ANTROPOSMODERNO
Trampas a la salud
Jorge Ballario jballario@coyspu.com.ar

En el mundo contemporáneo, desde la ideología economicista y desde la sacralización de un discurso científico reduccionista se impulsa a los individuos hacia los más diversos malestares. Se hace, por supuesto, tomando como punto de partida estructuras psicológicas previas, surgidas de las relaciones más primordiales que alberga cada persona, y enfatizadas por las asignaturas pendientes que se han ido gestando a lo largo de su vida.

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En el mundo contemporáneo, desde la ideología economicista y desde la sacralización de un discurso científico reduccionista se impulsa a los individuos hacia los más diversos malestares. Se hace, por supuesto, tomando como punto de partida estructuras psicológicas previas, surgidas de las relaciones más primordiales que alberga cada persona, y enfatizadas por las asignaturas pendientes que se han ido gestando a lo largo de su vida.

De niños, sufríamos una natural asimetría con el mundo adulto. Debido a eso fuimos muy susceptibles a la influencia de los seres primordiales que nos criaron y educaron. Ahora, ya mayores, aún nos mostramos dependientes, pero de la cultura. En contrapuntística analogía con lo que se da en el nivel del sujeto en torno a las demandas familiares, la ideología funciona como un conjunto de demandas encubiertas, que hoy en día ha llegado a niveles insospechados. En la ideología, el sistema encuentra una poderosa herramienta de control social, y la utiliza para convertir al hombre en parte de una masa manipulable.
La cultura, de modo abstracto y simbólico, tomó la posta en nuestro inconsciente, y pasó a representar a la autoridad adulta original. En ese sentido, la vorágine cultural y comercial de esta era de la exageración sobreexige a las personas y coloniza sus mentes, no sin antes estresarlas y agotar sus defensas. Por consiguiente, los afectados se vuelven proclives a la enfermedad o a otros males.

En paralelo, el exceso de racionalidad que producen el discurso tecno-científico, la lógica empresario-mercantil y el mundo —supuestamente “sin fallas”— de la informática fomentan rigidez en el pensamiento, que es otra fuente de malestar y de patología.
La salud humana no es una cuestión solo individual, sino que se halla muy vinculada al modo de vida. Y este, hoy más que nunca, se encuentra estrechamente vinculado con los intereses de las multinacionales. Existen numerosas evidencias que testimonian la relación entre el consumismo —sembrado por las empresas, que buscan vender, con la ayuda de los medios de comunicación masiva— y la epidemia de enfermedades y dolencias crónicas que hiere al mundo contemporáneo.

Las enfermedades autoinmunes, por ejemplo, constituyen una nefasta consecuencia de lo descripto. Los cuerpos de los afectados se mimetizan con semejante lógica. En este marco, las defensas, desorientadas, toman órganos o sistemas del afectado por su valor simbólico, los confunden con elementos extraños, y los atacan. Resumiendo: esas patologías expresan en forma metafórica la desorientación básica del sujeto actual. Por ende, muy bien podrían denominarse “enfermedades de la desorientación”.

Así, no existe ninguna dificultad para asociar este fenómeno con la forma en la que los medios de comunicación estimulan en los individuos el pensamiento liviano, fragmentado, superficial y des-espiritualizado. Semejante trampa mental no le permite al sujeto detectar las sutiles variables que suelen entrar en juego como desencadenantes de ciertas enfermedades. Los órganos de nuestro cuerpo se pueden lesionar si se los exige demasiado. Pero suele suceder que los peligros de enfermar se encuentren solapados, y que sea muy difícil distinguirlos: entre otras cosas, ello se da cuando la disfunción corporal es consecuencia de asuntos psicológicos que buscan expresarse. Estas afecciones —partiendo habitualmente de condiciones biológicas previas— toman a determinados órganos, o algunas de sus funciones, por su valor simbólico, y representan allí, en forma figurada, lo que el sujeto no pudo articular mediante palabras o pensamientos.

En este contexto, será competencia del psicoanálisis la tarea de resignificar los aspectos conflictivos de la trama infantil que puedan afectar a un sujeto. Mediante una psicoterapia dinámica y profunda —entre otros posibles recursos—, se tornaría posible, entonces, prever o revertir las consecuencias negativas del guión infantil, y orientar la vida del aquejado hacia un nuevo rumbo, que se aleje de la tragedia. Pero para ello se necesita, sin duda, una escucha atenta, y un enorme respeto por la singularidad de cada paciente. Y el mundo de hoy, que tiende a la masificación, no tiene tiempo para detener su marcha voraginosa hacia el consumismo, y se vale del deshumanizante discurso médico para realizar generalizaciones que llevan a desdeñar al individuo concreto.

Por otro lado, esta capacidad de resignificar las vivencias personales, para identificar el guion infantil y revertir el potencial rumbo trágico, no resulta privativa del método psicoanalítico. También, puede ocurrir que un ambiente sereno contribuya a este tipo de autoconocimiento, y a la apertura hacia la creatividad. El problema es que, nuevamente, la maquinaria ideológica que sustenta el modo de vida capitalista nos conduce a alejarnos de la subjetividad, en pos de una masificación que nos inmola en la ansiedad y en los conflictos. Tal confusión, que el hombre actual —azuzado por los poderes económicos que lo rodean— buscará sanar con el consumismo, nos impide alcanzar la trascendencia simbólica que tanto necesitamos.

Ante la dificultad para gestar un cambio cultural más saludable, la salida individual pasa por no dejarnos conducir por esa ideología asfixiante con la que los poderes de turno se aprovechan de nuestros bolsillos… ¡pero a costa de la destrucción de nuestras mentes! Debemos armonizar nuestro mundo mental, y de ese modo obtener más margen para la salud. Solo así podremos enfrentar airosamente los avatares de la vida actual, que tiende a desorientarnos y a alejarnos de nosotros mismos.

Ps. Jorge Ballario



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