Psicoanalizar en el hospital público

Héctor Braun

Publicado el: 2003-07-07


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Voy a hablar de la desesperación que concierne a nuestra práctica, la que queda de nuestro lado. En otro momento, esto...




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Legado de Hector Braun que trabajó y enseñó en el Amhegino

Psicoanalizar en el hospital público

Por Héctor Braun*

Voy a hablar de la desesperación que concierne a nuestra práctica, la que queda de nuestro lado. En otro momento, esto podría haberse llamado ?motivo de preocupación?, pero la evolución de la cualidad de la demanda nos lleva quizás, a quienes escuchamos, a lugares cada vez más desesperantes. Me he sentido desesperado en mi práctica frente a determinados niveles de sufrimiento, al no contar con herramientas para atenuarlo. Me he sentido desesperado frentea niveles de goce desenfrenados, al no saber, muchas veces, qué hacer frente a ?eso?. Me siento desesperado, frecuentemente, cuando quien está frente a mí tiene problemas enormes que yo no sé ni puedo ayudarlo a enfrentar. Como analista muchas veces me encuentro en un lugar desesperante, en el sentido más kierkergardiano del término.
La lectura que los analistas hacemos de una noción descriptiva como la de la desesperación es: caída de un lugar a otro, sin recursos. Por qué no decirlo: solos. El lugar del analist es de soledad. Otras prácticas permiten una ?vigilancia más cercana de algún otro que sabe. El analista, en cambio, está solo desde el principio.
Aquello que un analista hace no tiene garantía. No hay ningún otro que le dé garantía de su acto, sólo sabrá lo que hizo a posteriori. Frente a situaciones de desesperación y desamparo tales, en la neurosis hay dos salidas usuales: una es el pasaje al acto. Otra está más vinculada a un lugar heroico que podemos llamar femenino. Pero ante esa situación de desesperación del analista, como siempre ocurre con las incursiones de lo real, hay salidas fantasmáticas y tranquilizadoras. Voy a mencionar tres:
Un primer recurso fantasmático frente a la desesperación, ante a ese lugar sin garantía, es obtener un ser: que el psicoanálisis le dé a uno un ser. Pero, si alguna vez somos psicoanalistas, es únicamente cuando alguien nos demanda en ese lugar.
El segundo recurso fantasmático es la institución: una institución podría tranquilizar frente a esa desesperación. Hasta podría otorgarnos un ser, quizás una nominación que pudiese tranquilizarnos respecto del lugar que ocupamos. Tanto a Freud como a Lacan esto los preocupó mucho y ambos inventaron dispositivos ?Freud el ?análisis muy diversos. Todavía no han podido desligarse de cuestiones imaginarias, ideológicas y a veces políticas.
Si es cierto lo que acabo de decir, las instituciones no están compuestas por psicoanalistas sino por sujetos que practicamos el psicoanálisis. Si los sujetos que practicamos el psicoanálisis estamos alienados en el Otro, seguro vamos a hacer síntoma.
El tercer recurso es la teoría. La teoría es pulcra. Si hay una diferencia desde el punto de vista epistemológico entre la teoría y la práctica, es que la teoría cierra.Freud, en su texto sobre Schreber, después de teorizar, agrega que quizás esa teoría sea un delirio mayor que el de Schreber. No creo exagerar al decir que la teoría que sostenemos es el fantasma cuando no el síntoma ?esperemos que no la inhibición?que un analista porta para soportar lo real de su práctica.
El último punto al que me voy a referir es la especificidad de la institución hospitalaria. Hay un punto que nos diferencia: el paciente está ahí. Quizás esto nos diferencie de las instituciones psicoanalíticas clásicas. En una institución hospitalaria, un analista debe dar cuenta de lo que hace, pero de lo que hace ahí adentro. Sería impensable que un analista en un hospital se encerrase en su consultorio. Los lugares de interlocución son obviamente los ateneos, las supervisiones, pero creo que hay que repensar esos lugares, por lo menos en cuanto a la formación de los analistas. Me parece un modelo viciado e importado de otras áreas el de que los analistas con más experiencia ?avivamos? a los más jóvenes de cómo deben ser las cosas. Todavía se cree, por ejemplo, que, cuandoalguien supervisa, supervisa el caso: creo que un caso es un resto diurno. El caso es la excusa que un analista tiene para ir a pensar acerca de su deseo de analizar y de los obstáculos que ese deseo le impone.
El hospital tiene otra particularidad: nosotros no podemos ser sólo ?analistas de analistas?: la aplicación de la teoría psicoanalítica a nivel comunitario pone en cuestión al psicoanálisis, quizá más que en otros ámbitos.

Si aquí * Fragmento de una presentación en las Jornadas del Centro de Salud Mental Nº 3, ?La desesperación: marcas culturales y subjetivas. Recursos y límites de la institución pública?, del año pasado.


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