Cómo Wall Street creó una nación.

por Russell Mokhiber y Robert Weissman
Traducción para La insignia: Berna Wang

Publicado el: 02-05-03


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¡Santo Dios es usted el hombre que estaba buscando! ¿Sabía usted que J.P. Morgan fue el tesorero de Panamá durante su primer año de existencia? ¿Sabe que la República de Panamá fue creada en la suite 1162 del Waldorf Astoria?



Ovidio Díaz Espino trabajaba como abogado de empresas en J.P. Morgan, en Nueva York, cuando acudió a una fiesta de Navidad en 1997. En la fiesta, Díaz conoció al productor de cine Webster Stone. Éste se dio cuenta de que Díaz tenía acento extranjero y le preguntó de dónde era. Díaz dijo que de Panamá. Entonces Stone le preguntó que para quién trabajaba. Díaz dijo que para J.P. Morgan.

Stone alzó los brazos emocionado y exclamó:

--¡Santo Dios es usted el hombre que estaba buscando! ¿Sabía usted que J.P. Morgan fue el tesorero de Panamá durante su primer año de existencia? ¿Sabe que la República de Panamá fue creada en la suite 1162 del Waldorf Astoria?

Díaz no lo sabía, y se sintió intrigado. Stone estaba trabajando en un guión para Robert Redford que contaba cómo un grupo de personas influyentes de Wall Street había creado Panamá.

Garry Trudeau estaba escribiendo el guión. El proyecto cinematográfico fue abandonado finalmente (demasiados malos, ningún héroe), pero Stone entregó sus archivos a un asombrado Díaz, que lo dejó todo y empezó a investigar.

Díaz pasó dos años con la cabeza metida entre archivos en la Biblioteca Pública de Nueva York, tratando de confirmar la acusación de Stone de que su país había sido obra de Wall Street.

Y, en efecto, lo confirmó. Díaz cuenta la historia en un libro recién publicado: How Wall Street Created a Nation: J.P. Morgan, Teddy Roosevelt and the Panama Canal (Four Walls Eight Windows, 2001).

La historia que cuenta Díaz trata de la apropiación empresarial de la política exterior estadounidense, y de cómo los intereses de las empresas y los del Estado se entrelazaron hasta tal punto que fueron indistinguibles.

En pocas palabras, esto es lo que descubrió Díaz:

En 1900, un grupo de inversores encabezado por William Nelson Cromwell, fundador de Sullivan & Cromwell, el "prestigioso" bufete de abogados de Nueva York, y el banquero J.P. Morgan, crearon una agrupación secreta de financieros de Wall Street y de políticos para comprar las acciones de la Sociedad Francesa del Canal de Panamá, en quiebra, propietaria del derecho a construir el canal de Panamá, a pequeños accionistas de toda Europa. Con una inversión de aproximadamente 3,5 millones de dólares, lograron el control de la sociedad.

Después, los inversores encubiertos dedicaron los tres años siguientes a conseguir que el gobierno de Estados Unidos comprara las participaciones por 40 millones de dólares, cantidad que iría a parar a sus manos. A tal fin, primero tuvieron que derrotar a un consolidado grupo de presión de Nicaragua. Nicaragua era la ruta preferida para el canal por sus dos grandes lagos, y también porque los franceses ya habían intentado construir un canal en Panamá y habían fracasado estrepitosamente.

Y Estados Unidos estaba a punto de construir el canal en Nicaragua. La Cámara de Representantes había aprobado por unanimidad una ley sobre el canal de Nicaragua, se había firmado un tratado con este país, el presidente McKinley ya había sancionado la ley, y ya habían comenzado las excavaciones en Nicaragua. Era un acuerdo cerrado... hasta que Cromwell llegó a Capitol Hill y comenzó a repartir dinero a mansalva.

El senador Mark "Dollar" Hanna, presidente a la sazón del Partido Republicano y probablemente el hombre más poderoso de Estados Unidos, recibió 60.000 dólares, el mayor donativo recibido por un político hasta la fecha.

A cambio, Hanna emprendió una campaña a favor de la construcción del canal en Panamá. La política estadounidense cambió radicalmente y en 1902 el Congreso decidió que el canal atravesaría Panamá.

Sólo había un problema: Panamá era, en aquel momento, una provincia de Colombia, y Estados Unidos necesitaba la aprobación de este país para seguir adelante. Teddy Roosevelt envió a Cromwell, que tenía la posibilidad de beneficiarse económicamente del acuerdo, para que negociase con Colombia. Colombia se mostró reacia y exigió más dinero. Cromwell decidió sortear el obstáculo consiguiendo la secesión de Panamá y creando su propio país. Y eso fue lo que hizo.

«Lo asombroso de este parte de la historia es que Wall Street planeó, financió y ejecutó toda la independencia de Panamá», dice Díaz. En efecto, Cromwell y J.P. Morgan contrataron al Jefferson y al Washington de Panamá, una historia de intriga que Díaz documenta. Panamá fue declarada nación, Cromwell negoció un tratado del canal con sus compinches y se largó con millones de dólares (o, como dijo años después el senador Samuel Hayakawa, «lo robamos, con todas las de la ley»).

La semana pasada llamamos a un socio ejecutivo de Sullivan & Cromwell aquí, en Washington, y le preguntamos si el bufete tenía algo que decir sobre las acusaciones de que el fundador del bufete había participado en esos tejemanejes. El socio dijo:

--Bueno, David McCullough escribió un libro sobre el canal de Panamá (The Path Between the Seas); échenle una ojeada.

Díaz afirma:

--McCullough no dedica una sola página a la cuestión de la conspiración secreta y a la especulación de los financieros de Wall Street.

El socio de Sullivan & Cromwell también nos preguntó:

--¿Qué importancia tiene esta historia cien años después?

Le trasladamos la pregunta a Díaz.

--Quiero que la gente conozca un capítulo de la historia universal que derribó una república francesa y un gobierno colombiano, creó una nueva república, sacudió los cimientos políticos de Washington con corrupción y dio a luz al imperialismo estadounidense en Latinoamérica --dice Díaz--. Fue uno de los mayores chanchullos de la historia. Y creo que sólo por eso merece la pena que se sepa.


(*) Russell Mokhiber es editor de Corporate Crime Reporter, con sede en Washington D.C. Robert Weissman es editor de Multinational Monitor, con sede en Washington, D.C. Ambos son coautores de Corporate Predators: The Hunt for MegaProfits and the Attack on Democracy (Monroe, Maine, Common Courage Press, 1999).


(c) Russell Mokhiber y Robert Weissman
(c) de la traducción, Berna Wang, 2001



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