El Uso de los placeres

Guillermo Santolaya Rallo
hermenauta69@hotmail.com
Publicado el: 19/06/07


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La historia de la sexualidad, está escrita en los últimos años de la vida de Michel Foucault. El cambio de interés en la aproximación de su estudio es patente y la vez invisible. Patente en lo metodológico es decir la descripción ya no es tanto de las estructuras o instituciones, como quizá lo fuera como arqueólogo de la ciencias humanas o como genealogista del poder, sino más individual, moral y prescriptiva; la moral aceptada con respecto al sexo es ahora objeto de su estudio.


Nombre del texto: El Uso de los placeres: un recorrido sobre la transformación de la ética profana a la ética cristiana de la sexualidad en M. Foucault.
Guillermo Santolaya Rallo
hermenauta69@hotmail.com
Índice:
1) Las formas de problematización.
2) Moral y práctica de sí.
3) La dieta de los placeres.
4) Conclusión.
5) Bibliografía.

1) Las Formas de problematización

La historia de la sexualidad, está escrita en los últimos años de la vida de Michel Foucault. El cambio de interés en la aproximación de su estudio es patente y la vez invisible. Patente en lo metodológico es decir la descripción ya no es tanto de las estructuras o instituciones, como quizá lo fuera como arqueólogo de la ciencias humanas o como genealogista del poder, sino más individual, moral y prescriptiva; la moral aceptada con respecto al sexo es ahora objeto de su estudio. Se trata de un paseo por los textos prescriptivos, de médicos y filósofos, de la antigüedad que pueden arrojar cierta luz sobre los temas, inquietudes y exigencias, es decir la problematización, que se reconoce, establece, y valora alrededor de la sexualidad. Sin embargo el compromiso por el análisis de las posibilidades de emancipación y libertad del hombre siguen siendo piedras angulares de su pensamiento. ¿es posible escapar de las redes de la domesticación?
La propuesta inicial para escrutar diferentes articulaciones entorno al sexo es la comparación entre la “moral pagana” y “la moral cristiana”, así como sus puntos de confluencia y sus opuestas formas de problematización. La pregunta clave sobre la que se siembra la semilla filosófica de la que crecerá el estudio y el análisis publicado como El uso de los placeres es; ¿Qué observaciones, inquietudes, temas y exigencias se construyen a través de las ciencias humanas para dotar de significado a la sexualidad?
En este sentido Foucault advierte que lejos de ser puntos de diferenciación la prohibición del incesto, la dominación masculina y la sujeción de la mujer; son lugares comunes que se hallan en los albores de la civilización occidental y son heredados por la moral cristiana y se encuentran también en las sociedades modernas. Lo especifico de cada uno de los universos tiene que ver con el sentido que se atribuye al cosmos, la naturaleza y al hombre. Es decir se podría decir que el paradigma en este caso de tipo filosófico es incompatible, pero ¿también inconmensurable? La moral cristiana asigna un valor moral a la sexualidad totalmente peyorativo relacionado con el pecado, el mal, la muerte, como una especie de estigma natural. Este es primer punto de desavenencia entre las diversas formas de problematización: la atribución de valor en el paganismo, en cambio, estaría envuelta de significaciones positivas y alentadoras.
La definición del momento y el lugar legítimo en el que practicar relaciones sexuales difiere consecuencia de lo anterior: en el universo cristiano la regulación y la norma se reconocen únicamente dentro del marco conyugal, bajo el auspicio de la institución del matrimonio. Toda relación extramatrimonial es descalificada y la norma monogámica es continuamente exaltada. También se restringen las condiciones del compañero legítimo a la heterosexualidad, mientras que en el mundo grecolatino no serán; sino alabadas almenos permitidas y reconocidas, como poco, las relaciones entre hombres. Pero la gran diferencia reconocida por Foucault, es la orientación de la actividad sexual: mientras en el esquema de comportamiento sexual cristiano la finalidad será puramente procreadora y reproductiva, el “telos” pagano incluye el placer como algo asociado al sexo y lo reconoce como sano e incluso como necesario dentro del desarrollo de una vida equilibrada. Sin embargo no sólo esta orientación de la definición de la finalidad es fuente de diferenciación sino que es discurso acostumbrado dentro de la moral cristiana la divinización de la abstinencia, de la castidad, de la virginidad… aunque se reconozca que tan alto autocontrol sólo el santo lo puede alcanzar, no sin previamente concienciarse en profundidad, tras mucho trabajo de “ascesis” y habilidad para sortear continuamente la tentación que el diablo le envía con múltiples máscaras. Todo lo contrario habría defendido el paganismo que problematizaria esta actividad en relación a la cantidad tratando de eludir la entrega libertina imprudente que no entiende ni contempla la mesura, ni atiende al equilibrio saludable.
A continuación trataremos algunos puntos específicos, en parte heredados de la antigüedad, que marcaron la ética cristiana y la moral de las sociedades modernas: la expresión de un temor, un modelo de comportamiento, la imagen de una actitud descalificada, un ejemplo de abstinencia.




A) Un temor

Foucault transcribe aquí un texto de un médico del siglo primero después de cristo conocido como Areteo donde se describe (prescribiendo) la acción de la pérdida de semen en los jóvenes, se revela un exacerbado temor a la consagración al onanismo. Todo ello con la intención de orientar útilmente la actividad sexual a la procreación de la especie, a tributar a la humanidad con nuestra descendencia para conseguir así, su in extinción. Estas preocupaciones alimentan la literatura de las ciencias humanas de ideología cristiana. Y este es precisamente el propósito foucaultiano, la construcción de la verdad en las ciencias La centralidad de la cuestión, nos dice Foucault, es atemorizar a aquellos que salirse de la regla desean, relatando una serie de hechos funestos que aguardan a quien no comulgue con obediencia.


B) Un esquema de comportamiento

La virtud conyugal nos viene ejemplificada aquí a través del espejo “natural”, propuesto por Francisco de Sales en su obra introducción a la vida devota, en el modelo casi ideal o mejor, ejemplificarmente idealizado ; del elefante y su comportamiento sexual. En primer lugar los elefantes eligen una compañera para toda la vida; una virtud dentro de este esquema monogámico. En segundo lugar los elefantes se aparean cada tres años durante cinco días y en un lugar apartado donde el espectáculo no pueda violentar a nadie. En tercer lugar al sexto día como una rauda flecha acuden al río o lago más cercano donde se lavan, según Sales, esto es un proceso de purificación donde el animal se deshace de las impurezas que implican el retoceo. Este un claro ejemplo de valorización de la conducta animal bajo el prisma interesado, ideológico, del pastor. Reconstrucción cultural de un hecho falsamente estipulado como natural. Michel Foucault reconoce que la fidelidad conyugal es tematizada en el cristianismo pero que en la antigüedad sin tanta exaltación desdeñosa y monacal, era ya observada.

C) Una imagen negativa de la homosexualidad.

Aquí viene toda ventana crítica apuntalada por diversos textos donde la homosexualidad es completamente descalificada. La descripción responde a ciertas regularidades tales como tez blanca, voz de mujer, educados en la delicadeza de la sombra, acostumbrados a los melindres, aderezos y afeites… Dentro del marco de la exaltación del modelo de moral viril y la alabanza del prestigio social adjunto a este modelo, resulta inaceptable la homosexualidad al estar asociada a semejante descripción, que iguala el homosexual a una mujer, incluso se le relega a la condición oprimida de esta. Señala, el autor, la visión negativa de la homosexualidad que se deduce de la imagen del hombre que se sostiene.

D) Un modelo de abstención

El modelo de héroe virtuoso en el marco de la metafísica platónica, así como la herencia de esta, en la cosmovisión cristiana se han encargado de denostar al cuerpo y todo lo que con él se asociaba, como por ejemplo, la conducta sexual encomiable a menudo ligada a la contención y la renuncia voluntaria, de forma que las facultades superiores de los seres pensantes y espirituales se liberen de las urgencias físicas y corporales que las oprimen. Se anuncia como ya hay una identificación entre la abstinencia sexual y la posibilidad de alcanzar la verdad, como un estadio superior, en la moral pagana.
Foucault cita aquí a Filostrato y su obra vida de apolonio de tiana donde se describen los esfuerzos de este personaje para dominarse a si mismo y renunciar a los placeres sexuales. Aquí el Filósofo reconoce en algunos casos la aceptación de este modelo en Grecia.
No obstante el pensador francés nos previene para no aventurarnos a querer ver un continuo entre la moral pagana y la cristiana, ya que si en algunos pocos textos paganos se habla de continencia no tiene ni el mismo lugar ni el mismo valor que en el cristianismo.
En la reflexión moral de la antigüedad se genero una cuadritemática para problematizar la actividad sexual; la austeridad sexual, la institución del matrimonio, las relaciones entre hombres y la existencia de sabiduría. Según Foucault esto constituye la base de inquietudes que ha compartido la civilización occidental desde sus albores hasta la comtemporaniedad en la reflexión y el pensamiento. Se podría añadir; el universo moral, desde la antigüedad, inventada y propuesta por hombres, donde la mujer recibe un papel pasivo que le viene ya preconfigurado, es una forma de moralizar predominante en la cultura occidental y es etiquetada como moral viril.
Se nos presenta ahora una de la tesis fuertes según Foucault, sobre la reflexión moral: la moral viril se nos presenta no como una definición del campo de conducta, ni como un dominio de reglas válidas, de prohibiciones reconocidas por todos, de las que se preocupan los códigos, las costumbres, las prescripciones religiosas, sino que la moral viril libra un papel social y cultural dentro de aquellas prácticas sexuales que no están condenadas, es decir allí donde los sujetos gozan de cierto derecho, poder, autoridad sobre si mismos, y libertad para elegir.
El autor reconoce las dificultades de método acontecidas en el desarrollo del análisis, reorientando su estudio; de las prohibiciones de base a las regiones de experiencia, las formas de problematización, en el sentido de puntos conflictivos en los que se nos revela nuestro propio ser, y la estilización del comportamiento sexual. Es decir en lugar de rastrear prohibiciones profundas que regularmente podrían encontrarse en distintos momentos de la historia, se trata aquí de reconstruir el camino del hombre libre griego y las formas -ya que la antigüedad es heterogénea- de normalización de las prácticas.




2) Moral y práctica de sí

El filósofo francés admite una función esencial, en el universo pagano de la reflexión sexual, que asocia al lugar privilegiado de la moral como pieza imprescindible en la madeja del funcionamiento del comportamiento humano, así como la constitución en su relación con los placeres y en especial con la sexualidad.
La definición de la moral se presenta como una necesidad apremiante en la reflexión: “entendemos por un conjunto de valores y de reglas de acción que se proponen a los individuos y a los grupos por medio de aparatos prescriptivos diversos, como pueden serlo la familia, las instituciones educativas, las iglesias, etc. Se llega al punto que estas reglas y valores serán explicitadas dentro de una doctrina coherente y de una enseñanza explícita. Pero también se llega al punto en que son transmitidas de manera difusa y que, lejos de formar un conjunto sistemático, constituyen un juego complejo de elementos que se compensan, corrigen, se anulan en ciertos puntos, permitiendo así compromisos o escapatorias… pero también entendemos por moral el comportamiento real de los individuos, en su relación con las reglas y valores que se les proponen: designamos así la forma en que se someten más o menos completamente a un principio de conducta, en que obedecen una prohibición o prescripción o se resisten a ella…”
El caso del mundo griego viene caracterizado por una, valga la expresión redundante, difusión difusa y no concentrada; del cuerpo de códigos morales a diferencia de la sistematicidad evidente del cristianismo. La posibilidad de trasgresión o resistencia es fuente de interés para el filósofo refractario del “progreso”, es decir la separación entre lo se podría llamar cuerpo moral difundido a través de lo aparatos prescriptivos y la maniobrabilidad o los márgenes de actuación de los individuos . La gran tesis para dinamitar las tentaciones de reconstruir una línea continuista entre la moral pagana y la cristiana viene por aquí: sistematicidad y maniobrabilidad como esquemas conceptuales diferenciadores y especificadores de realidades concretas distintas. Es decir que la autonomía del sujeto en la moral pagana es mucho mayor que en la sujeción obediente, al cuerpo moral sistemático y estricto, de la monofocal autoridad cristiana.
La constitución del sujeto moral viene condicionada por el sistema explícitamente prescrito de la cultura a la que se pertenece, aquello que de fuera nos impele pero que no determina absolutamente; ya que las maneras aceptables de conducirse son varias, y por tanto existe cierta libertad de acción para el sujeto moral. Esta es la dialéctica principal en la reflexión moral a lo largo del recorrido histórico-temporal y en la diversidad-espacial; es quizá algo análogo a lo que en términos marxistas podría ser la ideología en la superestructura, las representaciones y aquello objetivado en la estructura, en las relaciones sociales; este es el juego inacabable.
Un ejemplo del individuo moldeando la forma y materia principal de su conducta moral, nos la ofrece Foucault, en la práctica de la fidelidad como dominio de los deseos, como combate encarnizado contra las tentaciones. Un modo de rellenar el discurso y hacer acopio de fuerzas para obedecer una prescripción. Es decir primero se construye una idea de virtud y luego se justifica en la acción como hazaña ya que implica la superación de perversos escollos. Otra forma de aceptación de la regla de la fidelidad puede venir del sentimiento de pertenencia al grupo, y posteriormente envanecerse de seguir lo que de uno se espera en el contexto reconocido.
El interés foucaultiano en este momento, reside en estudiar las costumbres silenciosas, las formas de aceptación inconscientes, más que el proceso de regulación del discurso por parte de las instituciones. Desentrañar toda una estética de la existencia. Es decir todo el largo trabajo de aprendizaje, de memorización, de asimilación de un conjunto de preceptos y a través de un control regular de la conducta destinada a medir la exactitud con la que aplicamos las reglas. Algo tal vez equivalente al proceso de domesticación que se observa en el campamento militar, que es un lugar privilegiado para observar los mecanismos de adoctrinamiento usados por el poder. Salvando todas las diferencias filosóficas, conceptuales y metodológicas entre Vigilar y castigar y El uso de lo placeres que son muchas y en las que en el presente trabajo no me voy a detener, lo que me parece interesante resaltar es la silenciosidad y discreción del proceso de inculcación de valores ya sea orientado hacia un poder jerarquizante y opresivo o hacia la proposición, quizá edificante, de modos de constitución del sujeto moral.


3) La dieta de los placeres

La dietética es el segundo capítulo, que se inscribe dentro del marco de la obra Historia de la sexualidad, concretamente dentro del segundo tomo, que constituye el objeto principal del presente trabajo; El uso de los placeres. Este capítulo está consagrado al estudio del cuerpo, sus problemas y límites, en el seno del desarrollo de la actividad sexual de la Grecia clásica del siglo IV a.C.
En este apartado procederemos a concretar la temática de textos del periodo mencionado, de donde se podrá extraer un cuadro de inquietudes que se tratan de resolver y casi siempre van asociadas a una serie de prescripciones.
Como hombres libres los griegos trataron de estilizar un modo de vida, una estética de la existencia. Hacer esto es, en cierto sentido, definir una dieta o régimen, en definitiva distribuir el tiempo escaso en la realización de actividades cuya consideración vendrá prescrita por el conocimiento disponible en aquella época así como a su grado de difusión y de aceptación. Sus preocupaciones no son religiosas sino más bien de tipo médico; en definitiva construir un plan de vida que case con la salud.
Ya sabemos pues que la preocupación en la reflexión giraba entorno a la definición y delimitación del uso de los placeres, esto es; sus condiciones favorables, su disminución necesaria, su utilidad práctica dentro de su concepción médica del cuerpo; deducida en Foucault de los textos de Platón, Hipócrates, Jenofonte, Aristóteles, etc.… La realización de la problemática sexual de los griegos tiene como eje fundamental la dieta; reglamentar una actividad reconocida como necesaria para la salud. Es decir los griegos pensaban que el sexo debía practicarse con naturalidad como componente básico para una dieta equilibrada y saludable. Uno de los problemas era definir el cuánto, la cantidad; la problematización de la mesura de forma que se anularan sus formas patológicas. Una de las fuentes originales de la medicina, nos dice Hipócrates en su obra La antigua medicina, es la del régimen, de hecho el explica que la humanidad se separa la vida animal por una ruptura con la dieta, adaptándola cada vez más a su “naturaleza”. No obstante al adaptar la dieta provoco un descenso de la mortalidad de los enfermos, al ser más suave; y así nació la medicina como dieta para los enfermos.
Platón en cambio piensa que la dieta nació de una modificación de las prácticas médicas . Según la génesis platónica de la dietética , como disciplina de la medicina, era como una especie de planificación médica para enfermedades de larga duración provocadas por existencias mal vividas.
El cualquiera de las génesis, la Hipocrática y la platónica, se reconoce la importancia de la dieta como categoría fundamental para poder pensar la conducta humana ya que caracteriza la forma en que se maneja la existencia; el régimen como un arte de vivir.
Veamos como esta técnica de la existencia desarrolla una serie de puntos sobre los riesgos y peligros que corremos al practicar una dieta desequilibrada y desaconsejable.


1) La violencia del acto

Platón describe en el Filebo (47b) los efectos del placer cuando se mezclan con el sufrimiento; contrae todo el cuerpo, lo crispa, a veces hasta el sobresalto y haciéndolo pasar por todos los colores, todas las gesticulaciones, todos los jadeos posibles, produce una sobreexcitación general con gritos extraviados…. Es un acto violento.
Hipócrates pensaba que las relaciones sexuales en su clímax eran una clase de epilepsia menor. Abundan textos en la literatura médica y filosófica donde el acto sexual es considerado como una mecánica violenta e incluso incontrolable, donde se ausenta el dominio de la voluntad, sobretodo en la eyaculación, que como destaca Foucault es considerada habitualmente como el “telos” del sexo, lo cual hace que este lo inscriba dentro de lo que ha tenido a bien llamar “esquema eyaculador”.
Desde este esquema se percibe la actividad sexual, de hecho, es una consecuencia de la predominancia del modelo de moral viril.

2) El gasto

Una vez dentro de este modelo moral y de este esquema, la esencia de la relación sexual se fija a la expulsión de la espuma testicular. Es decir que el gasto que se genera al finalizar el retoceo es la semilla de la generación, lo cual es totalmente trascendental para la inmortalidad de la especie y dada su importancia, en el mundo griego (probablemente en cualquier otra cultura también), fue problematizado. La simiente expulsada era considerada como parte de uno lo cual generaba un desgaste que era necesario controlar. Y esta violencia librada durante la eyaculación viene acompañada de un cansancio general, donde parece que las fuerzas a uno le abandonan. Se experimenta una cierta debilidad. Toda esta concepción hace del sexo una actividad costosa, lo cual exige o demanda una mesura.

3) La muerte y la inmortalidad

La vida y la muerte son eternos puntos de tematización y simbolización en el abrigo de cualquier sociedad. En el caso occidental, concretamente el griego, la concepción se ajusta a la idea de que los individuos son efímeros, aunque algunas metafísicas, como la platónica, lo vuelvan inmortal; no obstante ya sin cuerpo, y se colige que la especie, a través de la reproducción, puede durar eternamente. Por tanto la problematización de la actividad sexual en lo que a la reproducción se refiere es más que evidente y considerada necesaria. Tener descendencia es asociado a una forma de vida aceptada y aceptable ya que así la especie, escapa del suplicio individual ineluctable, garantizando que la especie humana de la faz de la tierra no desaparezca jamás. De esta la forma Platón caracteriza la actividad sexual como un artificio (mechane) que provoca en el individuo “un brote de si mismo” (apoblastema), en la descendencia acaricia una cierta dosis de inmortalidad. Lo cual es algo buscado de forma natural ya que hay al parecer una tendencia innata en todo organismo vivo y perecedero, a perpetuarse y ser inmortal.
La actividad sexual se inscribe por lo tanto en el horizonte de la vida y la muerte, del tiempo, del porvenir, y de la eternidad.


4) Conclusión

El compromiso foucultiano por la rigurosidad y la vigencia, de las explicaciones publicadas, tratan siempre de evitar la respuesta fácil, disipando toda evidencia y desterrando cualquier planteamiento obvio, lineal o de continuidad de su reflexión. Esta característica en el devenir de la filosofía del presente autor, resulta ambivalente o ambigua; resulta un arma de doble filo. De una parte se agradece el compromiso del pensador en reinterrogar las evidencias, trizar las soluciones demasiado asequibles y las certezas del stablishment, ya que esto puede contribuir a emitir un diagnostico del presente. De hecho la forma expositiva del filósofo; es una contribución a la forma, al proceder del que-hacer filosófico. Aunque en el texto objeto del presente estudio la forma no sea tan espectacular como en Las palabras y las cosas, El nacimiento de la locura o Vigilar y Castigar sigue una línea identificable. Pero de otra parte el retorcimiento continuo y la voluntad titubeante no le permiten afirmar obviedades que a veces parece que se deducen de la exposición, como los principales puntos de problematización dentro de la moral pagana y la cristiana. Surge una tentación de unificarlos pero Foucault nos disuade de ello con una destreza argumentativa, quizá en ocasiones un tanto precaria. No obstante la mayoría de la veces las tesis rupturistas, esto es, el interés de no ofrecer una exposición, ni una argumentación que se preste para procurarse representaciones continuistas de la historia, el caso más claro en el presente estudio es la transición del mundo antiguo al mundo cristiano. Las cosmovisiones, los paradigmas filosóficos, son distintos y Foucault lo expone de manera brillante a lo largo de la obra.
Mi intención con este humilde trabajo era aproximarme a un filósofo no demasiado conocido pero si muy atrayente dado su compromiso reflexionante sin ataduras o ambages, ni contemplaciones para hablar contundentemente. Su compromiso moral con la humanidad (aunque me odiara si leyera esto) es patente por mucho que sus opositores lo vinculen a veces con la derecha más reaccionaria, al caricaturizarlo como el sedicioso del humanismo. Creo yo que el pensamiento de Michel Foucault, en la escasa medida en que en la actualidad lo conozco, no se suscribe a modas y no tiene límites ni ambages; si su análisis debe radicalizar su crítica sin saber a priori hasta donde le llevará, lo hace. En este sentido creo que comparte bastantes analogías con Nietzsche.
Fruto de la limitada inmersión que he tratado de realizar en los escasos últimos cinco meses, he adquirido una férrea voluntad de profundizar en el pensamiento foucaultiano y esclarecer puntos negros así como gozar de una visión general de su obra y de los giros practicados en su cabalgadura filosófica.



5) Bibliografía consultada

* Libros utilizados:

- El uso de los placeres, Michel Foucault, siglo XXI editores, España, 1993
- Vigilar y castigar, Michel Foucault, siglo XXI editores de España, Madrid, 1992.
- Microfísica del poder, Michel Foucault, ediciones La Piqueta, Madrid 1979
- Para leer a Foucault, Julián Sauquillo, Alianza Editorial, Madrid 2001
- Análisis del poder en Michel Foucault, José Luís Castilla Vallejo, servicios de publicaciones UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA, 1999

* Revistas y artículos:

- “El <> foucaultiano” de Joan Obrador en Taula, quaderns de pensament, número 33-34, 2000, páginas 107-112.
- “¿Foucault contra Sade, o Foucault con Sade?”, Javier López, dentro de la pagina Web www.antroposmoderno.com en la sección de textos.



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