Michel Maffesoli y la razón sensible: una argumentación postmoderna

Gerardo Morales

Publicado el: 08/05/06


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Nuestra tarea, como estudiosos y vivientes de la coyuntura, quizá sea o deba ser la de hacer transparente el despliegue de tal situación, con sus momentos de crisis, estancamiento, retroceso, desplazamiento y superación. Como praxis o como reflexión esta actitud se opone radicalmente al optimismo e indiferencia del optimista e indiferente que ve el mundo, su pequeño mundo, como el mejor y último.




“Al forzar la lógica de un pensamiento, es como si se efectuase la desconstrucción. Así se asalta el instante oscuro de lo posible”

Michel Maffesoli(1)


“El conocimiento es conocimiento carnal, una cópula de sujeto y objeto, que hace uno solo de los dos”

Norman O.Brown(2)


Introducción

Considero importante retomar el llamado de Marcuse, que Maffesoli hace suyo, de dar paso a un método crítico que prefiera “la negatividad activa de la conciencia crítica y lúcida”(3), en lugar de la “negatividad sufrida por la conciencia infeliz y resignada”, que renuncia a dar cuenta de la “ambivalencia constitutiva” de la situación. La situación es la y en la que vivimos hoy, y cuyo despliegue nos afecta directamente(4). La negatividad activa, que está contenida en la situación tanto como en la conciencia, la entiendo como acción desconstructiva, como forzamiento de la lógica de lo dado por lo posible.

Nuestra tarea, como estudiosos y vivientes de la coyuntura, quizá sea o deba ser la de hacer transparente el despliegue de tal situación, con sus momentos de crisis, estancamiento, retroceso, desplazamiento y superación. Como praxis o como reflexión esta actitud se opone radicalmente al optimismo e indiferencia del optimista e indiferente que ve el mundo, su pequeño mundo, como el mejor y último. De lo que se trata y se ha tratado siempre, creo, es de no estar conforme ni con la situación ni con uno mismo.

Nuestra tarea consiste, entonces, en hacer el mayor esfuerzo por encontrar vías de reflexión y acción que nos permitan enfrentarnos a esa opacidad de lo cotidiano donde el poder, la negación negativa(5) y el control viven a sus anchas. En este sentido tenemos una responsabilidad política y ciudadana: contribuir a instalar en la sociedad real, que asumimos como precaria, la o las sociedades posibles. ¿Qué sociedad posible, qué sociedades? Probablemente una o varias contenidas ya en la sociedad real, como posibilidades virtuales, como negación activa de lo dado y como sueño utópico. De igual manera de construir un tipo de conocimiento y metodología de conocimiento inclusivo, que retome temas y problemas que el “terrorismo de la coherencia”(6) desplaza como ilegítimos.

Entiendo que este Encuentro en nuestra Facultad es un momento oportuno para mostrar lo que estamos haciendo, compartir los caminos por los que andamos, entregar nuestras preocupaciones intelectuales, políticas y culturales. En mi caso me interesa el despliegue de los campos intelectuales y de las tradiciones intelectuales que lo conforman(7), en particular las que derivan del pensamiento postmodernista.

En ese sentido me interesa mostrar la argumentación desconstructiva de un pensador importante en la actualidad, como es Michel Maffesoli, que nos propone pensar el mundo desde una lógica argumentativa distinta, a la que por ahora denomino “de la razón sensible” y que implica un tipo de aprehensión poético-científico del mundo.(8) Confieso que esta ponencia(9) se instala en la fragmentariedad, en el acercamiento provisional. Es casi un largo apunte, que quiere compartirse como indagación de algunos temas y problemas a mi juicio interesantes. Empiezo pues mi periplo.

I. Adentro / Afuera: formas de entender la argumentación posmoderna

La argumentación postmoderna(10) puede ser entendida y atendida como un adentro o como un afuera del discurso moderno.

Si se asume que la argumentación posmoderna es un adentro, un adentro en los límites interiores de la fortaleza modernista, que proviene, además, de la razón crítica ilustrada, es del todo consecuente pensar que la argumentación postmoderna es un momento legítimo de autorreflexibilidad de la propia razón crítica moderna, que revisa y evalúa los fundamentos de su propia existencia y continuidad, que revisita los fundamentos y alcances de su promesa emancipatoria y encuentra motivos suficientes para poner en cuestión los resultados obtenidos.

En este caso, la argumentación postmoderna intenta, desde adentro, implosionar y expandir los límites de una constelación que prometió más de lo que pudo cumplir. De acuerdo con esta tesis estamos frente a una contra-argumentación que busca reconfigurar un metarelato, incorporando temas y problemas no considerados o considerados tangencialmente, al tiempo que desplaza y desconstruye otros. Habría en esta línea de pensamiento la opción de pensar que es un movimiento de reforma mas que de revolución, en tanto del adentro no se pretende saltar intempestivamente hacia el afuera.

Si se asume que la argumentación postmoderna es un afuera, un otro distinto que se instituye en las afueras del territorio modernista, un desorden instalado en la periferia, una tribu bárbara con su propio lenguaje y armamento, a la espera del sueño de los que guardan el orden, tenemos que aceptar, entonces, que se trata no de un litigio de sucesión, un cambio de guardia, sino de un no más allá, de una nueva constelación sustentada en nuevos fundamentos y principios, radicalmente distintos a los existentes y dominantes. En este sentido no es una continuidad de la razón crítica ilustrada sino otra razón, o mejor, una o contra-razón que pone en cuestión cualquier razón existente que pretenda legislar como razón legítima, total o totalitaria. En este línea de pensamiento la solución de continuidad es la revolución, la transformación radical del orden del discurso modernista.

II. Ni adentro ni afuera: suplemento y entre-medio

Pero hay otros estilos que golpean a la puerta y que ofrecen otra lógica para entender el pensamiento y la vida contemporáneos. Una opción interesante de lectura de la argumentación postmoderna la encuentro en el artículo de Diana Fuss(11) donde se problematiza, a partir del fuera/dentro la oposición hetero/homo. En este caso la argumentación posmoderna podría asumirse como un suplemento, como la exteriorización violenta de una carencia o ausencia de la formación cultural modernista.(12) El “otro posmoderno”, especie también de fantasma, expresaría las carencias, los vacíos, fracturas, del “yo moderno”, de una configuración que de pronto se ve al espejo y se encuentra incompleta, y por su incompletitud, monstruosa. La “exterioridad” en este caso es absolutamente necesaria a la “interioridad”. Es el otro yo acusador y acosador, la sombra que se revela y pide cuentas. Un complemento.

Otra posibilidad de lectura de la argumentación posmoderna la encuentro en un texto fundamental sobre la cultura. El lugar de la cultura de Homi K. Bhabha(13) inicia su despliegue recordándonos que:

El tropo propio de nuestros tiempos es ubicar la cuestión de la cultura en el campo del más allá.(…) El “más allá” no es ni un nuevo horizonte ni un dejar atrás el pasado…Comienzos y finales pueden ser los mitos de sustento de los años intermedios; pero en el fin de siecle nos encontramos en el momento de tránsito donde el espacio y el tiempo se cruzan para producir figuras complejas de diferencia e identidad, pasado y presente, adentro y afuera, inclusión y exclusión ( p.18).

“Figuras complejas de diferencia e identidad” que no podemos aprehender con las categorías propias de la oposición irreconciliable que encierra el pensamiento binario, que solo atiende a la frontera como “límite” y no a la frontera como lugar “donde algo comienza su presentarse”(14). Tampoco con categorías esencializadas e inmutables que pretenden mantener una pureza original cuando la realidad se ha encargado de contaminar profundamente las relaciones de convivencia y de poder. Un pensamiento que va “más allá” tiene como responsabilidad:

pensar más allá de las narrativas de las subjetividades originarias e iniciales, y concentrarse en esos momentos o procesos que se producen en la articulación de las diferencias culturales. Esos espacios “entre-medio” [in-between] proveen el terreno para elaborar estrategias de identidad [selhood] (singular y comunitaria) que inician nuevos signos de identidad, y sitios innovadores de colaboración y cuestionamiento, en el acto de definir la idea misma de sociedad ( p.18)


Este “entre-medio” de Homi K. Bhabha es o podría ser un lugar simbólico e intelectual del “adentro/afuera” donde se “negocian” inter y transdisciplinariamente nociones tradicionales como límite, marca, frontera, o la noción misma de “territorio”. O, podría ser, a su vez, un “entre-medio” de “sitios innovadores de colaboración y cuestionamiento”, desde donde se negocian las identidades, las pertenencias, la mismidad, la otredad y la alteridad.

En este sentido la argumentación postmoderna(15) tendría como propósito rearticular la noción y la práctica de la diferencia a partir de una rearticulación del pensamiento relacional crítico, desconstructivo. Y tendría que incidir, necesariamente, en la rearticulación del presente, en su transformación.

La significación más amplia de la condición posmoderna está en la conciencia de que los “límites” epistemológicos de esas ideas etnocéntricas son también los límites enunciativos de un espectro de otras historias y otras voces disonantes, incluso disidentes: mujeres, colonizados, minorías, portadores de sexualidades vigiladas (p. 21)”.

Conciencia del límite epistemológico y enunciativo que reconoce la diferencia y el “intersticio”, entendido este último como:

hendidura o espacio, por lo común pequeño, que media entre dos cuerpos o entre dos partes de un mismo cuerpo(16)


pero que no se estanca en el reconocimiento de la “hendidura o espacio pequeño”, que no se conforma con una política del “reconocimiento” de la diferencia sino que da paso o crea las condiciones para la “emergencia” de las diferencias como sujetos diferenciados con derecho a existir plenamente, no ya como “intersticios” sino como constelaciones, en condiciones plenas de existencia y despliegue.

Si se asume que la argumentación postmoderna se instala en el “entre-medio”, en las fracturas, márgenes, pliegues, si presta atención a los “silencios” y si visibiliza esos “silencios”, de ningún modo “naturales”, sino construidos social e históricamente, bien podemos pensar que la argumentación posmoderna es un “dispositivo de negociación” tanto con el “adentro”, como con el “afuera”.(17) Negociación para redefinir, reconfigurar, desplazar, rearticular, los espacios, las culturas, los lugares y las relaciones. Desde esta perspectiva la argumentación posmoderna es ella misma una argumentación híbrida, contaminada, que moviliza distintos tipos de registros, que incorpora el nomadismo propio del desplazamiento violento de las personas, grupos y hasta lugares del tiempo presente.

Esto, por supuesto, podría tener sus consecuencias políticas: una argumentación tal podría situar, con fines de negociación y entendimiento, en aparente igualdad de condiciones lo que permanece profundamente desigual: el margen como si fuera igual al centro, los cuerpos diferentes como si fueran cuerpos iguales, el explotado como si fuera igual al explotador, el gobernado como si fuera igual al gobernante, lo colonial, como si fuera igual a lo metropolitano, lo postcolonial como si fuera lo postdescolonizado, etc. Y si se extrema la situación podría llegarse a algo más o menos parecido a las fiestas de locos en la Edad Media, en las cuales durante una jornada se invertían los papeles jerárquicos, pero sólo por una jornada.(18)



En cualquiera de los puntos en que nos ubiquemos, nos vamos a encontrar siempre con una realidad: la argumentación postmoderna, o el discurso postmoderno, sea que lo consideremos un “adentro” del discurso moderno, un “afuera” o un “entre-medio”, es un espacio de enunciación histórico-cultural multiforme, complejo, contradictorio; un lugar donde se escuchan múltiples voces, un oráculo babélico donde no hay una pitonisa oficial.

A diferencia del pensamiento de una sola vía, o pensamiento único, la argumentación postmoderna es fiel a su prédica, no sólo proclama la heterogeneidad sino que acepta lo prohibido, lo ilegítimo: los márgenes, los pliegues, las costuras, las fracturas. Y en cualquiera de sus vertientes o riachuelos expresa un profundo malestar en relación con una razón absoluta, la razón moderna, que se ve a sí misma perfecta, como un Uno que no acepta ningún tipo de “politeísmo”.

Contra esta tiranía del Uno, asociada generalmente al Occidente, capitalista, androcéntrico, masculino, etnocéntrico, monoteísta y neoliberal, se alzan las tribus del pensamiento postmoderno, en un mundo definido ambiguamente como “postrevolucionario”, “postmarxista”, “postestructuralista”. La noción de “crisis de la razón”, podría, de igual manera, expresar a cabalidad el momento postmoderno. O, si se desea de otra manera, podemos hablar de la “razón en crisis”, entendiendo por razón la razón moderna, la razón instrumental erigida en eje transversal y articulador de la sociedad “productivista”.


III. El contrapunteo de Fredric Jameson

Siendo consecuentes con el llamado pluralismo postmoderno es importante introducir la figura de Jameson, uno de los principales estudiosos del fenómeno postmodernista, para confrontar la vaguedad de un término que pareciera flotar libremente en el cielo. Jameson, a diferencia de otros investigadores, parte del supuesto de que vivimos en sociedades de capitalismo tardío o capitalismo multinacional, y que el postmodernismo es la “norma hegemónica” o “lógica cultural dominante” de ese capitalismo tardío(19). Pero no se trata solo, según Jameson, de una noción descriptiva de un estilo determinado sino que es un concepto “periodizador” cuya función es

correlacionar la aparición de nuevos rasgos formales en la cultura con la de un nuevo tipo de vida social y un nuevo orden económico, que a menudo se denomina eufemísticamente modernización, sociedad postindustrial o de consumo, o capitalismo multinacional. Este nuevo momento del capitalismo puede remontarse al auge de posguerra(20)

Como lógica cultural dominante y como momento del capitalismo multinacional o tardío podría pensarse que continua y extrema la dinámica del capital. Que el “giro cultural”, a pesar de su propia legalidad y autonomía, se corresponde con una lógica mayor, en este caso, la lógica del capital. La descripción densa que realiza Jameson del momento postmoderno nos conduce a visualizar que el mismo es profundamente contradictorio, donde asistimos efectivamente a la fractura de los referentes modernistas: la fragmentación del tiempo, la destrucción de los límites, la transformación de la realidad en imágenes, la desconstrucción del arte, la recodificación del espacio, la ciudad, el pasado, etc. Momento y espacio plurales, explosivos. Pero arraigado, localizado en la formación capitalista.

En este sentido su despliegue es al tiempo que continuidad, ruptura. Lejos de condenarlo, a pesar de su criticidad, Jameson lo acoge como una “presentación” de la vida contemporánea, del capitalismo multinacional o tardío. Es tanto un “adentro”, como un “afuera”, del capitalismo tardío.

Este breve marco de referencia nos permite señalar que la argumentación postmoderna, diversa en su presentarse, sigue siendo importante para las Ciencias Sociales, y que debe, junto con la construcción del pensamiento crítico latinoamericano, ocupar un lugar en nuestra agenda de discusión.

De aquí que considere importante, a diferencia de quienes ubican la argumentación posmoderna como algo propio de finales del siglo XX, y por tanto pasada de moda, prestarle la atención debida, en cuanto a la larga somos en estos momentos, mucho más postmodernos, para bien o para mal, de lo que imaginamos.

Me propongo exponer en las páginas siguientes algunos temas y problemas relacionados con la argumentación postmoderna a partir de mi lectura de varios textos del sociólogo francés Michel Maffesoli, quien me parece uno de los “interpretes” más sugerentes del espíritu posmoderno y de las nuevas Ciencias Sociales.


III. Michel Maffesoli: método y objeto de estudio

Michel Maffesoli es uno de los más importantes pensadores posmodernos de la contemporaneidad. Estudió filosofía y sociología en Lyon. Su trabajo de maestría lo dedicó al tema de la técnica en Marx y Heidegger. A comienzos de la década de los setenta toma contacto con Gilbert Durand, quien dirige su tesis de doctorado y le introduce en la temática de lo imaginario. En 1981 es nombrado profesor titular en La Sorbona y funda, junto con Georges Balandier, el Centro de Estudios sobre lo Actual y lo Cotidiano, buscando aplicar la noción de imaginario a ámbitos concretos de la cotidianidad. Su obra(21) es una obra abierta, provocativa, orientada a integrar distintos ámbitos disciplinarios a partir de la naturaleza lábil y contradictoria de lo social.

Desde sus primeras obras, publicadas en la década de los setenta y bajo la influencia del marxismo, la antropología y el psicoanálisis, se da a la tarea de poner en cuestión la noción de modernidad, el reduccionismo contenido en el concepto de sociedad centrado en el productivismo y los métodos de análisis que solamente prestan atención a lo que está dentro de la Ratio(22) expulsando todo aquello que la excede. En Lógica de la dominación, primera obra traducida al castellano, establece su posición analítica y su campo de interés futuros:

tener en cuenta los diversos aspectos que constituyen la relación entre infra y superestructura en la comprensión de la historia como hecho social total, implica reconocer la complejidad de las relaciones que existen entre lo manifiesto y el contenido latente (cf. Freud, La interpretación de los sueños), complejidad en la que se unen el desarrollo y su interpretación, la modificación y la explicación (las palabras y las cosas, o el sistema de las palabras y el sistema de las cosas). Por consiguiente, como veremos más adelante, no cabe esperar aquí una producción rigurosa o “científica” de objetos teóricos, porque precisamente intentamos tomar en consideración aquello que excede el campo excesivamente delimitado de la Ratio, que –tal como lo define Baudrillard – no es más que el espejo de la producción(23)

Tomar en cuenta “aquello que excede el campo excesivamente delimitado de la Ratio” es instalarse de lleno en un “más allá” del discurso modernista, considerar un campo que está “más allá o más acá” de la sociedad productivista. En este sentido es importante el señalamiento de que, en el marco de la sociedad capitalista, la Ratio o la Razón es justamente “el espejo de la producción”.

En este caso la razón es expresión de la acción afirmativa de la cultura de la producción, de la racionalidad instrumental. Esta razón se niega a dar cuenta de aquello que la niega o que se considera “irracional”. En una situación así los sueños nunca podrán dar cuenta de la razón. Como en el programa comteano, la razón subordina a la imaginación y no lo contrario. Lo imaginario por tanto, como lo ideológico y cultural, son vistos como excedentes o márgenes de la producción. De aquí que Maffesoli, desde un principio, planteé su interés por ámbitos como el deseo, la utopía, lo imaginario y la ideología.(24) Señala, a su vez, adelantándose a la inquietud postmoderna, subalterna y poscolonial la importancia de lo intersticial:

Podría decirse que la lectura del hecho social así emprendida es insolente o ingenua, trivial en algunos aspectos; y no pretende otra cosa. Este juego de la insolencia es el último recurso de una reflexión que, por una parte, considera insuperables ciertas obras y, por otra, rechaza por pueril la combinatoria universal instaurada por el estudio frenético de las estructuras. Los intersticios (interstares) creados por esta insolencia ingenua abren un ámbito inhóspito pero que, en su intento por exceder la clausura, ya ha logrado producir una brecha(25)


“Exceder la clausura”, “producir una brecha”, son operaciones de una propuesta radicalmente distinta al positivismo contemporáneo, de un programa que contempla las lógicas excedentarias, lo gratuito, lo que no concuerda con el puzzle modernista-capitalista.

Para Maffesoli la mirada y conciencia modernistas, subordinadas al programa de la sociedad productivista, huye de lo colectivo, de lo simbólico demasiado cercano, a lo trágico y a la muerte, a la violencia y a la fiesta. Huye de la vida cotidiana donde se expresa la contradicción, del despliegue de lo simbólico imaginario, donde lo poético y metafórico juegan un papel fundamental en la construcción de identidades no originarias y esencializadas, como las de la metafísica occidental.

Su cuestionamiento de la noción de “representación” se comprende a partir de las preocupaciones anteriores: es importante dar paso a la “presentación”, a lo que se “muestra” en la vida sensible y corporal de las gentes. Ninguna representación es la realidad, toda representación es un sustituto del flujo contradictorio de lo real(26). Y lo real se mueve, dice Maffesoli,

en la labilidad, y (ésta, GM) se aprehende a sí misma al tiempo que aprehende lo real, en sus contradicciones y en su inacabamiento(27)

La contradicción de lo real y su inacabamiento, su multiplicidad, es un importante punto de partida. Pero para su abordaje hay que considerar la naturaleza dialéctica de lo real. Según Maffesoli nos corresponde

aprehender lo negativo en la cosa misma y en su desarrollo; el resto es solo elucubración. La negatividad inherente a la realidad es el “principio motor y creador(28)

El pensamiento dialéctico, que sigue teniendo para Maffesoli la validez propia de una perspectiva que emerge de lo real y no de una imposición desde afuera,

hace saltar todos los prejuicios prehistóricos y se evade de toda especialización, es escándalo y horror para el pensamiento timorato, porque en la comprehensión de las condiciones existentes, incluye simultáneamente la de su negación(29)

De aquí que Maffesoli nos planteé su metodología de trabajo, su forma de considerar el objeto de estudio y la forma de presentar sus resultados.

Aunque se trate de una posición bastante incómoda, hemos optado por lo fragmentario (tan absolutamente ajena nos es la idea de sistema cerrado, replegado sobre sí mismo, inmediatamente descifrable en su coherencia formal); lo hemos hecho porque también nuestro objeto es fragmentario y porque la concatenación de sus elementos no lo convierte en un objeto pleno(30)

Así, toda investigación futura debe contemplar un método que no cristalice lo real mediante el terrorismo de la coherencia, que no imponga a lo real categorías muertas e inertes, que no establezca límites a priori, como los programas de investigación orientados a dar cuenta o crear desde arriba un deseo de realidad instrumental de tinte operativo. De hecho Maffesoli le repugna la idea de sucesión en el proceso de investigación. Considera más bien que hay que desarrollar la noción de constelación, donde los elementos de lo real se despliegan en su simultaneidad y no en su linealidad. Esta crítica al método modernista le permite visualizar otras opciones de abordamiento de lo real y lo social:

La relación con la realidad podría establecerse mediante ese método que H. Lefebvre o B. Mandelbrot denominan “transducción”. Razonamiento “irreductible a la deducción y a la inducción”, que combina la asunción de una realidad en su desarrollo, es decir, en su inestabilidad, y la referencia a lo imaginario posible. “Utopía experimental” que intenta dar cuenta de la experiencia y de lo posible, que alejada de las construcciones abstractas y a priori, y de la sumisión a lo real y a su sentido común, explora lo virtual realizable (…) Dudar de la apariencia sin rechazarla necesariamente, para poder “escuchar mejor cómo crece la hierba”, como dice básicamente G. Sorel; se trata de no dejarse hipnotizar por los acontecimientos de cada día, sino más bien de abrirse “a las condiciones del mañana”(31)

En Elogio de la razón sensible, publicado en francés en 1996, es decir, 30 años después de la edición en francés de Logique de la domination, Maffesoli es mucho más contundente en su opción teórico-metodológica.

Así, pues, ahora que estamos en los comienzos de la posmodernidad, no resulta inútil interrogarse acerca de las características esenciales de semejante racionalismo. Menos para criticarlo, después de haber sido un instrumento de elección en el análisis de la vida individual y social, se ha esclerosado, y por eso mismo se ha convertido en un obtáculo para la comprensión de la vida en su desarrollo (…) Hay que entender que el racionalismo, en su pretensión científica, es particularmente incapaz de captar, incluso de aprehender, el aspecto prolijo, lleno de imágenes y simbólico de la experiencia vivida. La abstracción ya no es oportuna cuando lo que prevalece es el hervidero de un nuevo nacimiento. En este momento hay que movilizar todas las capacidades que están en poder del intelecto humano, incluidas las de la sensibilidad(32)

Su teoría del formismo pretende dar cuenta, sin que medie ninguna teleología, de lo real en su despliegue. Es lo real en su presentación, en su mostración, más que en su demostración. Para Maffesoli la forma nos introduce a la vida cotidiana, a la socialidad contemporánea, posmoderna. Nos introduce a la dimensión del afecto, de la sensibilidad, de la estética, en tanto lo que interesa es captar la polifonía de lo real: de aquí deriva Maffesoli su tesis de que es necesario un saber dionisiaco, un saber de las junturas, de las brechas. En adelante se trata de dar cuenta de lo no funcional, de lo supra o de lo transfuncional; actitud que se opone necesariamente a los “cuantofrénicos” de las ciencias sociales, que confunden rigor o coherencia con modelización matemática. Será necesario que intentemos retomar y profundizar nociones como las de sueño, mito, locura, etc.(33)

Maffesoli, consecuente con su propuesta teórico-metodológica, indaga en sus libros más recientes, fenómenos como el retorno de lo arcaico en la cultura, la tribalización del mundo, el retorno de lo orgiástico, el nomadismo y toda una serie de temas propios de la racionalidad y la argumentación posmoderna. El conocimiento ordinario es entonces el conocimiento de la forma que se muestra en su plenitud. La razón abstracta, obsesionada por lo instrumental, moralizó el conocimiento con el propósito de adecuarlo a los intereses del productivismo.

A la razón instrumental, modernista, centrada en el control, en la productividad, en la determinación de la cantidad, le ha interesado poco lo que la excede. Como no hay forma de incorporar estas dimensiones, las constituye en márgenes, en excedentes. Establece límites e inventa nociones de clausura de ese mundo que toca constantemente a la puerta. A esta razón, como lo señala también Homi K. Bhabha, le interesa el límite como clausura, como la marca de un fin. Y no como el lugar a partir del cual todo se inicia(34)



Conclusión

Ernest Laclau(35) considera que debemos hablar hoy de postmarxismo en tanto el despliegue de lo real nos ha conducido a otros territorios donde es imposible pensar con las categorías puras del análisis oposicional. Para pensar un dialogo, por ejemplo, entre marxismo y psicoanálisis, tendríamos que desplazarnos hacia un nuevo campo dentro del cual tenga sentido la comparación, o la intersección de tradiciones distintas. Poco sentido tiene intentar siquiera la traducción(36).

En el caso de la argumentación postmoderna intenta a mi juicio, leer el despliegue de lo real desde esta óptica postmarxista, incorporando nuevos temas y problemas, así como retornando a las viejas problemáticas de la filosofía y política occidental con nuevos utillajes y perspectivas. Me parece sugerente y necesario que podamos analizar la argumentación postmoderna sin prejuicios anacrónicos. Por supuesto que si la presentación de que habla Maffesoli implica la despolitización de lo real, poco sentido tiene el intento. Lo utópico es parte de lo real y también, en este caso, lo posible. Si de lo que se trata es retomar la dialéctica de lo real y de buscar vías de construcción de alternativas a la experiencia alienada, si esto es posible conectando este nuevo pensamiento con la tradición marxista y postmarxista, considero que vale la pena demorarse en este pensamiento que rechaza el gran método y la gran teoría y atiende a otros ámbitos de la experiencia de las gentes.

Sí creo que es fundamental asumir plenamente los nuevos temas de la cultura que la argumentación posmoderna quiere presentar: crisis del Sujeto, con mayúscula y de los sujetos, de la identidad, intersticios, forma, margen, nomadismo, nuevas identidades sexuales, cultura cyborg, crisis de la representación, etc. No hablo en términos generales sino en lo respecta a nuestro espacio de reflexión inmediata.



1. M. Maffesoli, Lógica de la dominación, p.10.
2. N.O. Brown, El cuerpo del amor, p.256.
3. M. Maffesoli, Lógica de la dominación, p.29.
4. Nuestra actual situación comprende, entre otras cosas, la inminente aprobación de un TLC que redefine el modelo de desarrollo económico y social del país, la consolidación de una sociedad orientada hacia el consumo, una neoligarquización de la acción política de los partidos tradicionales, una debilidad y fragmentación de opciones progresistas que enfrenten con éxito la nueva embestida neoliberal y privatizante, una despolitización de la acción ciudadana, etc.
5. Me refiero a esa negación, subjetiva y normativa, que reprime, obstaculiza, omite, cercena, disuelve, amortigua, difiere, clausura el despliegue mismo de las condiciones y posibilidades de las personas de constituirse en seres social y subjetivamente plenos. Todas, absolutamente todas, las llamadas tecnologías del yo, las terapias y las políticas de autoayuda expresan el vacío, la ausencia, la fractura que la negación negativa impone.
6. Maffesoli, Lógica de la dominación, p.10
7. La noción de “campo intelectual” es del sociólogo francés Pierre Bourdieu.
8. Maffesoli desarrolla esta perspectiva en libros como Lógica de la dominación, 1977; El conocimiento ordinario, 1993 y Elogio de la razón sensible: una visión intuitiva del mundo contemporáneo, 1997. Pero la encontramos aplicada en toda su obra y en sus intervenciones públicas. El habla de “un saber dionisiaco”, que de cuenta de lo que está o se expresa más allá de la razón instrumental o abstracta sin que ello implique la apología del irracionalismo como tal.
9. Agradezco las observaciones del Dr. Carlos Cruz, del doctorando Mario Oliva, de Alfonso Chase, a quien está dedicado este texto. He tenido presente en la elaboración de esta reflexión a un personaje de ficción que conocí en un libro de relatos de mi amigo Omar Ar Chalik, “el nene punk”. El “nene punk” encarna esa búsqueda loca de sentido, de sitio existencial, en un mundo cada vez más normal y optimista.
10. Lo que llamo “argumentación postmoderna” supone la existencia de un objeto o campo teórico postmoderno, que tiene ya carta de ciudadanía. Que existe lo postmoderno como denominación lo demuestra la propia Real Academia Española al incorporar en el Diccionario términos relacionados con la “posmodernidad” a la que, curiosamente, define como “movimiento artístico y cultural de fines del siglo XX, caracterizado por su oposición al racionalismo y por su culto predominante de las formas, el individualismo y la falta de compromiso social”, así como otros asociados: posmodernismo, posmodernista y posmoderno. El “posmodernismo” lo define como “movimiento cultural que, originado en la arquitectura, se ha extendido a otros ámbitos del arte y de la cultura del siglo XX, y se opone al funcionalismo y al racionalismo modernos”. La definición de “posmodernidad” riñe, sin duda alguna, con las definiciones más o menos aceptadas en las Ciencias Sociales y Humanas. En estos campos la “posmodernidad” se asume más como “situación social y cultural” que como “movimiento cultural”. Véase el texto fundacional de Jean-Francois Lyotard, La condición posmoderna, Madrid, Cátedra, 1989 y el de Marshall Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire, Madrid, Siglo XXI, 1989. En relación con el prefijo pos se puede utilizar su forma latina post, que significa “detrás de” o “después de”.
11. Diana Fuss, “Dentro/Fuera” en Feminismos Literarios, Neus Carbonell y Meri Torras (Compiladoras), Madrid, Arco/Libros, S.L, 1999.
12. “Cuanto mayor sea la carencia -escribe Fuss- en el (a)dentro, mayor será la necesidad de un (a)fuera que la contenga y la rehuse, dado que sin este (a)fuera, la carencia del (a)dentro se haría demasiado visible” ibidem, pp. 116-117. La autora remite al texto de Jacques Derrida, The Truth in painting, traducción de Geoff Bennington e Ian McLeod, (Chicago:University of Chicago Press, 1987).
13. Homi K. Bhabha, El lugar de la cultura, Buenos Aires, Manantial, 2002
14. frase de Heidegger citada por Bhabha, El lugar de la cultura, p.17.
15. Bhabha señala muy bien el peligro de la argumentación posmoderna: “Si la jerga de nuestros tiempos (posmodernidad, poscolonialidad, posfeminismo) tiene algún significado, éste no está en el uso popular de “pos” para indicar secuencialidad (después de feminismo) o polaridad (antimodernismo). Estos términos que con insistencia señalan al más allá sólo encarnan su inquieta energía revisionista si transforman el presente en un sitio, expandido y excéntrico, de experiencia y adquisición de poder. Por ejemplo, si el interés en el posmodernismo se limita a una celebración de la fragmentación de las “grandes narrativas” del racionalismo postiluminista, entonces, con todo su atractivo intelectual, sigue siendo un emprendimiento profundamente provinciano y limitado”. p. 21.
16. Diccionario de la Real Academia Española, p. 1294.
17. “Estar en el “más allá”, - escribe Bhabha – entonces, es habitar un espacio intermedio, como puede decirlo cualquier diccionario. Pero habitar “en el más allá” es también, como he mostrado, ser parte de un tiempo revisionista, un regreso al presente para reescribir nuestra contemporaneidad cultural; reinscribir nuestra comunalidad humana e histórica; tocar el futuro por el lado de acá. En este sentido, entonces, el espacio intermedio “más allá” se vuelve un espacio de intervención en el aquí y ahora”. El lugar de la cultura, p.23.
18. Creo que la Revolución Francesa fue una Fiesta de Locos, un Carnaval, solo que aquí los “locos” tomaron muy en serio la parodia e invirtieron, para nunca más, la jerarquía del antiguo Régimen. Este tendría que ser el espíritu jacobino de cualquier argumentación postmoderna sino quiere quedarse en una política inocua de “reconocimiento” y “reconciliación” de la diferencia.
19. Ver Fredric Jameson, El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado, Barcelona, Ediciones Paidós, 1995 y El giro cultural: escritos seleccionados sobre el posmodernismo 1983-1998, Buenos Aires, Manantial, 1999.
20. El giro cultural, p.17.
21. Entre sus libros más importantes, buena parte de ellos traducidos al español, figuran: Logique de la domination (1976), La violence totalitaire (1979), La conquête du présent. Pour une sociologie de la vie quotidienne (1979), L’Ombre de Dyonysos. Contribution à une sociologie de l’orgie (1982), Essais sur la violence banale et fondatrice (1982), La connaissance ordinaire. Précis de sociologie compréhensive (1985), Le temps des tribus. le déclin de l individualisme dans les sociétés de masse (1988), Au creux des apparences. Pour une éthique de l’esthétique (1990), La transfiguration du politique. La tribalisassion du monde (1990), La contemplation du monde. Figures du style communautaire (1993), Du nomadisme. Vagabondages initiatiques (1993), Eloge de la raison sensible (1996), L’Instant éternel (2000), La part du diable. Précis de subversion posmoderne (2002).
22. “Ratio, ciencia, técnica; esquemas del desarrollo occidental que, por la autodestrucción que efectúan, reclaman de facto que se las supere”. Lógica de la dominación, p.13.
23. Lógica de la dominación, p.9.
24. idem, p.11.
15. Lógica de la dominación, p. 11.
26. “La representación ha sido, en todos los ámbitos, la palabra clave de la modernidad. Así, para indicarlo de forma breve, la representación está en la base de la organización política, de lo que se llama convencionalmente el ideal democrático, y por eso justifica todas las delegaciones del poder. Asimismo la volvemos a encontrar en los diversos sistemas interpretativos, actuando por mediaciones sucesivas y teniendo como ambición, más allá de la simple factualidad, el querer representar el mundo en su verdad esencial, universal, indeformable (…) En cambio, la presentación de las cosas es algo totalmente distinto”. Michel Maffesoli. Elogio de la razón sensible, Barcelona, Paidós, 1997, p.24.
27. Lógica de la dominación, pp. 15-16.
28. Lógica de la dominación, p. 30.
29. Lógica de la dominación, p.30.
30. Lógica de la dominación, p.10.
31. Lógica de la dominación, p.18.
32. Elogio de la razón sensible, p.32.
33. Lógica de la dominación, p. 19.
34. Lógica de la dominación, p.17.
35. Ver Ernest Laclau, Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Buenos Aires, Nueva Visión, 2000.
36. Laclau, Nuevas reflexiones,




Referencias Bibliográficas



Berman, Marshall. Todo lo sólido se desvanece en el aire. Madrid, Siglo XXI, 1989.


Bhabha, Homi K. El lugar de la cultura. Buenos Aires, Manantial, 2002.


Carbonel, Neus y Torras, Meri, (comps). Feminismos Literarios. Madrid, Arco/Libros, S.L., 1999.

Jameson, Fredric. El giro cultural: escritos seleccionados sobre el posmodernismo 1983-1998. Buenos Aires, Ediciones Manantial, 1998.

Jameson, Fredric. El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. Barcelona, Paidós Estudio, 1995.

Laclau, Ernesto. Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 2000.

Lyotard, Jean-Francois. La condición posmoderna, Madrid, Cátedra, 1989.

Maffesoli, Michel. De la Orgía: una aproximación sociológica. Barcelona, Editorial Ariel, S.A., 1996.

------------------------. El conocimiento ordinario: compendio de sociología. México, D.F., Fondo de Cultura Económica, 1993.

------------------------. El instante eterno: el retorno de lo trágico en las sociedades posmodernas. Buenos Aires, Editorial Paidós, 2001.

------------------------. Elogio de la razón sensible: una visión intuitiva del mundo contemporáneo. Barcelona, Paidós Studio, 1997.

------------------------. El nomadismo: vagabundeos iniciáticos. México, D.F., Fondo de Cultura económica, 2004.

------------------------. Lógica de la dominación. Barcelona, Ediciones Península, 1977.







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