Nietzsche en la prePosmodernidad

Mitxelko Uranga
astrozoro@hotmail.com
Publicado el: 02/12/07


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¿Otra vez la posmodernidad? Parece increíble poder seguir discutiendo después de tres décadas de desfiles de intelectuales modernos y posmodernos por seminarios y revistas; es más, parece increíble que aun hoy por hoy tengamos ganas de seguir hablando de la posmodernidad. ¿Por qué seguir hablando de la posmodernidad?




Nietzsche en la prePostmodernidad

Mitxelko Uranga
astrozoro@hotmail.com



¿Otra vez la posmodernidad? Parece increíble poder seguir discutiendo después de tres décadas de desfiles de intelectuales modernos y posmodernos por seminarios y revistas; es más, parece increíble que aun hoy por hoy tengamos ganas de seguir hablando de la posmodernidad. ¿Por qué seguir hablando de la posmodernidad? En ocasiones da la impresión que este debate es totalmente estéril y que no nos llevará a ninguna parte; da la impresión de que no solo el debate, sino que también su terminología acaba por perderse y convertirse en algo vacío. Pero, a pesar de ello, también parece que tenemos una irremediable fuerza interior que nos empuja inevitablemente a la etiquetación, al reconocimiento. Los diferentes términos o etiquetas, como lo son moderno y posmoderno, acaban por dejar de tener sentido alguno hasta quedarse vacíos de contenido. La propia intención de catalogar o encasillar a creadores singulares con etiquetas es totalmente empobrecedor y mutilador. Desde el momento en que deseamos ver algo de una forma concreta, desde el momento en que etiquetamos y cerramos la caja, mutilamos, cortamos todo aquello perjudicial o sospechoso y le añadimos elementos no originales que pudieran reforzar nuestra etiquetacion. Tenemos la impresión de que pasa algo parecido con los términos moderno y posmoderno; que cada pensador los usa de una forma u otra, en diferentes juegos de lenguaje, siempre dependiendo de la perspectiva o visión del mundo, y dependiendo de aquello que se quiera defender. Pero, también es cierto que estas palabras vacías acaban por convertirse en instrumentos eficaces a la hora de comprender las obras; es decir, las etiquetas nos dan información adicional, aun siendo conscientes que también nos limita su conocimiento en otro sentido. Este trabajo no pretende otra cosa más que ahondar tímidamente en el debate, aunque soy realmente consciente del problema que supone profundizar en el fango, y más cuando muchos otros lo han hecho anteriormente con diferentes resultados.
Por tanto, ¿Qué es la posmodernidad? A pesar de que no soy partidario de mirar hacia atrás como lo haría el cangrejo, a pesar de que creo que el pasado no es más que un constructo humano, creo necesario echar una mirada al pasado para conocer como hemos llegado hasta esta situación, para poder responder a esta pregunta. El tan polémico término postmodernidad aparece por vez primera, para calificar nuestra época actual, en la obra de Toynbee A study of History publicada entre 1934 y 1954, aunque el término cobra importancia por vez primera en el ámbito de la estética, en la arquitectura para ser más exactos. Aunque no debemos olvidar que el pensar posmoderno, cualquier tipo de pensamiento, no comienza con la invención de un término. A pesar de que el término postmodernidad comenzara a utilizarse en la arquitectura sobre 1940, lo cierto es que los temas predilectos de la posmodernidad surgieron mucho antes de que nadie empezara a utilizar el término o idear interpretaciones posmodernas. Antes de que Lyotard escribiera sobre la condición posmoderna, varios pensadores se preocuparon de analizar los problemas que comenzaban a surgir, por lo que muchos de ellos aun hoy siguen siendo tratados como posmodernos. Se podría decir que a grandes rasgos el posmodernismo se ha nutrido de los descubrimientos de estos pensadores. Podemos decir que en líneas generales son tres las fuentes de las que se nutre el pensamiento posmoderno, aunque este punto también es causa de polémicas.
Primeramente, nos encontramos con el nihilismo clásico alemán del cual serían precursores Nietzsche, Heidegger y Schopenhauer. En este sentido se está recuperando la concepción de estos autores, sobre todo Nietzsche y Heidegger, en contra de los grandes fines y del olvido del cuerpo por la primacía del racionalismo. En mi opinión es Nietzsche quien magistralmente vaticinó varios de los problemas de los que se ocupan actualmente los posmodernos. Nietzsche y su entrada en el discurso de la modernidad cambiaron de raíz el rumbo de la modernidad. Nietzsche renuncia a la revisión de la razón, y parece que la modernidad no puede ya volver a atrás. Este no quería volver a los orígenes arcaicos como quería Rousseau, sino recuperar aquellas características dionisíacas de la Grecia arcaica que Sócrates primero y el cristianismo después arrebataron al ser humano. Según Habermas, este camino también lo desean emprender los “retoños tardíos” de la modernidad con la intención de convertirse en los primeros retoños de una época posmoderna que están deseosos por comenzar. Algunos autores han querido ver en estos retoños tardíos los filósofos del porvenir que vaticinó Nietzsche, pero creo que de ninguna manera estos filósofos puedan ser tomados como posmodernos. Hablamos del postestructuralismo. Los “retoños tardíos” conformarían la escuela francesa de los 70, el postestructuralismo francés que acabará por derrumbar el racionalismo cartesiano, la autoconciencia hegeliana y el etnocentrismo liberal marxista. Entre otros precursores encontraríamos a Deleuze, Foucault y Derrida.
Finalmente, nos encontramos con el vanguardismo estético, el movimiento artístico promovido especialmente en la arquitectura por Robert Ventura y James Sterling. Según Callinicos, a estas tres fuentes habría que sumarse una cuarta, la teoría postindustrial de Bell y Touraine1) . A pesar de los constantes intentos de relacionar el postindustrialismo con el posmodernismo, no tiene por que ser así necesariamente; “La creencia en la existencia de una época postmoderna no necesariamente depende de la idea, poco sostenible, de una sociedad postindustrial. Una serie de escritores marxistas, o al menos marxizantes, ha relacionado lo que consideran como el surgimiento de una cultura posmoderna con cambios ocurridos dentro del modo capitalista de producción” 2) . Jameson cree que la actual época está marcada por un cambio fundamental en el capitalismo. Ya sea definida como sociedad postindustrial o vista como una nueva fase del capitalismo, este cambio en el capitalismo ha traído consigo el sentimiento difundido de que también la cultura ha sufrido un cambio considerable y profundo. Así, creemos que la teoría postindustrial de Bell y Touraine no puede considerarse como fuente del pensar posmoderno, sino una perspectiva más, una mirada más, dentro del conglomerado posmoderno. La teoría postindustrial no deja de ser un intento más para explicar la era actual. Las definiciones de nuestra era, desde los principios de los 80 hasta hoy, son de carácter diferente. Además del ya conocido sistema técnico o tecnócrata para el que no cuenta más que la hegemonía de la tecnología está la sociedad posmoderna reivindicada por Lyotard, la sociedad posindustrial de Touraine o sencillamente una etapa nueva del capitalismo como afirman los marxistas.
¿Estamos realmente ante una nueva era? Esta es una pregunta verdaderamente difícil de responder; hay una extensa y densa bibliografía que lo atestigua. Pero sí

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1) Callinicos. Contra el posmodernismo. 10.
2) Callinicos. Contra el posmodernismo. 156.

hay algo que podemos concretar sin lugar a dudas, y es el hecho de que este debate ha dividido en dos grupos extensos y heterogéneos a los pensadores. Por un lado nos encontramos con los defensores del proyecto moderno y por otro los defensores del cambio y la posmodernidad. “Nos hallamos ante un juicio encontrado que señala dos estrategias metodológicas: la posmoderna o posilustrada, que sospecha de toda universalización, porque ve tras ella una razón al servicio de la coerción y el disciplinamiento generalizado; y la neoilustrada de los teóricos críticos, que quiere ser también crítica con la razón ilustrada, pero teme el estrechamiento posmoderno de la razón como una traición al proyecto ilustrado de la modernidad y una práctica neoconservadora”3) . Pero también es cierto que muchas veces estos dos grupos acaban por compartir infinidad de análisis y diagnósticos sociales. También es cierto que en innumerables ocasiones el límite que separa a ambos grupos es difuso, o que entre ambos grupos intenta consolidarse un serio grupo de intelectuales con teorías alternativas. ¿Qué es lo que este hecho nos señala en realidad? Independientemente de que la modernidad haya acabado a favor de los posmodernos o no, lo cierto es que nadie puede negar que haya claros síntomas de crisis. Una crisis doble. Por un lado estamos ante la crisis de la modernidad y de los valores clásicamente modernos, lo cual no quiere decir que la modernidad haya finalizado, sino que los valores sobre los que se edificó han perdido peso específico. Y por otro lado, los posmodernos también sufren un periodo crítico debido a la larga lista de alternativas y diagnósticos que se proponen.
Estas dos situaciones nos recuerdan otro periodo histórico que pasó de alguna manera paralelamente por la misma situación. De acuerdo con Patxi Lanceros, la pregunta ¿Qué es la Postmodernidad? guarda cierto paralelismo con aquella otra formulada en 1783 por Johann Friedrich Zöllner y que Emmanuel Kant intentara analizar Was ist Aufklärung? 4) En ambos casos se manifiesta una actitud de desconfianza hacia el caos que suponen los cambios promovidos; ambas preguntas aparecen en un escenario aparentemente adecuado frente a los cambios que parecen venir con un marcado carácter desestabilizador; y finalmente, ambas preguntas son retóricas, tanto los ilustrados como los postmodernos buscan la respuesta a una pregunta que por el momento no tiene. Pero, ¿Por qué no tiene respuesta? He mencionado anteriormente que esta época que estamos viviendo es un periodo crítico, de cambios, por lo que todavía no se puede saber con certeza si asistimos a una nueva era posmoderna, al igual que no lo sabían los ilustrados; y menos aun cuando los defensores de la posmodernidad no ofrecen un proyecto común, al igual que pasara también con los ilustrados. Así, como ya hiciera Kant, debemos preguntarnos si estamos en una época posmoderna o en la época de la posmodernidad.

“Luego, si se nos preguntara ¿vivimos ahora en una época ilustrada? Responderíamos que no, pero si en una época de ilustración” 5)

A pesar de que la ilustración hubiera llegado para quedarse, o al menos con esa intención, a pesar de que los pensadores ilustrados proliferaban, a pesar de que el debate estaba en la calle, la utopía pedagógica sigue hoy por hoy sin finalizarse, sin materializarse. Así que Kant vio claramente que aquella época no era de ninguna manera una época ilustrada, sino una época de la ilustración. De igual manera, junto a Patxi Lanceros, creo que estamos ante una época de la posmodernidad, pero no ante una época posmoderna; quizá, ante la prepostmodernidad. Estamos ante un periodo crítico, y no ante un periodo estable en el que el paradigma posmoderno es dominante. Estamos, a nuestro entender, en lo que Kuhn llamaría periodo critico. A pesar de que este pensador utilizase este término para referirse a la ciencia, creemos que tiene toda la validez para ser aplicado también en las ciencias sociales.
Thomas Kuhn supo ver perfectamente, al igual que hiciera Toulmin, que la ciencia se hace siempre desde una perspectiva (weltanschauung). Pero, mientras para Toulmin no hay revoluciones científicas, Kuhn cree que los principales progresos científicos son de carácter revolucionario. Considera, por tanto, que la evolución de estas perspectivas es discontinua, y que antes de ser rechazada por una alternativa una misma perspectiva puede sufrir o experimentar ciertas evoluciones.
Resumiendo, según Kuhn, el principal elemento del progreso científico no es otro que el paradigma. A pesar del problema que supone la definición del término, somos conscientes de ello, para Kuhn un paradigma no es otra cosa que una forma de mirar el mundo, una perspectiva. Una vez los científicos aceptan un paradigma, pueden dar lugar al proceso de articulación de paradigma, periodo conocido como ciencia normal. En los periodos de ciencia normal, el paradigma dominante será en sí considerado como inalterable. Las teorías especificas, individuales pueden muy bien ser criticadas, falsadas y abandonadas sin miedo a que el paradigma pueda ser desafiado; y así permanecerá hasta que se acumulan tantas anomalías que los científicos comienzan a preguntarse si el paradigma dominante es apropiado. Este periodo es el de crisis. Durante este periodo crítico, los científicos empiezan a considerar paradigmas alternativos. Una vez el paradigma dominante haya perdido consistencia los paradigmas alternativos comenzaran una encarnizada lucha por convertirse en el paradigma dominante. Cuando un paradigma alternativo logra convertirse en dominante se produce una revolución científica, dando lugar a un nuevo periodo de ciencia normal hasta que otro paradigma vuelva a hacer tambalear los pilares sobre los que se apoya el paradigma dominante.
La ciencia normal esta marcada por comunidades científicas que se mantienen juntas gracias a una matriz disciplinar, la cual es adquirida a través de un aprendizaje que se caracteriza por el estudio de ciertos ejemplares compartidos por la comunidad científica como modelos de los que debe ser la ciencia. Se adquiere así, por tanto, una perspectiva, una concepción del mundo, una matriz disciplinar. La crisis científica consiste en la perdida de una perspectiva común, en la descomposición de la comunidad científica debida a la perdida de la matriz disciplinar compartida. Antes de rechazar una matriz, debe producirse una sustitución, un cambio de lealtades. Aceptar la nueva teoría, el nuevo paradigma, supone aceptar un vocabulario nuevo a través del cual poder entender el mundo. La revolución se vería completada una vez la mayoría de la comunidad científica halla pasado a prestar lealtad a la nueva matriz. Aquí es donde comienza de nuevo el periodo de ciencia normal. También es cierto, que este periodo no es homogéneo en su totalidad, ya que a pesar de haber un paradigma dominante, como advierte Feyerabend, estos grandes periodos de historia de la ciencia se caracterizan en muchas ocasiones por la coexistencia de puntos de vista rivales sin que ninguno ejerza el dominio en su campo. Esto no dejaría de ser un momento crítico pasajero en el periodo de ciencia normal. A pesar de que un periodo este marcado por un punto de vista concreto, otras visiones alternativas siguen buscando grietas por las que introducirse y volver a poner en un estado crítico el paradigma dominante. Pero, como dice Lakatos, la comunidad científica leal al paradigma crea un círculo teórico alrededor del núcleo teórico que logre actuar como muro ante los posibles ataques.
La pregunta seria en que tipo de periodo estamos actualmente, es decir ¿Estamos ante un periodo de ciencia normal bajo un paradigma dominantemente moderno o posmoderno? ¿Estamos ante un periodo crítico en el que pugnan el paradigma dominante moderno y las alternativas posmodernas? ¿Estamos ante un periodo de ciencia normal moderno con ciertas alternativas posmodernas intentando desestabilizar?
Lo cierto es que podríamos decir que por el momento no hay postmodernidad, sino una multiplicidad de estrategias carentes de un objetivo común que pretenden desestabilizar el paradigma establecido. Estos ataques directos a la estabilidad moderna convierten a esta última en una sola y más definida que nunca. Mientras la posmodernidad se pierde en la niebla, la modernidad parece más una que nunca, a pesar de las dificultades que entrañaba su definición. Contrariamente, no tenemos una clara definición de lo que es la posmodernidad, por lo que podemos deducir que no estamos ante un cambio paradigmático, no se ha coronado aun la alternativa posmoderna. No estamos ante un cambio paradigmático sino ante la encarnizada lucha entre la unidad moderna y el caos posmoderno. No vivimos una época posmoderna, sino que vivimos la época de la posmodernidad, una epoca prepostmoderna, la época en la que la posmodernidad ha sacado la cabeza y no quiere volver a meterla. Estamos ante un periodo crítico como lo fue la época de la ilustración, donde los posmodernos intentan desestabilizar el paradigma dominante como ya lo intentaran hacer los ilustrados. “Los renacentistas hicieron circular la imagen de una época medieval oscura, siniestra y supersticiosa de la que huir e inventaron el referente clásico al que volver; la ilustración hizo lo propio con el antiguo régimen y su cobertura teórica que, a su vez, descargó sobre ella burlas tendentes a mostrar su superficialidad e ignorancia. Hoy asistimos a un juego parecido: estrategias posmodernas que cifran su novedad en el potencial destructivo y oscurecen la luminaria de la modernidad hablando del terrorismo de lo único, de la hegemonía y uniformidad de la razón, de la idolatría del progreso técnico, en tanto que lo moderno pretende resucitar su vigencia y ofrecer seguridad y refugio frente a los que considera barbarie”6) .

6)Patxi Lanceros. Apunte sobre el pensamiento destructivo en En torno a la posmodernidad. Pag. 143.

Es así que lo posmoderno ha venido para quedarse. No hay una cultura de la posmodernidad establecida, lo que hay no es más que una búsqueda a partir de la constatación de la ruptura. La modernidad está en crisis y ya no podemos creer en ella. Hay, por tanto, una necesidad de superar la modernidad. Y la verdad es que en ciertos ámbitos, por pequeños que sean, se están estableciendo las bases para un cambio. Desde el punto de vista científico, es cierto que podríamos hablar de ciencia postmoderna ya que la aparición de las geometrías no euclidianas, la ley de la entropía, la teoría de la relatividad y los quanta etc. indican un cambio de paradigma en el sentido que Kuhn da a la palabra. Lo cual no quiere decir que la actual época pueda llamarse postmoderna. también es cierto que en lo que a las ciencias humanas se refiere, la psicología también ha dado un paso cualitativo del conductismo al psicoanálisis; reforzada a su vez por la psicología social postmoderna emancipatoria que se encuentra entre la psicología critica y el postmodernismo. Pero, a pesar de que tanto en las ciencias naturales como en las humanas se den ciertos cambios importantes, nos encontramos aun ante cierto paquete de teorías e ideas que no han transformado la opinión publica, y siguen sin tener relevancia o influencia en la política actual. Si analizásemos la época actual únicamente desde una perspectiva económica o política diríamos que vivimos aun en la Modernidad. Mientras las ideas cambian a una velocidad increíble, la opinión pública y la política comienzan ahora un camino largo y misterioso.
Como mantiene José María Mardones, el pensamiento posmoderno no está exclusivamente en las cabezas de los pensadores posmodernos sino que deambula por el pluralismo de perspectivas, por la pérdida de los valores modernos, por el desencanto 7). La lucha encarnizada entre el paradigma dominante y la alternativa posmoderna caracteriza nuestra época actual. Por lo que el término posmodernidad vendría a anunciar la llegada del cambio. “Tal término vendría a ser como una advertencia de que las cosas ya no son como antes, de que estamos en un momento en el que se ha extendido una sensibilidad o un estado de alma de tal modo que sería más exacto hablar de condición más que de una época, ya que este último término conllevaría una carga periodizadora que a pesar de lo engañoso del pos, está en las antípodas del pensar posmoderno” 8). Puede que ante el contenido difuso y engañoso del término, su importancia resida más en el simbolismo. La postmodernidad, más que definir una cultura concreta, un proyecto, un paradigma, nos avisa del cambio que está por realizarse, nos recuerda que los valores modernos han dejado de ser importantes, que los meta relatos o las grandes narraciones modernas han sucumbido ante la desesperanza en utopías y mundos verdaderos. Puede que de alguna manera la posmodernidad nos defina un poco en cierta manera en que punto estamos dentro del periodo crítico. Mientras los modernos liderados por Habermas reivindican la existencia de una crisis dentro del periodo de ciencia normal donde aun por hoy la modernidad tiene vigencia y gran importancia frente a las críticas vertidas por los posmodernos, otros pensadores mantienen la muerte anunciada de la modernidad. Parece clara la necesidad de definir la modernidad antes de hacer un juicio sobre ella.
¿Qué es la modernidad? Como ya he dicho anteriormente, no soy amigo de las definiciones aun sabiendo la importancia que tienen en algunos casos, y menos aun si tenemos que mirar hacia atrás; y teniendo en cuenta la larga lista de definiciones sobre la modernidad que tenemos sobre la mesa, procederé a dar unas pequeñas pinceladas, un pequeño esbozo sobre la modernidad.
El paradigma moderno está caracterizado por o cimentado sobre estas bases:
Determinismo: la relación causa-efecto elimina la libertad de los hechos causados;
Naturalismo: todo tiene un conjunto de propiedades características que ya están dadas.
Esencialismo: todo tiene una esencia que determina su naturaleza.
Racionalismo: el pensamiento racional es lo que nos acerca a la verdad, mientras lo irracional solo nos aleja.
Trascendencia: existe un futuro que determina al presente y que es superior a este último.
Orden universal: la naturaleza posee un orden que debe ser desvelado. Este orden o naturaleza existe tal como es independientemente del observador.

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7) José María Mardones. El neo-conservadurismo de los posmodernos. 21.
8) Iñaki Urdanibia. Lo narrativo en la posmodernidad. 43.

Ahora, ¿Qué relación tiene la postmodernidad con respecto a la modernidad? Lo posmoderno no es “lo contrario” de lo moderno, sino su rebasamiento, mantiene Vattimo. Es la modernidad misma que en su autocumplimiento invierte sus modalidades y efectos culturales, mientras que para otros autores entre los que se encuentra Marvin Harris se defiende la tesis contraria, que el postmodernismo se erige en antitesis del modernismo 9). La verdad es que la pregunta es difícil de responder, más aun cuando los mensajes posmodernos son tan diferentes entre sí. Ya sea de una manera o de otra, lo cierto es que todos coinciden en la escasa validez de los valores modernos y en la necesidad de un nuevo valorar. A todas estas características de la modernidad opuso la filosofía del martillo Nietzsche reivindicando una nueva forma de filosofar, nuevas formas de ver el mundo, nuevas perspectivas, una transvaloración de todos los valores, al fin y al cabo, la muerte de los grandes relatos. Nietzsche fue uno de los primeros autores, sino el primero, en advertir el desmoronamiento de la cultura occidental tradicional. Podríamos decir, junto a Massimo Desiato, que es precisamente del nihilismo como enfermedad diagnosticado por Nietzsche de donde surge directamente la cultura posmoderna.

“Es necesaria una justicia nueva. Un nuevo lema. Nuevos filósofos. La tierra moral también es redonda. La tierra moral también tiene sus antípodas. Las antípodas también tienen su razón de existir. Hay que descubrir otro mundo todavía, y más de uno. ¡A los barcos, filósofos! 10)”

Nietzsche supo ver como nadie que vivíamos en una modernidad en la que los dominadores y dominados entablan una lucha encarnizada orientada siempre por el resentimiento y el espíritu de venganza. En una primera etapa del resentimiento el hombre es desdichado y débil por lo que acaba culpando a todos los demás: “¡Por tu culpa!”. El hombre afianza sus fuerzas reactivas contra las activas y aquellas que afirman la vida en su totalidad. Pero las fuerzas reactivas hacen volverse contra si mismo y llenarse de negatividad. Ahora el hombre no dice ¡por tu culpa! sino que ahora dice ¡por mi culpa! El hombre se crea la mala conciencia. En esta era es el cristianismo, en definitiva la moral judeo-cristiana, aquel que logra que el hombre acabe interiorizando la culpa y acabe por actuar contra su cuerpo y sus instintos. Después del resentimiento y la mala conciencia llega la etapa en la que se niega la vida y la voluntad de poder se convierte en voluntad de nada. Todo comienza a ser juzgado según los valores supremos opuestos a la vida. Pero, llega por fin el punto de inflexión en el que se supone debiera comenzar la recuperación del hombre: “la muerte de Dios”. Con la muerte de Dios queda un vacío que el hombre no sabe aun como llenar. Los valores humanos comienzan a tomar el lugar de los anteriores valores supremos. Después de la muerte casi nada ha cambiado, según Nietzsche, ya que no ha cambiado la forma de valorar. El hombre desea tomar el lugar antes ocupado por Dios.

“Efectivamente, aunque Dios, en el sentido del dios cristiano, haya desaparecido del lugar que ocupaba en el mundo suprasensible, dicho lugar sigue existiendo aun cuando este vacío. El ámbito ahora vacío de lo suprasensible y del mundo ideal puede mantenerse. Hasta se puede decir que el lugar vacío exige ser nuevamente ocupado y pide sustituir al dios desaparecido por otra cosa. Se erigen nuevos ideales. Eso ocurre, según la representación de Nietzsche, por medio de las doctrinas de la felicidad universal y el socialismo así como por medio de la música de Wagner, esto es, en todos sitios en los que el cristianismo dogmático no tiene mas recursos (…) es verdad que el nihilismo incompleto sustituye los valores anteriores por otros, pero sigue poniéndolos en el antiguo lugar, que se mantiene libre a modo de ámbito ideal para lo suprasensible. Ahora bien, el nihilismo completo debe eliminar hasta el lugar de los valores, lo suprasensible en cuanto ámbito, y por lo tanto poner los valores de otra manera, transvalorarlos”11) .
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9) Marvin Harris. teorías sobre la cultura en la era posmoderna. 153.
10) Friedrich Nietzsche. En Nietzsche, 100 años después de Joan B. Linares. 195.
11) Heidegger. La frase de Nietzsche “Dios ha muerto”.

“La muerte de Dios” significa que los valores que había hasta entonces han caído, y que no hay necesidad alguna de establecer valores iguales a los antiguos, debido a la desaparición del pilar de estos, lo suprasensible. Por eso, como ya hemos mencionado antes, la superación de este nihilismo no pasa por la mera suplantación de los antiguos valores por otros nuevos, sino que se requiere para ello un nuevo principio del que derive el valor de los nuevos valores. A pesar de que el hombre no se hubiera dado cuenta todavía de la necesidad de una transvaloración, no todo estaba perdido, ya que como advirtiera Heidegger, la formula de “la muerte de Dios” constata que la nada se extiende a medida que va fagocitando todos los valores antiguos que encuentra en su camino.

“¡Ante Dios! - ¡Mas ahora ese Dios ha muerto! Vosotros hombres superiores, ese Dios era vuestro máximo peligro. Solo desde que él yace en la tumba habéis vuelto vosotros a resucitar. Solo ahora llega el gran mediodía, solo ahora se convierte el hombre superior - ¡en señor!” 12)

La época posterior a “la muerte de Dios” se caracteriza por ser la época de los hombres superiores nietzscheanos, aquellos hombres que se diferencian del vulgo en cuanto que la muerte de Dios les lleva a querer sustituirlo dando continuidad tanto al nihilismo como a la cultura occidental cimentada sobre valores metafísicos. Estos hombres están desprovistos de centro gravitatorio después de este punto de inflexión, por lo que buscan nuevas figuras que encumbrar. De todos los hombres superiores, quizá sea la sombra aquella que mejor simbolice al hombre y la mujer de la época de la posmodernidad. La sombra representa en la obra de Nietzsche la desesperación y el desarraigo característico del nihilismo posterior a la muerte de Dios. Es la sombra de Zaratustra, que después de tanto viajar con el solitario no sabe a donde ir, ha perdido el norte, su centro gravitatorio se ha desvanecido quedando a merced de las mareas y los miedos de la oscuridad. Estamos totalmente perdidos, en una situación límite carente de fundamento que nos sume en una profunda crisis, sin poder encontrar sentido ni en el más allá ni en el más acá de la modernidad. La época de la posmodernidad es ciertamente una época de nostalgia, de nihilismo, de crisis de paradigmas, de pluralismo de perspectivas. Se adueña de esta

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12) Friedrich Nietzsche. así hablo Zaratustra. 390.

época la desesperanza; ya no se toman banderas, se evitan las banderas, ya no hay banderas. La filosofía de la desesperanza reivindicada por Cioran no busca nada, busca la nada; es la demostración de la perdida de valor de toda acción. Es el viajar sin sentido de la sombra nietzscheana que Bauman compara con el vagabundo. Para Bauman los hombres y mujeres de la cultura posmoderna podrían muy bien ser comparados con los vagabundos13) . El vagabundo no sabe cuanto tiempo permanecerá donde se encuentra hoy. Fija el destino conforme avanza y va leyendo las señalizaciones del camino, más ni siquiera entonces está seguro de si se detendrá en la siguiente parada, ni siquiera de ser así por cuanto tiempo será. Lo que sabe es que la parada seguramente será temporal, y que después volverá al camino. Lo que lo mantiene en movimiento es la desilusión con el lugar donde acaba de estar y la siempre latente esperanza de que el siguiente lugar, que aun no ha visitado, o quizá el que siga después de este, este libre de los defectos que le repulsaron en los lugares que probo. Siempre animado por una esperanza no probada, empujado por la esperanza frustrada… el vagabundo es un peregrino sin destino, un nómada sin itinerario. El vagabundo viaja por el desierto, por caminos marcados por sus propias huellas. El vagabundo tiene una vida episódica, vive en el instante.
Pero el vagabundo no seria según Bauman la única comparación que podría hacerse con los hombres y mujeres de la postmodernidad, sino que también estarían representados por el turista 14), que no siendo muy diferente del vagabundo, podríamos perfectamente relacionarlo con otro de los hombres superiores nietzscheanos: El mendigo. Este ha renunciado a todo excepto una cosa. Solamente busca la felicidad, ese es su único fin. Pero la búsqueda de la felicidad es ardua, y acaba por oprimir al hombre al igual que lo hace todo lo pesado. La felicidad no puede ni debe ser el objetivo último ni del hombre ni de la humanidad. La felicidad solamente podrá llegarnos, según Nietzsche, con la llegada de la gran salud, con la transvaloración de todos los valores; una felicidad que no entenderá de humanidades, sino de individuos. Los hombres superiores deben ceder el lugar de la felicidad al sacrificio y a la lucha con el fin de lograr un futuro mejor en el que nuestros hijos si puedan gozar de esa felicidad. Pero, a pesar del pesimismo de la era de la posmodernidad, el hombre paradójico sigue buscando la felicidad a cualquier precio. Y esta es precisamente, según Bauman, la mayor diferencia entre el vagabundo que ha cedido ante esa búsqueda y el turista adinerado. El turista comparte con el vagabundo el no saber cuanto tiempo estará en cada sitio. Pero, el turista tiene la libertad que el vagabundo únicamente puede soñar. Los turistas pueden pagar y pagan por su libertad, por lo que el nivel de libertad dependerá en exclusiva del pago realizado por el turista. Ambos, turista y vagabundo viven en diferentes lugares, pero mientras el turista vive la extraterritorialidad como un privilegio, como un derecho a ser libre para elegir, el vagabundo está obligado a viajar en busca de un futuro más esperanzador. Ambos viajan por lugares diversos, como ya hemos dicho, y todos ellos están habitados por otros. A pesar de estar físicamente cerca de los nativos de los lugares a los que viajan, se mantienen en una cierta distancia, espiritualmente muy lejos. No quieren implicaciones morales con los otros. De eso depende la felicidad del turista, aquella que el vagabundo no podrá alcanzar jamás. El turista cree que con el dinero lo tiene todo abierto y que, a pesar de que solamente pueda ser de una manera estética, tiene a su mano la libertad, y por ende, la felicidad. Pero no deja de ser una felicidad falsa.
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13) Zygmunt Bauman. Ética posmoderna. 273.
14) Zygmunt Bauman. Ética posmoderna. 275.

En el mundo de la posmodernidad, el vagabundo y el turista ya no son personas marginales ni condiciones marginales. Se encuentran en moldes que engrosaran y darán forma a la totalidad de la vida y cotidianidad. Patrones con los cuales se miden todas las prácticas, glorificados por los coros de explotadores comerciales y aduladores de los medios, que imponen la norma de la felicidad y de una vida exitosa. Estos patrones vienen a estar definidos por otras clases de hombres superiores, entre los que podríamos encontrar a los dos reyes. Estos también simbolizan a otro tipo de hombre superior nietzscheano que pretenden aprovechar la nueva situación para amaestrar de nuevo al hombre. El hombre desea reemplazar a Dios. Una vez está el hombre en el lugar dejado por Dios, no es capaz de adueñarse y asimilar la nueva situación ya que es totalmente desconocida para él. Actuará, por tanto, de forma gregaria para poder asegurarse su propio bienestar y el del colectivo, por lo que intentará crearse un nuevo mundo conocido, definido por la ciencia y el lenguaje. En esta creación lingüística se hace una designación convencional de las cosas, donde la verdad y la mentira tendrán un lugar concreto. En este caso Nietzsche vuelve a reivindicar la memoria selectiva que haga recordar al hombre que el lenguaje utilizado no es más que una creación suya. Él ha sido el creador de la convencionalidad, y acaba por engañarse a sí mismo haciéndose ver que tiene ante sí cosas puras, cosas en sí. La jerarquía de valores establecida en nombre de la verdad, que no dejan de ser convencionalidades creadas por el hombre, se convierten en reglas, normas de conducta para el colectivo.
Según Barraycoa, podemos encontrar dos tipos distintos de estado en la Modernidad. Por un lado, aquellos estados que defendieron la imposición de lo colectivo sobre lo individual, y por otro lado, aquellos que defendieron la postura contraria a pesar de no por ello dejar al individuo libre de las estructuras de poder 15) . En nuestra época los estados siguen enmarcandose dentro de uno de estos dos tipos anteriormente mencionados, lo que nos dice que aun en nuestra era perviven los dos reyes, el nihilismo, la modernidad. La polémica radica en si debe existir o no el estado tal y como lo conocemos actualmente, o si debe cambiar cualitativamente desde sus cimientos; la polémica radica, por tanto, en si la formula moderna para con el estado todavía es flexible y capaz de darnos un camino mejor, o si por el contrario, la fórmula moderna está agotada y debe pasarse a una nueva forma de concebir el estado. Fenómenos como la globalización parecen refrendar aquella tesis por la cual los estados viejos debieran desaparecer; pero, también es cierto que vuelven a asomarse las tesis liberales de mano del neoliberalismo que proclama la reducción del estado. Lo cierto es que, de una manera u otra, el hombre moderno que tenía asumidas las consignas del estado moderno ha desaparecido y en su lugar han aparecido los sistemas de autocoaccion posmodernos. Estamos ante el surgimiento de las éticas individualistas, como advirtiera Lipovetsky: “la sociedad posmoralista designa la época en la que el deber está edulcorado y anémico, en la que la idea de sacrificio de sí está socialmente deslegitimada, en la que la moral ya no exige consagrarse a un fin superior a uno mismo, en que los derechos subjetivos dominan los mandamientos imperativos” 16). Pero, como el mismo autor advirtiera, esta ética a la carta en ningún caso significaría la independencia del individuo con respecto a lo social y a las estructuras del poder, ya que este mecanismo de autocoaccion sigue siendo un sistema de control. El individuo actual no necesita del estado por lo que este último ha logrado una estructura de poder tan grande que es capaz de desaparecer
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15) Javier Barraycoa. Sobre el poder en la Modernidad y la Posmodernidad. 85.
16) Javier Barraycoa. Sobre el poder en la Modernidad y la Posmodernidad. 89.

y seguir ejerciendo su poder sobre el individuo; el estado desparece sin dejar de existir, ordena sin mandar 17) .

El estado sigue ofreciendo “sutilmente” una forma de vida, una manera de ver el mundo; sigue siendo esencialmente moderno. Aunque también es cierto que al permanecer oculto acarrea otra serie de fenómenos. Por un lado, en la cultura de la posmodernidad ha desaparecido la opinión pública moderna, las autoridades tradicionales, por lo que un sin fin de opiniones sobre la realidad ocupan ahora el sitio vacío. Ante tal número de perspectivas y formas de ver el mundo, surge una nueva opinión pública antidemocrática que no deja de ser un nuevo sistema de control. Esta opinión pública configura la verdad del momento, una verdad efímera producida por los medios de comunicación. Como advierte Luhmann, todo lo que sabemos sobre el mundo y la sociedad se lo debemos a los medios de comunicación. Como mantiene Habermas en ciencia y técnica como ideología, en esta nueva era surge una nueva zona de conflictos: la opinión pública administrada por los medios de comunicación de masas. Las definiciones permitidas públicamente se refieren a que es lo que queremos para vivir, pero no a como querríamos vivir 18) si en relación con los potenciales disponibles averiguásemos como podríamos vivir . Paradójicamente, una vez los discursos totalitarios y el pensamiento único parecían haber desaparecido, reaparece de nuevo ante la indiferencia hacia la realidad por parte de los individuos. Como afirma Hannah Arendt, la dominación totalitaria no reside en el individuo convencido sino en aquel para el que ya no existe una diferencia entre lo verdadero y lo falso, reside en el individuo indiferente 19) . Ante esta pérdida del norte, los hombres superiores querrán aprovechar la situación crítica e intentar establecer una jerarquía de valores.
Mientras los dos reyes querían encumbrar al hombre en el lugar dejado por Dios, el hombre de la sanguijuela desea reemplazar los valores superiores anteriores por el conocimiento y la ciencia. Pero este no es más que un cambio de forma y no de contenido. Los mismos objetivos que perseguirían la moral y la religión ahora serán perseguidos por la ciencia. La ciencia ocupará así el lugar de Dios tras su muerte. El hombre de la sanguijuela cree al igual que los dos reyes que el hombre es capaz de conocer la verdad del mundo, las cosas en sí. Pero según Nietzsche, la ciencia se nos aparece como la antitesis de la metafísica, como la sustitución de Dios por una ciencia depositaria de un saber absoluto, cuando lo que realmente hace es instaurar una serie de ficciones basadas en supuestos ya conocidos.
Como mantiene Habermas, la ciencia y la técnica penetran de tal manera en los diversos ámbitos de la sociedad que acaban por transformar las instituciones mismas 20) . En esta transformación no se implantaba una nacionalización como tal como mantenía Weber, sino que como dijera Marcuse, en nombre de esa racionalización se impone una determinada forma de dominio político. El ejercicio de la lógica posibilita el dominio sobre la naturaleza y el hombre mismo. El método científico que nos conducía a una dominación cada vez más eficiente de la naturaleza, proporcionó también después los instrumentos para una mayor dominación del hombre. El a priori tecnológico es un a priori político en la medida en que la transformación de la naturaleza tiene como consecuencia la del hombre y en que las creaciones del hombre surgen de una totalidad social y vuelven a ella. Y sin embargo, cabe insistir
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17) Javier Barraycoa. Sobre el poder en la Modernidad y la Posmodernidad. 95.
18) Jürgen Habermas. Ciencia y técnica como ideología. 109.
19) Javier Barraycoa. Sobre el poder en la Modernidad y la Posmodernidad. 118.
20) Jürgen Habermas. Ciencia y técnica como ideología. 54.


en que la maquinaria del universo tecnológico es como tal indiferente frente a los fines políticos. Lo mismo antes que ahora son los intereses sociales los que determinan la dirección, las funciones y la velocidad del progreso técnico. Así, el dominio manifiesto de un Estado autoritario se ve reemplazado por las coacciones manipulativas de una administración técnico-operativa. La conciencia tecnocrática no puede basarse en una represión colectiva de la misma forma que lo hacían las viejas ideologías. Pero, por otro lado, la lealtad de las masas solo puede obtenerse por medio de compensaciones destinadas a la satisfacción de necesidades privatizadas 21) . Así, en esta era tecnocrática, los burócratas, militares y políticos solo vienen procediendo en el ejercicio de su poder de acuerdo con recomendaciones estrictamente científicas desde hace un par de generaciones. No se trata de que los científicos hayan conquistado el poder en el estado, sino que se han visto modificados una vez más en su estructura por la legalidad inmanente a las nuevas tecnologías y a las nuevas estrategias. Ni el especialista se ha convertido en soberano frente a unos políticos que en realidad estarían sometidos, ni viceversa, sino que más bien parece posible y necesaria una comunicación reciproca entre los especialistas y los políticos, de forma que por un lado los científicos asesoren a los políticos y, por otro, estos hagan encargos a científicos para atender a las necesidades de la practica.
Pero, en esta era de la posmodernidad, en esta prepostmodernidad, en este periodo crítico, surgen nuevas teorías que amenazan al paradigma, nuevas perspectivas que pretenden desestabilizar lo instaurado. Después de todos los cambios surgidos en el seno de la ciencia, el todo vale de laposmodernidad parece instaurarse también en este último ámbito, en nuestra opinión primeramente de la mano de Feyerabend. En contra de todo dogmatismo el propio Feyerabend mantiene que puede demostrarse que considerando cualquier regla, por fundamental que sea, hay siempre circunstancias en las que se hace aconsejable no solo ignorar la regla, sino adoptar su opuesta. Las teorías llegan a ser claras y razonables solo después de que partes incoherentes de ellas han sido utilizadas durante largo tiempo. Está claro, pues, que la idea de un método fijo, de una teoría de la racionalidad fija, surge de una visión del hombre y de su contorno social demasiado ingenua. “todo vale…es el único principio de nuestra metodología anarquista” 22) . “Avancemos un paso más y abandonemos el último vestigio de dogmatismo en la ciencia”23) . Las ciencias después de todo son nuestra propia creación, incluidos todos los severos estándares que parecen imponernos. Es bueno recordar el hecho de que es posible escapar de la ciencia tal y como la conocemos, y que podemos construir un mundo en el que no desempeñe ningún papel. La idea de que la ciencia puede y debe regirse según unas reglas fijas y de que su racionalidad consiste en un acuerdo con tales reglas no es realista y está viciada. No es realista, puesto que tiene una visión demasiado simple del talento de los hombres y de las circunstancias que animan, o causan, su desarrollo. Y está viciada, puesto que el intento de fortalecer las reglas levantará indudablemente barreras a lo que los hombres podrían haber sido, y reducirá nuestra humanidad incrementando nuestras cualificaciones profesionales.
Por supuesto, como ya he mencionado anteriormente, la ciencia y la política no son los únicos ámbitos en los que el cambio parece algo patente. Tal y como advierte Marvin Harris, la cultura de la

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21) Jürgen Habermas. Ciencia y técnica como ideología. 98.
22) Paul K. Feyerabend. Contra el método. 24.
23)Paul K. Feyerabend. Contra el método. 93.


posmodernidad también ha tenido su influencia en la antropología, donde el posmodernismo toma la máscara de posprocesualismo, entre otras, para utilizar argumentos escépticos deconstructivistas para llegar a la conclusión de que no hay un pasado objetivo, y de que nuestras formas de representar el pasado no son más que textos que producimos en función de nuestros puntos de vista sociopolíticos. En este sentido, aducen que no hay un mundo objetivo, que el propio mundo es un texto que los seres humanos producen 24) . Como mantenía Foucault, siguiendo a Nietzsche, Paul Ree y los ingleses se equivocaban al describir la historia como una sucesión lineal de la cual se podía conocer el origen. Foucault opone, por tanto, genealogía a origen, donde hacer genealogía no será partir a la búsqueda del origen, sino insistir en las meticulosidades y azares de los comienzos. El paradigma imperante desde siempre ha sido una visión lineal de la historia, apoyada en muchos casos sobre las bases de la relación causa-efecto, en otras sobre la metafísica y en el destino. Ni siquiera la ciencia se ha dado cuenta aun, con excepciones como la de Feyerabend, de la importancia que el azar tiene en la historia y ha seguido optando por el paradigma basado en la relación causa-efecto. Independientemente de que la historia pueda ser en innumerables casos interpretada por esta relación, la historia no obedece a la fuerzas de ningún destino, ni siquiera a una mecánica, sino al azar. Este azar no es de ninguna manera un simple lanzar los dados, sino una azarosa lucha entre diversas voluntades. Pero, muchos hombres superiores, ante la desesperante nada actual, optan por buscar los orígenes, mirar al pasado y andar hacia atrás como lo harían los cangrejos hasta el punto de convertirse ellos mismos en cangrejos. De todos ellos el más significativo sería sin duda el último Papa. El último Papa nietzscheano simboliza o representa a todos aquellos hombres que una vez conocida la nueva sigue sin poder ser libre ya que sigue atado al pasado y a la memoria. Cree que Dios ha muerto por no poder soportar el amor a los hombres. Sigue viviendo con aquellos recuerdos de un tiempo pasado que fue mejor, la carga que sigue manteniéndole totalmente dependiente. Aquí es donde Nietzsche reivindica el olvido y la tan criticada memoria selectiva. Para que el papa pueda convertirse en un hombre libre debe despojarse de sus recuerdos, o al menos de todos aquellos que no le permiten realizar una transmutación de todos los valores. La memoria es la responsable del espíritu de venganza y el resentimiento. Y resentimiento y venganza es precisamente lo que podemos encontrar en innumerables ocasiones tanto en las palabras de los actuales representantes cristianos, como en los actos de religiosos fundamentalistas. Nuestra época actual está marcada tanto por el hombre irreligioso y perdido como por aquel que no quiere dejar pasar lo recuerdos a los que sigue atado. “Hubo tiempos en que Dios habitaba con normalidad en la cultura occidental. Hoy Dios es un ausente. Y lo más llamativo es que no se nota. No se le echa en falta a este huésped, que era lo necesario y fundamental para la vida de otros hombres en otras épocas… Y más que militancia atea, lo que abunda es la indiferencia agnóstica… En fin, abunda el hombre irreligioso” . Abunda el hombre irreligioso,25) aquel que está perdido sin brújula y busca sentido a su vida, y en esa interminable búsqueda de sí mismo, de su centro de gravedad, tiene una infinidad de maneras de dar sentido a su alcance. La religión en la modernidad, como un producto cultural más, se enfrenta a una situación de mercado. Como mantiene Lipovetsky, ahora los creyentes no siguen un dogma único, sino que eligen a la carta aquello en lo que quieren creer. Se mezcla el Coran con los evangelios o con cualquier otra religión situando la espiritualidad en la era caleidoscópica 26).

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24) Marvin Harris. teorías sobre la cultura en la era posmoderna. 157.
25) Manuel Fernández del Riesgo. La posmodernidad y la crisis de los valores religiosos. 77.
26) Manuel Fernández del Riesgo. La posmodernidad y la crisis de los valores religiosos. 83.

Hay otras veces en las que la nostalgia se convierte en resentimiento. El mago nietzscheano no quiere ni siquiera la felicidad; su odio y resentimiento hace que la vieja mala conciencia perdure y lo corroa, y lo distancia cada vez más de la felicidad. El mago vive en sus recuerdos, al igual que el último papa, pero mientras este último lo hace entre lamentos soñando volver al pasado, el mago solamente recuerda el dolor sufrido en el pasado, dolor que acaba por convertirse en resentimiento, y este en espíritu de venganza contra todo el mundo. Experimenta todo lo que atañe como un ataque u ofensa. Este hombre solo vive para vengarse del que lo oprime; no busca su libertad sino devolverle al verdugo todo el dolor que ha sufrido. No puede vivir sin el otro. El otro da sentido a su vida. Si bien en el terreno de la política se ha sabido prescindir en cierta medida de la venganza, no hay que olvidar que este sentimiento sigue produciendo mucho dolor en otros ámbitos muy diversos.
En este periodo de supuesta posmodernidad, bajo la lógica del individualismo, han desaparecido los grandes movimientos de masas que han sido sustituidos por nuevos movimientos sociales, como mantendrá Lasch: “Los movimientos radicales que perturbaron la paz del siglo XX han fracasado uno tras otro, y en el horizonte no han aparecido sucesores. La clase obrera industrial, en otro tiempo sostén principal del movimiento socialista, se ha convertido en un lastimoso vestigio de sí misma. La esperanza de que los “nuevos movimientos sociales” ocuparan su puesto en la lucha contra el capitalismo, que sostuvo brevemente a la izquierda a finales de los años setenta y principios de los ochenta, se ha quedado en nada. No solo es que los nuevos movimientos sociales – feminismo, derechos de los homosexuales, derechos de bienestar, agitación contra la discriminación racial – no tengan nada en común entre sí; además, su única exigencia coherente aspira a la inclusión en las estructuras dominantes más que a una transformación revolucionaria de las relaciones sociales” 27).

Finalmente, nos encontramos con el adivino, el último hombre. De entre todos los hombres superiores, este, el adivino, es el que más se acerca al cambio real, ya que él es el anunciante de la última fase del nihilismo, y la llegada de la nueva era. Él nos advierte de la llegada del último hombre, una vez los hombres hayan visto que no se debe sustituir a Dios con otros valores mientras se siga valorando de igual manera. Advierte de la llegada del hombre que quiere perecer para dar lugar a un ser más allá del hombre moderno, al ultrahombre, el hombre de la ultramodernidad o posmodernidad. Un hombre que sabe darse a sí mismo un estilo.
La política deja de tener el peso específico que tenía, y deja su lugar a la estética. Como bien dice Foucault, después de asistir a la muerte de Dios, nos hemos encontrado con la muerte del hombre, del sujeto. “La vida se entiende como la necesidad de liberarse a sí mismo continuamente, esto es, una permanente autocreacion”, es decir, un continuo imaginar y crear, un continuo desfile de máscaras.
En la psicología también se ha notado el cambio que está por venir. La psicología moderna, independientemente de la posición teórica desde la que se practique, posee un conjunto de nociones metafísicas típicas de la cultura occidental moderna. Pero, estas nociones metafísicas se han ido viendo cuestionadas desde el siglo XX. Con esta crítica a las nociones metafísicas, las bases sobre las que estaban cimentadas las ciencias sociales acaban por debilitarse dando lugar a la necesidad de buscar nuevos supuestos o nociones.

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27) Javier Barraycoa. Sobre el poder en la Modernidad y la Posmodernidad. 97-98.

El paradigma moderno, por tanto, junto a sus principios fundamentales comienzan a tambalearse junto con la cultura de la que han surgido. Hoy parece claro afirmar que el sujeto se ve como algo fragmentado y no único y homogéneo. Una vez admitido que el sujeto se fragmenta, parece admitirse también el que cada observador tiene un conjunto de prejuicios, valores y preconcepciones. Así, ante el determinismo moderno se alza una perspectiva de la complejidad que apuesta por la inexistencia de un orden universal sujeto a una relación causa-efecto que determinen los hechos. Se admite, por tanto, la fragmentación no solo del individuo, sino también de la realidad que ya no es una sola sino que estamos ante múltiples versiones de la misma. Estas visiones o perspectivas están unidas inevitablemente a las condiciones sociales e históricas que lo hicieron posible y a los individuos que lo elaboran. Esto nos lleva inevitablemente a un subjetivismo que afirma que el conocimiento que se obtiene de la realidad es un producto subjetivo del observador. Estas características que definen de alguna manera el conjunto de las diferentes teorías de la cultura de la posmodernidad ya estaban presentes en el constructivismo y en Nietzsche.
Para el pensador alemán, el hombre es un caos. No cree en un yo, en un sujeto pensante cartesiano, sino que el hombre es un cúmulo caótico de relaciones de poder entre diferentes “yo” ocultos. El hombre es un conjunto de fuerzas de vida que luchan entre sí, fuerzas de pensamiento, como diría Deleuze 28). Tanto la palabra sujeto o yo como la palabra fuerza no son más que signos, juegos de palabras. El sujeto no es otra cosa que una unidad imaginaria inventada que oculta tras de sí una pluralidad de voluntades. El yo está puesto por nuestro pensamiento. De ahí que para Nietzsche la afirmación cartesiana por la cual el origen del pensamiento es el sujeto es totalmente falsa. Los pensamientos no son producidos por el yo, por el sujeto, y menos aun cuando el sujeto así lo quiere. El pensamiento desborda al sujeto, se le impone cuando quiere. Por tanto, el mismo hecho de pensar no existe, al menos como los racionalistas desean, sino que no es más que otra abstracción. El hombre es internamente una relación social entre diferentes sujetos, diferentes personas. Estas diferentes formas de ser, estas personalidades van asomándose dependiendo de las circunstancias para poder ejercer el rol adecuado en cada instante. Nietzsche deseaba así ver ante su un nuevo hombre, un hombre dionisíaco, un actor que desempeña diversos papeles. Un comediante que viaja a través de miles de almas diferentes. El hombre trágico es un actor que está en un continuo ensayo, en un continuo experimentar en una búsqueda de sí mismo. Un continuo superarse a sí mismo. Debe buscar la renaturalización, una experiencia de lo trágico, una experiencia estética, en definitiva. Es así como Nietzsche convierte al hombre en una obra de arte.
El sujeto de la prepostmodernidad no debe buscar el carácter revolucionario, no debe pretender destruir para instaurar un nuevo orden, ya que cambiar las normas restaurando una nueva estructura social-moral lo único que hace es hacerla entrar de nuevo en la visión metafísica de la moral como instinto de rebaño . No se ha de buscar, por tanto, una utopía en la que la sociedad al completo cambie, sino la era en que los hombres diferentes puedan vivir como quieran fuera de la moral del rebaño. Después de ver todos los cambios que ha sufrido el poder dominante hasta poder hacerse invisible, creemos que es un poco absurdo pensar que la moral de rebaño 29) desaparecerá en alguno momento. Al igual que hiciera Nietzsche, se aboga por la diferencia, mientras la diferencia no acabe por convertirse en regla, ya que entonces dejaría de ser diferencia para convertirse en regla. El individuo debe experimentar continuamente e inventarse todas veces cuantas quiera.

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28) Gilles Deleuze. Nietzsche. 15.
29)Gianni Vattimo. El sujeto y la mascara. 266.

Debe dar un estilo a su vida. De acuerdo con Bataille, el hombre podrá ser soldado, revolucionario o incluso sabio, pero nunca un hombre total a no ser que haya superado el estadio de la acción. El hombre fragmentado e incompleto debe ser experimento, debe querer ser experimento de sí mismo teniendo como objetivo la superación de sí mismo. Pero en esta experimentación, en esta continua lucha de resistencia, el objetivo no debe ser en ninguno de los casos la libertad, ya que optar y luchar por la libertad significaría alienarse, ponerse al lado de algo. Bataille, consciente de esta situación desesperante, creía que ante la nausea que le producía esta situación, el hombre acaba inevitablemente sumido en la locura. Ante tal incoherencia solo la suerte podrá guiarnos. No hay metas, solo hay suerte. La causa corta las alas al hombre, por lo que el hombre no debe seguir ninguna causa. Pero, como ya hemos dicho, la ausencia de metas, la ausencia de causas, la incoherencia, nos lleva inevitablemente a la soledad, al ostracismo, a la locura. Por tanto, ¿Qué le queda al hombre? Solamente la resistencia continua. Consciente de la imposibilidad de cambiar la humanidad, de cambiar la sociedad; consciente de la imposibilidad de completarse mediante la lucha por la libertad, al hombre incompleto y fragmentado solo le queda la continua resistencia individual. Pero, como muy bien preguntara Camus, ¿se puede vivir sin creer en nada? Quizá. Vivir sin creer en nada, simplemente confiando en la suerte, en lo que venga, en definitiva, vivir en una continua resistencia, en una continua rebelión contra la sociedad, contra la cultura dominante que siempre intenta controlarnos y homogeneizarnos. Siempre y cuando entendamos la rebelión como una resistencia ante todo aquello que pretende alienarnos, y no como una revolución encaminada a la consecución de un Bien común, de la libertad común. Si el objetivo es una rebeldía como método, como medio para la consecución de la libertad, la igualdad o cualquier otra meta colectiva, el hombre seguirá alienado formando parte de los engranajes del nihilismo, como una pieza más del puzzle. Después de la muerte de Dios, el hombre se encuentra ante una nueva situación, la ausencia de meta-relatos, la ausencia de reglas, es decir, todo está permitido y nada está permitido. Si ya no hay ninguna ley que regule nuestros actos y los prohíba, tampoco hay leyes que autoricen nuestros actos. Esta ética a la carta y el dejarse llevar por el azar contra toda imposición y toda bandera hunde al hombre de la preposmodernidad en una nueva paradoja, en un nuevo callejón sin salida. La teoría posmodernista es tildada de conservadora por los críticos ya que ante tal proliferación de perspectivas y tal pluralismo de juegos el consenso local y temporal se nos aparece como una tarea verdaderamente ardua, quizá imposible. ¿Cómo discernir la injusticias sociales? Así, una crítica sociopolítica racional es inviable, al menos desde una perspectiva moderna, claro. Yo no puedo estar más en desacuerdo con esta crítica, ya que como bien dice Anastasio Ovejero, “el postmodernismo puede estar convirtiendose en una nueva metanarrativa que deslegitime todo esfuerzo político por cambiar la realidad y por hacerla más justa”. Los pensadores posmodernos se salen conscientemente, al igual que hiciera Foucault, del juego del lenguaje izquierda-derecha. Esto, lógicamente, dificulta la necesidad de algunos por definirlo todo como izquierdista o derechista. Estoy de acuerdo con Ovejero cuando dice que es difícil calificar de conservadores a psicólogos sociales “posmodernos” comoWexler, Shotter, Billing o Tomas Ibáñez. Muchos de estos pensadores “posmodernos” siguen la linea tanto nietzscheana como foucaultiana, lineas difícilmente catalogables. En definitiva, del posmodernismo surgieron dos direcciones antagónicas. Por un lado, un postmodernismo conservador que abogaba por una vuelta al periodo premoderno; y por otro lado, un postmodernismo progresista y radical. Este postmodernismo no se opone frontalmente a la modernidad sino que pretende radicalizar la modernidad, como mantiene Ovejero, “a traves de la deconstruccion del propio discurso de la modernidad”. Nietzsche y Foucault parecen ser las piedras angulares de estos pensadores. “Si resulta francamente difícil decir que Nietzsche era conservador y su obra reaccionaria, más difícil resulta aún decir que Foucault tambien lo es, aunque tal vez tampoco sea fácil hablar de ellos como izquierdistas”. Tambien es cierto que muchos de los autores “posmodernos”, a pesar de seguir muy de cerca de Nietzsche, Heidegger, Wittgenstein y Foucault, tambien siguen la linea marcada por la escuela de Francfort y autores como Adorno, Horkheimer o Marcuse.

Resumiendo, la posmodernidad, siempre según del Riesgo, se ha configurado con los siguientes rasgos: “mentalidad pragmático-operacional, visión fragmentada de la realidad, antropocentrismo relativizador, atomismo social, hedonismo, renuncia al compromiso y desenganche institucional a todos los niveles: político, religioso, familiar… Todo ello es, en alguna medida, consecuencia de la derrota del ideal del racionalismo iluminista y científico-positivista unificadores del proyecto moderno”
30)
. Estas son algunas de las características de la era de la posmodernidad, preposmodernidad, los síntomas de un tiempo en crisis. El mismo Lyotard es consciente de que la misma utilización del término posmoderno nos devuelve a la modernidad, pues implica la idea de periodización histórica, es decir, una idea moderna. Por tanto, para Lyotard, posmoderno no significa otra cosa que un estado de ánimo, de pensamiento.
Todavía no se puede decir que el cambio sea total, que estemos en esa época posmoderna o ultramoderna - si como dice Habermas, la modernidad es un proyecto no acabado, actual, el término posmoderno no sería adecuado y mejor sería utilizar el de ultramoderno - en la que la transvaloración se ha resuelto, ya que como advierte Vattimo, las grandes narraciones,31) los meta-relatos, no han pasado y desaparecido en su totalidad; se han vuelto problemáticas, se tambalean, pero aun así y todo siguen constituyendo el único contenido de nuestro pensamiento . Como advierte también Lyotard, la transmisión de los meta-relatos conlleva consigo recuerdos, valores y comportamientos, perspectivas o modos de entender la vida, todo aquello que sigue uniéndonos al colectivo y a la modernidad. Esta es la razón por la que Lyotard cree que debemos acabar con todas las meta-narraciones, ya que mientras sigamos viviendo con meta-relatos seguiremos pensando y actuando en base a estos. Es característico de la condición posmoderna un cierto relativismo; ya no existe una sobredeterminación sobre lo que es el bien y el mal, los meta-relatos carecen de validez universal, y ante esta situación el individuo se procura sus propios criterios de validez . Pero, quizá los posmodernos exageren al decir que podemos prescindir de las grandes narraciones, ya que aun hoy por hoy seguimos pensando en base a ellas, si bien es cierto que las sociedades occidentales actuales no los siguen en masa y cada individuo tiene la posibilidad de crear sus propios criterios de validez.32) Ciertamente hemos pasado de una sociedad de masas a un cierto individualismo. Según Lyotard, de la descomposición de los grandes relatos trae consigo un cambio social que algunos como Baudrillard definen como el paso de las colectividades sociales a una masa compuesta de átomos individuales lanzados a un movimiento absurdo . 33)Según Lyotard, vivimos en medio de una pluralidad de reglas y comportamientos sin posibilidad de encontrar denominadores comunes.

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30) Manuel Fernández del Riesgo. La posmodernidad y la crisis de los valores religiosos. 89.
31) José María Mardones. El neo-conservadurismo de los posmodernos. 29.
32)Josetxo Beriain. Modernidad y sistemas de creencias. 135.
33) Jean-François Lyotard. La condición posmoderna. 36.


Ante el pluralismo y las reglas heterogéneas la búsqueda de consenso se vuelve algo inútil y sospechoso ante los diversos intentos de dominación y totalitarismo. El individuo duda de lo que le rodea, pero la gran mayoría sigue haciendo caso a la información que llega a través de los medios de comunicación, a sabiendas de que todos estos no ofrecen más que una cara de la verdad, una marcada perspectiva. Pero, tampoco hay que obviar la proliferación de medios de comunicación, sobre todo gracias a Internet, y la lógica proliferación de puntos de vista. Según Vattimo, los medios de comunicación caracterizan a esta sociedad mucho más compleja y caótica, y no más ilustrada o más transparente. Es, como ya hemos dicho, en este caos donde los posmodernistas buscan la emancipación. Pero, ¿en que medida han ayudado los medios de comunicación? A pesar de los intentos de los monopolios y centrales capitalistas, los medios de comunicación han propiciado el surgimiento de nuevas perspectivas o viejas perspectivas que nunca fueron sacadas a la luz publica; se da una multiplicación y
proliferación de perspectivas y modos de entender el mundo, weltanschauungen 34). Es así que la posibilidad de entender de diversas maneras la realidad, la proliferación de definiciones, hace más difícil, imposible, la concepción de la realidad como una. Como vaticinara Nietzsche, el mundo real a la postre se convierte en fábula: “La realidad, para nosotros, es más bien el resultado de cruzarse y contaminarse las múltiples imágenes, interpretaciones, re-construcciones que distribuyen los medios de comunicación en competencia mutua y, desde luego, sin coordinación “central” alguna”35) . Como mantiene Bauman, mientras la perspectiva posmoderna ofrece más sabiduría, el entorno posmoderno dificulta esa sabiduría. Estamos de nuevo ante la paradoja posmoderna, que explica de alguna manera porque este periodo está en crisis 36). La mente posmoderna es consciente de que algunos problemas de la vida humana y social no tienen soluciones adecuadas; son trayectorias torcidas que no pueden enderezarse, ambivalencias que son más que errores lingüísticos que piden ser corregidos, dudas cuya desaparición no puede legislarse, agonías morales que ninguna receta dictada por la razón puede calmar, y mucho menos curar. La mente posmoderna no espera ya encontrar la formula universal y última para una vida sin ambigüedad, riesgo, peligro y error, y sospecha profundamente de cualquier voz que prometa lo contrario. A pesar de la multiplicación de perspectivas, a pesar de la constatación de la diversidad de dialectos, de alguna manera la nostalgia de los horizontes cerrados aun está arraigada en nosotros como individuos y como sociedad, y no nos deja coger lo barcos y adentrarnos en el mar.
Es, por tanto, en esa diversidad de juegos lingüísticos, en esa lucha paradigmática donde reside la importancia del posmodernismo. Según Vattimo el termino posmodernidad tiene sentido ya que en algún aspecto esencial la modernidad ha concluido, aunque no se haya ido del todo. A pesar de que los autodenominados posmodernos exijan una ruptura cualitativa de la modernidad, no debemos olvidar que para algunos no es mas que una nueva moda de la modernidad, como mantiene Leo Strauss. Ante la cultura homogeneizadora y uniformante dominadora surgen nuevas vanguardias que acaban irremediablemente siendo fagocitadas, se convierten en cultura de masas y del consumo. Su carácter es totalmente conservador al final. Pero, también es cierto que de aquellos movimientos contraculturales de los 60 que dieron lugar al neo-misticismo y al reconocimiento de la espiritualidad oriental, queda aun aquella inquietud espiritual con la que iniciaron su camino. Así, independientemente de que la cultura de la posmodernidad o prepostmodernidad sea una moda moderna, independientemente de que esta moda pueda ser fagocitada y engullida, dejará el caldo de cultivo que posibilite el cambio y la muerte de la modernidad. El que el término posmodernidad y todo lo que acarrea esté rodeado por una espesa nebulosa que dificulta la definición no quita que aquello que vislumbramos tras la nebulosa nos pueda hacer pensar que algo está cambiando. Moda o no, algo está cambiando.
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34) Gianni Vattimo. Posmodernidad: ¿una sociedad transparente? en En torno a la posmodernidad, 13.
35) Gianni Vattimo. Posmodernidad: ¿una sociedad transparente? en En torno a la posmodernidad, 15.
36) Zygmunt Bauman. Ética posmoderna. 278.


Bibliografía:
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Albrecht Wellmer. Sobre la dialéctica de modernidad y postmodernidad. La balsa de la medusa. 2004
Callinicos. Contra el posmodernismo.
Gianni Vattimo. El sujeto y la mascara. Península. 2003.
G. Vattimo y otros. En torno a la posmodernidad. Anthropos. 2003.
Javier Barraycoa. Sobre el poder en la modernidad y la posmodernidad. Ensayos sociales nº3. 2003.
Jean-François Lyotard. La condición postmoderna. Cátedra. 2006.
Jesús Ballesteros. Postmodernidad: decadencia o resistencia. 2000.
Joan B. Llinares. Nietzsche 100 años después. Colección filosofías.
Jürgen Habermas. Ciencia y técnica como “ideología”. Tecnos. 1999.
Massimo Desiato. Nietzsche, critico de la postmodernidad. Monte Ávila editores latinoamericana. 1998.
Marvin Harris. Teorías sobre la cultura en la era posmoderna. Critica. 2007.
Michel Foucault. Nietzsche, la genealogía, la historia. Pre-Textos. 2000.
Nietzsche. Así hablo Zaratustra. Alianza editorial. 1997.
Paul K. Feyerabend. Contra el método. Ediciones Folio. 2002.
Thomas Kuhn. La estructura de las revoluciones científicas. Fondo de cultura económica. 2000.
Zygmunt Bauman. Ética posmoderna. Siglo XXI. 2006.




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