LOS MODOS DEL HABLA Y EL SILENCIO EN HEIDEGGER

Cecilia Gorodischer*

Publicado el: 2027-01-04


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Comparar EL psicoanálisis con La filosofía, si fuera posible, convertiría a ambos en entidades.Y si además, una vez hecho esto, se intentara buscar las relaciones ...




LOS MODOS DEL HABLA Y EL SILENCIO EN HEIDEGGER, POSIBLES PREDECESORES DE LA OPOSICIÓN PALABRA PLENA/PALABRA VACÍA EN LACAN

Cecilia Gorodischer*
http://www.pedagogia.netfirms.com/cuaderno/agorosdicher.html

"Pero nosotros tenemos que vérnoslas con esclavos
que creen ser amos y que encuentran en un lenguaje
de emisión universal el sostén de su servidumbre
con las ligas de la ambigüedad."

Lacan, Jacques

"Poesía, propiamente dicho, no es nunca meramente un modo
más elevado del habla cotidiana. Al contrario, es más bien el hablar
cotidiano un poema olvidado y agotado por el desgaste y del cual
apenas ya se deja oír invocación alguna."

Heidegger, Martin

I. Introducción: Lacan y la Filosofía no es lo mismo que decir Lacan y los filósofos

Comparar EL psicoanálisis con La filosofía, si fuera posible, convertiría a ambos en entidades. Y si además, una vez hecho esto, se intentara buscar las relaciones entre estas entidades, se correría el peligro de recalar en una tarea ideológica, francamente improductiva. En el caso de Lacan, es conocido su tono despectivo hacia la filosofía en general, especialmente cuando subraya que la filosofía se ocupa de totalidades mientras que el psicoanálisis destotalizaría las completitudes del saber universitario.
Sin embargo, por otro lado Lacan no deja de hacer referencia a filósofos constantemente, al menos hasta el Seminario "Encore" y "Les Nom du Père". Primero a Hegel, y después fundamentalmente a Heidegger. Sin ir más lejos, es notoria la relación entre la noción de sublimación que Lacan elabora en su Seminario "La ética del psicoanálisis" y el artículo de Heidegger acerca de la Cosa, "La pregunta por la Cosa". Y aunque Hegel primero y Heidegger después, se eclipsan, las referencias a Aristóteles llegan hasta los años 1973/4. Finalmente, se eclipsan incluso las referencias filosóficas y el diálogo de Lacan es con James Joyce y con la nudología.
Pascal y Descartes son también referencias obvias, sobre todo Descartes, en gran parte de la obra lacaniana. Sin embargo, coincido con Juan B.Ritvo en preguntarme si el hecho de que los textos filosóficos sean tomados en su singularidad, no hace que queden fuera de lo que universitariamente se llama LA filosofía.
Heidegger es un filósofo con el que los psicoanalistas nos encontramos cuando leemos textos de Lacan o lacanianos o para psicoanalistas lacanianos. Porque hay problemáticas convergentes, como la problemática de la repetición por ejemplo, que exigen una elucidación. Son razones pragmáticas. También podría plantearse en términos de influencias, siempre y cuando no pongamos el acento en quién lo dijo primero o quién lo dijo mejor, lo cual es una falsa querella, sino que tomemos como criterio la idea borgiana de que es el sucesor el que inventa a su predecesor, lo que le da un lugar de reconocimiento al predecesor, porque por ejemplo en el caso que nos ocupa, Heidegger es esencial para crear un horizonte en el cual el psicoanálisis, a través de Lacan, va a salir de la asfixia en que estaba el psicoanálisis posfreudiano.
El punto central de convergencia del psicoanálisis lacaniano con Heidegger es la concepción del tiempo. Este es el eje. Y la fórmula de la temporalidad es el advenir siendo sido, esto es, el futuro anterior. Las fuentes en donde podemos rastrear esta afirmación son "Ser y tiempo" y el texto de Lacan "El aserto de la certidumbre anticipada".
II. Breve recorrido lacaniano sobre la oposición palabra plena/palabra vacía y su relación con la verdad
Tomaré como referencia para este breve recorrido el primero de los Seminarios de Lacan, "Los escritos técnicos de Freud".
De los Escritos tomaré los siguientes artículos: "Función y campo de la palabra en psicoanálisis. Discurso de Roma" (1953); "La dirección de la cura y los principios de su poder" (1958); y "La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud" (1957). En ambos casos, tanto en el seminario como en los artículos de los Escritos, me detendré en aquellos puntos en los que Lacan trate, explicite los conceptos de palabra plena/palabra vacía en su relación con la verdad.
En el capítulo "La palabra en la transferencia. Función creadora de la palabra", del Seminario 1, seminario dictado en el año 1954, Lacan señala que la palabra es un medio para ser reconocido, quiere hacer creer algo y exige reconocimiento. Asimismo, la palabra tiene una función creadora, y es ella la que hace surgir la cosa misma, el concepto. Lacan entiende aquí como palabra vacía, aquella que carece de afecto. Por eso en el análisis de la transferencia se trata de saber en qué punto de su presencia la palabra es plena, para que tenga efecto en la estructura subjetiva. Así, la función de la transferencia sólo puede ser comprendida en el plano simbólico, en el plano del lenguaje, y el análisis es una técnica de la palabra, porque es la palabra el ambiente en el que se desplaza.
Toda palabra formulada como tal introduce en el mundo la novedad de la emergencia del sentido, porque introduce en lo real la dimensión de la verdad.
En "Función y campo de la palabra en psicoanálisis", Lacan se ocupa directamente de la palabra vacía y la palabra plena en la realización psicoanalítica del sujeto. En una clara indicación técnica, dice que una respuesta del analista, y sobre todo aprobadora, a la palabra vacía del analizante, muestra a menudo por su efecto que es mucho más frustrante que el silencio. Se trata más de frustrar al paciente, porque el trabajo que éste realiza para reconstruir su ser para otro en el análisis vuelve a encontrar la enajenación fundamental que le hizo construirlo como otro (esto es, falsamente, vacíamente), y que lo destinó a serle limitado por otro. El arte del analista debe ser el de suspender las certidumbres del sujeto, porque estas certidumbres son las que lo sostienen en este como otro, para otro, como objeto narcisista, capturado por la mirada del otro. Donde debe escandirse su resolución subjetiva es en el lenguaje.
En la palabra vacía, "el sujeto parece hablar en vacío de alguien, que, aunque se le pareciese hasta la confusión, nunca se unirá a él en la asunción de su deseo". La palabra plena, en cambio, es lo que la famosa paciente de Freud llamaba "talking cure"; es el relato del trauma, la causa del síntoma. El efecto de la palabra plena es el de "reordenar las contingencias pasadas dándoles el sentido de las necesidades por venir", y es en este sentido que nos encontramos con este tiempo de la retroacción, que es el tiempo heideggeriano: el Gewesend, el advenir siendo sido. En el caso particular de la histeria, es la revelación de su pasado el que nos presenta en su ambigüedad el nacimiento de la verdad en la palabra. Es la palabra presente la que da testimonio en la realidad actual de la verdad pasada, y al mismo tiempo la funda. Por eso puede decir Lacan que Freud "anula los tiempos para comprender en provecho de los momentos por concluir que precipitan la meditación del sujeto hacia el sentido que ha de decidirse del acontecimiento original".
Es esta asunción por el sujeto de su historia, a través de la palabra plena, en cuanto que está constituida (su historia) por la palabra dirigida al otro, la que forma el fondo del psicoanálisis. Y el inconsciente no es otra cosa que aquella parte del discurso concreto que falta a la disposición del sujeto para restablecer la continuidad de su discurso conciente.
Quizás sea el momento de introducir un párrafo lacaniano sobre el tiempo en psicoanálisis, que ahora podemos reconocer como heideggeriano. Dice Lacan: "Me identifico en el lenguaje pero sólo perdiéndome en él como objeto. Lo que se realiza en mi historia no es el pretérito definido de lo que fue, puesto que ya no es; ni siquiera el perfecto de lo que ha sido en lo que yo soy, sino el futuro anterior de lo que yo habré sido para lo que estoy llegando a ser."
El psicoanálisis no puede tener otra meta que el advenimiento de una palabra plena, esto es, verdadera, y la realización por el sujeto de su historia en su relación con un futuro. Y la pulsión de muerte, que expresa el límite de la función histórica del sujeto, señala a la muerte según la fórmula que da Heidegger, como esa "posibilidad absolutamente propia, incondicional, irrebasable, segura, y como tal indeterminable del sujeto."
En "La dirección de la cura y los principios de su poder" Lacan dice que la función de la palabra es tal que el sujeto se subordina a ella hasta el punto de ser sobornado por ella. Es lo que los psicoanalistas decimos como "ser hablados", más que hablar como sujetos. Como el inconsciente tiene la estructura del lenguaje, según la tesis lacaniana (y por cierto freudiana), en él un material opera según las leyes que descubre el estudio de las lenguas que son o fueron efectivamente habladas.
En "La instancia de la letra en el inconsciente" el traductor acota que es Lacan quien traduce el texto "Logos" de Heidegger, lo que deja clara la lectura obligada de este filósofo por Lacan.
III. Heidegger, los modos del habla y el son del silencio: posible origen de la palabra plena lacaniana
¿De dónde pudo tomar Lacan esta idea de "ser hablados", de ser sometido por el lenguaje? Escuchemos lo que dice Heidegger en "De camino al habla": "En lo hablado reúne el hablar la manera de cómo perdurar él y aquello que a partir de él perdura ? su perduración, su esencia. Pero en general, y con demasiada frecuencia, lo hablado viene a nuestro encuentro sólo como lo pasado de un hablar (subrayado nuestro)".
En el párrafo que elegimos como acápite del presente Informe, escuchamos, por otra parte, que no sólo somos hablado, también hablamos, porque "el hablar cotidiano (es) un poema olvidado y agotado por el desgaste", pero del cual, aunque sea "apenas" "?ya se deja oír invocación alguna".
Heidegger entiende el habla como una morada a la que alguien debe advenir. No está dada el habla, como le está dado al hombre el acto de fonación, o incluso el acto de expresión a través del lenguaje, sino que "sólo en la medida en que los hombres pertenecen al son del silencio son capaces de un modo que a ellos les es propio, del hablar que hace sonar el habla".
Porque ni la expresión, ni la enunciación, son lo propio del hablar humano. Lo que hace al hablar humano morar en el habla es el Corresponder, Corresponder de un modo múltiple. Y lo propio del Corresponder es algo del orden del tiempo, elemento que ya vimos fundamental tanto en el psicoanálisis lacaniano como en Heidegger (porque son convergentes en ese punto): la anticipación en la retención. Dicho en términos lacanianos: el après-coup. Dicho gramaticalmente: el futuro anterior. Ese pasado que nos viene del porvenir, o mejor aún, que nos está viniendo en el momento en que la palabra presente adviene. Es la ruptura del orden temporal cronológico, porque el tiempo cronológico no es ni el tiempo subjetivo ni el tiempo del habla heideggeriana. El tiempo del habla es otra cosa que el tiempo del reloj. Por eso dice Heidegger del verso de Georg Trakl:
Dolor petrificó el umbral?
"Esta palabra (petrificó) es la única en el poema que habla en la forma verbal del pasado. Con todo, no nombra algo pasado, algo que ya no es el presente. Nombra algo que es, habiendo ya sido. En el haber sido de la petrificación, está primeramente presente el umbral." No es el pasado, no es el presente, no es el futuro. Es el advenir siendo sido.
Que en lo hablado del poema se despliegue el hablar, implica también esta dimensión temporal propia de la estructura subjetiva, que sólo adviene como palabra plena, esto es, como palabra verdadera, y que se desvanece en la palabra vacía.
Palabra plena, palabra verdadera, son del silencio.
En "Ser y tiempo", Heidegger entiende el habla como "logos apofántikos", que se traduce como enunciado proposicional que tiene que ver con la verdad. Es un enunciado asertado, esto es, digo la verdad o falsedad de él. Apofanestai sería lo que se muestra desde lejos, en el sentido de que se muestra desde la cosa misma: Es la cosa misma la que se muestra, la que se revela como emergiendo. En psicoanálisis podríamos pensar en lo que se revela en un acto fallido, o en un recuerdo. Apofanestai sería "el-habla-que-se-manifiesta-desde-lejos". "El habla "permite ver" ?dice Heidegger allí- apo (a lo lejos)?partiendo de aquello mismo de que se habla". Entonces, el habla habla desde lo que se habla, a condición de que aquello de lo que se habla se revele.
Y un poco más adelante: "Tal es la estructura del logos como apofansis (es decir, como revelación). No a todo "hablar" le es peculiar este modo de hacer patente en el sentido del "permitir ver" que muestra." Porque el enunciado proposicional tiene que ver con el asertar en torno a la verdad, así como la palabra plena.

Bibliografía

Lacan, Jacques: Seminario 1: Los escritos técnicos. Traducción Rithee Cevasco y Vicente Mira Pascual. Paidós, España, 1983.
Seminario 7: La ética del psicoanálisis. Traducción Diana Rabinovich. Paidós, Argentina, 1986
Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Traducción Juan Luis Delmont-Mauri y Julieta Sucre. Paidós, Argentina, 1988.
"Función y campo de la palabra en psicoanálisis", en Escritos 1. Traducción Tomás Segovia. Siglo XXI, Argentina, 1985.
"La dirección de la cura y los principios de su poder", en Escritos 2. Traducción Tomás Segovia. Siglo XXI, Argentina, 1985.
"La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud", en Escritos 1, op.cit.
"La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis", en Escritos 1, op.cit.
Heidegger, Martin: De camino al habla. Traducción Yves Zimmermann. Odós, Barcelona, 1987.
Ser y tiempo. Traducción José Gaos. FCE, México, 1974.

Ritvo, Juan: Clases desgrabadas no corregidas por el autor del Curso de Posgrado "Curso de Filosofía para Psicoanalistas", dictado en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario. Año 1996/7.









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