La verdad es la primera víctima de la guerra

Uri Avnery

Publicado el: 2003-08-04


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Ningún nombre podría ser más adecuado a la cooperación entre Estados Unidos y el Reino Unido contra Irak.
En "El Diccionario del Diablo" del humorista estadounidense Ambrose Bierce,...






La verdad es la primera víctima de la guerra
El diccionario del Diablo

Uri Avnery



CounterPunch
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Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Unos pensamientos más sobre la guerra:

La coalición
Ningún nombre podría ser más adecuado a la cooperación entre Estados Unidos y el Reino Unido contra Irak.
En "El Diccionario del Diablo" del humorista estadounidense Ambrose Bierce, publicado hace unos 100 años, se define "coalición" como (cito de memoria) la cooperación entre dos ladrones que tienen sus manos metidas tan profundo en los bolsillos del otro que no pueden robar a un tercero separadamente.

Reconstruccionistas

El problema de los británicos y de los estadounidenses es que están poseídos por una sed inagotable de reconstrucción.
Sueñan con ella noche y día. No pueden pensar o hablar de otra cosa. El problema es que para reconstruir algo tienen que demolerlo primero. Sin destrucción no hay reconstrucción.
Por ello los británicos, junto con los estadounidenses, están ocupados destruyendo sistemáticamente Irak. Misiles y bombas, tanques y artillería, barcos e infantería -todo sirve para facilitar la reconstrucción del país.
El objetivo principal de las ganas de reconstruir es, por supuesto, Bagdad. Una ciudad de cinco millones de habitantes, con kilómetros y kilómetros de edificios y calles, que puede ser reconstruida después de su demolición. Si Bagdad se convierte en el escenario de un combate callejero del tipo de Stalingrado, casa por casa, calle por calle, habrá, por cierto, bastante que reconstruir.

Los nuevos mongoles

El apetito por reconstruir separa a los nuevos conquistadores de sus predecesores, los mongoles, que conquistaron Bagdad en 1258, mataron al califa (que ya se había rendido) y destruyeron por completo la ciudad, después de masacrar a todos sus habitantes: hombres, mujeres y bebés.
No trajeron consigo equipos de reconstrucción, pero asolaron Irak. Los canales de irrigación que habían sido construidos durante miles de años de civilización fueron devastados. Este evento ha sido registrado en la historia como uno de los mayores desastres que jamás acaecieron en el mundo árabe.
A propósito, dos años más tarde los musulmanes aniquilaron al ejército mongol en la batalla de Ein-Jalud (que es actualmente el kibbutz Ein-Harod), un capítulo importante en la historia palestina. Fue el fin de los mongoles en el Medio Oriente, pero la región jamás se recuperó de la devastación mongol, hasta nuestros días.

Demolición y beneficios

Además del objetivo idealista de ayudar al pueblo iraquí, existe también un aspecto más material en la reconstrucción. Será un inmenso negocio. Las grandes corporaciones estadounidenses -algunas de las cuales conectadas con los paladines de la administración Bush - ya se están disputando los despojos. Claro que no permitirán que participen los extranjeros. Para citar un dicho estadounidense: "Los despojos pertenecen a los vencedores".
Un espectáculo bastante detestable: aun antes de que se destruyan las ciudades iraquíes, los gigantes corporativos ya se están repartiendo los beneficios por su reconstrucción.

Humanitarios

El inagotable idealismo de los anglo-estadounidenses encuentra asimismo su expresión en el impulso a la ayuda humanitaria. Se está convirtiendo en toda una obsesión. Se llevará ayuda humanitaria al pueblo iraquí, la quieran o no.
¿Los habitantes no quieren la ayuda prometida? ¡Ah! Ya veremos. Los bombardearemos, los hambrearemos -hasta que abran sus puertas y permitan que ingrese la ayuda humanitaria. Después de todo, uno no puede ayudar a la gente mientras la ciudad siga controlada por el malvado Sadam, maldito sea su nombre, cuyo único objetivo es impedir que la ayuda humanitaria llegue a su pueblo.
La coalición podría, por cierto, lanzar alimentos y agua -en lugar de bombas- desde el aire. Se podría organizar un breve cese el fuego, para que ingrese ayuda humanitaria a la ciudad sitiada. Pero eso ha sido prohibido por Donald Rumsfeld, otro gran humanitario. Así que realmente no queda otra alternativa que bombardearlos hasta que estén maduros para la ayuda.

Amos y nativos

Como un tráiler de la ayuda humanitaria que llegará después de la ocupación de Basora, los británicos han distribuido una película sobre la llegada de ayuda a una aldea en el camino. Quedaron tan satisfechos con esa obra maestra informativa, que la presentaron docenas de veces en la televisión. Se ve lo siguiente: un camión británico que lleva alimento y agua. Los aldeanos, sobre todo mujeres y niños desesperados, sitian el camión. Ruegan que les den agua. Los soldados distribuyen agua mineral a la multitud enloquecida -una botella a cada niño y mujer. Después de días de sed, un (¡un!) litro por familia.
Toda la escena es repugnante. El hambre y la sed de la población, atrapada en medio de los combates, son explotados para una desvergonzada propaganda. Los británicos se muestran una vez más como siempre han sido vistos en Irak, como amos coloniales arrogantes, haciendo un favor a los nativos. Para todo testigo árabe, es la máxima humillación.
Robando para los robados. Para financiarlo todo -la destrucción, la reconstrucción, la ayuda humanitaria y todo lo demás- se requiere dinero. ¿De dónde procederá? Del petróleo iraquí, desde luego.
Por ello, es deber humanitario de los estadounidenses apoderarse de los campos petrolíferos lo más rápido posible. No para su propio provecho, ¡a quién se le puede ocurrir algo semejante!, sino para los iraquíes. Para ayudarles y hacer el bien.
Cada niño sabe ya que esta guerra es por el petróleo. EE.UU. quiere apoderarse de las reservas iraquíes, las segundas por su tamaño en el mundo (después de las reservas saudíes), y controlar las reservas vecinas del Mar Caspio, de Irán y del Golfo. Ahora sucede que todo es por el bien del propio pueblo iraquí. Para que tengan algo que comer y medicinas para los niños.
Todo esto, después de las sanciones de la ONU, impuestas por exigencia de los EE.UU., que durante muchos años han causado desnutrición, la muerte de cientos de miles de niños de hambre y enfermedad y la destrucción de la infraestructura iraquí - todo en nombre de "petróleo por alimentos".

Oh, Orwell, Orwell

¿Qué hubiera dicho Orwell sobre esta guerra?
En su libro "1984", el Ministerio de la Verdad acuñó frases como "Guerra es Paz", "Libertad es Esclavitud" e "Ignorancia es Poder". Se sentiría en su casa en esta guerra. Ocupación es Liberación, la guerra es un deber humano, el derrocamiento de un gobierno extranjero es un cambio de régimen, la inanición es ayuda humanitaria, la lucha contra un invasor extranjero es servir a un tirano, el bombardeo de una ciudad es un servicio a la gente.
La verdad es siempre la primera víctima de toda guerra. Pero parece que en esta guerra en particular sufre aún más de lo acostumbrado. La mendacidad, la hipocresía, la desinformación y el lavado de cerebro desvergonzado, están celebrando una fiesta. Generales de cuatro estrellas parlotean consignas manifiestamente mentirosas, periodistas estrella de todo el mundo las aceptan ansiosamente, redes mundiales de televisión las repiten diligentemente y los medios israelíes se las tragan todas.

Buen provecho.


31 de marzo de 2003
Uri Avnery ha seguido de cerca la carrera de Sharon durante cuatro décadas. Durante los años ha escrito tres amplios ensayos biográficos sobre su persona, dos (1973 y 1981) con su cooperación Avnery aparece en el nuevo libro: "The Other Israel: Voices of Refusal and Dissent"








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