La Cuestión de la guerra

Mauricio Márquez Murrieta

Publicado el: 2015-05-03


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La cuestión de la guerra –palabra que al igual que amor o igualdad, se ha vuelto, por cotidiana, incomprensible y lejana –hoy parece impostergable...



La Cuestión de la guerra
Mauricio Márquez Murrieta


Seamos realistas...
hagamos lo imposible.

La cuestión de la guerra ?palabra que al igual que amor o igualdad, se ha vuelto, por cotidiana, incomprensible y lejana ?hoy parece impostergable.
No sabemos lo que es. Yo no lo sé y no lo quiero saber.
Me basta con la inquietud y el desasosiego que imágenes de guerras pasadas me causan; imágenes que conmueven los cimientos más firmes de mi sentido de la realidad; evidencias sobre las que no puedes detenerte demasiado tiempo sin retar tu cordura, acciones terribles sólo realizables desde la más profunda inhumanidad.
La cuestión de la guerra resulta asombrosa en su simple planteamiento.
¿Acaso podemos imaginar que lo más mínimo que ocurriría en Irak durante esta guerra aparentemente irremediable, de suceder a tan sólo kilómetros de nuestro hogar destrozaría nuestras vidas irreparablemente? ¿Podemos imaginar a nuestros hijos, no ya sufriendo la violencia de la guerra, sino presenciándola de cerca?
La cuestión de la guerra debe ser la de un no rotundo.
Un no a Bush, pero también a Hussein.
Todos los que se impactaron al grado de faltarles las palabras durante los sucesos del 11 de septiembre, tendrían que pensar que lo que ahí pasó no es nada en comparación con lo que sucede en una guerra; tan sólo por la medida temporal: instantes de un día contra días, semanas, meses e incluso años de incertidumbre, dolor, pérdida y sufrimiento inefable.
El no a la guerra es obligado. No podemos esperar que algo así no pase acá si toleramos en silencio que pase allá, en el hogar de ese ?otro? ?incomprensible, intolerante y fundamentalista?.
Si la guerra ocurre, ¿lo será más o lo será menos?
La cuestión de la guerra no puede sustentarse en la simple salida de Hussein del poder, obviamente su derrocamiento sería un factor de distensión y justamente lo merecería (por las atrocidades realizadas con los kurdos, por ejemplo); pero la anterior guerra no lo derrocó, los bombardeos de la OTAN no sacaron inmediatamente a Milosevic, ni los de Afganistán tocaron a Osama Bin Laden. Lo que demuestra que el seguro sufrimiento de la población irakí durante esta guerra, no estaría respaldado por la seguridad de que Hussein fuera derrocado ?incluso es muy probable que toda esta coyuntura lo haya fortalecido al interior de un país que se ha visto agredido constantemente por occidente ?o que, incluso saliendo, fuera sustituido por un sistema que garantizara la paz y seguridad en la zona (recordemos que Hussein está donde está gracias al apoyo estadounidense durante la guerra contra Irán, cuando este país era ?la amenaza contra la civilización y la libertad?).
Por todo esto, la cuestión de la guerra debería de ser, en su lugar, la de la construcción de una paz más humana, igualitaria, extendida, duradera y digna.
Es en esto en lo que deberíamos de estar pensando.



Debemos repetir lo que dijo Slavoj Zizek alrededor del ataque del 11 de septiembre:
?Either America will persist in, strengthen even, the attitude of "Why should this happen to us? Things like this don?t happen HERE!", leading to more aggressivity towards the threatening Outside, in short: to a paranoiac acting out. Or America will finally risk stepping through the fantasmatic screen separating it from the Outside World, accepting its arrival into the Real world, making the long-overdued move from "A thing like this should not happen HERE!" to "A thing like this should not happen ANYWHERE!". America?s "holiday from history" was a fake: America?s peace was bought by the catastrophes going on elsewhere. Therein resides the true lesson of the bombings: the only way to ensure that it will not happen HERE again is to prevent it going on ANYWHERE ELSE?.
Precisamente, esta advertencia ?este consejo ?dirigido a los Estados Unidos, no ha sido atendido por un gobierno que, como el de Bush, no ha hecho sino persistir en la misma actitud que llevó a su país a hacer correr a una niña vietnamita, de no más de 10 años, despavorida por una carretera a causa del dolor quemante del NAPALM sin comprender POR QUÉ.
Pero eso no es todo, la cuestión de la guerra ?de la no guerra ?debe llevarnos a cuestionar nuestras imágenes fantasmáticas de los otros, incluidos los estadounidenses. No podemos dejarnos llevar por la ilusión de que sólo nuestra postura es válida; eso es justo lo que hace Estados Unidos y, para el caso, también Hussein.
La única manera de llegar a un arreglo es aceptar, por delante, que, sin importar qué tan bárbaro y nefasto nos pudiera parecer el otro, su posición es en principio tan válida como la nuestra, y exigir de él lo mismo. Esto anula de entrada las posturas que reducen al otro a la nada, que lo convierten en la fuente del mal y lo eliminan, física o de cualquier otra forma, por ello. A partir de ahí, me parece, se puede vislumbrar un diálogo que fructifique en mejores formas de convivencia y mejores realidades para el mundo.
La reducción del otro a existir tan sólo como una objetivación de nuestros prejuicios, parafraseando a Zizek, es la mejor manera de garantizar que algún día nos convirtamos en meros espectros para quienes detenten en algún momento el poder.
La cuestión de la guerra debe entonces, transmutarse en la reflexión sobre el tipo de vida, de relaciones globales y de mundo que queremos. Permitir la guerra es arriesgarnos a olvidar esto, a olvidar lo que somos, lo que queremos ser. Si el mundo está lleno de imperfecciones; si finalmente vamos a llegar al mismo lugar; si aceptamos la descripción Borgiana de la inmortalidad y nos percatamos que toda acción es fútil dada su irremediable repetición en el tiempo; entonces lo único que nos queda por hacer para vivir dignamente es repetir el gesto esbozado alguna vez por Nietzche de seguir soñando sabiendo que soñamos. Esta es la cuestión de la guerra.



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