Diálogo sobre el cuerpo y el materialismo en la enseñanza de Jacques Lacan

Sebastián Sica *
sicasebastian@gmail.com
Publicado el: 07/06/2019

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“La función de lo escrito (…) es mi propio materialismo” Jacques Lacan, sesión del 9/4/74

1. Una axiomática materialista
¿Resulta posible establecer períodos en la enseñanza de Lacan, en base a cortes sucesivos que habrían escandido severamente los desarrollos teóricos sobre los que avanzaba en su Seminario, al punto de poder hablar finalmente de un “Lacan contra sí mismo”?

La cosa es asunto de debate, no sólo porque su estilo no se presta tan sencillamente a ser adjetivado como lo ha hecho Jean Claude Milner en el título de uno de sus libros, “La obra clara”, sino tanto más cuanto aún no han sido publicados una gran cantidad de Seminarios: corriendo el año 2019, de un total de 27 veintisiete, son diez – u once, según los criterios- los que habitan la sombra de lo inédito.

 

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“La función de lo escrito (…) es mi propio materialismo” Jacques Lacan, sesión del 9/4/74

1. Una axiomática materialista

¿Resulta posible establecer períodos en la enseñanza de Lacan, en base a cortes sucesivos que habrían escandido severamente los desarrollos teóricos sobre los que avanzaba en su Seminario, al punto de poder hablar finalmente de un “Lacan contra sí mismo”?

La cosa es asunto de debate, no sólo porque su estilo no se presta tan sencillamente a ser adjetivado como lo ha hecho Jean Claude Milner en el título de uno de sus libros, “La obra clara”, sino tanto más cuanto aún no han sido publicados una gran cantidad de Seminarios: corriendo el año 2019, de un total de 27 veintisiete, son diez – u once, según los criterios- los que habitan la sombra de lo inédito.

Estos dos factores –el estilo, la dificultad para acceder a los textos originales-, han constituido un obstáculo cierto para la investigación, lo que ha ido produciendo un curioso efecto (que por lo que conocemos, no es común en otros ámbitos del pensamiento teórico) consistente en que una gran cantidad de psicoanalistas colegas se presentan como lacanianos pero no tienen el hábito de leer a Lacan de primera mano, sino que lo hacen a través de textos de comentaristas.

Como todos sabemos, esto es algo repetitivo en la historia del psicoanálisis y por lo tanto, en cuanto síntoma, los analistas haríamos bien en tomar nota: ya en Función y Campo de la palabra… Lacan decía que para comprender a Freud,… ¡¡era preferible la lectura de Freud que la de Fenichel(2)!!

A pesar entonces de que la lectura directa de Lacan no es un ejercicio demasiado extendido, paradójicamente se han ido cristalizando una cierta cantidad de ideas sobre aquello que sería su doctrina, las que circulan como preceptos que se repiten de manera aforística. A menudo esto cobra la forma de enunciados tales como “el psicoanalista X dijo que Lacan dijo”, y se construye con ello una axiomática, pero con el detalle de que no se lo cita a Lacan o cuando se lo hace, se extraen frases aisladas del contexto discursivo (seminario en el que la profirió, interlocutores a quien iba dirigida, incidencia del tono enunciativo por tratarse de una enseñanza oral, contexto histórico-social, etc.), lo que en numerosas ocasiones termina en la reducción o trivialización de una enseñanza que se impartió y elaboró a lo largo de treinta años. En su excelente y siempre vigente libro “El idioma de los lacanianos”, Jorge Baños Orellana brinda un riguroso estudio sobre el tema(3).

Por ejemplo, entre las axiomáticas que se han ido cristalizando en nuestro medio, existe una tesis muy difundida que sostiene que, en los últimos años de su enseñanza- designada por Jacques-Alain Miller como “el ultimísimo Lacan”(4)- se produjo un drástico viraje materialista en la teoría, “cortando la rama en la que estaba apoyada toda su enseñanza” – parafraseando al propio Miller- en la que la noción de cuerpo propio -y ya no el sujeto del significante-, sería la primera y última consistencia.

Se afirma entonces que en la obra de Lacan se pueden establecer varios cortes que segmentan períodos –designados, a la manera en que se lo ha hecho con Wittgenstein, como “primer Lacan, segundo Lacan, …” etc.- entre los cuales se iría desarrollando una progresión o evolución teórica creciente hasta alcanzar el máximo desarrollo en el último tramo “en el que se deshace el sistema de Lacan”(5) y en el que su teoría adquiere una “orientación por así decir materialista, que es la orientación de la ultimísima enseñanza de Lacan” (6)

Esta tesis parte de una equivalencia fundamental: el Uno y la materia. “Me parece que por eso Lacan considera que la noción de materia es fundamental. Porque funda lo Mismo fuera del sentido. La noción de materia funda lo Mismo (…) el Uno, en el sentido de lo Mismo, es la materia…” (7)

Paralelamente, se articula y homologa lo Real a la materia, desplazando las tres concepciones más fuertes que Lacan le otorgó a dicho registro a lo largo de su enseñanza: lo imposible, lo que vuelve al mismo lugar y lo que no cesa de no escribirse. Lo Real, en esta concepción, básicamente es “la materia”.(8)

De modo que esta lectura se apoya en la idea que sostiene que “en el reverso de la enseñanza de Lacan” lo Real se impone en orden de importancia a los demás registros, lo cual supondría no un mero desplazamiento del acento sino la consumación de una supuesta progresión en el desarrollo de la teoría, la que habría ido desde las primeras conceptualizaciones sobre lo Imaginario, pasando luego por lo Simbólico, hasta llegar a lo Real como primera y última consistencia material.

“Lo material, dice Lacan, se nos presenta en tanto cuerpo sustancia. El cuerpo es lo consistente, lo que se mantiene junto como una unidad. Hay entonces en Lacan un tema, que hace del Un-cuerpo la consistencia esencial del ser humano.”(9)

El registro de lo Real es concebido entonces en posición de dominio sobre lo imaginario y lo simbólico(10), e incluso se lo ubica como desanudado: “Lo real no puede ser aprehendido francamente en la catalepsia del conjunto en relación con el cual estaría afuera.” (11)

Se llega por cierto a la afirmación de que el cuerpo propio sería, en ese “ultimísimo” período, el asiento material/real de la sustancia gozante y del parlêtre, para lo cual Jacques-Alain Miller forjó el neologismo “Un-cuerpo”.

Con este término- que, lógicamente, no se encuentra en Lacan-, se intenta subrayar tanto “las afinidades entre lo real y el Uno” como la concepción del “autismo como el estatuto nativo del parlêtre”(12), donde el cuerpo propio, tomado como una totalidad, sería la única consistencia y aquello que brinda unidad: “El Un-cuerpo, dice Lacan, es la única consistencia del parlêtre.” (13)

En efecto, se sostiene que Lacan abandonaría la causalidad significante y por lo tanto, se produciría en la teoría la sustitución del lugar del Otro por el cuerpo propio, el “Un-cuerpo” en su consistencia material: “las cadenas significantes que desciframos a la freudiana están conectadas al cuerpo y están hechas de sustancia gozante” (14)

Esta serie de afirmaciones acerca de lo que Lacan cambiaría drásticamente en su teoría, son replicadas por un gran número de colegas en textos, conferencias y distintos ámbitos de intercambio.

Lo cierto es que, al emprender durante años la lectura rigurosa y sistemática de los escritos y seminarios, recurriendo al cotejo de las traducciones con sus versiones originales o a los registros sonoros y estenografías, no hemos podido constatar la hipótesis del tal corte materialista.

Es por eso que el resultado de nuestras investigaciones nos pone en la vía de un interesante debate, fundamentalmente desde la perspectiva del espíritu científico que se le reclama al psicoanálisis y a los psicoanalistas.

2.- ¿Lacan contra sí mismo?

Son muchas las preguntas que surgen alrededor de la lectura materialista de la enseñanza de Jacques Lacan, en primer lugar, justamente las que se suscitan desde el interior mismo de sus textos, por la posición del propio Lacan frente al materialismo.

Por ejemplo, sus lectores recordamos que utilizó el término “materialista” en franca crítica a Freud o a los psicoanalistas posfreudianos:

“Todos saben que Freud era un burdo materialista.”.(15)

Leemos que en 1960, aún inserto en el marco de la Internacional Psicoanalítica – es decir, en tiempos en los que todavía cuidaba la forma de plantear ciertos temas-, Lacan se permitía referirse a Freud en estos términos, en línea con las objeciones teóricas que profería hacia cualquier idea sustancialista para el psicoanálisis, particularmente las vinculadas con la energética y la biología.

No olvidemos que la depreciación teórica del materialismo biologicista fue emprendida por Lacan desde los inicios de su enseñanza, siendo, ni más ni menos, aquella ideología contra la que levantó la doctrina del significante, recibiendo por ello constantes acusaciones de “intelectualismo” o incluso de “idealismo”.

Un poco más tarde, en 1968, hace alusión al tema en el marco del seminario 16, “De un Otro al otro”, al vincular el objeto a como plus-de-gozar con el concepto de plusvalía proveniente del materialismo histórico:

“…me imputan descuidar la dimensión energética (…) pero reemplacé esta referencia estimulante a la energética- estimulante sobre todo para quienes ignoran incluso lo que significa- por una referencia a la economía política, de la que resultaría difícil sugerir, en los tiempos que corren, que sea menos materialista.” (16)

Durante aquellas sesiones del seminario, el esfuerzo de Lacan se centraba en separar radicalmente de la teoría psicoanalítica las nociones de energía, sustancia o biología, todas ellas vinculadas a un materialismo al que calificará de “superstición vulgar”:

“Durante largo tiempo pareció aceptarse lo que se llamaba el espíritu.(…)

Pero la desilusión del espíritu no es completo triunfo si sostiene en otra parte la superstición que designaría en una idealidad de la materia la misma sustancia impasible que primero se ponía en el espíritu.

Esta superstición llamada materialista- y agregar “vulgar” a materialismo no cambia nada en absoluto…”(17) (el resaltado es nuestro, en adelante).
Luego, en el seminario 21 “Les non dupes errent”, del año 1974 (es decir, de manera casi contemporánea con el hipotético giro lacaniano), sigue lanzando invectivas:
“…la función de lo escrito (…) es bien evidente que es mi propio materialismo. Bueno, lo digo apenas porque me importa un bledo el materialismo. Ese cierto materialismo que está allí desde siempre y que consiste en besarle el trasero a la materia en nombre de que ella sería algo más real que la forma, en fin, esto por cierto ya fue condenado.”(18)

Está claro que, revisando estas citas en su contexto, no hay grises respecto del rechazo lacaniano a cualquier materialismo para el psicoanálisis.

Entonces, como decíamos, las preguntas brotan naturalmente: si fuera el caso de que efectivamente se corroborara el mentado cambio repentino en Lacan ¿habría que seguir a un autor que modificara tan radicalmente su teoría, al punto de situarse en el extremo opuesto de lo que sostuvo sin ambigüedades durante 20 años, y sin que brinde argumentos contundentes y detallados sobre su defección teórica? ¿Sería Lacan un autor tan contradictorio e inconsistente como para que, de un momento a otro, sin explicaciones, comenzara a sostener el mismo discurso biologicista que no sólo combatió sino que fue aquello contra lo que alzó su enseñanza?

Los psicoanalistas hemos estado acostumbrados a leer del mismo Freud, cada vez que modificó sus conceptos, las precisas aclaraciones acerca de las razones de sus virajes, brindando los argumentos específicos y necesarios desde el punto de vista de cualquier discurso que pretenda articularse a la ciencia y no al capricho del autor. Luego, cada analista lector pudo asumir una posición al respecto, inaugurándose incluso –como todos hemos estudiado- verdaderos movimientos que en ocasiones llevaron el nombre de sus impulsores: Melanie Klein, Winnicott, Anna Freud, la llamada Psicología del Yo y el propio Jacques Lacan.

¿Sostendrían entonces los psicoanalistas las tesis de un autor que no se tomara ese trabajo aclaratorio, sólo por amor de transferencia o haciendo consistir algo así como el argumento de autoridad medieval, donde lo dicho era verdadero no tanto por sus razones sino más bien por la autoridad atribuida a la persona que lo profería? ¿Estaríamos dispuestos los analistas, en el año 2019, a aceptar una cierta teorización cuyo sostén sea “porque Lacan lo dijo, cambiando de una semana para la otra toda su doctrina” sin interrogar rigurosamente la coherencia interna de dicha teoría?

Como el propio Lacan afirmaba, en este punto es imposible “no ser hereje”, en el sentido de la haíresis griega: es requerida una elección o toma de partido por parte de sus lectores. Se trata, entonces, de leerlo en sus propias coordenadas.

3.- La materialidad de Lacan: el significante.

Situando entonces el debate a la altura de los últimos seminarios y escritos de Jacques Lacan (en particular, entre los seminarios 23, 24 y 25) afirmamos que nos resulta imposible constatar la hipótesis del mencionado corte materialista.

Por el contrario, lo que encontramos es una continuidad en los desarrollos lacanianos, en la perspectiva de situar el significante y sus efectos como el fundamento del sujeto del que se ocupa el psicoanálisis.

Como todos los investigadores de sus textos conocemos, en la elaboración conceptual de Lacan se fueron incorporando progresivamente elementos de la lógica nodal y la topología, en particular, en relación a la cadena borromea y la figura topológica del toro para dar cuenta de la estructura del sujeto. Pero, hasta el final de su enseñanza, sostendrá que no es en torno al cuerpo sino al acto de decir y sus equívocos y resonancias donde se juegan los efectos de un análisis, razón por la que incluso propone sustituir el término inconsciente por L’unbevue, juego homofónico con el unbewusste en alemán.

En lo que sigue vamos a resumir los puntos principales en los que apoyamos nuestras objeciones a la lectura materialista/biologicista de los textos lacanianos, centrándonos en los señalamientos del mismo Lacan sobre las nociones de materia, sustancia, energía y cuerpo. Las citas serán numerosas y extensas, pero no sólo resultan imprescindibles para validar nuestros argumentos, sino fundamentalmente para situar con precisión lo que dice Lacan-tanto como lo que no dice-:

a) Lacan afirma y reitera a lo largo de las sesiones del seminario 24, L’insu… (1976/77), que la materialidad que concierne al psicoanálisis no es otra que la del significante.Al respecto, leemos que en la segunda sesión sostiene que “La noción de materia es fundamental en el hecho de que ella funda lo mismo. Todo lo que no está fundado sobre la materia es una estafa.”(19)

Este fragmento, al ser extraído de su contexto y tomarlo en su literalidad, ha conducido a la mencionada ecuación materia=Uno=real=cuerpo.

Pero si nos atenemos a la continuación, se advierte en Lacan un tono irónico en su enunciación, lo que lógicamente cambiaría el sentido que suele apresurarse. Por cierto, ni bien nos remitimos al contexto discursivo, comienza a quedar en claro que está intentando trazar una línea divisoria entre lo que se impone a nivel del fenómeno, (es decir, desde lo Imaginario) y la estructura:

“Lo material se presenta a nosotros como “corpsistencia” (corps-sistance), quiero decir, bajo la subsistencia del cuerpo, es decir, aquello que es consistente, lo que mantiene junto (…) a la manera de una unidad.”(20)

¿Es necesario recordar que ésta es una idea que viene subrayando desde el seminario anterior, cuando en la primera sesión habla del “poder cautivante” del cuerpo (en lo imaginario), que conduce a considerarlo como “una bolsa” con un interior que contiene órganos?:

“…a causa de la forma, cara a Platón, el individuo se presenta como puede, como un cuerpo. Y este cuerpo tiene un poder tan cautivante que hasta cierto punto habría que envidiar a los ciegos.

Lo sorprendente es que la forma no revela más que la bolsa o, si ustedes quieren, la burbuja.” (21)

Advirtamos entonces que para Lacan el cuerpo en su materialidad (“el cuerpo tomado en sentido ingenuo”, tal como afirmaba en 1970 en Radiofonía), se presenta como aquello que brinda la ilusión de unidad y consistencia para el sujeto.

De hecho es lo que, en el Seminario “El Sinthome”, llamará el ego, “la idea de sí mismo como cuerpo” aclarando que “si al ego se lo llama narcisista, es porque en cierto nivel, hay algo que sostiene el cuerpo como imagen”(22) , lo que resulta coherente con la ubicación que Lacan le otorga en el nudo borromeo, en la playa de lo imaginario.(23)

Pero lo que queremos subrayar, es la conclusión que brinda Lacan a continuación del párrafo que mencionábamos al principio:

“Nada más único que el significante.(24) (…) El hombre sabe más de lo que cree saber, PERO la sustancia de este saber, la materialidad que está debajo no es otra cosa que el significante.”

Para Lacan, explícitamente, la materialidad que se vincula al inconsciente proviene del significante, “ese material que nos habita”, como sostiene también en la sesión del 11 de enero de 1977: se trata del sujeto entonces, no del cuerpo. Es decir: si bien el cuerpo provee las condiciones para que se produzca la ilusión -en lo imaginario- de unidad y consistencia subjetiva (“lo material se presenta a nosotros bajo la subsistencia del cuerpo”), es más bien el significante aquello que brinda la materialidad del sujeto (“PERO la materialidad que está debajo no es otra que el significante”) y por lo tanto, su estructura agujereada- no “consistente”.

Tratándose del seminario que dictó entre 1976/77, no podría argumentarse que se trata de un Lacan “clásico” el que hace este tipo de afirmaciones.

De hecho, tanto intentó subrayar esta dimensión material del significante, que un año antes, en octubre de 1975, introdujo el neologismo moterialismo, jugando con el término mot (palabra, en francés):

“Si me permiten emplearlo por primera vez, es en ese “moterialismo” (materialismo de la palabra) donde reside el asidero del inconsciente.”(25)
No debería ser trivial que los psicoanalistas hablemos del “material” cuando hacemos referencia al texto de algún caso clínico.

b) Por otro lado, no se verifica en los últimos escritos o seminarios lacanianos que haya habido una promoción de la noción de sustancia, ni en sentido biológico ni en cuanto a alguna energética corporal.

Por supuesto que éste tema, por sí mismo y debido a que propende- como señaló Gastón Bachelard- a funcionar como obstáculo epistemológico, requeriría un desarrollo más extenso del que podemos hacer aquí. Es quizás, por su pregnancia, el malentendido fundamental que ha dividido las aguas teóricas del psicoanálisis: la concepción –tomada como un a priori incuestionable- de que existirían fuerzas o energías internas cuya distribución o exceso moverían “el aparato psíquico”, premisa siempre cuestionada por Lacan.

Al respecto, ¿quién no recuerda, por ejemplo, aquel texto del año 1958, “El psicoanálisis verdadero, y el falso”? -¡vaya título!-

Allí Lacan decía cosas como éstas:

“El psicoanálisis verdadero tiene su fundamento en la relación del hombre con la palabra. (…)

Al no reconocer su fundamento, se va a buscar el médium en otra parte, a saber, en no se sabe qué afecto inmediato, verdadero delirio (…)

Que el sustrato biológico del sujeto esté interesado en el análisis hasta en lo más hondo, no implica en modo alguno que la causalidad que descubre ahí se pueda reducir a lo biológico.”(26)

O lo que afirmaba en la última sesión del seminario sobre los conceptos fundamentales:

“El análisis no entraña reconocimiento alguno de una sustancia sobre la que pretenda operar, ni siquiera la de la sexualidad. (…) La sexualidad sólo concierne al psicoanálisis en la medida en que se manifiesta en forma de pulsión, en el desfiladero del significante…” (27)

Sin embargo, suele sostenerse que a partir del Seminario “Aún”, con la introducción de la noción de “sustancia gozante”, Lacan estaría hablando justamente de alguna misteriosa sustancia localizada en el cuerpo, la que tendría estatuto causal.

Lo que resulta sorprendente de dicha lectura, es que no se haga mención del hecho que Lacan, de manera explícita, afirma que aquello que denomina “sustancia gozante”…¡¡es el significante!!

Como todos hemos leído en ese seminario, Lacan parte de una pregunta: dónde colocar, entre las categorías cartesianas de sustancia pensante y sustancia extensa, “la dimensión sustancial” de la función del significante, la “dit-mensión”:

“¿Por qué acentuamos tanto la función del significante? (…) ¿Dónde puede finalmente colocarse esta dimensión sustancial, esta sustancia en ejercicio que debería escribirse dit-mensión? (28)

Diferenciándola de las categorías filosóficas, responde:

“Diré que el significante se sitúa a nivel de la sustancia gozante.(…)El significante es la causa del goce, ¿Cómo, sin el significante, centrar ese algo que, del goce, es la causa material?(29) ; y más adelante insiste afirmando ”el discurso de la histérica le enseñó a Freud esa otra sustancia, el significante.”(30)

Una vez más, si no se fuerza un sentido y guardando coherencia respecto del “moterialismo” de la palabra, se lee que Lacan coloca al significante en el orden de la única sustancia que atañe al psicoanálisis.

c) De igual modo, a nivel de los conceptos de pulsión o libido tampoco es posible verificar modificaciones en la última enseñanza de Lacan.

De hecho, es lo que le responde a Marcel Ritter en enero de 1975 cuando éste lo interroga sobre lo real pulsional: “Es difícil de hacerlo comprender. Por el momento, no puedo volver sobre todo el camino que me condujo hasta allí. Me asombraría mucho que algo me forzara a otra concepción”.

Lacan, en su respuesta, adelanta que sigue sosteniendo lo que desarrolló sobre la pulsión en los seminarios anteriores, es decir, un circuito cuya apoyatura es gramatical (hacerse mirar, escuchar, etc.), en el que el cuerpo se articula no como una totalidad orgánica sino en cuanto zonas (“la pulsión es parcial”) vinculadas a los bordes u orificios: “Hay un real pulsional únicamente en la medida en que lo real es lo que en la pulsión reduzco a la función del agujero. Es decir lo que hace que la pulsión esté vinculada a los orificios corporales.”(31)

Es probable que todavía persista la idea primitiva sobre la pulsión, aquella definición freudiana de “Tres ensayos…” que la tenía por “el representante psíquico de una fuente de excitación orgánica”. Es lo que se impuso entre los psicoanalistas de varias generaciones – al punto de ser traducida como “instinto”-, a pesar de las rectificaciones posteriores de Freud. Y el esfuerzo de Lacan por conmover ese prejuicio no tuvo demasiados frutos, aún cuando intentó cambiar su denominación por “dérive”.

Pero si con el término “pulsión” designamos un concepto específico del psicoanálisis, entonces será necesario – en caso de seguir los enunciados de Lacan al respecto- dejar de utilizarlo como equivalente de una fuerza corporal proveniente de la sexualidad biológica.

“Se piensa que se dice algo cuando se dice que Freud aportó la subyacencia de la sexualidad en todo lo que concierne al discurso. (…)

…es raro que no se haya percibido el mundo que hay entre éste término, sexualidad, - en todas partes donde comienza a adquirir sustancia biológica-, el mundo que hay entre esto y lo que Freud enuncia sobre las relaciones que el inconsciente revela. (…)

Lo que Freud muestra sobre el funcionamiento del inconsciente no tiene nada de biológico.”(32)

¿Llegó Lacan, con su insistencia, a transmitir la propuesta de invertir la lógica sustancialista, promoviendo la clave del significante? Es decir: que en la pulsión no se trata de impulsos corporales biológicos que afectarían lo psíquico, sino por el contrario, de los efectos del significante en el cuerpo:

“…los filósofos ingleses –¡los llamo así porque no son psicoanalistas!-. Creen con una convicción inquebrantable que la palabra no tiene efecto. Se equivocan. Piensan que hay pulsiones, y eso cuando tienen la amabilidad de no traducir Trieb por instinto. No piensan que las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir.”(33)

Como se advierte cuando se lee a Lacan de primera mano, el materialismo que se le atribuye tampoco encuentra sustento en lo que concierne a la sexualidad, como vemos en la proliferación de citas en las que se refiere al asunto hasta poco tiempo antes de su fallecimiento:

“Lo que me parece materialmente abusivo, es haber imputado de tal modo materia al sexo. Sé bien que existen las hormonas, que forman parte de la ciencia, pero es totalmente claro que está allí el punto más denso y que no hay ninguna transparencia.”(34)

d) En esta misma dirección, en la tercera sesión del seminario 24, L’insu…, Lacan se toma un tiempo para aclarar un malentendido respecto del registro de lo Real, en la medida en que sus interlocutores ya lo confundían con la materia:

“En lo que respecta a lo Real, se quiere identificarlo a la materia (la matière) , yo propondría más bien escribirlo l’ame a tiers , (el alma en tercios, el alma en tres, el alma-a-tres)”. (sesión del 11/1/77)

Dado que el término “Real” puede conducir a la creencia de que se trata de “lo tangible, lo verdadero”, explícitamente Lacan lo desvincula de cualquier materialidad, a la vez que reitera que, desde el punto de vista del anudamiento borromeo, no es concebible (no existe como concepto) algo del orden de lo Real que opere desanudado: no se trata del Uno, sino del Tres.

“El hombre constituye el correcto nudo borromeano, accede al único Real que es el Tres…” (15/1/74) “Si lo Real es lo que digo, para comenzar, el número Tres…” (12/3/74)

“Desde luego que lo Real no puede ser uno solo de estos redondeles de cuerda. La manera de presentarlos en su nudo de cadena es lo que constituye enteramente lo real del nudo”(35)

Lo Real, como lo que ex-siste a lo Simbólico y lo Imaginario (es decir: el fuera-de-sentido, lo imposible, lo que vuelve al mismo lugar) en absoluto puede ser reducido conceptualmente, al menos desde la perspectiva lacaniana, al Uno “de la materialidad carnal.”

e) Por último, y no menos importante, encontramos la conceptualización de Jacques Lacan sobre el estatuto del cuerpo, desarrollada de manera no ambigua desde el seminario sobre el sinthome y deducida de los datos estructurales vinculados al nudo borromeo y la topología.

Se trata de una elaboración que se opone a la noción intuitiva del cuerpo, aquella que lo concibe en su materialidad como una superficie esférica y cerrada que dividiría un adentro, un interior (sede del sujeto, las pulsiones, energías etc.) y un afuera (el objeto, el mundo), lo que Lacan llamará “el cuerpo bolsa”:

“¿Qué quiere decir la consistencia? Quiere decir, lo que mantiene junto y por eso aquí se la simboliza con la superficie. En efecto, pobres de nosotros, sólo tenemos idea de consistencia por lo que constituye una bolsa o un trapo. Esta es la primera idea que tenemos al respecto. Incluso al cuerpo lo sentimos como piel que retiene en su bolsa un montón de órganos.”(36)

El cuerpo como superficie cerrada conteniendo cosas en su interior, el cuerpo Uno, para Lacan es el cuerpo tal como se impone intuitivamente desde lo Imaginario, como mencionábamos anteriormente.

“Este cuerpo tiene un poder tan cautivante, que hasta cierto punto habría que envidiar a los ciegos. (…) Lo sorprendente es que la forma no revela más que la bolsa, o si ustedes quieren, la burbuja, ya que es algo que se infla. El obsesivo es el que más lo sufre…”(37)

De hecho, constatamos que la abierta crítica a esta perspectiva es sostenida por Lacan desde fines de los sesenta:

“Un adentro y un afuera parecen algo evidente si consideramos el organismo, a saber, un individuo que está en efecto allí. El adentro es lo que está en su bolsa de piel. El afuera, todo el resto.(…)

Para Freud, el psiquismo debe situarse en un adentro limitado por una superficie (…) y está sin defensa respecto de lo que hay adentro: afectos, instintos, pulsiones, lo que está en el interior.(…)

Tal vez haya que empezar por desprenderse de la poderosa fascinación que obedece a que sólo podemos concebir la representación de un ser vivo en el interior de su cuerpo.”(38)

Es que precisamente, así como lo hace con el sentido, Lacan situará en el registro Imaginario todo aquello que brinda la ilusión de consistencia:

“El parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia- consistencia mental, por supuesto. (…) Esta es la raíz de lo imaginario.”(39)

De modo que, para dar cuenta de la estructura -es decir, valga la insistencia: más allá del fenómeno- del cuerpo, Lacan recurre, a lo largo de los seminarios 24 y 25, a la figura topológica del toro (en verdad, sus lectores sabemos que es un tema que desarrolló exhaustivamente desde el seminario 9, sobre la identificación), “la que cuestiona la idea cartesiana del espacio como extenso: el toro funda otra idea de espacio porque no parece ser un cuerpo, ya que su interior está en el exterior” ( sesión del 16/11/76).

La antinomia es clara y no podría conducir a malentendidos: por un lado, el cuerpo bolsa considerado como Uno (que “se presenta a nosotros” como una esfera cerrada), y por otro, la posición lacaniana que resalta su estructura tórica, -la que implica a la vez un corte y una continuidad entre el interior y el exterior (“extimidad” lo llamará Lacan):

“El hombre gira en redondo, si lo que yo digo de su estructura es verdadero (suspira)…porque la estructura, la estructura del hombre es tórica.”

Luego de esta afirmación, Lacan prosigue:

“El sistema del mundo hasta aquí ha sido siempre esferoidal. Y bien, tal vez podría cambiar, ¿no? Hasta el presente, el mundo se ha pintado (…) en el interior de una burbuja”
Para luego concluir:

“El viviente se considera a sí mismo como una bola, pero con el tiempo se ha dado cuenta de que no era una bola, una burbuja. ¿Pero por qué no advertir que está organizado, lo que se ve del cuerpo viviente, como lo que el otro día he llamado garrote, tranca (trique), que no es otra cosa que un toro?. Somos tóricos (toriques), o con la elisión de la o, garrotes (triques). (…) El toro garrote se presenta como teniendo dos agujeros (la boca, el ano) alrededor de lo cual, algo consiste.”.(40)

Y bien: lejos de algún sustancialismo en el que el cuerpo sería considerado como Uno, Lacan presenta la tesis – algo descuidada por sus lectores materialistas- de su estructura tórica y por lo tanto, la prevalencia de los agujeros “alrededor de los cuales algo consiste”.

“Yo enuncio aquí en grado de tentativa, (…) en primer lugar lo que he presentado de la estructura del cuerpo, del cuerpo considerado como lo que he llamado garrote/tranca.

Que el ser vivo, todo ser vivo, se denomine tranca, es lo que cierto número de estudios anatómicos groseros han visto confirmarse.

Que el toro sea algo que se presenta como teniendo dos agujeros alrededor de los cuales algo consiste, es esto lo que es de simple evidencia.” (41)

Desprovista de la habitual oscuridad de su estilo, sus lectores encontramos aquí la tesis expuesta con claridad: Lacan parte de la función del agujero, sin hacer mención de ningún “real sustancial”.

Tan es así, que durante el seminario 25, El momento de concluir (sesión del 17 de enero de 1978) juega con la homofonía del término “trou”, agujero, para designar a “les trumains”:

“Un toro hace agujero. He logrado darles – no de inmediato, luego de un cierto número de aproximaciones-, he logrado darles una idea del agujero. Hay más de un agujero en lo que se llama hombre, es incluso un verdadero colador. Lo que hay de bizarro en los -¿por qué no escribirlo también así, “les trumains”…?”

Todas estas no son afirmaciones arrebatadas: más bien constituyen la posición lacaniana sobre cuestiones estructurales, desarrollada explícitamente a lo lago de los seminarios 23, 24 y 25, bajo una serie de formulaciones que repite una y otra vez casi textualmente:

“El hecho de que el ser viviente se defina casi como un garrote/tranca (trique), a saber, que tiene una boca, incluso un ano, y además algo que lo amuebla en el interior de su cuerpo, es algo que tiene consecuencias que no son escasas.” (42)

Las consecuencias no son escasas, declara Lacan: desde luego, ya que nadie ignora que puede fundar- ni más ni menos- que distintos órdenes de lectura e intervención clínica.

De modo que, a casi 40 años del fallecimiento de Jacques Lacan, tenemos todavía por delante un amplio y fructífero debate alrededor de sus textos y su enseñanza.


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1 Jean-Claude Milner, La obra clara. Lacan, la ciencia, la filosofía. Ediciones Manantial, Buenos Aires, 1996.
2 Jacques Lacan, Escritos 1, Siglo veintiuno editores, Argentina, 1988, pág. 249.
3 Jorge Baños Orellana, El idioma de los lacanianos, Editorial Atuel, Buenos Aires, 1995.-
4 Jacques-Alain Miller, El ultimi?simo Lacan, Editorial Paido?s, Buenos Aires, 2013.- 5 Ibídem, pág. 117.-
6 Ibídem, pág. 122.-
7 Ibídem, págs. 122/ 123.
8 Ibídem, pág. 129.
9 Ibídem, pág 127.
10 Ibídem, pág. 159. 11 Ibídem, pág. 153.-
12 Ibídem, pág. 119.-
13 Ibídem, pág. 108.-
14 Jacques-Alain Miller, “El inconsciente y el cuerpo hablante”, en http://www.congressoamp2016.com/uploads/86a573db11f8ee41e1fb42b838586aa1c729083c.pdf
15 Jacques Lacan, Discurso a los cato?licos, e n El triunfo de la Religio?n , Editorial Paido?s, Buenos Aires, 2005, pág. 33.-
16 Jacques Lacan, El Seminario, Libro 16, De un Otro al otro , Editorial Paido?s, Buenos Aires, 2008, pág. 30.-
17 Ibídem, págs. 61/62.-
18 Jacques Lacan, Seminario 21, Les non-dupes errent, ine?dito, sesio?n del 9/4/74, traduccio?n de R. Rodri?guez Ponte.
19 Jacques Lacan, Seminario 24, L’insu ..., sesio?n del 14/12/76, traduccio?n de Ariel Dilon, Ortega y Orti?z Editores, 2008, pág. 33.-
20 I?dem.-
21 Jacques Lacan, El Seminario, Libro 23, El sinthome, Editorial Paido?s, Buenos Aires, 2006, pág. 18.-
22 Ibídem, pág. 147.-
23 Jacques Lacan, “ La tercera”, en Intervenciones y Textos 2 , Ediciones Manantial, Buenos Aires, 1988, pág. 103.
24 Jacques Lacan, Seminario 24, L’insu ..., sesio?n del 14/12/76, traduccio?n de Ariel Dilon, Ortega y Orti?z Editores, 2008, pág. 34.-
25 Jacques Lacan, “ Conferencia en Ginebra sobre el si?ntoma”, en Intervenciones y Textos 2 , E diciones Manantial, Buenos Aires, 1988, pág. 126.-
26 Jacques Lacan, “El psicoana?lisis verdadero, y el falso ”, en Otros Escritos, Editorial Paido?s, Buenos Aires, 2012, págs. 181/82.
27 Jacques Lacan, El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoana?lisis , Editorial Paido?s, Buenos Aires, 1991, pág. 274.
28 Jacques Lacan , El Seminario, Libro 20, Au?n, Editorial Paido?s, Buenos Aires, 2004, pág. 30.- 29 Ibídem, pág. 33.-
30 Ibídem, pág. 54.-
31 “Respuesta a Marcel Ritter”, publicado en france?s en las Lettres de l’E?cole freudienne n° 18. Journe?e des cartels. Strasbourg. Introduction aux se?ances de travail, 1976. Disponible en: https://goo.gl/snmdhp
32 Jacques Lacan, El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, E ditorial Paido?s, Buenos Aires, 2009, págs. 29/30.
33 Jacques Lacan, El Seminario, Libro 23, El sinthome , Editorial Paido?s, Buenos Aires, 2006,pág. 18.
34 Jacques Lacan, Seminario 25 “ El momento de concluir” , ine?dito, clase del 20/12/77.
35 Jacques Lacan, El seminario, Libro 23, EL sinthome, Editorial Paido?s, Buenos Aires, 2006, pág. 105.- 36 Ibídem, pág. 63.-
37 Ibídem, pág. 18.-
38 Jacques Lacan, EL Seminario, Libro 16, De un Otro al otro, Editorial Paido?s, Buenos Aires, 2008, págs.259/ 260.-
39 Jacques Lacan, El Seminario. Libro 23, EL sinthome, Editorial Paido?s, Buenos Aires, 2006, pág. 64.-
40 Jacques Lacan, Seminario 24, L’insu ..., sesio?n del 14/12/76, traduccio?n de Ariel Dilon, Ortega y Orti?z Editores, 2008, págs. 35/36.
41 Ibídem, pág. 44.-
42 Jacques Lacan, Seminario 25, El momento de concluir, sesio?n del 17/1/78, ine?dito.-


* Sebastián Sica es licenciado en Psicología, egresado de la Universidad de La Plata. Psicoanalista, integrante del Campo de Investigaciones Lacanianas (C.I.L.) de la Plata. Ex integrante de la cátedra de Clínica de Adultos y Gerontes (U.N.L.P). Docente y supervisor de Residentes de Psicología en Hospitales de la Pcia. de Bs. As. Autor del blog Leer a Lacan y de diversos artículos en revistas dedicadas al psicoanálisis. Docente en cursos de posgrado.

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