“Revisión a los Aportes a la filosofía” de Martín Heidegger

Selma Rodal LInares
selrodlin@yahoo.com
Publicado el: 04/06/09


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Heidegger empieza sus Aportes a la filosofía señalando la prospectiva de su pensar, es decir, la dirección hacia dónde ve su proyecto del otro pensar, nombrado así significativamente por ser el tránsito de la metafísica al pensar según la historia del ser. Recupera la pregunta por la verdad del ser, cuidando la distancia con el ser para que éste no sea tomado como fundamento del ente, sino como fundación: evento; que nos refiere al título esencial de la obra Acerca del evento




PROSPECTIVA: EN CAMINO HACIA UN NUEVO COMIENZO

“Revisión a los Aportes a la filosofía” de Martín Heidegger

Heidegger empieza sus Aportes a la filosofía señalando la prospectiva de su pensar, es decir, la dirección hacia dónde ve su proyecto del otro pensar, nombrado así significativamente por ser el tránsito de la metafísica al pensar según la historia del ser. Recupera la pregunta por la verdad del ser, cuidando la distancia con el ser para que éste no sea tomado como fundamento del ente, sino como fundación: evento; que nos refiere al título esencial de la obra Acerca del evento.“Ya no se trata más de tratar “sobre” algo y de presentar algo objetivo, sino de ser transferido al evento-apropiador, lo que equivale a un cambio esencial del hombre de ‘animal racional’ al ser ahí. De allí que el título adecuado rece Acerca del evento”1.

De esta forma, cuando pensamos en el proyecto de Heidegger hablamos de un “pensar-venidero” que es “curso pensante”; puesto que hablamos de un pensar en dirección a la verdad del ser, en el que el ocultarse y mostrarse del ser en su carácter eventual, se pensará desde un nuevo comienzo con referencias siempre al primer comienzo, que es el final de la metafísica, entendiendo éste no como un facto, sino como un límite que es lugar, el lugar de fundación. Así pues este “curso-pensante” es un pensar al ser históricamente, pensar a la metafísica históricamente. En el nuevo comienzo la pregunta fundante es la pregunta por el ser cuya implicación es la de transferir la reflexión de un tratar “sobre” algo, a participar en el “evento apropiador” que sólo puede darse desde el ser ahí. “Preguntar es buscar conocer el ente en lo que respecta al hecho de que es y a su ser-así”2 . El pensar-venidero tendrá entonces, que fundar preguntando irremediablemente, de forma que lo que digamos sea un constante preguntar, “aquí el decir no está frente a lo por decir, sino que es éste mismo en tanto el esenciarse del ser”3 . Para acercarnos a la comprensión de este pensar-venidero, hay que analizar con cuidado nuestra propia afirmación y observar la pregunta que desde aquí se desprende: ¿ Por qué el decir, que no es sobre algo, implica un preguntar?
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Martín Heidegger, Aportes a la filosofía, p. 21.
Id., Ser y tiempo, p. 28.
Id., Aportes a la filosofía, p. 22.


Nos dice Heidegger: “Todo decir tiene que hacer surgir conjuntamente el poder oír. Ambos tienen que ser del mismo origen” . Esto significa para nosotros, que el decir que habremos de procurar en nuestro nuevo comienzo, debe ser un decir que afirme, pero del que podamos escuchar la pregunta que arroja la propia afirmación. Para orientarnos en la reflexión sobre este poder oír podemos recurrir a otro texto de Heidegger:
tenemos que prestar atención a la pregunta que arroja la afirmación cuando reflexionamos sobre su forma de decir. Pero nosotros entendemos esa forma en tal manera que no implica un simple modo. La forma de decir equivale aquí a melodía, a sonido y tono, lo cual no sólo afecta al sonar en el que toma cuerpo el decir. La forma del decir es el tono desde el cual y de cara al cual está templado lo dicho. Con ello insinuamos que ambas preguntas, la que se refiere al <> de nuestra afirmación y la relativa a su carácter de enunciado, guardan una conexión recíproca 5.

De esta forma, el decir que procuramos tendrá que implicar una doble pregunta sobre sí mismo, aquella que nos refiere a lo que dice y a cómo lo dice. Porque nos dice Heidegger que todo decir del ser se mantiene en palabras y nombramientos que son malinterpretables, y sin embargo, “la palabra misma ya descubre algo (conocido) y encubre con ello lo que en el decir pensante debe ser manifestado”6 . Es desde aquí que podemos entender por qué el decir que procuramos implica el preguntar, puesto que la experiencia fundamental no es el enunciado o la proposición, sino el contenerse de la afirmación. Lo que ésta calla, lo que de ésta surge como silencio. Y a su vez, el silencio surge del origen esencial del lenguaje, “el decir como silencio funda”, en tanto que decir propiamente desde lo que en esencia el lenguaje es. Así entonces, el decir como proyecto fundante implica un buscar desde la afirmación propia del decir: “mantenerse-en-la-verdad, en lo abierto de lo que se oculta y se sustrae”7. Y entonces, ¿cómo realizar este buscar como un mantenerse “en lo abierto de lo que se oculta y se sustrae”? Para buscar originariamente tendremos entonces que recuperar lo ya encontrado, para así saber de lo que se oculta como tal. “Ello condiciona un proceder, que en ciertos límites, primero siempre tiene que salir al encuentro del opinar habitual y andar con él un cierto trayecto, para luego, en el instante justo exigir el vuelco del pensar, pero bajo
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Ibid, p.77.
Id., Qué significa pensar, p. 31.
Id., Aportes a la filosofía, p. 81.
Ibid, p. 79.

el poder de la misma palabra”8 . Es por ello entonces, que hemos dicho que el pensar desde un nuevo comienzo tendrá que pensar desde un primer comienzo, para observar lo que en ésta se sustrae, lo que calla de la afirmación.

De esta manera, nuestro proyecto fundante de la verdad del ser tiene que permanecer en la meditación histórica, que suscita y obtiene el preguntar; la meditación histórica es el sitito de donde se desprenden las posibilidades, los caminos para preguntar por el ser, el sitio de la fundación. Asimismo, nuestro pensar en tránsito tiene que dialogar con lo sido del ser y con aquello que se oculta, que se muestra como rehuso en el ente, y que significa el extremo futuro de la verdad del ser, lo im-preguntado de su esencia.

Sin embargo, si nos planteamos el proyecto fundante de la verdad del ser como la decisión creadora de fundar ¿en qué sentido o cómo podemos encontrar el diálogo entre lo sido del ser y el extremo futuro de su verdad? ¿cómo podemos empezar este diálogo?
Para ello Heidegger hace un boceto que nos prepara para el curso pensante: el “decir” ha sido preguntado y pensando en el “pase” del primer al segundo comienzo, siempre a partir de la “resonancia” como recuerdo de lo vislumbrado ya decidido que nos muestra el abandono del ser hacia el “salto”, pasando por la pregunta conductora del ente hacia la pregunta fundante del ser, con fines a la “fundación” de su verdad como preparación de los “futuros” posibles “del último dios”.
Por esta razón y para fines metodológicos de comprender hemos de revisar cada uno de los elementos que hace resaltar Heidegger, como participantes e interventores del espacio de juego temporal del evento apropiador de la pregunta por la verdad del ser; entendiendo aquí que no hablamos de pasos en una secuencia, sino de situaciones simultáneas que se procuran para que se dé la fundación del ser en el hombre, es decir, aquello que permite y salvaguarda el “evento-apropiador” como esenciarse del ser que implica a su vez la transformación de la esencia del hombre al ser-ahí.

1) La resonancia

Hemos de entender la resonancia como el recuerdo de un primer comienzo, aquello que llama del ser que se nos muestra como rehuso en el evento y que nos refiere a que hemos olvidado al ser. Entendemos rehuso como: “la suprema nobleza del obsequio y el rasgo fundamental del ocultarse, cuya manifestabilidad constituye la esencia originaria

Ibid, p. 81.

de la verdad del ser”9. Esto significa el acaecimiento original de ser al otorgarse en el ente como rehuso, es decir, el advenimiento del ser en el ente como un “mostrar” y la huida del ser como un “ocultarse” para dejar que el ente sea. “Aquí se funda el origen del estilo venidero, es decir, de la retención en la verdad del ser”10 .

Y sin embargo y sólo por lo anterior, la resonancia es la meditación histórica, aquello que nos muestra lo que no se ha pensado del ser porque permanece oculto para el hombre en los entes y no es acaso la metafísica como la conocemos, una metafísica de los entes. Por ello nos preguntamos ¿es posible pensar la resonancia como un llamado del ser?, ¿es posible pensar que en la resonancia se encuentran la retención y el espanto del olvido del ser?

En la serie de conferencias reunidas en el libro ¿Qué significa pensar?, el filósofo hace constantemente énfasis en esta idea, vinculada a la memoria, como el lugar de donde se desprende los pensamientos. La meditación histórica de la metafísica nos orilla a la afirmación: “lo que más requiere de pensarse en nuestro tiempo problemático es el hecho de que nosotros no pensamos todavía”11 . De forma tal, que la afirmación hace hincapié en el hecho de que no pensamos todavía, porque no nos hemos hecho la pregunta fundamental que es el preguntarse por la verdad del ser. Recalcando en ello, el “todavía no” indica que estamos en camino del pensamiento desde hace mucho tiempo, no dice que ya no pensamos ni que no hemos pensado, sino que siempre estamos en camino hacia el pensar.

Es por ello necesario hablar de la necesidad de un nuevo comienzo. “Cuanto inevitable permanece la confrontación con el primer comienzo de la historia del pensar, tan ciertamente el mismo preguntar tiene que considerar sólo su indigencia y olvidar todo en torno de sí”12 . Así entonces en la resonancia, nos encontramos con la verdad acerca del evento-apropiador que constituye el esenciarse del ser, esta verdad de que el ser se rehúsa en el hombre como en los entes, pero que al mismo tiempo, el rehuso del ser en el hombre no significa para sí sólo la sustracción del ser y el abandono del ser en el ente, sino que puede significar el más lejano acaecimiento-apropiador, de forma tal que el hombre conciba este evento y el espanto del olvido del ser, sea el pase que lo disponga fundamentalmente a la retención del ser-ahí, de manera que lo disponga a la
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Ibid., p. 325.
Ibid.
Id., Qué significa pensar, p. 27.
Id., Aportes a la filosofía, p. 27.


superación: “El espantarse es el retroceder desde lo corriente del proceder en lo familiar, hacia la apertura de la afluencia de lo que se oculta, en cuya apertura lo hasta ahora corriente se muestra como lo extraño y a la vez el cautivamiento”13.
En el nuevo comienzo la resonancia nos repite y reitera la indigencia del olvido del ser, que nos dispone a un volver a pensar “de nuevo”, que significa a su vez “del todo diferente”, abriéndonos a la retención de permanecer en la pregunta por la verdad del ser con “la escucha y la voluntad de sacrificio, de permanecer en el próximo trayecto apenas inaugurado el camino”14 .

2) El pase

Hemos visto que en la retención se nos repite lo vislumbrado ya conocido del hombre y sin embargo, se nos muestra el rehuso del ser desde donde se nos abre la posiblidad del otro comienzo en el que pasamos del ente al ser y nos dispone como ser-ahí. De esta forma: “Saber la esencia del ser como evento significa no sólo conocer el peligro del rehuso, sino estar dispuesto a la superación. En esto, muy anticipadamente lo primero sólo puede permanecer: plantear la pregunta por el ser”15. Ese “estar dispuesto a la superación” es lo que nombramos como el “pase”.
La disposición fundamental del pensar en el otro comienzo oscila en las disposiciones: el espanto, la retención y el temor. De manera que, el espantarse al que nos referimos anteriormente –como la posibilidad del más lejano acaecimiento-apropiador– es un retroceder desde lo familiar hacia la apertura de lo que se oculta como rehuso. En esta apertura, dice Heidegger: “lo hasta ahora corriente se muestra como lo extraño y a la vez el cautivamiento”16 . Lo que cautiva en el espantarse procura la retención al ser-ahí, la retención es la voluntad imperante de permanecer en la pre-disposición de estar dispuesto al rehuso como donación. El temor acrecienta la voluntad de retención, es del temor de donde surge la necesidad de silencio. “El temor es el modo de acercarse y permanecer cerca de lo más lejano como tal”17.

Así entonces, en la disposición fundamental del pensar las tres disposiciones están en tensión, oscilan y se procuran entre sí. En el primer comienzo, estuvo el asombrarse; y en el segundo comienzo, el presentir. “La disposición fundamental dispone al ser ahí y con ello al pensar como proyecto de la verdad del ser en la palabra
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Ibid., p. 30.
Ibid., p. 73.
Ibid., p. 25.
Ibid., p. 30.
Ibid., p. 31.

y el concepto”18 . Por ello el decir del curso-pensante no está frente a lo por decir la verdad del ser, sino que es este mismo el esenciarse del ser, su verdad. El decir como curso-pensante es la disposición a permanecer en el camino hacia el pensar.
En el primer comienzo está el asombro a que el ente sea. En el segundo comienzo, la disposición fundamental es el espanto, el espantarse por el abandono del ser y en tal espanto la creación de la retención fundadora.

Cuando pensamos en la retención fundadora –como la voluntad imperante al rehuso como donación– estamos hablando de que en el rehuso está la conservación del ser como ocultamiento: “la disposición al rehuso sólo puede subsistir como renuncia”19 . La renuncia no significa “el mero no querer tener y dejar-de-lado” sino que es en ésta que acontece la más elevada forma de posesión, puesto que significa la decisión creadora de fundar, de esenciarse y ser propio a su condición: ser-ahí. Ésta es entonces la decisión fundamental y pensarla significa el preguntarse por la verdad del ser, el evento mismo del que surge la historia y los futuros posibles.

3) El salto

Hacer la pregunta por la verdad del ser desde la decisión fundamental, como la hemos descrito, es “el salto” al ser en el que el hombre cumple como cuidador-buscador del ser, en tanto hacedor pensante. De tal manera que el salto, significa en sí y para el hombre, la decisión creadora de fundar al ser; decisión empapada de temor de permitir que se de la fundación del ser, disposición a procurar el evento apropiador de esenciarse del ser que implica a su vez la transformación de su esencia como ser-ahí. Puesto que como nos dice Heidegger la fundación de la verdad como verdad del ser, es el ser ahí.

4) La fundación

Fundar al ser ahí, significa dar lugar a la fundación de la verdad del ser; la fundación es la donación propia que da espacio-tiempo para que se dé el evento apropiador. En esta fundación como hemos visto, el ser-ahí es buscador, cuidador y guardián del ser.
El espacio-tiempo de la fundación es el abismo. Entiendo éste como el sitio instantáneo de la contienda entre el ser y el ente. Nos dice Heidegger: “El a-bismo es el fundamento de la indigencia de la nada y de la necesidad de anonadamiento, y ésta posibilita, en amplia consecuencia, evidentemente la diferenciación”20. Ello nos refiere a la idea de la nada, la nada no es lo “nulo” en el sentido del no a la mano, la negación;
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Ibid., p. 35.
Ibid., p. 23.
Id., Hegel, p. 101.


sino por el contrario, la nada es más originaria que el no y la negación. Cuando hablamos aquí de la nada nos referimos al esenciarse del ser, la nada es lo que hemos entendido como rehuso del ser en la donación, lo anonadador del ser mismo. Y la diferenciación “donde precisamente es mantenido lo “común” mismo y con referencia a ello los diferentes”21, el ser y el ente, incluidos y mantenidos como diferentes en el esenciarse del ser. Y sin embargo se nos dice que “El ser [Seyn ] mismo es la decisión- no un diferente con respecto al ente 22 ” . De manera que el esenciarse del ser como a-bismo es la decisión anonadadora de la fundación, es decir, el re-huso del ser como fundamento del ente; el abismo es el “entre” del ser y la nada. “El ser [Seyn ] “es” la nada no porque [ambos sean] igualmente indeterminados e inmediatos, sino son lo uno de modo ‘radicalmente’ ¡diferente! Aquello que inaugura ‘de-cisión’23 . Así entonces, el abismo es el lugar de la “de-cisión” y la “diferencia”; es la unidad originaria de espacio y tiempo, la unidad uniente “que sólo en su separación los deja separarse” 2425 . Decimos también que el a-bismo es el lugar de la fundación, en tanto que “estar-ausente del fundamento”; abismo como el vacilante rehuso del fundamento. Y en este sentido: “aclarante ocultamiento, el esenciarse de la verdad”. El abismo es el lugar del ser-ahí, el entre que significa el rehuso como la apertura, la renuncia propia al ocultamiento y la retención, la instantánea referencia al evento en el ser llamado por su clamor como resonancia. El abismo como aclarante ocultamiento entonces es la seña en la que el ser ahí es llamado para hacer el viraje, entre clamor y pertenencia del acaecimiento-apropiador de fundación.

Y sin embargo ¿cómo es que se da este salto al evento del acaecimiento-apropiador, cómo puede el hombre saltar a ese entre? El despertar del hombre, la remoción de el hombre de la “trascendencia” y la “concepción del mundo” históricamente integradas a la cultura del hombre, de esta remoción es como el hombre salta a ese entre, que es el lugar de el evento. “Si el hombre a través de esta remoción llega a estar en el evento y permanece con instancia en la verdad del ser, entonces está
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Ibid., p. 63.
Ibid., p. 93.
Ibid., p.101.
Id., Aportes a la filosofía, p. 303.
Ibid.

aún siempre sólo en el salto a la experiencia decisiva, de si en el evento la ausencia o el acceso del dios se decide por él o en su contra”26.

Por ello hemos dicho que sólo a partir de la resonancia del primer comienzo es como el hombre puede abrir la posibilidad de un “pensar de nuevo” en superación del olvido del ser propios de la “trascendencia” y la “concepción del mundo históricamente”. El hombre en su afán de superación salta al entre, que es el lugar del evento, salto que es el temor como el modo de acercarse y permanecer cerca de lo más lejano; así pues la decisión de fundar como la decisión fundamental de ser-ahí, es la decisión temerosa de permanecer en el trayecto hacia la verdad del ser, decisión de decir y al mismo tiempo, guardar silencio.
De manera que para Heidegger la labor filosófica, y lo que ésta pueda significar en un futuro, debe ser la de fundar el lugar del preguntar pensante de la pregunta nuevamente inicial: el ser-ahí. Dicho esto, lo que pueda significar “los futuros” del pensar tendrán que permanecer en el “entre” como el lugar del evento del ser-ahí que es también la fundación.

5) Los futuros

Así entonces, para pensar en los futuros que se nos abren del pensar, hemos de tomar lo que nombra Heidegger como meditación. En tanto que la meditación es preguntar por el sentido, es decir por la verdad del ser. Parece que entonces, se nos refiere al otro pensar como una meditación.

Puesto que nos dice Heidegger que la particularidad del ser ahí, en tanto fundado en el ser sí mismo, puede ser indicada en primer lugar en el tránsito de la autoconciencia del yo vigente al ser ahí como respectivamente mío. Y luego nos dice que la meditación propia del pensar inicial no es meditación sobre el hombre como dado, sino que es también automeditación. Es lo que nos refiere a que el otro pensar tiene que ser un pensar automeditativo, en el que el ser-ahí pueda pasar de su autoconciencia del yo al mío. Dice Heidegger:

La meditación como auto-meditacion, del modo en que aquí se hace necesaria a partir de la pregunta por la esencia del ser, está lejos de esa clara e distincta perceptio, en la que el ego surge y alcanza certeza. Porque tan sólo la mismidad –el sitio instantáneo del clamor y la

26 Ibid., p. 39.

pertenencia- tiene que ser puesta a decisión, no puede ser concebido en tránsito a lo que esto adviene 27 .

De esta forma, la auto-meditación está lejos de formar una idea del yo, sino por el contrario es un permanecer en el curso-pensante como entre, que signifique, el mío en tanto que el “entre” como superación de la separación, en tanto que transforma a la vez al ser y al ente en su simultaneidad. Es en este sentido en el que se abre un futuro para la filosofía como meditación, en tanto que este decir permanece conjuntamente como un poder oír el llamado del ser que resuena en el rehuso y la retención del evento apropiador. Nos dice Heidegger sobre esto que en el acercamiento a decir el más noble lenguaje del ser se da una transformación del lenguaje que penetra en ámbitos que todavía nos están cerrados. De manera que, la automeditación propia del preguntar por la verdad del ser “ ‘habla de la ‘renuncia del seguimiento’, del ‘claro de la ocultación’, del ‘evento-apropiador’, del ‘ser-ahí’, no un entresacar verdades de las palabras, sino la inauguración de la verdad del ser en tal decir transformado”28 .
Ahora bien, en el esenciarse de la verdad del ser, en el evento y como evento, se muestra como lo más lejano y oculto el último dios.

6) El último dios

Heidegger hace una analogía entre la disposición fundamental de la que hablamos con el estar : “A ‘disposición de los dioses’ –significa estar muy lejos y afuera, fuera de lo corriente del ‘ente’ y de sus interpretaciones-; pertenecer a los más lejanos, para los cuales la huída de los dioses en su más amplia sustracción permanece lo más cercano”29 . La analogía nos permite continuar con la reflexión acerca de cómo será el decir acerca de la verdad, hemos dicho anteriormente que es el temor el que nos obliga a guardar silencio, sin embargo, he aquí que el espantarse y el cautivamiento cobran una dimensión plástica, puesto que nos dice Heidegger, que “la cercanía al último dios es el silencio. Éste tiene que ser puesto en obra y palabra en el estilo de la retención”30.
De manera que si la fundación de la verdad requiere de una transformación del lenguaje, el decir acerca de la verdad, habrá de preparar el lugar para la manifestación del dios oculto, manifestación que es acogida en el silencio. Nuestro decir será un decir a-bismante, con respecto a lo que explicamos anteriormente, un decir que “re-huse del
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Ibid., p.58.
Ibid., p. 77.
Ibid., p. 33.
Ibid., p. 28.


fundamento” y que procure la permanencia de la diferencia y la decisión. Nuestro decir tendrá que preparar y procurar como lugar el “entre” del esenciarse del ser. He aquí que cobra sentido lo que dijimos en un principio sobre el decir acerca de la verdad, , “aquí el decir no está frente a lo por decir, sino que es éste mismo en tanto el esenciarse del ser”31 .

1) Prospectiva

Así entonces y por como hemos reflexionado, señalamos aquí una prospectiva que nos lleva hacia dónde podemos preguntarnos sobre el “decir acerca de la verdad”. Si hemos dicho que el pase es la toma de decisión fundamental de fundar al ser, ¿es acaso posible que esta decisión sea la decisión creadora?

Heidegger nos dice que en la fundación queda la tarea de devolver al ente a partir de la verdad del ser y luego nos dice que el “Crear –mentado aquí en sentido más amplio– significa todo abrigo de la verdad en el ente” (38). A partir de aquí, ¿es posible pensar que para devolver al ente en la fundación, es necesario procurar la decisión creadora en tanto que abrigar la verdad del ser en el ente?
Heidegger nos señala que “el camino recíproco para tomar del modo más seguro es tal que espacialidad y temporalidad de la cosa, del instrumento, de la obra, de la maquinación y el todo del ente sean hechos visibles en una interpretación como abrigo de la verdad 32” . Nuestro proyecto fundante de interpretación tendrá que crear un saber en torno al espacio-tiempo como abismo.”Pero la interpretación misma, saliendo de la cosa, tiene que suscitar nuevas experiencias”33 . Este suscitar nuevas experiencias implicará entonces la transformación del lenguaje. El lenguaje está en efecto tan íntimamente ligado al hombre y a su historia, que “toda meditación acerca del ser [Seyn] y del lenguaje es, sí, sólo un avance para dar con nuestro “lugar” en el ser [Seyn] mismo y por lo tanto con nuestra historia”34 . De esta forma, al reflexionar sobre el lenguaje habremos de hacerlo desde su conexión íntima que tiene con el hombre y el ser; tratando de evitar caer en la idea bajo la que el lenguaje es comúnmente conocido como propiedad e instrumento del hombre. Para pensar el lenguaje sin anticipar una determinación esencial de éste, tendremos que pensarlo de modo que “el lenguaje
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Ibid., p. 22.
Ibid., p. 309.
Ibid.
Ibid., p.395.

devenga experimentable en su referencia al ser [Seyn]”35 . Así, una vez más nos encontramos con la exigencia de una transformación del lenguaje en la interpretación, en la interpretación que emprendamos en nuestro proyecto fundante habremos de procurar que el lenguaje suscite la nueva experiencia del acaecimiento-apropiador: ser-ahí: el devenir experimentable de nuestra referencia al ser. Ahora bien, ya enfrentados con la problemática que se nos presenta retomemos la pregunta que nos condujo hasta este punto, ¿es posible pensar que para devolver al ente en la fundación es necesario procurar la decisión creadora en tanto que abrigar la verdad del ser en el ente?

Si bien hemos visto la exigencia de una transformación del lenguaje, no hemos explicado cuál es la relación de ésta con el crear mencionado anteriormente. Hemos hablado de que nuestro decir acerca de la verdad del ser tendrá que procurar la cercanía al último dios, que es el silencio, y sin embargo, no hemos dicho qué es el último dios más que mínimamente. “El último dios no es el evento mismo, pero acaso necesitado del suyo, como aquél al que pertenece el fundador del ahí”36 . El último dios funda el ahí del esenciarse del ser, es decir, el último dios es la seña, el clamor del acaecimiento-apropiador que es el más íntimo acercamiento en el extremo alejamiento. “Esta seña como evento coloca al ente en el extremo abandono del ser e irradia al mismo tiempo la verdad del ser como su más íntimo brillo”37 . La seña del último dios, entonces, descubre la íntima finitud del ser [Seyn] brindándole la madurez para tornarse un fruto y una donación. Porque en la seña del último dios, el juego de acometida y ausencia, nos permite vislumbrar lo noedor del ser [Seyn]: el abismo. La seña del último dios funda el ahí como el sitio instantáneo del resplandecer y del ocultamiento del ser [Seyn]. “La máxima cercanía del último dios acaece, entonces, cuando el evento, como vacilante denegarse al ascenso, llega al rehuso [...] Rehuso como perteneciente al evento es sólo experimentable a partir de una esencia más originaria del ser [Seyn], como resplandece en el pensar de otro comienzo ”38.

Este pensar otro comienzo implica entonces la decisión de permanecer en la máxima cercanía al último dios, ello significa atender a la seña del último dios, decisión
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Ibid., p.395.
Ibid., p.328.
Ibid.
Ibid.,p. 330.

temerosa de permanecer en el trayecto hacia la verdad del ser, decisión de decir y al mismo tiempo, guardar silencio 39 . Y esta decisión es la de “crear” un “lugar” para el acaecimiento-apropiador del ser-ahí. Esta decisión es una decisión creadora en tanto que al acudir a la seña del último dios se encuentra en forma nueva la contienda entre tierra y mundo que nos permite el otro comienzo del pensar. La contienda entre tierra y mundo, que se nos abre aquí, significa “la más pura reserva y la más elevada transfiguración, el más favorable encantamiento y el más terrible éxtasis”40 . La decisión creadora entonces procura el espacio-tiempo para que devenga el ente transformado, procura el “lugar” de la más elevada transfiguración del ente: abrigo de la verdad del ser en el ente a través del cual éste de nuevo se hace más ente “en todo el desmesurado pero regulado extinguirse en el no ente”41. Y sin embargo, no hemos dicho ¿cómo se da de forma nueva la contienda entre tierra y mundo que procure el abrigo de la verdad del ser del ente? Nos dice Heidegger que el abrigo de la verdad es “retroceder en la reserva de la tierra”42 . Esto significa un retroceder no en meras re-presentaciones y sentimientos, sino entendido aquí, como el “dejar mundar a un mundo” que no se deslice en mero emprender 43 .

Así entonces, la decisión creadora de acudir a la seña del último dios, nos deja entrever esta contienda como una hendidura, apertura del lugar para el acaecimiento apropiador, apertura del lugar para la creación del lenguaje. “Cuando los dioses llaman a la tierra y en el llamado hace eco un mundo y así el llamado resuena como ser-ahí del hombre, entonces es lenguaje en tanto palabra histórica, que funda historia”44 . De forma tal, que la decisión creadora será la decisión de crear un “decir” que implique la transformación del hombre en ser-ahí. Lenguaje que como hemos dicho se funda en el silencio, la hendidura como “entre” de la contienda entre tierra y mundo. La creación de este “decir” –que habla y que calla– es “la más originaria deshumanización del hombre en tanto viviente presente ante la mano y sujeto y todo lo vigente. Y con ello fundación del ser ahí y de la posibilidad de la deshumanización del ente”45. Deshumanización que nos podrá desencajar al ente de su representación habitual, deshumanización que nos permite devolver al ente desde la verdad del ser en lo que respecta al hecho de qué es y a su ser-así.
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supra. “La fundación”.
Ibid. p.329.
Ibid.
Ibid. p. 312.
Ibid.
Ibid. p.401.
Ibid.

La prospectiva de nuestro ensayo entonces abre la posibilidad de no sólo pensar el otro comienzo de la metafísica, sino de indagar, en un proyecto de investigación posterior, el otro comienzo de la estética, en tanto que pensar sobre la esencia del arte. La superación de la estética tendrá que implicar la confrontación histórica de la metafísica, “la superación de la estética, es decir, al mimo tiempo, de una determinada concepción del ente como de lo objetivamente representable” . Asimismo, la idea de la decisión creadora puede significar favorablemente para la reflexión, en torno, al origen de la obra de arte; en tanto que preguntarnos por la relación de la decisión creadora y el poetizar ¿Es el poetizar, desde lo que antes dijimos, un fundar? y de éste problema bien podríamos dilucidar dos caminos: la comprensión de la exhortación del lenguaje propia del poetizar desde la comprensión del llamado: la seña del último dios, y el lugar del poetizar: el entre de la contienda entre tierra y mundo, la hendidura. Escenarios posibles que nos permitan acercarnos a la comprensión de la obra de arte “vigente” y la problemática que plantea: el fin del arte o la carencia del arte.
Pero el saber a través del cual la carencia-de-arte históricamente ya es, sin ser públicamente conocida y concedida en medio de una “actividad artística” continuamente creciente, este saber pertenece él mismo a la esencia de un acaecimiento originario, que llamamos el ser-ahí, desde cuya instancia se prepara el destrozo de la primacía del ente y con ello lo in-habitual e in-natural de otro origen del “arte”: el comienzo de una historia oculta del silencio de una abismante confrontación de los dioses y el hombre .47
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46 Ibid., p. 397.
47 Ibid., p. 398.












BIBLIOGRAFÍA

Heidegger, Martín, Aportes a la filosofía. Acerca del evento, Segunda edición, trad. Dina V. Picotti C., Biblos, Buenos Aires, 2006, (Colección El camino hacia el Otro pensar).
-----------------------, Hegel, trad. Dina V. Picotti C., Prometeo Libros, Buenos Aires, 2005.
-----------------------, ¿Qué significa pensar?, trad. Dina V. Picotti C.,Trotta, Madrid, 2005, (Colección Estructuras y Procesos).
------------------------, Ser y tiempo, trad. Jorge Eduardo Rivera C., Trotta, Madrid, 2003, (Colección Estructuras y Procesos).




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