EL RECTO CAMINAR

Javier Sáez

Publicado el: 11/07/07


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La capacidad de digestión de los sistemas sociales es casi ilimitada. El capitalismo del siglo XIX era un capitalismo de producción, basado en una mano de obra abundante para la fabricación de mercancías. Este sistema favoreció la natalidad en el seno de las familias, y proscribió las prácticas sexuales estériles, como la homosexualidad y la masturbación.




EL RECTO CAMINAR

Javier Sáez



La capacidad de digestión de los sistemas sociales es casi ilimitada. El capitalismo del siglo XIX era un capitalismo de producción, basado en una mano de obra abundante para la fabricación de mercancías. Este sistema favoreció la natalidad en el seno de las familias, y proscribió las prácticas sexuales estériles, como la homosexualidad y la masturbación.


El capitalismo del siglo XX cambia de forma, y se convierte en un capitalismo de consumo. El motor de las economías es su capacidad de gasto. La automatización de los procesos hace que sobre cada vez más mano de obra, y a la vez se hace necesario que todos los individuos consuman cada vez más objetos. En esta dinámica del gasto, cualquier colectivo es admitido y reconocido en la medida en que sea agente del consumo; por ello, los homosexuales van a ser aceptados cada vez más en el seno de las sociedades capitalistas occidentales. Por otra parte, la masturbación pasa a ser reconocida como práctica normal, y es incluso fomentada desde el discurso médico-psiquiátrico como algo “saludable”.


Esta normalización del homosexual como consumidor se realiza por medio de la generación de un conjunto de objetos de consumo y espacios de ocio dirigidos a los gais, y a la codificación y conformación de dichos gustos. Los gais -presuntos consumidores- son consumidos por esta propaganda. El único espacio de representación posible es el del mercado, que etiqueta a los colectivos destinatarios fijándolos a una identidad grupal y -en ocasiones- subjetiva.

El potencial subversivo de la disolución de los géneros queda desactivado en favor de una categorización identitaria. La pinza del discurso psicológico y del discurso económico fija a los gais en su casilla correspondiente. Sus reivindicaciones se limitan a conseguir los privilegios que generó el capitalismo para proteger la propiedad privada: el matrimonio. No es extraño que una sociedad con una tradición tan mercantil como la holandesa haya sido pionera en reconocer estas prebendas a los gais y lesbianas. La lucha de clases nos afecta más de lo que pensamos. El capitalismo no es -en contra de lo que los manuales estalinistas suelen decir- algo “económico”. Es una maquinaria que atraviesa los lenguajes, las identidades, los discursos, el ocio, las formas de representación, el uso de los cuerpos. Subsunción de lo real en el capital.

Paralelamente, la revolución que había inaugurado Freud en el comienzo del siglo XX, el psicoanálisis, va a sufrir una neutralización brutal a manos de ese mismo mercado. Olvidando (o rechazando) el cuestionamiento radical del sujeto que plantea Freud, las generaciones posteriores de psicoanalistas van a convertir esta disciplina en una nueva chuchería para el mercado de la salud mental. Contra esta miseria de las ciencias humanas levanta Lacan su extraordinario edificio teórico, un retorno a la radicalidad de Freud que le costó su expulsión de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

Freud lleva los discursos de la filosofía y de la psicología a un punto de crisis sin retorno, problematiza cualquier identidad sexual (incluyendo la heterosexualidad), afirmando la imposibilidad de construir un saber sobre el sujeto, asumiendo la pérdida del ser por lo simbólico, y destruyendo el mito de la armonía entre los sexos. Desde ese lugar vacío las estrategias de liberación gais y lesbianas pueden construir líneas de lucha de una enorme potencia subversiva. Para evitarlo, los maestros de la divulgación y los académicos de la universidad han reducido el trabajo de Freud y de Lacan a una rosario de tópicos donde vuelven a anidar la esperanza, el saber y la normalización sexual. El complejo de Edipo sería, según esta vulgata freudiana, un proceso de “maduración” natural que conduciría a una identidad sexual final sana. Los que tropiezan en este camino de perfección serían los pobres neuróticos y los psicóticos, mientras que los que avanzaron firmes en el sendero del “equilibrio” alcanzan la felicidad. Y si no, unas sesiones de diván nos devolverán al recto caminar (del otro recto, nada que aprender). El psicoanálisis en la coctelera de la new age: energías positivas, autoestima, ayuda, felicidad, salud mental, sexualidad armónica, paz interior. El mismo higienismo, la misma esperanza, el mismo miedo. Dios siempre se cuela por la puerta trasera.

El consumo (de objetos y de sujetos) nos seduce con su semblante de satisfacción, y desactiva el activismo político. Las estrategias de lucha de gais y lesbianas deben articularse con las de otros colectivos, por fuera o al margen de los cebos del amo. El enemigo no es (sólo) la homofobia, sino la matriz que subyace en el odio al otro: a un goce distinto, a una lengua distinta, a una piel distinta, a una clase distinta. Un gitano rico ya no es un gitano, es “el Señor Montoya”. Un gai rico ya no es un maricón, es “ese chico tan majo del 5º”. ¿Están entre nuestras preocupaciones la pobreza, el racismo, la tortura, la explotación laboral, el derecho a la vivienda, la locura armamentista? Si, como decía Gramsci, un fascista es un liberal asustado, ¿en qué dirección correremos cuando “nuestros intereses” se vean amenazados?



EL SUJETO EXCLUIDO.

Cuando hablamos de ciencia, ¿a qué nos referimos? ¿Hay sólo una, en singular? ¿Todos coinciden en lo que es La ciencia? ¿Hay ciencias duras (física, biología) y ciencias blandas (sociología, historia)? Preguntas parecidas podemos hacernos del psicoanálisis: ¿hay uno verdadero?, ¿hay consenso sobre sus objetivos y sus métodos?, ¿ha sufrido transformaciones?, ¿es una ciencia?

Para entrar en el debate, vamos a recorrer algunos tópicos sobra cada uno de estos dos campos (iba a decir: estas dos "disciplinas", pero la palabra produce escalofríos).

Dado que no hay un acuerdo sobre lo que es "la ciencia", pongamos algunos ejemplos (no exhaustivos):

- ciencia sería lo que hace en un laboratorio un señor con el pelo blanco y revuelto, gafas, una bata blanca y una probeta en la mano de la que sale un humillo grisáceo, es decir, una práctica experimental, que estudia "la realidad" mediante la observación rigurosa y objetiva, y por ensayos sucesivos hasta que descubre la verdad de los fenómenos para manipularlos a voluntad: es el sabio, ante el cual sólo cabe admiración y silencio, lo que dice es la verdad (¡oh, está científicamente probado, es cierto!);

- la ciencia es lo que hace un señor delante de una pizarra, escribiendo fórmulas kilométricas con su tiza hasta lograr el algoritmo del universo, la teoría global y unificada que da cuenta de las leyes de la naturaleza, naturaleza que, por supuesto, está escrita en caracteres matemáticos y que es racional, ordenada, y predecible: Galileo, Newton , Laplace;

- no habría una ciencia, sino muchas, con diversos procedimientos, teorías, hipótesis, comunicaciones entre ellas, con historia, diversos orígenes, luchas internas y externas, caminos inexplorados, pasajes hacia las artes y las pasiones, calles sin salida, ciencias humanas y necesariamente inexactas, ciencias físicas, químicas, morales, corruptibles, interesadas, múltiples: es el hermoso atlas diseñado por Serres en sus Hermes ;

- la ciencia sería un intento complejo de modelizar lo real, pero sin conseguirlo nunca del todo, porque lo real participa del azar, del caos, de lo impredecible, de lo irracional, de lo paradójico, es infinitamente complejo y está atravesado por múltiples temporalidades, con órdenes que emergen del desorden, con saltos discontinuos y no derivables: catástrofes, fractales, estructuras disipativas, teoría del caos... es la nueva alianza de Prigogine , Thom, Mandelbrot, Brillouin;

- la ciencia intenta conocer el mundo, pero sus métodos tienen límites, la herramienta teórica, formal, matemática se resquebraja por el teorema de Gödel , la herramienta empírica hace aguas por el principio de indeterminación de Heisenberg, el objeto influye en el sujeto (relatividad), el sujeto en el objeto (cuántica), luego hay que crear un nuevo paradigma de reflexividad; es la cibernética de segundo orden (Pask, Von Foerster), la de los sistemas reflexivos (Jesús Ibáñez);

- la ciencia es la nueva religión, se presenta a sí misma de manera totalitaria como el único saber verdadero en el mundo actual, excluyendo otras formas de conocimiento (Feyerabend) .

Algunos tópicos acerca del psicoanálisis:

- el psicoanalista sería una especie de confesor moderno, en el que el paciente se aliena pidiendo auxilio y consejo espiritual; el psicoanalista le seduce, y le dice lo que debe hacer para ser feliz, la manipula y le moraliza, se aprovecha de los débiles para sacarles el dinero;

- el psicoanálisis sería una teoría que da cuenta de la realidad psíquica del sujeto, un sujeto psicológico, individual, sin vínculo social; por fin tendríamos una hermenéutica definitiva del deseo, de la sexualidad, de los sueños, con un sentido final y un método para descifrar el inconsciente (la caja de víboras) y traducirlo en términos claritos a la consciencia;

- el psicoanálisis buscaría la integración de los anormales en el orden social, la salud mental, el equilibrio del sujeto, que tenga un "yo" fuerte para triunfar en la vida y vencer los complejos, y que se reencuentre con esa armonía entre los sexos que caracteriza a los seres humanos;

- el psicoanálisis sería un dispositivo más de confesión del sujeto dentro del dispositivo poder-saber-sexualidad, vinculado al desarrollo de las ciencias humanas; además estaría atravesado de categorías negativas (la falta, la castración, el sujeto vacío) de las que hay que librarse (Foucault);

- el psicoanálisis reduciría la multiplicidad de los deseos, las sexualidades, las prácticas y los cuerpos al triángulo edípico, metáfora de la familia tradicional burguesa y falocrática; este reduccionismo negaría la diversidad subjetiva y la integraría en categorías clínicas represivas (neurosis obsesiva, histeria, psicosis).

Hay más puntos de vista de lo que es el psicoanálisis, y todos ellos tienen su razón de ser. No encontramos estos tópicos en una lectura atenta de la obra de Freud, pero sí en la gestión de la institución analítica posterior a su muerte. Pero, ¿es posible que exista hoy un psicoanálisis que cuestione estos tópicos, que trabaje de otra manera, que no esté vinculado a estrategias de hermenéutica, de completitud, de saber sobre la sexualidad, de salud mental, de ciencia del individuo?

Lacan ha realizado una profunda crítica de las ciencias humanas, y del lugar que entre ellas ocupa la psicología. En 1965, Lacan declaraba: "Es bien conocida mi repugnancia por la apelación de ciencias humanas, que me parecen ser el llamado mismo de la servidumbre. La psicología ha descubierto los medios de sobrevivirse en los servicios que ofrece a la tecnocracia" . En efecto, gracias a la obra de Lacan disponemos hoy de un psicoanálisis diferente, crítico con la psiquiatría y con la psicología, abierto a la problemática del sujeto, que propone inventar un vínculo social que no responda a los ideales sociales, que desorienta al sujeto de sus identificaciones.

Desde esta perspectiva aborda Lacan el análisis de las relaciones entre ciencia y psicoanálisis. Su concepción del psicoanálisis es, como veremos, más subversiva de lo que se supone, y comienza con un cuestionamiento del tipo de racionalidad que introduce la ciencia, y de la concepción del sujeto que ésta esconde, un sujeto autónomo, consciente de sí mismo, completo, individual (literalmente, no dividido), donde la razón y el ser coinciden. También ha destrozado la tentación del psicoanálisis de convertirse en una herramienta de adaptación a la realidad, de procurar una armonía entre el sujeto y los objetos, de promover una esperanza en la relación entre los sexos .

Para Lacan, el descubrimiento freudiano supone un giro radical en la tradición racionalista, una verdadera subversión del sujeto. "Mi prometida nunca falta a la cita porque cuando no viene a la cita, ya no la llamo mi prometida". Esta frase de Lacan es un buen ejemplo del modo de actuar de las ciencias: lo real debe acudir siempre a la cita del símbolo; si no acude, ya no es real. El psicoanálisis, por el contrario, confronta lo simbólico, las cadenas significantes, a un real que no acude a la cita, este real es la relación sexual. Por ello, Jorge Alemán llama al científico "el purificador de símbolos", es decir, el que censura todo lo que la realidad tiene de imposible, todo lo que no es formalizable.

Las paradojas del sujeto, su goce imposible, su división, su imbricación en el vínculo social por el lenguaje, la hipótesis del inconsciente, todo ello resulta inaceptable para la ciencia, y es lógico. ¿Cómo aceptar la perturbación que supone que no hay una armonía entre los sexos, que no hay hombres ni mujeres, sino sólo sujetos, perdidos en infinitos caminos, embutidos en fantasmas que nos den una significación, precisamente porque la significación absoluta es imposible? ¿De qué vivirían los sexólogos, los funcionarios de la salud mental, y la alianza psiquiátrica-farmacológica que intenta hacernos olvidar esa división envenenándonos a golpe de valium ?

Pero en contra de lo que parece, hay un vínculo muy especial entre la ciencia y el psicoanálisis. En palabras de Lacan: "Decir que el sujeto sobre el que operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia puede parecer paradoja.[...] La ciencia se muestra definida por el no-éxito del esfuerzo para suturarlo [al sujeto]" . En efecto, es de esta labor de sutura, de cerramiento del sujeto de lo que el psicoanálisis se ocupa, o dicho de otro modo, se ocupa del sujeto que la ciencia excluye.

Es significativo el borramiento de la enunciación, de la subjetividad, que se da en el discurso científico: "se ha descubierto..., se sabe que..., los cuerpos caen..., la realidad se comporta..., las leyes naturales muestran..., dos y dos son cuatro ". Esto produce un efecto de verosimilitud, parece que se trata de una verdad inapelable. Pero además de esto, ¿qué hay de los sujetos? La ciencia anula a los sujetos en tres direcciones: primero, como acabamos de ver, lo borra de la enunciación; segundo, borra las diferencias entre los sujetos, considera los rasgos que los vuelven idénticos (El Sujeto, en singular, la famosa abstracción) y, tercero, lo condena a un plegamiento sobre sí mismo al concebirlo como una unidad indivisible, separado del exterior , complemento funcional de un partenaire sexual ideal, completo y racional, sin fisuras, conocedor de sí mismo, y exclusivamente consciente.

En este sentido, la ciencia desempeña un papel similar al del Estado; en palabras de Francisco Pereña: "El Estado viene a encarnar el discurso del Amo, proyecto de unidad de sentido que supla su condición metafórica (no hay poética del Estado) por una homogeneidad de la significación, eso es la muerte del sujeto, del sujeto de la enunciación" .

Esto nos remite a la cuestión del principio. Es cierto que hay muchas concepciones de la ciencia, algunas antiguas, otras contemporáneas, más sofisticadas, más complejas. Pero todas ellas tienen un punto en común, y es compartir una concepción similar del sujeto, un sujeto asimilado al individuo, un sujeto del que no se nos dice nada. Esta confusión sujeto-individuo es muy común, y no es indiferente. Por ejemplo, veamos cómo se expresa un paradigma actual bastante reputado, el de la nueva cibernética: "un sistema, en lugar de ser una estructura definible como una realidad separada del sujeto que la considera, es una entidad definible justamente en su relación con ese sujeto" . Muy bien, ahora somos más cuidadosos y nuestro sistema incluye al sujeto y al objeto. Pero ese sujeto ¿es el mismo que los sujetos con que se las ve el psicoanálisis? Para empezar, es uno, en singular (El sujeto, ya empezamos), y por otra parte se le supone las mismas cualidades del sujeto cartesiano. Este discurso, en realidad, consolida ese sujeto completo de la tradición ilustrada, participa en su sutura.

El psicoanálisis, por el contrario, extrae de su práctica cotidiana otras conclusiones. Los sujetos están inmersos en los símbolos, el hecho de ser parlantes produce en nosotros efectos, interfiere de manera decisiva en nuestro deseo, y nos separa del terreno de los instintos (y de la famosa determinación biológica o natural). Este precio que pagamos por hablar es la división subjetiva, un cuerpo que no podemos espiritualizar, una sexualidad que no puede ser codificada o calculada, sin garantías de ningún tipo.

Otro aspecto que diferencia al discurso de la ciencia y al discurso del psicoanálisis es la forma de abordar la cuestión de la ética. Para Lacan no puede haber una ética universal , pues ello precisamente prepara las condiciones de la segregación y del sacrificio. A ello contribuye de manera decisiva el discurso de la ciencia, sobre todo en la medida en que se ha universalizado excluyendo la división subjetiva. En estas condiciones, es inaceptable que exista un goce diferente, que haya sujetos que vienen de otro lugar, que buscan una casa en otra parte, no en sí mismos. Este odio al goce del otro es el racismo, y eso Lacan lo comprendió muy bien cuando en Radiofonía y Televisión comentó que tanto Mercado Común y tanta europeización iban a ser correlativos al ascenso del racismo.

Por tanto, el psicoanálisis plantea una transformación del sujeto a partir de la transformación de sus condiciones de satisfacción. El discurso de la ciencia, y su correlato, el capitalismo, nos ofrecen una esperanza de satisfacción basada en el objeto tecnológico . La inercia de goce que produce en nosotros este dispositivo es difícil de combatir. Jorge Alemán ha planteado la cuestión de los sedimentos de goce en las formaciones sociales como una posibilidad de renovación del materialismo. ¿Cómo entender si no la seducción de los países del Este por esta promesa capitalista de escaparates repletos de máquinas y objetos de consumo? De esta misma seducción en Occidente no es necesario hablar.

Además del ámbito de la ciencia, hay otra institución que también es refractaria por su estructura al psicoanálisis: la Universidad. Esto es fácilmente comprensible. La universidad está fundada desde una posición de saber absoluto, un saber que se transmite literalmente del profesor al alumno. El discurso de los alumnos, su lugar como sujetos, está borrado a priori. ¿Cómo vérselas con un discurso que niega el saber sobre el sexo, que asume la incertidumbre y que escucha las singularidades? Que el psicoanálisis esté excluído de la universidad es, a fin de cuentas, una buena señal (para el psicoanálisis, claro).

Por otra parte, la universidad se dedica a la separación de los saberes, los compartimenta para que no haya comunicación entre ellos, para que no haya reflexión. Esto, como vemos hoy en día, lleva a la muerte del pensamiento y de la crítica (la función de la universidad). La universidad, por otra parte, está incorporada en gran medida a la alianza existente entre la ciencia y el militarismo . A lo largo del siglo XX esta alianza mortífera se ha reforzado: alianza gobierno-militares-ciencia, secreto de investigación, planificación de las líneas de investigación prioritarias, fichaje internacional de científicos militares, y financiación de la ciencia aplicada a la industria militar.

En contraste con esta máquina de anular el pensamiento, la obra de Lacan es un desafío crítico que se vale de la lingüística, la filosofía, la lógica, la mitología, las matemáticas, la antropología, la literatura..., de todas aquellas herramientas del pensamiento y de la creación que pueden abrirnos a una subversión del sujeto. Un síntoma de su carácter radical es el incomodo que provoca Lacan entre la mayoría de los intelectuales españoles , y su exclusión de los foros de debate y de las publicaciones especializadas. Por el contrario, la fascinación por la ciencia envuelve al mundo con su manto de esperanza.




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