Forget Baudrillard

Guillermo Garrido
aroundmegglv@msn.com Publicado el: 08/05/06

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La ilusión del fin es la implicación del fin. El fin de la política implica que veamos el fin de la política como ilusión. ¿O acaso no han estado igualadísimas las elecciones de gobierno en Italia? Esa diferencia, la ausente, es la prueba de si misma.

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La ilusión del fin es la implicación del fin. El fin de la política implica que veamos el fin de la política como ilusión. ¿O acaso no han estado igualadísimas las elecciones de gobierno en Italia? Esa diferencia, la ausente, es la prueba de si misma. Si hay un puente explicativo de por qué la mitad de los italianos se opone a la otra mitad, entonces no habría una diferencia de voluntades, sino de representaciones (representaciones de los políticos, del que es corrupto desde las mascaras del socialismo y del que es corrupto desde la mas absurda y vulgar obviedad). Pero todos los italianos saben (y también sabemos los que servimos de público en el circo) la realidad de la situación, y conocen tanto sus posibilidades (el mago que esconde sus cartas y el payaso que muestra las suyas) como sus limitaciones (la imposibilidad de un gobierno respetable y creíble).
En los momentos de crisis, la política se fundamenta, y se agrupa hasta llegar a macrouniversos donde marxistas conviven con liberales, y fascisto-revolucionarios comparten techo con tradicionalistas religiosos. Pues ahí esta Italia, en el momento en el que escoger lo es todo. ¿Quien habla de diferencias mínimas, y de cambios imperceptibles, ahora que no hay guerras en nuestro territorio? Solo los que pueden ver mas allá de lo real; los que se fijan en los signos y sentidos (o sinsentidos, mas bien) de los hechos. Esto no es un acontecimiento aislado en la península con forma de zapato. También en nuestra península, en la zapatera, se ve esta agrupación. Que la nación española tenga fuerzas fricciónales de divergencia no evita que la visión política se unifique. Los empresarios con los curas y sus Mercedes a la vista en la entrada de la Iglesia, y los socialistas con el pueblo y sus Mercedes escondidos al otro lado de la calle (‘no se ponen de acuerdo en nada, no es nada eficiente’, decimos de nuestro parlamento. Pues ya vemos que se ponen de acuerdo en algo).
En Francia, los Jóvenes revolucionarios unidos con los que solo quieren un ‘trabajo digno’, y en frente los que quieren acelerar sus ingresos (que, observo, es lo que quiere todo el mundo). En Alemania, con su inconsciente terror (recuerdo permanente del pasado) a la diversificación política, los partidos se han vuelto tan centristas que ya no saben si van, o si vienen, si los cristiano-demócratas (por el nombre, que da sensación de ‘caridad e igualdad’) van a ser al final los socialistas, y los socialistas son los conservadores (por que quieren conservar el poder como estaba, de ahí su unión con el gobierno). En Inglaterra, los liberales (que deberían querer cambiar las cosas) se unen a los conservadores (que deberían querer dejar todo como esta), en oposición al partido socialista.
La diferencia pues, no está, es el vació cósmico, el abismo entre gigantes. La política, anticipando su fin, nos ha convencido de la ilusión del fin, de la continuidad, de que son grupos enormes con diferencias universales. Y los signos nos dicen todo lo contrario; que la política como la habíamos conocido hasta ahora se extingue por su incapacidad de adaptarse a su entorno. Baudrillard nos dice que las cosas se substituyen por sus signos, en nuestra cultura auto-deconstruccionista y auto-inversiva. Pues será verdad, puesto que la deconstrucción de esa misma idea nos dice que los signos se substituyen por las cosas. Tenemos democracia, pero ningún signo de la democracia, nada que nos diga que existe, que está, que nos rodea y nos abarca. Tenemos política, pero nada que nos diga existe la política. Tenemos estado, pero no vemos lo estatal. Tenemos deporte, pero sus practicantes lo han llevado a tal punto de competitividad que no existe la deportividad. Tenemos al arte, pero no la sensibilidad, ni lo bello, ni lo natural, ni lo ideal, ni nada implícito y explícito del arte. Y así una larga lista.
El intelectual francés nos dice también que el espacio privado se convierte en espacio público, y viceversa. ¿No será, digo yo, que el espacio privado es público en cuanto que sólo se puede definir como privado para (o comparado con) lo público, y lo público es privado ya que sólo es publico por el espacio privado (por que hay lo privado, esta lo publico)? De la misma forma en que toda idea es interior (perteneciente a la mente de un sujeto) solo para que sea del exterior, para que el mundo se beneficie (o por lo menos informe) de ella.
La teoría, según Baudrillard, debe seducir y provocar. Abrir sus puertas y atraer a los invitados, que ya no son invitados por voluntad, sino por necesidad (la de experimentar por dentro lo que parece bello por fuera). Esto es el arte convertido en filosofía; la idea de coger lo inmundo, lo vulgar, y convertirlo en algo bello, en la total expresión de lo que puede dar. La forma de la proposición es precisamente la conjunción de seducir y provocar; la forma de ganar objetividad y subjetividad; de decir ‘aquí estoy’ y ‘esto soy’. Pero la proposición debe representar y expresar un estado de cosas. Y si ese estado de cosas esta oculto, enlucido, maquillado (como las noticias de la televisión), entonces es hiperreal. Y la hiperrealidad no es una representación falsa de la realidad (eso es una ideología, una ilusión, una droga…), sino lo real conjuntado con lo imaginario. En ese caso, la imagen es hiperreal, la seducción es hiperreal, la teoría es hiperreal, y Baudrillard—en el mundo de las ideas—es hiperreal. El cazador ha caído en y con su propia trampa.
Las filosofías posmoderna (y las obras de sus representantes) corren el riesgo de caer en el olvido antes de poder existir en la memoria, antes de que puedan ser olvidadas. El mundo de las ideas es un filtro por el que pasan las aceptables, las que no sirven no pasan, y se tiran (a la ciencia, al arte, a la cultura, a la sociedad…). El problema de Baudrillard es que es ultrafiltrable, y pasa entre las redes del filtro como los fotones a través de los cristales.
Y ahora podemos ser descomunalmente irónicos: la filosofía posmoderna es el fin de la filosofía, y por lo tanto crea la ilusión del fin de esta. Esa ilusión no es más que la creencia en que la filosofía puede sobrevivir tras la metafísica, sin la metafísica ni una substituta para esta. Los posmodernos son los neocientíficos; los que convierten la filosofía en una ciencia; los encargados de finalizar el proceso por el que la ciencia se come a la filosofía (este proceso es consecuencia de la fenomenología). Los positivistas de la ciencia y la lógica intentaron en su día convertir la filosofía en una ciencia, y fracasaron. Los posmodernos se creen más listos por no intentar tal herejía del conocimiento, cuando era algo inevitable; con su lenguaje ultratécnico, sus modos ametafiscos (que no anti-metafisicos, ya que no proponen ninguna alternativa)… Se han convertido en sus propios enemigos, en los cumplidores del plan analítico, pero en vez de hacer una filosofía con modos científicos, han hecho una ciencia con modos filosóficos.
Y el final de esta conversión (que ya no es ni la inversión Nietzscheana ni la reversión posmoderna) es que abandonemos todo, hasta al mismo abandono. La ultima frase de la ultima pagina de El otro por sí mismo, tras una larga lista de preguntas tan bellas y vacías como las chicas de los anuncios, dice “¿Y si todo esto no fuese entusiasmante ni desesperante, sino fatal?’. Pues yo digo, dejemos de abandonar a lo uno y a lo otro para acabar en la nada, y comencemos a juntar a lo uno y a lo otro para el todo, para el progreso, sin un fin necesario, solo el progreso. A lo dicho, mi versión de la frase de Baudrillard sería: ¿Y si todo esto es entusiasmante y desesperante, luego fatal?

Nota Final: Por favor los seguidores y entusiasta de Jean Baudrillard no se tomen este artículo de forma ofensiva, puesto que eso no era mi intención. Si a veces malinterpreto las idea de Baudrillard es solo para construir mis ideas, no hay entonces que fijarse en mi mal uso de las suyas, sino en la producción de las mías. ¿No es eso algo practicado y propuesto por el mismo Baudrillard, ser utilitario para los fines de la teoría? (¿O es esto otra mal interpretación mía de sus ideas?). Pretendía, al escribir esto, usar el lenguaje, el método, y el pensamiento de Baudrillard contra el mismo, y además tratar temas de actualidad y cercanía política. Nada más. Yo mismo soy un gran entusiasta del escritor, es mas, probablemente mi articulo sea producto y consecuencia directa de su trabajo.

Mensaje escrito por el autor del texto:

Me llamo Guillermo Garrido-Lestache Vidal, tengo 15 años, y soy un visitante diario de antroposmoderno. Me parece una gran web, y he encontrado de lo mejorcito de articulos posmodernos. Recientemente he empezado ha participar en el foro y darle vida. Gracias por incluir a Russell y otros ingleses en la encuesta.

El 'attach' que incluyo es un articulo que he escrito y que me gustaria saber si podriais publicarlo. Tiene alrededor de 1,500 palabras. No se si se puede considerar puramente posmoderno, ya que enrealidad es una critica de la filosofia posmoderna, de Baudrillard en particular. La 'nota final' que incluyo me gustaria que si lo publicais estuviese incluida, porque no busco enemigos. Es possible que haya fallos gramaticales, no me tomo demasiadas molestias en eso. Si lo publican, me gustaria que mantuviesen el titulo en ingles, simplemente lo pense asi y queda mejor que en castellano. No creo que los visitantes tengan problemas de enterder el titulo, pero si creen conveniente cambairlo al castellano no es que me importe demasiado.



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