La reiterada ausencia de la “felicidad” en los datos etnográficos

Dra. Cecilia Montero Tórtola
cecigui@hotmail.com
Publicado el: 08/04/08


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Junto a un relato etnográfico breve y anecdótico sobre un afrodisíaco durante el trabajo de campo aquí se aborda la ausencia frecuente de la felicidad como dato etnográfico en la literatura de las Ciencias Sociales. Esta marcada ausencia se atribuye a distintos factores del orden de la realidad tangible unidas a prejuicios que rodean otra ausencia hacia el humor, por ejemplo. Y que según lo observado en distintos ámbitos formativos todo ello brilla por su ausencia en la formación académica de los y las científicos sociales por lo que nubla la posibilidad de su análisis conceptual y su presencia en los relatos etnográficos. Además, la complejidad que se produce dentro y fuera de la disciplina por la porosidad de la neoliberalidad reinante constriñe los sentidos de la felicidad y su estudio.


La reiterada ausencia de la “felicidad” en los datos etnográficos

Dra. Cecilia Montero Tórtola
Antropóloga.


Palabras claves: conceptos de humor y felicidad, Antropología de la alimentación y de la migración, derechos humanos e intelectuales, epistemología

Abstrat
Junto a un relato etnográfico breve y anecdótico sobre un afrodisíaco durante el trabajo de campo aquí se aborda la ausencia frecuente de la felicidad como dato etnográfico en la literatura de las Ciencias Sociales. Esta marcada ausencia se atribuye a distintos factores del orden de la realidad tangible unidas a prejuicios que rodean otra ausencia hacia el humor, por ejemplo. Y que según lo observado en distintos ámbitos formativos todo ello brilla por su ausencia en la formación académica de los y las científicos sociales por lo que nubla la posibilidad de su análisis conceptual y su presencia en los relatos etnográficos. Además, la complejidad que se produce dentro y fuera de la disciplina por la porosidad de la neoliberalidad reinante constriñe los sentidos de la felicidad y su estudio.
Aquí se proponen formas de seguimiento del trabajo de campo y de análisis para la elaboración de los datos. Semejante planteo, a primera vista, podría acercarse a discursos posmodernos pero se diferencia proponiendo prácticas de campo precisas y prácticas. Con ello se hipotiza una disminución del vacío de la felicidad como dato etnográfico en los estudios antropológicos con esta propuesta.
De esta forma el autoanálisis queda limitado, a una fase en el trayecto de la investigación con un trabajo de feedback durante y después de la formación académica en Antropóloga con un corpus científico antropológico que el artículo invita a realizarse ya que se lo considera una tarea pendiente a elaborar que no debe confundirse con la metodología.

Introducción
La transformación económica, social y tecnológica, junto al deterioro del medio ambiente y la amplitud de la brecha entre ricos y pobres, parecieran poner en entredicho hasta la pronunciación del término felicidad. Las respuestas sociales que pudieran frenarlos oscilan en un vaivén constante y poco fiables para seguir sus “prometedoras” trayectorias de cambio. Nos encontramos ante escenarios sociales en los que apenas retirado un cadáver su lugar lo ocupa una orquesta y danzantes. Por lo que nos preguntamos y no sabemos si el cadáver hace parte o es sólo fase de un espectáculo siniestro al que la sociedad asiste sin decirlo.
De este modo vemos la televisión, noticias sangrientas y seguidamente un concurso de belleza o dibujos animados o bailarines y cantantes. O algunos pueblos deben ocultar a sus muertos como su dolor para dar paso a una fiesta. Tal y tanta indiferenciación entre vida y muerte desemboca en un mareo social que se ampara con el soborno de los sentidos. El estruendo de la euforia que eclipsa tanto el dolor como la corrupción, son los que impiden el duelo que pone en su lugar las piezas del juego de la vida con ética.
En consecuencia, cada vez es mayor la necesidad social de alivio de las heridas. Su no cierre definitivo es de donde se sirven las parálisis sociales ante cualquier cambio profundo que las cicatricen. Los poderes, sin remilgos, con ello instauran parches que las alivien, transitoriamente, dolores y heridas antiguos.
Estos parches mientras alivien, osan llamarlos felicidad. Con los parches impiden cualquier elaboración, en consecuencia la actuación de la justicia. Así se perpetúa la confusión y ambigüedad situando la euforia como eje de la felicidad.
Las Ciencias Sociales social en su cometido desentrañan cualquier rasgo atravesando el sentido común que al concepto felicidad se brinde. Por lo que pudiera atribuirse que el hecho de que la felicidad brillara por su ausencia en la mayoría de las investigaciones, no sólo es atribuible a la persona del o la investigadora, sino porque en la realidad misma está ausente pero cabe diferenciarlo sobre quienes recae tal ausencia.
La visión apocalíptica no es baladí y domina el imaginario social e insufla la realidad. Así las reflexiones en vaivén entran y salen de la negación maníaca, complicidad perversa, la lucha quijotesca, el estoicismo, el oportunismo, la opción por el statu quo, la conocida natación a dos aguas, el anestesiarse, en muy pocos el asumir, en otros muchos, el sacarse los ojos con el de al lado, el uso del otro, etc. La mirada antropológica se halla atrapada en todo ello.
Sea por pecado original de su fundación científica o por conservar la mirada paradisíaca, como Lévi- Strauss expone, impregna el etnocentrismo occidental. O, por estar fijada en el “malestar freudiano”, la felicidad es aludida incluso por omisión.
Sin embargo, en aquellos espacios “primales de la Antropología” en los que se estudian las comunidades felices del funcionalismo que las aísla, guarda no sólo para Occidente (que muchas sí lo desean) “descubrir” un hueco posible para la felicidad . Por el contrario los pueblos indígenas inciden en nuestra sociedad .
Para muchos investigadores los espejos tientan con la gran insatisfacción occidental y éstos empañan el surgimiento el estudio de estilos de felicidad existentes por doquier en el trabajo de campo.

Espacio del humor en la Antropología
Aquello que da risa y el humor le residen prejuicios de clase, de género, religiosos, etc. que anidan también en el científico social sin ser abordados en profundidad o sin objetivar. No obstante, lo políticamente correcto en la disciplina es ser humorístico. Vaya contradicción !
Si se observa el humor figura como decoro en las formaciones académicas que gana un espacio relativo pero en casos sobrados le temen.Esto se manifiesta en los gestos y la ausencia de su uso o se va al otro extremo: el sarcasmo, otra forma del ejercicio desmedido de poder.
Esto se convierte en un handicap de las estrategias para quien investiga en Antropología se promueve así el cinismo en lugar del humor .El etnocentrismo se une a estos mecanismos. El humor y la satisfacción al figurar en los textos etnográficos como contribuyen a contrarrestarlo.
Por ejemplo, Barley, “El antropólogo inocente”, responde al, típico o tipificado, humor inglés que le ampara en el ridículo. Se autoriza a atravesar el espejo, cayendo como Alicia, en un camino de desventuras que acaban dándole un sentido grandioso a su tarea científica. Su obra remata en valentía e implicación, algo infaltable en la felicidad de la profesión.
Sin embargo, el humor como ingrediente que se asocie a la felicidad, sobre nuestra profesión tampoco abunda. Por ejemplo, el siguiente comentario pertenece a Margaret Mead , el cual nos ilustra, unos perfiles posibles:

“Cuando uno no está satisfecho de sí mismo, se hace psicólogo; cuando no se está satisfecho de la sociedad , uno se hace sociólogo; cuando no está satisfecho de sí mismo y de su sociedad, uno se hace antropólogo” (Mercier:1976:216)

Otro chiste, en este caso gráfico. Se dibujan a un grupo de indígenas muy nerviosos y preocupados escondiendo, rápidamente, electrodomésticos bajo unas mantas cuando ven llegar a los antropólogos. En la viñeta los indígenas gritan alertados: “¡Antropólogos!¡Antropólogos!”
Estas pinceladas humorísticas dan una de las causas de la tan sesgada infelicidad profesional y una mirada que hasta los sujetos de nuestro estudio llegan a manipular.



¿Felicidad o felicidades?
La felicidad se desliza al tratar de encontrarla. Difícil definirla, no sólo por aspectos culturales y sociales, sino por lo intrínseco de ella misma: un fuerte rasgo de incomunicabilidad. Sin embargo, la publicidad convierte la felicidad en un aspecto hegemónico más. Juega con elementos de la sensorialidad y la irracionalidad sin límite. En nombre del ahorro de su búsqueda se llena desde el consumo y sus políticas ese vacío imprescindible que a la felicidad le caracteriza, el que cada uno podría llenar…es entonces que surge un peso espeso que la impide y nos adhiere a la inmovilidad que la destruye, la aplasta, la pierde.
La felicidad juega a ser universal e individual. A veces se la identifica por Instantes (Borges). Se la considera en los extremos tanto de la superficialidad como de la mayor profundidad. Se la busca, se escapa. Para algunos está en relación al tiempo, para otros...en tantos sentidos que son imposibles de atraparlos!
Los presocráticos como los filósofos contemporáneos intentan ponerla en algún sitio y concebirla pero se les escapa. Recurro en parte a la temática humorística que en común con la antropología sacan a la luz lo oculto y lo huidizo, además.
Pero, hasta que punto también la Antropología no es una de las pocas ciencias que busca ver allí donde nadie mira?
Las medidas del conocido “malestar en la cultura” han pasado los límites soportables creando un malestar adicional que nos desborda ¿Sólo en la época de Morgan y White “ la felicidad”, al menos tratada versus “civilización” era posible estudiar porque aún se conservaba una idea de trascendencia?
¿No podría atribuirse a una sensorialidad corporal apresada la que además impide felicidad?

¿Obstáculos para ser feliz o telones a correr?
En general, la felicidad se asocia a la satisfacción de las necesidades y deseos. Si todo estuviera satisfecho, qué buscar, ansiar, desear…sin embargo, si brillara la ausencia total de cualquier satisfacción, entonces se paralizara cualquier movimiento. Con la felicidad el hacer y la medida parecieran estar en estrecha relación. La filosofía de Russell distingue con claridad donde la realidad de la apariencia.
Russell sentencia “las personas que son desdichadas, como las que duermen mal, siempre se enorgullecen de ello” . Con una dimensión individual y social junto a una alarma sobre la desdicha pronunciada y pregonada, le adiciona sospecha, un vacío y al otro extremo localiza la simpleza para la felicidad.
La Antropología dirime entre un caso y el otro. Por ser ciencia posee el supuesto de identificar el campo llamado de la verdad de ahí que debe resolver donde está el ocultamiento o la omisión de la felicidad.
Pero, quien estudie el feminicidio de Ciudad Juarez, la explotación a los migrantes, la deforestación selvática, las mafias y mobbings en la conformación de elites de rasgos larvales , etc. no es en primera instancia la felicidad como estudioAquí corresponde la reparación del padecimiento y de la infelicidad, con lo que se propugnará hacia un mínimo de satisfacción posible. Sin embargo, no dejan de sorprender, como antropólogos e informantes, se resuelven en una actitud de lucha contra la hostilidad y se generan así mecanismos que les permiten aproximarse a reparaciones lo que va dando los más rudimentarios cimientos de un hipotético bienestar futuro sobre sus vidas tan marcadas por el horror y el espanto.

En la búsqueda de datos que hablen de felicidad
En la observación de los estilos de vida , se hacen referencia al gusto, a la satisfacción, los que se acompasan con un habitus social. Los estilos nos exponen de cómo una sociedad concibe o no la felicidad.
Otros estudiosos y científicos/as ocupan parte de las tareas con las lecturas de Emilie du Châtelet y Verónica Franco sobre el amor, la felicidad y la trasgresión. Se le agregan breves análisis de expresiones sobre estos temas en inglés, francés, quechua, harakmbut y en castellano, comparativamente, que contribuyen a delimitar lingüísticamente el término felicidad. Distinguí, entonces sobre las ciencias un tinte de racionalidad desde el positivismo o un circuito asfixiante sobre lo personal del posmodernismo tan exagerados entre ambos por lo que se omiten como objeto al final en las etnografías también estos temas citados.
Se subestiman tratándolos con ligereza y se les atribuyen cursilería pero, ejercen resistencia en el investigador en la relación especular y se abren interregantes sobre la incidencia de tales efectos su investigación.
En ese sentido considero que urge la elaboración de un corpus que incida directamente en limitar la inevitable omnipotencia durante la observación. Intentar hablar del otro en nuestra ciencia, aún carece de un mecanismo que al llevarlo a cabo no entren en competencia o taponamiento la figura del/la antropólogo/a y el observado/a.
Una paradoja científica a la cual un corpus teórico debería hace rato empezar a trazarse, no tan sólo en la fustigación, condenación o reduccionismos habituales que todo lo incluyen en el etnocentrismo. Sino en darle a la irracionalidad lugar a estudiar, entre otros aspectos. De manera que puede que la felicidad tuviera más que un lugar en nuestra disciplina no sólo como dato y no sólo en la persona del investigador.

Nota de campo
Fines de julio 06. Lunes a las 18 hs. Había quedado con Rosa cerca de la placita, La Virreina para tomar algo y luego ir a cenar. No me acordaba si era a las 18 hs. o a las 18.30 hs. Aproveché para ir a la tienda de productos ecológicos y “naturales” de una informante . Desde hace dos años cada quince días voy a su tienda donde como unas croquetas de verduras y otros alimentos frescos que hacen migrantes y autóctonos en sus casas y que ella los vende. Con una cerveza fría o algún zumo de frutas, mientras tanto a veces le grabo cuando hago entrevistas, otras sólo tomo notas, o simplemente la escucho y observo como los vecinos van a buscar esa pastillitas, ungüentos, aceites, cremas, y comidas que bajo el nombre de “naturales” y ecológicas incorporan a su alimentación con la idea de salud, bienestar, de felicidad, de sanación, etc.
En un zig-zag de ir y venir entre la placita y la tienda entró una mujer joven, vestida con ropa de marca pero discreta que su cuerpo lo pegó al mostrador en actitud de irse a confesar o secretear. Eso llevó a que me deslizara con astucia sobre el mostrador, Miriam me mirara fijo, y yo no supiera que hacer. La mujer claramente y directamente le dijo:

- ¿ Tiene Damiana?

Miriam sin ninguna sorpresa pero con cara de no te vayas y suma tranquilidad le respondió :

- No, pero puedo fijarme en el Vademécum, otras plantas, o las casas que la trabajan en gotas, o pastillas…

La mujer cada vez se erguía más y se cerraba hacia Miriam sin dejarme escuchar. Miriam me miraba con actitud de auxilio así que con la croqueta en la mano le dije:

- Hola, Ud. ¿Es del barrio? Mucho gusto, soy una antropóloga que estudia la alimentación en el barrio…

o Pues no, no soy del barrio… era del barrio, vengo a visitar a mis padres, y ya que estoy por aquí vine a preguntar sobre “la Damiana” …

Siguió con la misma postura física sólo que había girado apenas la cabeza hacia mí, mientras Miriam sostenía un libro enorme lleno de dibujos de hierbas con explicaciones que se podían ver cuando pasaba cada página. Me miraba fijo otra vez y muy seria. Esta mujer nos trasmitió casi a las dos:

- Los pacientes me preguntaron sobre la Damiana, soy ginecóloga, y he venido a preguntar…
- Ah! Dijo Miriam
- Bueno, yo debo ir a la plaza para ver si llegó mi amiga…adios!!! Dije con la croqueta medio terminada y el vaso de plástico con un poco de cerveza.
- Sí, sí, pero no tardes…me dijo Miriam con su libro en la mano y la mujer aún más pegada con la pelvis al mostrador.

Me escapé. Algo se fraguaba.no sabía que era la Damiana. Miriam mostraba preocupación. Esa tipa alternaba entre una postura policial y de confesión, en términos de segundos. ¿Qué pasaba?.Llegué a la placita mi amiga no estaba.Volví a la tienda, en el momento que entraba me crucé a la ginecóloga que salía con el ceño fruncido. Miriam estaba con cara larga. Le pregunté diciéndole:

- Me fui porque ya no entendía nada, que quería esa tía?’
- Son todas iguales, estoy harta, los médicos, los sabios, los altos chefs de cocina, algunos ni te dicen lo que son…por eso ella no quería que tú estuvieras…menos mal que tú le preguntaste porque a mí no me lo decía seguro..a mí durante cinco años vino una médica casi mensualmente a comprarme hierbas, comida, etc. y siempre con explicación…luego cuando supe que era médica no vino más…
- Y, entonces, qué es la Damiana? Sigo sin entender..
- La Damiana es una hierba afrodisíaca, como un viagra natural.. está la Maca, que viene de Perú, hay quien dice que son parecidas y otros que no, y ésta no quería que vos estuvieras porque la quería para sus pacientes…pero es que ella no lo sabía tampoco ..entonces yo ya pasé por el aro muchas veces y le dije claro que me envíe a los pacientes aquí a comprar…¿tú sabes la cantidad que viene como estos por semana y después hablan en contra nuestro? Y mucho más con estos temas…
- Entonces vienen, se informan, y después no dicen de donde han tomado la información, y tú te quedas sin ningún reconocimiento.
- Eso mismo, y somos muchos que estamos hartos de esto…y más con las cuestiones sexuales…
- Te parece qué escriba algo?
- Sí, hazlo y si quieres mi nombre ponlo también..
- Bueno, tú sabes que no…
- Esa tía no quería que estuvieras porque para ella tú eres otra profesional, en cambio yo soy una vendedora…no sé pero me parece que la conozco de vista…estoy harta de cómo se llevan lo que yo trabajé durante años y después hablan pestes de nosotros..y yo a pagar las multas, la luz, el local, los impuestos, y….

Al llegar a casa, de inmediato escribí las notas del campo y busqué en la web sobre la Damiana . Envié mails a colegas contando el caso para analizar los datos, y con una colega antropóloga muy experimentada empezamos a “caminar”.

El debate sobre los derechos de la propiedad intelectual siguen cursos en la cotidianeidad imprevisibles .Las jerarquías del saber y el abuso perduran en el invisible. Los precios y los beneficios son muy altos pero los beneficiarios siguen siendo pocos. La felicidad de unos pocos a costa de no reconocer lo que otro proporciona y se adueña de ello es moneda corriente. Si viene en una hierba lejana aumenta con ello exotismo, por ende su eficacia simbólica para la ansiada felicidad. Sobre todo, con la carga sexual que le añade pertenecer al “otro” lado, que perdura en el pase de información secreta y el antiguo paraíso perdido recuperado en una planta.
Los espacios de la alimentación que se llaman “naturistas”, “ecológicos”, “ herboristerías”, etc. reúnen los significados del placer y la salud también con el secreto.
El secreto que en ellos se imparte o se solicita recibir se ve potenciado con lo exótico de oriente o de los indígenas. Los tenderos conservan la figura del “sabio social ” pero horizontal donde la confianza llega tener poder de transferencia.
La migración, y los múltiples grupos culturales a la que pertenecen activan los conocimientos tradicionales y recuperación en el presente poco dicho. Por un lado como un rasgo específico identitario y por otro, en paralelo se da la continuidad del abuso en el expolio de conocimiento y una asimetría en los beneficios. Un grupo se maneja por criterios de reciprocidad y otros sólo de mercado. La felicidad en ambos sistemas cambia de prácticas y de sentidos. Sin embargo, en ambos la sexualidad con dificultades está en el oculto, en la sabiduría de alguien que está al margen con el conocimiento sobre la “naturaleza” que devuelve esos estados primigenios de felicidad sensorial y social “perdidos”.
La incorporación de la hierba afrodisíaca contiene diversas dimensiones simbólicasque ponen en cuestión hasta donde es la planta o son ellas las que actúan en quien las ingiere. Una acción que opera en él o ella una transformación buscada. Un punto de nexo, como siempre, lo que se come, se ingiere, se incorpora, hace de lazo social y enlaza más allá en lo arcaico. Levi- Strauss afirma que observando la cocina de una sociedad podemos hallar las estructuras de esa sociedad estudiada y de su fuerte ligamen con la sexualidad humana incluso en contradicción con lo que se verbaliza.
En pos de un análisis más certero con otros y otras antropólogos debatimos este tema de distintas formas por lo que practicamos la Antropología peripatética . La llamo así pues caminamos, en el parque, en la playa, o en la calle, sin más, a modo de feed- back.
Con el movimiento, el caminar paralelamente, pareciera que representara en escena a los y las científicas perseguir el objeto. La disposición física que iguala y no inhibe, por el contrario estimula el intercambio discursivo y la reflexión en voz alta.
Las agudas tendencias metodológicas individualistas y la marcada porosidad de la neoliberalidad en la disciplina con el arrastre histórico e implícito de las contradicciones que a su vez enriquecen nuestra ciencia al estudiar al otro, ello clama para la investigación la necesidad de crear un corpus de trabajo en el camino de la reciprocidad del feed-back. En consecuencia, la tarea de feed-back se convierte en otra fase consustancial del trabajo de campo en la que se despliegan un conjunto de apreciaciones en las que el investigador/a le resultan, de alguna forma, implicancias que él o ella misma desconoce de sí. Este feed-back, en principio, se abordan aspectos como la soledad, anécdotas, episodios, felicidad, sexualidad, miradas, además del pase de información…con diferencias favorables a los análisis que se vienen haciendo.
Retomando nuestra anécdota etnográfica en la tienda, al caminar hablando con Camille se contribuyó a que le diera más espacio a lo anecdótico y la búsqueda de la felicidad en algo, a la diferencia del trayecto migratorio y a los temas de derechos para este caso. En ese sentido, para aproximarse al estudio de la otredad, conocer ese lugar, experimentarlo produciendo un cambio de lugar. Se limita esa “soledad antropológica” escondida en una apariencia quijotesca que encubre la laxitud de los lazos sociales actuales y que enmascara la apropiación como la no visión de tantos datos.
Con el feed-back al menos se tiene un asidero teórico inicial que desbarajusta la queja de los y las investigadores que todavía hoy, increíblemente, siguen acusando con discursos ¿Podemos afirmar que es la misma soledad que acusaba Malinowski?
Seamos sinceros, no existe y es una ficción hoy el trabajo en solitario, ello sólo es una fase. Esto pone de manifiesto antiguas y nuevas controversias de la Antropología como también dar lugar en la etnografía de elementos de la vida humana aún no muy estudiados, como la felicidad.
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