Avances Lacanianos del Inconsciente Freudiano

Benjamin DOMB

Publicado el: 2003-07-07


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Lacan habla insistentemente de dos faltas, también topologicamente señala dos agujeros y los diferencia, tanto en la estructura del toro como en el nudo borromeano...



Avances Lacanianos del Inconsciente Freudiano

Benjamin DOMB


Lacan habla insistentemente de dos faltas, también topologicamente señala dos agujeros y los diferencia, tanto en la estructura del toro como en el nudo borromeano. En este trabajo me ocuparé de delimitar estas dos faltas tanto por su incidencia en nuestra práctica como por su valor teórico y porque marca, a mi criterio, lo que podríamos llamar el avance lacaniano del inconsciente freudiano.
Una de dichas faltas, se debe a lo que Lacan llama "el defecto central en torno al cual gira la dialéctica del advenimiento del sujeto a su propio ser en la relación con el Otro, debido a que el sujeto está primero en el campo del Otro. Esta falta retoma la otra falta real anterior, que ha de situarse en el advenimiento del ser viviente en la reproducción sexuada. La falta real es lo que pierde el ser viviente, por reproducirse por la vía sexuada. Esa falta es real porque remite a algo real, que el ser viviente, por estar sujeto al sexo, queda sometido a la muerte individual "(1).
Más adelante continuando con estas dos faltas -una Simbólica y otra Real; una retomando la otra, va a hablar de la superposición de estas dos faltas, en el sujeto y en el Otro(2), Lacan pone el acento en lo que nos va a interesar en esta ocasión "el sujeto encuentra sino que este encuentro con esta falta del Otro, vuelve necesaria la operación de castración.
¿Cuál es esta falta del Otro de la cual el fantasma viene a resultar su respuesta?.
Fue nombrada, esta falta, castración del Otro. Lacan se empeña en señalar que en el análisis no solo se trata de la castración del sujeto sino fundamentalmente de la castración del Otro. Sin embargo, ubicar esta castración del Otro ni es fácil para el sujeto ni lo es tampoco en la teoría psicoanalítica. Freud planteo la castración del sujeto como límite del análisis. Lacan la extendió hasta castración del Otro.
¿De qué castración se trata?
Fue necesaria la producción por parte de Lacan de las formulas lógicas de la sexuación y establecer como fundamento del psicoanálisis "no hay relación sexual" para comenzar a darle una nueva ubicación a lo Real, que no depende de la función paterna, lo Real está más allá del padre. La operación de castración en el hijo eso no ha de confundirse con lo que se llama la "castración" de la madre. El Otro barrado cobra otra significación.
A partir de las formulaciones lógicas de la sexuación se demuestra, por el lado llamado hombre, que para admitir la castración del sujeto debe de existir uno, el padre, que le dice no a la castración, $x fx, en ese sentido el Otro no está castrado. Del otro lado de las formulas, llamado mujer, nos encontramos que "no existe ni uno para decir no"
$x fx, es decir inexistencia, "no hay Otro", esto hace que la mujer sea no-toda fálica. Se ha producido un salto, del Otro absoluto, del padre castrador siendo él a su vez un no castrado, a la inexistencia del Otro.
Nos preguntamos ¿no podría haber un Otro que sin ser absoluto, exista?. Esta es la cuestión que se presta muchas veces a confusión, no se trata del otro real que es a su vez R.S.I., sino que remite al Otro en tanto parte de la estructura del parlêtre, lo que hace posible a la vez que se instale la transferencia, se trata siempre de la función de la suposición, es decir se supone al Otro, al Saber y al Sujeto.
Dos faltas en la constitución del sujeto que no se deben confundir, ambas forman parte de la misma estructura: una falta se deriva de la entrada en función del padre, cuyo resultado es la castración del sujeto, es decir que el sujeto se inscribe en el universo fálico y su escritura en la teoría es, f , significante fálico, falo simbólico. Es preciso que se distinga del, S(A), significante de la falta en el Otro, que remite a la inexistencia del Otro. Esta falta es real y se presenta como imposibilidad de nominación.
Agreguemos, de todos modos que a lo Real no le falta nada y a las mujeres tampoco. Son, tal vez, cuestiones elementales, pero no es lo mismo una prohibición que una imposibilidad.
Estas dos faltas están presentes en el discurso del Otro trasmitido por la madre. El niño las advierte de muchas maneras, no solo en la presencia-ausencia de la madre, ella puede estar bien presente y su presencia significar más aun la falta. Lacan lo dice así: "En la experiencia del niño, es algo que se puede detectar radicalmente. Él, le dice a su madre, me dices eso, pero en realidad ¿qué quieres? Él, la intima a que ella responda sobre el objeto de su deseo"(3) , que ella a su vez ignora, aunque, en el buen caso el hijo venga a ocupar el lugar de objeto de ese deseo, hay sin embargo, en ella un más allá.
"Todos los ¿por qué? del niño no surgen de una avidez por la razón, más bien constituyen una puesta a prueba del adulto, un ¿por qué me dices eso? Resucitado siempre de lo más hondo ¿qué es el enigma del deseo del adulto?"(4). El deseo tiene esta doble raíz, no es solo la falta del significante, de que el significante está en el Otro, sino que además el Otro no dispone del significante que nombre su deseo y ese es el punto que revela la inexistencia del Otro, que es con lo que se confronta el sujeto en el fin del análisis, pero que además ha buscado y también evitado encontrar durante toda su vida.
Es gracias a esta inexistencia que algo de invención le es posible al parlêtre, inclusive es lo que da lugar a su propia existencia.
Lacan va a profundizar en esta interrogación mostrando como el sujeto, puede llevar al límite su demanda al Otro, al límite de poner en juego, de responder con la falta antecedente, con su propia desaparición, para situarse en el punto de la falta percibida en el Otro. "El primer objeto que propone a ese deseo parental, cuyo objeto no conoce, es su propia perdida. El niño se propone como objeto y en falta. ¿Puede perderme? El fantasma de su muerte, de su desaparición, es el primer objeto que el sujeto tiene para poner en juego en esta dialéctica y en efecto lo hace "(5). Esta pérdida de objeto dejaría al descubierto dicha falta.
La respuesta fálica intenta agotar el deseo y este muestra su incolmable satisfacción de los modos más insólitos (la infinita producción de objetos en nuestra sociedad son una muestra más de este Real).
Solo hay deseo en tanto hay falta, aunque lo contrario no se verifique, es decir, puede haber falta sin que se constituya el deseo. Para que se construya el deseo hace falta que exista un Padre, entendido como función de castración.
El niño demanda ser nombrado y de alguna manera lo es por un significante del Nombre del Padre, este significante que opera la represión no alcanza a decir la falta. El niño, como el significante, viene a constituir un "uno en más" en relación a la falta real que habita a esa madre, a la cual en tanto mujer no le falta nada. Ahora como madre tiene un hijo, uno en más, en relación a esa nada que la habita.
Es el intento simbólico y también real de suturar eso que se lee, desde el lugar del padre, como falta.
En el buen caso, la falta persiste, y el sujeto encuentra el lugar donde constituirse. Es decir, que el niño, para que la falta persista no llega a realizar el proyecto materno, el ser nombrado para la función de taponar esa falta. Cuando la voz de la madre trasmite el decir del padre, el no, que nombra esta falla del nombre de recubrir lo real, esto alcanza para detener la boca de cocodrilo. Es algo tranquilizador, es un palo que está ahí en potencia, es el falo, que no sutura la boca del cocodrilo sino que la deja bien abierta para que no se devore a la tierna criatura.
Este Otro encarnado en el padre no solo dice no sino que además hace intervenir su "pere-versión", hace de una mujer objeto a causa de su deseo, acoge para si el goce femenino y de esta manera protege al hijo, evita que este goce se vuelve sobre el niño.
Este Otro encarnado en la madre y que transmite el no del padre, no puede nombrar su deseo, es en esto que ella inexiste. En este punto, algo acude en sostén de ese niño, desfalleciente, en afanisis: el objeto a, de esta manera construye su fantasma en respuesta al enigma del deseo del Otro. Es este engaño lo que le permite sostenerse en relación a esa falta del Otro.
Es en esta interrogación por el deseo materno y en el intento de obturar su falta que el niño construye su fantasma fundamental, aquel mediante el cual, si bien por un lado logra estabilizar su estructura, a partir de allí, ese fantasma será la medida de su realidad, realidad fantasmática, también a partir de allí establecerá una relación al Otro que solo el fin del análisis alcanzará a remover.


Jacques Lacan
Seminario XI, Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis; clase del 27 de mayo de 1964.
Jacques Lacan, ídem.
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