El hombre sadomasoquista

Mitxelko Uranga
astrozoro@hotmail.com
Publicado el: 18/05/09


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Analizar un ejemplo de sadomasoquismo sexual requiere tener en cuenta otras dimensiones de la vida como pueden ser la personal y la política, ya que está profundamente afectada por las influencias colectivas y las presiones que nos asaltan desde otros focos. El mundo de la sexualidad y del erotismo fusiona lo que ansía físicamente con lo que ha sido canalizado culturalmente.





El hombre sadomasoquista
Una nueva mirada oblicua a Nietzsche

Mitxelko Uranga
astrozoro@hotmail.com


“En cierto sentido, la obra representada en ese teatro sin lugar siempre es la misma: la que repiten indefinidamente los dominadores y los dominados. Unos hombres dominan a otros y así nace la diferenciación de los valores; unas clases dominan a otras, y así nace la idea de libertad; unos hombres se apoderan de las cosas que necesitan para vivir, les imponen una duración que no tienen, o las asimilan a la fuerza. La relación de dominación ya no es una “relación”, como tampoco es un lugar el lugar en el que se ejerce. Y por eso precisamente, en cada momento de la historia, se fija en un ritual; impone obligaciones y derechos; elabora cuidadosos métodos; se hace responsable de las deudas. Universo de reglas que no esta destinado a atenuar sino, al contrario, a satisfacer la violencia. Seria equivocado creer, según el esquema tradicional, que la guerra general, agotándose en sus propias contradicciones, acaba por renunciar a la violencia y acepta suprimirse en las leyes de la paz civil. La regla es el placer calculado del ensañamiento, la sangre prometida. Permite relanzar sin cesar el juego de la dominación; pone en escena una violencia meticulosamente repetida” (Michel Foucault, 38-39).

La matriz sadomasoquista.

Analizar un ejemplo de sadomasoquismo sexual requiere tener en cuenta otras dimensiones de la vida como pueden ser la personal y la política, ya que está profundamente afectada por las influencias colectivas y las presiones que nos asaltan desde otros focos. El mundo de la sexualidad y del erotismo fusiona lo que ansía físicamente con lo que ha sido canalizado culturalmente. Por tanto, podríamos decir que tras la escenificación sadomasoquista en la sexualidad se esconde una matriz sadomasoquista que no se da únicamente en la sexualidad, sino que se repite en todos los ámbitos del hombre. La relación entre dominadores y dominados no es una simple relación de poder, es una relación sadomasoquista.
Esta analogía entre la dominación como lucha entre diferentes voluntades de poder y la dominación sadomasoquista en el plano sexual y erótico responde, en parte, a la explicación que da Lynn Chancer (Nieto, 277) a cerca del sadomasoquismo, en la cual defiende la idea de que tanto los sádicos como los masoquistas persiguen un cierto reconocimiento y aceptación que va más allá, y que probablemente se ha originado fuera del mundo erótico. El sadomasoquismo sexual, por tanto, no es la única representación de la matriz sadomasoquista, sino que, por el contrario, esta matriz se esconde en el fondo de toda relación de poder entre dominadores y dominados, al menos en lo que a la cultura occidental se refiere. Por tanto, el hombre sadomasoquista no es otro que el hombre moderno occidental que Nietzsche tanto detestaba, el hombre decadente y nihilista y que aun hoy por hoy sigue siendo humano, demasiado humano, y que sigue volviendo una y otra vez.

El hombre sadomasoquista.

Krafft-Ebing definió por vez primera las dos caras del sadomasoquismo – la pasiva y la activa, la dominada y la dominante – como masoquismo y sadismo. Pero este primer acercamiento, y la posterior teoría expuesta por Freud, no llegaban a explicar aquello que se escondía bajo esta dinámica sexual.
El sádico – palabra tomada de Donatien Alphonse François o el Marques de Sade – sería aquel individuo que obtuviera placer en el momento en el que encontrase una posición de dominación sobre otro. Un dominador, en definitiva. Por tanto, podríamos decir que el sadomasoquismo es una dinámica – estructura jerarquizada – en la que el sádico tiene el rol de dominador y el masoquista – palabra que viene de Sacher-Masoch –, en cambio, el de dominado.
Si lo que busca realmente el sádico es la dominación, entonces debe encontrar y subyugar a otro individuo, necesita un masoquista, puesto que en esta dinámica no hay posibilidad de equilibrio o igualdad. Pero, el sádico no quiere solamente el control de la relación con el masoquista, sino que desea fervientemente humillarlo y demostrarle todo su desprecio castigándolo y desvalorándolo. Solo así demuestra su autoridad, su superioridad. El sádico sabe perfectamente que el placer de tener el poder le viene únicamente despojando de este al masoquista. Mediante el castigo y la tortura demuestra el sádico al masoquista que es una persona mala al desear romper esa dinámica y que, por tanto, se repetidamente castigado siempre que siga intentando romperla. El sádico no quiere romperla por nada del mundo, ya que acaba entendiendo y asumiendo, tal como dice Hegel, que necesita al masoquista, que no puede matarlo ni dejarlo escapar. Esta dependencia es el mayor secreto del sádico. Así las cosas, el sádico debe enriquecer y revitalizar una y otra vez la dinámica. Si por algún motivo se rompiera, inmediatamente el sádico debería de buscar un nuevo masoquista del que pueda depender.
En resumidas cuentas, el sádico necesita la oposición de otro individuo para poder vivir, la resistencia y la lucha continuada de un masoquista que le haga frente pero sin demasiado ímpetu. El sádico no desea para nada un masoquista que no haga frente, que tire la toalla y no de juego. El sádico necesita jugar, incluso arriesgar, pero siempre con la convicción de que los papeles no puedan cambiarse. No puede perder su puesto privilegiado, por lo que cuanto más oposición haga el masoquista, más fuerte lo castigará, aunque siempre sin llegar al límite, ya que nunca desearía matarlo. Las estratagemas del dominado hacen que el sádico se esfuerce en contrarrestarlas e improvisar, lo cual hace que la dinámica se revitalice y rejuvenezca. Aun así, la lucha es a veces tan feroz, que siempre está el peligro de que uno de los dos perezca.
Mientras el sádico desea dominar, el masoquista desea ser dominado. De esa dominación y humillación es de donde le viene el placer. En la dinámica sadomasoquista el sádico ocupa un puesto de honor, por lo que el masoquista debe aceptar su condición de dominado y acaba por infravalorarse. El masoquista debe ser menos, mucho menos, y por tanto dominado y humillado, castigado por el sádico, ya que del dolor que este le imprime saca todo el placer. El masoquista entiende, al igual que el sádico, que no sería nadie sin un dominador, que si el sádico desapareciese él también desaparecería. Aunque ni el uno ni el otro lo reconozcan nunca, tanto el sádico como el masoquista están atrapados por una interdependencia que no pueden obviar. Aun así, no pueden admitir esa dependencia, por lo que ambos acaban sufriendo un malestar que acaban por intentar aliviar, el sádico castigando al masoquista, y el masoquista castigándose a sí mismo.
En la dinámica sadomasoquista se da una relación simbiótica en la que tanto el sádico como el masoquista niegan su libertad y buscan una existencia dependiente; ambos, desean buscar nuevos vínculos una vez han perdido los vínculos primarios a los que estaban sujetos. Pero, no son conscientes del antagonismo que se da en esta relación, que nunca lograran convertirse en una persona, que nunca lograrán unirse como lo desean.
Ambos, sádico y masoquista, nunca lograrán ser uno solo, pero, en cambio, como afirma Foucault, uno puede ser ambas cosas, sádico y masoquista. La dinámica sadomasoquista es una relación estratégica que se caracteriza por su flexibilidad. Hay dos papeles, el de sádico y el de masoquista, pero estos pueden intercambiarse. En ocasiones, al comienzo del juego uno es el amo y otro el esclavo y al final el que era esclavo pasa a ser el amo. Tanto el sádico como el masoquista pueden intercambiar los papeles, por lo que no debemos hablar de individuos sádicos y masoquistas, sino de sadomasoquistas. Todo ser nihilista y decadente, todo individuo reactivo es, en definitiva, un sadomasoquista.

Fuerzas activas y reactivas.

Ahora, no debemos confundir sádico con dominador, al igual que tampoco debemos confundir masoquista con dominado. Como mantenía Nietzsche, en el ser humano se dan dos clases de fuerzas: activas y reactivas. Por ello, tanto los dominados como los dominadores pueden ser tanto activos como reactivos. Desde esta perspectiva, el sádico no sería cualquier clase de dominador, sino un dominador claramente reactivo, un ser nihilista y decadente. Lo mismo puede decirse del masoquista; este no es cualquier dominado, sino un dominado reactivo. El individuo reactivo no es siempre un masoquista, ya que puede ser tanto dominado como dominador. De igual manera, el individuo activo puede ser igualmente dominado que dominador.
La característica más destacable de individuo reactivo no es otra que la debilidad de su fuerzas activas, el dolor que le supone el hecho de que estas fuerzas activas se vuelvan hacia el interior, hacia él, produciéndole un malestar que acaba por empujarlo al resentimiento y a la venganza. Tanto el sádico como el masoca son individuos reactivos, decadentes sedientos de venganza, pero canalizan o exteriorizan su malestar de diferente manera. La voluntad de poder del sádico es totalmente reactiva, por lo que tiene dentro de sí un malestar, un dolor y un resentimiento que debe liberar. Pero este, el sádico, a diferencia del masoquista, es dominador y tiene otros individuos a su merced a los que puede humillar y castigar para así liberarse un poquito de ese dolor. El masoquista, en cambio, no tiene ningún individuo con el que pueda desquitarse, por lo que acaba liberando ese odio contra sí mismo.
Los dominadores y dominados activos, en cambio, son locos, su voluntad de poder es activa por lo que no buscan la interdependencia, sino la dominación sobre sí mismo, la superación de sí mismo, pero siempre manteniéndose fuera de esa relación simbiótica de necesidad. El dominado activo no tiene resentimiento, no como el masoquista al menos, por lo que no desea pagar su dolor con el dominador, simplemente pretende ser él mismo. Mientras el masoquista deseaba ser humillado por el sádico o, por el contrario, intentar cambiar los papeles y hacer con el sádico lo que este hizo con él anteriormente, el dominado activo, el loco, buscará todos los medios posibles para poder escapar a ese círculo ya que no necesita de otros para poder ser él mismo. Usará toda su fuerza contra el sádico, pero no para usurparle el poder y hacerle lo mismo, sino para poder escapar, liberarse. Pero, el loco debe tener siempre cuidado con el sádico, ya que no es una lucha entre iguales, tal y como lo desearía el loco, sino que el sádico no puede aceptar ese desafío y usará todas las estratagemas y juego sucio que este a su alcance. El sádico desea este tipo de luchas aun sabiendo el riesgo que corre. Con el masoquista no sucede igual, ya que la lucha nunca llegará a tales términos, ya que el masoquista es el esclavo que se infravalora a sí mismo y necesita al sádico. Bien sabe que hay muchos otros caminos, pero no puede o no quiere recorrerlos. Todo dominado tiene poder suficiente para poder desbancar al sádico, pero el masoquista o bien no conoce esa potencialidad o bien no se atreve a hacer uso de ella por las posibles represalias. El masoquista busca la oscuridad, lo oculto, las puertas falsas, el silencio, la memoria, la humillación.
Hay dos clases de masoquistas o dominados reactivos. Por un lado tenemos a aquellos que han aceptado su destino y acabaran tanto muertos como dominados y humillados para siempre, y por otro lado, están aquellos masoquistas que debido a las humillaciones y el dolor tienen un sentimiento de venganza increíble que les empuja inevitablemente a la venganza y a ocupar el lugar del sádico. Tanto como a unos como a otros, cualquier cosa les hace daño, y todo aquello que los daña los marca para siempre, tanto en el cuerpo como en la memoria. El segundo grupo es el que desea el sádico, aquel que le desafía, aquel que le mira con deseo de venganza, ya que aquellos que aceptan su destino y con el todas las humillaciones no tienen ganas de hacerle frente y acaban por sucumbir o cansar al sádico. Los vengativos, en cambio, desean inyectar al sádico todo su veneno reactivo, pero son conscientes de su posición por lo que buscan otros masoquistas a los que unirse para poder hacerle frente con mayor garantías.

Locura y soledad.

Como ya hemos mencionado anteriormente, también hay dominados y dominadores que no son ni sádicos ni masoquistas, ya que sus voluntades son activas y no buscan ni necesitan la interdependencia. Aunque también es cierto que es muy difícil encontrar dominadores que sean activos, ya que, como dice Deleuze, el dominador activo, el loco, no desea dominar a los demás sino a sí mismo. El loco no desea ser un dominador al uso, no desea tener nadie a quien dominar y humillar, sino iguales con los que pugnar dignamente.
Los locos han neutralizado sus fuerzas reactivas interiores, por lo que las fuerzas activas no se vuelven contra ellos; los locos no sienten dolor como lo hacen los reactivos, no sienten ese malestar ni resentimiento que les lleva a hacer daño a los demás para así sentirse mejor. Los locos no necesitan ni sádicos ni masoquistas para poder ser, no buscan venganza, buscan simplemente superarse a ellos mismos. Si un loco ocupa el lugar de un dominador no es por gusto, sino por que sabe perfectamente que esta sociedad se basa en está relación sadomasoquista en la que le obligan a tomar parte ya que sino simplemente le quedaría la soledad y la verdadera locura. El loco sabe que la soledad es necesaria, pero que de igual manera algún día tendrá que volver a socializarse, y al socializarse será obligado a tomar parte. Hoy por hoy no hay manera de evitar el juego, por lo que si tiene que elegir bando, mejor ser dominador que dominado; pero nunca por gusto. El loco no necesita al masoquista, menos aun para afirmarse él. El dominador activo también buscará la contraposición del masoquista o dominado activo, pero nunca como lo hace el sádico, sino como una lucha entre iguales, sin juego sucio ni humillaciones. El loco no siente placer al humillar a otro, siente placer al superarse a sí mismo. De poder ser, por ese motivo busca el loco otro loco con el que luchar, por lo que optará en infinidad de ocasiones por una lucha igual, es decir, contra otros dominadores.
De igual manera encontramos dominados activos, muy diferentes de los masoquistas. El loco no tiene el sentimiento de culpa y resentimiento que guía al masoquista, por lo que no tiene la necesidad de deshacerse de ese malestar contra otros individuos. El loco hará frente al sádico pero nunca como lo haría el masoquista, siempre evitando la dialéctica, el sentimiento de culpa y la venganza, sino para poder ser él mismo, para despojarse de las cadenas que el sádico le ha impuesto. El loco luchará para poder ser él mismo, sin dependencias. El loco no desea dar la vuelta a la dinámica y convertirse en sádico, simplemente busca la autonomía personal. El dominado activo, al igual que el dominador activo, desea una lucha contra iguales, entre amigos. Y desea ganar, por supuesto, pero nunca empujado por intereses nihilistas o decadentes. Lo que no nos mata, nos hace más fuertes.
El masoquista necesita pensar y creer que los demás son malos para creer que él es bueno, pero los locos, en cambio, creen que ellos son buenos, por lo que los demás deben ser en todo caso los malos. El masoquista cree que él es bueno, pero por que están los demás, no por él mismo; en cambio, el loco únicamente busca en sí mismo la solución, no necesita de los demás para poder saber quien y como es. Cuando el loco dice que los demás, los diferentes a él, son los malos no lo dice por necesidad, o para creerse el mejor, sino porque a buscado en su interior y él se ha reconocido como bueno, por lo que los demás deben ser los malos, ya que no le permiten ser como él es. El loco únicamente desea reafirmarse a sí mismo.

Sadomasoquismo en la pre-posmodernidad.

Las cosas están cambiando. Modernidad tardía, postmodernidad, postnihilismo o pre-postmodernidad, da igual, algo está cambiando. El hombre sadomasoquista tampoco actúa como lo hacía antes. Según Lacan, el masoquista no desea proporcionar placer al sádico, sino crearle malestar; según el psicoanalista, aunque el masoquista acepte la tortura y el castigo, en realidad, es el masoquista quien impone las leyes de la dinámica sadomasoquista. En la modernidad no había duda de quien ocupaba cada puesto, quien dominaba y quien era dominado, pero hoy, en esta pre-postmodernidad, no está claro quien es sádico y quien masoquista en cada caso particular.
El hombre sadomasoquista puede ser bien sádico bien masoquista, tiene la capacidad de ser ambos, pero en la sociedad de los simulacros e ilusiones no está claro cuando es sádico y cuando masoquista. El hombre sadomasoquista, el hombre nihilista y reactivo nietzscheano se ha transformado adecuándose a los nuevos tiempos. No deja de ponerse nuevas máscaras, una y otra vez, no deja de crear espectros y fantasmas a su alrededor, por lo que es muy difícil distinguirlos. El sádico ya no desea aparecer como sádico en estos tiempos en los que cualquier tufo a dominación o autoridad repele y asusta, por lo que acaba por adoptar la máscara de masoquista o víctima. En infinidad de casos sucede igual con el masoquista, que ya no desea aparecer como víctima por lo que acaba tomando la máscara del sádico. Ya nadie es quien parece. Se desea hacer desaparecer la realidad haciendo aparecer espectros, alucinaciones e ilusiones. Como mantenía Derrida, si se desea poder ver el cuerpo debemos primero acabar con su fantasma, engañarlo antes de que él nos engañe, antes de que se apodere de nosotros.
Como mantiene Baudrillard, nos encontramos más allá del Panóptico. Los controles y los poderes han dejado de ser visibles y reconocibles, a pesar de la incansable reivindicación de transparencia en todos los ámbitos; las relaciones de poder giran hoy en torno a las ilusiones, en un pre-postmodernidad en la que se da mayor importancia a la imagen que al mensaje que dicha imagen nos pretende hacer llegar. La realidad virtual nos ofrece, en términos de Zizek, una realidad sin sustancia. Por ello, el sadomasoquista ha aprendido a jugar en ambos bandos a la vez: intenta aparecer siempre como visible, mientras paradójicamente se esfuerza en no dejar rastro y mantenerse oculto. Es así, que no hay manera de saber quien es quien. La realidad, hoy, se produce y reproduce; más que real, se ha convertido en hiperreal.
Todo está regulado por la seducción y las ilusiones: consumo, información, educación y un largo etcétera. El teatro ha suplantado a la realidad. Hemos pasado de lo sólido a lo líquido, en palabras de Bauman, por lo que el individuo ya no busca la conformidad para con las reglas, sino la flexibilidad – tácticas, estilos y flexibilidad para cambiar de máscaras. Esta es la característica actual del sadomasoquista. Mientras el sádico reivindica transparencia, fidelidad y estabilidad, no cesa de pensar nuevas tácticas y estilos que le permitan dominar desde lo oculto. Juega sucio a nuestra espaldas mientras se le llena boca diciendo que es un ser autentico, de esos que lo dicen todo a la cara y no tienen nada que ocultar. Sabe que todo tipo de poder, o de potencialidad será observada con lupa.
Hoy el sádico se nos aparece como una víctima, o al menos, como un ferviente defensor de la libertad. Sabe que ya no puede dominar mediante imperativos, por lo que nos manda haciéndonos creer que somos libres en todo lo que estamos haciendo. Nos dice que tenemos libertad de elección, pero la elección está hecha de antemano. Nos dice que debemos hacer, pero haciéndonos creer que la elección ha sido nuestra. Como mantiene Zizek, es la libertad sin libertad. Somos libres mientras elijamos lo que debemos elegir. La realidad virtual se vive como si fuera real, pero sin serlo.
La realidad está oculta y así debe seguir, por lo que los sádicos consiguen que todo aquel que desee sacar lo oculto a la luz sea difamado y aparezca como un alarmista al crear fantasmas que no existen. Aparecerán ante nuestros ojos como aquellos que desean desequilibrar y poner en jaque a la sociedad. La dominación y sus peligros siguen manteniéndose ocultos, por lo que, ante la imposibilidad de demostración, los locos aparecen como tales, como verdaderos locos patológicos, seres irracionales. ¡Gozad! Eso es lo que se nos dice hoy. ¡Gozad y no os preocupéis de nada! Los nuevos imperativos que no son imperativos, la libertad sin libertad, nos invita al hedonismo y narcisismo, a pensar que hoy todos tenemos derecho a disfrutar del placer de la vida. La diversión y el placer son el objetivo. Parece haberse volteado el imperativo kantiano, ya que hoy nos sentimos mal si nos ceñimos al nuevo imperativo, si no disfrutamos. ¡No penséis, simplemente disfrutad! Malentendido ¡Carpe diem!


Bibliografia:


- Fragmentos póstumos. Friedrich Nietzsche.
- El ocaso de los ídolos. Friedrich Nietzsche.
- La genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche.
- Así hablo Zaratustra. Friedrich Nietzsche.
- Nietzsche y la filosofía. Gilles Deleuze.
- Presentación de Sacher-Masoch. Gilles Deleuze.
- Deseo y placer. Gilles Deleuze.
- Nietzsche, la genealogía, la historia. Michel Foucault.
- Enfermedad mental y personalidad. Michel Foucault
- Antropología de la sexualidad y diversidad cultural. José Antonio Nieto. Talasa. Cáp. 13. definiendo una dinámica básica: paradojas en el corazón del sadomasoquismo,
- La fenomenología del espíritu. Hegel.
- Nietzsche, un pensador póstumo. José Jara.
- Bienvenidos al desierto de lo real. Slavoj Zizek.
- La agonía del poder. Jean Baudrillard.
- Tiempos líquidos. Zygmunt Bauman.




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