Futuro del psicoanálisis

Sélika Acevedo de Mendilaharsu

Publicado el: 2016-07-02


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Los umbrales del siglo XXI han hecho resurgir con fuerza no solo las eternas interrogantes, controversias y divergencias dentro del endogrupo, que han jalonado la historia del psicoanálisis desde Freud, sino su propia ubicación en el contexto cultural y s



Futuro del psicoanálisis

Sélika Acevedo de Mendilaharsu
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Los umbrales del siglo XXI han hecho resurgir con fuerza no solo las eternas interrogantes, controversias y divergencias dentro del endogrupo, que han jalonado la historia del psicoanálisis desde Freud, sino su propia ubicación en el contexto cultural y social contemporáneo.

Este interés se refleja en múltiples artículos actuales, como por ejemplo, los publicados en los informativos de la Asociación Psicoanalítica Internacional de fines del año 1988, donde importantes analistas como Kernberg, Etchegoyen, Widlöcher, Wallerstein, Rangell y otros, se ocupan de los desafíos que enfrenta actualmente el psicoanálisis y los modos de solucionarlos. El excelente trabajo de M. Viñar(12) sobre "La práctica psicoanalítica en el contexto actual" me eximirá de detenerme en los problemas de la práctica analítica misma remitiendo a la lectura de ese trabajo.

Subjetividad, inconciente y procesos sociales están íntimamente relacionados. Las redes informáticas actuales han cambiado la forma en que funciona el mundo y si bien impera por un lado la necesidad de desarrollar estrategias capaces de manejar la heterogeneidad de la producción cultural, la plétora de información muchas veces contradictoria, indiscriminada y superpuesta, por otro, las preguntas sobre todo se dirigen a la incidencia del formidable y veloz avance tecnológico sobre la mente humana cuya estructura requiere de otro tiempo para los cambios.

Modernismo y posmodernismo, dicen acertadamente A. Elliot y Ch. Spezzano, no son conceptos homogéneos ni carentes de ambigüedad sino intentos parcialmente exitosos de localizar y definir centros de gravedad intelectuales. La cultura tiene también sus modas. Son numerosos los estudios postmodernos en las condiciones de existencia del mundo industrial tardío y las inevitables preguntas sobre la subjetividad.

Psicoanálisis ¿para qué? ¿para quién?

En un trabajo anterior(3) citábamos a Prigogine, que desde la ciencia se pregunta cuál será nuestro papel en un mundo de relojes o de autómatas. En la era de los medios de comunicación electrónica, de masificación de los medios y de globalización de la economía, el auge de la información conlleva exigencias de mayor instrucción y rendimiento y cambios a menudo radicales de los sistemas de enseñanza. Los excesivos estímulos y la competitividad creciente a los que se suman la inestabilidad, el riesgo y la incertidumbre, rasgos distintivos de la época actual, pueden ser causa de un fuerte impacto en la subjetividad individual. La destrucción de hábitos tradicionales y sensibilidades arraigadas de largo tiempo, son frecuentemente causa de angustia y depresiones o alteraciones caracterológicas.

Asimismo se ha señalado otra cara no menos importante del avance tecnológico, que es una especie de inmovilidad de fondo donde toda experiencia de realidad se reduce a una experiencia de imágenes (monitores televisivos, computadoras, etc.) donde nadie encuentra verdaderamente a otra persona(10, 11). El desprendimiento progresivo de la presencia del otro, encerraría al individuo en un medio cada vez más alejado de lo humano, mecanizado, donde regirían modalidades autistas de aislamiento y soledad. Se trataría cada vez más de una sociedad desubjetivizada en el sentido de Simmel.

Este cambio cultural exige al psicoanálisis el examen de su estatuto social, la confrontación con la tradición y los lenguajes heredados. Se sabe desde siempre que la invención de nuevos estilos, de nuevas teorías, rechazadas o escandalosas en un principio se ubican y ordenan luego en la tradición. La herejía deviene dogma: son los extremos negativos del cambio. Freud incluido con Marx y Nietzche entre los maestros de la sospecha, desenmascarando los valores tradicionales, no escapó a ese destino: pasó del rechazo y de la violencia polémica que caracteriza los orígenes a la amplia aceptación y divulgación de sus teorías en una extraterritorialidad que convoca la del movimiento surrealista en el arte, con el que compartió las glorias de la difusión extraordinaria, podríamos decir hasta el exceso, sobre todo en los medios artísticos y literarios donde todos saben y hablan sobre el inconsciente y el psicoanálisis. Pero este lugar, nuevamente a semejanza del surrealismo, no se ha mantenido con iguales características, al punto que muchos hablan en este momento de la declinación del psicoanálisis. A esto se suman las polémicas en la tradición psicoanalítica misma, en el endogrupo, con la multiplicidad de teorías y técnicas postfreudianas actuales. Todo esto no invalida que la relación del psicoanálisis con las nuevas ideas en otros campos de la cultura, al romper la rígida compartimentación de los expertos modernos, abrió un fecundo camino en la interdisciplinariedad. Volveremos sobre este punto.

Pero en esta declinación se impone distinguir dos aspectos: uno se refiere a la utilidad y legitimidad del psicoanálisis. Desde ya es de rigor afirmar que el método psicoanalítico es sin duda el que permite el mejor acceso a la vida subjetiva y a los complejos enigmas de la realidad psíquica que la caracterizan. Filósofos lógicos de la talla de Wittgenstein (13) no lo rechazan en absoluto: éste se decía discípulo y seguidor de Freud, aun cuestionando la explicación metapsicológica freudiana.

El segundo se refiere a la disposición a analizarse que en verdad se ha modificado y por varias razones. Dentro de la escala de valores dominantes en la sociedad tecnológica actual está el privilegio del presente como único tiempo disponible de una sociedad acelerada donde es casi un lugar común hablar de una crisis de proyectos. Y el tiempo es prolongado en un psicoanálisis que pretenda ser tal. Se piden cambios que solucionen problemas actuales, que no provoquen dolor mental, dolor inevitable que hay que asumir en un tratamiento psicoanalítico donde la dependencia y la regresión y el trabajo sobre las bases narcisistas forman parte del proceso. Caben aquí las reflexiones de Váttimo que señala que escuchar el llamado de la técnica no es abandonarse sin reservas a sus leyes y a sus juegos. También la técnica es fábula, mensaje transmitido y verla en esta relación la despeja de sus pretensiones de constituirse en una nueva realidad "fuerte" que deba aceptarse como evidente o glorificarse como el ontos on platónico. Es posible reconocer en lo postmoderno un campo de posibilidades diferentes de existencia y no sólo el conflicto inconciliable y el infierno de la negación de lo humano. Propone un sujeto "débil" presencia-ausencia sin la fuerza del sujeto autoconciente. Esta posición filosófica nos orientó en la reflexión en psicoanálisis sobre el problema de la subjetividad en el trabajo citado(3).

Pero el tiempo es un factor que también tiene importancia práctica en el caso de individuos que viven en zonas periféricas o fuera de las grandes ciudades con serias dificultades en el transporte, en cuyo caso se hace imposible el análisis clásico. El "análisis condensado" ha sido una de las soluciones que se han dado a este problema.

También actúa en esta recesión, la presencia de múltiples métodos alternativos de tratamiento y el progreso de los psicofármacos. La utilización éstos es sin duda muchas veces imprescindible pero con la condición de brindar la menor cantidad posible y no pretender sustituir el tratamiento psicoterapéutico cuando esté indicado.

Las condiciones que exigen las coberturas de los Seguros de Salud para el tratamiento de los trastornos mentales (en Alemania el 98% de la población tiene Seguro de Salud), es un factor que dificulta la utilización del psicoanálisis y donde también rige el problema del tiempo. Por último también se ha hecho hincapié en la oposición al psicoanálisis a los mismos analistas, algunos de ellos desilusionados por su experiencia y por la excesiva multiplicación de teorías.

Una nueva situación

Estas causas no son las únicas, pero es necesario tenerlas en cuenta y no centrar todo en el problema económico que desde luego está presente y desempeña un papel de importancia.

El malestar en la cultura, dice Nasio(9), es el malestar de algunos intelectuales, incluidos los psicoanalistas y científicos que saben que la humanidad tiene un poder de autodestrucción muy cruel y seguro. El extraordinario desarrollo de la ciencia, agrega, es también un extraordinario desarrollo de la soledad y de la segregación del ser humano: paradójicamente cuanto más Internet más solos estamos y aparece como recurso el retorno a lo sectario religioso. El auge del fundamentalismo, en buena parte del mundo, es visto por este autor como posición extrema de la defensa de la familia y de los valores tradicionales frente a Occidente (la ciencia y la tecnología) catalogados como el Infierno.

En síntesis, se impone, el resituar el psicoanálisis en este contexto, rever algunos cánones del psicoanálisis mismo y en primer término su relación con otras disciplinas. En este momento cabe considerar la interdisciplinariedad tema muy actual aunque el término surgió hace varias décadas con Louis Wirtz. Antes se había hablado de cruce o demolición de fronteras tradicionales. E. Morin usa indistintamente los términos de inter, multi, poli o transdisciplinariedad, por considerarlos polisémicos e imprecisos. Conviene distinguir, dice Dogan (7), entre la especialización en el interior de una monodisciplina y la especialización en la intersección de especialidades monodisciplinarias. Las especialidades tienen un momento inicial de crecimiento y desarrollo, de especialización y luego de fragmentación. La especialización en la intersección de actividades monodisciplinarias ha recibido el nombre de hibridación. Esta última está muy extendida en las ciencias sociales y en la historia, más abiertas en sus fronteras y donde domina un movimiento centrífugo expansivo. La hibridación denota para este autor la recombinación de los fragmentos de ciencias, segmentos de disciplinas y no de especialidades o disciplinas completas. Y es precisamente en las fronteras interdisciplinarias por recombinación de especialidades derivadas, que se producen las innovaciones. El problema básico de la interdisciplinariedad es, en general, cómo articular y elaborar la heterogeneidad, evitando el choque de paradigmas, buscando estrategias para que el esfuerzo sea operativo.

Con respecto al psicoanálisis creemos conveniente con fines heurísticos pero también prácticos, distinguir un centro y una periferia. En el centro del psicoanálisis en la institución, es importante mantener la monodisciplina, su rigor metodológico y su lenguaje específico: me refiero esencialmente a la cura (situación paciente-analista) y también a la transmisión del saber. Esto no significa desde luego dejar de lado la actualización continua de la formación de los psicoanalistas con las innovaciones y profundización en los aspectos teóricos y clínicos, y la utilización de modernas metodologías en la enseñanza. En la periferia hay que impulsar la interdisciplinariedad, investigando la posibilidad de recombinación con otras disciplinas apoyando toda la gama deestudios, desde los clínicos y hermenéuticos hasta los empíricos y metodológicos. No se trata solamente de la salida del ámbito de las instituciones o de las sociedades a los distintos campos de la comunidad y al público en general, con la participación de los psicoanalistas en salud mental, hospitales, universidad, aprendizaje y educación, integrándose a los equipos que enfrentan la drogadicción, la violencia familiar, la delincuencia, la marginalidad y el abandono, etc., sino ir más allá del paralelismo, articulando recombinaciones y buscando el nivel teórico metodológico operativo en las distintas situaciones. No se trata de poner en juego una única teoría que domine a las demás sino de buscar ese nivel teórico en cada una de ellas.

Ya en esta época se ha abandonado la esperanza de teorías unificadas que lo expliquen todo, se han dejado de lado los grandes discursos, los grandes relatos políticos o religiosos y los fundamentos fuertes. Inclusive en la Facultad de Filosofía de la Escuela de Francfort, se ha diferenciado la razón en tipos: logos filosófico, logos poético, logos científico-técnico (Kettner), limitando a exigencias mínimas discursivas el sostén de la consistencia racional indispensable para pretensiones de validez. Se habla en términos de juegos de lenguaje de valor predictivo débil. En este contextualismo relativista todas las normatividades son fragmentarias.

Con este punto de partida, y con la finalidad de abrir nuevos caminos disciplinarios como campos de experiencia que permitan alcanzar nuevos saberes, es posible encarar la relación del psicoanálisis con otras disciplinas. El abanico es muy amplio, se enumerarán algunas : ciencias sociales, ciencias médicas, neurociencias, ciencias cognitivas, psiquiatría, otras psicoterapias, psicología evolutiva, ciencias históricas, mitología y pensamiento mito simbólico, arte y literatura. El recurso a epidemiólogos, matemáticos, metodólogos forma parte de esta expansión. Muchos de estos caminos ya están abiertos y han dado lugar a importantes trabajos.

Dentro de la disciplina literaria tomaremos como ejemplo de interdisciplinariedad la narrativa y, dentro de las ciencias médicas, la neurociencia.

Relación del psicoanálisis con la narrativa.

Si bien el texto, el discurso narrativo es tomado en cuenta por todos aquellos que abordan el material de las sesiones, hay toda una corriente teórica actual que pone fundamentalmente en su acento. Dentro del campo hermenéutico y resumiendo las posiciones de Sherwood, Spence, Sharpe y otros la búsqueda del encaje narrativo sería la tarea esencial del psicoanálisis sintetiza Wallerstein en 1986. El psicoanálisis se convierte así en el relato repetido de historias de una vida particular hasta que el analista y el paciente llegan a un consenso con respecto a una historia mejor o a la última historia posible que dé cuenta del conjunto de síntomas, conductas y disfunciones con que el paciente se presentó al iniciar el tratamiento. El analista sería más un esteta y un poeta que un científico historicista.

Dentro de la teoría de la narrativa de la semiótica literaria de U. Eco(8) hay una visión que aproxima más ambas disciplinas, dando de algún modo, lugar al sujeto dividido, hecho de gran importancia pues una concepción puramente narrativa de la experiencia psicoanalítica es insuficiente porque no jerarquiza el hecho que el sujeto dividido, descentrado, es el núcleo central de la misma, con la consiguiente trivialización de la interpretación y del factor económico de la reestructuración de energías en el manejo defensivo, necesarias para el cambio psíquico. U. Eco(8) habla de una epifanía de la narratividad donde hay tres personas en la trinidad narrativa: autor, narrador y lector. Los conceptos de lector modelo y de autor modelo (para el que sugiere un Es alemán y un Ello español) tiene puntos de contacto con lo que se podría llamar trinidad narrativa en el marco de la sesión analítica. Se podría considerar en ésta: el texto narrado, el analista lector del texto y el autor modelo, voz tercera que correspondería al sujeto de la enunciación, distinto del sujeto de los múltiples enunciados que constituyen su discurso narrativo.

B. de León de Bernardi(6), en un reciente trabajo, se ha ocupado de la extensión del uso del término narrativa en psicoanálisis, que excede las coordenadas de las posturas hermenéuticas para indicar una tendencia y una necesidad del psicoanálisis actual de describir y explicar más precisamente los factores de transformación intrapsíquica del paciente partiendo de las formas concretas en que se establece el diálogo y la interacción analítica. Encuentra en un cd-rom reciente, que reúne los trabajos psicoanalíticos publicados en revistas de habla inglesa desde 1940 hasta 1994, 1160 publicaciones de autores procedentes de distintas escuelas teóricas, que se refieren al término narrativa, incluyendo algún desarrollo sobre el tema. Esta noción, ha permitido, a su juicio, romper con la rigidez de ciertas concepciones teóricas que apartan de la inmediatez de la vivencia clínica.

La introducción de la narratología como rama de la semiótica literaria permite, además, dejar de lado el único interés del psicoanálisis en la psicopatología del autor o los personajes para poner el acento en el discurso, en la retórica, en el estilo. El tener una aproximación lingüística contemporánea es de utilidad para la interpretación.

Pero, a su vez, el psicoanálisis puede tener importancia para los estudiosos de la crítica literaria de las narrativas. El problema del inconsciente y aun a la presencia de la transferencia en la narrativa es señalado por Brooks (1994) entre otros. Hay narratólogos que trabajan con algo semejante a un modelo transferencia-contratransferencia: la manera humana de relatar historias requiere una forma compleja de comprensión y distintos ángulos de abordaje. Algunos narratólogos inclusive integran las pasiones en un modelo interaccional.

Relaciones del psicoanálisis con las neurociencias.

La neurociencia es la ciencia que estudia el sistema nervioso y es especialmente la del cerebro. Es básicamente multimetodológica y ha tenido un notable desarrollo en los últimos años con el surgimiento de nuevos conceptos sobre genética, bioquímica, neurofisiología, etc.

En los últimos cinco años fueron identificados la mayoría de los genes y moléculas proteicas que hacen posible la señalización inter e intracelular sobre la que se basa el desarrollo del sistema nervioso. En los próximos diez años, dice L. Barbeito(4), se conocerán con suficiente detalle las bases celulares y moleculares del desarrollo del sistema nervioso central y se comprenderá mejor el origen de las enfermedades del desarrollo. La neurobiología del desarrollo ha realizado aportes al concepto de sobrevida y plasticidad neuronal. La muerte celular programada (apoptosis) se opone a la muerte necrótica resultante de un insulto celular. Los cambios en los conceptos de sinapsis, el descubrimiento de los segundos mensajeros, etc., constituyen aportes esenciales al conocimiento del funcionamiento del sistema nervioso.

Las neurociencias cognitivas estudian las funciones cognitivas del cerebro, de los sistemas inteligentes, integrando aportes de la neurofisiología, de la neurobioquímica, de la neuropsicología, de la neuroimagenología, de la neurofarmacología, de la psicología experimental, etc. Este conjunto multidisciplinario ha permitido un considerable avance en el estudio del pensamiento, del lenguaje, de la memoria, de las gnosias y praxias, etc. En el aprendizaje y la memoria y en otros comportamientos complejos el sustractum cerebral es una red compleja de conexiones neuronales sin una localización cerebral precisa, que deben operar en forma sincrónica e interactiva, cada una de ellas formada por módulos de procesamiento de varias neuronas (4). Estas modernas nociones sobre el funcionamiento cerebral no eliminan la importancia de ciertas zonas cerebrales en el substratum cerebral de la memoria y el lenguaje como ser las zonas del rinencéfalo, hipocampo y amigdalas para la primera (conjunto de bucles entre niveles neocorticales límbicos y subcorticales) (5) y la zona tempoparietal izquierda para el lenguaje.

La lingüística ha cooperado en la neuropsicología (neuropsicolingüística) tanto en el estudio de la adquisición del lenguaje del niño normal o patológico como en las perturbaciones del lenguaje por lesiones cerebrales (afasias).

En el III Congreso Latino Americano de Neuropsicología (1993), J. L. Nespoulus, neuropsicólogo francés, disertó sobre el tema Mente-Cuerpo preguntándose para cuando el día en que la neuropsicología cognitiva pueda reintegrar parte de los parámetros emocionales tan a menudo apartados porque sus muchos grados de libertad asustan a los investigadores. Efectivamente, Gardner, entre otros, advierte explícitamente sobre la necesidad de disminuir la importancia del comportamiento afectivo o de la emoción en el contexto de la arquitectura funcional que intenta elaborar la ciencia cognitiva. Como discutidora del trabajo mencionado, expuse (2) que subrayaba el paralelismo psicofísico en la relación mente-cuerpo, no como solución ontológica sino como hipótesis epistemológica considerando series estructurales que interactúan, sin establecer entre ellas relaciones causales; destaqué el concepto de representación mental, término clásico en filosofía y en psicología, en contra del behaviorismo: la mente manipula representaciones y símbolos; estuve de acuerdo en que, salvo excepciones, el modelo de la ciencia cognitiva ha sido adoptado por la neuropsicología, considerando la esfera afectiva como un correlato emocional sin preocuparse mayormente por la investigación de ese campo. Si bien es verdad que no hay un modelo en la organización cerebral que dé cuenta, punto por punto, de los desórdenes afectivos, este hecho ocurre también con los fenómenos cognitivos donde la oscilación entre conceptos holísticos y localizacionistas es un campo no superado por las tesis neolocalizacionistas actuales.

Finalmente expuse las razones que, a mi juicio, determinan esta posición, insistiendo en la influencia del discurso médico en que el paciente interviene como objeto de estudio y no como sujeto en el plano humano. En la neurología "pura" el hombre es objeto de conocimiento pero la angustia y el dolor mental, integrantes universales de la psiquis humana no son objetivables en la misma forma porque no se perciben sensorialmente por el otro observador. Los sentimientos son transmisibles en la medida en que el otro, por su capacidad de empatía, pone en juego su propia subjetividad y su capacidad de identificación con él. El técnico no preparado no oirá nada. Y esto tiene serias implicancias no solo en el plano general de la comprensión de los fenómenos humanos sino en el campo práctico del tratamiento y la rehabilitación. El camino fecundo no es una simple asimilación reductora en el plano verbal sino la búsqueda de instrumentos conceptuales y de principios explicativos comunes no contradictorios. Será por lo pronto necesario instaurar un código entre el neuropsicólogo y el paciente, apoyado en otra mirada, otra forma de ver y oír.

No es fácil pasar de un discurso a otro, abrirse a otra disciplina cuando la formación del médico o del neuropsicólogo ha tomado la dirección señalada anteriormente. No se trata de universos separados sino de objetos y metodologías distintas que precisamente constituyen otros discursos. Pero en este segundo discurso no se trata de la sola subjetividad de la conciencia. Históricamente y a partir del desprendimiento del racionalismo y de la incidencia de los descubrimientos freudianos, se promueve la idea de un segundo sujeto, el sujeto del inconsciente. De una supuesta mente sin fantasías se pasa a un imaginario donde la búsqueda y o creación de sentido es tarea esencial. La angustia de muerte, tan familiar a filósofos y poetas y tan renegada por la Medicina, pasa a ocupar un lugar central en el vivenciar del cuerpo enfermo. Y el psicoanálisis que ha profundizado en el conocimiento del funcionamiento psíquico y de motivaciones de la conducta da relevancia a los términos sentido e interpretación. Modelos tomados de la lingüística y la semiótica (Peirce por ejemplo) han traído desarrollos crecientes en el seno de la teoría analítica, considerando distintas modalidades de representación del cuerpo que se pueden aplicar a las neurosis, psicosis, enfermedades psicosomáticas, etc. (1). En el abordaje del individuo enfermo se deben incorporar todas aquellas metodologías que puedan ayudar a investigar, aliviar o curar el sufrimiento humano, sin que una sola de ellas se constituya en una antropología ideal que nada necesita de las otras. El peligro a evitar es la unilateralidad, las cadenas de ortodoxia y el dogmatismo; solo hay que tener en cuenta las diferencias de discurso.

En síntesis, la aplicación de conceptos psicodinámicos a la neuropsicología aporta mayor inteligibilidad a ese campo de estudio contribuyendo a investigar, interpretar y dar sentido a los tantos enigmas que en él se siguen planteando. Pero al dar cabida a otra disciplina hay que también hacer elección entre teorías y el problema es, como siempre, la gran variedad de teorías.

Pero así avanza la ciencia, conociendo sus limitaciones y la provisoriedad de sus teorías pero confiando en que cada una aporte su parte de verdad. Hay problemas prácticos que atañen a al constitución de los equipos por el extraordinario entrecruzamiento de temas que plantea y que exige permeabilidad con las humanidades, sociología e incluso orilla el terreno de la filosofía. La fecundidad en la interdisciplinariedad dependerá del desarrollo armónico y del respeto mutuo ya que las metodologías usadas diferirán entre sí y exigirán la relativización del campo de acción global que pueda ser reclamado por alguna de ellas.

Referencias bibliográficas.

1. Acevedo de Mendilaharsu, S.; Bouza de Suaya, G.; Fernández, A.; Ginés, A.; Neme, J.C., Probst, E. El cuerpo en psicoanálisis. ? En: Rev. Urug. Psicoanálisis n. 61; 1982.

2. Acevedo de Mendilaharsu, S. La mente y el cerebro. Presentado a: Congreso Latino Americano de Neuropsicología, 3o., Montevideo: 1993. Inédito.

3. Acevedo de Mendilaharsu, S. Subjetividad y tiempo en el espacio analítico. En: Lo arcaico, temporalidad e historización. IX Jornadas Psicoanalíticas. Montevideo: APU, 1995.

4. Barbeito, L. Presente y futuro de las neurociencias. Montevideo: Omega, 1996.

5. Dalmas, F. La memoria desde la Neuropsicología. Montevideo: Roca Viva, 1993.

6. De León de Bernardi, B. La noción de narrativa en psicoanálisis. Presentado a: Coloquio Internacional de la Asociación Argentina de Epistemología del Psicoanálisis, 1o., Buenos Aires: 1997.

7. Dogan, M. Especialidades en Ciencias Sociales. En: Relaciones n. 158; 1997.

8. Eco, U. Seis paseos por los bosques narrativos. Barcelona: Lumen, 1996.

9. Nasio, J. D. Entrevista realizada por APA. En: Rev. Arg. Psicoanálisis v. 53, n. 2; 1996.

10. Váttimo, G. El fin de la modernidad: nihilismo y hermenéutica en la cultura postmoderna. México: Gedisa, 1986.

11. Váttimo, G. ?Más allá del sujeto: Nietszche, Heidegger y la hermenéutica. Buenos Aires: Paidós, 1992.

12. Viñar, M. N. La práctica psicoanalítica en el contexto actual. Presentado a: Conferencia "Fin del milenio". AUDEPP. Montevideo: 1998. (Publicado en relaciones, Nº176/77, con el título "Un mundo que cambia").

13. Wittgenstein, L. Estética, psicoanálisis y religión. Buenos Aires: Sudamericana, 1976.



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