LA ALIENACION EN LA LITERATURA DEL SIGLO XX: UN ENSAYO SOBRE LA CONDICIÓN HUMANA.

Por Jorge Luis lanza Caride
lanzacom@yahoo.es
Publicado el: 07/10/07


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A lo largo de la Historia, el hombre ha sido objeto de disímiles formas de enajenación que han intentado dominarlo y someterlo a la más brutal servidumbre. Tal pareciera que éste estuviera destinado a luchar contra los engranajes de una maquinaria que lo asfixia y lo convierte en un objeto cosificado, he aquí la esencia del presente artículo, que versa sobre el tratamiento de la enajenación humana a través de algunas obras de la literatura del siglo XX, tales como 1984, de George Orwell, La Metamorfosis, de Kafka, entre otras.




LA ALIENACION EN LA LITERATURA DEL SIGLO XX: UN ENSAYO SOBRE LA CONDICIÓN HUMANA.

Por Jorge Luis lanza Caride
Profesor de Cine Cubano y Estética de la Universidad de Cienfuegos, Cuba
lanzacom@yahoo.es

“El escritor que afirme y trate de probar que puede seguir escribiendo en donde no existe la libertad de creación, es como el pez que declarara públicamente no necesitar del agua para seguir existiendo.”


Mijail Bulgakov

A lo largo de la Historia, el hombre ha sido objeto de disímiles formas de enajenación que han intentado dominarlo y someterlo a la más brutal servidumbre. Tal pareciera que éste estuviera destinado a luchar contra los engranajes de una maquinaria que lo asfixia y lo convierte en un objeto cosificado, he aquí la esencia del presente artículo, que versa sobre el tratamiento de la enajenación humana a través de algunas obras de la literatura del siglo XX, tales como 1984, de George Orwell, La Metamorfosis, de Kafka, entre otras.

Desde la aparición de la esclavitud en la Antigüedad, asistimos a un proceso de deshumanización que aún no ha culminado, sino que ha adoptado otras formas más sutiles, a diferencia de las que tenía antes, pero la esencia sigue siendo la misma, y los poderes que enajenan al hombre aún se mantienen vivos, sólo que los mecanismos de dominación ahora son otros, atrás quedó la época en que la religión constituyó una forma de alienación y extrañamiento del ser, tal como lo analizó Hegel en su obra Fenomenología del espíritu.

Ya no vivimos tampoco en la época del capitalismo salvaje de mediados del siglo XIX donde la condición de mercancía que adquirió el trabajo era la principal fuente de alienación al constituir éste un castigo, pues este capitalismo no difería mucho de las anteriores modalidades de esclavitud que conoció el género humano, simplemente que los nuevos esclavos tomaron el triste nombre de obreros, forma de enajenación muy bien analizada por Marx en una de sus primeras obras titulada “Manuscritos económico-filosóficos de 1884”, en la que desde un enfoque económico y también filosófico desentraña las causas que generan la alienación del hombre, pues según él la naturaleza del trabajo en la sociedad capitalista es la principal causa que lleva a la existencia de este estado de cosas en el mundo que le tocó vivir a este notable pensador y filósofo.

Entramos así en el siglo XX, el cual fue testigo de nuevos y disímiles conflictos en el orden internacional, tanto en lo político como lo cultural: dos guerras mundiales, continuas crisis económicas, epidemias y hasta pandemias como la del SIDA. Una etapa nueva se abre para el hombre contemporáneo, pero a la vez, aparece otra forma de alienación y servidumbre que en lo político toma el nombre de Totalitarismo, término creado por el mismo Benito Musolinni para designar a aquellos sistemas políticos donde el estado controlaría prácticamente toda la vida de la sociedad, asfixiando así cualquier atisbo de individualidad, precisamente el pasado siglo conoció dos ejemplos tristemente célebres de regímenes totalitarios: el nazismo encabezado en la figura de Hitler, y el estalinismo en la figura de José Stalin, ambas ideologías dejaron notables huellas de sangre en la historia, además de sembrar el dolor y el sufrimiento humano, intentando así aniquilar lo más preciado del género humano: el sentimiento de libertad y el respeto a la individualidad.

En el caso del totalitarismo, no hay mejor testimonio literario sobre su naturaleza absolutista y antihumana que la que plasmó George Orwel en su libro 1984, aunque Rebelión en la Gran Granja también posee un mérito en este sentido. En 1984 Orwel lanza su crítica a una sociedad dirigida y controlada por el Gran Hermano, símbolo del partido único en la tierra de Ingsoc, donde la vida del hombre, desde su pensamiento hasta sus sentimientos tenían que subordinarse a los dictámenes del Gran Hermano, magistral metáfora que refleja la vida en un mundo en que el poder institucional se sitúa por encima del hombre, lo que deviene un poder ajeno a él, y en medio de ese engranaje el personaje de Wiston Smith no sólo ve amenazada su propia individualidad como ser humano sino hasta su propia existencia si no cumple con su triste condición de ser miembro de una maquinaria que intenta extirpar en él su derecho inalienable a pensar y ser libre, y eso es precisamente el mundo que recrea esta obra, un universo ausente de libertad y en el cual la represión es utilizada de distintas maneras, incluyendo las telepantallas, hasta el interior del mismo ser. Pues en Ingsoc, cualquier vestigio de traición era detectado por la llamada Policía del Pensamiento, hasta el amor era controlado por el partido, todo se debía subordinar a esa maquinaria que es el Estado, especie de Leviatán aún peor que el que Tomás Hobbes concibió como metáfora del capitalismo. Las dimensiones que adopta el dominio ejercido por el Partido a través de esta obra son de tal magnitud que podemos afirmar que éste no se preocupa de perpetuar su sangre, sino de perpetuarse a sí mismo. No importa quien detenta el poder con tal de que la estructura jerárquica sea siempre la misma, lo que constituye una manera de reproducir una forma de poder y control social de manera institucional.

Por lo tanto, 1984 es una obra imprescindible para aquellos que quieran asomarse al abismo de los regimenes totalitarios, su psicología, su proceder, lo que deviene anatomía de ese mal que sufrió el pasado siglo, pero que aún existen manifestaciones de él, tanto en lo político como en lo religioso. Pues toda ideología que intente homogeneizar al hombre está destinada al fracaso, idea mesiánica que no lleva a ningún lugar, el mismo Nietzsche lo dijó: “El hombre es algo que de ser superado.”

Para muchos el siglo XX será recordado como el siglo del ascenso y ocaso de las ideologías totalitarias, las cuales intentaron convertir al hombre en un simple miembro de esa irracional totalidad que es la masa, no por gusto el genial Ortega y Gasset desnudó la deshumanización que subyace bajo esa estructura social en su famosa obra “La Rebelión de las Masas.”

Pero la historia de la alienación no culmina ahí: la burocracia, ese macabro mecanismo que aniquila al individuo y lo conduce por un laberinto sin una aparente salida, laberinto sin sentido que el mismo ha construido, también quedó magistralmente plasmado en las páginas de las novelas de Frank Kafka, fundamentalmente en “La Metamorfosis”, en la que Gregorio Samsa, ya no se reconoce a sí mismo al verse convertido en una simple cucaracha, metáfora que simboliza el sin sentido y el absurdo de la vida en una sociedad alienada por poderes ajenos que los esclavizan y lo someten a un estado de servidumbre, que viene a ser algo así como la cosificación del individuo, especie de metamorfosis en la que el hombre va sufriendo la indeferencia, no reconociendo a sí mismo, especie de desarraigo del mismo ser, como los objetos que no sienten ni padecen, ni se sensibilizan ante el sufrimiento humano, este tipo de alienación la refleja Alber Camus en su conocida obra El Extranjero, en la que su protagonista les es indiferente la muerte de su propia madre, y cuando se encuentra ante el peligro de muerte, también muestra la más fría indiferencia, porque para el la existencia ya no tiene sentido, y el acto de vivir es una rutina absurda especie de túnel oscuro en el cual no se divisa salida alguna. Estos abismos de la existencia humana son reflejados muy bien en estas obras, donde abundan los ambientes de desolación y desesperanza que nos hacen también repensar el sentido de la vida.

Sin lugar a dudas, la alineación representa la angustia existencial del hombre contemporáneo, es también una especie de exilio interior ante una realidad no asimilada por el individuo moderno, realidad que lejos de integrarlo lo excluye como ser humano. Hay una obra magistral de la literatura cubana que aborda el universo de los exilios interiores, me refiero a la magistral novela “Memorias del Subdesarrollo”, del escritor cubano radicado en EE.UU Edmundo Desnoes.

A través de esta obra Desnoes hilvana una historia en la que su protagonista, Sergio, un pequeño burgués que a inicios de la Revolución Cubana ve partir para EE.UU a su esposa y amigos, y al quedarse en la isla en una década marcada por profundas trasformaciones sociales que no forman parte del universo interior del protagonista se convierte en un ser alienado, exiliado en la propia tierra que lo vio nacer, porque su entorno cambia drásticamente, en cambio él mantiene su yo, y su individualidad como burgués que no comprendía la realidad socialista que emergía en la Cuba del 60, posición que lo llevaba a un conflicto existencial al debatirse entre dos mundos aparentemente incompatibles: ese mundo burgués en el que se formó como individuo, y el nuevo mundo con su proyecto del Hombre Nuevo que para muchos no acaba de llegar. Este tipo de conflicto existencial es catalogado por algunos autores como una especie de “exilio interior” y en ese sentido la obra es representativa de ese sentir humano tan complejo y frustrante como el sentirte extranjero en la misma tierra en que te has formado como ser y en la que muchos valores que compartías comienzan a cambiar casi de la noche a la mañana. Sensaciones como éstas son las que experimenta el personaje de esta historia que nos hace reflexionar sobre la complejidad de la condición humana y lo cambiante que es la sociedad y como esto influye en la mentalidad del hombre.

Sin embargo, con el arribo de la llamada Postmodernidad muchos se pueden hacer la pregunta si ya ha desaparecido la enajenación en esta era de la información y del auge tecnológico del capitalismo tardío, parafresenado así a Frederic Jameson. Lo cierto es que la alienación actual es diferente a todas las precedentes, esta es mucho más sutil y encubierta para la percepción humana, pero no deja de constituir un poder situado por encima del hombre. Ella muta constatemnete, pero se mantiene viva al igual que el género humano, el cual hasta ahora no ha podido despojarse de las cadenas de la alienación. Sucede que esta vez los mecanismos creados por el sistema son tan perfectos que el mismo individuo no es capaz de captar que forma parte de un proceso de dominación- manipulación nunca visto en la historia, en el que interviene la esfera del consumo, sobre todo a partir del auge que en el mundo actual ha tenido la llamada Industria Cultural, pues la lógica del mercado ha logrado penetrar en la mente del hombre de manera tal que para éste la idea del consumo y del Schoping Center constituye un ritual al cual no puede escapar y en cual consolida su status de actor social en una sociedad sustentada más que nunca en una filosofía del hedonismo más bien nihilista, para la cual los grandes proyectos de la modernidad han fracasado.

Tras el supuesto fin de las Utopías, y del triunfo de la individualidad, se esconden otras verdades que se quieren enmascarar, pues siempre se ha tratado de privar al hombre de su condición de resistencia y lucha ante los mecanismos de opresión, inculcándose en el la idea de que no hay alternativas, de que estamos al final de un callejón sin salida, pero no, el espíritu de lucha en él se mantiene vivo, éste siempre se rebelará contra cualquier forma de alienación, no importan el rostro que sustente el mal, no hay poder en la vida que pueda mantener al hombre eternamente alienado en el silencio y la indiferencia.



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