Efectos de desaparición: alteridad, seducción e imagen fotográfica (I)*

Fabián Giménez Gatto
Publicado el: 2027-08-05

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Estamos bastante solos en estos espacios públicos y hay mucha violencia en esta calmada aceptación de un mundo cerrado.

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Estamos bastante solos en estos espacios públicos y hay mucha violencia en esta calmada aceptación de un mundo cerrado. Me siento frente a alguien para registrar su imagen, la forma de la evidencia, pero, como él, yo también miro a la distancia y finjo ausencia. Trato de ser como él. Es todo un engaño, una mentira necesaria que dura lo suficiente para tomar una fotografía. Si mirar es ser libre, fotografiar también lo es, aguanto la respiración y disparo

Entre el exotismo y la espectralidad, el otro, como alteridad radical, traza el espacio atravesado por el juego de las formas. Sophie Calle y Luc Delahaye intentan jugar un juego paradójico, un arte de la desaparición donde la alteridad se ubica más allá de la significación, en un espacio vacío donde el intercambio entre el otro y su imagen es imposible. Líneas de fuga que van de una teoría del exotismo (Segalen) a un arte de la desaparición, correlato fotográfico de la teoría de la simulación baudrillardiana. Una suerte de patafísica de la otredad, donde la seducción, como dualidad y como destino, delinea la forma secreta del otro, la alteridad radical como efecto de desaparición. Del exotismo al exorcismo, en un iconoclasta ejercicio de nihilismo escópico, el otro se convierte en un efecto especial, una nada en el corazón de la imagen.

Les propongo un experimento, intentemos, al menos por unos minutos, pensar al otro de otro modo, es decir, pensarlo como alteridad radical, dualidad irreductible, diferencia irreconciliable, una alteridad con la que no me comunico, no me encuentro, más bien, me desencuentro. Este experimento, un poco inquietante, nos conducirá a un texto extraño, me refiero al Ensayo sobre el exotismo de Victor Segalen, en estos fragmentos sueltos sobre el otro se esboza una conceptualización de la alteridad como diferencia más allá de todo intento de diálogo, de comunicación, de puesta en común. Lo que le interesaba a Segalen, cuando escribe este texto enloquecido, hace ya casi cien años, era pensar al otro como pura alteridad, es decir, como alguien con el cual no me comunico, ya que sólo lo concibo desde su diferencia irreductible, su incomunicabilidad. El otro, para Segalen, es un misterio y hay que saber lidiar con el misterio sin intentar reducirlo a simple exotismo, conservar lo diverso más allá del universo de los universales de la comunicación.

Schnitzler en Relaciones y Soledades se pregunta acerca de la relación que establecemos con los microbios, la conclusión es interesante y es retomada por Baudrillard en La transparencia del mal, entre el hombre y sus microbios no hay comunicación posible, sin embargo, comparten un mismo destino. Quizás el asunto radique en pensar sobre el destino como forma sutil del encadenamiento entre las cosas, los hombres y los fenómenos y no tanto en la comunicación como una especie de dimensión omnívora que no deja espacio para su otro, la incomunicabilidad de lo que, sin embargo, comparte nuestra trayectoria sin que el o nosotros lo sepamos.

Ustedes se estarán preguntando qué tienen que ver las disquisiciones filosóficas de un médico de la marina francesa y de un neurólogo y dramaturgo vienés de comienzos del siglo pasado con las prácticas artísticas de Calle y Delahaye, dos fotógrafos de finales del siglo veinte. Creo que bastante, ya que ambos juegan con la idea de un otro que brilla por su ausencia, que no se deja atrapar por las imágenes, el arte de ambos es una pregunta lanzada al otro que espera permanecer sin respuesta.

Después de la desaparición del arte, el arte de la desaparición. Prácticas que fuerzan al otro a la extrañeza, a una singularidad que emerge de la propia impotencia a la hora de jugar el juego de la representación. Cuando la desaparición deja de ser la de la muerte o la de la reproducción metastásica de lo mismo, en un impulso de repetición que es, en definitiva, también un impulso de muerte, entramos en otra forma de desaparición que tiene que ver con el juego, con el desafío, con la reversibilidad de las formas en un encadenamiento entre lo real y su doble.

Pareciera que la fotografía quiere jugar este juego vertiginoso, liberar a lo real de su principio de realidad, liberar al otro del principio de identidad y arrojarlo a la extrañeza. Más allá de la semejanza y de la significación forzada, más allá del "momento Kodak", la reversibilidad es esta oscilación entre la identidad y el extrañamiento que abre el espacio de la ilusión estética, la des-realización del mundo, su provisional puesta entre paréntesis.

Existe algo de objetualidad en esta imagen de un otro que permanece distante, en silencio. En este sentido, podríamos continuar el recorrido, emprendido por Jean Baudrillard en su teoría de la simulación, de una filosofía del sujeto hacia una filosofía del objeto y plantear un descentramiento similar que nos conduciría de una estética del sujeto a una estética del objeto, pasaje de la hipótesis desencantada del valor a la hipótesis encantada de la forma. Parafraseando a Roland Barthes, transitaríamos del studium, interés cultural, subjetivo, al punctum, en tanto exterioridad, detalle que me punza, objetualidad. El otro sería el "espacio ciego" del que nos hablaba Barthes en su ensayo sobre la fotografía, esa nada en el corazón de la imagen, en la fotografía erótica kairós del deseo, en el arte de la desaparición kairós de la alteridad, momento oportuno en el que atisbamos al otro en la forma secreta de su ausencia.

Luc Delahaye, en su libro L'Autre, nos ofrece una infinidad de rostros del otro, rostros distantes a pesar de su cercanía, ausentes a pesar de su presencia, los miramos sin que ellos nos devuelvan la mirada. La alteridad no es más que un espectro, fascinados contemplamos el espectáculo de su ausencia. Cuando el otro sale de las prístinas páginas de algún libro de Emmanuel Levinas y entra en el Metro de París, la historia es otra. Escuchemos a Luc Delahaye:

"Robé estas fotografías entre el `95 y el `97 en el Metro de Paris. Las "robé" porque está prohibido tomarlas, es la ley; todos, según ella, somos propietarios de nuestra imagen. Pero nuestra imagen, ese pobre alias de nosotros mismos, está en todas partes sin que nosotros lo sepamos. ¿Cómo y por qué puede decirse que nos pertenece? Pero, y esto es todavía más importante, existe otra regla, el pacto de no agresión al que todos suscribimos: la prohibición de mirar a los otros. Aparte de la mirada de reojo, de contrabando, te mantienes mirando la pared. Estamos bastante solos en estos espacios públicos y hay mucha violencia en esta calmada aceptación de un mundo cerrado. Me siento frente a alguien para registrar su imagen, la forma de la evidencia, pero, como él, yo también miro a la distancia y finjo ausencia. Trato de ser como él. Es todo un engaño, una mentira necesaria que dura lo suficiente para tomar una fotografía. Si mirar es ser libre, fotografiar también lo es, aguanto la respiración y disparo."(1)

Las fotografías de Luc Delahaye parecen capturar el kairós de la alteridad radical en tanto desaparición de la interioridad subjetiva y de la expresión de la identidad, clausura de la comunicación, juego de los signos en el vacío del sentido. Todos hemos visto estos rostros sin mirada en la multiplicidad de los espacios de circulación, de comunicación o de consumo donde la identidad es de mínima definición, espacios del anonimato donde el otro se reduce prácticamente a un fantasma. Paradójicamente, esta banalidad del otro nos hablaría de su carácter menos banal, el carácter fatal de su alteridad, el otro es realmente otro en tanto no es más que un enigma, ahí radica la seducción de la alteridad, que no tiene que ver ni con la verdad ni con el sentido, sino con una forma de deriva, afinidades electivas, azar. Más que reconciliación o comunicación (es lo mismo) la alteridad abre el espacio de un desafío, un juego que nos remite a la forma fatal de un destino, una suerte de enfrentamiento dual, siempre aplazado y nunca resuelto.

Jean Baudrillard afirmará, a propósito de las fotografías de Luc Delahaye, que estas no buscan que la gente exprese lo que es, sino investigar, a través de su ausencia fotografiada, lo que no son. Lo único que el fotógrafo le pide al otro es que siga siendo otro. La banalidad consistiría, en cambio, en pedirle al otro que fuera el mismo, que desplegara su subjetividad frente al objetivo fotográfico, que se reconciliara con su propia imagen y, de paso, con nosotros (digan cheeeese, sonrían, escenifiquen, con todas sus fuerzas, lo más profundo de su alma). Una especie de teología post-industrial: sonría, dios lo está filmando.

En este sentido, lo que distingue a las fotografías de Luc Delahaye es la ausencia de la mirada, no existe intercambio, el fotógrafo desaparece y captura, en su desaparición, la ausencia del otro. Baudrillard llamará situación poética de transferencia o transferencia poética de situación a este fenómeno de reversibilidad, de desaparición recíproca y de complicidad indiferente. Así como los microbios de Schnitzler, estos rostros entregan sin saberlo, al objetivo fotográfico, el enigma de un destino.

Notas:

1 Delahaye, L., Baudrillard, J., L'Autre, Hong Kong, Phaidon, 1999, p. 3 (la traducción es mía).

Bibliografía consultada

Auster, Paul, Leviatán, Barcelona, Anagrama, 1996.
Barthes, Roland, La cámara lúcida, Barcelona, Paidós, 1997.
Baudrillard, Jean, La transparencia del mal, Barcelona, Anagrama, 1993.
--------------------, De la seducción, Barcelona, Planeta-Agostini, 1993.
--------------------, Las estrategias fatales, Barcelona, Anagrama, 1994.
--------------------, El crimen perfecto, Barcelona, Anagrama, 1996.
--------------------, Photographies 1985 - 1998, Germany, Hatje Kants Publishers, 1999.
--------------------, El intercambio imposible, Madrid, Cátedra, 2000.
--------------------, D'un fragment l'autre, Paris, Editions Albin Michel, 2001.
Calle, Sophie, Double Game, London, Violette, 1999.
Delahaye, L., Baudrillard, J., L'Autre, Hong Kong, Phaidon, 1999.
Schnitzler, Arthur, Relaciones y soledades, Barcelona, Edhasa, 1998.
Segalen, Victor, Ensayo sobre el exotismo, México, FCE, 1989.
Warhol, Andy, Mi filosofía de A a B y de B a A, Barcelona, Tusquets, 1998.



Fuente:http://www.henciclopedia.org.uy/autores/FGimenez/Alteridad.htm



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