REIVINDICANDO A NIETZSCHE

Hernán Montecinos
hernancho210@hotmail.com
Publicado el: 22/08/08


       Facebook               Texto en Word 


    


Sin duda, el pensamiento y obra de Nietzsche ha sido objeto de un sinnúmero de imposturas y mal entendidos. Las investigaciones más contemporáneas han dejado al descubierto, con antecedentes bien documentados este hecho. Sin embargo, a pesar que Nietzsche ha sido reivindicado por la comunidad  intelectual  contemporánea, respecto de la mayoría de los malentendidos que han circulado desde que empezó a publicar su obra, y reconocido, a la vez, como una de las más altas cumbres intelectuales dentro del campo de la filosofía, sobre todo, por su innegable aporte al crear nuevos modos de pensar, aún existen hoy quienes se empecinan en seguir malinterpretándolo, insistiendo simplísticamente  que su pensamiento y obra obedecería  a lo más típicamente reaccionario que el pensamiento pueda soportar.





 
REIVINDICANDO A NIETZSCHE
 
Por: Hernán Montecinos
 
INTRODUCCIÓN
 
Sin duda, el pensamiento y obra de Nietzsche ha sido objeto de un sinnúmero de imposturas y mal entendidos. Las investigaciones más contemporáneas han dejado al descubierto, con antecedentes bien documentados este hecho. Sin embargo, a pesar que Nietzsche ha sido reivindicado por la comunidad  intelectual  contemporánea, respecto de la mayoría de los malentendidos que han circulado desde que empezó a publicar su obra, y reconocido, a la vez, como una de las más altas cumbres intelectuales dentro del campo de la filosofía, sobre todo, por su innegable aporte al crear nuevos modos de pensar, aún existen hoy quienes se empecinan en seguir malinterpretándolo, insistiendo simplísticamente  que su pensamiento y obra obedecería  a lo más típicamente reaccionario que el pensamiento pueda soportar.
 
Sabemos que este oficio de disparar contra Nietzsche, asociándolo a lo peor, ha sido un prurito que logró permear, en su época, a no pocos de los más reputados filósofos e intelectuales del mundo. Los filósofos de hoy, en cambio,  los más prestigiosos y reputados sentirían vergüenza de seguir por ese mismo derrotero. Pero, así y todo, hay algunos pocos que aún  persisten en tal empeño. Digo esto, a propósito de un reciente artículo publicado en “Rebelión” y en "La Haine", titulado, “Nietzsche y la Comuna de Paris”, de Nicolás Alberto González Varela, en donde, según este autor,  al igual que  lo hizo Lukács, en su época, (El asalto a la razón), y más contemporáneamente John Carey (Los intelectuales y las masas), concluye que el pensamiento de Nietzsche es reaccionario. 
 
Hay que reconocer, sin embargo, que es el mismo Nietzsche quien ha ayudado a mantener esta confusión,  tanto  por su particular forma de escribir y también por las formas en como dice  las cosas. Pero, sobre todo,  porque los  diferentes problemas que él aborda,  se muestran muy contradictorios entre un texto y otro. Sin embargo, en mi opinión, hay  un hecho mayor que lleva a sus  lectores  a un mayor estado de confusión, que dice  relación con no  tener a  la vista que el pensamiento del filósofo se desarrolla en un constante proceso de evolución. Así, por ejemplo, por nombrar los dos casos más evidentes, si durante su primera época (de idealismo y juventud), sobran los aforismos para deducir que es nacionalista y antisemita, sin embargo, en sus textos posteriores se ve un claro distanciamiento de ese pensamiento original, para revertirlos y transformarlos después en su inverso. También, hay quienes quedan impresionados, con muchos de los términos que utiliza, entre otros, “la bestia rubia”, “la aristocracia de los instintos”, “¡vive peligrosamente!”, “el populacho”, “la voluntad de poder”, “el hombre superior” (Superhombre), etc.
 
Estos y otros términos reducidos a simples eslóganes, y descontextualizados de la honda profundidad simbólica que representan, ofrecen un material fácil, a  los desprevenidos de siempre, para disparar  contra el filósofo y su obra una interminable batería  de “apostillas”, camino fácil que no le hace ningún mérito al ejercicio del pensar profundo de la filosofía, tal cual lo reclamaba el filósofo. En efecto, divorciados  de su real contexto y significado es cuando dichos conceptos sirven gratuitamente a quienes acostumbran a acarrear aguas para sus propias inclinaciones políticas e ideológicas. Es así, como en el pasado y, también ahora, en el presente, tiempos desdichadamente ideológicos, esos conceptos van a ser irremisiblemente puestos al servicio de las peores causas que menos las merecen. 
 
Los que así actúan han hecho caso omiso de las propias advertencias y recomendaciones que hace el filósofo para aquellos que se aprestan a leer sus libros. Para dicho propósito Nietzsche advierte que hay que ser “vacas” para leer sus textos,  queriendo señalar con ello que sus libros no pueden leerse en forma literal ni al modo tradicional; sino que hay que “rumiarlos”, esto es, digerirlos constante y persistentemente, volver a ellos una y otra vez,  releer sus párrafos y aforismos cuantas veces sea necesario. El que no pueda ser capaz de hacer este ejercicio, el que se sienta incapaz de hacer este mínimo esfuerzo, mejor que cierre el libro y no lo lea, es la propia recomendación que nos hace el filósofo.
 
Afortunadamente hasta hoy, bastante se ha avanzado en las investigaciones que han permitido mejor comprender y transparentar las ideas del filósofo, aquellas que a primera vista  parecían   ininteligibles o  jeroglificas. Es así, como  los investigadores más contemporáneos  han echado por tierra la mayoría de los supuestos  que, desde distintas trincheras muchas veces antagónicas,  se daban por ciertos, válido ello por tanto, para las deducciones concluidas, entre otros,  por un marxista como Lúkacs así como la de los nazistas Goebbels, Baumler y Rosenberg.
 
En efecto, desde las Investigaciones iniciadas en el pasado por Karl Schlechta, hasta las magníficas y monumentales investigaciones más contemporáneas que hicieron, desde el año 1969, los filósofos Giorgio Colli y Mázzimo Montanari, a partir de los escritos originales del filósofo, existentes en el Archivo Nietzsche, todos los cuentos y mitologías sobre el “malvado” Nietzsche se han venido estrepitosamente abajo. Investigaciones del que han sido tributarios también filósofos de la talla de  Fink, Bataille, Klossowski, Deleuze, Derrida, Foucault, etc.
 
Ahora bien, aunque estoy consciente que la tarea de investigación, y sobre todo, de reivindicación del pensamiento de Nietzsche ya ha sido emprendido por una interminable lista de los más prestigiosos filósofos contemporáneos, sobre todo los provenientes de la escuela francesa, quiero permitirme, desde mi modesto sitio, volver a reiterar e insistir en ello, porque nunca será esfuerzo suficiente  poner, una y otra vez, de relieve el inmenso aporte hecho a la filosofía por Nietzsche, un pensar que tuvo la osadía de hacerse  preguntas allí donde nunca antes nadie  las había hecho y poner en duda todas aquellas realidades que se tenían por ciertas. En fin, un  Nietzsche que, como  pensador, nos incita a caminar  por zonas interregnas. .Si eso no es el meollo de la filosofía, entonces, que alguien me explique qué diablos es la filosofía y para qué diablos sirve.  
 
Como cierre de esta parte introductoria, quiero traer a colación  un reciente artículo de mi autoría, que titulé “Prólogo para un libro no escrito”, en el que intento hacer una aproximación entre las ideas de Marx y Nietzsche. Entre otras cosas allí señalo que hasta antes de  Nietzsche y Marx, la filosofía había devenido sólo especulativa y abstracta. Los ejemplos a través de la historia  se muestran bastante demostrativos al respecto: la “idea” de Platón, el “imperativo categórico” de Kant, la “duda metódica” de Descartes, o “el espíritu absoluto” de Hegel, y así sucesivamente. Marx y Nietzsche, en cambio, rompen radical y definitivamente con la filosofía tradicional,  abstracta, para dar cuenta ahora, de la existencia de la vida real, la situación del hombre y su entorno en una sociedad que cada vez más deja de satisfacerlo.
 
Desde entonces, y sólo con ellos,   la filosofía viene a posicionarse en otro estadio, lo que no por casualidad ha llevado a que el mundo  filosófico identifique la filosofía de Nietzsche como “filosofía de la vida”, y para el caso de la filosofía de Marx, como “filosofía de la praxis”. Esto quiere decir que en los corpus filosóficos de ambos encontraremos un gran poder explicativo y visionario en relación a nuestra situación política/social/existencial y una comprensión más cabal respecto de los por qué de la gran involución societaria a que nos ha estado llevando el sistema neoliberal presente.
 
Ahora bien, habiendo producido los pensamientos de estas dos cumbres intelectuales una variada y rica gama de líneas hermenéuticas, muchas de éstas  han mostrado la tendencia a visionar a ambos con una visión no abierta, sino claramente reductiva. Por este camino se ha llegado fácilmente a la estigmatización de uno y otro, achacándole todos los grandes y ominosos hechos que convulsionaron a la humanidad en el siglo que recién terminó. Así,  mientras a uno se le ha responsabilizado por ser el “mentor teórico” del estalinismo, en la ex Unión Soviética,  al otro se le ha responsabilizado ser el  “mentor teórico” de las barbaridades del nazi-fascismo. Por la vía de la reducción se ha logrado implantar imágenes de Marx y del marxismo que sólo tienen ese valor, imágenes que no  responden a la realidad. A Nietzsche con su ensalzamiento de la “bestia rubia”, o con la famosa frase “la muerte de Dios” se le han construido figuras abominables que ponen muy en entredicho la reflexión filosófica, aquella que necesariamente debe estar revestida de una mínima seriedad.
 
Ambos, por distintas vías se proponen retrotraer  al hombre a su verdadera esencia vital, como ente eminentemente creador, aquella que había perdido tras un largo y milenario proceso de alienación. Así, el Superhombre de Nietzsche no es otro que el hombre comunista de Marx. Ambos restituidos por fin a su propia esencia creadora, libres al fin del entrevero de tejidos sociales que una modernidad desafiante y altanera les había impedido ser, lo que realmente debía  ser.
 
Con esta analogía concluyo esta parte introductoria, convencido   que no puede, de ningún modo, ser un reaccionario aquel que como Nietzsche pone su obra y vida en función de restituir al hombre  a su verdadera esencia creadora, como hombre autónomo y libre. En mi opinión, el Superhombre nietzscheano  y el hombre comunista de Marx, confluyen como puntos de cristalización para representar el  arquetipo de hombre, tal cual debiera ser,
 
Si eso es un pensamiento reaccionario, de acuerdo a lo concluido por  el autor de la nota que motiva este escrito, entonces quiere decir que yo también soy reaccionario.
 
A decir verdad, un nuevo  descubrimiento del cual yo no me había dado cuenta.
 
 
1) MALENTENDIDOS, IMPOSTURAS
 
Erich Fromm,  refiriéndose a la doctrina de Carlos Marx señalaba que, “una de las ironías peculiares de la historia intelectual es el que no haya límites para el malentendimiento de las teorías aún en una época donde hay acceso ilimitado a las fuentes…” (Marx y su concepto del hombre”).
 
Ahora bien, creo que si esta referencia la hiciéramos recaer hoy, sobre el pensamiento de Nietzsche, este juicio de Fromm, sin duda, adquiriría mayor significado aún. Lo dicho porque la crítica filosófica se ha acostumbrado a atribuirle a sus ideas innumerables supuestos, lo que llevó en su momento a Erich Podach decir que: “Nietzsche en su vida y obra, ha sido la figura más falseada y desenfocada de la historia de la filosofía contemporánea”. Más aún, -agregaría yo- de toda la historia filosófica hasta ahora conocida. Sin embargo este hecho no tendría por que haber sorprendido al filósofo, puesto que más de una vez, el mismo anunció que sus ideas no iban a ser comprendidas bien del todo: “Nos hemos quejado alguna vez de que nos comprendan mal, de que nos ignoren, de que nos confundan con otros, de que nos calumnien, de que nos escuchen o de que apenas lo hagan? Eso es precisamente lo que nos ha tocado en suerte…¡y lo que nos seguirá tocando mucho tiempo aún! (Gaya Ciencia)
 
En efecto, numerosos intérpretes se han encargado de difundir, respecto de sus ideas, interpretaciones antojadizas y equívocas,  dejándose impresionar quizás, por su particular estilo literario, fundamentalmente, los efectos producidos por  sus peculiares   aforismos. De ello Nietzsche siempre tuvo conciencia, lo que queda testimoniado por las reiteradas advertencias que hace a sus desaprensivos lectores:
 
“Los peores lectores son aquellos que proceden como soldados saqueadores: extraen de su lectura algunas cosas que pueden serles útiles; ensucian y confunden lo restante y lo ultrajan todo”(Cit. Por Richard Wisser. “Nietzsche Actual e Inactual, Vol.2)
 
Así, de acuerdo al sabor que haya dejado tal o cual idea, o mejor aún, tal o cual aforismo, Nietzsche será utilizado como una especie de carta al gusto para las más dispares interpretaciones, las más de las veces a favor de todo aquello que él expresamente combatió. En este orden, por las investigaciones tempranas iniciadas por Kart Schlechta, mayormente investigadas y documentadas después por Giorgio Colli y Mázzimo Montanari, hemos llegado a tener conocimiento, por ejemplo,  que su hermana Elizabeth, estando el filósofo aún en vida, mediante falsificaciones en sus escritos, dio inicio a las innumerables leyendas que se han tejido en torno a su persona y pensamiento.
 
Y no sólo ha sido objeto de falsificaciones, sino que también, ha sido plagiado, lo que ha quedado demostrado con un libro que circula por ahí, atribuido supuestamente a su  autoría,  que lleva por título “Mi hermana y yo”, y cuyo autor real ha quedado demostrado que fue un falsificador profesional de la época, un ruso de nombre George Plotkin. También La famosa “Voluntad de poder”, un libro que circula bajo la autoría de Nietzsche, también ha quedado demostrado que fue un libro que Nietzsche no llegó a escribir. Todo esto, sin perjuicio de las adulteraciones de que fue objeto su último libro “Ecce Homo”, en lo que fue su primera edición, la que fue  rectificada muchos años después de haber quedado al descubierto tal hecho.
 
Sin embargo, de todos los malos manejos que se han hecho sobre su pensamiento y obra, el  mayor y más divulgados de todos, ha sido aquella creencia generalizada  de que habría sido el mentor, el inspirador filosófico del nacionalsocialismo alemán. Un supuesto atribuido  a partir de las manipulaciones que los nazis hicieron de sus ideas con el fin de proveer de fundamentos filosóficos a tan nefasta doctrina. Sacando de contexto algunos aforismos, los propósitos políticos ideológicos promovidos por los nazis lograron finalmente ser socializados al interior, primero, del inconsciente del pueblo alemán, para después divulgarse por toda Europa y el mundo entero. No obstante para que ello pudiera ser posible, tuvo que llevarse a cabo toda una trama  cuyos antecedentes originarios  se remontan a hechos sucedidos 50 años antes del advenimiento del régimen nazi. Entre los hechos más destacados, caben señalar fundamentalmente dos: por un lado, la fundación por Bernhard Forster, en Paraguay, de la colonia germánica “Nueva Alemania” (1887), y por otro, la fundación, por parte de su hermana Elizabeth del “Archivo Nietzsche”, en Weimar  (1893)
 
Siendo el propósito de esta nota la desmitificación de ciertas creencias socializadas en la opinión pública, estimo de interés dar a conocer entretelones de ciertos hechos que derivaron posteriormente a desarrollar toda una trama para atribuir supuestos al filósofo, favorables a la interpretación de asociarlo al nacionalsocialismo alemán y a otras de las más abominables de las causas.  
 
2) BERNHARD FORSTER
 
¿Quién era Bernhard Forster y que importancia tuvo para lo que posteriormente habría de ser la mayor impostura intelectual del pensamiento de Nietzsche? El que llegaría a ser el marido de la hermana del filósofo ejercía desde el año 1870 como profesor de la Escuela de Bellas Artes en un instituto de Berlín. Obligado a dejar su puesto de docente a causa de sus abiertas actividades antisemitas, viajó al Paraguay para estar de regreso en Alemania en la primavera del año 1885. De vuelta fundó una cooperativa de colonización y se dedicó a reclutar emigrantes para regresar al Paraguay y establecer allí una empresa germánica colonizadora.
 
Es en el año 1876 cuando Elizabeth conoce a Bernhard en Bayreuth, quedando desde un principio prendada e influenciada por las ideas germánicas y antisemitas de éste. Y aunque, por cierto, ya abrazaba dichas ideas, fue el fuerte carácter de Bernhard en dicha dirección,  lo que la influyó  para que sus posiciones en tal sentido se radicalizaran. Estableciéndose una mutua atracción entre ambos, pronto el romance no se hizo esperar, comprometiéndose el uno al otro el año 1883. En un comienzo el que se transformaría en cuñado del filósofo  no le resultó del todo antipático, pues veía en las ideas de éste una visión específicamente alemana,  en la cual el mismo se había encontrado comprometido en su periodo de juventud. Sin embargo, al poco andar su distanciamiento de él empezó hacerse cada vez más notorio, fundamentalmente, por la radical posición antisemita de éste, cuestión que a esas alturas a Nietzsche le resultaba ser una postura del todo incómoda e insoportable a la vez.
 
En efecto, a Nietzsche no le resultaba desconocido el antisemitismo imperante en importantes círculos intelectuales de Alemania, encontrándose familiarizado con tal postura, sobre todo, por las estrechas relaciones que mantuvo con el círculo de Wagner. Sin embargo, -y aquí está el punto a diferenciar-, dicha vinculación no dejaba de ser superficial, por tener sus raíces dentro de un ámbito puramente intelectual. Con Forster, sin embargo,  se encontró involuntariamente empujado a una proximidad más estrecha con la rama práctico-política del antisemitismo, lo que le permitió comprenderlo en su verdadera dimensión y alcance. Se tienen antecedentes de que Forster, siendo wagneriano, igual que Nietzsche, habría sido el primero en determinadas conferencia  que habría hecho referencias hacia Nietzsche  como simpatizante antisemita.; a lo menos así se lo contó el propio filósofo a Overbeck en  el mes de Marzo del año 1882. Nietzsche molesto por esta vinculación, al parecer, a partir de ese hecho empieza a tomarle distancia a su cuñado, precisamente, por esa licencia  que se había tomado de comprometerlo con algo de lo cual él ya se encontraba alejado y que había empezado a despreciar.
 
Forster, además de wagneriano era un fanático naturista que luchó denodadamente contra la bisección de los animales y a favor del vegetarianismo. Sin embargo, es en su trabajo ideológico  y político en donde pone su mayor energía, haciendo del nacionalismo alemán y el antisemitismo fuente principal de sus actividades y preocupaciones.  Como antisemita lo vemos activamente participando en el grupo de “Los siete alemanes”, por cuya iniciativa en abril del año 1881 se le hizo entrega a Bismarck de una solicitud con 267.000 firmas pidiendo la eliminación de los judíos de los cargos públicos y de los sistemas de enseñanza. Con el mismo grupo fundó el “Partido del pueblo alemán”, el  cual, explotando la creciente desilusión del pueblo alemán por la crisis económica que la afectaba, incentivó el nacionalismo y el antisemitismo a través de todo el territorio; “solamente unidos todos –decía este activista- podremos derrotar a la plaga judía”.
 
Para estos confesados propósitos el círculo de Wagner le resultó del todo propicio y apropiado. Siendo Wagner una personalidad influyente en los círculos intelectuales de Alemania, no habría de pasar mucho tiempo para que Forster quedara encandilado con la magia de la palabra del músico. Y mientras Bernhard se encontraba entusiasmado con Wagner, Elizabeth veía en la mujer del músico, Cósima, el símbolo de lo que la mujer alemana podía realizar. Para lo que al caso importa, Forster quedó sumamente influencia por un escrito de Wagner del año 1880, titulado “Religión y arte”. Un escrito en que el músico reivindicaba la necesidad del establecimiento de una colonia puramente alemana en Sudamérica, en la que por cierto los judíos se encontrarían proscritos. Tal idea sería el origen de lo que 7 años más tarde Forster haría en Paraguay fundando la colonia “Nueva Germania”. Una colonia con propósitos bien definidos: servir como Estado de reserva, cuando la Alemania del viejo mundo cayera alguna vez en manos de los rusos, los judíos o los romanos. A propósito de esta empresa Elizabeth dirá:
 
“Encuentro a Fritz cada vez menos comprensivo. Querría que compartiese las ideas de Forster, sus ideales que harán a los hombres mejores y más felices, si son promocionados y llevados a la práctica. Algún día Forster será elogiado como un gran alemán, benefactor de su pueblo.”
 
No obstante estos deseos de su hermana, Nietzsche se encontraba cada vez más alejado del activista antisemita Forster y con su misma hermana. A esas alturas era pública y notoria toda la  desazón que  embargaba a Nietzsche por los caminos distintos que iban tomando su hermana y su cuñado:
 
“Ese maldito antisemitismo es la causa de una profunda brecha entre mi hermana y yo”, dejaría oír su queja el filósofo.
 
En efecto, un abismo insondable se había abierto entre ambos hermanos, y tanto fue así, que el día que ésta se casó con Bernhard (22.05.85), Nietzsche se negó a asistir a la boda: sus diferencias eran ya insalvables.
 
3) LA NUEVA GERMANIA
 
Los planes colonizadores de Bernhard y Elizabeth se encuentran en pleno apogeo. Por medio de una difundida propaganda empiezan a reclutar seguidores para dicha empresa. Como principal requisito se exigía que sus participantes fueran de raza aria de cuya pureza no pudiera existir ni la más mínima duda. Al cabo de un año lograron reclutar a un grupo reducido de 14 familias, todos pioneros pobres. El día de la partida (15.02.87), una gran multitud se apostó  en los muelles del puerto de Hamburgo para despedirlos. Nietzsche se negó a estar presente en esa despedida, le parecía inoficioso estar allí en momentos en que todo hacía prever que ya había perdido a Elizabeth.
 
“He perdido a mi hermana, estamos irremisiblemente separados, las ideas de mi cuñado por las que está dispuesta a vivir y a morir son muchos más extrañas para mí que el mismo Paraguay”
 
A bordo del vapor Uruguay el viaje duró más de un mes tras un intenso, caluroso y agotador viaje.  En las Bayreuther Blatter, se registra un artículo de Forster (02.05.87) relatando sus impresiones sobre las vicisitudes del viaje: “Hemos hecho nuestra entrada solemne en la nueva región”. Sin embargo, pese al entusiasmo de Forster, al llegar al lugar elegido los colonos enmudecieron frente al desolador e inhóspito paisaje que se les presentaba a su vista. Sin embargo ya era tarde para echar pie atrás y regresar.
 
A los lugareños sólo se les permitió el acceso como sirvientes y trabajadores quedándoles prohibido establecerse en el campamento y sus alrededores más inmediatos. El entusiasmo del matrimonio Forster no podía ser más exultante recurriendo muchas veces a la parafernalia; así lo demuestran crónicas y cartas de la época. En una de las cartas de Elizabeth a su hermano describe la ceremonia de inauguración de la colonia de la siguiente manera:
 
“se habían hechos disparos al aire con armas de fuego, que habían habido caballos adornados, que la gente se alineaba a las puertas de sus casas para regalarles flores y cigarros, y que le pedían a Elizabeth que les bendijera a sus hijos. Se pronunciaron discursos, se recitaron poemas y hubo una procesión que pasó bajo un arco triunfal. A todo ello siguió un desayuno de festejo” (Cit. Por Lesley Chamberlain, en “Nietzsche en Turín”)
 
Bernhard Förster proclamaba, lo cual superaba cualquier ficción, que Nueva Germania era la verdadera Patria, más aún que la verdadera Alemania que hoy todos conocemos. De acuerdo a Bernhard, Alemania había pasado a ser un triste lugar de paso.  Nueva Germania, a pesar de sus modestos comienzos, estaba destinada a ser el centro de un imperio en lo más profundo del corazón de Sudamérica. Pese a la pesada carga de trabajo Elizabeth se hacía tiempo para escribir notas tras notas:
 
“Qué oportunidad estamos ofreciendo a los trabajadores alemanes que malgastan sus vidas en pobreza, enfermedades y desesperanza en muchas partes de la Vieja Patria. Qué idílico cuadro hemos creado, nada es extranjero aquí, todo es casero y alemán”
 
Ya a los pocos meses los colonos empezaron a darse cuenta de lo serio de su situación: contrajeron enfermedades incurables y una nube de insectos de la selva se convirtieron en su peor peligro. El suelo arcilloso y seco, muy difícil de arar,  obligaba a los colonos a vivir de una dieta en base a la yuca, lo único cultivable en suelo tan árido y duro. Pronto el ánimo empezó a declinar. Forster había elegido una posición tan alejada de la civilización que la vida de los colonos se hacía cada vez más impracticable. Al borde de la hambruna, y cada vez más desesperados por el aislamiento, los colonos empiezan a manifestar un claro descontento contra los Forster que lo habían involucrado en tan loca aventura. Elizabeth, sin parecer darse cuenta de lo aflictiva de la situación seguía escribiendo notas de intensa propaganda:
 
“Cuando limpiamos los bosques con el sudor de nuestra frente, preparando el fértil suelo para el cultivo, sentimos en nuestros corazones que es precisamente este tipo de trabajo el que nos hace los herederos espirituales de Ricardo Wagner”.
 
Pese a los esfuerzos de los Forster, los problemas se van haciendo cada vez más insoportables para los colonos, agudizado todo ello por la fuerte deuda contraída por Bernhard para dar inicio a su aventura colonizadora. Presionado económicamente se ve obligado a dejar la colonia en manos de Elizabeth para volver  a Alemania en busca de más  financiamiento. Pero ya todo esfuerzo parecía inútil para salvar del desastre a la colonia. Muchos empiezan a desesperarse y algunos logran volverse a Alemania, pero a su vez, otros pocos logran  sumarse a la aventura. Los Forster se ven obligados a poner mano dura para que no cundiera la indisciplina. Un colono que regresó a Alemania escribió un libro detallando las barbaridades y abusos de la pareja, revelaciones que empujaron a Forster a ser víctima de una fuerte depresión. Un día, abandonando inesperadamente la colonia se fue a pasar sus penas al hotel  “Del Lago”, cercano de Asunción: la camarera del hotel encontraría su cadáver en su habitación. Se había envenenado con una mezcla de estricnina y morfina (03.06.89)
 
La muerte de Bernhard fue un segundo gran golpe para Elizabeth que acababa de recibir la noticia de la pérdida de lucidez de su hermano filósofo. Frente a una implosión de energía creativa el cerebro de Nietzsche había colapsado. La nueva situación le vino muy a propósito a Elizabeth para desembarazarse de la colonia, justo en los momentos de su mayor crisis. De vuelta, al arribar a la estación de Nuremberg, ante sus ojos emergió un dantesco espectáculo: su hermano junto a su madre la saludaba sin reconocerla.
 
Atrás quedaba la colonia la que sigue existiendo hasta hoy cambiando muy poco. La Nueva Germania, inviolada por la civilización moderna, tiene muy poco contacto con el mundo exterior. Sus calles aún mantienen el nombre de la mujer que la cofundó. La gente que allí hoy permanece sigue viviendo la misma vida del siglo XIX, sin saber nada de la moderna Alemania. En una zona escogida por su aislamiento, rodeada de una selva espesa y rápidos ríos, la colonia se encuentra sellada para el mundo, fosilizada en el tiempo. Los pocos alemanes que aún se encuentran allí, sólo luchan  para sobrevivir  y para conservar su identidad racial y cultural. El primer proyecto de Elizabeth había concluido, una nueva etapa estaba por comenzar:
 
“Ahora debo decir adiós a los asuntos coloniales, una gran tarea vital reclama mi tiempo y mi energía, el cuidado de mi único y querido hermano, al filósofo Nietzsche, la protección de sus obras, y la descripción de su vida y de su pensamiento”
 
4) EL ARCHIVO NIETZSCHE
 
El año 1893, ya sin lucidez el filósofo, su hermana Elizabeth decide que sólo ella podía administrar sus ideas y escritos, para cuyo fin funda el “Archivo Nietzche”. Pretendiendo inmortalizarlo, pero de acuerdo a las propias ideas que ella tenía sobre las de su hermano, llegará a decir:
 
“Tengo el deber de defender, de enmendar las faltas y de representar los hechos y experiencias de la vida de mi hermano con la más escrupulosa exactitud, puesto que nadie estuvo tan cerca de él como yo”
 
Poco a poco, y gracias a su tenaz perseverancia, logró que el nombre de su hermano fuese reconocido, no sólo en Alemania, sino que en toda Europa. Como nunca antes hizo que las ediciones de los libros del filósofo empezaran a conocer el éxito que no tuvo en vida.  Como sacerdotisa principal del culto a Nietzsche, su propia fama también empezó a crecer. Años más tarde de la muerte del filósofo (1900), durante el transcurso de la primera Guerra Mundial, la fama de Nietzsche era del todo innegable. Como vivo testimonio  han quedado las imágenes de los jóvenes wandervogel, los que antes de partir a batalla guardaban en sus mochilas el libro “Así habló Zaratustra”.
 
Durante la guerra Elizabeth reavivará sus ideas nacionalistas de antaño comprometida en una exhortación a la nación alemana para que participara en la guerra:
 
“Es un gran reto para los alemanes el levantarse y luchar. En cada alemán hay un luchador sin importar a que partido pertenezca y este guerrero interior surge cada vez que la patria se siente amenazada”.
 
No habiendo considerado la posibilidad de la derrota, cuando ésta se produjo mostró una gran contrariedad:
 
“No pude soportarlo, nuestras tropas en el frente eran invencibles, pero nuestros estúpidos guardias tontos e infantiles, han apuñalado a nuestros valientes soldados por la espalda. Alemania ofrece un espectáculo deplorable. Cada día quisiera morir”
 
Después de la derrota los esfuerzos publicitarios de Elzabeth no cesaron, encontrando gran receptividad en importantes figuras políticas que anunciaban ya el advenimiento del nuevo régimen nazi. Y no sólo logró hacer popular el nombre de su hermano, sino ella misma fue elevada a un lugar destacado en el campo de las letras en Alemania sendo nominada el año 1923, por tercera vez al Premio Nóbel de Literatura, convirtiéndose en la principal letrada de Alemania.
 
La fama del nombre de su hermano, habiendo traspasado las fronteras alemanas atrajo la atención de Benito Mussolini en Italia, a quien Elizabeth consideraba como el nuevo César de Italia:
 
“Ya no puedo privarme de expresar mi admiración por Mussolini. El no sólo es el gobernante preeminente de Europa, sino del mundo entero. Mi hermano habría sentido gran orgullo de admirar a este hombre maravilloso, un hombre alegre, poderoso y triunfador que le ofrece al hombre la esperanza de la salvación”
 
Con regularidad supo mantenerse en contacto con el dictador italiano llegando, en Febrero de 1932, a montar en Weimar una obra escrita por éste. Impedido Mussolini de asistir, sin embargo, como contrapartida, esa noche logró conocer al hombre que ejercería una gran influencia sobre su vida y sobre la reputación de su hermano. Hitler entraba a su palco privado obsequiándole un gran ramo de rosas. Cuando Hitler asumió al año siguiente el poder, Elizabeth no pudo dejar de transparentar su júbilo:
 
“Estamos ebrios de entusiasmo por tener a la cabeza del gobierno a un hombre tan maravilloso, a una persona fenomenal, a nuestro canciller Adolfo Hitler. Al fin hemos encontrado a esa Alemania que durante siglos nuestros poetas han descrito anhelosamente en sus poemas y a la cual todos hemos estado esperando”
 
Pocos meses después, en un nuevo encuentro con Hitler, llegará a decir:
 
“Fue en el teatro, en una representación de Tristán e Isolda, en honor al aniversario de la muerte de Wagner, que tuve la gran fortuna de mantener una conversación personal con nuestro maravilloso Canciller”.
 
Hitler, dándose cuenta del valor propagandístico que el Archivo Nietzsche podría proporcionarle, comienza a visitarlo asiduamente, lo que hace caer a Elizabeth en un gran entusiasmo:
 
“Si mi hermano lo hubiera conocido su más grande deseo se hubiese hecho realidad. El cambiará a Alemania por completo, pero debemos de ser pacientes. Lo que más me agrada de Hitler es su simplicidad y naturalidad. Él no quiere nada para sí mismo, sino todo para Alemania. Lo admiro profundamente”.
 
Para los nazis, las ideas de Nietzsche les vienen muy a propósito para darle un sentido teórico al esquema de su programa. Hitler y Goebbels se encontraban empeñados por sacar a luz todo lo que consideraban lo mejor de la cultura alemana y destruir todo aquello que consideraban decadente. Los libros de estos últimos fueron incinerados mientras los de Nietzsche se salvan de caer en las llamas; muy por el contrario, fueron colocados junto a las Biblias del nazismo. De este modo, los escritos de Nietzsche, quien había sido el más mordaz exponente contra el antisemitismo, fueron utilizados para respaldar los decretos más abominables en contra de los judíos. A todo esto Elizabeth dirá: “El lazo que une a Nietzsche con el nacionalsocialismo, es el heroísmo que existe en su alma”
 
A esas alturas, Elizabeth se daba el lujo de contar con dos patrocinadores importantes: Hitler y Mussolini. Cuando estos se reunieron en Venecia, el 14 de Junio de 1934, creyó oportuno enviarles  el siguiente telegrama:
 
El espíritu de Nietzsche envuelve este encuentro entre los dos gobernantes más importantes de Europa”.
 
Ambos dictadores agradecieron sus elogiosas palabras reconociendo que habían sentido la presencia espiritual del filósofo, confesando su veneración por Nietzsche y el respeto a ella como custodio de su filosofía
 
A los 88 años, Elizabeth era ya tema frecuente de conversación entre los dos líderes, Hitler, abriendo una vez más espacio en su agenda la visita nuevamente en el “Archivo”. De este encuentro un observador apuntó:
 
“Así como en pasados tiempos una abnegada madre le hubiera dado la bienvenida a su hijo, bajo la sagrada llama de una sacerdotisa vigilante, nadie que lo haya presenciado olvidará nunca cómo el hombre a quien el mundo entero ve con el más agudo interés, saluda a la dama mientras ambos permanecían de pie bajo la radiante luz del sol”.
 
Pero la salud de Elizabeth se empeoraba. Tras la operación a uno de sus ojos le escribió al Fuhrer contándole que había releído su libro “Mi lucha”, durante su convalecencia:
 
“Esas poderosas y profundas percepciones y consideraciones sobre la nueva creación del carácter alemán se apoderaron de mí. Le aconsejaría a cualquier inválido sumergirse en este maravilloso libro y encontrar la fuerza y el valor para luchar contra as adversidades del destino”.
 
Antes de morir Elizabeth consideraba que había una persona que no había recibido aún el reconocimiento por los servicios a la patria. Decide influir en el Fuhrer para reparar tamaña injusticia; Forster estaba a punto de ser elevado a una posición importante dentro de la mítica historiografía nazi. Hitler en reconocimiento de que medio siglo atrás Elizabeth con su esposo habían puesto en práctica las ideas del racismo ario, envía emisarios al cementerio de la selva paraguaya donde Forster había sido enterrado en 1889. Elizabeth lograba al fin el reconocimiento hacia su esposo por el trabajo de toda su vida a favor del nacionalismo germánico y el antisemitismo.
 
Al fallecer Elizabeth (09.11.35), Hitler tomó su lugar al pie del ataúd. Uno de sus lugartenientes fue el encargado de leer el discurso ceremonial:
 
“UD., mi Fuhrer, nos ha infundido un gran respeto y admiración por esta gran mujer alemana, a quien la eterna providencia se ha llevado para reunirla con su incomparable hermano, el buscador de la verdad, el profeta de la lucha, el heroico y eminente Friedrich Nietzsche. La Alemania socialista nacional protegerá con eterno agradecimiento, el importante legado intelectual del gran filósofo Friedrich Nietzsche. El y su hermana han pasado a la inmortalidad”
 
La inmensa sombra de Elizabeth y la representación fraudulenta que hizo de la filosofía de su hermano, llegaron a engañar a los más reputados intelectuales de la época, los que no dejaron de sustraerse  a las imposturas y malinterpretaciones hechos sobre su vida y obra por su hermana. La influencia de las malinterpretaciones de ésta a través del Archivo Nietzsche fueron de tal alcance y magnitud, que llegaron hasta afectar los procesos judiciales en contra de los nazis en Nuremberg. Tal fue así que el fiscal francés durante el juicio en su condena llegará a exclamar:
 
“Si es cierto que las razas superiores deben exterminar a la gente subordinada y decadente, entonces, qué métodos de exterminación usarán para intimidarlos; esto era la moralidad de la inmoralidad, el resultado de la más pura enseñanza de Nietzsche”
 
5) SUPUESTOS POLÍTICOS
 
Fue Alfred Baumler quien el año 1931, descubriendo la filosofía de Nietzsche concluye desde allí interpretaciones que sirvieran de fundamento teórico a la doctrina nazi. Las dificultades que representaban los innumerables juicios antialemanes del filósofo fueron eliminados de una plumada bajo el fundamento  que:
 
 “Nietzsche lucha contra el Reich, no porque sea alemán, sino porque es alemán y cristiano. Piensa en una forma más audaz y ambiciosa de ser alemán: Alemania debe volver a dominar Europa”.
 
 Así, por voluntad de Baumler, Nietzsche ya no pertenecerá más al Occidente, pasando a ser el Sigfrido del Norte Germánico, el espíritu nórdico,  y pertenecerá al espíritu de la Gran Guerra: “La creadora de una Europa  que sea algo más que una colonia romana, sólo puede ser la Alemania Nórdica, la Alemania de Holderlin y Nietzsche”
 
A su vez, Alfred Rosenberg, a cargo de la educación e instrucción intelectual del partido nazi, sin encontrarse del todo convencido de los ajustes de las ideas del filósofo para adaptarlas a los propósitos del espíritu alemán que preconizada el nazismo, no escatimará reparos para eclipsar sutilmente el pensamiento de Nietzsche en su libro “El mito del siglo XX”, mencionándolo con marcada hostilidad: “Bajo la bandera de Nietzsche se alinean los rojos estandartes y los predicadores nómadas del marxismo. En su nombre tuvo lugar la contaminación de razas, con la intervención de todos los sirios y negros”
 
No obstante a pesar de sus dudas y aprehensiones, pudieron más las necesidades políticas e ideológicas  del régimen,  terminando por acomodar  la ideología nazi de modo que esta apareciera impregnada de una atmósfera nietzscheana.
 
No obstante para ajustar las ideas del filósofo a los requerimientos del nazismo, necesariamente tuvo que haber una gran dosis de ignorancia respecto del real significado que había tras el trasfondo de las ideas del filósofo, lo que queda al descubierto en el momento de revelarse los verdaderos entretelones que originaron tan burda trama. En efecto, Carl August Emge –quien había sido director del Archivo Nietzsche- tempranamente pone al descubierto la impostura nazi al confesar que ni Hitler ni Rosenberg jamás nunca se les había ocurrido formularle la más mínima pregunta sobre Nietzsche, expresando al respecto un lapidario juicio: “Estos frutos tan ridículos no son los frutos por los que se puede conocer a Nietzsche”. Y no deja de tener razón, si se considera que Hitler en su libro (Mi lucha”), no menciona ninguna sola vez a Nietzsche. Es más, todo hace presumir que Hitler jamás leyó la obra de Nietzsche, sirviéndose sólo de palabras sueltas en sus discursos según le recomendaran sus asesores de propaganda.
 
A Benito Mussolini también le cabe cierto grado de responsabilidad en lo que dice relación a los supuestos de que fue objeto el pensamiento del filósofo, al confesar, una y otra vez, que sus ideas fueron influenciadas por las ideas de éste. Y quizás tenga cierto grado de razón, porque en honor a la verdad, y a diferencia de Hitler, Mussolini si conoció el pensamiento y obra de Nietzsche. Que las haya mal utilizado para su nefasta causa, ese es un cuento aparte en la que no me voy a detener en esta nota. En efecto, Mussolini se encuentra con la obre del filósofo el año 1908, en Suiza, en el  periodo de su exilio. Sintiéndose incomodado en la estructura del partido socialista, demasiado burocratizado y poco abierto para pensar, ve en la obra de Nietzsche la posibilidad de desesquematizar su pensamiento. Lo atraía, entre otros,  el poderoso lenguaje y simbolismo cuando en “Así hablaba Zaratustra”, el filósofo hace referencia a un “Superhombre”, un hombre que es capaz de pasar por encima de las instituciones para lograr sus fines. Mussolini ve en Nietzsche un pensamiento liberador que se aviene muy bien con su carácter, por su resistencia a los planteos esquemáticos y puramente intelectualistas que se encontraban en boga. Mussolini concuerda con Nietzsche que la figura del Superhombre fuerte, libre y crítico, transformador de un mundo lleno de tediosa inmovilidad, es lo que permite hacer de la política contingente y corrupta un acto de la Gran política:
 
“No se sorprendan si de cuando en cuando introduzco intersticios literarios en el tratamiento tan árido de esta materia para aligerarles el deber como escuchas, pues como yo,  como discípulo de Federico Nietzsche, polaco germánico, he aprendido de él que las cosas difíciles es necesario proceder con paso cauto pero ligero” (Discurso en la cámara de diputados, 1934).
 
En este mismo sentido, evocado episodios de la Primera Guerra Mundial, llegará a concluir la siguiente reflexión: “… entonces elegí el mar Mediterráneo y a Nietzsche como mi gran aliado”….para rubricar, más adelante, “Alemania a regalado al mundo a los dos más grandes espíritus del siglo: Goethe y Nietzsche”. Incluso, es tal su entusiasmo por Nietzsche, que llegó a elaborar un escrito dedicado al pensamiento del filósofo, bajo el título “La filosofía de la fuerza”
 
Hitler, en cambio, a diferencia de Mussolini, desconocía el pensamiento filosófico de Nietzsche eludiendo referirse a él, a menos que fuera para valerse de ciertas frases sueltas que, tomadas fuera de contexto, pudieran ser usadas para propósitos de la ideología nazi. Por las investigaciones hasta ahora conocidas, todo parece indicar que Hitler no conoció la obra de Nietzsche e, incluso, que ni siquiera leyó una palabra de sus libros.
 
Por fortuna, una vez derrotado el régimen nazi, el armado de este gran fraude se viene estrepitosamente abajo. Y no podía ser de otro modo, del momento que sabemos que Nietzsche fue enemigo declarado de los Estados (de todos los Estados) y de los modernos movimientos de masas; paradójicamente el nazismo hizo del Estado nacionalsocialista su máximo fetiche, y de los movimientos de masas el centro de su fuerza.
 
6) IMPOSTURAS LITERARIAS
 
En Julio de 1945, cuando el Ejército Rojo” se hizo cargo de la ciudad de Weimar, ésta se encontraba convertida en un centro de propaganda nazi, cuyo centro lo ocupaba el Archivo Nietzsche. Desde 1947 el Archivo pasa a formar parte de los lugares de conmemoración e investigación de la literatura clásica alemana. No obstante, es sólo a partir del año 1954 cuando éste fue reabierto para la investigación de todos sus documentos. Desde entonces se empezará a contar la historia de cómo se habían modificado los escritos de Nietzsche para confundirlo con propósitos de la ideología nazi. El genio que había estado detrás de toda la trama , había sido nada menos que su hermana Elizabeth.
 
En efecto, el primer objetivo de ésta, estando aún en vida su hermano, en un casi completo estado de locura, era tener acceso a sus escritos para manejarlos a su entera voluntad y arbitrio. Nietzsche, a esas alturas incapaz de sostener un pensamiento lúcido e incapaz para el manejo de sus propios escritos, se dejó llevar por los deseos de su hermana. Pero, aún siendo grandes sus diferencias, los propósitos de Elizabeth requerirían de un gran esfuerzo intelectual, sobre todo, tomando en cuenta el hecho de que sus ideas sobre temas fundamentales eran aborrecidas por el filósofo (cristianismo, moral, metafísica, nacionalismo, antisemitismo, etc). De la diferencias entre ambos existe una variada documentación:
 
“Mi hermana ha descargado con toda su energía la hostilidad de su naturaleza en contra mía… Se ha desligado formalmente de mí, por el asco que le produce mi filosofía y porque yo amo el mal mientras que ella ama el bien …” (carta de Nietzsche a Paul Rée, de fecha posible, el 15.09.82)
 
“…Querer a mi hermano, admirar su obra constituía el deber de mi vida y su centro; cierto que el amor ha quedado pero ya no puedo hacer nada por él: he perdido la fe en los efectos positivos de su filosofía…” (Elizabeth a Peter Gast, Naumburg, 07.01.83)
 
“Personas como ella tienen que ser irreconocibles adversarios de mi manera de pensar y de mi filosofía. Así lo quiere la naturaleza eterna de las cosas (A su madre, Niza, febrero 1.884)
 
“¡Cielos! Mi antisemitismo fue hasta ahora un pensamiento tan benigno y pacífico que todos mis amigos sentirán un asombro profundo al saber que éste ha podido ser la causa de nuestra separación…” (Elizabeth a Peter Gast, Naumburg, 26.04.84)
 
Al tener de las notas precedentes se evidencia que la separación entre ambos hermanos no fue sólo por el antisemitismo de Elizabeth, sino más bien, por las profundas diferencias de opinión que ésta tenía respecto del pensamiento filosófico de su hermano. Decidida a borrar la imagen de esta acendrada diferencia, se afana por tratar de aparentar una comunión de ideas con las del filósofo, para cuyo efecto recurre a triquiñuelas no muy santas, entre otros, adulterando cartas elogiosas que su hermano había escrito a otras personas; con raspaduras y borrones en dichas cartas le resultó fácil opacar el develamiento de sus diferencias. Más, lo que Elizabeth ignoraba es que algunos destinatarios conservaron copias de las misivas, con las que se facilitaría más tarde el descubrimientote de las falsificaciones de Elizabeth.
 
Afanada en este mismo propósito, en una popular biografía que escribió sobre su hermano, introdujo una serie de inexactitudes que tendían a aparentar una comunión de intereses e ideas de ella con las de su hermano. Para retratar la intimidad conexión que había entre ambos se permitía afirmar: “Nunca en nuestras vidas nos dijimos una sola palabra ruda”. Pero daba el caso que, primero, en la biografía que escribió y publicó, y luego, en las cartas meticulosamente seleccionadas que dio a conocer, éstas respondían a la leyenda y la imagen  que ella quería hacer prevalecer sobre las ideas de su hermano. Incluso, el año 1889, su madre, que podía como nadie leer la ilegible caligrafía de su hijo, descifraba las modificaciones introducidas en un fragmento de los Ditirambos a Dionisos”; en dicha modificación la calma se convierte en voluntad y la soledad pasa a ser un ping de boxeo, en donde el culto enfermizo a la voluntad se traduce en palabrería altisonante (Cit. Por Richard Wisser en “Malentendidos  de una vida filosófica”)
 
Así y todo, la mayor impostura literaria conocida hasta ahora  es la publicación bajo las órdenes de Elizabeth, de un libro hasta entonces no conocido bajo el título de La voluntad de poder”. Este libro se tuvo como obra fundamental del filósofo sirviendo de guía para investigaciones posteriores. Sin embargo, contrariando a la corriente de la época, Karl Schlechta ya no considera dicha obra como autoría del filósofo, al contrario nos entrega la prueba según la cual tal obra nunca existió como obra propia del filósofo. En efecto, la colección de aforismos publicados a instancias de la hermana, no contienen nada de lo que el lector de las obras publicadas por el propio Nietzsche no conozca o pudieran haber conocido insertadas en otros libros.
 
Sobre el particular se sabe que Nietzsche anunció, más de una vez, su intención de una obra que incluyera la totalidad de su pensamiento filosófico. Pero da el caso que, en su momento, Nietzsche desistió de tal proyecto. Tanto es así que parte de las notas acumuladas para dicho fin fueron incorporadas en otros libros publicados cuando estaba en vida, como,  por ejemplo, en El Ocaso de los ídolos”, en “El Anticristo” y otros textos. Sólo a Schlechta le tocó en suerte  acabar con la leyenda de que la Voluntad de Poder, publicada en forma póstuma, fuera la obra fundamental del filósofo., señalando al respecto: “Quien se decida por la hermana de Nietzsche, se decide en contra de Nietzsche”. La Voluntad de Poder no sólo debe su origen a un mal entendido, sino a la completa ignorancia de la Sra. Forster con respecto a la obra y la filosofía de su hermano. Encontraba la falta de una obra capital y sistemática; la necesitaba y como no la encontró la inventó,  recomponiendo las notas escritas dejadas por su hermano, la mayoría de ellas ya incorporadas en otros libros.
 
Con el libro Ecce Homo, pasó algo parecido. Siendo un libro que efectivamente fue escrito por Nietzsche (1888),  su último libro antes de la pérdida completa de su lucidez, su publicación no se hizo efectiva sino 20 años después (1908), sin antes experimentar  un sin fin de desventuras. En efecto, Elizabeth al tener conocimiento de la existencia de dicho libro por intermedio de Peter Gast lo mandó a rescatar de manos del editor. Sin embargo, éste al leerlo antes de entregárselo a Elizabeth quedó impresionado por su fuerte tono en los que quedaban mal parada su hermana y hasta su propia madre. Al entregárselo le recomendó  que destruyera el original. Elizabeth no haciendo caso a dicha recomendación lo mandó a publicar, claro está, con las debidas omisiones y rectificaciones efectuadas por ella misma, eliminando todo aquello que resultaba molesto.
 
Y para el caso que más importa, el título original que ella tenía en su poder, no incluía el título 3 subtitulado “Por qué soy tan sabio”, ello porque Nietzsche había enviado un nuevo  original a su editor, y el que éste le entregó a Elizabeth incluía el título tachado por el filósofo. De este modo Elizabeth no tenía en su poder el total de su original, y si pensamos que lo que tenía fue  acondicionado a sus exigencias, tenemos otro dato de flagrante falsificación literaria.
 
Es sólo a partir del  año 1969,que se puede tener una edición completa del original tal cual la escribió el filósofo. Esto último, debido a que la reapertura del Archivo Nietzsche, permitió hacer una edición de las obras completas de Nietzsche, de acuerdo a los auténticas notas originales dejadas por éste. Una esforzada y extraordinaria reconstitución que debemos a los esfuerzos de excepción de Giorgio Colli y Mázzimo Montanari.
 
Pero, el engaño literario no se detuvo hasta aquí, porque el libro “Mi hermana y yo”, atribuido a la autoría del filósofo, no figura en ninguna  de las ediciones completas y en ninguna bibliografía utilizada por los más reputados de los filósofos que incursionan sobre el tema Nietzsche. Sin duda un plagio, porque nadie ha podido ver el original del cual supuestamente el filósofo lo habría escrito. Ni tampoco hay ninguna nota del filósofo que se refiera a la existencia de este libro, o que haya pensado escribirlo algún día, como sucedió,  por ejemplo, con de la Voluntad de Poder, a lo cual ya hice referencia en los párrafos precedentes.
 
Y si bien no existen pruebas, existe el precedente de que habría sido un tal George Plotkin, un falsificador profesional; a lo menos, así lo asegura el prestigioso profesor de la Universidad de Princeton, Walter Kaufmann, quien habría conocido a Plotkin y escuchado de su propia boca la confesión de éste antes de morir.
 
Ahora, bien por cierto, Nietzsche no se habría asombrado tanto de saber que su pensamiento y obra han pasado por estas vicisitudes que han ayudado a malinterpretarlo, es más lo adivinaba, lo presumía. Con las nuevas investigaciones, y sobre todo, con la reapertura del Archivo Nietzsche, toda el embrollo de la trama suscitada con su pensamiento y obra han quedado al descubierto. Sólo desde entonces el filósofo ha podido quedar libre para hablar por sí mismo:
 
“Os conmino a que os perdáis ya que os encontréis a vosotros mismos: porque sólo cuando todos me hayáis negado, regresaré a vosotros…” (Prólogo, Ecce Homo)
 
Fuente: Del ensayo de mi autoría, “Nietzsche un siglo después: filosofía y política para el nuevo milenio” (Editorial “Universidad de Santiago, 289, pags, año 2000)



Opiniones sobre este texto:




Condiciones de uso de los contenidos según licencia Creative Commons

Director: Arturo Blanco desde Marzo de 2000.
Antroposmoderno.com © Copyright 2000-2017. Política de uso de Antroposmoderno