EPICUREÍSMO Y LA \"NUEVA CLASE OPULENTA\"

MANUEL CAPARRÓS PERALES y MARÍA ANTONIA MENA MARTÍNEZ

Publicado el: 2026-05-05


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MODA EPICÚREA Y "SOCIEDAD OPULENTA". Con este artículo se intenta demostrar desde diversas perspectivas -quizá irreconciliables-, cómo la adaptación que algunos populares estudiosos actuales de la ética desean hacer de la moral epicúrea, con el fin de r




Epicúreos del s.IV a. C. y ciudadanos del XXI, que sólo por suerte pertenecen a las clases medias de la sociedad del bienestar, observaban y observan tranquilos desde la orilla, y al refugio de su jardín, cómo el naufragio de los demás, del barco del Estado defensor de los derechos de los más débiles (económica, que no moralmente), hace que se pierda casi toda esperanza por construir, por medio de la participación política y la asociación, un mundo global justo de hecho. La Tierra bulle en conflictos ante la ataraxía y apatía del "burgués" medio del s.XXI, que practica una amistad por cable, es indiferente ante una política subyugada por el capital y es partidario de una supuesta "autarquía" mientras espera en su hogar, como venido de un cielo de dioses inútiles, al motorista de la pizzería de la esquina -ya no se trata de los higos secos de Epicuro-, demasiado alejada de los muros de su acondicionado "jardín virtual".

Con este artículo se intenta demostrar desde diversas perspectivas -quizá irreconciliables-, cómo la adaptación que algunos populares estudiosos actuales de la ética desean hacer de la moral epicúrea, con el fin de realizar un corpus filosófico coherente destinado a la "sociedad civil" del s.XXI, se plantea indebidamente por la razón de que no consideran a la filosofía epicúrea como un sistema fundamentado en una física atómica -sólo similar a la actual en algunos aspectos-, sino que extraen su interpretación ética de los "valores" que se desea sean seguidos por los miembros del Estado liberal capitalista del s.XX-XXI. Partimos del principio de que no es posible extraer analogías de dos comportamientos filosóficos alejados en el tiempo, con contextos socioeconómicos distintos, sobre todo si sólo se aislan de dichos sistemas aspectos tan parciales como la física o la moral, principio que queda comprobado al constatar cómo estos filósofos de moda rechazan otros planteamientos del mismo sistema por considerarlos incompatibles con los "valores" morales imperantes o, simplemente, políticamente incorrectos.

Las simpatías por el epicureísmo se empezaron a observar desde el Renacimiento, antes de 1.432 (traducción y redescubrimiento del texto de Diógenes Laercio, principal biógrafo de Epicuro) hasta hoy mismo -Círculo de Lectores acaba de reeditar El Epicureísmo de E. Lledó-, lo cual nos lleva a pensar que la "rentabilidad" y moda de dicho pensamiento ético debe relacionarse en la actualidad con la exaltación que los medios de comunicación hacen de la libertad individual (más bien "libertad determinada") frente a la comunidad; de los placeres (alejados hoy del "cálculo de los placeres" epicúreo y cercano a los convulsivos "hedonistas de Cirene"); de la "autarquía" frente al Estado (más bien insolidaridad y recelo ante la tributación de las clases medias-altas al Estado), que coinciden todos ellos con los principios del pensamiento burgués neoliberal (1) (libertad, igualdad -de derecho- y propiedad privada -no olvidemos que Epicuro no estableció la comunidad de bienes, tal como lo hizo Pitágoras, por considerar que ésta "sólo hace comunes los bienes de los amigos"-), lo que nos lleva a otra conclusión: sólo las clases medias son las potencialmente conocedoras de la moral epicúrea y las que pueden practicar, en una vivienda que pueden adquirir, la austeridad, justificación ideológica perfecta para la acumulación del capital de esta "anarcoburguesía".

PINCELADAS SOBRE LA VIDA DEL FILÓSOFO Y PRINCIPIOS BÁSICOS

Epicuro nació en Samos en el año 341 a. C. y su primer maestro, Pánfilo, le acercó al mundo platónico hasta que el deber del servicio militar lo llevó a Atenas, condición necesaria para alcanzar el pleno derecho de ciudadanía; volvió más tarde a Colofón (costa de Asia Menor), donde sus padres permanecían exiliados por motivos políticos. Nausífanes, en la vecina Teos, le enseñaría la filosofía del átomo -de Demócrito y Leucipo-durante diez años (321-311 a. C.), iniciando después su camino como maestro de otros en Mitilene (Lesbos) y más tarde en Lámpsaco (cerca de Troya), lugar donde se respiraba en el ambiente la filosofía de Anaxágoras el ateo, fundador de la escuela de filosofía de los hedonistas cirenaicos, a la que luego él matizará. En 306 a. C. llega a Atenas y se encuentra con el enfrentamiento entre la Academia platónica y el Liceo aristotélico. Viviría allí, en su Casa y su Jardín, sus treinta y cinco años restantes hasta su muerte en 270 a. C., adquiridos por él y heredados luego por sus discípulos para la supervivencia de la escuela. Algunos de los principios básicos de su filosofía son los siguientes (2)

1. Vemos y comprobamos que cada cosa se origina de otra cosa; resulta, pues, inviable que algo surja de la nada.
2. Vemos y comprobamos que hay cosas que desaparecen de la vista, pero no van a la nada; como el universo existe la desaparición de cosas no llega a un no ser absoluto, sino a un no ser relativo o su disolución como tales cosas. Nada desaparece en la nada.
3. Por lo anterior: el Universo siempre fue y es eterno e infinito.
4. Los cuerpos que se disuelven no llegan a la nada absoluta sino que se reducen a su estado más simple; los susceptibles de disolución son compuestos y los reducidos simples, átomos o indivisibles.
5. Los cuerpos se mueven y pasan de un lugar a otro por medio del vacío entre átomo y átomo, que permite la operación. El Universo consta, por ello, de cuerpos (que son el ser) y de vacío (que es el no ser).
6. Si la idea de alma y dioses es algo, este algo debe ser necesariamente un cuerpo, puesto que, de no ser cuerpo, serían vacío o no ser, cosa que no existe.
7. El cuerpo no siente sino que es otro cuerpo, el alma, el que siente por él. Epicuro opta por pensar en la existencia de los dioses porque viene exigido por el criterio de conocimiento verdadero que nos proporciona el hecho de que esta idea responde a la convicción común a todos los hombres (consensus omnium).
8. El alma faculta al cuerpo la sensación y está constituida por átomos; el cuerpo será sensible mientras lo acompañe el alma.
9. Cabe la posibilidad de la separación de alma y cuerpo -lo que se llama muerte-, causa de dolor y terror para la raza humana, lo cual carece de justificación, pues quien no tiene sensación no sufre. No hay razones para temer a la muerte porque: "cuando ella está no estamos nosotros y cuando estamos nosotros ella no está".
10. Los dioses existen y son el símbolo de la imperturbabilidad y felicidad absolutas, por lo que, al ser esto así, no quieren nada con los hombres y su felicidad nos hace libres. Al estar compuestos por átomos son mortales.
11. El movimiento es eterno como eterno es el vacío, por lo que el movimiento eterno de los átomos hace que se excluya del Universo cualquier agente extraño promotor del universo; los átomos se mueven a impulsos propios. De ahí se deduce la libertad del hombre.
12. Para substraer al hombre de las inquietudes coyunturales que los hombres se causan se crean dos vías: una justicia basada en un pacto humano de no agresión (principio negativo y pasivo) y una amistad de grupos reducidos (principio positivo).

OPINIONES SOBRE EPICURO EN LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA Y LA NARRATIVA

Como el desarrollo de este capítulo podría llevarnos a cientos de obras y opiniones debemos resumir diciendo que después de la muerte del filósofo se sucedieron las opiniones contrarias de los defensores de Epicuro y los detractores, dentro de los cuales se pueden incluir casi todos los defensores del platonismo, el estoicismo y el cristianismo (Cicerón, San Lucas, Séneca -con matices-, Epícteto, Plutarco, Marco Aurelio, Sexto Empírico, Plotino, Lactancio, Juliano, Bernat Metge, Kant, Césare Cantú, Miguel de Unamuno, W. Capelle, J. Chevalier, ...). También los defensores, "progresistas" -o, simplemente, provocadores-, son abundantísimos (Lucrecio, Julio César, Filodemo, Diógenes de Enoanda, Diógenes Laercio, Tácito, Tomás Moro -con matices-, La Rochefoucauld, Quevedo, Hume, Schopenhauer, K. Marx, J. Stuart Mill, Nietzsche -con matices-, E. Reclús, J. Pirenne, A. Camus, I. Montanelli, B. Farrington, García Gual, E. Lledó, E. Guisán, F. Savater, A. Cortina, ...).

Queda claro, con esto, que tras el triunfo del cristianismo se produce una progresiva decadencia del epicureísmo causada por la persecución, la censura y el "miedo a la razón" ("fracaso de los ideales de racionalidad") (3). En la Edad Media se tiene del epicureísmo una ignorancia absoluta (pensemos en la fecha de la traducción de D. Laercio), y prueba de ello es la referencia que Bernat Metge (1.340-1.413), escritor catalán y canciller de la reina Leonor de Sicilia, maestro y secretario de Juan I de Aragón, etc., hace a Epicuro en su ambigua obra El Sueño, que escribe en la cárcel para ganar el favor real (4):

(...) Pues no tan sólo dudabas, sino que, siguiendo la opinión de Epicuro, tenías por evidente que el alma tenía que morir algún día con el cuerpo, (...)

También Tomás Moro apuesta, aunque subrepticiamente, por el principio del placer y de la moral epicúrea, aunque, seguramente, más influido por el epicureísmo de Séneca que por otra cosa (5):

(...) Aunque esto pertenece a la religión piensan que conviene que se crea y confirme con pruebas racionales. Pero si estos principios fueran condenados o anulados, entonces declaran sin dudar que ningún hombre sería tan loco que no aplicara toda su diligencia y esfuerzo por obtener placer a las buenas o las malas evitando sólo este inconveniente: que el placer menor no fuera un estorbo o impedimento para uno mayor o que no se procurara un placer que le provocara posteriormente desplacer, dolor y pena (...)

Shakespeare escribía en Macbeth, acto V, escena III:

(...) Los espíritus que conocen todos los mortales me lo han declarado así: "No temas, Macbeth: ningún hombre nacido de mujer tendrá poder sobre ti". Entonces, huid falsos Barones y mezclaos con esos epicúreos de los ingleses, (...)

León Tolstoi, en La muerte de Iván Ilich, expresa, bellamente, el ideal epicúreo sobre la muerte, quizá sin saberlo (6):

(...) Buscaba, sin poderlo encontrar, su anterior y habitual miedo a la muerte. "¿Donde está?¿Qué muerte?" No sentía miedo alguno porque no había muerte. "¡Se acabó!" dijo alguien sobre él. Él oyó estas palabras y las repitió en su alma. "Se acabó la muerte -se dijo-. La muerte no existe". (...)

Pío Baroja se refiere a Epicuro directamente en El árbol de la ciencia:

(...) Andrés, por las tardes, visitaba a su tío Iturrioz. Se lo encontraba casi siempre en su azotea leyendo o mirando las maniobras de una abeja solitaria o de una araña. -"Esta es la azotea de Epicuro- decía Andrés riendo. (...).

Marguerite Yourcenar pone en boca del emperador Adriano (Memorias de Adriano) (8):

(...) La meditación de la muerte no enseña a morir y no facilita la partida; pero ya no es facilidad lo que busco (...) Desconfío de todas las teorías de la inmortalidad (...) Por otra parte también me sucede encontrar demasiado simple la solución contraria, la nada, el hueco vacío donde resuena la risa de Epicuro (...).

EPICUREÍSMO HOY. LA "NUEVA CLASE" Y LA "ÉTICA DE MÍNIMOS"

A partir de esta etapa histórica las ideas epicúreas se convertirán en una valoración parcial de la doctrina epicúrea, en cuanto que se reduce a la simpatía por su moral, independientemente de su "física". Fue lo que Rostovzeff llamó "epicureísmo trivial", o spleen baudelaireano de las clases altas, que ya se dió en tiempos de Séneca9. Recordemos si no las características del burgués de la criticada obra de Sombart, cercanas más, según él, al estoicismo senequista10. De Gassendi a Marx entramos en la recuperación total de la filosofía epicúrea, pasando por el contrato social de Rousseau, la crítica a la religión de Voltaire (Zadig, Cándido, Micromegas, ...), la socarronería de Chamfort, Montaigne, ... No cabe duda de que el surgimiento de la moral hedonista lo encontramos tras la crisis de la moral del hombre moderno, desde la Revolución Francesa a nuestros días. Ante la sospecha de la inexistencia de un criterio de verdad que justificara la idea de justicia, del bien y del mal, etc. (que hasta los ss.XV-XVI-XVII era acallada o impuesta), desde Kant a los nuevos escritores de la ética se han intentado buscar nuevos principios teóricos basados en la razón (ante el fracaso del binomio cristiano fe y razón) justificadores de la cohesión de un orden moral medianamente establecido. Desde los ilustrados, pasando por Nietzsche, a los existencialistas la idea de derecho natural fue cayendo en el campo de la sospecha (sobre todo poco antes y después de la Segunda Guerra Mundial), lo que posibilitó, bajo la amenaza de nuevos totalitarismos y neodarwinismos, una vuelta a las morales utilitarias, de fácil manejo y divulgación popular.

Después de esta exposición no es extraño que el joven Marx (11), Nietzsche (12) E, A. Camus (13) o Benjamín Farrington (14) exaltaran -brillante y bellamente, por otra parte- a Epicuro como rebelde, como salvador del hombre en crisis que se aferra a una tabla para su propia salvación. Filosofías ateas, individualistas y románticas, a la vez.

En cuanto a qué clase social aprehendió estas ideas, el economista J. K. Galbraith, en su obra de 1.951, La sociedad opulenta, advirtió sobre las desigualdades económicas y la "Nueva Clase" -que en España fue una realidad más tardía debido a imposiciones económicas-; a esta clase creemos que va dirigida la nueva moral epicúrea (15):

(...) La clase ociosa, ha sido reemplazada por otra clase mucho más vasta, para la cual el trabajo no posee ninguna de las antiguas connotaciones como el dolor, la fatiga y otras incomodidades mentales o físicas (...)

(...)Tal es el trabajo de la Nueva Clase. Jamás aristócrata alguno contempló con mayor pena la pérdida de los privilegios feudales que la que experimentaría un miembro de esta clase al considerar su caída al trabajo vulgar, cuya única retribución es la paga, De vez en cuando maestros de escuelas primarias abandonan sus puestos para trabajar en fábricas por una retribución considerablemente más elevada. Este hecho tiene una gran resonancia, debido a que representa una deserción de una ocupación que se supone otorga la dignidad de pertenecer a la Nueva Clase. El profesor de colegio secundario, que es un miembro más seguro de la Nueva Clase, no consideraría nunca la posibilidad de semejante cambio (...) La Nueva Clase procura con todas sus energías perpetuarse a sí misma. No se espera que sus retoños proyecten sus vidas de tal modo que ganen grandes cantidades de dinero. (...) Pero la Nueva Clase posee gran cantidad de fuerzas protectoras. Raramente el hijo del cirujano llega a ser mecánico de garaje (...) La Nueva Clase no es un coto cerrado (...) El requisito más importante que se exige, sin lugar a dudas, es la educación. (...)

Y por fin llegamos a los actuales exponentes de la moral epicúrea en España. Esperanza Guisán, autora de Manifiesto Hedonista y Ética sin religión, defiende su "hedonismo ético" argumentando, por ejemplo, que la escisión puritana entre virtud-felicidad, la vida éticamente buena y la vida prudencialmente valiosa ha producido un penoso y lamentable retroceso en la marcha histórica en la que subyacía una concepción ilustrada del ser humano(16). Rechaza, sin embargo, la misantropía de Epicuro y su indiferencia ante la política.

Fernando Savater, en su Ética para Amador, también acoge sin discusión la moral hedonista afirmando:

(...) ¿Por qué está mal lo que llamamos "malo"? Porque no le deja a uno vivir la buena vida que queremos. ¿Resulta, pues, que hay que renunciar al mal por una especie de egoísmo? Ni más ni menos"(...) (17).

Como última muestra elegimos los ensayos de Adela Cortina: La ética de la sociedad civil y El quehacer ético. Guía para la educación moral. En estos textos la defensa de Kant es más clara que la defensa de una moral hedonista, aceptada aunque infravalorada ante la "ética de máximos" que suponen las religiones en particular, sobre todo ahora que la mayoría de ellas se han tenido que desembarazar, por ciertas imposiciones, de sus actitudes violentas. Pensamos que la diferenciación que hace entre ética religiosa, laicista y laica es un guiño a las morales religiosas.

CONCLUSIÓN

El nuevo epicureísmo que se está fraguando como consecuencia de los procesos económicos, que nosotros llamaríamos más bien "nuevo hedonismo" (ya anunciado por Oscar Wilde en su Retrato de Dorian Gray), más "cirenaico" y convulsivo por su inmediatez e irreflexividad, puede tener como principios inspiradores la filosofía de Epicuro, pero conviene no llevarse a engaño; queda bien claro que los escritores a los que nos hemos referido desean educar a grandes masas de la población; ven el peligro de un hedonismo sin control que aumente cada vez más el abismo que separa la riqueza de la pobreza -argumento que parte de la suposición de que es posible educar al margen de un sistema capitalista que ya "educa", por sí sólo, a estas poblaciones-. No cabe duda de que esta moral viene a la sociedad actual como anillo al dedo: vuelta idealista a la "naturaleza" (desconocida por el "urbanita"), supuesta autarquía y aislamiento social (más bien insolidaridad de las clases medias-altas), eliminación del miedo a la muerte del hombre moderno, ataraxía (donde se incluyen numerosos sistemas de evasión -videojuegos, drogas de diseño, formas de ocio irracionales, ...-). Lo negativo de todo ello, compartiendo la idea de H. Marcuse (18) y Erich Fromm (19), es que, de llegar a ser ésta una moral mayoritaria, conscientemente conocida y practicada se constataría que:

1. La de Epicuro es una filosofía de la escasez: define el placer como la satisfacción que resulta de la eliminación de una tensión dolorosa (como pensaba Freud).

2. La filosofía de Epicuro sobre el placer desea evitar el conflicto con el orden existente; sólo se declara lo socialmente permitido, la forma deseada del placer. Epicuro era, con respecto a Marcuse, más pesimista, porque no creía en la revolución que pudiera conducir a todos a una dicha comunitaria, ni pensaba en un horizonte utópico en que pudiera albergarse una sociedad sin injusticias ni trabas a las pulsiones eróticas. Se trata, en cierta medida, de una filosofía de la resignación.


NOTAS

1. SOMBART, W., El burgués. p. 227.

2. EPICURO., Obras completas. Introducción de José Vara. edit. Cátedra.

3. GARCÍA GUAL, C., Epicuro. p. 249.

4. BERNAT METGE., El sueño. p. 51-52.

5. MORO, T., Utopía. p. 78

6. TOLSTOI, L., La muerte de Iván Ilich. p. 824.

7. BAROJA, P., El árbol de la ciencia. p. 166.

8. YOURCENAR, M., Memorias de Adriano. p. 196.

9. GARCÍA GUAL, C., Epicuro. p. 246.

10. SOMBART, W., El burgués. Alianza Universidad.

11. MARX, K., Diferencias de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro. edit. Ayuso, 1.971.

12. NIETZSCHE, F., Humano, demasiado humano. El caminante y su sombra. La gaya ciencia. Aurora. La genealogía de la moral.

13. CAMUS, A., El hombre rebelde. 564 y 578. Exalta como rebelde, más bien, a Lucrecio.

14. FARRINGTON, B., The faith of Epicure (La rebelión de Epicuro).

15. GALBRAITH, J.K., La sociedad opulenta. p. 279. cap. XXIII.

16. GUISÁN, E., Ética sin religión. p. 35.

17. SAVATER, F., Ética para Amador. p. 106.

18. GARCÍA GUAL, C., Epicuro. p. 196.

19. FROMM, E., El miedo a la libertad.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

EPICURO., Obras completas. Cátedra. Madrid, 1.995.

FARRINGTON, B., La rebelión de Epicuro. Edit. Laia. Barcelona, 1.974.

GARCÍA GUAL, C., Epicuro. Alianza Editorial. Madrid, 1.983.

GARCÍA GUAL, C., & ACOSTA MÉNDEZ, E., Epicuro. Ética. La génesis de una moral utilitaria. Edit. Barral Editores. Barcelona, 1.974.

LAERCIO, D., Vidas de los filósofos más ilustres. Austral. 1.950.

LUCRECIO., De la naturaleza de las cosas. Edit. cátedra, 1.994.

LLEDÓ, E., El epicureísmo. Edit. Montesinos. Barcelona, 1.984.

MARX, K., Diferencias de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro. Edit. Ayuso. Madrid, 1.971.

SÉNECA, L. A., Epístolas morales a Lucilio. Edit. Gredos. Madrid, 1.994.

STUART MILL, J., El utilitarismo. Edit. Orbis. Barcelona, 1.984.


Fuente Panta Rei. Revista de ciencia y didáctica de la historia



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