En la búsqueda de una dimensión Antropológica de La nación-estado

Lic Mario García Cardoni
cardoni@lanet.com.ar
Publicado el: 070606


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En este trabajo nos proponemos reflexionar sobre el estado nación en la Argentina, con una perspectiva antropológica. Esta problemática, la venimos trabajando desde diferentes escenarios, se van integrando, en esto de comprender su sustancialidad y mitificación, a decir de Taussig. Para ello abordaremos en primer lugar algunas fases en su conformación histórica y social a los efectos de ayudarnos a conformar la identidad que rodea al Estado-Nación como mito en la Argentina.




En la búsqueda de una dimensión Antropológica de La nación-estado


Autor: Lic Mario García Cardoni
sociólogo UNcuyo Mendoza Argentina
E-mail: cardoni@lanet.com.ar


Abstract

En este trabajo nos proponemos reflexionar sobre el estado nación en la Argentina, con una perspectiva antropológica. Esta problemática, la venimos trabajando desde diferentes escenarios, se van integrando, en esto de comprender su sustancialidad y mitificación, a decir de Taussig. Para ello abordaremos en primer lugar algunas fases en su conformación histórica y social a los efectos de ayudarnos a conformar la identidad que rodea al Estado-Nación como mito en la Argentina. Pero también para comprender su importancia a la hora de integrar políticas públicas que profundicen sobre la inclusión de las identidades culturales que habitan esta tierra. Este espacio natural debe preservar la vida en todas sus formas, para mantener un equilibrio que hoy el planeta ve alterado y ya no resiste. Las conductas son la gran limitación humana. Nuestro territorio, avenido en nación y en tantas otras cosas, no es más que naturaleza que estamos comprometiendo día a día

INTRODUCCION

Nuestra propuesta de trabajo es reflexionar sobre el estado nación en la Argentina, desde una perspectiva antropológica. Esta problemática la venimos trabajando desde algún tiempo y de diferentes escenarios, que se van integrando en esto de comprender su sustancialidad y mitificación, a decir de Taussig. Para ello abordaremos en primer lugar algunas fases de su conformación histórica y social a los efectos de ayudarnos a conformar la identidad que rodea al mito del Estado-Nación Argentino. Pero también para comprender su importancia a la hora de integrar políticas públicas que profundicen sobre la inclusión de las identidades culturales que habitan esta tierra. Este espacio natural que el hombre viene a habitar conformando un espacio que debe preservar la vida de la naturaleza, para mantener un equilibrio que ya el planeta ve alterado y no resiste. Y esta es la gran limitación humana. Nuestro territorio, avenido en nación y en tantas otras cosas, no es más que naturaleza que estamos comprometiendo día a día Es también por esto, que nos interesa indagar en la identidad del estado y venimos trabajando en las políticas públicas desde la salud y también desde lo ambiental y lo ecológico, porque creemos que es una exigencia que los intelectuales de hoy debemos abordar ya que hay que preservar nuestro planeta y es por esto que el concepto de nación tuvo en su conformación primigenia una “concepción de naturaleza” que afectó tanto al habitante natural de estas tierras arrasado en sus culturas, como también con el hábitat y el mal uso de la tierra.

DESARROLLO

El modo en que se organizan las sociedades Modernas fue desde un principio a través de la figura del Estado. Lo cual nos lleva a reflexionar sobre la impronta que produce sobre tantos individuos que ven en esta figura la síntesis de la unidad, la que por otra parte se impuso a lo largo de las diferentes épocas transcurridas durante varios siglos. Aun hoy la fuerza de los estados sigue siendo el vector sobre el que se erige la acción de las sociedades. El estado como maquinaria reproductora de sujetos, ha sido un instrumento de dominación, sutil a veces, violento otras, pero podríamos decir que el estado sería algo sagrado, siguiendo a Taussig, sería algo así como una imagen construida desde la conciencia para fortalecer al ser social en su conformación de ciudadano que contribuye a reproducir formas prácticas de convivencia a partir tan sólo de una imagen que se fortalece mientras más alejada está, al igual que un mito

El Estado-Nación, instrumento Moderno consolidado por diferentes corrientes ideológicas a lo largo del siglo XX, por referirnos, por ejemplo a las tensiones generadas por la guerra fria,( tensión política e ideológica sostenida entre la URSS y EEUU por mas de 40 años) siempre presente en ambas corrientes, finalmente no supo direccionar los cambios que ambos sistemas ideológicos pergeñaron en sus orígenes, a saber, el comunismo y el capitalismo, hoy podemos decir, utópicos. Ya que desde ambas posiciones prevaleció el autoritarismo del estado, unos en manos de empresarios y tecnócratas, otros en manos del militarismo tecnológico. Ambos construyendo una imagen propia de Estado. Por otra parte, el desarrollo científico y tecnológico y el uso cada vez más intensivo del conocimiento en el proceso productivo generaron nuevas condiciones y desequilibrios. Este “conocimiento” y más específicamente el conocimiento de la información, hoy se lo denomina, el tercer factor, que rompería la dicotomía ideológica y generaría nuevas formas de relación al interior de la sociedad, afectando a toda la trama que compone la misma.

Las expectativas y problemáticas que presentan las comunidades culturales muy diversas en las circunstancias actuales, devienen de algunos datos históricos que ayudarán a comprender la realidad social.

Los grupos excluidos cultural y socialmente han dejado una huella de diversas índoles. Allá en el tiempo quedaron las comunidades indígenas que después de ser aniquiladas por el estado-nación del siglo XlX, buscaban descubrirse a sí mismas en los relatos de sus antepasados, ya que la historia construida por el huinca, estaba plagada de contrasentidos, así pasaron por ej. la literatura gauchesca entre otros, que solo dedicaron tiempo al gaucho y a su vez mostrándolo como rebelde por su naturaleza india de origen y mestizo. Hoy no sabemos el verdadero origen de nuestros hermanos huarpes, sólo podemos imaginar en la búsqueda arqueológica su verdadera cultura, puesto que los relatos están plagados de verdades a medias en donde la cultura huinca se entremezcla siempre, perdiendo así su identidad verdadera. Hoy el estado Nación trata de reconstruir un nuevo paradigma que logre encontrarnos finalmente, pero esta tarea tantas veces emprendida no logra superar su instancia primigenia, cuando más caduca en su intento. En el siglo XX muchos fueron los intentos por encontrar este camino. Siempre se antepuso el sistema económico y financiero para desplazar culturas ya no sólo del indio y del gaucho sino de clases sociales más amplias y no precisamente incluidas en una raza. Así podemos mencionar el proceso que nos tocó vivir a partir de los años ochenta, a partir de la dictadura última, donde el estancamiento económico conlleva una reestructuración económica iniciada en los noventa, que a poco andar fue generando efectos regresivos conocidos sobre la estructura de ingresos y la situación ocupacional en la Argentina. Al mismo tiempo el nuevo modelo económico emergente, traía aparejado una reducción de la intervención social del Estado en forma directa, haciéndolo en forma indirecta, a través de las privatizaciones y asumiendo compromisos con intereses extranjeros que condicionaron el sentido de lo público. De esta forma los sectores más comprometidos, las clases sociales más expuestas en el mercado laboral, (Clases medias) resultan las más afectadas.

Los grupos domésticos y las familias en tanto estructuras de relaciones que operan de manera privilegiada sobre la reproducción social en general y en particular sobre las del trabajo no han quedado al margen de los efectos creados por la crisis y la reestructuración.

Al respecto cabe suponer que la caída de los ingresos de los salarios reales y del empleo formal obligaron a los grupos domésticos de menores recursos a restablecer su tradicional función como agentes económicos directos en las relaciones de mercado, tanto como unidades de consumo, comunidades especializadas de producción, en función de su reproducción social. Se observa en los datos actuales de la composición de los nuevos trabajadores y de los desocupados así como la proliferación de negocios cuenta-propia de carácter familiar, trabajadores familiares y actividades informales, algunos indicadores de este proceso. Asimismo hay evidencias que demuestran que estas relaciones tienden a operar en muchos casos como fusibles frente a la tensión social generada por la calidad de vida. En este sentido las relaciones familiares cumplirían un rol fundamental como proceso de asimilación y socialización de los efectos sociales más retrógrados que ocasionan las políticas de ajustes

Problemas y desafíos actuales

La transformación del paradigma en los últimos años, en el nuevo proceso de modernización, produce en la Argentina un cambio estructural de la relación estado-sociedad. Esta transformación comienza con la dictadura y la desestructuración del anterior estado social, sigue durante los ochenta con un período de transición a la democracia y profundización de la crisis del estado de bienestar, y en los ’90 la “reforma” del sector público hace que el estado logre cierta eficiencia y que el nuevo modelo comience a consolidarse. Se produce la consolidación del régimen democrático liberal, mayor espacio de la sociedad civil, del pluralismo; se pasa al libre mercado, a los nuevos movimientos sociales y al individualismo competitivo.

El eje del cambio al nuevo patrón de relaciones estado sociedad puede sintetizarse de la siguiente forma: hay mayor determinación de lo económico sobre lo político, de lo transnacional sobre lo nacional y de lo individual sobre lo colectivo. Se produce el cambio del paradigma del capitalismo keynesiano, —en términos de arreglo estatal del conflicto capital-trabajo e influencias del Estado nación en la regulación general de la sociedad—, al capitalismo organizado, neoliberal, caracterizado por la extensión que alcanza la economía del libre mercado, donde el Estado ya no logra más éxito en el manejo autónomo de su economía, se desentiende y flexibiliza el conflicto capital-trabajo, y hay un fuerte desarrollo de la industria de servicios y separación del capitalismo financiero del industrial.

Así como en la década del 30 y 40 la crisis mundial, el surgimiento de nuevos actores o la redefinición de sus antiguos roles produjeron un cambio de articulación del Estado-sociedad, que dio lugar al Estado social, ahora también se manifiesta un nuevo cuadro constituido por grupos económicos, élites políticas y profesionalizadas, tecnocráticas, medios de comunicación, ONGs, consultoras, organismos internacionales de crédito, asesoramiento y financiamiento, nuevos movimientos sociales, etc. Se trata de una sociedad que se complejiza e incorpora otros actores no tan agregados ni politizados como los del anterior, donde crece una conciencia ambientalista y una regulación del Estado en este sentido, tal vez en el único plano en el que crece la regulación pública. A su vez, la emergencia de lo que se conoce como intereses o derechos difusos (medioambiente, género, consumidor, no discriminación, minorías étnicas, sexuales, etc.), plantean difíciles problemas de interpretación para el ideario liberal garantista clásico.

En este marco las reformas se orientan al achicamiento del Estado empresario, otorgar mayor capacidad de elección al usuario y a reducir los costos laborales e impositivos al mundo empresario. El Estado pierde protagonismo en la redistribución y regulación de bienes sociales a la vez que se modifican las relaciones de poder, declina el del sector trabajo y popular organizado y el de las ideologías sociales, y crece el vinculado al de información, el capital a los medios de comunicación y a lo transnacional. Desaparece el modelo de la sociedad de clases y aparece el vinculado al consumo individual.

El nuevo Estado no se caracteriza por una orientación al desarrollo y a la distribución, sino que refuerza su rol fiscal, de responsabilidad monetaria (asumir el costo financiero de la deuda externa, producir el saneamiento de empresas públicas para su privatización) de la reconversión y constituirse en garantes de equilibrios macroeconómicos.

En este nuevo proceso de cambio, el Estado y los grandes pilares de la sociedad de masas que habían dado lugar a movimientos políticos de incorporación declinan (la escuela, el sindicato, la burocracia, la empresa pública, la fábrica y el servicio militar). Si el Estado sobre todo en su etapa social, había engendrado todo un conjunto de organizaciones míticas de masas y prácticas uniformadoras, las que hicieron que la nación estado fuera una macro-organización en mayor grado de lo que antes había sido, ahora las políticas de regulación y privatización hacen que estas organizaciones reduzcan su influencia: los sindicatos, la burocracia, la educación pública, los partidos desvinculados de organizaciones de masas, y particularmente las fuerzas armadas (las que juegan un rol de seguridad en términos de prestación de servicios privados). El mito está afuera en lo foráneo, el capitalismo unificador, globalizador, es en definitiva el modo de vida unificador, las verdades son ahora “relativas” ya no existen, dejan lugar a una nueva maquinaria que entra en escena para combatir las reservas naturales, el medio ambiente y las culturas locales, otrora alguna vez, emancipado de los naturales habitantes de estas tierras, hoy vienen por sus nuevos ocupantes, producto de una nueva reconversión del Estado Nación.

La globalización no plantea contradicciones en términos similares a los del industrialismo sustitutivo, capital-trabajo, sectores rurales versus industriales urbanos y su consecuente polarización política, si bien el capitalismo liberal no está ya amenazado, los procesos de inserción a una nueva economía globalizada, producen fragmentación interna y quiebre de la integración.

La problemática en donde la integración se centra no es sobre la base del sistema productivo, sino, que es el encuentro de tres ejes en tensión: eficiencia-equidad, inclusión-exclusión, crecimiento-empleo.

La paradoja del nuevo modelo de acumulación es que buenos indicadores económicos no necesariamente indican buenos indicadores sociales. Aquí se muestra la escisión, el modelo no derrama sobre el empleo y el crecimiento de los grupos económicos predominantes, no tiene una correlación directa con la distribución y movilidad social ascendente, de amplios conjuntos.

La respuesta a la pérdida de integración social y a la problemática de la equidad no es sólo un problema de mayor asignación de recursos en el gasto social, sino también de una mayor eficacia en la asignación del mismo. Este es el eje en que se plantea actualmente la discusión. Esta falta de eficiencia es debida a la burocratización, apropiación clientelar de una clase política que entra en un estilo de vida y nivel de consumo diferenciado respecto de sus representados, y a fenómenos de corrupción en los distintos niveles gubernamentales.

Los problemas de asignación parecen hoy en día más graves que el de recortes porque un aumento en el presupuesto de salud o educación no significa necesariamente mejoras en los servicios. Aquí aparece el concepto de integración social vía eficacia. Se requiere de un Estado más eficiente en términos de adquirir mayor capacidad técnica, independencia, transparencia, lo cual tiene que ver con el mejoramiento de las formas de gestión de control como condición de la integración social.

Los problemas que surgen de este proceso de modernización veloz y cambio de relaciones estado-sociedad, muestran que los desafíos de los noventa cruzan no solamente la tensión clásica de la democracia, sino otra no menos significativa en América Latina, entre modernización y tradición, entre cambio y continuidad. El riesgo que estos problemas de pérdida de integración social, de representatividad e identidad presentan, es el de profundizar la modernización como ruptura, concebida exclusivamente como plena emancipación del mercado de constreñimiento políticos y sociales, como trasplante y copia. Una modernización que guarda paralelos con la de un siglo atrás donde se produjera el cambio también como drástico corte del pasado y también como imitación. La búsqueda de un arco de solidaridades con las naciones más desarrolladas aumentó los intercambios comerciales y el desarrollo económico pero también dio lugar a una concentración muy alta del poder económico, a un desarrollo independiente y conflictividades altas para estabilizar la democracia.

En conclusión las transformaciones producidas en el paradigma de las relaciones Estado sociedad lleva al desafío de asumir cambios inevitables tanto contra la adaptación como contra la resignación Se trata no sólo de mantener una perspectiva crítica sino también de ver las posibilidades liberadoras de lo nuevo. Esta es la situación que se plantea hoy en la sociedad actual.


El papel de las instituciones

El grado en que las fuerzas mundiales sobredeterminan el destino del Estado benefactor en un país no debe exagerarse. Una de las conclusiones más importantes de los estudios comparativos es que los mecanismos políticos e institucionales de representación de los diversos intereses y de formación de consensos políticos afectan enormemente el manejo de los objetivos asistenciales, de empleo y de crecimiento. Así como los distintos países varían mucho en cuanto a la fuerza relativa de sus sindicatos y asociaciones patronales, y en su grado de organización y centralización, así también varían en su capacidad para el manejo de los intereses en pugna.

Lo cierto es que los países con instituciones débiles carecen de la capacidad de negociar convenios obligatorios entre los intereses en pugna, como consecuencia de lo cual los objetivos conflictivos de bienestar social, empleo y eficiencia terminan dando lugar a trade-off de suma cero. Así, por ejemplo, es más probable que haya inflación de origen salarial en el marco de un sindicalismo fragmentado. De hecho, los sistemas débiles o fragmentados de negociación pueden perjudicar, en lugar de favorecer, la capacidad de una economía para adaptarse al cambio. De ahí que un sólido marco institucional pueda ser tan eficaz como la libertad de mercado para generar flexibilidad y eficiencia.

Las tendencias del mundo posindustrial en materia de empleo son asimismo potencialmente problemáticas. Por un lado, favorecen las ocupaciones profesionales y calificadas; por el otro, parecerían fomentar los trabajos precarios (aumenta el número de trabajadores temporarios, de personas que trabajan jornada parcial contra su voluntad, y de los autónomos o los que trabajan en su casa). La consecuencia puede ser una mayor polarización entre la fuerza laboral nuclear y la periférica (Comunidad Europea, 1993; OCDE, 1993). El “milagro del empleo” norteamericano generó un nivel comparativamente bajo de desempleo pero en cambio una proporción perturbadora de trabajos cuya paga es inferior a los niveles de pobreza. El deterioro tanto de los salarios como de los beneficios sociales en la década del ’80 se vio acompañado de un grado de pobreza y de pauperización sin precedentes. Esto, a su vez, puede poner en peligro el orden social y constituir una carga aun mayor para el Estado benefactor. También, se teme que los beneficios asistenciales no hagan otra cosa que subsidiar a las personas de bajos salarios. Como puntualiza Myles en su análisis de América del Norte, es precisamente por este problema que se ha renovado el interés en alguna forma de plan de ingresos básicos garantizados.

Los problemas “endógenos” del Estado benefactor derivan de la creciente discrepancia entre el diseño actual de los programas y las demandas sociales. Esto obedece en gran medida a que la estructura del Estado benefactor contemporáneo se vinculaba con un orden social que ya no es el prevaleciente. El marco de referencia de sus ideales de universalismo e igualdad era una clase obrera industrial relativamente homogénea. La mayor diferenciación de las ocupaciones y del ciclo vital que caracteriza a la sociedad “posindustrial” entraña necesidades y expectativas más heterogéneas. Además, a raíz de la mayor incertidumbre profesional, así como de la exigencia de una adaptación laboral más flexible, de los cambios en la estructura familiar y en el empleo femenino, los ciudadanos enfrentan riesgos más heterogéneos.

Desde comienzos de la década del ’70, pueden discernirse tres reacciones diferentes del Estado benefactor ante el cambio económico y social. Los países escandinavos siguieron, hasta hace poco, una estrategia de aumento del empleo en el sector público, impulsada por el Estado benefactor. Los países anglosajones (en particular Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Estados Unidos) se inclinaron por una política de desregulación de los salarios y del mercado laboral, combinada con un cierto deterioro del Estado benefactor; y las naciones del continente europeo (como Francia, Alemania o Italia) favorecieron una estrategia de disminución forzada de la oferta laboral. Las tres estrategias están íntimamente ligadas a la naturaleza del Estado benefactor en los países respectivos.


El Estado benefactor fue también una imagen construida hacia la sociedad, en una etapa de transformación económica que el capitalismo de los 50 vio posible ejecutar para resolver el problema del estancamiento. Hoy no debemos olvidar que el único motivo verosímil para promover la eficiencia económica es asegurar el bienestar. Las comunidades étnicas y socialmente excluidas, deben producir un cambio en la relación estado sociedad, solo en esta vía se podrá construir un camino que devuelva la identidad e igualdad, nunca hasta ahora conquistada preservando la naturaleza.

Conclusión

El desafío del Estado-Nación, consistirá en el futuro inmediato en reconstruir las Instituciones políticas y sociales, que recuperen la mística popular y aseguren mas allá de la técnica económica el porvenir de los excluidos, que hasta ahora han sido víctimas de la fragmentación producida a lo largo de la historia cuyo denominador común fue siempre la connivencia del sistema político y de los grupos hegemónicos.
Siguiendo a Taussig en su figura descriptiva del estado podemos decir que éste sería algo sagrado. Algo así como una imagen construida desde la conciencia para fortalecer al ser social en su conformación de ciudadano que contribuiría a reproducir formas prácticas de convivencia a partir tan solo de una imagen que se fortalece mientras más alejada está, al igual que un mito. Pero cabe preguntarse si esta idea se debe solo al producto de “red de relaciones” según lo expresado por Radcliffe Browm y el poder del estado no existiría y solo habría poder de individuos, reyes, ministros, etc. o tal vez esta red de relaciones fortalece individuos que ocasionalmente apelan a su santificación para fortalecer lazos de solidaridad que ocasionalmente rotos puedan “alterar el orden existente”.
A lo que apunta la noción de fetichismo del estado, (Marx) es a la existencia y realidad del poder político de esta ficción, existiría una poderosa insustancialidad.
En la Argentina el estado nación se construyó bajo los auspicios de la generación del 80, paradigma liberal oligárquico, en el S XlX. Muy comprometido con una “civilización“ que operaba desde afuera ejerciendo grados de coerción sobre nuestro territorio, alejando toda posibilidad de reconstruir, desde los espacios culturales autóctonos, una nación más auténtica. Las provincias surgidas en la conquista española, fueron en lo jurídico motivo de conflicto durante muchos años del siglos XlX, tratando de imponer criterios a la nación, hasta que se firmaron los pactos que dieron finalmente forma a la nación. De igual modo se impusieron las costumbres foráneas en los diferentes modos de producción locales, hacia el interior de la sociedad toda, sea en el Nordeste o en la Patagonia, hacia el Atlántico y a Los Andes. El exterminio del indio, posibilitó trasladar el problema, donde la nación logra imponer su identidad por la fuerza y comienza a construirse de manos de la generación mencionada, una nueva hegemonía. A decir de Abrams el estado sería una máscara que no permite ver la realidad política. O diríamos que permite deformar la realidad social.
Durkheim lo denominaba como mal sagrado (estado) “sagrado impuro”. Y Weber con la legitimidad, hacía confluir lo sagrado puro e impuro “el monopolio en el uso de la fuerza” “dentro de un territorio determinado”.La legitimidad.
El gran ausente son las propiedades culturales arcanas, míticas, desconcertantes y el poder de la violencia, al extremo de que esto se convierte en un fin en sí mismo (razón y violencia) la segunda disminuye a la primera transformándola en ideología, máscara.
La razón y la violencia crea al estado moderno. En lugar de decir los hechos sociales son cosas, como Durkheim, diríamos que son reificaciones, a lo Berger y Luckman.
La sociedad es una abstracción, igual que el tótem para los pueblos primitivos. Es sagrado y poderoso. Representa la gran y compleja abstracción que es la sociedad. Lo que resulta crucial es la predominancia del significante sobre el significado.
La imagen visual y táctil es crucial para Durkheim, la escritura era el símbolo de las culturas religiosa primitivas, eran para él las formas elementales de la vida religiosa, no el signo hablado. Y considera así que la representación del tótem, por medio de un diseño, es una respuesta a la necesidad básica de crear una imagen.
El impacto de la imagen del significante frente al significado es más poderosa. Así el tótem y sus representaciones lo son frente al tótem mismo.
Para Durkheim, la sociedad, hablaba a través de objetos, Instituciones, o más bien estaba inscripto en esos objetos sagrados. Eso era lo que los convertía en sagrados, en tanto que esta cosa curiosamente espiritual, la sociedad misma, se bloqueaba, se silenciaba, y el discurso rebotaba y volvía al grabado del objeto y a su sustancia. Eso era lo que los convertía en fetiches. Para terminar, decimos que el fetiche del estado, siguiendo a Taussig, perturba lo que se proclamaba a favor del fetiche. En este sentido se lo puede considerar como un agente de la desfetichización. Pero al hacerlo, desplaza el término tranquilizador “sociedad” y lo reemplaza por el de estado y su sexualidad, escribe con claridad y belleza la historia sin fin de su seductora proeza corporal y de su intercambio sensual entre cosa y espíritu, racionalidad y violencia en tanto inscriptas dentro de la ley misma. No sólo desfetichiza, sino que reencanta. Así se ha ganado la santidad. Ahora debiera la sociedad civil reencantarse a sí misma como mistificadora social, para lograr la verdadera equidad social y afianzar una sociedad sin desigualdades y privilegios sectoriales, solo así se alcanzará, finalmente, la verdadera libertad.



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