Prólogo y un poema del libro "Barcos de fotos de cine", de Beto Cortés.

Beto Cortés.

Publicado el: 19/06/07


       Facebook               Texto en Word 


    


Carácter del cine su completa frialdad, la premeditación asociada al relato concebido para matar el tiempo real, generando ilusión; cosa de brujos, cosa de un tiempo demasiado real: vidas increíbles con simples suicidios o preguntas al azar que complicaron a más de uno, o llevan a otras preguntas por inexistencia del miedo en el arrojo de un caballero contra todo un reino.






Prólogo y un poema del libro "Barcos de fotos de cine", de Beto Cortés.

Fuente: www.mabuse.com.ar

Carácter del cine su completa frialdad, la premeditación asociada al relato concebido para matar el tiempo real, generando ilusión; cosa de brujos, cosa de un tiempo demasiado real: vidas increíbles con simples suicidios o preguntas al azar que complicaron a más de uno, o llevan a otras preguntas por inexistencia del miedo en el arrojo de un caballero contra todo un reino.
Nada tan perverso como el montaje para deformar los cuerpos en el amor o el abandono, para poner un muerto a relatar la historia desde una piscina, la cámara abajo, por ejemplo; o para contemplar cómo un alguien tira una piedra contra el aire en busca del camino correcto. La detención, la foto, la vista gorda, una ebullición tras otra premura, ¿quién es el dueño de la carta?
La mujer en el cine es una comunicación posible, elijo esta parte, agotada en el mundo escritural, porque del cine soy espectador; espero conocer EL cuerpo. Cientos de vientres y espaldas a contraluz.
Necesitaría de dos memorias para no caer en otro cuento por partes. El flash como drama luego del placer de un tránsito completo, contarlo así sería traicionar una misión donde la fugacidad no está invitada, donde el entero es dueño de las sensaciones y el recuerdo, pobre, juega un papel de vieja loca, de mal consejero de traumas y dichos.
Por eso relatar las mujeres de espaldas frente a las ventanas de una ciudad inundada o los brazos estirados para alcanzar un cuchillo que la salve del propio padre en una noche confusa, sería el lugar común, la falta de espectativa sobre algo que ha creado en mí un tramo principal de sexo en estado de animal; con la culpa que nace del que espía, del que paga por ver y se excita con la posibilidad de realidad y se frustra con el final oscuro en una sala que se parece a la misa de la niñez.
El entero es un centro, un Melghestrom, que atrae y expulsa: de ahí su forma femenina. ¿Causaría esto que en los extraños lazos de pensamiento de autor se albellinerie con el montaje, fotografía, luz, actuación, sonido, plano, una reiteración del fragmento al servicio de una posibilidad neutra, y con mujeres, además... ya cansados de elevar la voz... entren en conflicto contra un espectador desconocido?
El cine traba esa batalla con la desventaja de la exposición como única arma, a la vez que seduce con su forma de enorme elocuencia; no somos más que campesinos escuchando relatos de aparecidos.
Es entonces la Mujer una de las formas más comunes de representar la historia de la humanidad y continuar girando entre posibilidades finitas.
El oficio tribal nos reune en este mismo lugar a una misma hora para observar a un rayo de luz que habla de nosotros, con otra cara, con otra chance de torcer la suerte. Anónimos y solitarios lanzamos frases sobre la belleza o no del rito mientras la claridad de la sala nos regresa el propio cuerpo, con el cual cargaremos hasta la muerte, con el consuelo de haber visto a la Madonna, a la sagrada vinculación; una dama larga y ténue entre unos trapos de época, recitando palabras a lo oscuro, mientras el brillo de las piedras marcan el camino hasta el lago que reflejará su talle por última vez.



STROMBOLI.

Es malo
es manso
es el cadáver de una nupcia

marcado de pirañas el corazón
es raro
consume más del dictado que puesto a pelear consiga un rastro


la luz mancha. Parte del mensaje se pierde,
entre la voz activa y la pasiva del volcán

Ingrid Bergman duerme
sobre la ceniza del espacio
sobre el rebote del mar

luego del atún muerto, calma el carbón con fuego
al dolor con heridas más profundas
a la falta de piel con el dibujo de un bailarín isleño
brotado con la espesa falacia del barullo.

retirado de la playa negra el amor perdido
no tiene descanso
ni la fuente que reduce el alma
a un artículo de revista
ni la sobervbia de quien canta solo
en el baño de un trén

cubierta de púas
se harta
cuando llega el día
y nada ha cambiado

por eso la Bergman
se pasa la vida caminando
en la arena del volcán
se tumba
se levanta
muere sola al sol

el pobre mundo la afectó
con grasa transparente
donde ella tiene un ojo
puede desear como ciega fruncir tabaco o sal?

es raro
es malo
poco alentador

en un intervalo
Ingrid cambia de estilo
llora en la puerta del trailer
y mira oblícua
el rayo de arena negra
tiene un vestido flojo de caderas
un mechón terracota
los labios
las manos
las cejas rotas
por la sal que huele ciega
piensa que es mentira el volcán
y dice: mienten.



Opiniones sobre este texto:




Condiciones de uso de los contenidos según licencia Creative Commons

Director: Arturo Blanco desde Marzo de 2000.
Antroposmoderno.com © Copyright 2000-2017. Política de uso de Antroposmoderno