Sobre la extensión del psicoanálisis

Lidia Araneo
autores@psyche-navegante.com
Publicado el: 2002-12-08


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La raíz de la experiencia del campo del psicoanálisis planteado en su extensión debe ser hallada en la intensión, o sea en la experiencia psicoanalítica misma.



Sobre la extensión del psicoanálisis
Autora: Lidia Araneo
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Email: autores@psyche-navegante.com

La raíz de la experiencia del campo del psicoanálisis planteado en su extensión debe ser hallada en la intensión, o sea en la experiencia psicoanalítica misma.

Operación de reversión entre el adentro y el afuera, que Lacan realiza a partir de situar el decir freudiano en relación a su formulación del discurso analítico. Lo que implica situar las coordenadas de la transferencia tanto en el dispositivo analítico como en relación al psicoanálisis, o sea, la posición del analista en la extensión.

Además de con su persona (de la cual es desposeído por la transferencia), y de con sus palabras (elevadas al efecto de interpretación), el analista paga con un juicio sobre la acción, que entiendo en relación al "al menos dos": el que produce efectos en la clínica, y el que a esos efectos los formaliza, para transformar trabajo en saber.

Esto es: la necesariedad que cada analista, sostenido en la causa de su deseo, proponga a los otros qué ha producido de lo que la experiencia deposita, en esa práctica azarosa que es la clínica psicoanalítica.

Lo necesario de la transmisión, entonces, para que el psicoanálisis no sea un autismo de dos: el analista se autoriza de sí mismo,... y por algunos otros.

¿Quiénes son esos otros para el analista?

A pesar de su nostalgia por los años de "espléndido aislamiento", Freud no dejó de decir que el psicoanálisis es una "exquisita obra colectiva", tal como le escribe a Groddeck.

Así como dejó escrito el "Múltiple interés del psicoanálisis" con el propósito de evidenciar cuán numerosos son los ámbitos del saber para los cuales resulta interesante, a la vez que coloca el estudio de los mismos como condición para todo instituto de enseñanza de psicoanálisis.

Obra institucional que no puede sostenerse sino por la comunicación constante con otras disciplinas, y que no cese de someterse a la innovación, porque debemos tener en cuenta, para la inteligencia del texto de nuestra experiencia, que ésta instaura los efectos mismos que la capturan para apartarla del sujeto.

¿Qué nos dice Freud?

Que "cada campo de investigación ofrece su particular dificultad, que tenemos que empeñarnos en eliminar. También en el arte interpretativo del análisis es mucho lo que puede aprenderse como cualquier otro tema del saber".

Y ubica una exigencia: no puede ejercer el análisis nadie que no haya adquirido títulos para ello mediante una determinada formación.

Así como expresa el anhelo de que si algún día se fundara una escuela superior de psicoanálisis, debería enseñarse en ella, junto a la psicología de lo profundo, que siempre sería lo esencial, una introducción a la biología, conocimientos de la vida sexual con la máxima extensión posible, la familiarización con los cuadros clínicos de la psiquiatría, y finalmente pero no en último lugar, los temas de las ciencias del espíritu: psicología, historia de la cultura, sociología, mitología, psicología y filosofía de la religión, ciencia de la literatura. Porque el psicoanálisis también concierne a la resolución de problemas artísticos, filosóficos o religiosos, suministrando en tal sentido múltiples enfoques nuevos y revelaciones de importancia para todas las ciencias que se ocupan de la historia genética de la cultura humana y sus grandes instituciones, como el arte, la religión y el régimen social.

El plan de estudios para el analista está todavía por crearse. No existen tales escuelas superiores de análisis y son un reclamo ideal. Un ideal, pero uno que puede y debe ser realizado.

Al analista su experiencia lo lleva a otro universo, con otros fenómenos y leyes, pero, o mejor dicho, por eso, nos advierte que sin una buena orientación en esos campos, el analista quedaría inerme frente a una gran parte de su material, no sólo para comprender y curar una neurosis, sino para aguzarle aquellas facultades intelectuales que su actividad le exige en grado máximo.

Entonces, lo que fundamentalmente Freud nos enseñó es que es allí donde tomó su inspiración, sus procedimientos de pensamiento y sus armas técnicas.

"Como doctrina de lo inconsciente, el psicoanálisis merece un mejor destino, y confiamos en que lo tendrá".

Para ese mejor destino, interroguemos lo que ha de ser del analista, del "ser" del analista, en cuanto a su propio deseo.

Hay una ética que integra las conquistas freudianas sobre el deseo, que pone en su cúspide la cuestión del deseo del analista.

Porque será cuestión del sujeto y del deseo: situar qué se subvierte del sujeto en la dialéctica del deseo.

Si pasado, presente y futuro son como las cuentas de un collar engarzado por el deseo, se tratará de captarlo, y sólo puede captárselo en la letra, porque son las redes de la letra las que sobredeterminan su lugar.

En tanto la instancia de la letra en el inconsciente hace a la singularidad del objeto del psicoanálisis, función de lo que se lee para hacer emerger al sujeto, la exigencia primera, para la formación del analista y para la enseñanza y transmisión del psicoanálisis, es la preeminencia del texto para encontrar la estructura misma de su sujeto.

Se tratará de poder establecer las condiciones de una lectura y de una escritura para cercar la condición literal de cada texto. Ejercicio que interroga lo que dice la letra para revelar la novedad que cada texto aporta y para reencontrar, en esos diversos campos referidos por Freud, los nudos esenciales necesarios para la captación del texto de la experiencia analítica.

Técnica de lectura que vuelve a colocar cada uno de sus términos en su sincronía, apuntando a cómo se compone un texto, con qué se documenta, qué comentarios provoca, cuáles son sus posibles reconstrucciones, qué pasiones pone en juego, cómo dice, qué silencia.

Lacan hizo del texto freudiano la cita obligada, para volver a situar el descubrimiento del inconsciente, testimonio de un saber, nuestro único patrimonio de saber, en la poética de su obra.

De lo que se trata es de lo que el analista tiene que saber. La cuestión es no lo que el analista sabe sino la función de lo que él sabe en el psicoanálisis.

Habrá que centrar lo concerniente a lo que se elige saber, elección en la cual el lugar del no saber es central.

No saber que no es de modestia, que todavía implica situarse con relación a sí, sino producción de la estructura del único saber oportuno, donde lo no sabido se ordena como el armazón del saber.

Lo cual implica, por una parte, abordar cada caso como si fuera nuevo, según la recomendación freudiana. Por otra parte, una teoría sólida de lo que se rechaza y se admite considerar como ser a saber.

Interrogando el saber en el lugar de la verdad, se interroga la estructura del saber: si el saber textual remite al texto del analizante, el saber referencial concierne ante todo a los efectos del lenguaje, el sujeto en primer lugar.

Pero, ¿de qué sujeto estamos hablando?

El campo freudiano, esto es: el psicoanálisis como práctica y el inconsciente como descubrimiento, sólo era posible cierto tiempo después de la emergencia del sujeto cartesiano, por el hecho de que la ciencia moderna empieza después del paso inaugural dado por Descartes.

Momento del sujeto llamado el cogito, que implica una relación con el saber.bajo la forma de su rechazo. Por eso la división del sujeto es entre saber y verdad.

Verdad a cuya articulación Freud se remite para declarar imposibles tres compromisos: gobernar, educar, psicoanalizar. Son imposibles porque el sujeto no puede dejar de estar en falta si se hila en el margen que Freud reserva a la verdad: se muestra allí compleja por esencia, humilde en sus oficios, extraña a la realidad, insumisa a la elección del sexo, pariente de la muerte, más bien inhumana.

Del cogito sum podemos revelar su resto: cogito ergo, donde aparece que nada se habla sino apoyándose en la causa.

Si las cuatro causas.de la física de Aristóteles quedan incluidas en respuesta a la pregunta de por qué algo es o existe, será la ciencia la que de la verdad como causa no querrá saber nada, y su incidencia quedará bajo su aspecto de causa formal.

En cuanto al saber, la forma lógica que le da incluye un modo de comunicación que sutura al sujeto que implica.

Será el procedimiento matemático el que advierta lo que hay de real en lo simbólico, pero debemos recordar que "El truco analítico no será matemático, por eso mismo el discurso analítico se distingue del discurso científico".

Y si la lingüística se abre camino desde la consideración del inconsciente, la referencia con que se sitúa lo inconsciente es justamente aquello que escapa a la lingüística, ya que ella nada tiene que hacer con el hablanteser, aun cuando la dialéctica de su división constituyente pueda ser elaborada lógicamente mediante la referencia estructuralista.

¿Y las otras causas?

La verdad bajo su aspecto de causa eficiente es la magia. Su condición es que el saber se caracteriza no sólo por quedar velado para el sujeto de la ciencia, sino por disimularse como tal.

Y la verdad como causa final aparece en la religión, donde es trasladada al juicio del fin del mundo. El religioso remite a Dios la causa de su deseo, objeto del sacrificio, y corta así su propio acceso a la verdad. Quiere decir que su demanda está sometida al deseo supuesto de un dios al que hay que seducir. Al instalar la verdad en un estatuto de culpa, resulta de ello una desconfianza para con el saber.

En cuanto sujetos de la ciencia psicoanalítica, es la solicitación de cada uno de esos modos de la relación con la verdad como causa a la que el analista tiene que resistir.

¿Por qué? Porque el psicoanálisis acentúa su aspecto de causa material, que es la forma de incidencia del significante. Así debe calificarse su originalidad en la ciencia.



Si la religión es aquello que realiza lo simbólico de lo imaginario, quiere decir que la relación del cuerpo y de la muerte está articulada por el amor divino de una manera tal que hace que el cuerpo devenga muerte, y que la muerte devenga cuerpo. Desplazamiento que sitúa el amor en el lugar del deseo, al cual expulsa.

Por eso la rebeldía freudiana frente al mandamiento de "Amarás al prójimo como a ti mismo".

¿Dónde encontramos una interrogación por el amor?

Si ubicamos al amor como tener un otro todo para sí, solución fundamental al problema de las relaciones del deseo y la demanda, serán las comedias las que nos mostrarán los avatares de la circulación de las mujeres y del falo, resorte cómico con el cual abordan el amor.

¿Y la interrogación por el deseo?

Es en un contexto de creación poética que Freud elige el ejemplo princeps del chiste: será el famoso famillonario de Heine quien nos introducirá a las relaciones del inconsciente con la sorprendente novedad de la creación de un ser verbal que marca una vida.

Y qué son las tragedias de Sófocles sino lo que, al modo de mitos, le permiten a Freud leer una encrucijada del deseo.

Recordemos que el tema de Hamlet fue promovido por Freud a un nivel equivalente al del tema de Edipo.

Y Lacan nos enseñó a leer el Hamlet de Shakespeare como una placa giratoria en la que se ubica el drama del deseo, al situar al hombre teniendo que encontrar el deseo a costa suya y con el mayor esfuerzo.

Es porque aquí el drama edípico está abierto al comienzo y no al final, que Hamlet conoce el crimen de existir. Y es a partir de ese comienzo que él debe elegir: ese to be or not to be que nos da el estilo de su posición.



Poesía y verdad: verdad revelada en su estructura de ficción, del mismo modo que las figuras literarias, así como los mitos, los cuentos infantiles, las leyendas, dan algún soporte imaginario al enigma del deseo...



Caperucita roja, El lobo y los siete cabritos, la Cenicienta, la Bella Durmiente, los tres deseos... La Odisea... La Ilíada... Un verso de la Eneida introduciendo La interpretación de los sueños...

Miramiento por la figurabilidad que pone en escena Personajes psicopáticos, Algunos rasgos de carácter, el paso sutil de Gradiva... La pelea entre el orgullo y la memoria, que atormenta al Hombre de las ratas, así como el Pequeño Eyolf que lo encadena a la damisela de las ídem... Jerusalén liberada aportando a la lectura de la compulsión de la repetición... la ingenuidad del niño que sí ve desnudo al emperador... El hombre de arena que sitúa la inquietante extrañeza de lo familiar... Un diablo enamorado que nos confronta con el ¿qué quieres?...

Sin olvidar cómo Joyce, con su juego sobre el lenguaje, hace que la literatura no pueda ser después de él lo que era antes.

Será el olvido del nombre propio el que nos introduce a la pintura.

Esos frescos que tratan sobre las cosas últimas domestican esa realidad que no se puede mirar de frente. A través de la pregunta por la sexualidad y la muerte, asistimos a la construcción del nombre propio teniendo en causa el objeto a mirada, que en Sigmund Freud se anuda al nombre del pintor Signorelli.

Encanto de la pintura que entrega alimento al ojo, sosiego del deseo de contemplar, deponer la propia mirada como se deponen las armas ante lo que se da a ver..., Leonardo y Miguel Ángel, incluidos en los títulos de textos freudianos... Cuadros y esculturas que articulan diferentes significantes que hacen al resplandor de lo bello velando y develando lo que no es bello de ver...

Vuelvo, entonces, a la cuestión de la transmisión.

Si llamamos praxis.a toda acción concertada por hombre que le da la posibilidad de tratar lo Real mediante lo Simbólico, un elemento de la praxis psicoanalítica es, justamente, la formación de analistas.

En el análisis se trata de la localización del deseo, ese deseo anestesiado por los moralistas, domesticado por los educadores, traicionado por las academias.

El deseo se figura como lugar del empalme del campo de la demanda, donde se presentifican los síncopes del inconsciente, con la realidad sexual. El deseo en cuestión es el deseo del analista.

Deseo que está centrado en torno al duelo, en tanto no hay ningún objeto que tenga más valor que otro. Será entonces la puesta a prueba del trabajo autentificar la pérdida real del objeto, pieza por pieza, signo por signo, ideal por ideal, para que algo pueda transmitirse vía transferencia de trabajo.

Si cada analista debe reinventar la manera con la que el psicoanálisis puede durar, esto implica un acto frente a lo imposible. Acto que ofrece su garantía a la transferencia.

Un analista no sólo debe ser apremiado para que dé razones de su clínica. La extensión compromete el deseo del analista de modo que cada analista sea apremiado a considerar la historia del psicoanálisis como una historia que se hace con las huellas que cada analista ha logrado añadir con el rasgo singular de su lectura, porque el analista no se historiza más que por sí mismo.

Y leo en Jorge Luis Borges: "A lo largo del tiempo, nuestra memoria va formando una biblioteca dispar, hecha de libros, o de páginas, cuya lectura fue una dicha para nosotros y que nos gustaría compartir. Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir, yo me jacto de aquellos que me fue dado leer. Deseo que esta biblioteca sea tan diversa como la no saciada curiosidad que me ha inducido, y sigue induciéndome, a la exploración de tantos lenguajes y de tantas literaturas. Un libro es una cosa entre las cosas hasta que da con su lector. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza."





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