Enfoque histórico, hermenéutico y crítico, Como modelo de investigación en la filosofía política

Patricio Lepe Carrión
patriciolepe@gmail.com Publicado el: 20/11/09

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Antes de emprender cualquier tarea investigativa, cabe cuestionarse de si es posible que dicha investigación obtenga un estatuto epistemológico sustentable en el ámbito científico. No es menos cierto que, las ciencias experimentales de la actualidad, y como producto de un propagado escepticismo y positivismo, que hoy, naturalmente, está en evidente desgaste, estén aún posicionadas como únicas garantes de un conocimiento certero y riguroso; quedando, de este modo, las ciencias sociales y humanidades, delegadas al rincón de los sinsentidos.

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Enfoque histórico, hermenéutico y crítico,
Como modelo de investigación en la filosofía política


Por Patricio Lepe Carrión



I

Antes de emprender cualquier tarea investigativa, cabe cuestionarse de si es posible que dicha investigación obtenga un estatuto epistemológico sustentable en el ámbito científico. No es menos cierto que, las ciencias experimentales de la actualidad, y como producto de un propagado escepticismo y positivismo, que hoy, naturalmente, está en evidente desgaste, estén aún posicionadas como únicas garantes de un conocimiento certero y riguroso; quedando, de este modo, las ciencias sociales y humanidades, delegadas al rincón de los sinsentidos. Quizá, sea esto último producto no de la normatividad propia de la ciencia, sino más bien, de un asunto meramente cultural y principalmente económico. Los legos siguen anclados sobre tapetes coloniales y románticos. Chile, por ejemplo, es un país de investigación emergente, donde urge la necesidad de un desarrollo económico más que un refinamiento cultural, artístico, literario o filosófico 1; por ello, no es difícil entender que, la enseñanza de la investigación cualitativa o no experimental, esté aún en desventaja frente a los datos duros de la experimentación y del mercado 2.
Sin embargo, tal crisis es hoy día casi un mito, y su desplazamiento se ha vinculado más con un empobrecimiento en las metodologías de investigación que a una carencia de recursos o a una despreocupación de las instituciones gubernamentales 3.


II

Para la construcción de un enfoque histórico, hermenéutico y crítico, cabe destacar los beneficios de una práctica metodológica de carácter cualitativa, dado su fecunda articulación de las dimensiones histórica, cultural, socio-política, y contextual. Es por ello que, en el marco de una investigación cualitativa4 , se hace conveniente el uso de técnicas hermenéuticas. Sin embargo, para su enriquecimiento, hemos hecho algunos préstamos a ciertas prácticas metodológicas, como por ejemplo, del ‘análisis de contenido’ (Content Analysis), y del método que Juliet Corbin y Anselm Strauss han denominado ‘Teoría Fundamentada’ (Grounded Theory). Del primero, emplearemos una serie de técnicas exploratorias que, generalmente se desarrollan para testar por primera vez un material de estudio, de modo que pueda determinarse la elección corpus de documentos de que se dispone para plantearse un problema de análisis entorno a situaciones que han producido aquellos textos (PIÑUEL 2002: 8-9). Y del segundo, aunque tenga por finalidad última dar cuenta de un conjunto de principios y teoremas acabados, o al menos que desemboque necesariamente en una teoría determinada en base a una recolección de datos y su respectivo análisis; es decir, siguiendo el esquema elemental de ‘descripción’, ‘ordenamiento de datos’ y ‘teorización’ (Cf. CORBIN 2002: 13-16); hay elementos de la Grounded Theory que integraremos a nuestro propio enfoque, como la definición del objeto, la sensibilidad teórica, elaboración de categorías conceptuales, proceso de codificación, etc.
Así y todo, ambos préstamos, aplicados a nuestra empresa, no son enteramente suficientes por dos motivos: primero, porque no explicitan el modo en que la descripción y el análisis, se constituyen como un inicio ‘exploratorio’, ni tampoco cómo ésta deviene, en algún momento como ‘explicativa’. Y segundo, porque el concepto de teorización, deja en entredicho su eventual incompatibilidad con lo mentado en el marco teórico de la investigación que se lleve a cabo.
Podríamos acotar aún más la denominación del enfoque de investigación a desarrollar, pero eso, no sería sino, evitar o huir de la difícil tarea que significa observar detalladamente los pasos de un enfoque determinado.
Dicho esto, notaremos que, tanto en filosofía como en Ciencias Sociales, o humanidades en general, se recurre constantemente a una falta de método, o a una crisis en cuanto a su manera de abordar una problematización determinada. Y dado que el presente enfoque de investigación, por mucho que pretenda obtener un estatuto epistemológico definido, no puede sino recurrir, gravitatoriamente (¡!) a recursos de abducción, adivinación, o de la imaginación, como sutiles, aunque, poderosas armas de progresión teórica, como hilación histórica racional-discursiva a modo de ensayo; por lo que, se entiende que, debamos también, justificar de manera acabada, no sólo la necesidad de recurrir a las obras de los autores a analizar, ya estropeadas y manoseadas por el tiempo, sino también, del modo o la manera en que los textos deben ser abordados.



III

Adelantábamos que nuestro enfoque seguiría, en el marco de lo cualitativo, una metodología de trabajo claramente hermenéutica. Pero para comprender mejor esta manera de abordar los problemas de la filosofía política en general, es necesario establecer el tipo de investigación. Y para ello, Hernández Sampieri, nos esclarece los tres modelos propuestos por Sellitz, Jahoda, Deutsch, Cook, Babbie, y ampliados a un número de cuatro por Dahnke: exploratorio, descriptivo, correlacional y explicativo (HERNÁNDEZ 1998: 58); que si bien, el autor señalado los esquematiza conforme a deferentes modos de investigación, tanto cualitativos como cuantitativos, no podemos desconocer que, ciertos rasgos de cada uno de los cuatro ‘momentos’ descriptos por Hernández Sampieri, nos serán de una gran utilidad para acomodar dichos esquemas en beneficio de nuestro propio enfoque. Es decir, ¿por qué mencionarlos todos? porque, como veremos, las estrategias de investigación irán necesariamente cambiando de acuerdo a los avances que hagamos en la misma. Es por ello que, el autor de donde extractamos este modelo insiste encarecidamente en que hay solamente dos elementos que definen el tipo de investigación: el estado del conocimiento sobre el tema, y el enfoque que se pretenda dar al estudio (HERNÁNDEZ 1998: 58).
Al menos al inicio de la investigación, debe existir un cierto momento exploratorio que, servirá para familiarizarnos con ciertos fenómenos o indicios del problema a investigar que, aunque relativamente desconocidos, urge explicitar ciertos conceptos previos para abordar una lectura sistemática; y por lo mismo, este momento exploratorio no puede constituirse como un fin en sí mismo, sino tan sólo, como medio de alcanzar una mayor claridad al respecto (Cf. HERNÁNDEZ 1998: 59).
Como segundo ‘momento’, hallamos que el presente enfoque es de tipo descriptivo, en tanto busca especificar o medir los conceptos involucrados en el fenómeno estudiado; y como tal, se trata de una etapa más especializada que la exploratoria, donde hay un conocimiento mayor de la obra o del autor en cuestión (Cf. HERNÁNDEZ 1998: 60-61).
Como tercer ‘momento’, se trata de un estudio correlacional y explicativo; es decir, de lo que en Hernández Sampieri corresponden a dos momentos independientes, para nosotros constituirán un solo instante determinante de la investigación. En ésta, por un lado, se trataría de medir el grado de relación que existe entre las dos variables de nuestra hipótesis (variable x; variable y), y aplicarlas a un contexto en particular (nuestra contemporaneidad); y por otro lado, y conjuntamente, se muestra el carácter explicativo en cuanto a que dicha relación se funda en un sentido crítico emancipativo que, intente dar respuesta sobre las causas, y los posibles caminos o rumbos que conduzcan hacia una transformación social (Cf. HERNÁNDEZ 1998: 62-67).



IV

Nuestro diseño, principalmente filosófico, posee también un interés de carácter historiográfico, y ha de enfrentar la enorme dificultad en responder a la clásica pregunta de cómo explorar la naturaleza de la historia, y de su traducción a un presente distante y desigual en términos culturales, socio-políticos y contextuales; y no puede sino, renunciar a esa concepción de objetividad que desde Descartes hasta el neopositivismo venía imperando; y aceptar que cualquier acceso a los rincones inexplorados de la historia, ha de hacerse hermenéuticamente; es decir, mostrando siempre una interpretación y una valoración de los textos y acontecimientos del pasado.

Ha partir de ahí, que un diseño no-experimental como el presente, encuentra en el enfoque histórico y hermenéutico, como herramientas interpretativas de lo que entraña la filosofía política de un autor o de una aobra en particular, de ampliar su significado, de enmarcarla bajo una óptica holística 5 de comprensión (Verstehen), de respetar al texto o su filosofía ‘desde dentro’ o a partir del objeto mismo (desde su autonomía, como dirá Cassirer), el respeto a la tradición en que se halla el objeto de estudio, de la empatía que podamos tener con su entorno y situación, y que por supuesto, nos facilite un cierto margen a la innovación y creatividad 6 :

“Comprender un texto de un período histórico remoto del nuestro, por ejemplo, … …es, según Gadamer, esencialmente un proceso creativo en el cual el observador, al penetrar en el modo ajeno de existencia, enriquece su propio conocimiento de si mismo mediante la adquisición del conocimiento de los otros.” (GIDDENS 1987: 55).

Pero evidentemente, toda comprensión en términos hermenéuticos, es situada en y desde la historia; y por lo mismo, siempre circunscrita en un margen de referencia determinado, un horizonte particular, una tradición (forma de vida) o una cultura, por lo que renunciar a una objetividad de la investigación (en su sentido positivista) es del todo sensato. Quizás, sirva aquella (objetividad) para una ciencia o teoría política, pero no para una filosofía que, ha de entender la objetividad en términos de honestidad 7 en la elaboración de los discursos o la narración de la comprensión histórica: porque el lenguaje humano no expresa sólo la verdad, sino la ficción, la mentira y el engaño (GADAMER 1998: 53). Esto, por ningún motivo, nos excusa de una renuncia simultánea hacia una búsqueda de esa Verdad (Aletheia): φυσις κρυπτεσθαι φιλει 8. El método, o nuestro camino, será justamente aquel recorrido que nos acerque, a partir de lo que es ‘principal para nosotros’, hacia aquello que es ‘principal por naturaleza’; de ahí, la importancia de la filosofía -como creía Leo Strauss-, en la sustitución de la opinión sobre las cosas, por el conocimiento de las mismas.

Dicho esto, no se pretenda deducir un intrínseco rasgo historicista en la investigación; muy al contrario, quiero de algún modo, descartar esa radical separación entre ‘hechos’ y valores’, del mismo modo como lo han hecho ya los autores del cículo hermenéutico, o los estudios en torno a la filosofía política de Strauss; la historia de la filosofía, necesita de la filosofía para su interpretación y búsqueda de sentido, pero la filosofía, por su parte, no necesita de su historia; es muy anterior a ella, la fundamenta.

Por último, hemos querido rescatar algunos elementos del llamado enfoque crítico. En tanto que la investigación filosófica-política, no sólo analiza los problemas que la historia y os hombres puedan otorgarle, sino que pretende de igual modo, insertarse en aquella tradición crítica, como un llamado a la emancipación. Hay aquí un punto coincidente, un encuentro necesario entre la mencionada ‘historia de la filosofía’ de Leo Strauss como técnica del método hermenéutico de acceso a los textos del pasado, y el ‘enfoque crítico’ como proceso emancipativo. De Strauss, su poco “convencional” manera de enfrentar el pasado; la forma anti-elitista de abarcar los textos antiguos, como un acceso que nada tiene que ver con la nostálgica visión del romanticismo, o con la manera pesimista u optimista de declive o progreso de la historia; sino con la constante motivación que tiene el filósofo actual de transformar su realidad ante una evidente crisis de valores, la gran crisis de occidente, aquella pérdida de fe en sí misma para la consecución del único propósito que, a partir del siglo de las luces, tanto en Francia, Inglaterra, y Alemania, como posteriormente en Latinoamerica, hemos añorado como la construcción de una sociedad universal de naciones libres e iguales y de hombres y mujeres también libres e iguales que disfrutasen de una riqueza universal, y por tanto de justicia y felicidad universales, por medio de la ciencia entendida como la conquista de la naturaleza al servicio del poder humano (STRAUSS 1993: 851-852); de ahí que Horkhaimer, co-fundador de la Escuela de Frankfurt, culmine su obra Teoría Crítica con unas profundas y agudas palabras:

“Nuestra misión actual es, antes bien, asegurar que en el futuro no vuelva a perderse la capacidad para la teoría y para la acción que nace de ésta… …Debemos luchar para que la humanidad no quede desmoralizada para siempre por los terribles acontecimientos del presente, para que la fe en un futuro feliz de la sociedad, en un futuro de paz y digno del hombre, no desaparezca de la tierra” (HORKHEIMER 2003: 289).

Referencias

1 Al año 2009, Chile cuenta con veintinueve (29) publicaciones nacionales indexadas en ISI, de las que veintiuna (21) son de carácter estrictamente experimentales. Y de las siete (7) publicaciones de Institutos de Investigación del Estado, ‘todas’ apuntan a estudios de tipo cuantitativo y experimental (www.Conicyt.cl).
2 “…el investigador de la naturaleza sabe que sus conocimientos difícilmente se abrirán paso si son contrarios a los intereses dominantes. La presión de la economía y de la sociedad se dejan sentir en la ciencia”. (GADAMER 1998: 47).
3 Ya lo mencionaba Kerlinger: “Los dos tipos de investigación [experimental y no-experimental] son relevantes y necesarios, tienen un valor propio y ambos deben llevarse a cabo” (HERNÁNDEZ 1998: 107) los corchetes son míos.
4 Sobre las características generales (enfoques, formulación y diseño de los procesos, etc,) de una investigación cualitativa; véase: SANDOVAL 1996. Y para su relación con su carácter no-experimental, véase: HERNÁNDEZ 1998: 183-200.
5 “ut sensus locorum tum ex scopo scripti aut textus, cum ex toto contextu petatur” (GADAMER 1998: 276).
6 Desde la hermenéutica primitiva, se ha puesto el acento en la reconstrucción imaginativa (nachbilden), o ‘revivencia’ psicológica (nacherleben) que exige del observador en el estudio de la vida social humana o la historia, como un elemento de articulación fundamental de la tensión existente entre ‘comprender’ (verstehen) y ‘explicar’ (erklären). (Cf. GIDDENS 1987: 54).
7“ La desocultación del ente, se produce en la sinseridad del lenguaje”. (GADAMER 1998: 53).
8 “La auténtica naturaleza de las cosas suele estar oculta”. Palabras de Heráclito, según Temistio; en KIRK 1981: 250.

Bibliografía


CORBIN, Juliet - STRAUSS, Anselm, 2002, Bases de la investigación cualitativa. Editorial Universidad de Antioquía. Medellín.

GADAMER, Hans G., 1998, Verdad y Método. Ediciones Sígueme. Salamanca.

GIDDENS, Anthony, 1987, Las nuevas reglas del método sociológico. Amorrortu editores. Buenos Aires.

HERNÁNDEZ SAMPIERI, Roberto, 1998, Metodología de la investigación, McGraw-Hill, México.

HORKHEIMER, Max, 2003, Teoría Crítica, Amorrortu editores. Buenos Aires.


KIRK, G.. S. et al, 1981, Los filósofos presocráticos; parte I. Ed. Gredos.

PIÑUEL RAIGADA, José Luis. 2002, Epistemología, metodología y técnicas del análisis de contenido. Estudios de sociolingüística: Linguas, sociedades e culturas, ISSN 1576-7418, Vol. 3, Nº 1. (Ejemplar dedicado a: Técnicas de investigación social y sociolingüística / coord. por María Antonia Arias Fernández).

SANDOVAL CASILIMAS, Carlos A., 1996, Investigación Cualitativa. Programa de especialización en teoría, métodos y técnicas de investigación social. Instituto colombiano para el fomento de la educación superior (ICFES), Bogotá.

STRAUSS, Leo; CROPSEY, Joseph, 1993, Historia de la Filosofía Política. Fondo de Cultura Económica, México.





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