La doble Alianza

Juan Carlos Marín, María Luisa Torregrosa, Karina Kloster y Jordi Vera

Publicado el: 23/08/07


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El reciente informe sobre la situación social en el mundo, realizado por las Naciones Unidas, destaca que pese al considerable crecimiento económico de muchas regiones, es alarmante el aumento de la desigualdad, tanto dentro como entre los países, cuyas consecuencias negativas no sólo repercuten en el ámbito del desempleo, la precariedad laboral y los salarios, sino que además desencadena como efecto una inestabilidad social a nivel mundial.



Introducción

Difícilmente podríamos poner en duda el aumento de la producción a escala mundial, sin embargo, este se ha dado como resultado de un creciente empobrecimiento relativo a esa misma escala y a expensas de un desequilibrio ecológico que resulta peligroso por su irreversibilidad.

En este sentido, el reciente informe sobre la situación social en el mundo, realizado por las Naciones Unidas, destaca que pese al considerable crecimiento económico de muchas regiones, es alarmante el aumento de la desigualdad, tanto dentro como entre los países, cuyas consecuencias negativas no sólo repercuten en el ámbito del desempleo, la precariedad laboral y los salarios, sino que además desencadena como efecto una inestabilidad social a nivel mundial2.

Al mismo tiempo, también se hacen cada vez más evidentes las consecuencias del deterioro medio ambiental ligado al aumento insostenible de la producción. El cambio climático, la desaparición de especies, la contaminación ambiental y el agotamiento de las reservas de combustibles fósiles son sólo algunos ejemplos de dicho deterioro3. Por otra parte, el efecto que éste tiene sobre las condiciones de vida de la población y la producción son muy grandes, prueba de ello es el proceso de desertificación de algunas regiones del planeta y la inundación de otras4.

Estos dos procesos no sólo están siendo analizados de manera separada y escindida, sino que a su vez la teoría que se ha generado para enfrentarlos prescinde de una explicación clara acerca de ellos.

De esta manera, la articulación del deterioro del orden natural -que produce desequilibrio ecológico- y del orden social –que produce pobreza, desigualdad y conflictos-, amenaza con una crisis de mayor envergadura. Ya comienzan a observarse los efectos negativos que produce esta articulación5, y a pesar de esto, la magnitud e intensidad creciente de dicha articulación es actualmente un inobservado. El problema de que se constituya como un inobservado tiene que ver con que no produce los efectos de predictibilidad y previsión necesarios que permitan a los organismos más sustantivos de la planeación mundial hacer algo al respecto6.

La imposibilidad de hacer observable las consecuencias de la presencia humana en el planeta, ha contribuido a reforzar su indefensión ante estos efectos a nivel mundial. Es altamente alarmante la incapacidad de evitar desastres humanos ante situaciones de sismos, inundaciones, terremotos, ciclones. A pesar de que la posibilidad de predecirlos es cada vez mayor, ello no ha traído consigo un cambio de conducta en las formas de urbanizar o implementar infraestructura material y humana para el manejo de riesgos.

Es en este contexto de indefensión humana causada por lo inobservado de la articulación de los procesos de desenvolvimiento de la naturaleza y de la creciente conflictividad del orden social que se instala nuestra problemática del agua.

Desde nuestra perspectiva, es conveniente aclarar que esta problemática se nos presenta como una cuestión dual, el acceso y su saneamiento. Es importante señalarlo porque si uno reconstruye la historia de cómo aparecen estos problemas en la humanidad vemos que su resolución responde, objetivamente, a procesos sociales cuyas identidades son muy diversas. Los procesos reales que están articulados con el acceso al agua, su desalojo y saneamiento son diferentes, y no necesariamente están vinculados entre sí. La creciente articulación de estos elementos es reciente y está muy asociada al proceso de urbanización campo ciudad a nivel mundial.

Ahora bien, ¿cómo encontramos que se enfrenta la resolución de esta problemática del agua en el mundo contemporáneo? ¿Qué es lo que observamos?

El problema del agua y las formas de enfrentarlo

Existen dos grandes tendencias que enfrentan la resolución del acceso del agua. Por un lado existe la tendencia de la política de los grandes Estados Nación a asumir las cuencas y su territorialidad como un problema de seguridad nacional. Esta determinación goza de un importante consenso, no necesariamente mayoritario, por parte de la ciudadanía que está dispuesta a legitimar su apropiación, incluso político militar, en este campo7. Por otro lado, encontramos que a nivel de algunos organismos internacionales8 existe de forma embrionaria y errática, la intención de colaborar en la construcción de una ciudadanía de carácter más universalista. Desde esta perspectiva esta construcción ciudadana sería la única garantía de que el acceso al agua llegue a ser un derecho humano universal.

Si bien estos organismos logran proponer iniciativas y avances para instalar el tema del agua como derecho humano hasta ahora éstas han fracasado. Desde nuestra perspectiva, este fracaso se ha dado por no otorgar prioridad al problema de resolver la construcción de una voluntad de poder que sea capaz de crear las condiciones reales para implementar el derecho al agua. Ejemplo de ello lo constituye la imposibilidad de cumplir las Metas del Milenio a pesar del compromiso asumido por muchos países. Desde nuestra perspectiva, aquellos Estados que firmaron y se comprometieron en el cumplimiento de las Metas del Milenio presuponían que contaban con una voluntad política capaz de enfrentar esa determinación y hacerlas cumplir. Se comprometieron como miembros de un colectivo internacional, sin tener en cuenta que el nivel de Estado Nación no necesariamente posee una articulación en correspondencia para la implementación del tipo de acciones que exige el cumplimiento de estos acuerdos9.

En el plano de nuestra reflexión estas dos alternativas –agua como recurso estratégico de los Estados Nación o agua como derecho humano- se nos presentan como mutuamente excluyentes. Sin embrago, en el plano de la realidad nos encontramos que esto pudiera expresarse como confrontaciones crecientemente dramáticas10. Esto es así debido a que el modo de enfrentar esta problemática refiere, por un lado a la voluntad política operante que resuelve prioritariamente para una fracción social o nacional excluyendo sistemáticamente a otras; y por otro lado, a que las iniciativas de carácter local, regional e internacional logran resolver el acceso al agua y su saneamiento sólo de manera parcial y fragmentaria.

Ahora bien, ¿de dónde pueden nacer las condiciones reales y objetivas para la emergencia de una voluntad de poder que asuma el agua como un patrimonio de la humanidad y en consecuencia construya la capacidad de realizar el derecho humano al agua?

El marco de las luchas por el agua

En la medida en que el agua es un recurso vital existe una lucha permanente de todo el orden social por resolver su acceso y saneamiento. En este sentido, el espectro de las luchas por el agua es ampliamente heterogéneo y abarca desde las políticas de los organismos financieros internacionales y las políticas estatales hasta las formas como los de abajo luchan por su resolución. Por supuesto que entre un extremo y otro existen resoluciones intermedias de todo tipo.

Estamos entendiendo por lucha del agua, con o sin enfrentamientos11, a todos los esfuerzos que en las sociedades se realizan para enfrentar la resolución del acceso y su saneamiento. En esta perspectiva, tenemos en términos genéricos, dos grupos de experiencias: aquellas que están ancladas en las determinaciones de las políticas financieras internacionales y estatales y aquellas de los que la resuelven “como pueden”, constreñidas a hacerlo a partir de sus propios recursos, aunque estos sean escasos, y sus eventuales redes solidarias.

Nos interesa enfatizar que por un lado encontramos una enorme acumulación de conocimiento y tecnología mientras que, en el otro extremo, observamos un reservorio excepcional de capacidades que nos muestran una voluntad de resolución original.

Por parte del primer grupo de experiencias no podemos negar que ha habido una gran inversión y una enorme cantidad de acciones que han permitido una excepcional acumulación de conocimiento tecnológico12. A pesar de esto, la incongruencia existente entre el esfuerzo financiero, el proceso político que se desencadena y el problema real que se manifiesta, ha impedido que estas acciones incidan fundamentalmente sobre la población que no tiene una relación estable y humana de acceso al agua. Por otra parte, se ha llegado a la conclusión de que la forma actual de enfrentar la resolución del problema -resolver el acceso al agua y el saneamiento de la población mundial que aun no lo tiene-, a partir de transferir mecánicamente la tecnología actual, requiere de una inversión de tal magnitud que los mismos organismos internacionales han reconocido imposible de financiar.

Por parte del segundo grupo existe una gran variedad de de experiencias desarrolladas por aquellos que, en condiciones de extrema pobreza, enfrentan la resolución del acceso al agua y el saneamiento con la profunda convicción de que sus luchas frontales por el agua constituyen un derecho humano, un patrimonio de la humanidad, y que estas son legitimas a pesar de que muchas veces transiten por el territorio de la ilegalidad. Estas experiencias están vinculadas a la presencia de un enorme reservorio de fuerza de trabajo en constante acción solidaria para resolver el acceso y mantenimiento saludable del recurso. Junto a esto, también observamos la existencia de un “nuevo” y desconocido conocimiento -o quizás la capacidad original y no convencional de crear conocimiento- para la resolución de estos problemas. De esta manera, en la territorialidad del conflicto por el agua encontramos una gran diversidad de acciones solidarias que logran enfrentar y construir resoluciones originales, de formas sociales relativamente exitosas. Sin embargo, la mayoría de estas experiencias no están observadas, registradas, y mucho menos analizadas o tenidas en cuenta.

La respuesta generalizada a la resolución de los problemas de los sectores más desfavorecidos, ha sido echar mano al financiamiento especulativo de la tecnología preexistente, y en el mejor de los casos intentar su adaptación. El peligro de que los paquetes tecnológicos se instalen o transfieran mecánicamente –ya sea de forma involuntaria o con intenciones mercantiles- tiene que ver con que en la práctica no resuelven el problema debido a que la transferencia tecnológica no construye las capacidades necesarias para una solución real del problema.

En este sentido, la inversión correspondiente a la transferencia / instrumentación de estas tecnologías parte del supuesto de que son tecnologías de capital intensivo, construidas y aplicadas en condiciones de privilegio, y soslaya los recursos más sustantivos como son el reservorio de trabajo existente y la enorme variedad de experiencias solidarias que expresan las formas de cooperación productiva construidas a partir de ese excedente de fuerza de trabajo.

Por lo tanto, al transferir tecnología, no se ha usado la capacidad que los ámbitos de generación de conocimiento y desarrollo tecnológico tienen para registrar, leer, conocer, y dar cuenta de estos procesos de resolución original que la población en condiciones de pobreza y sus redes solidarias han implementado. Estos espacios y experiencias pudieran ser la argamasa fundamental para la creación de conocimiento ya que cuentan con elementos favorables, como son un reservorio de fuerza de trabajo y de experiencias precarias acumuladas, en las cuales una pequeña vuelta de tuerca de conocimiento bastarían para que estas experiencias fueran campo de conocimiento excepcional de resoluciones socio-tecnológicas de acceso al agua y al saneamiento.

Estas experiencias exigen un conocimiento riguroso sobre todo a partir de quienes tienen la mayor capacidad acumulada para llevar a cabo esta tarea, los investigadores de las ciencias naturales y sociales.

No es suficiente contar con un consenso para construir las condiciones reales de acceso universal al agua y su saneamiento. Se debe además, enfrentar una gran variedad de obstáculos materiales y tecnológicos sobre todo en situaciones en las que las condiciones de construcción de conocimiento han estado monopolizadas y concentradas en satisfacer las demandas de los sectores privilegiados en detrimento de los sectores más pauperizados. ¿Es posible enfrentar estos obstáculos?

El estado del conocimiento: un monopolio

El conocimiento original y su aplicación se presentan, crecientemente, como un privilegio instalado en los centros de investigación de las grandes transnacionales o en los investigadores financiados por estos mismos consorcios en las universidades del mundo. Esta situación limita la posibilidad de hacer investigación de base en los ámbitos y experiencias que pueden y debieran ser analizados. No se conoce cómo utilizar el conocimiento para resolver las condiciones de pobreza que se generan; por ello, prácticamente no existe investigación tecnológica a partir de las condiciones objetivas más dominantes en el planeta – tremendamente desfavorable - de resolución de acceso al agua y saneamiento.

De esta manera, en la medida que la capacidad de conocimiento está socialmente restringida, el monopolio en la producción del conocimiento se nos presenta como un obstáculo. Este monopolio restringe los esfuerzos de resolución del problema a condiciones sociales y naturales aparente y únicamente más favorables. En este sentido la imposición de este conocimiento preexistente, tecnológicamente dominante, actúa como obstáculo debido a que produce incapacidad para observar lo que de original y favorable existe en las zonas más carenciadas y pauperizadas de la sociedad. Aunque somos conscientes que romper este monopolio es muy improbable en su inmediatez, creemos que una posible y deseable tarea seria que, en el territorio de las luchas por el acceso más igualitario al agua y al saneamiento, se vaya construyendo conocimiento en la dirección de intentar revertir las condiciones inhumanas de las zonas más pauperizadas. ¿Es posible construir este conocimiento?
Abriendo el monopolio de conocimiento

Es necesario transitar por varias etapas. En primer lugar, es preciso construir un conocimiento a partir de las condiciones reales naturales y sociales existentes, y de los procesos que los articulan13. Este es un conocimiento complejo que debe surgir de los elementos básicos operantes en las situaciones objetivas que permitan determinar cómo se da la resolución concreta a problemas específicos de esa realidad.14 Una vez que este conocimiento está construido aparece una segunda demanda, que es la construcción de tecnología adecuada, que tiene como prerrequisito no sólo las condiciones naturales sino también las condiciones sociales de su realización15.

El conocimiento es imprescindible para resolver dos aspectos, por un lado las exigencias tecnológicas específicas acordes a los poblamientos a los que va dirigido. Por otro lado, para instalar las precondiciones que ayuden a la toma de conciencia del proceso de cómo llegaron a la resolución de la problemática, tanto en los que desarrollaron las experiencias originales como en los que la analizan. Es en esta dirección que se colabora en la generación de una fuerza adicional cuyo carácter social contribuye a la formación de una voluntad de poder.

Aquellos investigadores capaces de construir este conocimiento pertinente se presentan, para los investigadores cautivos del monopolio de conocimiento, como una convocatoria ética fundada en la demanda ética a la integración del conocimiento científico.

La nueva alianza

Los investigadores, de las ciencias naturales y sociales, están sometidos a un dilema insoslayable: responder a las urgencias contradictorias y muchas veces antagónicas que permanentemente ejercen sobre ellos las diferentes identidades sociales de la humanidad.

Es en el mandato ético que impone la necesaria integración de la investigación científica en donde quizás anide la determinación moral que nos permita comenzar a construir una fuerza social que nos posibilite abrir el monopolio del conocimiento.

Colaborar en la resolución de los problemas que actualmente desencadena el desenvolvimiento de todo el orden social sobre la totalidad creciente de la biomasa terrestre, nos exige construir una estrategia científica que demuestre ser capaz de articular humana y simultáneamente el enfrentamiento a los problemas que expresan dichos dilemas.

Una nueva alianza entre la humanidad y el resto de la naturaleza se nos impone como la única alternativa para evitar la irreversibilidad del aniquilamiento de nuestra identidad esencial como expresión de una biomasa16.

¿Es posible una nueva alianza?

Antes de responder, conviene aclarar enfáticamente que es imprescindible que así suceda, de lo contrario entraremos en un vértigo catastrófico. La capacidad humana de conocer y prever las causas de lo que hasta hace poco eran catástrofes sorpresivas ha evolucionado enormemente y con ello también ha quedado al descubierto que la indefensión humana crece para todos y no solo aumenta su mayor intensidad en los sectores más desposeídos17.

Los modos socialmente productivos en que se utilizan los recursos para enfrentarlas han demostrado ser crecientemente exiguos con relación a la magnitud de sus causas y de sus efectos. Un cambio cualitativo en el orden social acerca del enfoque de lo que se produce y de los modos de realizarlo se torna imprescindible. La capacidad productiva deberá crecer y cambiar cualitativamente si es que se quiere enfrentar exitosamente las tendencias dominantes cuyo entrecruzamiento ya nos han demostrado su capacidad destructiva.

Los recursos para enfrentar esa amenaza destructiva existen pero están socialmente divorciados el uno del otro. La capacidad de construir conocimiento original y apropiado y la capacidad de ejercer trabajo productivo, se nos presentan socialmente escindidos y encapsulados en dos formas e identidades sociales prácticamente antagónicas: desocupación y precariedad laboral en un extremo y monopolización privilegiada de la producción del conocimiento en el otro. Sin embargo tanto uno como otro de estos extremos sociales estarían en condiciones de contribuir de manera cualitativamente original y favorablemente si lograran articularse.

Los sectores más desposeídos, en donde anidan la mayor concentración de un enorme reservorio de fuerza de trabajo, han resuelto y construido una muy importante cultura de la sobrevivencia mediante sus luchas, muchas veces ilegales pero legítimamente humanas. Estas experiencias de creación de nuevas formas sociales de organizarse para enfrentar la sobrevivencia debieran ser estudiadas y conocidas por los investigadores; estas formas sociales constituyen formas de cooperación solidaria que aumentan la destreza, capacidad e intensidad de la fuerza social productiva de esas poblaciones. El estudio y conocimiento de estas formas solidarias nos alertan que ellas constituyen nuevas precondiciones socio productivas favorables. Tener presente estos procesos solidarios desencadenaría a su vez, una legítima convocatoria de los cientistas sociales al resto de la comunidad científica para sumarse al conocimiento de dichos procesos, fundada en la ética de la creación e integración del conocimiento. Esto permitiría construir nuevas y adecuadas alternativas tecnológicas para dotar del instrumental posible de ser realizado a partir de las condiciones naturales de esas formas sociales alternativas fundadas en la solidaridad de ese enorme y creciente reservorio de fuerza de trabajo.18

La formación de una voluntad de poder

¿De dónde puede nacer y desencadenarse una voluntad de poder que contribuya a la formación de la nueva alianza?

La articulación entre quienes expresan la crisis del monopolio de una estructura científica del conocimiento y de la fuerza social preexistente en la sociedad capaz de usar y aplicar ese conocimiento, es lo que permitiría lograr un salto cualitativo que produzca una voluntad de poder solidaria capaz de enfrentar la problemática y la generalización de estos procesos para la resolución del acceso al agua y el saneamiento para todos y en la consecución del agua como patrimonio de la humanidad.

Sin embargo la posibilidad de articulación de estos dos polos, construcción de conocimiento y resolución objetiva en condiciones de pobreza no es automática ni su emergencia surge de una convocatoria voluntarista. Esta construcción requiere de un nuevo sujeto social que colabore buscando esta articulación entre la asistencia técnica adecuada y la participación social generada por los que legítimamente se encuentran luchando por la mejora de sus condiciones de existencia.

El elemento desencadenante, constituyente de una voluntad de poder solo sucede cuando se da la toma de conciencia de los elementos constitutivos del proceso de elaboración y aplicación de un paquete tecnológico adecuado en situaciones reales. En este sentido una toma de conciencia es precondición para la formación de una voluntad de poder con relación a esas condiciones reales de existencia más pauperizadas.

Si se logra desencadenar y generalizar este tipo de procesos de construcción de conocimiento, de su aplicación y desarrollo tendremos las bases, no sólo para intentar generalizar esta experiencia, sino también para poder desencadenar las precondiciones de una voluntad de poder, que tenga la determinación de constituir el acceso al agua como un patrimonio de la humanidad.

Una nueva alianza entre la humanidad y la naturaleza es posible, pero ella depende de que logremos una alianza entre el conocimiento y la pobreza.



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