Clement Roset, En el ojo del ciclón

Traductor:Alberto Pinzon León

Publicado el: 2021-07-03


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Preparándome para interrogar a Clément Rosset sobre la Route de nuit, libro de una maldad insostenible y que opera un giro de ciento ochenta grados con relación a todo lo escrito antes...



CLEMENT ROSSET 1

En el ojo del Ciclón

El filósofo Clément Rosset ha relatado en la Route de nuit la crónica de su depresión. Más allá de su experiencia personal, analiza el destino social y literario de esta enfermedad del alma.

Declaraciones recogidas por DIDIER RAYMOND*

Traducción y presentación realizada por Alberto Pinzon León

Preparándome para interrogar a Clément Rosset sobre la Route de nuit, libro de una maldad insostenible y que opera un giro de ciento ochenta grados con relación a todo lo escrito antes ? los temas recurrentes de estos eran el elogio de lo real y la alegría de vivir -, me ha sorprendido encontrarlo en plena forma intelectual y moral. Como dice Molière en el Tartufo ¨ Fuerte y gordo, el tinte fresco y el rostro bermejo¨. De esta manera he podido sacar provecho de las circunstancias favorables para interrogarlo sobre el carácter extraño y desconcertante de este libro.
-Clément Rosset. Ante todo quiero decir algo, si hay algún interés, para algunos lectores, literatos y para los lectores que se interesan por la psicopatología, en mi Route de nuit, me parece que, pero no estoy muy seguro quizás, - es muy difícil hablar de sí mismo- su principal cualidad es la facultad de auto-observación, quien está en esta especie de situación es difícilmente compatible con la dura labor que representa la redacción de un libro. Otros antes que yo han tenido cierto éxito en esta apuesta, Maupassant seguro, Styron, Fitzgerald en una corta y última novela, La fêlure. Pienso en la observación, o más bien la auto-observación de eso que siento, constituye una suerte, una rareza, porque generalmente cuando se está aquejado por este garrotazo, se está en un estado quizás compatible con la continuación de una vida profesional disminuida, pero no con la redacción de un libro. Desde este punto de vista uno de los intereses de publicar este libro, independientemente de lo que quizás puede ser su éxito literario y de lo que su elemento divertido puede agregar a lo trágico del relato, es esta veracidad al espejo, si puedo decir, que es poco probable en el caso de alguien que al mismo tiempo ? o al menos quien lo ha precedido un poco- ha pasado por los sueños abominables y los sufrimientos matinales que relato en el libro. Para caracterizar esta rareza, compararía de buen grado esta rareza de la escritura con la rareza de una escritura embriagada.
Es muy raro que un depresivo o un deprimido temporal logre hacer un libro y es aún más raro que un alcohólico tenga el coraje de escribir un libro como en el caso en mi opinión único de Malcolm Lowry en Au-dessous du volcan. No sé de donde Lowry ha sacado la lucidez y la energía necesarias para la redacción de un gran libro de una escritura genial, de una comicidad inmensa, de una originalidad total, libro que describe de manera muy luminosa para alguien que no es alcohólico, no al menos hasta ese punto, lo que es el universo del Cónsul**, el universo mental del alcohólico, y que es al mismo tiempo un libro único por el hecho de haber sido escrito por un alcohólico en estado terminal. Está desde luego el caso de Poe, pero Poe no escribió, o muy poco, sobre el alcoholismo. Hay una posibilidad sobre mil o un millón en que un hombre aquejado por ese grado de alcoholismo haya descrito de esta manera tan exacta y precisa.
-Route de nuit marca una ruptura de tono y de contenido con tus libros precedentes, que hacen el elogio de lo real y de la alegría de vivir.
-Sí, cierto, pero tomo la precaución de decir que se trata de la descripción de una enfermedad que no afecta del todo las tesis que he defendido en mis otros libros; por otra parte ese tono era provisorio, lo he abandonado y escribí enseguida otros libros que vuelven al canal ordinario de mis obras.
-¿La crisis que relata Route de nuit está unida a un acontecimiento puntual, o a unas causas más profundas y más antiguas?
-¿Es que se trata de un mal provocado por los sinsabores de orden afectivo, como lo sugiero vagamente en el libro, o es aquello que no sería más bien que un mal más profundo unido a una soledad existencial propia de todos los hombres, o a la pérdida de la madre, cuya pequeña desgracia coincide con la crisis depresiva sería la causa ocasional en el sentido aristotélico del término?
Diría primero que no lo sé, evidentemente. Soy el último en poder saberlo; me inclinaré a pensar, sin embargo, que la depresión habiendo sobrevivido al sosiego total de la tristeza que aparentemente la había provocado, no es esta tristeza la causa profunda, sino más bien lo revelador lo incitador. Cincuenta años de vida feliz estuvieron quizás fundados en parte sobre la represión inconsciente de una fuerte tristeza. ¿Una tristeza inconsciente de vivir? ¿La tristeza de no haber admitido ?siempre inconscientemente- un supuesto abandono afectivo de parte de mi madre? Esto me extrañaría porque ella ha muerto ya vieja y fue siempre muy afectuosa con sus hijos; pero como muchos de los sueños de los cuales me acuerdo por milagro al cabo de cincuenta años (antes del deceso de mi madre) no evocan nunca una separación de ella, se puede evidentemente descartar totalmente esta hipótesis.
-Sin embargo, ¿piensas que la relación con tu madre ha podido jugar un papel en esta crisis?
-Quizás en el modo de una represión que habría tenido lugar mucho más tarde si uno cree en el psicoanálisis. Es decir en un momento de mi infancia habría renunciado a mi madre sin renunciarlo verdaderamente, y eso sin afectar en mi la zona consciente. No puedo decir nada preciso, se debe limitarse aquí a las hipótesis.
-¿Cómo definirías el sufrimiento depresivo?
-Es una pregunta a la cual es casi imposible de responder, y esto hace por otra parte la particularidad de este dolor, de ser sin naturaleza definible como lo es sin causa aparente. Nadie la comprende, ni los psiquiatras ni los escritores que han sufrido o han intentado describirla, como Fitzgerald en La fêlure o Styron en Face aux ténèbres. Styron dice la angustia depresiva se relaciona un poco con el ahogamiento, con la asfixia, agregando por otra parte en seguida que es sin embargo totalmente diferente. Fitzgerald ha salido bien con unas piruetas admirables de fría y fúnebre ironía. En cuanto a mí soy incapaz de decir el horror que experimento algunas mañanas durante una hora, en el momento de abandonar el lecho. Sufro, pero de ninguna cosa; nada es causa de dolor en las imágenes, los pensamientos desfilan cuando estoy medio despierto. Ellas no obstante se acompañan de una descarga de sufrimiento absolutamente indescriptible. No he encontrado en ninguna parte descripción y sería incapaz de hacer una descripción yo mismo. Simplemente puedo decir ? es la última definición que he encontrado, y es completamente negativa- es un dolor sobreagudo, de orden no físico, cuya naturaleza y causa son desconocidas. Evidentemente ello no nos adelanta mucho.
-¿Ha sacado algo de positivo en esta experiencia, como Nietzsche que afirma haber sido siempre fortalecido por sus victorias sobre su temperamento depresivo? Se lee por ejemplo en el Crepúsculo de los ídolos: ¨ Aprendí en la Escuela de guerra de la vida: lo que no me mata me fortifica ¨.
-Para mí esto no me ha fortificado demasiado sino antes bien debilitado. Por supuesto las tristezas que he tenido en mi vida me han fortificado, de su sobrevivir, de vencerlas; pero, en el caso de la depresión, me he encontrado sin fuerza. He tenido la impresión de tener uno o dos cilindros de menos en mi máquina, como lo sugiero en mi libro, pero esta impresión no dura sino una pequeña parte de mi jornada. Es verdad que ese mal momento, tiende a repetirse, y es a la larga extremadamente fatigante, al cabo de una decena de años uno se siente atacado en sus obras vivas como el toro atormentado por los picadores. De tanto ser picado en el lomo termina por perder sus fuerzas.
Sin embargo si este ¨ episodio clínico ¨ (para retomar el subtítulo de mi libro) no me ha vuelto más fuerte, me ha en cambio interesado por lo inaudito. Se está ante lo extraño, lo desconocido absoluto; es una aventura, una viaje más extraordinario que los de Jules Verne. Como uno se desdobla un poquito uno puede observarse. De un lado uno está desplomado completamente como una vieja foca sobre su roca muere de pena y de agotamiento; pero de otro lado uno se dice: ¨¿Qué es este asunto?¨ Asunto completamente inesperado e incomprensible. En mi caso, ha sobrevenido como un trueno en un cielo sereno (esta expresión concierne a la manera como se había descrito la irrupción súbita, en el siglo XIX, del problema irlandés en Inglaterra). Inglaterra estaba en la cima de su poderío, y de su imperio, y bruscamente, en su seno mismo, sobre su propio territorio, una de las dos islas que forman la Gran Bretaña, se rebela y comete atentados violentos, un poco como los que enlutaron las provincias algerianas de la Francia al comienzo de la guerra de Algeria. El problema anglo-irlandés presenta similitudes sorprendentes con lo que ha sido luego el problema franco-algeriano.
-Magnan ?psiquiatra del siglo XIX- ha caracterizado precisamente el arrebato delirante como un ¨ trueno en un cielo sereno ¨.
-Este psiquiatra precursor era cercano a la época en que fueron pronunciadas estas palabras. Debió acordarse. Quizás no sabía que tenían relación con Inglaterra e Irlanda. Se ha vuelto a usar muy a menudo esta expresión, cada vez que se desea describir esta suerte de borrasca, de tempestad o de huracán que estalla de repente algunos instantes antes cuando el cielo está sereno. Es un poco lo que pasa en los momentos de gran calma histérica; allí también, es necesario desconfiar.
-Comienzas con una excelente descripción clínica de la neurosis depresiva; pero rápidamente señalas, en algunos momentos, su ¨flirt¨ con la psicosis: sentimiento de pérdida de la identidad personal (lo que es raro en los depresivos, de que el yo doloroso está hiper-presente) sentimiento de irrealidad del mundo (que se añade al sentimiento de irrealidad de sí).
-En lo que concierna a la psicosis, es cierto que -¿es verdad de la depresión en general o de la mayoría de los depresivos?- en mi caso, el ataque depresivo es a menudo acompañado de un sentimiento extraño de despersonalización y de desrealización. Tenía entonces la impresión que lo real devenía un poco dudoso o tomaba un carácter de facticidad, mientras que el yo perdía toda consistencia; que éste estaba hecho de materiales arbitrariamente reunidos ( de ¨pièces rapportées¨, como dice Montaigne), aquél de cartón piedra. Tal como el decorado de un teatro que puede derrumbarse en cualquier instante, o esos planos donde se reconoce los edificios en una simple línea que delimita los techos, pero que no describe la consistencia real. He tenido frecuentemente la impresión entonces de mis sueños, pero algunas veces también la impresión durante el día, más o menos pasajera, que paseaba por las calles de Niza o de París pero todo lo que veía era sólo un bonito decorado. Bastaba un papirotazo, el decorado caía. Parece que esos síntomas preceden algunos días a la admisión en las casas de Sanidad. Me tranquilizo pensando pues hace muchos años esos síntomas se manifiestan esporádicamente sin aparentemente alterar mi razón. Sin embargo, ese primer factor, la irrealidad, presenta un carácter psicótico innegable, pero se trata de una psicosis fugitiva. El segundo carácter igualmente psicótico ?que era en mí más frecuente- es el sentimiento de desrealización del yo, la confusión de identidad.
Tenía frecuentemente el sentimiento que otra persona tenía mis sueños, no era yo quien había soñado. La irrealidad y la pérdida de identidad tienen un carácter evidentemente psicótico, pero la gran diferencia es que este estado no era en mí psicótico sino pseudo-psicótico en la medida en que era una psicosis lúcida, quiero decir en el tiempo en donde no me reconocía como yo mismo, en el tiempo en que no consideraba real el espacio en donde estaba, la parte sana del yo sabía perfectamente que ese sentimiento era pura alucinación. Sufría de algo sabiendo que era falso. Es en este sentido un refinamiento de crueldad: pues si uno tiene un mal por nada, por cosas de las cuales no cree en sí mismo, eso no hace más que volver el sufrimiento más absurdo y más penoso, pero al mismo tiempo eso significa que no se trata de una psicosis real sino de una pseudo-psicosis pasajera, de una psicosis junto a una lucidez total.
-¿No crees que el fondo depresivo está unido a un sentimiento de una soledad insuperable?
-No puedo afirmarlo. No tengo seguridad. Por supuesto, eso parece muy cierto. La desgracia está prometida al hombre que vive solo, dice la sabiduría griega. Las primeras páginas del Génesis relatan que Yahvé vio que había cometido un error al crear un hombre solo y le da enseguida una compañía. La soledad es quizás el mal original. Lo que me sorprende es que, en mi caso y por razones de preferencia de todos los órdenes, escogí muy joven vivir en la soledad, por cierto con muchas relaciones y amigos, pero sin nunca verdaderamente vivir a dúo. Yo no puedo vivir, ni escribir, sino solo. Sabía que no conocería jamás la experiencia que evoca Mallarmé en su Prose pour Des Esseintes*: ¨ fuimos dos, lo sostengo ¨. Pero no sufro de esta soledad en absoluto, al menos durante los cincuenta años que han precedido a la crisis depresiva.
Al contrario, la soledad era mi oxígeno. La necesitaba. Es por eso que estoy muy confundido para responder a tu pregunta. ¿Es el complejo del abandono, el retorno a la soledad existencial o bíblica lo que está en el fondo, la clave de la depresión? Quizás en unos doscientos años los psiquiatras lo verán un poco más claro: por mi parte confieso no tengo más opinión sobre el asunto.
-El replanteamiento actual de la depresión, sobre la cual todos están de acuerdo, ¿te parece unido al hecho de que las condiciones de la sociedad moderna, al menos en los países occidentales, favorecen y agravan la soledad individual?
-El origen del replanteamiento depresivo, al fin del siglo XX y al comienzo del siglo XXI ¿está unida al hecho de que la sociedad moderna ha prometido una soledad material del hombre? Quisiera responder primero a una cuestión previa: No estoy seguro de que haya tenido un aumento la depresión. No estoy seguro que no haya sido vivida antes bajo otros nombres. El cáncer reinaba desde hace milenios pero no se le llamaba cáncer. Quizás la depresión es mucho más antigua de lo que se piensa. He hablado de Yahvé, creó a Eva para no abandonar a Adán a la pesadilla de la soledad. El origen de la depresión sería entonces tan antigua como el mundo. Pero es probable una progresión en la depresión en razón de que ha aumentado la soledad provocada por la sociedad moderna que aísla los individuos en lugar de reunirlos, ello explica de paso el consumo de medicamentos psicotrópicos que no dejan de aumentar en las sociedades occidentales. En tiempos pasados, cuando caía la noche, uno se reunía en la choza. Toda la ciudad estaba allí. Se conocía. Nadie estaba nunca solo. En cambio la televisión es el instrumento de la soledad absoluta: necesidad más de mujeres, uno está rodeado de millones de gentes y en realidad uno está completamente solo. Con las diez personas que uno ve todo el tiempo en la choza, uno no está solo del todo. En este sentido Antonioni, que ha sido creo el primer cineasta en volver a la China de Mao Tse Tung, ha dicho algo que me ha sorprendido mucho: evidentemente, decía, para nosotros, occidentales, es muy difícil adherirse a esta sociedad colectiva. Uno no tiene jamás una hora de soledad; si uno está con su mujer, no hay sino una ligera cortina que los separa del resto de su familia, cortina que no importa cual miembro del Partido puede arrancar brutalmente para enviarlos hacer rehabilitados cuando estaban haciendo otra cosa. Antonioni dice que esta colectivización de la vida tiene esta cara, pero también una parte muy preciosa, nunca he visto Chinos desdichados y sobre todo nunca he visto Chinos sufrir de soledad. No hay psicosis en China, ni neurosis, ni en todo caso depresión: hay chiflados como en todas partes pero no hay depresivos. Uno no tiene tiempo para eso, siempre está con alguien, siempre hay gentes alrededor de ustedes. Los Chinos no tiene pues necesidad de la ayuda de esas drogas de nombres raros que inventé en la Route de Nuit.
Argumento corolario que iría en este sentido: no hay anticolectivistas o individualistas tales como los franceses: ¨no entre, qué vienes a hacer, está cerrado, etc¨. El Francés es aquel que no vive en sociedad, ahora bien Francia es el país que consume el doble de ansiolíticos con relación a las otras naciones y es el más aquejado por la depresión. Parece pues haber un vínculo efectivamente entre el aumento de la depresión y las condiciones de vida de la sociedad moderna.
-Propones una nueva tipología de los trastornos depresivos relacionados con el sueño, o al final del sueño. Esta tipología ¿es según tú una nueva nosografía con carácter científico?
-La he llamado hasofin, un poco en memoria del Horla de Maupassant, este estado depresivo en el momento del sueño, puede a veces durar una hora, a veces más. Esta palabra bárbara es la abreviación de ¨ hiper -activismo semi - onírico al final del sueño ¨. Si he querido hacer un poco como los científicos o los pseudo - científicos y establecer una tipografía (estado 1, estado 2, etc.), era en razón de mi deseo de clasificación y de descripción, de un esfuerzo de auto-observación sin verdadera intención científica. Tomo notas al despertar, queriendo, sino explicarme a mí mismo al menos describir mi intención de aquello que venía de experimentar en el sueño. En la relectura de estas notas me ha parecido que había seis grandes tipos de hasofin en mí. Pienso que no hay lugar para pensar aquí de manía de la taxonomía. Era más bien una preocupación de ver claro. Hoy es esto, mañana es eso. Hay matices. Como diría me parezco más al escritor muerto de sida: ¨ saben, hay muchos matices en el estado sidoso. Hace dos años no duermo, pero es muy diferente en cada noche ¨.
-¿Haz terminado por triunfar en este episodio depresivo?
-¿Qué si ya salí de esto? Sí y no. Digamos he salido en la medida en que he terminado por comprender que no he salido. Pues es ya un gran paso hacia la curación decirse: ¨no nos volvamos locos: es perdido ¨ Es un poco la divisa por otra parte de mi filosofía y de mi vida, que he expresado muchas veces aquí o allá diciendo: ¨ tranquilicémonos : todo va mal ¨. Cuando he comprendido que no podría erradicar completamente esta cosa, he elegido como necesario vivir inteligentemente con la enfermedad, ¨ acomodarse ¨ como se dice popularmente, y no esperar ganar sino procurar no ser vencido. No he salido pero sin embargo he hecho progresos gracias a esta estrategia. Evidentemente el mal se encarna cuando se está metido en una sin salida, confrontado a una proposición de partida nula. Eso enerva la bestia ella quiere vuestra perdición. Se enerva cuando se acostumbra a ella: ¨¡Ah! es todavía vuestra querida amiga; ¿cómo vamos? Vamos hacer un trocito de camino juntos¨. La bestia rabiosa: ¨¿Cómo? ¡No ha muerto aún!¨. Ella redobla los esfuerzos pero es preciso tener calma y hacerle frente.
-¿Has sacado parte de la lectura de textos literarios recientes que conciernen a la depresión?
-Sí y no. Por supuesto sí en lo que respecta al libro de Styron Face aux ténèbres. La lectura de este libro me ha interesado porque la descripción de la enfermedad es bastante precisa; de todo lo leído es lo que he encontrado más próximo a aquello que he experimentado. Es posible también que este libro me haya dado la idea de ser creativo como lo fue Malcolm Lowry y de intentar yo también una descripción de la depresión. Dicho esto, el valor literario del libro de Styron es mediano, por no decir mediocre. Es un libro lleno de ingenuidades por todo lo que anota de la evaluación psicológica de los individuos y de la evaluación literaria de los escritores. En fin es un Americano. Otro Americano, Fitzgerald, ha conseguido en algunas páginas de La Fêlure, no solamente producir un documento precioso sobre la depresión, sino también hacer una soberbia obra literaria; por otra parte el resto de la obra de Fitzgerald es literariamente de primer orden, no es el caso de las obras de Styron, incluso si éste no es un escritor sin talento, está lejos de la importancia de Fitzgerald. Pero, no he leído La Fêlure, sino hasta después de haber escrito Route de nuit. Lo más importante en el libro de Styron, es que ha restituido el carácter incomprensible e indescriptible de la angustia depresiva. En Fitzgerald, la causa de la depresión es tan evidente que no hay nada de enigmático en su angustia.
-¿Cuáles han sido las reacciones del público con la lectura de Route de nuit?
Esas reacciones no han sido numerosas. Es un libro que no ha sido muy leído, por el momento no ha sido traducido; pero aquellos que lo han leído han estado muy interesados, fuera del Le Figaro que le ha consagrado dos líneas infamantes. En resumen este libro ha sido poco acogido pero bien recibido, y más notable es que ninguno de aquellos que leen mis libros, en conjunto los mismos que han leído la Route de nuit, han puesto la menor objeción en lo que respecta al carácter atípico de este libro. Nadie parece asombrarse que el mismo autor haya escrito este libro y los otros. Este bastonazo cae de su peso. Esto me tiene bastante asombrado. ¿Habría habido siempre un público de depresivos?
-Vuelvo para terminar a una de mis preguntas anteriores: ¿Es la depresión según tú un accidente en el trayecto de la vida, o está inscrita y programada desde la infancia?
-Te repito que no lo sé. La mayor parte de los depresivos lo son después de los quince años, sino desde la primera infancia. Esto es sin embargo extraño, en lo que me concierne, es si la depresión se remonta a la infancia o al origen de los tiempos, como nos lo ha señalado la Biblia, en cambio yo no he conocido nada que se parezca en absoluto a un estado depresivo a la edad de cincuenta años, y por consecuencia no me reconozco en esta depresión. Me reconozco en todos los aspectos en Nietzsche pero no en este punto en particular, porque Nietzsche poseía un temperamento francamente depresivo; sus gritos de alegría dionisiaca eran momentos en que sacaba la cabeza del agua de la depresión. Es bastante curioso que haya escrito sobre su gusto de vivir pero nada sobre su mal vivir que afectaba el setenta y cinco por ciento de su programa de trabajo; este no es mi caso. Nietzsche es un depresivo crónico. En cuanto a mí, soy un depresivo ocasional, convertido en tal por un accidente violento; se vuelve siempre al ¨ trueno en un cielo seréno¨.


FIN











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