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Pulsión de Muerte en la Teoría Psicodinámica.

Por Evelyn Palma

Publicado el: 2001-10-15

    

Carrera de Psicología
Universidad de Chile

http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/thesis/02/ensayos/pulmue.htm

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"... cosas terribles, muchas hay, pero

ninguna más terrible que el Hombre..."

("Antígona" de Sófocles.)





Con este fragmento literario acerca de la condición humana y la aseveración de su "terribilidad", quisiera comenzar el presente ensayo, con el cual pretendo contestarme el autocuestionamiento atormentador acerca de la existencia de la Pulsión de Muerte, inherente al Sujeto del psicoanálisis, tanto en su vertiente ontológica como cultural. Este cuestionamiento surge de la pregunta por el orden de la civilización y la continuidad de la Historia de ésta; esta pulsión supondría un constante aniquilamiento de la cultura a través de la exteriorización de la agresividad, por ejemplo, en la violencia interindividual e intergrupal.

En vista de lo anterior enunciaré algunos supuestos explicándolos brevemente y así vislumbrar alguna respuesta. Sin embargo, estas explicaciones estarán algo perjudicadas por mi ignorancia en cuanto a algunos puntos del tema que aún no logro cuajar, pero como dice Freud " si no se puede avanzar volando, bueno es progresar cojeando pues está escrito que no es pecado el cojear".

Para comenzar, definiré a grandes rasgos el significado e importancia de la pulsión dentro de la dinámica psicoanalítica. Para comprender de dónde surge el concepto de pulsión, se debe considerar que existen dos tipos de excitación a las que se somete el organismo, las cuales se rigen bajo el "principio de la constancia". Estas excitaciones son: excitaciones externas (de las que el individuo puede protegerse) y excitaciones internas (de las que el individuo no puede escapar), gracias a las cuales se constituye el funcionamiento del aparato psíquico. Estas excitaciones internas constituyen la "pulsión".

La pulsión supone un proceso dinámico, consistente en un movimiento de una carga energética que hace tender al organismo hacia un fin. La pulsión tiene su fuente (estado de tensión interno), su fin (terminar esta tensión) y, un objeto (gracias al que puede alcanzar su fin).

El término pulsión se caracteriza por la idea de "movilidad energética" algo así como un "empuje". En cuanto al objeto de la pulsión, éste es variable y depende de las contingencias, pero su elección está en relación con la historia de vida del sujeto que lo elige. Por otra parte, los fines de esta pulsión pueden ser múltiples y parciales, y dependen de fuentes somáticas, las que, a su vez , son múltiples y susceptibles de adquirir y de mantener una función prevalente (por ejemplo, las zonas erógenas). Por último, cuando se habla de empuje se hace referencia a la "exigencia de trabajo impuesta al aparato psíquico" (ver en "Pulsión y destino de pulsión").

Freud empieza a analizar el problema de la pulsión en sus estudios acerca de la sexualidad, descubriendo que la pulsión sexual se diferencia de otras pulsiones. Así entonces, en una primera teoría de la pulsión, se diferencian las siguientes: las pulsiones sexuales y las pulsiones de autoconservación (funciones para la conservación del yo, por ejemplo el hambre). Luego este dualismo se modifica, y se oponen pulsión de muerte y pulsión de vida, modificándose la función y la situación de las pulsiones en el conflicto. Ahora ambas se conciben como residentes en el Ello, y como principios fundamentales que presiden la actividad del funcionamiento del organismo, y se concebirá a la "pulsión como la fuerza cuya existencia se postula en el trasfondo de las tensiones generadoras de las necesidades del Ello" ( ver en "Esquema del Psicoanálisis"). Por lo tanto, considerando esta dualidad en la segunda teoría de las pulsiones explicitada en "Más allá del principio del placer", mencionaré los supuestos en cuanto a la pulsión de vida (Eros) y a la pulsión de muerte (luego llamada Tánatos):

La pulsión de vida consiste en la conservación de las unidades vitales existentes y en la constitución de unidades más amplias. Existiría una tendencia a producir y mantener la cohesión de las partes de la sustancia viva y el organismo individual aspira a mantener su unidad y su existencia. El principio subyacente a esta pulsión es el de ligazón de unidades orgánicas de organización cada vez más complejas. Dentro de esta pulsión se encuentran la pulsión sexual (constitución de unidades vitales más complejas) y la pulsión del yo (conservación de las unidades simples).

En cuanto a su contraparte, la Pulsión de muerte tiende a la reducción completa de las tensiones, o sea, a disolver al ser vivo al estado de materia inorgánica, tendencia a la destrucción de las unidades vitales, a la nivelación de las tensiones y al retorno al estado inorgánico, considerado como el estado de reposo absoluto. Las pulsiones se dirigen primariamente hacia el interior, tendiendo a la autodestrucción (pulsión de destrucción), y en un segundo momento se dirigirían hacia el exterior (pulsión agresiva). Esta idea de que la pulsión de muerte es el empuje por el retorno a la materia inorgánica supone la concepción de que todo ser vivo fue en un "antes" un "ser no vivo"; por lo tanto, la satisfacción de la pulsión sería un retorno a un estado anterior. La pulsión, destructora del organismo hacia sí mismo, hace tender al deseo de desintegrarse y de conducirse hacia un estado de inorganicidad, pero este deseo se convierte en inofensivo cuando pasa de la pulsión destructiva hacia la pulsión agresiva, o sea, hacia un objeto externo, misión facilitada por la constitución del sistema orgánico vinculado a la musculatura. Para Freud, parte de esta pulsión agresiva se pone al servicio de la sexualidad, por ejemplo en el sadismo. Cuando la pulsión destructiva se convierte en pulsión agresiva, parte de ella permanece en el organismo evidenciándose en el proceso del masoquismo primario. Las pulsiones de muerte se contraponen a las de vida en esta nueva concepción teórica, ya que las anteriores pulsiones esbozadas por él (autoconservación y sexuales) constituyen en esta nueva visión de la pulsión, las pulsiones de vida. El principio que rige directamente esta pulsión es el de "Nirvana", ya que éste es el principio económico de la reducción de las tensiones a cero, en tanto el principio del placer representa la exigencia de la libido.

Ahora bien, considerando el cuestionamiento que hago en la introducción del presente ensayo, veo la relevancia de definir el concepto de "agresividad", concebida como la tendencia o conjunto de tendencias evidenciadas en conductas reales o fantasmáticas dirigidas a dañar a otro, a destruirlo. Esta agresividad puede adoptar modalidades distintas de la acción motriz, ya que no hay conducta que no pueda funcionar como agresión; actúa precozmente en el desarrollo del sujeto, subrayando el complejo juego de su unión y desunión con la sexualidad. Dentro de la teoría psicoanalítica, se considera a la agresión con un sustrato pulsional único en el concepto de pulsión de muerte. La agresividad es descubierta en el trabajo terapéutico a través de la resistencia de los pacientes a la cura, la clínica del duelo y melancolía, el sentimiento de culpabilidad inconsciente, etc. Los sentimientos hostiles expresados en el odio, Freud no los concibe como surgidos desde un amor negativo, sino que tienen su propio origen, el de la lucha del yo por su conservación y afirmación, y en esta esfera de la autoconservación relacionada con el peligro ante un objeto externo, la pulsión se expresa a través del deseo de apoderamiento del objeto, que en su primer momento sucede como indiferente para el sujeto, pero luego aparece como acontecido cuando se hace la vuelta hacia la persona (masoquismo).

Por otra parte, un extracto de la pulsión de muerte se pone al servicio de la pulsión sexual, y hallamos aquí el sadismo como tal, y otra parte de la pulsión de muerte no se dirige al exterior, permaneciendo en el organismo reconociéndose aquí el masoquismo originario. Esta idea luego es transformada explicándose así: Freud ve en las formas de masoquismo, un fenómeno derivado, en cuanto que sólo indicarían, la regresión a un masoquismo primario. La noción de agresión que Freud desarrolla, es distinta al clásico concepto de agresión descrita como un modo de relación con otro a través de la violencia, ya que para Freud la pulsión de muerte al tener su origen en el propio sujeto, supone que la autoagresión es el principio mismo de la agresividad.

Considerando las nociones conceptuales expuestas anteriormente, desarrollaré dentro de lo posible, o mejor dicho dentro de los límites reales, las interrogantes que me surgen a partir de esta noción de pulsión de muerte. Antes de esto quisiera advertir que las siguientes interrogantes y sus argumentos explicativos, las haré desde un punto de vista más ligado a la dinámica cultural que a la individual (aun cuando se supone una a partir de la otra).

Ante la afirmación planteada por Freud en "Más allá del principio del placer" de que "toda vidatiene como meta la muerte", ya que todas las motivaciones de la vida sólo son rodeos hacia la muerte, la pregunta más evidente que podría surgir del argumento pulsional de Freud es la siguiente: ¿cómo se explica que en la historia de la cultura, la destrucción de la vida humana y animal ha progresado, en medios y fines, junto con el progreso de la civilización?, ¿cómo es posible que la crueldad y el odio que hoy son actualizados a través de mediaciones materiales cada vez más refinadas, cada vez más invisibles y cada vez más espantosas, (como por ejemplo en la exterminación científica de los hombres), han aumentado a la par con la posibilidad de eliminar esta opresión, a través por ejemplo, en los avances de la salud, de la educación, el acceso cada vez más masivo a producciones artísticas, etc.?.

Una explicación posible a esta dolorosa interrogante es la de que a lo largo de la historia de la civilización, de la productividad en el trabajo y el progreso de la técnica surge el deseo de apoderamiento y de control sobre la naturaleza, de la agresión hacia un objeto externo (ya que la naturaleza es dada al yo como un objeto contra el que tiene que luchar aun cuando esta lucha por el control comienza por el control de las pulsiones yoicas y sexuales). En esta lucha contra la naturaleza como un otro, se obtiene el control sobre ella. A partir de este control sobre la naturaleza se tiene la ilusa esperanza de poder satisfacer todas las necesidades individuales tanto de conservación como las sexuales, pero ante la argumentación de que la naturaleza no tiene los suficientes medios como para satisfacer a todos los individuos, surge la destructividad hacia los demás individuos en esta lucha por la existencia.

La lucha primigenia por los medios de subsistencia, es observable en el mito de la horda primitiva, en la que el padre es el monopolizador de los objetos de satisfacción: él controla la vida de sus hijos a través de la violencia ejercida a través de la prohibición simbolizada en su autoridad de padre. Entonces, ante esta permanente prohibición y frustración por no poder satisfacer sus pulsiones de vida, los hijos matan al padre y lo devoran satisfaciendo así, su pulsión agresiva. Pero luego, considerando la introyección de las prohibiciones del padre en los propios hijos a través de una conciencia moral, estos hijos sin padre, sienten un gran remordimiento por el amor que le tenían a este padre coartador, creándose así el superyo por identificación. Por lo tanto para Freud el tema de la culpa es fundamental en el desarrollo de la civilización. Esta culpa es manifestada a través de la restricción autoimpuesta por el grupo de hijos para evitar la repetición del acto. Por esta razón, el hombre reprime este acto, pero de generación en generación esta pulsión revive, en forma de rebelión ante el orden establecido de injusticia y miserias, o bien ante el deseo inherente del ser humano de un poder sobre otro. Sin embargo esta pulsión es reprimida a beneficio de la continuidad de la civilización ya que al ser actualizada la pulsión agresiva hacia la autoridad (el padre) se atentaría contra las bases mismas del progreso de la cultura (su autoconservación). Entonces a través de la presencia de culpa dentro de la conciencia moral el superyo castiga tanto el acto, como el deseo de actualizar el acto que atenta contra la autoconservación de la civilización.

De lo anterior, se podría concluir que Eros, sobre la base de la renunciación a la agresión, placer excesivo y sin límites, empieza su trabajo cultural de combinar la vida en unidades cada vez más amplias, o bien de conservar las unidades ya existentes.

En síntesis este punto se puede resumir a partir de dos preguntas con sus respectivas respuestas: considerando que para Freud la civilización está fundada en la supresión de las pulsiones: ¿Por qué el exceso de Eros no es permitido, tanto como pulsión de conservación como pulsión sexual? ¿Por que el exceso de Tánatos la civilización no lo permite?. La respuesta a la primera interrogante es que, considerando que Eros tiende a la expansión, a la autosublimación a través de relaciones duraderas, a la lucha por eternizarse en el tiempo, esta tendencia encuentra su resistencia en el campo de la necesidad, o sea, en la no existencia de los medios materiales suficientes para satisfacer a este Eros en su totalidad. En tanto, la respuesta a la segunda pregunta es que el Tánatos, al ser su tendencia el lograr el final del tiempo, o sea la inexistencia de la eternidad, atentaría contra la continuidad de la civilización.

Volviendo al tema de la introyección de la culpa en beneficio de la civilización, esta culpa opera como medio autorrepresivo ya que cada individuo contribuye a la civilización a partir de sus propias renuncias de deseo, y estas renuncias varían con el grado de madurez que alcanza en cada etapa la historia de la civilización a través del dominio racional alcanzado sobre la naturaleza y la sociedad, sobre la base de nuevos medios cada vez más sofisticados o mejor dicho tecnológicos (eficaces, rápidos, anónimos, impersonales) sobre la naturaleza y sobre los demás individuos para la dominación de las pulsiones. Estos medios eficaces de dominación sobre la naturaleza ya no los percibe el individuo o el grupo social como impuesto por un Padre, ya que la imagen paterna va sustituyéndose por figuras cada vez más lejanas y más impersonales, hasta llegar a este sombrío poder de un Destino, no cognocible y, menos increpable. Por esta razón, burdamente argumentado, podríamos decir que existe una relación directa entre el crecimiento en la manifestación de Eros con relación al Tánatos y viceversa, o sea mientras más Eros, más Tánatos y mientras más Tánatos, más Eros. De esta manera "tenemos a la cultura como la gran empresa de hacer que la vida prevalezca sobre la muerte, teniendo como arma suprema el usar la violencia interiorizada contra la violencia exteriorizada; suprema astucia ésta de hacer que la muerte trabaje contra la muerte"(ver en "Freud: una interpretación de la cultura"). Así entonces, Eros se impone a Tánatos en el control de la agresión a través de la ley y el orden, de la necesidad de la productividad en el trabajo para el progreso de la civilización, de la necesidad, también, de evitar los horrores de la guerra, del genocidio, de los fanatismos, de las crecientes "ilusiones" por las cuales los hombres intentan explicarse su existencia, etc.; y a su vez el mismo progreso de esta civilización que controla por todos los medios que puede a la pulsión destructiva y agresiva, agrede el exceso de Eros (como pulsión sexual, por ejemplo) aumentando la magnitud de la sublimación de la sexualidad, en el trabajo productivo, en la actividad artística y primariamente, en el interés de que los infantes dejen atrás esa etapa de la perversión polimorfa en la cual el Eros se deposita en varias zonas corporales, para que el individuo, si es que puede, se convierta en un individuo maduro sexualmente a través de la heterosexualidad monogámica.

Si bien muchas nociones me son inexplicables dentro de mis primeros pasos en el conocimiento de la teoría psicodinámica (y obviamente muchas consideraciones dejo en el camino), sólo a través de este "burdo" argumento puedo explicarme, a grandes rasgos, la noción de Pulsiones contrapuestas luchando eternamente a lo largo de la historia, tanto del individuo como de la cultura, y como para Freud la especulación no es impedimento en el "intento de perseguir y agotar una idea" en el desarrollo del conocimiento, como bien lo expresa en "Más allá del principio del placer", me permito a mí misma tomar ese sendero de llegada a la verdad del problema.


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Bibliografía:

-Freud, Sigmund.(1954). Pulsión y destino de pulsión. En Obras Completas. Ed. Amorrortu.

-Freud Sigmund. (1954). Más allá del principio del placer. En Obras Completas. Ed. Amorrortu.

-Freud Sigmund. (1954) Esquema del Psicoanálisis. En Obras Completas. Ed. Amorrortu.

-Freud Sigmund. (1954) El problema económico del masoquismo. En Obras Completas. Ed. Amorrortu.

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