Lo local, subjetividad, fuerza y devenir

Alberto Florez
erlik3@yahoo.com.mx
Publicado el: 23/05/06


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Sobre lo local pocas cosas pueden ser dichas de manera original, pues, en el fondo nunca se logra asir la realidad que nombra o sobre su concepto nada es actual, desde este punto de vista comprendemos que no nos es posible plantear ?una definición? sobre el mismo de manera definitiva dado que su espacio aparece caracterizado por la complejidad y la movilidad de sus conceptualizaciones,


«Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
— ¿Pero cual es la piedra que sostiene el puente?— pregunta Kublai Jan.
—El puente no está sostenido por esta piedra o por aquella —responde Marco—, sino por la línea del arco que ellas forman.
Kublai Jan permanece silencioso, reflexionando. Después añade: — ¿por qué me hablas de piedras? Lo único que me importa es el arco.
Marco Polo responde: —sin piedras no hay arco.»
Italo Calvino**

Introducción

Sobre lo local pocas cosas pueden ser dichas de manera original, pues, en el fondo nunca se logra asir la realidad que nombra o sobre su concepto nada es actual, desde este punto de vista comprendemos que no nos es posible plantear “una definición” sobre el mismo de manera definitiva dado que su espacio aparece caracterizado por la complejidad y la movilidad de sus conceptualizaciones, delineando una trayectoria difícil de seguir, acentuando sus variaciones y discontinuidades dando la apariencia de ser un lugar fragmentado y difuso, pero que sin embargo, presenta disposiciones y procedimientos que se materializan en acciones concretas re-creando la realidad de quienes lo habitan. Esto implica necesariamente que, de alguna manera, nos planteemos el reto de “una mirada flexible” frente a lo local, capaz de poner en juego todo aquello que lo integra como un espacio social vital para el desarrollo de las comunidades que lo componen y en un sentido más general de la sociedad en su conjunto.

Si bien es verdad que, desde un primer punto de vista su espacio se presenta como algo difícil de definir debido a su complejidad y su movilidad tanto conceptual como en su materialidad, también es cierto que en otro sentido nos es posible constatar sus efectos sociales dado que se pueden verificar en las diferentes situaciones de la realidad de un espacio o territorio. De ello se desprende que lo local comprendería la conjugación de una serie de elementos que sólo bajo “una lógica relacional” podrían aproximarnos a su comprensión. Creemos que no basta contar con un territorio ó nombrar una serie de actores sociales tanto individuales como colectivos, ni mucho menos pretender que una serie de recursos canalizados a través de un conjunto de instituciones, sean capaces de propiciar por cuenta propia el desarrollo de una comunidad local. Pensamos que todos estos elementos son fundamentales y, de hecho, sería muy difícil que una comunidad logré resultados óptimos a nivel de lo social si le faltase tan solo uno de ellos. Al contrario, debemos comprender que únicamente en la capacidad de integración de cada uno de estos factores lo local cobra el sentido y el valor que tiene en el desarrollo comunitario.

Es por ello que es necesario frente a las necesidades y los retos que hoy se presentan en nuestra ciudad y sus comunidades en torno al desarrollo local, intentar comprender, aproximar, seguir las líneas conductoras que nos acerquen a su concepto: ¿Qué es lo local? ¿Cómo funciona? ¿Por qué es importante pensar el desarrollo desde lo local? Y si es lo local una alternativa para las comunidades entonces ¿Qué es lo que potencia, lo que integra y consolida éste espacio como lugar privilegiado del desarrollo comunitario?

Teniendo en cuenta la anterior observación, lo que intentaremos desarrollar en éste escrito es –a través de una apuesta teórica y práctica– primeramente, tratar de mostrar algunas de las relaciones que de una u otra manera dan sentido y son pertinentes en el quehacer de nuestro trabajo de formación y de integración-potenciación de las distintas expresiones sociales que hacen parte de lo local, a saber: las diferentes singularidades, las organizaciones comunitarias y las instituciones sociales presentes en su espacio y que requieren una comprensión que nos facilite dicha labor. En segundo lugar, trataremos de explicar el sentido de lo local, su naturaleza y su funcionamiento, para así poder desentrañar su identidad. En un tercero y un cuarto lugar se contará con la apertura de la cartografía como propuesta de composición de las relaciones que se dan en lo local, poniendo en conjunción tanto la posibilidad del desplazamiento físico a través de los recorridos como el devenir de las subjetividades a la par de la movilización del pensamiento y la apertura de la imaginación, configurando lo que comprendemos como una “actitud política” que se presenta como alternativa para visualizar “otras” relaciones que se dan en lo local. En quinto lugar, desde la perspectiva de lo que entendemos por lo local, es necesario visibilizar y enunciar algunos de los procesos en donde se han problematizado y resignificado percepciones, ideas e imaginarios dominantes o del sentido común, para así lograr proponer la construcción de “imágenes de mundo” en la diversidad y la diferencia. En sexto lugar, se quieren abordar las potencialidades de lo local desde el punto de vista de la integración de los diferentes aspectos que comprenden su concepto, implicando tanto el tejido social como la serie de agenciamientos sociales que permiten lo que entendemos como “desarrollo integral”. Finalmente, se plantea desde la comprensión de los “procesos de formación política” toda una movilización de pensamiento en donde éste se constituye como una de las fuerzas primordiales que posibilitan el desarrollo local, con lo cual se reivindica el papel de las comunidades, los procesos de autonomía, la ética, la estética y el ejercicio de lo político.

Lo local y el concepto de espacio

Para intentar comprender el concepto de lo local trataremos de establecer una serie de relaciones que nos acercaran al sentido de lo que queremos problematizar desde la perspectiva del desarrollo local, no sin antes decir que, eventualmente, en lo local se pueden presentar otras relaciones de las cuales no nos ocuparemos con el propósito de delimitar e intentar profundizar en aspectos centrales que creímos prioritarios para el ejercicio de nuestro trabajo desde la perspectiva propuesta. Comencemos por señalar que lo local implica, desde la perspectiva tanto espacial como social, tres relaciones o tres espacios de relación: espacio asociado, espacio co-relacional y espacio complementario, detengámonos un momento en estos tres puntos.

Lo local como espacio asociado se caracteriza por las multiplicidades que lo habitan, las cuales son inseparables de las relaciones heterogéneas a las que está ligado por regla de transformación y de devenir. Podemos decir que es un campo o espacio en el que intervienen muchos factores: relaciones como lo íntimo, lo privado, lo colectivo, lo público; actores que comprenden instituciones tanto comunitarias como del Estado pero también actores sociales que integran potencialidades poblacionales como lo son niños y niñas, los jóvenes, las mujeres, los adultos. Toda una serie de singularidades –tanto individuales como colectivas– que actúan como líneas de fuerza o de configuraciones de lo social, inherentes al espacio local como espacio en donde se dan las relaciones de sentido y de vida de una comunidad específica. Tal espacio se constituye como lugar de creación, de producción y de expresión de todos estos actores y de sus relaciones de sociabilidad, cooperación e interdependencia mutua que apunta a que dicho espacio asociado funcione como un «plano de inmanencia o de posibilidad» .

A su vez, lo local es un espacio de co-relaciones, que comprende agenciamientos, movilizaciones, tácticas y estrategias que necesariamente entran a conjugar a los sujetos (los actores sociales, los niños y las niñas, las formadoras, las mujeres, las familias, las comunidades) y a los objetos (espacios físicos, la calle, los parques, los equipamientos que ofrecen las instituciones y las organizaciones comunitarias) en un territorio específico a la luz de prácticas y acciones concretas que definen su especificidad (expresiones culturales propiamente locales, la manifestación de las relaciones de producción económica y la configuración política de una comunidad).

Todo ello permeado con ideas y conceptos que lo atraviesan de manera transversal (imágenes, imaginarios, tipologías y representaciones) que a su vez componen toda una variedad de identidades constituyentes de lo local. De tal suerte que lo local como espacio co-relacional contiene toda una serie de movimiento y de posicionamientos que son siempre variables y que configuran su naturaleza; pero que sin embargo, más allá de los sujetos, de las personas o de un Yo primordial del cual derivarían sus diferentes enunciaciones –lo local no podría ser un Alcalde, un Gerente Col, o un Ciudadano aunque ellos también hacen parte como actores de su realidad–, sucede al contrario, esas agitaciones emanan del propio espacio y es por eso que lo local es aquello que se enuncia en el espesor de un murmullo anónimo. ¿Qué es lo que lo local enuncia en ese murmullo sin comienzo ni final? ¿Qué es lo que se agita en ese movimiento?

Lo mismo habría que decir de las nociones y los conceptos a los que nos referimos cuando se le intenta denominar (lo próximo, lo localizable, lo barrial, etc.). Lo local tiene un discurso, un “objeto” discursivo que no consiste en un estado de cosas a las que se hace referencia, sino que, por el contrario, dichas nociones y conceptos derivan de lo que en su interior sucede. Por ello, lo local es un espacio de múltiples relaciones que posee un discurso en constante transformación que se define precisamente en las líneas de variación de las enunciaciones propias de su existencia. Como lo conciben los niños, por ejemplo, sus enunciaciones frente a la localidad son como sueños, cada uno tiene su objeto propio o se rodea de un mundo, una imagen de mundo y desde esta imagen enuncia la existencia de lo local a través de un discurso único e irrepetible,

“...que bueno es conocer otros lugares, me gusta conocer la localidad y otros lugares, así no sean de la localidad, como éste parque que es de Tunjuelito”, otros niños dicen, “yo ya conocía éste parque, pero nunca lo había visitado con compañeros de mi localidad y mucho menos como lo estamos haciendo, conociendo de otro modo...” (Narración de niños y niñas, localidad de Rafael Uribe Uribe)

Es por ello que esta ‘imagen mundo’ desde el punto de vista de quien la vive, posee conceptos y esquemas definidos, contiene formas discursivas de enunciación propias y, que a su vez, se entrecruzan con los demás sistemas heterogéneos de enunciación gracias a los cuales se actualiza y realiza su existencia: otras discursividades, otras enunciaciones, otros puntos de vista y otras maneras de ser. Hablamos de la multiplicidad y de la riqueza de lo local en sus enunciaciones, que poseen como característica que varían siempre en sí mismas y son, a su vez, variable con relación a todo aquello que entra en sus agenciamientos.

Hay sin embargo otro tipo de vínculo en el cual se desarrolla lo local, aquel en el que entra el espacio en relación de manera exterior como espacio complementario o de formación no discursiva. En este punto entran diferentes variables a conformar un lugar de encuentro entre las singularidades sociales y las formaciones institucionales tanto comunitarias como del Estado en acontecimientos políticos, en prácticas y procesos tanto económicos como culturales: aquí se hace presente toda una filosofía política de lo local, toda una movilización de procesos, todo un medio institucional sin el cual no podrían formarse los objetos que surgen en tales localizaciones del espacio ni los sujetos que influyen en su medio. El trabajo comunitario que produce cambios en la vida de una comunidad, las expresiones culturales que dan cuenta de la creatividad y la alegría de lo colectivo, las determinaciones políticas que apuntan a la mejora de las condiciones de las comunidades y los procesos económicos que denotan la productividad y las potencialidades de los diferentes sectores y gremios que componen una comunidad.

Al respecto es importante señalar que muchas de las acciones que se desarrollan en el ámbito de las diferentes localidades corresponden a los lazos que se han podido tejer entre las diferentes comunidades y las organizaciones de base, instituciones del Estado, gremios, sectores productivos y otros actores en respuesta a problemas concretos. Uno de los mayores ejemplos ha sido la movilización social en torno al hambre en la ciudad, así por ejemplo, en la localidad de Kennedy existe un trabajo de base que se cristalizó en la creación de Comedores Comunitarios que viene funcionando por más de dos décadas. En el contexto actual de la ciudad y la preocupación que desde el Estado se ha hecho prioritario evidenciándose desde programas como “Bogotá sin hambre”, estos comedores han emprendido un agenciamiento social que está configurando una “red de comedores” –que cuenta con más de treinta iniciativas comunitarias– la cual buscan entablar acciones de coordinación, cooperación y apoyo con los diferentes actores sociales para solucionar el problema del hambre presente en las comunidades de un conjunto de barrios bastante deprimidos de la localidad de Kennedy. Es aquí en donde es posible plantear todo un “medio institucional” que desde las comunidades, las organizaciones sociales y las instituciones del Estado teje relaciones en su territorio como espacio complementario buscando dar solución a una problemática que requiere de un tratamiento integral.

Es por eso que, podemos decir que muchas de las formaciones discursivas que de manera puntual se dan, son verdaderas prácticas y hacen referencia a situaciones reales, los habitantes y sus lenguajes, en lugar de un universal logos, son lenguajes mortales, localizados, singulares, capaces de promover y en ocasiones de expresar transformaciones. Ellas hacen referencia a las multiplicidades que habitan lo local, multiplicidades raras, con puntos singulares, con emplazamientos y regularidades que se conservan en sí mismas. Multiplicidades que comprenden toda una topología de las relaciones, pero que también contienen toda una serie de enunciaciones que podemos pensar que conservan un sentido como actividad constituyente, aglomerante e integrante de lo social. Cuando narramos la historia de uno de los barrios a través de sus formadoras, en sus búsquedas aparecen relatos como este,

“...cuando nosotros empezamos el barrio (Los Molinos), aquí no había agua, ni luz, no sé si ustedes recuerden las pilas de agua que eran muy populares por aquí, pues el acueducto ponía el agua en la tarde y, en las pilas, se hacían unas romerías de personas que necesitaban el preciado liquido. Como nosotras estábamos ubicadas en la parte alta, después de una o dos horas ya no había presión para los que vivíamos arriba y se formaban verdaderas peleas entre los vecinos; así duramos varios años, sufriendo por el servicio hasta que decidimos organizarnos y, en esa época, la única vía de acceso hacia Usme y todo ese sector de Santa Librada era por donde hoy pasa el Transmilenio, decidimos taponar la carretera y exigir el agua; esa fue la primera manifestación grande del sur de Bogotá y, allí estábamos nosotras, dando la pelea por nuestros derechos. La toma duró varios días y la policía venía y nos hostigaba, pero no cedimos y finalmente el acueducto tuvo que empezar a poner las redes del sector, a los ocho días de la toma ya el barrio tenía agua, como al mes, todas estas lomas ya tenían los servicios públicos”. (Relato de Madre Comunitaria, localidad Rafael Uribe Uribe)

Aquello que llamamos lo local visto desde la perspectiva de éstas relaciones –como espacio asociado, co-relacional y complementario– es muy diferente en contraste con una mirada de su devenir histórico desde el punto de vista mayoritario (una historia oficial y/o hegemónica), ya que desde la perspectiva de los acontecimientos y de las enunciaciones locales, éstas relaciones escapan tanto al reino de los sujetos como al imperio de la estructura, o mejor, éstas relaciones atraviesan tanto a las estructuras como a los sujetos, en tanto las estructuras funcionan de manera axiomática y funcional y los sujetos encarnan la cultura a través de sus hábitos, sus costumbres y sus creencias. Mientras que lo local se define por una multiplicidad de relaciones que atraviesan los niveles de la estructura y afectan la cultura, cruza un dominio de estructuras y de referentes culturales y hace que aparezcan enunciaciones y prácticas particulares con contenidos concretos en el tiempo y en el espacio. Como lo comprenden las formadoras, “lo local hace la historia”, pero una historia completamente diferente, una historia minoritaria .

De igual modo, lo local es de alguna manera aquello que permanece invisibilizado como en el caso de muchas expresiones que no gozan de un reconocimiento. Que están allí de manera imperceptible, siempre latente de manera dispersa en el espacio. Por eso es fácil pasar de largo o despreciar su existencia, ya que, generalmente, las voces locales hacen vibrar un discurso sin referencia, sin grandes nombres ni personajes, únicamente la masa anónima que fluye por su espacio, nuevamente el advenimiento de un murmullo anónimo que transcurre en su lugar. Entonces, aquello a lo que denominamos lo local constituye un espesor, una dimensión abstracta, un sueño en el que todo cambia constantemente, pero más allá de las determinaciones y de lo que de lo local se pueda decir, en su espacio todo es real y es allí en donde toda realidad se manifiesta, pero que aún para muchos es una tierra desconocida. Siempre hay momentos, lugares en donde los seres se distribuyen en un nuevo espacio y por ahí pasa su experiencia.

Lo local está lleno de alegría y de fiesta que se confunde con el esplendor y la estética de la poesía, rimada por descripciones que hablan de una nueva sensibilidad. Así por ejemplo, en la narración de una mujer habitante del barrio Policarpa y abuela de una de las niñas que participa en Nuevas Voces Ciudadanas; es una señora de edad y que se conserva muy bien; en sus ojos se lee una vida de muchas experiencias alegres y tristes; ella es una persona muy tranquila y sonríe mientras los niños la bombardean con preguntas a las que responde pausadamente,

“¡Son historias muy viejas y largas! Necesitamos más tiempo para dar cuenta de ellas, pero sólo les digo que son historias muy bonitas y que guardan la memoria de todos nosotros, los habitantes de este barrio...”. (Narrativa de habitante de la localidad Antonio Nariño)

La ciudad y sus diálogos, imágenes y sonidos que dan la apariencia de un cuadro de coloraturas llenas de luz y de oscuridades, entre el juego de la luz y de la sombra, del blanco al negro y todas las tonalidades de los grises, de los rojos y de los violetas hasta los amarillos vivos. Sonidos que se articulan en líneas de tiempo arrastradas por el viento conformando una musicalidad que estalla en el silencio: lo visible y lo enunciable que habita en lo local. Niños y niñas que enuncian su existencia desde su presencia, formadoras que a través de la reconstrucción de las historias barriales y locales re-significan su rol como maestras y la responsabilidad social de su trabajo, comunidades que participan del desarrollo de sus territorios.

La identidad de lo local

¿Qué es lo local? Partamos de definir ¿Qué no es lo local?

Lo local no es lo que un grupo o una clase puede decir, incluso, no es lo que la “sociedad civil” puede decir sobre su existencia, como cuando se dice ¡nosotros representamos a los pobres, a los desplazados, a los deprimidos, a las mujeres, a los jóvenes…! Constantemente se quiere representar a toda la sociedad en su conjunto, a todos los sujetos y grupalidades, pero siempre bajo un sustituto devaluado: la manía de representar, de ser representado, de hacerse representar y de tener representados y representantes es una manía fundada sobre la exclusión ¿Cual comunidad o colectividad quiere la representación de una clase, grupo o persona “superior” que compensaría según la necesidad y la existencia de una inferioridad orgánica de la misma colectividad en la toma de decisiones? ¿De dónde vienen todos esos sentimientos de inferioridad con los que se quiere relacionar el trabajo comunitario? ¿Por qué creer que en el trabajo con las comunidades se debe partir siempre de una “carencia” o una “falta” de iniciativa y autonomía que justificaría la “tutela” o la “dirección” por parte de otras estancias superiores? Al contrario, el desarrollo de una comunidad y su potencial, tanto político, cultural y económico, dependen hoy día de la capacidad de trabajar en sentido del beneficio común, ello implica que las comunidades que habitan lo local deben superar las “estancias representativas” para participar efectivamente en la reflexión y transformación de sus problemáticas más sentidas. El poder compartir tanto la información, el acceder y producir comunicación y participar de la cooperación y producción, mejora las relaciones sociales al interior de las comunidades e impulsa a éstas a generar procesos de autonomía y sostenibilidad reales.

Desde esta perspectiva, en ningún momento lo local puede ser una “representación” pues siempre hace referencia a lo localizable, a lo que hace presencia pero que, una vez realizado, desaparece, pierde toda actualidad, ya que lo local siempre se dirige a las relaciones que lo materializan en lo social, es por eso que la noción de “representación” desde la perspectiva de lo local, de una manera u otra enrarece y pone barreras al concepto de participación ¿Cómo participar de lo local sin estar presente, sin hacer parte de él? Es más, si se validara que se pudiera “representar” toda expresión social, aquellos que no gozan de representación no harían parte de lo local, por el contrario, nosotros creemos que lo local no se funda sobre la exclusión (cuando se ha trabajado por las reivindicaciones de un grupo, un gremio o una clase, es necesario emprender un nuevo agenciamiento para aquellos que no hacen parte de esas formaciones sociales. Un ejemplo recurrente es el de la juventud, cuando los diferentes jóvenes que hacen parte de los concejos de juventud participan en los distintos espacios que el Estado propicia, en dichos espacios generalmente se habla de los jóvenes de manera genérica, pero aquellos que no hacen parte, no conocen o no comparten éstos espacios e idearios sufren una doble exclusión: por una parte de aquellos que quieren hablar en nombre de los que están ausentes; por otra parte, de la ausencia de “otros espacios” que realmente convoquen a los jóvenes que seguramente nunca pasarán por dichas estancias institucionales.)

Lo local tampoco puede ser un atributo ó una serie de valores en curso a conquistar, es decir, algo a lo que algunos pueden acceder por apropiación o propiedad (dinero, honor, poder, reconocimiento), todo eso constituye lo sintomático de la política hoy: el conformismo y el desconocimiento de lo local como posibilidad de creación. Planteamiento que, además de polarizar las diferentes singularidades por la lucha de hacerse atribuir los valores en curso, conlleva a caer finalmente en el “agujero negro” de la individualidad y del egoísmo perdiendo toda perspectiva de lo colectivo. Lo local obedece más a una manera de ser y de actuar (un ethos), disposiciones, estrategias y funcionamientos que se actualizan en el ejercicio, como el efecto de conjunto de las posiciones y las estrategias de un grupo que lucha por un interés común. Ello no desmiente que su espacio está compuesto de grupos y de clases, de gremios y de asociaciones, pero que sin embargo, en sí mismas, ninguna de estas agrupaciones lo define.

Creemos que lo local se relaciona más con ejercicio del poder. Siguiendo el trabajo de Michel Foucault en su texto “Vigilar y Castigar”, encontramos unas páginas esclarecedoras en relación al problema del poder, según Foucault, el poder carece de homogeneidad, pero también, que el poder se define por las singularidades, los puntos singulares por los que pasa . Es más un efecto de conjunto, resultante de una multiplicidad de engranajes y de núcleos que se sitúan a un nivel completamente distinto, no localizables. Pero que, sin embargo, actúan como uniones, prolongaciones, potenciaciones y que hacen que diferentes acciones converjan en un fin, una idea, un propósito. Toda una topología de las relaciones que no asigna un lugar privilegiado como origen del poder, que ya no puede aceptar una localización puntual. Se señalará que lo local en relación con el poder tiene dos sentidos muy diferentes: «…el poder es local puesto que nunca es global, pero no es local o localizable puesto que es difuso.» De allí que se define más por las relaciones y las acciones que lo actualizan en el acontecimiento concreto más allá de un discurso o una idea.

Al respecto, se puede señalar que el papel de los diferentes comedores comunitarios de base, tanto en Rafael Uribe Uribe, en Ciudad Bolívar o como en Kennedy, constituyen verdaderos agenciamientos sociales que han surgido de las necesidades y propósitos colectivos intentando llegar a lugares estratégicos y desplegando su accionar allí en donde se localizan las problemáticas y en donde es prioritario actuar. Por eso creemos que lo local comprende unos ejercicios y unas prácticas de poder de las comunidades que hay que mantener vivas, que hay que potenciar y consolidar como un ethos, una tarea –tanto individual como colectiva– y un actuar frente a las situaciones, frente a los problemas, frente al espacio, frente a la vida.

Si consideramos que lo local hace referencia a unas relaciones –como espacio asociado, co-relacional y complementario–, entonces su espacio no estaría en posición de exterioridad frente a otras relaciones, sino que está allí presente, donde desempeñaría un papel directamente productor ya que posee como característica que lo local es inmanente y que actúa allí en donde se le necesita, o puede surgir en donde se le pone en marcha. Lo local es una práctica o un conjunto de prácticas concretas. En referencia a las relaciones de fuerza, está allí, en una asociación de vecinos, de amigos, de jóvenes, de niños, puede surgir siempre y cuando haya singularidades, incluso si son minoritarias, pero que siempre están dispuestas a construir y transformar la realidad. Entonces, si su existencia hace referencia a una relación de fuerzas que busca suscitar, potenciar, empezar, agenciar, gestionar, concertar, impulsar... en tal caso lo local es esencialmente creativo, creación de la cual se desprende todo su potencial para producir realidad.

La cartografía social, una forma más de indagar por las identidades locales

Todo aquello que se localiza en el espectro de lo material e inmaterial y que a su vez se encuentra determinando la dinámica de los sistemas de acciones y objetos, dibuja, como un cometa fugaz, una estela en el espacio. Estos trazos, cuyo rastro contiene la propiedad de toda la gama de referentes de identidades que permiten movilizar fuerzas sociales y agenciamientos, constantemente develan cartografías.

Si bien estos mapas permiten observar en sus lenguajes particulares, todo aquello susceptible de ser cartografiado, espacializado, como por ejemplo la particularidad de las acciones en las cuales se moviliza un niño o niña, los sentidos en que se les presenta la realidad, los objetos que configuran tal realidad, los símbolos que apropian y que les son impuestos, los códigos que les facilita acceder a una comunicación diferente y particular, las señales que se inscriben en su corporalidad, los lenguajes de los que participan y a los que son invitados y los imaginarios que son adquiridos al despertar a la vida cotidiana. Todo ello constituye cartografías que se convierten en una herramienta más para indagar en lo que atañe a las formas de apropiación, percepción y representaciones del espacio, de los lugares y los territorios.

En las cartografías locales convergen materias no formadas, no organizadas (fuerzas sociales, jóvenes, adultos, adultos mayores, formadoras, madres comunitarias, organizaciones comunitarias) y funciones no formalizadas, no finalizadas (agenciamientos colectivos, trabajo comunitario, trabajo cultural, movilizaciones en torno a problemas concretos: el hambre, la educación, el empleo, etc.). Es más, podría decirse que en muchas ocasiones las cartografías locales actúan bajo un funcionamiento libre de cualquier obstáculo o racionamiento y al que no hay que otorgar ningún uso específico. Decíamos que lo local era como un plano de posibilidad, un plano de inmanencia, en el cual se podían trazar y diagramar la actualidad de las fuerzas que lo componen. Como cuando se construye un mapa, una cartografía coextensiva a un campo social específico en donde se inscriben sus coordenadas geográficas, pero también la movilidad de sus flujos (de dinero, de personas, de deseos, etc.). Como sucedió en Chapinero en donde se desarrolló todo un trabajo cartográfico que permitió a los diferentes servidores públicos plasmar en un mapa, de manera subjetiva, su imagen de localidad. Que al contrastar con las demás imágenes de sus compañeros surge el acontecimiento decisivo a manera de una superposición de mapas, miradas y puntos de vista frente a la localidad. Superposición de miradas y puntos de vista que permitió reconocer la incidencia, las potencialidades y los vacíos del trabajo que se realizaba desde el Col como Institución del DABS.

Lo local actúa como una Maquina Abstracta, que se define por materias y funciones no formadas, no finalizadas. Se constituye como una multiplicidad espacio-temporal profundamente inestable que no cesa de mezclar materias y funciones (sujetos y agenciamientos) a fin de constituir transformaciones al nivel de lo social. Cuando decimos que lo local actúa como una maquina abstracta nos referimos a su carácter hasta cierto punto virtual, no localizable, difuso, pero que sin embargo siempre tiende hacia lo concreto, que sus efectos son reales, y que cuanto más abstracta es su imagen, más reales son sus efectos. De la misma manera, lo local teje algo así como una red flexible y transversal, perpendicular a las estructuras verticales, en donde se definen prácticas, métodos y estrategias conformando un mapa de intensidades que como plano de posibilidad produce los agenciamientos concretos que efectúan las relaciones de poder en el propio tejido social. Entonces, las organizaciones de base: las madres comunitarias de Bosa, de Rafael Uribe Uribe y de Ciudad Bolívar; la gente que hace parte de los comedores comunitarios en Kennedy, en Ciudad Bolívar, Chapinero y Rafael Uribe Uribe; las personas que hacen parte de las diferentes agrupaciones culturales que proliferan por toda la ciudad; los agenciamientos de los niños y de las niñas. Surgen de los lazos afectivos y de las iniciativas autónomas que –no en pocas ocasiones actúan a contrasentido de los poderes establecidos y de los valores en curso– van tomando cuerpo en la transformación del propio tejido social. Es así como podemos encontrar y contar con todas estas diferentes expresiones a lo largo y ancho de nuestra ciudad y que, a pesar de no estar comunicadas unas con otras, conservan una coherencia interna que las conecta y las hace cercanas.

En las cartografías que se construyen de las localidades, esos movimientos se constituyen en agenciamientos expresivos que dan cuenta de las intensidades, afectos y efectos que se producen tanto en los cuerpos como en las subjetividades de quienes participan. Sus conver-gencias, sus rupturas y las creaciones nuevas se presentan como posibilidades viables. En muchos casos, a través de los procesos de formación, se logran superar esas miradas de “pobreza” y “vulnerabilidad” que se instauran en los imaginarios y maneras de pensar de los diferentes habitantes como “naturales”, como condiciones dadas que ya no tienen posibilidad de cambio. Así sucedió en Santafé-Candelaria, Ciudad Bolívar, Usme o Chapinero, que a través de cartografías, maquetas, performances, recorridos, observaciones y conversaciones, se confrontó esa imagen presente en sus habitantes que, por el hecho de estar ubicados en localidades con una geografía difícil, desde la perspectiva de su clima y su paisaje geográfico, no se sentían parte de la ciudad. Imagen que se logra “transformar” en los talleres de formación a partir de los lenguajes de expresión artística y de los ejercicios cartográficos, con lo cual se llega a un proceso de reconocimiento, apropiación y resignificación de la relación que se establece entre los habitantes y el espacio.

Al hacer el mapa de esas intensidades sociales que funcionan como plano de posibilidad se inscriben tanto sueños como deseos y propuestas de vida que se conectan en relación con otros sueños y deseos, mirando así ¿Con qué pueden funcionar?, ¿Cómo pueden devenir desde el juego, desde el trabajo y desde la colaboración? Desde este punto, Cartografiar implica hacer un mapa de las multiplicidades: líneas, estratos y segmentaridades que nos componen (reglas, hábitos, creencias, problemas, autoridades y rutinas). Pero también líneas de fuga, de intensidades, deseos y sueños que actúan como alternativas de vida (gustos, afinidades, talentos, etc.). Valiéndonos de la escritura, la literatura, la pintura, la poesía, los recursos plásticos, la toma e instalación de performances lúdicos-expresivos, pero también haciendo uso de recursos que tienen que ver con la imagen, la fotografía y el video .

En lo local cualquier punto de expresión puede ser conectado con cualquier otro, y debe serlo, a lo cual se atribuye el carácter colectivo del trabajo afectivo que subyace en su espacio (incluso todo trabajo individual es un trabajo pensado y elaborado para otros en donde ponemos toda nuestra energía y empeño en correlación con unas necesidades y unas expectativas que nos desbordan como individuos aislados y nos conectan con lo social). Por otra parte, cualquier contenido expresivo, así se enuncie a manera de producto estético, pensamiento o lenguaje, posee una praxis, en donde se conectan eslabones semánticos, semióticos, con artes, ciencias y determinaciones que producen efectos en el campo social. Es por ello que las cartografías de lo local no son solamente puntos y posiciones, sino relaciones afectivas y emocionales, como bien lo dicen los niños al establecer una serie de relaciones espaciales en uno de los recorridos por la localidad de Rafael Uribe Uribe,

“...yo no conocía este barrio..., este camino es nuevo para mí..., yo me sé otro camino..., éste lugar es peligroso..., aquí no pasa nada..., un amigo vive allí...”. (Niños y niñas de la localidad de Rafael Uribe Uribe)

También allí se dan relaciones de expresión y resignificación que crean nuevos sentidos en torno a conceptos y percepciones dominantes (por ejemplo hábitos y creencias), ello nos permite descodificarnos frente a eventos que considerábamos naturales, para dotarlos de sentido desde la apropiación y el reconocimiento de aquello que permanecía oculto a nuestros ojos y a nuestras maneras de entender la vida. Ejemplo de ello puede ser el valor de los espacios como lugares afectivos, una revalorización de nuestros entornos naturales, pero también sociales ya no desde un discurso, sino desde las prácticas de la vida cotidiana, desde las formas que damos a esos espacios y lugares, las formas de territorializarlos, incluso, la valoración de nuestro cuerpo como territorio expresivo, ético y estético. De alguna manera experimentar una desterritorialización de los códigos que nos constituyen para una nueva reterritorialización desde códigos nuevos a partir de una circulación de intensidades que impulsan las nuevas territorialidades cada vez más lejos. Conectarse desde lo más próximo para devenir mundo: el cuarto, la casa, la calle, el barrio, la localidad, la ciudad. Cada niño y niña, formadora, todo miembro de cada familia y cada habitante hace parte de un mundo nuevo por explorar que es, a su vez, único y universal.

Lo local y el lenguaje

Lo local es inseparable de un espacio de rareza –una tercera zona, o bien una frontera indómita– desde el punto de vista de su enunciación, el cual se distribuye según un principio de parsimonia o incluso de déficit, ya que en lo local no existe lo posible ni lo virtual, en su espacio todo es real, y es allí donde toda realidad se manifiesta, sólo cuenta lo que en su lugar se enuncia o se formula, ahí, en tales momentos, tales lagunas y vacíos. Dando el aspecto de ser un lugar en forma inasible y fragmentado como el espacio del juego.

Su espacio actúa como medio, siempre compuesto de cualidades, de sustancias, de recorridos, de fuerzas y acontecimientos. Por ejemplo, la calle y sus materiales, el asfalto o los ladrillos de las casas, sus ruidos como las voces de los vendedores o los transeúntes, los animales como los perros vagabundos o las “zorras” que son tiradas por los caballos; las calles y sus dramas, los indigentes, los ancianos y los niños que trabajan vendiendo en las vías, las calles destapadas, las basuras que pululan... El trayecto no sólo se confunde con la subjetividad de quienes recorren el medio urbano, sino con la subjetividad del medio en sí en tanto éste se refleja en quienes lo recorren. El mapa local expresa la identidad del itinerario y de lo recorrido. Se funde con éste cuando lo local es movimiento. No existe un solo momento en que los niños y las niñas no estén ya inmersos en un medio actual que recorren, en el que los trayectos abren y cierran caminos, nos conducen a umbrales y pasajes, conectadores y desconectadores de zonas, de territorios. El viaje de los niños y las niñas es poblado por la imaginación, su subjetividad no es solamente de trayectoria, pues recorren las localidades, sino histórico-mundial: constituye una imagen de mundo, una imagen del pensamiento en donde se expresan las marcas de nuestra época. Imágenes que se viven políticamente, con toda la fuerza de sus deseos. Un viaje real posee la fuerza para reflejarse en la imaginación, y el viaje imaginario, igualmente, puede experimentarse en lo real, por eso, lo imaginario y lo real son dos partes que se yuxtaponen o se superponen en una misma trayectoria, de caras que se intercambian incesantemente y que componen juntos un entramado de recorridos.

Por ello nuestros mapas se superponen de modo tal que cada recorrido es una ampliación o un retoque de otro, de un mapa a otro, de igual forma, no es la búsqueda de un origen o punto de partida, sino la evaluación de los desplazamientos. Cada mapa es una distribución de caminos y de calles con salidas múltiples, de límites, de sendas, de bordes, de nodos, de umbrales y límites que van necesariamente de un punto a otro, de arriba abajo y viceversa. En donde no es únicamente una inversión del sentido, sino un cambio de naturaleza: el mapa ya no sólo tiene que ver con personas y objetos, sino con trayectos y devenires. El paso de los niños por el espesor de lo local, del propio suelo de los diferentes barrios, donde la forma estética ya no se confunde con una conmemoración de una partida o de una llegada, sino con la creación de caminos sin memoria, ya que en el recorrido, toda la memoria del mundo está suspendida en los materiales que componen el espacio. Una memoria acallada por el tiempo y los vientos, que habla desde la arquitectura, desde los zócalos, los andenes, las ventanas, las fachadas.

En Suba, por ejemplo, nacieron personajes con historias, los niños quieren ponerlos en escena; así los personajes de este lugar decidieron salir a buscar los espacios que les ofrecen la localidad y la ciudad. Para ello, la excusa es el cumpleaños de Bogotá y los cincuenta años de la adición de Suba a la ciudad. Con la imaginación abrieron las puertas para que traspasáramos los límites de la ciudad y descubriéramos que cuando “la Bogotá esta de fiesta...” aparece un menú de posibilidades. Con el recorrido por la historia de Suba encontramos su lugar de origen como pueblo, Suba es todo un personaje: “sus antiguas haciendas, sus espacios verdes, los barrios con sus historias regadas conforman su cuerpo; la carrera 90 como vía principal y sus calles son parte de sus arterias vitales; la plaza principal representa su corazón; el parque de los nevados simboliza su cabeza; el Rincón de Suba representa sus pies que limitan con el río Juan Amarillo.” Desde la mirada de los niños y las niñas, Suba es concebido como todo “un personaje lleno de vida y de historia”. (La localidad de Suba imaginada como personaje, tomado de los niños y las niñas de Suba)

Como todo mapa, si bien, remite al espacio real, también es un mapa intensivo, de imaginación, de devenir, capaz de cartografiar las constelaciones afectivas que lo determinan. La imagen de lo local es trayecto y devenir, en donde el devenir sustenta el trayecto y el recorrido a lo largo de las localidades, o bien, la visita a los diferentes barrios y lugares, pueden ser trayectos habituales, pero no inocentes paseos. Ahora se comprende por qué lo imaginario y lo real están interrelacionados: un recorrido no es tan imaginario, como un trayecto no es tan real, el devenir es lo que convierte el trayecto más mínimo, o incluso una movilidad sin desplazamiento en un viaje y el trayecto es lo que convierte lo imaginario en un devenir. Los dos mapas, el de los trayectos y el de los afectos e imaginación, remiten el uno al otro. Es como si unos caminos virtuales se plegaran a unos caminos reales, que reciben así nuevos trazados, nuevas trayectorias. Un mapa de virtualidades trazado por el arte de los niños y las niñas, que se superpone al mapa real cuyos recorridos transforma. En Suba y San Cristóbal el espacio del juego que han venido construyendo los niños y las niñas de la localidad, es nombrado como “territorio”, un espacio semantizado, un espacio de significación y representación, el lugar donde los personajes moran simbólicamente.

Cuando un niño en San Cristóbal a través de los recorridos deviene «Pa», un personaje que “es de piedra y que habita en el agua”, su medio es la localidad que, para él, es como “un océano” en donde se deja arrastrar por sus corrientes. «Cadenor» es otro niño, “personaje de la oscuridad que tiene el poder de traer el infierno al mundo exterior, lleva en sus manos un escudo gigante y en la otra fuego.” Cuando Cadenor emerge en la localidad se apodera de él una fuerza activa y sus poderes son invertidos, ya no en destrucción, sino en “la consecución de recursos y comida para los habitantes más necesitados”, sin embargo, “sus poderes son debilitados por la luz solar” y por ello se sumerge nuevamente en la oscuridad en donde se debate entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. (Personajes de los niños Suba y San Cristóbal)

Luz y sombra: lo visible y lo enunciable, lo invisible y lo indecible

En la imagen se recrea un contenido, el contenido posee una forma y una sustancia, por ejemplo: lo local y sus habitantes, los niños y las niñas, las formadoras, las familias. Igualmente, la imagen recrea una expresión, la cual también tiene una forma y una sustancia: la infancia y lo que piensan los niños en tanto son objeto de enunciados sobre su mundo, las familias y sus historias en el juego de la memoria. Cada formación histórica que se da en nuestra ciudad implica una distribución de lo que se puede ver y de lo que se puede decir en ella y de ella, pero, de una localidad a otra existen variaciones puesto que las visibilidades cambian y las enunciaciones también. Localidades de “emergencia”, “comerciales”, “culturales”, con “zonas industriales”, con “zonas de tolerancia”, con sectores catalogados de “peligrosos” por estar habitados por “la delincuencia”. Maneras de decir y maneras de ver, discursividades y evidencias en su paisaje social, pero también en su paisaje físico. Los niños y las niñas sienten pasión por la imagen, aquella está compuesta por luz y sombra, lo que se ve y lo que no se ve, pero también por aquello que se dice y lo que no se dice, hacen un ejercicio de profunda sensibilidad a través de la mirada y la palabra, los ojos y la voz.

Es tal vez “el saber” que se pone en juego a través de las imágenes (fotografía y video, pero también la literatura y la construcción de personajes a través de los juegos teatrales); cuando se pone en juego lo que se sabe se pone en juego lo que se dice y lo que se ve: lo visible y lo enunciable, contenido y expresión. Lo que se pone en juego es la propia experiencia perceptiva, la sociedad de dominio, los valores en curso, los valores de lo imaginario, las ideas de la época o los elementos de la opinión común.

Las imágenes nunca están ocultas y, sin embargo, no son directamente legibles o incluso decibles, las imágenes a pesar de su literalidad preservan un contenido oculto, en la sombra, aunque en ellas todo esté presente y lo dicen todo, es necesario disponerse a una condición extractiva en donde las imágenes muestran y dicen, visibilizan y enuncian. Como en política, la política no oculta nada, sin embargo, pese a sus contenidos aparentemente explícitos posee muchos significados y muchas maneras de entenderla y acogerla y, aquel que no entiende el juego político es como el que no ve y no escucha. Desde esta perspectiva, ¿dónde formular la pregunta por aquello que está oculto? O ¿por aquello que no se quiere ver? Precisamente, es en la imagen –tanto óptica como mental– donde encontramos la única respuesta para una pregunta que no cesa de desplazarse en sí misma y para un problema que no cesa de disfrazarse siempre.

Como cuando en un Derecho de Petición , una persona de la localidad de Chapinero se pregunta « ¿Qué pasó con el muro?» Pues, según la carta que presenta, «el día que la Alcaldía celebró los cumpleaños de Bogotá, en la calle 50 A con carrera 13», cuestiona, « ¿Cuál de las personas que envió la Alcaldía puso a los niños invitados a pintar graffitis en la pared del muro?», comentando, «lo cual da un aspecto muy desagradable a la calle, que esos graffitis están muy bien para los estratos 0, y aquí somos estrato 4 (...) Que nos hayan utilizado la calle como estrato 0 es una falta de respeto (...) eso es desaseo, es falta de pulcritud,...».

¿Qué preguntas pueden surgir frente a éste tipo de enunciaciones? Primeramente ¿Qué es lo que a esta persona le causó un aspecto tan «desagradable»?, ¿Por qué cree que eso que causa un aspecto tan «desagradable» hace o eventualmente puede hacer parte de «los estratos 0»? A tal punto que inventa de ello una analogía entre «los de estrato 0» y el «desaseo y la falta de pulcritud» ¿Qué es lo que tanto le molesta? ¿Que [les] hayan utilizado la calle como estrato 0? O es que acaso ¿Por ser de estrato 0 ya se es «desaseado» y falto de «pulcritud»? O mejor ¿Por qué esos «desaseados» y faltos de «pulcritud» no desaparecen de una vez y para siempre? ya que molestan tanto con su presencia a los que «somos estrato 4» y que seguramente “cultivan” la creencia de ser “más pulcros”. Tal vez, ésta habitante, como muchos de los habitantes de Chapinero, no sabe o no quiere saber que en ésta localidad conviven por lo menos seis estratos diferentes en unas condiciones de inequidad sorprendente. De pronto, la habitante del sector, al igual que muchas personas que trabajan y habitan en la localidad sólo ven lo que quieren ver, acaso no dan cuenta de lo que se expresa en ese graffiti –que realmente es un mural realizado por los niños del barrio San Luis– es un recurso estético para exponer muchos de los problemas a los que se ven acaecidos en el día a día y que dan prueba de una realidad que nos compete tanto a unos como a otros sin importar el estrato o la posición social. Como lo expresa el mural en uno de sus enunciados más agudos «el mundo está al revés» y tal vez una de las razones de ésta aseveración es porque nos hemos vuelto insensibles frente a los otros. Y no es lo que ellos dicen o lo que piensan, sino su vida, que es expresión de éste mundo avasallante que «...está al revés» y que los supera, la vida de los niños y las niñas o de cualquier habitante que hace presencia desde una estética que es tan sórdida como la realidad. Dan testimonio de esa trascendencia y del juego más extraordinario entre la luz y la sombra, quedando expuesto entre lo visible y lo enunciable esa indiferencia que aún pervive en nuestra ciudad.

En los juegos teatrales algo similar sucede, tras el telón no hay nada que ver, razón por demás que explica por qué hay que describir el telón y la escena presente, puesto que no existe nada detrás o en el trasfondo. Lo local sólo viene decible o legible en tanto nos referimos a la relación que se establece entre los acontecimientos y las condiciones que lo convierten en tal y que constituyen su única inscripción sobre la realidad. Su espacio es un teatro de luz y de sombra en el cual resuena ese murmullo anónimo en que se disponen emplazamientos y agenciamientos sociales. Un gran zumbido incesante e indeterminado desde donde se enuncia que lo local y el ejercicio de la ciudadanía se sitúa allí, en ese lugar del tejido social, igualmente anónimo e impersonal pero que es concreto, real.

Las imágenes tienen de particular dos cualidades, dicen sin hablar y resuenan en el silencio de su estética. Por una parte, contienen un ser de la luz (ser-luz), como dimensión de su posibilidad, como dimensión de una realidad sin palabras. Lo mismo ocurre que con los relatos y las experiencias de los niños y de las niñas o de las formadoras, todas estas expresiones dicen algo que no esta dicho, un ser del lenguaje que enuncia lo indecible (ser-lenguaje), un decir verdad sin adornos ni disfraces, una palabra desnuda pero contundente. A ello nos referimos, precisamente a una manera de ver y de decir que es literal y que, sin embargo, está invisible y silenciosa. Lo mismo ocurre con el juego de la luz y de la sombra, pues estas realidades por más que se esfuercen en no estar ocultas, no por ello son inmediatamente vistas ni reconocidas, incluso, son invisibles mientras uno se límite a los objetos, a las cosas o a las cualidades sensibles, sin elevarse hasta la condición que las abren en su posibilidad, en su literalidad, en su inmanencia. Por ello, los niños y las niñas, pero también las formadoras y muchas comunidades aparecen como existencias anónimas, siluetas invisibles y mudas, que sólo al encontrarse frente a la realidad a través de la imagen y el pensamiento, y cuando se enfrentan al poder, salen a la luz para hablar durante un instante, pero en ese instante su decir lo trastoca todo.

Como cuando las formadoras de Ciudad Bolívar, al hablar de su localidad sienten a Bogota como una ciudad excluyente, “es verdad, nos movemos por todo el territorio del Distrito, pero somos una ciudad aparte”; o cuando un niño frente a la pregunta por su espacio responde “aquí (en Ciudad Bolívar) los ‘paracos’ son los que matan a la gente”. (Narración de una formadora y de un niño de ciudad Bolívar)

Si la realidad se cierra, las visibilidades se velan o se nublan, como en una película fotográfica, hasta el extremo de que lo que se observa y lo que se ve en su espacio deviene incomprensible. Lo local requiere de una nueva sensibilidad, es aquí en donde algo nuevo puede surgir en su lugar y damos cuenta de ello cuando podemos decir que a través de la pregunta y la problematización de lo que se dice y se ve en los lugares de la cotidianeidad, tanto los niños y las niñas, pero también las formadoras pueden hacer un ejercicio de movilización del pensamiento para re-significar sus prácticas a partir del juego de la luz y de la sombra de su realidad.

Como sucedió en Ciudad Bolívar cuando se indagó por la localidad y la imagen de exclusión que existe contra los habitantes del sector; Ciudad Bolívar aparece como un espacio sin una identidad u origen definido, mucha de la gente que habita allí proviene de numerosas regiones del territorio del país por desplazamientos ocasionados por la violencia, el conflicto y la pobreza que se vive en su interior, su espacio se ha vuelto un reducto a donde van a parar la mayoría de las problemáticas que vive nuestra ciudad y nuestro país; pero también, al ser un territorio en donde confluyen todas estas dinámicas, sufre la estigmatización por una imagen peligrosa que se construye desde “la delincuencia”, la cual excluye a sus habitantes sobre los que pesa el temor y la prevención, imagen que se relata en las palabras de una de las formadoras habitante de la localidad,

“Para conseguir trabajo, nos toca dar una dirección de algún amigo o familiar que no viva aquí, porque si ven que vivimos aquí no nos dan el trabajo”. (Relato de formadora de Ciudad Bolívar)

Pero si lo local, su arquitectura y sus habitantes, son visibilidades o lugares de visibilidad, es porque no son estructuras de piedra o simplemente individuos aislados, como si sólo fueran cosas y cualidades, materia y expresión; habría que decir fundamentalmente que hacen referencia a las formas de luz que distribuyen lo claro y lo oscuro, lo transparente y lo opaco, lo visto y lo invisibilizado en el espacio donde habitan.

Por eso lo visible no se queda únicamente en el poder de la mirada, ni en los actos sensibles, tampoco en los datos e informaciones que de su materialidad se desprenden, lo visible no se reduce a una cualidad sensible o medio físico; realmente las visibilidades son un complejo de acciones y de pasiones que salen a la luz, de ello se comprende que también pueden ser el pensamiento, o mejor expresado, la imagen del pensamiento cuando éste es capaz de producir un acontecimiento que nos deconstruye críticamente y nos puede inspirar (o no) a cambiar. Las formadoras de Engativá vivieron una experiencia parecida, cuando al trabajar a través de la cartografía social, daban cuenta del espacio vivido y percibido; lograron aprehender de distintas maneras su entorno, reconociendo en él los diferentes contrastes que lo componen y así poder elaborar ideas y convenciones a cerca de lo que fluye en el territorio de la localidad: olores, sensaciones, sentimientos, relaciones y practicas socio-espaciales (económicas, políticas y culturales); en la narración de una de sus integrantes,

“Logré conocer a través de la observación el entorno de los jardines, con el fin de generar nuevas propuestas de aprendizaje para los niños y las niñas que habitan éste lugar. También logramos levantar cartografías acompañadas de convenciones que nos facilitaron la ubicación de diferentes elementos que se encuentran en la localidad. Me siento satisfecha, pues empecé con mucha dificultad para elaborar un mapa, ahora lo hago con mayor facilidad y reconozco lugares que antes parecían desapercibidos y los relaciono con lo que acontece en ellos”. (Relato de una formadora de la localidad de Engativá)

El juego de la luz y la sombra es inseparable de los diferentes modos de pensar y eso incluye su devenir histórico, su tiempo y su espacio.

Pero hace falta una enunciación que conjugue ver y hablar como formas de la experiencia ¿Cómo explicar que aquella instancia se funda en una no-relación (un no-lugar) entre la imagen y el enunciado y que ésta, a su vez, es o puede llegar a ser una relación mucho más profunda? Los diferentes productos estéticos que desarrollan las diferentes agrupaciones a lo largo y ancho de la ciudad pueden constituir una manera creativa de problematizar y visualizar una serie de cuestiones que permanecen ocultas y mudas, cuestiones que expresarían problemáticas pero también potencialidades.

En un ejercicio de arte plástico, unas maquetas, los niños y las niñas de Chapinero levantan las cartografías del parque del barrio San Luis en dos momentos cruciales: primero, “el barrio que tenemos”, y segundo, “el barrio que deseamos”; o cuando los niños, las niñas y las formadoras de Rafael Uribe Uribe, Antonio Nariño y Puente Aranda, a través de “las cartografías y el video experimental”, dan cuenta de las riquezas y potencialidades, así como de “la historia de la localidad” para construir una imagen más propositiva de su entorno .

La problematización de las imágenes y de las enunciaciones de lo local a través de procesos enunciativos, procesos de formación y a través de los lenguajes de expresión artística, se convierten en prácticas de ver y de decir. Aunque lo que se ve rara vez aparece en lo que se dice y viceversa, pero sucede como en el cine o la realización del video experimental, en donde las voces van por un lado y las imágenes por otro, la historia ya no tiene lugar y, el lugar como visibilidad ya no tiene historia. Cuando se desarrollaron los videos experimentales en las localidades de Rafael Uribe Uribe, Antonio Nariño y Puente Aranda, en ellos el texto no relata el gesto, pero entre uno y otro existe toda una trama de relaciones que no se pierden por la narración de una voz en off .

Más allá de los materiales expresivos reflejados en los productos estéticos, las imágenes (mentales, video y fotografía) y las narrativas enunciativas (relatos, performances, cuentos, danzas, la plástica, el cuerpo, etc.) que se pueden recoger de la experiencia de formación, estos productos se constituyen en un ejercicio de extrañamiento en donde los participantes pueden problematizar y reflexionare sobre cuestiones y situaciones que viven cotidianamente, más que comprender y aprehender, lo que se busca a través de la realización de estos trabajos es posibilitar un espacio para el encuentro colectivo de saberes, de experiencias, de convergencias, de disensos y acuerdos que señalen el sentido de lo comunitario, del trabajo colectivo y lleven a una comprensión incluyente de lo público. Los que participan en dichas elaboraciones ven, sienten y experimentan con otros re-creando la vida cotidiana de lo local, hacen presencia: “ver con fotos, pensar con imágenes” sumergidos en el juego de la “luz y la sombra” de la palabra ciega y la imagen muda.

En Kennedy, por ejemplo, sucede que a través de los recorridos y de las imágenes, aparece “el mito de la Diosa Arawai, una Diosa que empuña una espada (el monumento de Banderas),” y que conecta en un devenir cósmico “el papel de la mujer y el cuidado de la tierra,” creando una imagen de la historia completamente diferente, una historia minoritaria y cosmológica en donde “la Mujer y la Diosa representa el cuidado de la naturaleza”, es por ello que estas mujeres en Kennedy se reconocen como una fuerza social, pero principalmente “una fuerza femenina, que a lo largo de la historia han cuidado de las diferentes generaciones y han dado vida a esta localidad”. (Metáforas pensada por las formadoras de Kennedy)

Otra es la experiencia de Usme que se entrelaza con el paisaje, la montaña y la bruma, el páramo y el frío. Los niños y las niñas sienten una estrecha relación entre la situación de adversidad de la localidad y lo duro e inclemente que puede ser su clima. El frío no sólo es aquel que quema el rostro y entumece hasta los huesos, sino el abandono a las diferentes problemáticas a las que se ven enfrentados (pandillas, indigentes, maltrato, etc.). Los amaneceres nublados y las tardes frías contienen toda una variedad climática que coincide con el paisaje desolador de la montaña y la pobreza, junto a la inclemencia del clima y la geografía asisten a la inclemencia social. Una niña relata esta historia mientras observan a una mujer que deambula demente por la calle,

“...yo no puedo decir ¡ahí va esa loca! No, yo no me puedo reír de ella, mi mamá es así y en diciembre siempre le da la loquera y va y viene de la calle a la casa”. (Relato de una niña de Usme)

Y sin embargo, la imagen, a través de la fotografía, les ha permitido, tanto a los niños y niñas como a las formadoras, un cambio de actitud frente al medio y frente a las situaciones; ahora ver y observar ya no son la misma cosa,

“...siempre estamos viendo pero se niega lo que se ve, es decir, percibimos nuestro entorno de manera pobre, pero cuando se observa (como en la fotografía) es cuando uno realmente ve, ve lo que realmente es, en la imagen fotográfica se puede explorar más en detalle y cuando se observa, ¡ah es esto: la belleza del paisaje y de la naturaleza!»”. (Formadora de Usme)

De esta experiencia podemos decir que, tanto en los niños y las niñas como en las formadoras el extrañamiento experimentado a través de la lectura del entorno les permite hablar y ver al mismo tiempo, aunque no sea lo mismo, aunque no se hable de lo que se ve y aunque no se vea aquello de lo que se habla; ambas percepciones componen la imagen de lo local, que para cada persona es una imagen mundo particular. Por eso, cuando los niños hablan y también sus formadoras, hacen ver algo, aunque hagan ver algo distinto de lo que se dice, una realidad más allá y más acá de toda realidad, como en Chapinero o en Ciudad Bolívar cuando se recorre el espacio con una intención de ver de otro modo, de verlo todo, lo invisible y lo indecible .

La potencia de lo local, el tejido social

Hemos definido lo local a partir de las fuerzas que componen su tejido que necesariamente entran y se conjugan en relaciones que producen la realidad. En esta manera de ver y percibir hay algo que subyace a su concepto, fuerzas y relaciones, relaciones de fuerzas capaces de afectar y de ser afectadas: siempre estamos hablando de potencia, entendiendo esta como fuerza en movimiento. Conjunto de acciones sobre acciones posibles: incitar, agenciar, potenciar, comenzar, impulsar, empezar... todas estas posibilidades y sus adversos pueden surgir en lo local. En relación con lo dicho hasta ahora, podemos señalar que lo local posee como característica una potencia de cualidad activa que es esencialmente creativa; por ello aquel que desea participar de su movimiento lo hace desde su capacidad de afectar o de ser afectado y, por supuesto, de crear.

Su presencia se materializa en el ejercicio y en la resolución de lo concreto (la solución de un problema o una necesidad, la creación de una posibilidad o un bien colectivo). Ello explica por qué lo local siempre es un medio en donde se expresan las diferentes singularidades que entran y salen de su espacio como en una red flexible, maleable, mutable (en donde cada quien participa desde lo que es, lo que tiene y lo que puede dar). Lo local nunca emana de un centro privilegiado, de un núcleo central, aunque a primera vista dé esa impresión. Pero también es verdad, que dentro de esta red existen niveles y jerarquías transitorias (niveles bajos, medios y altos), pero que no pueden ser leídas desde una estructura vertical, sólida y fría, sino que obedecen más a las necesidades de las acciones y las estrategias, en donde se aporta y se participa desde lo que cada cual sabe y puede dar, poniendo en ello su empeño y su talento. De ahí que en lo local las potencialidades vayan de un punto a otro sobre un campo de fuerzas, señalando inflexiones, retrocesos, inversiones, giros, cambios de dirección y resistencias.

Cuando se realizaron los talleres con los diferentes servidores públicos sobre el tema de redes, a través de los ejercicios lúdicos se pudo visualizar el trabajo colectivo del Centro Operativo Local como estructura organizativa que, eventualmente, podría hacer parte de la localidad si ésta se piensa como una “red flexible” capaz de integrar y fortalecer las fuerzas que se encuentran en su interior. Por ejemplo, la localidad de Chapinero contaba con un amplio “sector financiero” que hasta ese momento, desde las diferentes acciones del DABS a través de los proyectos que se lideraban desde el COL, no se tenía en cuenta como un sector con un potencial muy alto para una estrategia posterior de desarrollo local .

Lo local alude a una integración de fuerzas y de potencialidades que definirían su naturaleza, sin embargo, nunca es posible observar una integración sobre la idea de una totalidad. Más bien se produce una multiplicidad de integraciones locales, parciales, en donde cada una entra en relación de afinidad con tales relaciones y tales puntos singulares, tales nodos y tales agenciamientos sociales. Sobre estas premisas, las instituciones –tanto oficiales como organizaciones comunitarias– tienen un papel privilegiado, en tanto se definen por las prácticas y los mecanismos movilizadores que posibilitan su reproducción y su proliferación en el tiempo y el espacio. La idea de que las instituciones se transformen en verdaderos nodos de las localidades capaces de apoyar y potenciar lo que en su espacio se agita. Al respecto es importante señalar que en la coyuntura actual de las instituciones del Estado (el DABS es ejemplo de ello) vivimos una experiencia fragmentada y que ha desembocado en un “agujero negro”, un “vacío de relación” entre la acción social y la Institución. Y sin embargo, desde la perspectiva de las instituciones del Estado creemos que existe una coherencia interna desde el punto de las intenciones y el sentido que éstas quieren proyectar en lo local (una serie de proyectos que están pensados para su desarrollo). Pero cuando las instituciones intentan desplegar su accionar en las localidades, su esfuerzo resuena en ese “agujero negro” y todo trabajo y esfuerzo recae en ese “vacío incomprensible” (por ejemplo, muchos proyectos que a pesar de ser muy buenos fracasan). Las Instituciones se verán obligadas a flexibilizar su quehacer y su naturaleza para que pueda interactuar, entrar en relación y comunicación con aquello que denominamos lo local .

En cada formación social de la ciudad habría que preguntarse ¿qué es lo que corresponde a cada institución?, ¿Cuál es su papel?, ¿Qué puede integrar?, ¿Qué relaciones mantiene con otras instituciones? Y ¿Cómo cambian esas distribuciones de un espacio a otro? La característica más general de cualquier institución social y del Estado que trabaja en el desarrollo de lo local sería, entonces, la que consiste en orientar y apoyar a las diferentes singularidades –tanto individuales como colectivas– y buscar un equilibrio entre las diferentes relaciones de poder que subyacen en el territorio , relaciones que son moleculares o «microfísicas» según la formula de Foucault y, que entrarían en relación con una instancia mayoritaria (en este caso las instituciones del Estado). Algo así como lo que plantearían Deleuze y Guattari con respecto al concepto de micropolítica, en donde habría unas líneas de fuga o de cuantos que fluyen sobre los estratos de una segmentariedad más dura y que eventualmente fuerzan a ésta a su flexibilización . Desde esta perspectiva, lo que constituyen las diferentes singularidades –actores individuales y colectivos– que a su vez ejercen las relaciones de poder, les hemos dado un nombre: el tejido social. Y lo que percibimos como lo local no es más que esa línea de fuerza general que es capaz de integrar las diferentes expresiones singulares y aparentemente indiferentes en una praxis de lo múltiple. Las huellas de los agenciamientos sociales que encarnan las fuerzas locales aparecen en muchos de los barrios de la ciudad, la historia de los Molinos o las Lomas, en Rafael Uribe Uribe, el barrio Policarpa en Antonio Nariño, el barrio San Luis en Chapinero, la experiencia territorial de la localidad de Santa fe, para sólo mencionar algunas de ellas. Estas historias contienen, en sus diferentes matices, elementos que apuntan a la existencia de tales fuerzas como a la integración en propósitos comunes.

Así por ejemplo, en el barrio Policarpa, a través del recorrido por las casas de los niños se indagó por la historia del barrio; sorprendimos a una de las mamás de los niños trabajando, pero aún así no repara en responder todas nuestras peguntas. La casa es vieja, ubicada en una esquina del centro del barrio, el negocio que hay allí es una tipografía en donde se encuentran maquinas de más de 40 años, están allí desde que se fundó el barrio y probablemente nunca lo dejaran. La señora está organizando unas tarjetas que acaban de salir de la maquina y mientras lo hace con una destreza de muchos años de experiencia nos comenta,

“...estos terrenos eran de unas monjas; aquí habían unos policías que cuidaban los terrenos. En ese entonces había una señora, la primera habitante del barrio, que tenía 12 hijos…, nosotros ya lo teníamos planeado, ella le pidió a los policías que la dejaran quedar por unos días mientras conseguían para donde irse. Un policía se conmovió y la dejo armar una casa de tejas de zinc y tela de asfalto, con los días nos fuimos metiendo varios, cuando la policía se percató ya éramos muchos y nosotras las mujeres, junto a nuestros hijos nos hacíamos en frente ¡en esa época nadie atacaba a una madre y a sus hijos! Éramos el escudo, servíamos de parapetos mientras nuestros esposos desde atrás respondían a la policía; así luchando construimos éste barrio...” (Habitante del barrio Policarpa)

En el barrio San Luis de la localidad de Chapinero, aconteció toda una historia de trabajo colectivo que dio como resultado la construcción del barrio,

Este barrio cuenta con acueducto comunitario y posee en su interior procesos de agricultura que hoy denominamos “agricultura urbana” pero que siempre han estado allí, ya que éste sector está habitado por personas de origen campesino y, dada su ubicación entre lo rural y lo urbano (el 60% de la localidad de Chapinero es rural) ha permitido que las prácticas campesinas no desaparezcan. También, en su comunidad se creó un comedor comunitario con ayuda de otras instituciones (Bienestar Familiar y algunas ONG’s.-) y que desde hace un año atiende un promedio de 300 niños. Igualmente, se abrió un mercado comunitario en el que confluyen muchas actividades tanto económicas como culturales. Todas estas características hacen del barrio un verdadero Territorio Sostenible porque es capaz de contar con su historia y con lo que sus habitantes pueden aportar .

Desde esta perspectiva, al ver todo lo que sucede en este territorio –las organizaciones comunitarias, habitantes del sector y en coordinación con las demás instituciones que trabajan allí, entre las que se cuenta el DABS y sus proyectos a través del Col– se consolidó una “red” llamada “Territorio Sostenible”, desde donde se busca coordinar con todas las instituciones las acciones y programas para buscar un bienestar general e integral.

Lo interesante de este trabajo colectivo no es que hasta ahora se esté consolidando una “red” que se piensa como un esfuerzo integral; mejor aún, que en éste territorio se pueden identificar diferentes singularidades que componen el tejido local: organizaciones de mujeres en torno al problema del hambre; artesanos que buscan otras maneras de producción comunitaria; campesinos que conservan y comparten sus saberes de siembra y producción de alimentos para la comunidad a la que ahora pertenecen; niños, niñas y habitantes concientizados y comprometidos en la solución de sus problemas desde sus propuestas y opiniones. También en este territorio se centran los esfuerzos de muchas instituciones intentando apoyar e integrar las diferentes iniciativas aparentemente dispersas de la comunidad. Por otra parte, propuestas, que cobran existencia en la materialización de acciones y estrategias como lo serían los comedores comunitarios, el mercado comunitario, las huertas caseras, las maquetas de los niños y las niñas del proyecto de parque, etc. Fuerzas e iniciativas, acciones y estrategias, toda una multiplicidad de singularidades y potencialidades que bajo el agenciamiento social de una comunidad, verdaderamente conciente y sensible frente a su medio, buscan integrar todas esas propuestas en un tejido social flexible ¿Acaso a este tipo de ejemplos no son lo que hemos denominado lo local?

Las subjetividades locales

En los espacios, lugares y territorios de lo local podemos percibir un constante devenir de las fuerzas que intensamente se agitan, toda una serie de movimientos que allí subyacen. Y sin embargo, aún falta pensar ¿cómo es posible entrar a conjugar todas esas fuerzas y todas esas potencialidades en aquello que denominamos lo local? ¿Cómo construir una imagen de lo local?, O bien, ¿Cómo posibilitar que lo local constituya una imagen-pensamiento, una imagen-mundo?

Con la problematización y la experimentación que, a través de procesos de formación –contando con la apertura de la imagen, de los juegos teatrales, de los recorridos in situ, de la creación de personajes a través de la literatura y demás expresiones artísticas– se puede propiciar ejercicios de pensamiento que generen nuevas perspectivas y nuevos puntos de vista de los diferentes problemas y situaciones que se viven cotidianamente en las diferentes comunidades, y que de pronto, haga que las cosas ya no sean percibidas de la misma forma y ya no sean vistas ni enunciadas de la misma manera . Generar espacios de reflexión y crítica de la realidad pero también de nuevas perspectivas y alternativas para un mejor vivir. Hacer que el pensamiento se reencuentre con la vida, ya que pensar significa descubrir e inventar nuevas posibilidades de vida. Pero no debemos confundir el pensamiento con el conocimiento, puesto que no se trata de impartir un saber allí en donde otros “supuestamente” no lo tienen, ni hacer inclinar las rodillas a otros frente a las “verdades” que causan tanto dolor. La pregunta por el pensamiento es una pregunta por la vida, toda vez que “la vida supera los límites que le fija el conocimiento, pero el pensamiento supera los límites que le fija la vida” . Buscamos que a través del pensamiento la vida logre lo que puede, que afirme la vida y que, a través del pensar, se puedan resignificar las prácticas de la vida cotidiana, del día a día y así poder transformar en algo nuestra cultura. Pensar implica participar de la transformación de nuestra realidad, ya que se ha vuelto como “natural” que otros nos piensen y nos decidan, relación que de natural no tiene nada.

Es aquí donde se puede plantear la existencia de todo ser humano como una apertura creativa, en donde los diferentes lenguajes de expresión artística cobran sentido como medio de expresión y de problematización de cuestiones y situaciones de la realidad. No se trata que niños y niñas, formadoras o cualquier habitante de la localidad se “forme” como artista, sino de que pueda devenir artista, es decir, que pueda crear, que conciba su propia vida como activa, capaz de producir acontecimientos maravillosos para sí y para su comunidad. Ser artista es ser inventor de posibilidades de vida. De igual modo, no se trata de “formar” líderes políticos, sino elevar la vida en toda su dimensión política, es decir, afirmar la vida y el pensamiento en un devenir creativo.

La condición en la que viven muchos habitantes de la ciudad contrasta con una imagen estúpida y desoladora de estructuras de pensamiento que les sujeta y les paraliza. Es allí en donde «es urgente pensar de manera diferente» y, es también allí en donde el pensamiento no le sirve ni al Estado, ni a los poderes establecidos, ni a los valores en curso, sino a la constitución de las fuerzas que subyacen en ese fondo abstracto que llamamos lo local para devenir creativos y transformadores de la realidad. “Pensar activamente es «actuar de una forma inactual, o sea, contra el tiempo, y a partir de ahí incluso sobre el tiempo, en favor de un tiempo futuro»” . Pensar el pasado contra el presente, «contra el tiempo» en el juego de la memoria y la historia; resistir al presente «sobre el tiempo» y no ser más ciegos y sordos, no para un retorno al pasado sino «a favor (así lo esperamos) de un tiempo futuro» siempre actual. Desde esta perspectiva pasado, presente y futuro nunca han estado separados, al contrario, siempre se han encontrado en constante conjugación, puesto que recreamos el pasado en nuestro presente para re-significarlo hacia un futuro posible, todo un ejercicio de movilización del pensamiento.

Pero, pensar o crear un pensamiento bajo estas condiciones que más allá de la pobreza material, trae consigo una pobreza mental y espiritual, implica el advenimiento de fuerzas activas que se apoderen del pensamiento. Y sin embargo es cierto: todavía no pensamos, como cuando se dice “como nosotros somos pobres...”. Lo local como línea de fuerza general que integra las singularidades y las energías que se agitan en el tejido social puede (o no) convertirse en esa fuerza capaz de hacer del pensamiento algo activo, capaz de potenciar un poder absolutamente creativo y afirmativo . Desde luego, hay que reconocer que pensar no es algo fácil, pues no es el ejercicio natural de una facultad, es más, si se quiere pensar hay que producir sus condiciones de posibilidad, es allí en donde los “procesos de formación” cobran sentido y en donde el pensar es un acontecimiento extraordinario, incluso para el propio pensamiento: una nueva imagen del pensamiento, de sí mismo, del entorno, de la localidad, de la ciudad, de la vida.

La imagen del pensamiento implica relaciones de fuerza extremadamente complejas, toda una tipología de las fuerzas que implica también toda una topología (nuevas ideas y nuevas coordenadas). Pensar depende de ciertas coordenadas y, desde estas implicaciones, no pensaremos hasta que no se nos posibilite ir allí en donde están las “verdades” y los “problemas” que dan de pensar, hasta que no se planteen “las preguntas” pertinentes, hasta que no asistamos allí a donde se ejercen las fuerzas que hacen pensar y en donde el pensamiento se convierte en algo afirmativo. La imagen de nuestras comunidades que no se reconocen como productoras debe ser superada por una imagen creativa y propositiva para poder incidir en su realidad. Es así como la formación puede ofrecer posibilidades para pensar y donde la vida cotidiana es el espacio pedagógico por excelencia, al ser concebido como el espacio político en el cual se dan las relaciones y las experiencias susceptibles de transformación.

Pensar se dirige y confronta a un lugar que no tiene forma, pensar es introducir «un afuera» que se abre en la interioridad, entendiendo ésta interioridad como la construcción de una subjetividad domesticada. Cada uno de nosotros es un mundo que se ha forjado en un medio, una cultura, que ha interiorizado hábitos, símbolos, patrones culturales, creencias y costumbres, al igual que hemos interiorizado maneras de entender y de entendernos a nosotros mismos, códigos éticos y morales. Todo ello construye y constituye nuestras subjetividades, es por eso que si hacemos una mirada más profunda de nuestra realidad, de nuestra vida cotidiana, muchas de las respuestas y soluciones a nuestros problemas pueden surgir de ella, de la vida cotidiana que se recorre y que se deja recorrer. Nos puede facilitar pensar la realidad y pensarnos a nosotros mismos de manera más profunda ¿Cómo estamos constituidos como sujetos que ejercen o padecen las relaciones de poder?, ¿Cómo estamos constituidos en relación con nosotros mismos y con los otros? Y ¿Cómo es la relación con nuestro entorno?

¿Cómo estamos constituidos como seres humanos, qué fuerzas nos componen?, ¿Cuál es nuestra relación con la vida?, ¿Cuál es la relación nuestra con el trabajo?, ¿Cuál es nuestra relación con el lenguaje? En la medida que la vida descubre una “organización” más allá de toda organización, el trabajo una “producción” más allá de toda explotación y el lenguaje una filiación fuera de toda representación que hace coincidir el lenguaje con la vida. Una vida que se reencuentra con el sentido de lo humano, que se reencuentra con el trabajo y sus posibilidades creativas y con un lenguaje que es capaz de construir comunicación y afecto. Todas estas fuerzas que se dan fundamentalmente en las relaciones humanas entran en conjunción con el hombre y la mujer, con los niños y las niñas, en el ámbito de la vida diaria, en lo cotidiano, en las relaciones del día a día y en el espacio-tiempo del aquí y el ahora, para plegar a estos seres a su propia finitud y comunicarles una historia que sólo a través del pensamiento hacen suya, para que cada partícipe, cada ser se haga actor, creador y responsable de su propio tiempo. ¿Cuál es mi posición política frente a lo que sucede en el entorno?, ¿Cómo concibo la propia vida desde mi casa, mi calle, mi barrio, la localidad? Y ¿Cómo concibo el ejercicio ciudadano en mi ciudad?

Lo local siempre es apertura de un futuro con el que nada se acaba puesto que nada ha comenzado, sino que en su lugar todo se transforma. Una de las fuerzas de esa transformación es el pensamiento que es a su vez resistencia. En efecto, las diferentes singularidades y las diferentes fuerzas que se actualizan en las relaciones de fuerza constituyen lo que podemos denominar un poder local, esos actores sociales que se constituyen como puntos, nodos, núcleos... que se expresan en los diferentes espacios sociales a fin de hacer que en ellos el cambio sea realmente posible. Es más, si lo local se define por las relaciones que en dado momento y en tal lugar crean y ejercen un poder local, el pensamiento como resistencia al estado de cosas es primero a cualquier otra determinación, en tanto éste pensamiento entra en conexión directa con un afuera como una pura potencia, o mejor, éste pensamiento surge de la vida misma y hace referencia a lo que puede la vida más allá de todo límite, una vida más allá de la miseria en que se encuentra la experiencia de muchos habitantes de nuestra ciudad y que hoy se torna triste y sin recurso.

Por eso creemos que no hay que buscar más lejos de aquellos seres vivientes que moran en las diferentes localidades, es en los propios habitantes de nuestra ciudad donde hay que liberar la vida hacia sus posibilidades. Es más, según esta idea, es la vida la ultima palabra frente al poder, la vida y el conjunto de fuerzas que la componen, tanto en los niños, las niñas, las formadoras y en la vida de cada uno de los habitantes de la ciudad, en cada formación social, en cada colectividad, en cada asociación, es por eso que en cada uno de ellos ésta idea no tiene contradicción. Spinoza escribía en su texto sobre la “Ética” «no sabemos lo que puede un cuerpo...» y es verdad, desde la perspectiva de lo local aún no sabemos lo que puede un cuerpo tanto individual como colectivo, social y político. Por eso «es urgente pensar de manera diferente», preguntarnos qué es lo que puede lo local como cuerpo social y como conjunto de fuerzas creativas que lo componen. Trabajar con los diferentes actores sociales desde la perspectiva de lo local, implica que colectivamente es posible apuntar a procesos reales, en donde las diferentes percepciones y maneras de pensar, al igual que las distintas maneras de actuar pueden aportar a la transformación de la realidad y a la generación de procesos de autonomía que propicien el desarrollo de las comunidades locales.



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