LOS FILOSOFOS DEL QUIZA

Mitxelko Uranga
astrozoro@hotmail.com
Publicado el: 18/05/07


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¿Otra vez Nietzsche? José Jara comienza la introducción a su libro Nietzsche, un pensador póstumo con una pregunta que muchos nos hacemos o nos hemos hecho alguna vez: ¿Por que seguir escribiendo sobre Nietzsche?. La respuesta que da José Jara, entre otras, se resume en que Nietzsche es uno de esos hombres que a través de sus escritos da que pensar.


LOS FILOSOFOS DEL QUIZA
Mirada oblicua a Nietzsche a través de Derrida

Mitxelko Uranga (astrozoro@hotmail.com)


¿Otra vez Nietzsche? José Jara comienza la introducción a su libro Nietzsche, un pensador póstumo con una pregunta que muchos nos hacemos o nos hemos hecho alguna vez: “¿Por que seguir escribiendo sobre Nietzsche?” . La respuesta que da José Jara, entre otras, se resume en que Nietzsche es uno de esos hombres que a través de sus escritos da que pensar. A lo que podríamos argumentar que en la historia de la humanidad ha habido muchos hombres de los que podríamos decir lo mismo. Nietzsche no es uno de los pocos hombres que dan que pensar, pero sí uno de los pocos cuyo pensamiento, cien años después de su muerte, sigue siendo causa de polémica y debate; y según J.R. Hernández Arias, uno de los pocos autores que consiguió ir más allá de su tiempo y esbozar a grandes rasgos lo que quizá sería el postmodernismo, asentando así las bases para las posibles utopías que quizá puedan aparecer frente a su tiempo. Quizá sea su estilo caótico y aforístico lo que hace que aun sigamos su estela; quizá sea esa ambigüedad la que nos empuja a adentrarnos en el laberinto nietzscheano de las contradicciones y las imposibilidades; lo cierto es que es un pensador que no deja a nadie indiferente, en parte, porque no quería solamente explicar en sus obras un contenido conceptual, sino una musicalidad. No solo explica ideas, sino que también hace vivir pensamientos, por lo que muchas veces recurre a la provocación ya que Nietzsche sabía que la mayoría de sus lectores serian gentes “normales”, hombres de la modernidad . Pero, ¿Cómo discernir sus verdaderos pensamientos de la provocación? ¿Cómo diferenciar la cordura de la locura? ¿Cómo escribir a cerca de Nietzsche? ¿Cómo escribir a cerca de que Nietzsche? ¿Se puede escribir a cerca de Nietzsche? El estilo metafórico y aforístico de Nietzsche le convierte, sin duda, en uno de los filósofos más controvertidos de la historia moderna, y si se me permite, de toda la historia. En contra de lo que mantiene José Rafael Hernández Arias en su ensayo sobre Nietzsche, en el cual mantiene que la razón más importante de que Nietzsche tenga aun, hoy por hoy, tal importancia se debe a su estilo facilón y directo que recala sin ningún problema en las mentes de los jóvenes atraídos por el morbo de coquetear con ideas arriesgadas frente a otros autores de escritura más sistemática y elaborada, creo que una de las razones que hace que el pensamiento de Nietzsche sea grandioso y traumático es precisamente ese estilo poético. Es en ese estilo aparentemente caótico y contradictorio donde reside la belleza y la dificultad que llegó a perseguir como un fantasma a Heidegger hasta los últimos años de su vida como queda reflejado en esta enigmática sentencia: “Nietzsche ha acabado conmigo” . Thomas Mann deja clara la actitud que hay que tomar cuando leemos a Nietzsche, aunque contrariamente a él, yo crea que sí se puede creer en Nietzsche. ¿Por qué no? quizá todo sea mera provocación, como dice Mann; aunque pueda ser un error, no lo creo así:

Lo que Nietzsche ofrece es no solo arte; también el leer a Nietzsche es un arte. Y aquí no es admisible ninguna torpeza, ninguna simpleza. En la lectura de Nietzsche resultan necesarias todas las clases de astucia, de ironía, de reserva. Quien tome a Nietzsche “en sentido propio”, quien tome a Nietzsche al pie de la letra, quien le crea, esta perdido. Verdaderamente ocurre con el lo mismo que con Séneca, de quien Nietzsche dice que es un hombre al que se debe prestar siempre oído, pero jamás fidelidad y fe .

A diferencia de los autores que han intentado demonizarlo, creo, al igual que lo hacen Deleuze o Derrida, que con Nietzsche hay que tener cuidado y cautela. No todo lo que dice se puede tomar al pie de la letra, hay varios planos de comprensión. Tantos como ideologías asombradas por su mensaje que intentaron e intentan adueñarse de Nietzsche y dar una versión única. La comprensión de los textos de Nietzsche es tan complicada en la mayoría de los fragmentos que, según algunos lectores y seguidores de Nietzsche, se requiere la ayuda de otros especialistas nietzscheanos como medio.

No se puede leer a Nietzsche. A un solo Nietzsche. Como si solo hubiera uno. Siempre hay más de un Nietzsche. Esta decisión constituye ya, de entrada, una hipótesis de lectura. Supone, pese a todo, seguir a cierto Nietzsche, a uno que no es uno. Y supone en nuestro caso, seguir también a alguien que sigue a sus Nietzsche, seguir a Derrida: otro que tampoco es uno. No seguir, en definitiva, ni a uno ni a otro, seguirlos sin seguirlos .

Según Peretti y Vidarte son muchas las interpretaciones posibles de Nietzsche, por lo que en muchos casos es necesario, como advierten en su ensayo Nietzsche siguiendo a Derrida, abordar el pensamiento nietzscheano de un modo oblicuo . En esta ocasión, estos dos lectores nietzscheanos han decidido leer a Nietzsche leyendo a Derrida, aunque también hay lectores y seguidores que lo leen siguiendo a Deleuze, Heidegger, Vattimo y un largo etcétera. Por tanto, admitir que hay varios Nietzsche nos lleva a elegir uno de entre todos los posibles. Y en la mayoría de los casos, elegir un Nietzsche significa elegir a una tercera persona que nos acerque a un Nietzsche determinado. Inevitablemente, el elegir una tercera persona para la comprensión de un texto, supone una explicación subjetiva. Nietzsche y su analista convergen hasta que nos es imposible distinguir que es de uno y que pertenece al otro. Aunque sea cierto el hecho de que la mayoría de nosotros nos acercamos a Nietzsche de una forma oblicua, me da la impresión de que el hecho de que las ideas nos vengan rumiadas hace que seamos menos vacas coloradas de lo que quisiéramos. Quizá la lectura sin terceras personas, la primera lectura, sea la más importante, la más subjetiva. Quizás debiéramos buscar esa convergencia con Nietzsche como lo hacen Deleuze o Derrida (manteniendo lógicamente la distancia que no separa de Deleuze o Derrida). No digerir directamente lo que nos viene dado, ni siquiera pensar de forma cartesiana (yo pienso), sino dejar que los textos de Nietzsche vengan a nosotros, que sus ideas nos inunden. Quizá solo entonces podamos ser las vacas coloradas que rumian los posibles Nietzsche. Quizá entonces podamos conocer a nuestro Nietzsche. Hasta que esa posibilidad pueda quizá materializarse, miraremos a Nietzsche de forma oblicua.

“¡Amigos: no hay amigos!, exclamó el sabio al morir.
¡Enemigos: no hay enemigos!, exclamo yo, el necio.”

Para poder comenzar a analizar este fragmento nietzscheano, para poder destriparlo, primeramente lo miraremos con los ojos de Derrida, aunque a pesar de usar sus ojos podamos quizá en algunos casos ver cosas diferentes.
Como bien dice Derrida, el apostrofe “¡Amigos: no hay amigos!” se atribuye a Aristóteles, y ha sido transmitido a lo largo de la historia, pasando por Kant, Montaigne o Nietzsche. Ya que no se le reconoce ningún documento que lo atestigüe, parece ser una frase que viene de la memoria, que se dirige a la memoria y que, lógicamente, se recita de memoria. La frase engloba toda una tradición filosófica murmurada, que parece romperse con la inversión y parodia que de ella hace Nietzsche . Pero, ¿Qué era lo que esta larga tradición pretendía decir con esta frase? A pesar de que pueda parecer a primera vista una declaración casi imposible, parece que lo que los autores pretendían hacer con ella era distinguir la “amistad reina y señora” de las “amistades corrientes”. ¿Cómo distinguir una de la otra? Según Aristóteles, la verdadera amistad, la “amistad reina y señora”, consiste en amar; la amistad es una manera de amar: amar antes de ser amado, ya que es necesario que alguien ame para saber lo que es amar, y solamente después podrá saber si es amado o no. Aunque pueda darse el caso de ser amado sin saberlo; lo que es imposible es el hecho de amar sin saberlo; el que sabe lo que es amar, no puede amar sin saberlo. Así, para Aristóteles, el amigo es aquel que ama antes de ser amado . Los griegos sabían muy bien que es imposible amar sin vivir, ya que el amar pertenece al reino de lo viviente, se requiere de alma para poder amar; tampoco se puede amar sin saber que ama, por lo anteriormente expuesto; pero, sin lugar a dudas, se puede seguir amando a un muerto o a algo inanimado, a pesar de que ellos no lo sepan y nunca lo vayan a saber. A pesar de que acabe dando la vuelta a la frase de Aristóteles, Nietzsche admiraba el concepto de amistad griego (salvo unas pequeñas diferencias), por lo que el también pretende, de alguna manera, hacer una distinción entre las dos clases de amistades, la “verdadera” y la “corriente”, y optar, finalmente, por una amistad quizá muy diferente a la anteriormente conocida, por una amistad “reina” en la que Nietzsche ama a los que están por venir, por lo que ellos aun no lo saben; una amistad donde, en un futuro, los nuevos filósofos amarán, quizá, a un Nietzsche ya muerto que no sabe que es amado. Nietzsche fue un individuo solitario, incomprendido, que sabía que estaba muy solo y que la mayoría, sino son todos, los amigos que se le acercaban, nunca lo hacían desde la verdadera amistad.

El secreto del amigo. Pocas personas hay que cuando no encuentran un tema de conversación, no revelen los secretos mas íntimos de un amigo .

Nietzsche no ha sido el único pensador que ha sufrido a lo largo de la historia soledades y años de desierto por intentar enfrentarse a su tiempo, a lo “sagrado” y lo “bueno”. Y al igual que hicieran muchos antes que él, según José Jara, “él también inventó una figura que le indemnizara de los daños provocados por la carencia de amigos: los “espíritus libres”, como “valientes compañeros y fantasmas con los cuales se charla y ríe, cuando se tiene ganas de charlar y reír, y que se los manda al diablo cuando se ponen aburridos”” . Pero, estos nuevos filósofos están aun por llegar, por lo que de momento debe hacer frente a su presente, a su soledad. De ahí, en parte, que Nietzsche optara por convertirse en un loco. Como el bien sabía, en la modernidad no había lugar para aquellos que no comulgasen con las ideas modernas; no había lugar en la comunidad del “nosotros” para uno que era un “otro”, un individuo diferente, incomprendido y castigado. A los “otros”, a los lobos solitarios, a los espantapájaros, no les quedaba más que la locura; habría casos en los que la locura fuera real, pero, también eran muchos los que optaban por hacerse el loco. ¿Cuál sería el caso de Nietzsche? Quizá un poco de ambas. De una u otra manera, lo cierto es que Nietzsche, ante la inexistencia de amigos, se vio obligado a elegir el camino de la locura. En un primer principio, al menos, el hombre libre comienza por percibirse como el “malo”, el “otro”, pues “bajo el dominio de la eticidad de las costumbres la originalidad de toda especie ha adquirido una mala conciencia” que termina por culpabilizar toda desviación. ¿Cómo romper con el peso de la eticidad? Para esta labor, como afirma Nietzsche, se ha requerido de la locura. “A todos aquellos hombres superiores que se encontraban irresistiblemente atraídos a quebrantar el peso de alguna eticidad y a dar nuevas leyes no les quedo otra cosa, si ellos no eran realmente locos, que transformarse en locos o hacerse pasar por tales” . Coincido, por tanto, con Massimo Desiato cuando afirma que el loco o el que se hace pasar por aquel es un primer esbozo del espíritu libre, su antecesor . El loco es el espíritu libre que ataca su presente, su tiempo, abriendo las puertas a un tiempo mejor, a unos nuevos filósofos, a la gran salud. El loco es el mensajero que nos avisa de la llegada del hombre superior, de los nuevos filósofos, de la nueva era.

Soy un alegre mensajero como no lo ha habido nunca; sé de misiones tan elevadas que hasta hoy no se disponía del concepto necesario para comprenderlas. Hasta que yo llegue no ha habido esperanzas .

Llamada desesperada a los nuevos filósofos, llena de esperanzas pero dependiente del quizá. Cuando Nietzsche repite la frase de Aristóteles (el sabio muerto) “¡Amigos: no hay amigos!” está diciendo que en su presente no hay amigos, pero esto se lo cuenta a sus amigos. ¿Qué amigos son esos a los que alude si ha afirmado la inexistencia de tales amigos? Debemos observar que la frase está precedida por un quizá: “Quizá entonces llegará también la hora feliz, un día en que exclame:”. El quizá nos habla del porvenir, de la amistad por venir, en definitiva. Nietzsche habla, así, para anunciar lo que todavía no existe (la amistad por-venir) y lo que ya no existe (los amigos del presente); Nietzsche habla, mediante el quizá, a unos amigos verdaderos que aun no han llegado, que llegarán, sobre la amistad verdadera que ya no existe; pero que, quizá, en un futuro, pronto, existirá. Según Derrida, esto es lo que el quizá nietzscheano quiere decir.
Lo que va a venir, quizá, no es solo esto o aquello, es finalmente el pensamiento del quizá, el quizá mismo. Lo que llega llegara quizá, pues no se debe estar seguro jamás, ya que se trata de un llegar, pero lo que llega sería también el quizá mismo, la experiencia inaudita, completamente nueva, del quizá. Inaudita, completamente nueva, la experiencia misma que ningún metafísico se habría atrevido todavía a pensar .

“Quizá: el triunfo de lo imposible, de la promesa y de la apertura a todo aquello que es y esta por-venir” . Este quizá nietzscheano-derridiano no es un mero escepticismo; es más, deja de ser un simple signo de interrogación, una duda, llenándose así de posibilidades. Así, llega Derrida a afirmar que “no hay categoría más justa para el porvenir que la del quizá” , entendiendo el quizá como lo ambiguo entre lo que ya ha llegado y lo que todavía esta por llegar. Es un quizá definido como lo (im)probable e (im)posible – dando la posibilidad de jugar con las paréntesis – que anuncia una dimensión temporal que se refiere a lo que esta por llegar, a la posibilidad, buena o mala … siempre en proceso. De lo que se deduce un posible pensamiento del quizá, que se caracteriza por la continua creación e innovación; el pensamiento del riesgo . Es una apertura a lo que viene, una posibilidad que debe triunfar sobre la imposibilidad. Es una llamada al futuro; Nietzsche llama a sus “amigos” del futuro, del porvenir, a los nuevos filósofos del quizá. Mira a su alrededor, y lo más parecido a sí mismo, lo más parecido que encuentra a los filósofos que están ya en el horizonte, son los librepensadores; pero, estos, que se hacen llamar “espíritus libres”, no son más que esclavos de las ideas modernas, aun sin saberlo son esclavos de la modernidad; por eso Nietzsche no encuentra un lugar entre los librepensadores, no encuentra ningún lugar en su presente, en la modernidad, por lo que quiere “unirse” en comunidad con unos espíritus “muy” libres: los filósofos que vienen.

Nosotros somos algo distinto de los libres-penseurs, liberi pensatori, Freidenker, o como les guste denominarse a esos defensores de las ideas modernas .

Y, aun siendo Nietzsche también diferente a los librepensadores, aun así, hay un trecho que lo separa de los filósofos del porvenir. Estoy de acuerdo tanto con Derrida como con Vidarte y Peretti en que Nietzsche no pertenece a la clase de individuos del por-venir. Nietzsche no se considera un igual, aunque sí cree estar muy cerca. Los filósofos del quizá son bastante parecidos a los espíritus libres como Nietzsche, y por eso les llama, una y otra vez, desesperadamente, con el fin de lograr aunarse y conformar esa comunidad de la soledad, la comunidad sin comunidad: “De estos filósofos del porvenir, todavía no formamos parte, nosotros que los llamamos, y que los llamamos así, pero somos ya de antemano sus amigos y nos instituimos mediante este gesto de llamada en sus heraldos y precursores” . Nietzsche pretende, por tanto, crear una comunidad de la soledad con los pensadores del mañana, que no serán más libres que los librepensadores, no serán más grandes, sino que serán algo totalmente distinto, muy diferentes; diferentes porque ven más allá, son capaces, a diferencia de los librepensadores, de pensar el quizá, de pensar el porvenir. Nietzsche quiere formar parte de esa comunidad que está por formarse, de la cual los filósofos del porvenir son integrantes y no lo son. Es quizá, como dice Bataille, la “comunidad de los que no tienen comunidad” . Es una comunidad donde tan pronto hablan del “yo” como del “nosotros” para dirigirse al “vosotros” que están por llegar; es una comunidad de amigos solitarios. Es sin duda, la comunidad de la “amistad sin amistad de los amigos de la soledad” , una comunidad en la que el “yo”, con el “nosotros”, se une con el ansiado “vosotros”. Es una comunidad sin comunidad, integrada por amigos de la soledad, por locos. Los integrantes, los amigos distantes, comparten el amor a la soledad, a la locura, a la singularidad. Aunque también es cierto que todo lo que está por venir depende del quizá, por lo que Nietzsche no tiene la certeza de que la llegada sea como él la espera. Sabe que cabe la posibilidad, que una vez leídos sus libros, los filósofos del porvenir no sean lo que él esperaba sino unos enemigos; puede que sean enemigos irreconocibles, pero eso no los deja fuera de la comunidad sin comunidad. Lo que Nietzsche espera ante todo, no es que se parezcan a él, sino que sean locos, amantes de la soledad, nuevos filósofos que buscan sus verdades fuera de las garras del dogmatismo y las imposiciones de la comunidad del gran numero:

Más con toda seguridad no serán dogmáticos. A su orgullos, también a su gusto, tiene que repugnarles el que su verdad deba seguir siendo una verdad para cualquiera: cosa que ha constituido hasta ahora el oculto deseo y el sentido recóndito de todas las aspiraciones dogmáticas. Mi juicio es mi juicio: no es fácil que otro tenga derecho a el – dice quizá ese nuevo filosofo del porvenir –. Hay que apartar de nosotros el mal gusto de querer coincidir con muchos.

Así, mediante el pensamiento del quizá, Nietzsche voltea la frase aristotélica, pues es la palabra de un moribundo que habla a partir de la muerte, para poder empezar a hablar desde el vivo presente. De esta manera convierte la murmurada frase en una llamada, en un mensaje, dirigido a todos los locos, a sus amigos los locos. En esta frase de Nietzsche, Vidarte y Peretti, al igual que lo hace Derrida, creen leer una parodia de la frase atribuida a Aristóteles, donde se abre la posibilidad de que un día llegue la gran salud, la gran política, la amistad por-venir, la amistad verdadera . Es la ansiada gran salud, gran política, y la llegada de los nuevos filósofos lo que queda esbozado en la obra de Nietzsche Humano, demasiado humano, que como mantiene Derrida, es una obra escrita por un loco, dedicado a la corporación de los locos, a los tentadores.

En el horizonte está apareciendo una nueva especie de filósofos. Me atrevo a designarlos con un nombre no exento de peligros. Tal como los intuyo, como se dejan intuir (pues forma parte de su naturaleza el querer seguir siendo enigmáticos en algún aspecto), podríamos llamarlos, con razón o sin ella, tentadores. El propio nombre es, a fin de cuentas, nada más que una tentativa y, si se quiere, una tentación .

Si en el apostrofe “¡Amigos: no hay amigos!” Nietzsche nos advertía de su soledad y de la necesidad que tenía de amistad, de que lleguen los nuevos filósofos, tan solitarios y locos como él, seguido, en el apostrofe siguiente “¡Enemigos: no hay enemigos!”, nos advierte de las cualidades de los nuevos filósofos del quizá que ya hemos pincelado brevemente anteriormente. Pero, ¿Qué es lo que nuevamente pretende esconder esta aparente contradicción? Estoy de acuerdo con Derrida cuando dice que mediante esta apelación al enemigo lo que Nietzsche quiere hacer no es más que convertir al enemigo en amigo . Nos quiere hacer llegar el mensaje que debemos llegar a amar a nuestros enemigos – pero no necesariamente de manera cristiana. Ciertamente, parece que pide al amigo que se convierta en enemigo. Porque ambos apostrofes – “¡Amigos: no hay amigos! Exclamó el sabio al morir.” Y “¡Enemigos: no hay enemigos! Exclamo yo, el necio.” – convergen y se hacen uno, viniendo a decir lo mismo. No hay oposición, como tal, entre “el sabio moribundo” y “el necio vivo”, sino que ambos son uno, Nietzsche. Mientras que el sabio moribundo puede jugar a estar loco o serlo, el necio también puede tener una máscara y ser más sabio incluso que el sabio moribundo. El loco, o el necio, no es otro que aquel que vive en soledad, apartado de la sociedad, de la comunidad, por ser diferente. El loco es aquel que no admite la opinión común del “gran numero” ni dogmatismo alguno, por lo que prefiere separarse y hacerse el loco. Actitud que en el pensamiento de Nietzsche se podría muy bien calificar de sabia. Con lo cual, ¿Qué es lo que diferencia al loco y al sabio? Nada.

Es por amistad por lo que el sabio, sabio en eso, se disfraza de loco, por amistad también por lo que disfraza su amistad de enemistad. Pero ¿para ocultar que?: su enemistad, pues la frialdad y la lucidez de su verdadera naturaleza no son de temer sino allí donde pueden hacer daño y traicionar alguna agresividad. Este sabio se presenta en suma como un enemigo para ocultar su enemistad. Da muestras de su hostilidad para no hacer daño con su maldad. ¿Y por que hace todo eso? Por amistad hacia los hombres, por sociabilidad filantrópica.

Dice Derrida que el sabio disfraza su verdadera naturaleza para no crear sufrimiento, por amistad. Mantiene que el sabio finge ser lo que es, decir la verdad para ocultar la verdad, como protección. Al igual que el sabio esconde su realidad, el amigo hace lo propio para no dañar la amistad. Y es que, ciertamente, la amistad se asienta siempre en terreno inseguro, que es lo que finalmente hace que los sabios griten la inexistencia de amigos. En esta tesitura es casi imposible discernir la amistad de la enemistad; por eso Nietzsche llama a la verdadera amistad de la comunidad sin comunidad. Es probable que el problema no radique en la enemistad, es decir, el problema no es, quizá, que no sean verdaderos amigos, sino que no son iguales al sabio; son amigos que no tienen ningún reparo en decir lo que no les gusta del sabio, que es mucho, ya que es un solitario incomprendido, un espantapájaros. Quizá debieran de aprender a ocultar, a callar, a ponerse una máscara por el bien de la amistad. Nietzsche tiene la esperanza de que quizá algún día llegue el día en que podamos decir que no hay ningún problema con nuestros amigos, ya que al igual que nuestros amigos no tendrán reparo en decir en todo momento lo que sienten, nosotros no tendremos ningún problema en asimilar las criticas. Ese será el día en el que el amigo se convertirá en enemigo y el enemigo podrá muy bien convertirse en amigo.

Sobre los amigos. Considera, por una vez, que diversos son los sentimientos y que dispares, respecto a los tuyos, hasta de tus amigos mas cercanos; cuantas opiniones incluso semejantes a las tuyas tienen, en la cabeza de tus amigos, una orientación y una fuerza muy distintas a las que tienen, en la tuya; cuantas ocasiones hay de que os entendáis mal, de que os separéis recíprocamente enemistados. Después de todo te dirás: “¡Que inseguro es el terreno en el que se asientan todas nuestras relaciones y amistades, que cerca están los fríos chaparrones y la intemperie, que solo esta todo hombre!” Quien se da cuenta de esto y de que, mas aun que todas sus opiniones, el genero y la fuerza de estas son, en sus semejantes, tan necesarias e irresponsables como sus actos; quien llega a saber discernir esa necesidad de las opiniones en el entramado irreductible del carácter, de las profesiones, de las aptitudes y del medio ambiente; este tal, digo, se vera libre quizás de la amargura y del sentimiento áspero que hiciera exclamar al sabio famoso: “¡Amigos; no hay amigos!” Por el contrario, se dirá: “Si hay amigos pero es el error y la ilusión sobre tu persona lo que les lleva a ti; y tendrán que aprender a guardar silencio para seguir siendo amigos tuyos. Pues la base de casi todas las relaciones humanas de este tipo es que hay un cierto numero de cosas que no dirán jamás, que ni siquiera afloraran a los labios; pese a lo cual esos guijarros echaran a rodar, la amistad ira tras ellos y se romperá. ¿Habrá hombres capaces de no ser heridos de muerte si llegan a descubrir lo que piensan de ellos en el fondo sus amigos mas íntimos? – aprendiendo a conocernos a nosotros mismos, a considerar nuestro ser como una esfera inestable de opiniones y estados de animo, y a despreciarlo un poco por ello, restableceremos el equilibrio con los demás. Bien es cierto que tenemos razones de peso para estimar en poco a todos los que conocemos, aunque fuesen los mas grandes; pero también las tenemos para volver ese sentimiento contra nosotros mismo; puede que entonces nos llegue un día a cada uno la hora de alegría que nos haga exclamar:
“¡Amigos: no hay amigos!, exclamo el sabio al morir.
¡Enemigos: no hay enemigos!, exclamo yo, el necio.”

Por tanto, Nietzsche equipara, iguala, la amistad con la enemistad, pero no solamente de la manera anteriormente expuesta, sino por que, a mi entender, detrás de la verdadera definición de la amistad nietzscheana no se encuentra otra cosa que la enemistad, y viceversa. Cuando Nietzsche pide para el futuro una verdadera amistad, lo que realmente esta pidiendo a gritos es enemistad; enemistad de los locos, de los solitarios, para con los demás. Esta es la exigencia, la necesidad, del loco: la gran salud. Y esto lo dice el loco – independientemente de que sea un sabio quizá con la máscara de un loco –, el enemigo de la comunidad, el espantapájaros apartado de la sociedad. Pero, los locos no son locos solamente por creer en el quizá, en la posibilidad, en lo imposible, sino porque han querido ser locos ante la comunidad. Ambas posibilidades son posibles. Aunque, a mí me parece que cuando Nietzsche se refiere a su locura en este fragmento, lo hace desde el punto de vista de un solitario, de un demonizado, de un pensador que se hace el loco, porque sabe que no tiene lugar en el seno de la comunidad, sino es el de la provocación. De ahí que Nietzsche llame a los solitarios del por-venir; quiere compartir, como dicen Vidarte y Peretti, aquello que no se puede compartir: la soledad. “Alianza de amigos solitarios, de amigos sin comunidad de amigos: amistad sin amistad, comunidad sin comunidad” . Nietzsche siente que el filósofo debe ir en contra de su tiempo, e intenta llevarlo hasta el final, lo cual le supuso el rechazo de la comunidad del gran numero, y el consiguiente calificativo de “malvado” y quizá el de “enemigo”.

La moral de los esclavos es, pues, en esencia, una moral de la utilidad. Este es el caldo de cultivo en el que se gesto la famosa antitesis entre el “bueno” y el “malvado”: en el concepto de este ultimo se incluye al que es poderoso y peligroso, así como al que es tan terrible, tan sutil y tan fuerte que no se le puede despreciar. En este sentido pues, para la moral de los esclavos, “malvado” es quien inspira temor; para la moral de los señores, “bueno” es precisamente quien inspira y desea inspirar temor, mientras que “malo” es aquel a quien se considera despreciable .

En la modernidad es la decadencia y la vulgaridad la que se ha apoderado de la sociedad, por lo que es la definición decadente y débil de “bueno” la que ha imperado haciendo que su contrario, todo pensador libre que fuera en contra de esa moral débil, fuera definido como “malo” o “malvado”, es decir, un enemigo de la sociedad. Eso es, en definitiva, lo que es el loco, un malvado, un enemigo de la sociedad. Esto es lo más terrible, en el concepto de hombre bueno se ha incluido la defensa de todo lo débil, enfermo, mal constituido, de todo lo que sufre a causa de sí mismo, de todo lo que debe perecer. Se ha invertido la ley de la selección, convirtiendo en ideal lo que va en contra del hombre orgulloso y bien constituido, del que afirma la vida, del que está seguro del futuro y lo garantiza; y a ese hombre se le ha considerado malo por definición . Así, la sociedad opta por ningunear y menospreciar al loco, al “malvado”, al enemigo, por lo que al espíritu libre solamente le queda la soledad.

Pues en nosotros la soledad constituye una virtud, dado que implica una inclinación y un impulso sublimes a la limpieza que nos hacen ver todo lo que hay de inevitablemente sucio en el contacto entre un individuo y otro – en la vida en sociedad –. En cualquier momento y lugar, toda comunidad nos hace, de alguna manera, “vulgares” .

El loco pretende escapar de la vulgaridad, de las garras de la mayoría que quiere instaurar la cultura decadente asentada sobre el falso ideal de la igualdad. El loco quiere autodeterminarse, no quiere saber nada de la comunidad y opta por separarse, independizarse. La liberación, esa autodeterminación del espíritu libre con respecto a la comunidad a través de la creación de otros valores, de la transvaloracion, traerá consigo, según Massimo Desiato, el hecho de que el deseo de forjarse valores propios colisione con la estabilidad del grupo, de la comunidad, convirtiéndose así en un “otro”, y dejando de ser parte del “nosotros”: “este querer una voluntad libre es al mismo tiempo también una enfermedad que puede destruir al hombre” . Una vez el individuo se ha convertido en un “otro”, se vuelve un enemigo al que hay que combatir ya que es un peligro para la estabilidad del grupo mayoritario. La comunidad, esa mayoría reactiva, utilizará toda la violencia a su alcance si es necesario para repeler toda desigualdad que haga peligrar la homogenización. Según Sánchez Meca, pueden darse dos clases de violencia:

Por un lado, la violencia externa o “fundacional”, que es aquella por la que un “nosotros” mantiene su cohesión y refuerza su estabilidad y permanencia dirigiendo la agresividad de sus miembros hacia fuera, hacia los otros; y, por otro lado, la violencia interna al grupo o violencia interpersonal en la que, en una amplia gama de grados y de intensidades, los individuos buscan en la tortura o en la destrucción de otros individuos o de si mismos el paroxismo de una experiencia de absoluta dominación .

Los “nosotros”, como individuos homogéneos diferentes de los “otros”, intentaran asimilar y uniformizar a todos los que no sean afines a ellos. En el caso de que los “otros” no renuncien a sus diferencias, los “nosotros” intentaran perseguirlos y eliminarlos, ya que los “otros” con sus diferencias pueden romper la estabilidad establecida por los “nosotros”, y romper la cohesión del grupo. El loco está destinado a ser un enemigo. Y no será un enemigo solo para la sociedad porque esta lo vea así, sino que el loco también vera a la sociedad, a la comunidad, como sus enemigos. Como mantiene Vattimo, el espíritu libre no es otro que aquel que tiene que usar una cierta violencia para liberarse de la mala máscara que le había sido impuesta por la homogeneizadora sociedad del rebaño, y de la violencia que la máscara trae consigo . El loco o espíritu libre deberá hacer uso de la violencia en muchos de los casos en los que sea agredido, al menos como resistencia, eterna resistencia, como decía Foucault.
En resumen, el loco es necesariamente un enemigo de la sociedad por el simple hecho de ser diferente; porque la sociedad lo ve como una amenaza y porque el loco mismo ve a los demás también como una amenaza para su libertad y derecho a la desigualdad y diferencia. Y lo cierto es que en su presente, Nietzsche cree que no hay mucho espíritu libre, que no hay mucho sabio que se hace pasar por loco; no hay enemigos de la sociedad en su momento. Y es por eso por lo que hace una llamada loca a sus amigos, los enemigos de la sociedad moderna, y quizá sus propios enemigos.
Así, los nuevos filósofos que están por venir, los amigos de Nietzsche, deben ser enemigos de la sociedad, deben ser unos locos. Deben ser individuos dominados por sus propias fuerzas activas; deben ser niños que jueguen a experimentar como los dadaístas. Somos pluralidad, dentro de nosotros llevamos una multiplicidad de personalidades que van surgiendo dependiendo de las circunstancias. A pesar de que en nuestro interior se haya adueñado una u otra fuerza, en la relación con los demás nos vemos, habitualmente, obligados a desempeñar un papel determinado, un rol particular. Todos los seres humanos se familiarizan con un rol determinado incorporándose así, para si, juicios, opiniones, maneras de actuar etc. aunque, el espíritu libre nietzscheano, como conocedor de su multiplicad y contrario al dogmatismo y las ultimas verdades, cambiara de rol cuantas veces le sea necesario, si las circunstancias lo requieren. Como mantiene Sánchez Meca , solo el animal de rebaño, el individuo reactivo, es el que desempeña el rol que la sociedad desde afuera le ha asignado, frente al espíritu libre que elige la máscara que más le interese en cada momento, aunque para ello deba enfrentarse a la comunidad:

El hombre afirmativo es el que se quiere a sí mismo como actor, el que estima la ilusión y la mentira como condiciones de toda la vida, el que, asumiendo su condición de comediante, se sitúa más allá del bien y del mal, dispuesto a viajar a través de mil almas, de vivir sucesivamente una multitud de caracteres, ensayando, experimentando en si mismo la creación del superhombre .

El espíritu libre ya no tiene miedo de enfrentarse a sí mismo, y mucho menos a la sociedad. Tiene un abanico de posibilidades por experimentar, un número increíble de caminos por andar, un sin fin de mundos por inventar, y si en ese juego de niños se viera obligado a enfrentarse a la comunidad, no vacilaría en utilizar toda su fuerza activa contra ella.

Nosotros, los que creemos en otra cosa… ¿Donde vamos a situar nuestras esperanzas? En los nuevos filósofos, no tenemos otra alternativa; en unos espíritus que sean lo bastante fuertes y originarios como para impulsar valoraciones contrapuestas y para transvalorar, para invertir “valores eternos”; en precursores, en hombres de futuro, que aten hoy en día los vínculos y que hagan un nudo gordiano; que obliguen a la voluntad de milenios a recorrer nuevos caminos .

Estos nuevos filósofos de la gran salud traen consigo una nueva filosofía, una transvaloracion que acabe con la homogenización y el dogmatismo. Los filósofos del quizá utilizan el adverbio quizá como una condición de promesa, como condición de cambio, cambio que se sustenta sobre los pilares de laceración y la invención convirtiendo así lo que es en lo que puede ser a martillazos; una transmutación de lo que es en algo muy diferente . Los filósofos del quizá, los que están por llegar, quizá sigan el trabajo empezado por los espíritus libres de la modernidad, por los locos, y puedan violentamente – más de los que probablemente los humanitarios quisieran – romper con los pilares en los que se apoya la modernidad y poder edificar la era de la gran salud.

Quien quiera ser un creador en el ámbito del bien y del mal ha de ser antes un destructor y un quebrantador de valores. De este modo, para realizar el mayor bien hay que cometer el mayor mal: en esto consiste la bondad creadora .

Esta es la labor que encomienda Nietzsche a sus amigos por venir, a los enemigos de la sociedad que están por llegar. Los filósofos del quizá deberán destruir todo aquello que evite el progreso hacia la gran salud o todo aquello que intente evitar la independencia de los individuos a ser lo que quieran, a elegir la máscara que quiera en cada momento. Hemos de demostrarnos a nosotros mismos que estamos destinados a ser independientes y a mandar, y hemos de hacerlo lo más pronto posible. No debemos dejar de probarnos esto, aunque tal vez sea este el más peligroso de los juegos y, en último término, se trate de una demostración que solo nos hacemos a nosotros, como únicos testigos y sin ningún otro juez . Desde nuestra independencia, desde nuestra soledad deberemos ser enemigos de la sociedad y arremeter contra todo aquello guiado por las fuerzas reactivas que impidan nuestro paso triunfal.

Quien aspire a algo grande considerará a los que halle en su camino o bien como un medio, o bien como un freno y un obstáculo, o bien como un lugar pasajero de reposo. Solo podrá desplegar la bondad hacia el prójimo que caracteriza a quien posee un linaje elevado, cuando haya llegado a su altura y pueda dominar. Su impaciencia y el hecho de saber que hasta ese momento se ha visto forzado a representar una comedia – pues hasta la guerra es una comedia y una especie de mascara, dado que, como todo medio, trata de ocultar un fin – hacen que toda relación humana se le malogre. Esa clase de hombres conoce, pues, la soledad y todos los grandes venenos que esta contiene .

Como mantiene Nietzsche, todo individuo reactivo y decadente que se encuentre en el camino del loco deberá ser considerado un obstáculo y deberá ser abatido, lo cual hará que se convierta en un ser terrorífico y temido en la sociedad por lo que será empujado – al igual que se empujará a sí mismo – a la soledad y al ostracismo. Como mantiene Vattimo, el mal en la sociedad no es más que la excepción y la desviación con respecto a las normas sociales establecidas; razón por la cual el mal es fuerza positiva y ennoblecedora . Es espíritu libre de la gran salud que está a la vuelta de la esquina es un sujeto que deberá utilizar su violencia para librarse de la mala máscara que le ha sido impuesta, y de la violencia que esta trae consigo. Una fuerza considerada malvada por la sociedad, pero que tiene un carácter noble. El enemigo, no tanto de la sociedad, sino de la sociedad moderna, edificada sobre los pilares de la igualdad y la democracia. El enemigo, el amigo del más allá de Nietzsche. El amigo-enemigo es el individuo afirmador de la vida, que quiere vivirla con su bien y su mal, con su dolor y su placer, que quiere experimentar, ser su propio Dios, su propio juez. El filósofo del porvenir es el individuo que vive la vida de forma dionisiaca, el hombre activo que se nutre para poder crecer más y más. Es el hombre que desea luchar, que desea enemigos de los que nutrirse para crecer. Es el hombre que desea que sus amigos sean sus enemigos. De nuevo amigo y enemigo se hacen uno, convergen hasta ser lo mismo. ¿Cómo? ¿Por que? El impulso esencial de la vida no es, como decía Darwin, la autoconservacion, sino la nutrición, el crecimiento y el fortalecimiento:

No solo constancia de la energía, sino una economía de máxima acumulación, de manera que el querer hacerse mas fuerte como impulso de todo centro de fuerzas es la única realidad. No autoconservacion, sino apropiación, querer hacerse dueño, querer ser mas, querer hacerse mas fuerte .

Como afirma Massimo Desiato, “Por esto Nietzsche escribe que todo gran hombre debe ser apoyado, sino, también y sobre todo, combatido” . Todo individuo desea nutrirse y crecer, para lo cual debe combatir a otros individuos, y vencerlos, porque de lo contrario, si perdiera, sería su contrario el que se nutriría. Así, los nuevos filósofos, los espíritus libres, son conscientes de que deben luchar con todas sus fuerzas activas, en esta historia de dominaciones, por tener un puesto de honor en la jerarquía. El espíritu libre no será otra cosa que la alternancia entre guerra y paz, una vez haya descubierto la inexistencia de la verdad última; esta inexistencia llevará al espíritu libre a la continua elección de máscara, de un yo particular; en definitiva, una continua guerra interior entre las diferentes fuerzas del cuerpo. Pero, análogamente, al igual que en su cuerpo se da una guerra entre las diferentes fuerzas, lo mismo sucede con la sociedad, y más en concreto con la comunidad a la que pertenecía; en pos de su verdad, debido a la inexistencia de la verdad última, el espíritu libre sufrirá guerras interiores en las que los roles particulares se intercambiaran y se sucederán, con lo que también se dará una alternancia en sus verdades; lógicamente, esta alternancia le llevará a cambiar de amigos y de enemigos continuamente, en base a la verdad del momento. El espíritu libre tendrá que luchar en tres frentes distintos: por un lado, tendrá que luchar contra sí mismo e intentar equilibrar sus fuerzas interiores para lograr momentos de paz interior. Por otro lado, tendrá que hacer frente a la sociedad que lo ha demonizado y no quiere aceptarlo sino es igualándose a los demás. Y para finalizar, también deberá luchar contra sus iguales, contra sus amigos que también serán sus enemigos, quizá. Esa es la vida que desea el loco, la vida que contempla una continua lucha por la dominación y la nutrición. Es la historia del todos contra todos:

Nosotros vivimos la época de los átomos, del caos atomístico. En la Edad Media las fuerzas hostiles fueron mas o menos regidas por la iglesia y en cierta medida fueron asimiladas las unas a las otras por la fuerte presión que ella ejercía. Cuando el vinculo se rompe y la presión disminuye, cada uno se dirige en contra del otro .

Nietzsche supo ver bien lo que sucedería en el futuro, quizá en el postmodernismo. Una vez disminuida la presión que ejercían las fuerzas reactivas después de la muerte de Dios, el hombre se ha quedado solo ante sus “iguales”. Unos, perdidos, sin rumbo, optaran por unirse en comunidades reactivas de carácter nihilista, mientras que los menos, los espíritus libres, desearan la soledad y la lucha, con la que intentarán dominar a los individuos reactivos y medir sus fuerzas en un reconocimiento reciproco con los demás solitarios, integrantes de la comunidad sin comunidad. Como señala Nietzsche, todo reconocimiento reciproco va unido a una lucha. La convivencia en la diversidad no es producto únicamente de las interacciones racionales comunicativas, sino que es necesaria una cierta combinación de violencia y consenso . Los nuevos filósofos, amigos y enemigos entre sí, están dotados de la voluntad de poder – dominada por las fuerzas activas interiores – que los empuja a una lucha entre iguales. La voluntad de poder no es un centro de energía que se despliega si se quiere o no, sino que necesita de las resistencias, de la rivalidad mutua. La voluntad de poder no es concebible sin contrastes, sin la lucha que empuja a todas las fuerzas a sobreponerse al otro . Una lucha que no tiene como fin la exterminación de las demás fuerzas, sino la dominación, la subyugación; y con la asimilación de las demás fuerzas, se da la consiguiente nutrición y crecimiento de la fuerza vencedora en busca de la superación .
Estos nuevos filósofos son los que deben llegar; los amigos a los que alude Nietzsche, esos amigos que tanto se parecen a él, esos amigos que inevitablemente son también enemigos; enemigos de la sociedad, enemigos de sí mismos, y como no, enemigos entre sí, quizá incluso de Nietzsche. Por lo que podríamos estar hablando tanto de una comunidad de amigos sin comunidad, como una comunidad de enemigos sin comunidad. Enemigos destinados a luchar contra sí mismos, entre sí, y más aun, contra la sociedad, para poder cambiar todo aquello que no les deja ser niños. Quieren vivir:

Vivir – eso significa para nosotros, transformar continuamente todo lo que somos en luz y en llama, también todo lo que nos hiere: no podemos actuar de otra manera… Este arte de la transfiguración es precisamente la filosofía .

Para finalizar, una vez analizada brevemente – quizá con los ojos de Derrida, aunque quizá no – la frase murmurada históricamente y volteada por Nietzsche, podríamos decir que esta resume en pocas palabras, en gran parte, el mensaje nietzscheano. No, quizá, como lo hace la frase de Ecce Homo “Dionisos contra el crucificado”, pero si creo que en sí engloba la crítica a la modernidad, la soledad junto a la amistad, la relación del espíritu libre con la sociedad, la transvaloracion, la crítica del lenguaje, la voluntad de poder, y para finalizar – y seguro que se me olvidan muchas cosas – la llegada de los nuevos filósofos que abran las puertas a la gran salud.

Es necesaria una justicia nueva. Un nuevo lema. Nuevos filósofos. La tierra moral también es redonda. La tierra moral también tiene sus antípodas. Las antípodas también tienen su razón de existir. Hay que descubrir otro mundo todavía, y más de uno. ¡A los barcos, filósofos!

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Nietzsche, un pensador póstumo. José Jara, p. 11.
Nietzsche. La experiencia dionisiaca del mundo. Diego Sánchez Meca, p. 11.
Nietzsche y las nuevas utopías. José Rafael Hernández Arias. Valdemar, p. 15.
Nietzsche y las nuevas utopías. J.R. Hernández Arias, p. 15. Citando la obra de Hans-Georg Gadamer, Die Lektion des Jahrhunderts, Heidelberg, p. 144.
Schopenhauer, Nietzsche, Freud. Thomas Mann. Alianza editorial, p. 130.
Nietzsche 100 años después. Cáp. 10. Nietzsche siguiendo a Derrida. Peretti y Vidarte. Colección filosofías, p.181.
Nietzsche 100 años después. Cáp. 10.Nietzsche siguiendo a Derrida. Peretti y Vidarte. Colección filosofías, p. 182.
Humano, demasiado humano. Friedrich Nietzsche, p. 226.
Políticas de la amistad. Jacques Derrida, p. 44.
Políticas de la amistad. Jacques Derrida, p. 25.
Humano, demasiado humano. Friedrich Nietzsche, p. 211.
Nietzsche, un pensador póstumo. José Jara, p. 95-96.
Nietzsche critico de la postmodernidad. Massimo Desiato, p. 123.
Nietzsche critico de la postmodernidad. Massimo Desiato, p. 130.
Ecce Homo. Friedrich Nietzsche, p. 162.
Políticas de la amistad. Jacques Derrida, p. 46.
Nietzsche. 100 años después. Joan B. Llinares, p. 190.
Nietzsche. 100 años después. Joan B. Llinares, p. 193.
Nietzsche. 100 años después. Joan B. Llinares, p. 194.
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Nietzsche. 100 años después. Joan B. Llinares, p. 197.
Políticas de la amistad. Jacques Derrida, p. 55.
Políticas de la amistad. Jacques Derrida, p. 61.
Políticas de la amistad. Jacques Derrida, p. 64.
Nietzsche. 100 años después. Joan B. Llinares, p. 191.
Mas allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche, p. 71.
Políticas de la amistad. Jacques Derrida, p. 77.
Políticas de la amistad. Jacques Derrida, p. 78-79.
Humano, demasiado humano. Friedrich Nietzsche, p. 226.
Nietzsche. 100 años después. Joan B. Llinares, p. 196.
Mas allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche, p. 219.
Ecce Homo. Friedrich Nietzsche, p. 172.
Mas allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche, p. 239.
Nietzsche critico de la postmodernidad. Massimo Desiato, p. 102.
Nietzsche. La experiencia dionisiaca del mundo. Diego Sánchez Meca, p. 224.
El sujeto y la mascara. Gianni Vattimo, p. 268.
En torno al superhombre. Diego Sánchez Meca, p. 165.
En torno al superhombre. Diego Sánchez Meca, p. 166.
Mas allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche, p. 134-135.
Nietzsche. 100 años después. Joan B. Llinares, p. 195.
Ecce Homo. Friedrich Nietzsche, p. 162.
Mas allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche, p. 70.
Mas allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche, p. 234.
El sujeto y la mascara. Gianni Vattimo, p. 266.
Nietzsche. La experiencia dionisiaca del mundo. Diego Sánchez Meca, p. 261.
Nietzsche critico de la postmodernidad. Massimo Desiato, p. 120.
Nietzsche critico de la postmodernidad. Massimo Desiato, p. 49.
El nihilismo. Diego Sánchez Meca, p. 262.
En torno al superhombre. Diego Sánchez Meca, p. 194.
Nietzsche. La experiencia dionisiaca del mundo. Diego Sánchez Meca, p. 123.
La gaya ciencia. Friedrich Nietzsche, prologo.
Nietzsche. 100 años después. Joan B. Llinares, p. 195.



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