SOBRE LA MUERTE DEL HOMBRE Y EL FIN DEL PSICOANALISIS

Luis Tamayo

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En Las palabras y las cosas, M. Foucault indica que "antes del fin del siglo XVIII el hombre no existía" (Foucault, 1966:300), el concepto de Hombre, como sujeto y objeto a la vez, es una invención moderna, no existía en la episteme clásica.


SOBRE LA MUERTE DEL HOMBRE Y EL FIN DEL PSICOANALISIS

Por: Luis Tamayo

Fuente: http://www.uaq.mx/psicologia/lamision/fin.html

En Las palabras y las cosas, M. Foucault indica que "antes del fin del siglo XVIII el hombre no existía" (Foucault, 1966:300), el concepto de Hombre, como sujeto y objeto a la vez, es una invención moderna, no existía en la episteme clásica.

Solamente es posible pensar en el hombre como sujeto y objeto debido a la ocurrencia, anterior, de la muerte de Dios, es necesario que deje de existir un Dios como garante del orden establecido, como aquel que fijaba al hombre destino y saber; para que surja el humanismo.

El humanismo intenta llenar el hueco dejado por la muerte de Dios, plantea la existencia de una naturaleza humana validada moral y científicamente, naturaleza humana consistente en un cúmulo de normas que indican atributos "humanos", "bondad", "ingenuidad", "raciocinio" o bien "maldad" y "estupidez", atributos variables, según la cultura y el momento histórico.

Es en esta modernidad que el ethos griego pasa de ser hábito a ser norma, lo ético, deja de ser lo habitual (lo normal estadístico) y se convierte en lo que "debe ser", lo que se apega a la norma moral: el hombre normal es el sujeto del enunciado.

En este contexto moderno surgen hombres reales que se saben "anormales", que saben que no siguen la norma a la perfección, hombres perseguidos por su propio superyó cargado de normas el cual les indica la enorme distancia existente entre su yo y el ideal social, su ideal del yo.

Tales sujetos que se viven como "anormales"" reprimen sus deseos "anormales", se someten a la norma para readaptarse y ser aceptados socialmente, intentan emular, como indica Foucault en La historia de la sexualidad. II al elefante, el cual es fiel, digno, puro y casi abstinente sexual (Foucault, 1984:19).

Producto de tales represiones aparecerán síntomas psíquicos, manifestaciones del inconsciente, generando nuevos locos: los neuróticos. Estos locos no se perdían de la realidad, pero no se controlaban a sí mismos. Los neuróticos no se controlan a sí mismos pues su inconsciente irrumpe, mostrándoles que no pueden controlar todo, que la voluntad no es omnipotente. La irrupción del inconsciente producirá que tales sujetos no se reconozcan a sí mismo, la histérica preferirá pensar que fue un demonio el que se apoderó de ella en sus ataques a reconocer que es una expresión de su deseo.

Y para estos nuevos locos la episteme moderna crea un nuevo tratamiento: el psicoanálisis.

El psicoanálisis sólo podía ser un invento moderno, pues surge para escuchar una pregunta, el ¿quién soy? Pregunta imposible de hacer en el contexto discursivo de la episteme clásica, pues ahí el hombre no necesitaba preguntarse nada pues Dios era el garante de la verdad discursiva.

Solamente al interior del discurso cientifisista del modernismo, donde la ciencia plantea sus verdades no como absolutas (reveladas) sino como perfectibles, donde es posible la pregunta del hombre sobre su ser. Esa pregunta el psicoanálisis no la puede resolver y tampoco le in tersa. Considera que es funda- mental que la pregunta quede abierta para que el sujeto se la responda de alguna manera a sí mismo.

¿Qué es el psicoanálisis?

-Es una práctica que se aprende en la práctica, que comienza con un sujeto en falta que desea completarse (seguir la norma a la perfección) y que termina en un sujeto que no cree más en la completud.

-El psicoanálisis, y cuando digo ello me refiero a la práctica de Freud y Lacan pues no todo lo que se nombra así es psicoanálisis, es un ámbito que pretende evadirse de la norma: Lacan definía al psicoanalista como la silueta del cuadro de Magritte que sólo circunscribe un vacío.

-El psicoanálisis tiene en común con la ontología fundamental heideggeriana el tomar al hombre como sujeto, no como un mero objeto a estudiar, por ello se establece sólo cuando hay un sujeto que lo desee.

-Al psicoanálisis no le interesa adaptar o ayudar al sujeto, no le interesa normarlo ni en su deseo ni en su estructura psíquica.

-El psicoanálisis no tiene ninguna utopía que ofrecer pues no cree en la naturaleza humana, no cree en ningún "deber ser" del hombre.

-El psicoanálisis habla de casos, pues cada sujeto es individual, y si se pueden emitir conceptos sobre él es porque el singular, como indica Hegel en La ciencia de la lógica no es sino la unidad de lo universal y lo particular.

La historia del neurótico es la historia de un sujeto en busca de la completud (ser perfectamente acorde a la norma), completud imposible pues si el individuo es un plegamiento del afuera (Deleuze, 1986:154), comporta todos los elementos del afuera acordes o no a la norma (que es un recorte histórico-social del afuera).

El sujeto completo es el sujeto sin falta, el sujeto sin deseo, el sujeto, en última instancia, muerto.

En el neurótico irrumpe el inconsciente mostrándole la falta (la cual -él no lo sabe- lo hace vivir), pero el neurótico quisiera no tener falta y asiste al psicoanálisis con la fantasía de que allí se le ayudará a controlar ese inconsciente propio que le muestra su falta en ser, su falta de control de sí.

El neurótico llega con un enigma: ¿quién soy? y el psicoanalista -a diferencia del terapeuta que intenta llenar de palabras ese agujero negro- mantiene la pregunta, lo cual genera frustración pero claridad, asunción de la falta y -al final- destitución subjetiva.

La destitución subjetiva es un concepto elaborado por J. Lacan que describe lo que ocurre con un analizante al terminar su análisis: fa destitución-instauración de un sujeto. Un tal sujeto ha tomado distancia de las normas que lo ahorcaban a sí mismo, se convierte en un sujeto propio (en sentido heideggeriano) que puede seguir viviendo en el mundo de los otros pero que no se cree las reglas, las normas. El sujeto sano posee una distancia respecto a fa norma, una distancia no en el orden del saber sino en su actuar. Un ejemplo de esto: en Lettre pour Lettre, Jean Allouch -director de la Ecole Lacanienne de Psychanalyse-, narra una anécdota:

"en una ocasión un amigo me preguntó: -¿cómo definiría usted la salud mental?

-la salud mental -tal fue entonces la respuesta- es pasar a otra cosa" (Allouch, 1984:9).

En la historia de la sexualidad Foucaut plantea un sujeto con pleno dominio de sí, un sujeto que desea perfeccionarse, estilizarse, pero no como indicaría una norma social sino con base en sus propias posibilidades. Asimismo indica que el encaminarse hacia ahí es una posibilidad de la humanidad. Si eso ocurre en ese instante la humanidad abandonará el modernismo y el psicoanálisis, este invento moderno, dejara de tener sentido.

Es decir, desaparecerá el psicoanálisis. Queda una pregunta para Foucaut: ¿cómo puede la sociedad normada el permitir la desaparición de sí misma?

El lograr que un analizante rompa -en actos- con las normas que lo ahogan implica un largo proceso, teñido de culpa y con no pocos retrocesos. ¿Cómo poder realizar esto a nivel social?

La norma disciplinaria es una práctica y por tanto sólo puede ser rota por otras prácticas. El saber -y aquí hablo del discurso de Foucaut- no toca a las prácticas, es decir, por más que un sujeto sepa que debe dejar las normas que lo ahorcan, ello no implica que lo realizará.

¿Qué prácticas sociales serán necesarias para que termine la práctica normativa y con ella el sujeto de norma?

Me parece que mientras el sujeto mayor interés tenga en tener el perfecto dominio de sí menos lo logrará, el psicoanálisis logra que el sujeto tenga suficiente dominio de sí -nunca todo- mediante el asumir la falta, mediante el renunciar a tal dominio.

Es posible lograr un cierto dominio de sí pero no como un propósito, así solamente se lograría exactamente lo contrario, la constitución de síntomas en el sujeto, los cuales le mostrarían constantemente la falta de perfección.

Febrero de 2004. Revista Electrónica de Psicología "La Misión"

Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro

lamision@uaq.mx

Bibliografía

Allouch, 1984-Allouch, J. Lettre pour Lettre, Ed. Eres, Paris 1984. Sobre la destitución subjetiva.

Deleuze, 1986-Deleuze, G. Foucault, Ed. Paidós, Méx. 1987. Foucault, 1964-Foucault, M. Historia de la locura, Ed. F .C.E.,

México, 1986, Primera edición 1964.

Foucault, 1984-Foucault, M. Historia de la sexualidad, Ed. Siglo XXI, México, 1986, Primera edición 1984.

Foucault 1966-Foucault, M. Las palabras y las cosas, Ed. Siglo XXI, Méxi~o, 1985, Primera edición 1966.



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