EL TEXTO CINEMATOGRÁFICO EN LA DIDACTICA DE LA HISTORIA Y LA LENGUA.

Por Lic. Jorge Luis lanza - Msc. Pastor Omar Alfonso Pacio
lanzacom@yahoo.es
Publicado el: 21/06/06


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Desde su aparición en los albores del siglo XX el cine ha sido considerado una fuente de conocimiento histórico. Su valor en este sentido es hoy incuestionable, aunque muchos se empeñen en verlo solamente como un medio de entretenimiento y evasión, sobre todo en un mundo en el que el cine ha devenido una mercancía más de esa compleja maquinaria que es el mercado.



EL TEXTO CINEMATOGRÁFICO EN LA DIDACTICA DE LA HISTORIA Y LA LENGUA.

Por Lic. Jorge Luis lanza
Msc. Pastor Omar Alfonso Pacio

lanzacom@yahoo.es

“La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás, y lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será.”

Eduardo Galeano en la obra
“Las Venas abiertas de América”


Desde su aparición en los albores del siglo XX el cine ha sido considerado una fuente de conocimiento histórico. Su valor en este sentido es hoy incuestionable, aunque muchos se empeñen en verlo solamente como un medio de entretenimiento y evasión, sobre todo en un mundo en el que el cine ha devenido una mercancía más de esa compleja maquinaria que es el mercado. Profundizando en la medida de su evolución artística y tecnológica, también se ha consolidado como documento para recordar hechos memorables, ya sea de épocas remotas como del mundo contemporáneo, pues a través del poder de las imágenes y la posterior incorporación del sonido en 1930 se conoce la vida del hombre en una época determinada, desde sus conflictos hasta sus más preciadas conquistas; su valor como testimonio de una época en toda su plenitud es admirable, razón por la que el cine es utilizado cada día más en la didáctica de las ciencias sociales y en particular para la enseñanza de la Historia y la aplicación de la Lingüística, con todo el potencial que permite un valioso intercambio comunicativo.

No son pocos los docentes que en la actualidad recurren a este medio para hacerle llegar a sus alumnos los conocimientos históricos o de una lengua específica, usando formas mucho más dinámicas que la clase tradicional. Sin pensar que la tecnología pueda sustituir al profesor, sino que viene a ser un complemento del rol que desempeña quien enseña importantes disciplinas; he ahí la esencia de este trabajo que versa sobre el valor didáctico del cine en la enseñanza de la Historia y de la Lengua Española, a partir de la experiencia que se desarrolla entre los departamentos de Estudios Socioculturales y Español, como una forma amena de trabajo interdisciplinario.
Según los historiadores Ricardo Ibars Fernández e Idoya López Soriano el valor del cine para el conocimiento de la Historia depende de dos factores principales:

1. La capacidad del espectador para entender la película e interpretarla como una manifestación más de un momento histórico determinado así como su capacidad para seleccionar y distinguir los elementos del argumento de una película que realmente tiene valor histórico de aquellos que son solamente dramáticos y que sólo sirven a la narración.

2. El uso crítico que el historiador haga del cine como herramienta para enseñar Historia. Ese uso exige una capacidad crítica y de selección no sólo de los elementos históricos del argumento sino también de los restantes elementos que componen una película (guión, montaje, producción, etc.

Para ambos “la enseñanza de la Historia mediante el cine requiere unas habilidades críticas y selectivas por parte del docente de los contenidos de la película y también por parte del espectador para poder aprovechar ese aprendizaje.”

Por tanto, es necesario que nos detengamos a analizar estos dos aspectos para comprender la esencia del valor histórico del cine y su poder didáctico, en sus dos vertientes principales: cine de ficción y documental, aunque en la actualidad las fronteras entre ambos géneros tienden a borrarse, pues hay filmes donde se recurren a estos dos elementos de manera coherente y sin que se tergiverse la reconstrucción del hecho histórico.

Sucede que el cine, aunque no sea del género histórico propiamente, implica un visionaje e interpretación crítico tanto por parte del espectador que recepciona el texto cinematográfico como por el docente que imparte la disciplina, pues con el cine por sí solo es imposible el aprendizaje de la Historia, se requiere de la habilidad del profesor como una guía indispensable para el éxito de esta actividad, además de ciertos conocimientos históricos previos, sobre todo en el momento que vive el cine actual, donde la industria del cine suele utilizar la Historia al servicio del espectáculo como vía de maximizar los éxitos de taquilla; no olvidemos los tantos intereses económicos que se mueven en la esfera de la producción en esta Industria, fundamentalmente en Hollywood, en el que generalmente se recurren a mecanismos efectistas para garantizar el interés de un público mayoritario, ávido de entretenimiento facilista, quien generalmente no se detiene a pensar en cuestiones que vayan más allá del marco vivencial que caracteriza al espectáculo cinematográfico en sí, tales como aspectos relacionados con el pensamiento de una época, la ideología, la mentalidad y la sociedad con toda la complejidad que ésta encierra. Nadie puede aprender Historia sólo mediante una película. Alguien que lo hiciera así obtendría una visión distorsionada de la misma que no se ajusta a la realidad. Por esas razones y muchas otras, hay estudiantes que no son capaces de analizar por separado aquellos elementos de naturaleza histórica de aquellos que solamente pertenecen a la ficción y al aspecto dramático de la obra, inclinándose por el lado más lineal en cuanto a la interpretación, esfera que obliga a tener un cierto dominio de las mismas claves y códigos que utiliza el realizador del film para poder decodificar la dimensión histórica que subyace en el discurso cinematográfico. Expliquemos esto a través de varios ejemplos de la Historia del Cine: en un filme como El ciudadano Kane (1940), del destacado cineasta Orson Welles, el trasfondo histórico puede pasar inadvertido para aquel espectador que no tenga las herramientas necesarias que le permitan extraer la información histórica del resto de la estructura que compone el filme; pues aunque éste no responda al género histórico directamente, sí es capaz de narrar la vida del magnate de la prensa norteamericana William Randors Hearst a través de un personaje ficticio como Charles Foster Kane. Tanto éxito obtuvo la cinta que se ha convertido en un clásico de todos los tiempos, uno de los filmes que revolucionó el lenguaje cinematográfico de su época. Ahora, si nos preguntáramos por qué una película como ésta tuvo tanta aceptación por parte del público estadounidense, sencillamente porque constituye no sólo un testimonio de la sociedad de su época, sino también por la forma en que es trasmitido este conocimiento, de modo que cualquier persona de aquella época podía identificarse con las figuras representadas en la cinta, al fin de cuentas qué es el cine sino un reflejo de la vida humana en sus múltiples manifestaciones; he ahí donde radica su poder de influir como ningún otro medio en la compleja mentalidad del hombre.

Hay otros filmes que recrean el lado más espectacular de lo histórico, mostrando muchas veces una visión distorsionada del hecho en sí y del contexto histórico en que éste se enmarca, tales como: Gladiador (2000), de Rinley Scot; Troya, de Wolfgan Petersen; Alejandro, de Oliver Stone, y muchas de las famosas superproducciones estadounidenses de la década del cincuenta y sesenta, que aunque fueron filmes de gran vuelo artístico y que marcaron además un hito en la cinematografía de la época, sobre todo por la incorporación del technicolor y otras técnicas renovadoras en cuanto al lenguaje fílmico, hay que reconocer que su objetivo más bien estaba encaminado a garantizar el éxito de taquilla explotando generalmente el sentimiento religioso latente en la sociedad norteamericana en la etapa de postguerra, y es por eso que en esos años se filmaron tantas cintas al estilo de Ben Hurt, de William Wylar, Quo Vadis, de Mervin Le Roy, Los Diez Mandamientos, de Cecil B. de Mil, El Manto Sagrado, entre otros de reconocida calidad pero que indiscutiblemente mostraban un derroche tecnológico y de efectos especiales que sólo la podersosa industria de Hollywood podía costear.

Como se puede ver, el cine es capaz de plasmar las ansias, aspiraciones, deseos y características de una sociedad a lo largo del tiempo, pero su poder evocador no termina ahí, pues también es capaz de reflejar en sus temáticas y argumentos los avatares y cambios políticos que jalonan la historia de un determinado país, tal y como se muestra en el filme ruso El Acorazado Potenkim, de Ensestein, en su magistral escena de la escalinata de Odessa ¿Qué mejor obra para mostrar los cambios políticos de la Historia Contemporánea a principios del siglo XX? Sin embargo, una cinta como “La Vida es bella ¨ (1997), de Roberto Benigni, apela a la historia para realizar una denuncia sobre la crueldad que caracterizó al fascismo en la Segunda Guerra Mundial, precisamente en este sentido radica su mayor virtud; además de mezclar la tragedia con la comedia como pocos filmes en la Historia, homenaje a ese genio del celuloide que fue Charles Chaplin, quien dejó para la posteridad una lágrima y una sonrisa, pero más que todo una ventana abierta al pensamiento, algo a lo que ningún verdadero cineasta podrá renunciar si quiere tocar la esencia de la sensibilidad humana.
Con todas estas riquezas del celuloide el profesor, sistematizando secuencias bien definidas del quehacer humano, puede proyectar (con sentido ambivalente) para enriquecer y estimular el interés cognoscitivo, el debate, la investigación y en fin la creación; sobre una etapa, un período o una epopeya de cualquier lugar del mundo y con esta interacción podrá generar una práctica formativa de lo social, moral, artístico, lingüístico y cultural.
Hoy más que nunca es imprescindible rescatar un recurso audiovisual como el cine, tanto para la didáctica de la Historia como de las Lenguas, según la estudiosa de los mass- media Ana Jorge Alonso: “ Los audiovisuales hasta el momento solo ocupan un lugar marginal en el proceso educativo. No se plantea esta cuestión como un pacto con el diablo, sino como una forma de explotar las posibilidades reales que se ofrecen al profesional de la enseñanza.” 3

EL CINE CUBANO COMO FUENTE: SU VALOR DIDÁCTICO PARA LA HISTORIA Y LA LENGUA.
El cine cubano, tanto en su vertiente documental como de ficción ha sido una de las manifestaciones de nuestra cultura que más impacto ha tenido hasta el momento, tanto en el orden nacional como internacional. A lo largo de su historia no pocos son los filmes que han generado notables polémicas ya sea por su visión crítica de la sociedad cubana como por el tratamiento de determinados temas históricos, ejemplos tenemos de sobra en la Historia de nuestra cinematografía, tales como Memorias del Subdesarrollo, cinta realizada por Tomás Gutiérrez Alea en 1968 a partir de la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Edmundo Desnoes, donde la trama y el contexto histórico se imbrican de tal forma que es imposible separar ambos elementos, además de reconocer su valor documental, lo que permite tener un conocimiento profundo de los cambios, transformaciones sociales y contradicciones ocurridos en la Cuba de los años sesenta, pero desde un enfoque retrospectivo donde abundan las imágenes documentales que hacen alusión a la historia de la nación antes de la Revolución, e ahí donde radica el valor de esta cinta como fuente y documento histórico.
Otro ejemplo en este sentido lo tenemos en el filme La última Cena (1978), también de Alea, obra que reconstruye un hecho histórico ocurrido en Cuba en el siglo XVIII, pero el filme no se limita solamente a recrear todo ese ambiente hipócrita que caracterizó a la aristocracia esclavista de la época, sino también a mostrar las contradicciones existentes en el mismo seno de dicha sociedad. Sin embargo, el filme trasciende su marco histórico para tratar temas cuya dimensión antropólica es significativa, como la supuesta cristianización de los esclavos, manera de justificar a través de la religión la esclavitud, mal que ha padecido la humanidad por muchos años. Además de los citados, filmes como Lucía(1968), Un hombre de éxito, ambos de Humberto Solás, Clandestinos (1988), de Fernando Pérez, La bella de la Alhambra(1988), de Enrique Pineda Barnet, film basado en la obra homónima de Miguel Barnet, Cecilia Valdés y El Siglo de las luces, ambos también de Solás, Fresa y Chocolate, Madagascar, entre otros, que de una forma u otra tributan a la enseñanza de nuestra historia y también de la lengua materna o segunda lengua, pues el visionaje de estos filmes genera polémicas que de una forma u otra hacen posible que el estudiante perfeccione su dominio del idioma español, porque antes de ver cada filme, ya los especialistas le han orientado y entrenado para que observen detenidamente algunos pasajes, giros del idioma, actuaciones, símbolos o elementos ricos desde el punto de vista semiótico, acciones que son generadoras de riquísima interacción, producción oral, escrita y en fin notable creación.












Bibliografía utilizada

1. Colectivo de autores. Coordenadas del cine cubano. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001

2. Fornet, Ambrosio. Cine, Literatura y Sociedad. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982

3. García Borrero, Juan Antonio. La edad de la herejía: ensayos sobre el cine cubano, su crítica y su público. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2002

4. Alonso Jorge, Ana. El cine como fuente y recurso para el estudio de la historia contemporánea: su trabajo en el aula. Tomado de: http://www.ieev.uma.es/edutec97/edu97_c4/2-4-06.htm

5. Ibars Fernández, Ricardo, López Soriano, Idoya. Historia y cine. Tomado de http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=919

6. Colectivo de autores. Cuba y su historia. Editorial Félix Varela, La Habana, 2005

7. Alfonso Pacio, Pastor Omar. Tareas y desarrollo. Tomado de: http://www.monografias.com/trabajos17/tareas-y-desarrollo/tareas-y-desarrollo.shtml




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