significado en Saussure:
?Pero no es casualidad que los partidarios de una semiología de la comunicación se inspiren en la semiología saussureana. Saussure no definió nunca claramente el significado, pues lo dejó a mitad de camino entre una imagen mental, un concepto y una realidad psicológica no circunscripta de otro modo; en cambio subrayó con insistencia el hecho de que el significado es algo que se refiere a la actividad mental de los individuos dentro de la sociedad.?
Sobre esto volveré en el capítulo..., en una crítica al modelo de la teoría de la comunicación, la cual supone los mismos vicios formales.
Las consecuencias se trasladan a lo que se define como mutabilidad e inmutabilidad del signo. La inmutabilidad porque siendo arbitrario, no puede ser puesto en tela de juicio en nombre de una norma razonable; mutabilidad porque, siendo arbitrario, siempre es susceptible de alterarse. No es entre significante y significado donde la relación al mismo tiempo se modifica y permanece, sino entre el signo y su objeto. La ?idea? en Saussure se la termina pensando en representación del objeto real, y en el carácter evidentemente no necesario, inmotivado del nexo que los une. Benveniste lo subraya de esta manera:
?La prueba de esta confusión yace en la frase siguiente, en la cual subrayo el miembro característico: ?Si no fuera éste el caso, la noción de valor perdería algo de su carácter, puesto que contendría un elemento impuesto desde afuera?. Es por cierto ?un elemento impuesto desde afuera?, o sea la realidad objetiva, lo que este razonamiento toma como eje de referencia. Pero si se considera el signo en sí mismo y en tanto que portador de un valor, la arbitrariedad queda necesariamente eliminada. Ya que -la última proposición es la que encierra con mayor claridad su propia refutación- es harto cierto que los valores permanecen enteramente relativos, pero se trata de saber cómo y en relación con qué.?
Caractericemos el valor del signo en Saussure. Para él, está constituido únicamente por sus conexiones y diferencias con los otros términos. El valor de un signo está determinado por sus relaciones de oposición con otros signos que expresan ideas vecinas, sin ello la significación no existiría. Lo importante en la palabra no es el sonido en si mismo, sino las diferencias fónicas que permiten distinguir esas palabras de todas las demás, pues ellas llevan su significación. Una palabra no se define por lo positivo de su contenido, sino negativamente por sus relaciones con los otros términos del sistema. Su más exacta característica es la de ser lo que otras no son.
?Por ejemplo: para designar temperaturas, tibio es lo que no es frío ni caliente, para designar distancias, ahí es lo que no es aquí ni allí; esto lo que no es eso ni aquello.?
Pero como bien señala Benveniste estos valores, supuestamente estables en su orden de oposiciones, permanecen relativos, son inmutables e mutables al mismo tiempo, esto indudablemente es en relación a algo exterior al sistema, donde ubicamos lo arbitrario. La relatividad de los valores es la mejor prueba de que los signos dependen estrechamente unos de otros en la sincronía de un sistema siempre amenazado, y siempre restaurado. Hay una exterioridad que afecta interiormente al sistema, al mismo tiempo que asegura el juego de oposiciones.
El método interpretativo de los sueños, fundado por Freud, en su ?Interpretación de los Sueños? , nos muestra acabadamente esta lógica de funcionamiento de la palabra. Los restos diurnos del sueño, son elementos que adquieren valor en función de la posición en que están ubicados respecto de los otros elementos en el relato del sueño. Ya no se interpreta cada elemento aisladamente, atómicamente, por fuera de las oposiciones en que estan insertos. Los restos diurnos no tienen un contenido positivo, no adquieren significación sino dentro del sistema del sueño, en este sentido Freud rompe con toda una tradición de interpretación de los sueños, la cual les asignaba un sentido a cada elemento, mas allá de los dichos del soñante. Saussure instaura la misma ruptura respecto del análisis del lenguaje.
Pero todo este sistema es inestable en función de un exterior-interior, el ombligo del sueño, un referente enigmático, el puro deseo. Donde todo el sistema simbólico onírico se articula como expresión de ese deseo, al mismo tiempo que persiste una inestabilidad en esta articulación, pues no puede decir todo sobre ese deseo, esto hace que los sentidos cambien, que sean inestables. Lo inconsciente esta estructurado como un lenguaje, y presenta una misma referencialidad inestable respecto de una extimidad .

Retomemos la confusión entre significado y objeto o fenómeno de la realidad en Saussure. Pues esta supone en su raíz que los sujetos perciben una idéntica idea, un idéntico concepto en la mente, para cada significante. En última instancia cabría conjeturar en cada ser hablante una misma percepción psíquica de la realidad, donde idea y percepción terminan siendo idénticos.
Imaginemos, como ejemplo, una hipotética encuesta sobre el signo que nos expone Saussure, el buey. Y preguntáramos ¿Qué es un buey? Seguramente todos los encuestados hablarían en relación a un animal, pero si indagáramos mas específicamente en referencia a la imagen mental que convoca, es decir, invitarlos a que nos hablen de la experiencia perceptiva que cada uno tiene del significante buey. Obtendríamos tantas respuestas distintas, como sujetos encuestados. Cabe suponer, que cuando postulamos en la percepción una identidad, esta nunca se realiza, sino que nos encontramos con una identificación mas o menos similar, pero no ausente de equivoco.
Cuando intentamos captar la cosa en si por medio del lenguaje, que no solo es un sistema posicional basado en la oposición y el contraste, sino que al mismo tiempo nos brinda una red simbólica para nuestras percepciones. En este intento de captación, nos encontramos con un imposible, aparece un hiato, una pérdida, que por el momento, podemos poner a cuenta de la abstracción y el olvido que hay en la producción de lenguaje hablado.

La Memoria Imposible.

El uso del lenguaje por un sujeto supone desde un inicio, suposición que podríamos llamar mítica, una identidad entre la cosa y el signo, como así entre los signos que habitan a cada sujeto, que evitaría todo equívoco. El signo conforma una unidad, suposición que en acto nos impone su imposibilidad. El cuento ?Funes el Memorioso? de Jorge Luis Borges lo ejemplariza magistralmente.
El personaje es un joven gaucho uruguayo llamado Ireneo Funes que queda inválido al caer de su caballo, pero a partir de ese momento adquiere una sorprendente capacidad, la de una percepción y una memoria infalible.
?Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa, Funes todos los vástagos y racimos y frutos que comprende un parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del 30 de abril de 1882 y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez? Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero, no había duda nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero.?
Le era imposible olvidar, toda percepción era exacta, por lo tanto, cada cosa era radicalmente distinta de otra, eran infinitamente diferentes.
?No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez.?
El lenguaje le era completamente inútil para identificar cada percepción, con lo que emprendió el proyecto de dar a cada recuerdo una marca propia, un signo particular. Inicio un sistema de numeración en el que el 3718 era Napoleón, 6831 la caldera, 7013 Máximo Pérez, del 8098 al 9107 las hojas del árbol de su patio. Determinaba las jornadas pasadas en unos sesenta mil recuerdos, que definía luego por cifras.
Funes prescindió de la escritura, porque lo pensado una sola vez ya no podía borrársele. Le era inútil el registro abstracto que le proponen las palabras, tanto como el pensamiento.
?Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.?
No hay sujeto en Funes, es imposible una instancia del sin sentido en su discurso, que pueda dar lugar a nueva creación de sentido. Cada marca tiene su objeto, su percepción mental, no hay metáfora, su discurrir de plena memoria lo sumerge en una metonimia infinita. No hay lapsus, olvido, negación, ni sueño; de su vida onírica en el lenguaje humano había despertado.
?Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, también las memorias mas antiguas y más triviales.?
En el paso de un orden perceptual a otro de lenguaje está la pérdida, el olvido, y esto es lo que Funes evita: la pérdida de la percepción del objeto real. Esto lo lleva a aprisionarse en la identidad de un código numérico infinito, en su intento de mantener la cosa, a costa de despreciar la palabra.
En este ideal Funes(to) de tomar las palabras por signos, por números, por códigos, por cosas, se inscribe gran parte de la cuantitofrénia científica. Ideal empirista de descripción exahustiva, que sutura con la identidad numérica de la estadística toda hiancia real de donde el sujeto emerge como singularidad. Suturar que fracasa donde la certeza psicótica triunfaría, sin necesidad de apelar a la matemática.
El problema de cómo se inscribe la percepción en el inconsciente y que implicancias tienen es un interrogante que esta en el origen del psicoanálisis, Freud ya lo plantea en la número 52 de sus cartas a Wilhelm Fliess. Todo el aparato psíquico buscaría en último término la identidad de percepción, reencontrar esa percepción idéntica a sí misma, reconstituyente de un identidad fundadora. Pero aparato en esta búsqueda se encontrará con una diferencia, un resto, un falta-en-ser de esa identidad, haciendo que el aparato psíquico tienda constantemente a repetir una pérdida.
Para Freud esta percepción queda como lo imposible de recobrar, pero al mismo tiempo como lo fundante de la subjetividad. Instancia que poco tiempo después teorizará como la primera vivencia de satisfacción , y luego constituirá lo reprimido primordial, el lugar sobre el cual recaerá la urverdrängung, la represión primordial.
Percatémonos que la perdida opera tanto a nivel de la percepción de la realidad, del referente, como también, cuando un sujeto hace uso del sistema de la lengua. Al hablar un sujeto utiliza uno o número limitados de elementos de la lengua, es imposible enunciar todos los sentidos posibles del código. Cuando digo una palabra reprimo otras tantas posibles y sus sentidos posibles, su polisemia. Al pronunciar un mensaje no soy plenamente consciente de todas las marcas que me constituyen, pero que a su vez, están en juego en la significación del mismo. esto constituiría lo que Freud dio en llamar represión secundaria.

Al preguntarnos por un elemento del código (su sentido) o por lo percibido en la realidad (el referente) nos encontramos con un efecto curioso, una cadena de asociaciones donde la interrogación por un significante nos lleva a otro significante y a otro, y a otro, constituyéndose el sentido-referente un enigma bordeado de significantes.
Creo que en este punto de la exposición podemos empezar a desprendernos de la crítica de Benveniste a Saussere, siguiendo Baudrillard:
?El corte no pasa entre un signo y un referente ?real?. Pasa entre el significante como forma, y de otra parte, el sentido y el referente, que se inscriben juntos como contenido, el uno de pensamiento, el otro de realidad (o mas bien de perfección), bajo el signo del significante. El referente de que aquí tratamos no esta más fuera del signo que el sentido?
El sentido-referente es una misma cosa que como hemos visto, persiste como lo imposible, como un real excluido que se proyecta sobre la red significante, ejerciendo sobre ella efectos de realidad, de significación, en un juego donde los significantes se realizan y engañan.


La Unicidad del Signo en la Ciencia.

Para adentrarnos en la relación del síntoma y el signo, empezaremos analizando como son definidos e instrumentados los mismos en el orden médico
?Síntoma: Manifestación de una alteración orgánica o funcional apreciable solamente por el paciente (por el dolor) o que puede ser comprobada también por el observador, caso en que se considera signo.
Signo: Fenómeno, carácter, síntoma objetivo de una enfermedad o estado que el medico reconoce o provoca.
Síndrome: cuadro o conjunto sintomático, serie de síntomas y signos que existen a un tiempo y definen clínicamente un estado morboso determinado.?
La operación de construcción del signo sería la de transformar un síntoma subjetivo (enunciado o no por el paciente), por medio de una observación consciente y racional, en un signo objetivo que tenga un lugar en el sistema de referencias, en este caso, el de los distintos síndromes.
Para el orden médico todo signo patológico tendrá una cara significante, expresión material del signo, fenómeno percibible según el método científico, y una cara significada, su contenido semántico, el sentido que el profesional le asigna al nominarlo. Este signo patológico supone además un referente, es decir, la clasificación nosológica a la cual recurre el profesional para ubicar el conjunto de signos que ha recogido durante el diagnóstico.
El psiquiatra o el psicólogo solo deberá retener lo significativo, lo que tiene sentido, es decir, lo que remite a los conocimientos semiológicos acumulados científicamente según el método de observación empírica. Todo material significante puede convertirse en signo, si puede asociársele un sentido que esté contenido en la referencia que es la clasificación de todas las patologías posibles para la ciencia.
El diagnóstico se establece por una reducción progresiva de la polisemia de los síntomas (significantes), en acotados signos que pueden ordenarse definitivamente en síndromes. Esta reducción de la polisemia a un referente sindrómico supone un soporte corporal: el sistema nervioso para el psiquiatra, la conducta efectiva para el conductista, el proceso mental determinado genéticamente para el cognitivo. La suposición de estos soportes referenciales funcionan como garantes de la verdad científica.
La verdad científica se funda en el ideal de una descripción exhaustiva, donde tiene que haber una fidelidad, sin lagunas, entre lo visible y lo enunciable.
?El rigor descriptivo será resultante de una exactitud en el enunciado y de una regularidad en la denominación respecto a lo observable.?
El orden médico instituye el valor de verdad en la exactitud del signo, al establecer una correlación entre cada sector de lo visible y el elemento enunciable que le corresponda con justeza. Pero el elemento enunciable, en el interior de su descripción, también cumple una función denominadora, que por su articulación en un vocabulario constante y fijo, autoriza la comparación y la generalización.
Se constituye por medio del método un saber observar. Lo que se constituya de la observación habrá de recoger todo lo enunciable en términos del método, y también, por supuesto, ha de excluir todo cuanto no sea enunciable en ese discurso. La aptitud del buen observador, será juzgada entonces, por lo que habrá sabido retener y por lo que ha sabido excluir. Lo no propio del discurso del orden médico, lo no articulable en su metodología de observación, es un no hecho.
Para pensar la posición del psicoanálisis respecto a la semiología utilizada por el orden médico, tomaremos como referencia el caso del ?Hombre de las ratas? , que Freud trabaja a cuenta de la neurosis obsesiva. Ratten (ratas) es un elemento del material que expone el paciente en su sintomatología neurótica, y es el significante que Freud pone como nombre propio del caso al hacer el historial.
La operación que instrumentaría el orden médico sobre tal elemento que podríamos graficarla de esta manera:


ratten (significante)
-----------------------------
Idea Obsesiva (significado)
TOC (referente)

Resumamos: el síntoma, expresado en el significante ratten, es expresión de una perturbación funcional que adquiere sentido en el momento que es significado por el profesional como una idea obsesiva. Las ideas obsesivas son signo de un Trastorno Obsesivo-Compulsivo, si se observan algunos de los otros signos que caracterizan a tal síndrome: irritabilidad, rituales compulsivos, sentimientos de culpa, preocupación por la higiene, intrusión de pensamiento, etc.
El trabajo clínico se apoya en aislar un elemento del universo discursivo del paciente, para que una vez depurado de toda significación subjetiva, pueda ser ubicado dentro de la grilla aséptica que el universo de las patologías le tiene preparado.


El Síntoma Ratte

Para abordar las condiciones del trabajo analítico sobre el síntoma primero haremos una breve sinopsis del caso que Freud nos ofrece.
La neurosis de Ernest Lanzer, verdadero nombre del paciente, se constituye una noche que con el ánimo exaltado por la expectante espera de un encuentro con una mujer que había despertado su interés y la angustia por las pérdida de sus lentes, escucha de boca del Capitán Cruel el relato de la tortura de las ratas que los chinos aplican a sus prisioneros. El representante ratte, nos dice Freud, inicia a partir de ese momento un periodo de incubación de una neurosis obsesiva, convocando en Ernest un recorrido desconocido excitando una serie de pulsiones y recuerdos.
En la noche del relato, el Capitán Cruel se hizo porta-voz de un significante esencial del inconsciente del sujeto, que automáticamente lo hizo depositario de una transferencia: ser el amo de las ratas (der ratten). Ni él, ni Ernest sabían la significación íntima de esa palabra que era el vehículo de una cifra secreta inscripta por el sujeto del inconsciente mucho antes del episodio desencadenante. Es así, como Ernest entra en análisis.
Apreciamos como primera operación por parte de Freud, al igual que en otros de sus análisis, la no exclusión de ningún elemento del relato del analizante, por más irracional que parezca, ni tampoco, que este sea sacado de su contexto singular, la historia particular de cada paciente. En el punto que aíslo un elemento y lo suturo con un sentido ajeno al material, automáticamente detengo la asociación y desaparece todo enigma en el lugar de la causa que motoriza el despliegue del material inconsciente.
En el transcurso del trabajo analítico el significante ratte, adquirirá otros sentidos como: dinero, plazos de pago, heces. También, se irá sustituyendo metafóricamente por otros significantes. Sentirá que deberá pagar una pecado del padre, una deuda de juego que nadie le reclama, más aún cuando su padre, un jugador empedernido (spielratte), ha muerto. En otro momento abandonará la mujer de la que está enamorado, por sentirse compelido a casarse (heiraten) con otra por conveniencia. Este mandamiento no responde a una demanda efectivamente proferida por su padre, sino a la propia falla de este (él se enfrentó a una historia similar) que el sujeto necesita obturar transformándola en una obligación superyoica. En otro momento lo apodera la idea de que sus padres sus pensamientos adivinan (erraten).
No es la pretensión de este escrito analizar exhaustivamente el caso, pero poner en consideración todo el juego de sustituciones sintomáticas que se producen en un análisis. Como estas formaciones sustitutivas, efectos de la represión secundaria, van encadenándose produciendo efectos de significación sobre la barra que los separa del lugar del sentido-referente, que está vaciado. Se ha conformado en este lugar de la causa un enigma, al que todas las formaciones refieren, lugar de la represión primaria.

ratte? ratten... heiraten? spielraten? erraten?
(formaciones sintomáticas, represión secundaria)
-------------------------------------------
X
(enigma, reprimido primordial)

Los significantes ratte, spielratte, heiraten y otros, articulan el hilo del análisis, que fueron capturados por los mecanismos del inconsciente no por su sentido, sino esencialmente, porque eran vehículo, a modo de escritura cifrada, de un rasgo literal, siempre el mismo, al que suponemos instituido en el origen de la cadena inconsciente. Una marca abierta a la lectura, operando como vector en la selección y captura del material significante.
El trabajo de interpretación en el análisis, aunque se desarrolla en un desciframiento significativo, arriba finalmente a una cosa distinta de la revelación de un sentido: la producción de una cadena literal que sostiene un agujero irreductible al saber. La garantía última en psicoanálisis, falta, desemboca en el agujero de la represión primaria, donde se agota el sentido y en donde se deberá constituir una asunción subjetiva de la castración como límite al goce del cuerpo.
Castración como limite al goce del cuerpo, lugar donde el análisis deberá hacer una escansión en ese mensaje cifrado inscripto en el cuerpo que es síntoma. A este goce de lo sintomático, Freud lo nombra como efecto de una soldadura:
?Cuando se analiza el síntoma, detrás de él se encuentra al fantasma... el fantasma es el resultado de una soldadura...? entre que y que? ?En el origen, la actividad era puramente autoerótica a fin de obtener una ganancia de placer a partir de una zona corporal determinada que es preciso de calificar de erógena... Mas tarde, esa actividad se fusionó con una representación de deseo procedente del ámbito del amor de objeto?
El fantasma, donde se articula el síntoma, es el resultado de la soldadura de un goce del cuerpo propio, autoerótico, del orden de lo real, y una representación simbólica, que se pone a cuenta del amor de objeto, del orden imaginario. De esta fusión entre un goce y una representación se constituye fantasmáticamente lo que será el síntoma. El síntoma acopla al sujeto con el goce, acopla lo que acontece entre lo simbólico (el significante), lo real (el cuerpo) y lo imaginario (un objeto amado ?su padre para el Hombre de las Ratas-).
Resumiendo, el síntoma se presenta como un significante inscripto en el cuerpo, ya se sea forma de conversión, angustia o compulsión, que debe ser sometido a distintas sustituciones a lo largo del análisis hasta su disolución, hasta el agotamiento de sus efectos metafóricos.


Teoría del Significante

Para ir terminando el escrito, podemos ir articulando un esbozo de lo que es una teoría del significante en psicoanálisis, particularmente a partir de la enseñanza de Jacques Lacan. Él retoma el concepto saussuriano del signo, pero lo somete a varias modificaciones.
La implicación recíproca del significado y significante, es cuestionada por Lacan como inestable, fluida y siempre dispuesta a deshacerse, por lo que esta sometida a un deslizamiento constante donde resulta imposible establecer un lazo estable de uno a uno entre significantes y significados, este movimiento puede ser temporalmente detenido en un punto de almohadillado . Estos puntos de detenimiento de la cadena significante producen la ilusión necesaria y momentánea de un sentido fijo, anudando significado y significante dentro de la masa siempre flotante de las significaciones. Esta convergencia permite situar retrospectivamente y prospectivamente todo lo que sucede en un discurso, es el lugar de la metáfora donde un significante cruzan la barra resistencial pudiendo extraer un nuevo sentido, lo cual es posible si se ha constituido en el sujeto una identificación con el significante del Nombre-del-Padre. Este significante fundamental, de quien depende la significación fálica, otorga identidad al sujeto, lo nombra y posiciona en el orden simbólico. Esto permite que el sujeto pueda valerse de ese orden, para significar algo de su existencia, y hacer diferencia de lo serían los efectos de lo real sobre el cuerpo.
En los extremos de lo que describimos como punto de almohadillado se encuentran las dos formas de psicosis: la esquizofrenia, con su desplazamiento metonímico infinito sin posibilidad de extraer alguna significación, y la paranoia donde todo queda condensado en un punto, la certeza delirante, para desde ahí desplegar la metáfora delirante. En las dos formas de psicosis no se ha constituido la metáfora paterna, por lo que el significante del Nombre-del-Padre está forcluído, no siendo posible ninguna significación fálica.
Lacan destaca la barra que separa significado y significante, acentuando la autonomía del significante con respecto a todo significado preestablecido. No hay significado previo, ni la garantía de un sentido uniforme que nos resguarde del malentendido que corroe todo acto de comunicación entre los hombres. Al romper la unidad del signo, reflejada en el circulo que contenía significante y significado, se destaca el status del significante por su poder para producir efectos de significado una ves levantadas las represiones, por acción de la metáfora, que lo mantenía aislado de los demás significantes de la cadena. Es por eso que Lacan, en su algoritmo, lo escribe con mayúscula y en la parte superior, acentuado su preponderancia, al tiempo que se deshace del círculo que lo aísla y las flecha que indicaban su complementariedad biunívoca.

S
----------
s

Para Lacan el significado no es un concepto, como algo delimitable en el interior del campo lingüístico, pues depende de la significación fálica que articula una exterioridad inasimilable para la red significante, el deseo. Solo son percibibles sus efectos en las huellas que marcan su imposibilidad. No hay posibilidad de significar todo el deseo, solo se conservan las huellas de su desplazamiento.
El psicoanálisis sostiene un orden de significantes puros que existen antes que sus significados, cuyo orden de estructura puramente lógica es el inconsciente. Esta es la diferencia fundamental con la lingüística saussuriana, al postular un lenguaje compuesto de puros significantes y no de signos. La frase ?El inconsciente esta estructurado como un lenguaje? define esta relación topológica entre los significantes, que se rigen por las mismas leyes que el lenguaje: la metáfora y la metonimia. El inconsciente es el efecto del significante, desde donde lo reprimido retorna en sus formaciones (síntomas, lapsus, olvidos, negaciones, sueños, etc.).


Bibliografía

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